• ░ Brightwater Behavioral Hospital ❊ July 10th, 20XX ░

    ◆ Case File Log No. 23 — Patient: 「 Kavanaugh, L. 」

    ◆ Session – 9th.

    ⟨ 🇷​🇪​🇨​🇴​🇷​🇩​🇮​🇳​🇬​ 🇸​🇦​🇳​🇨​🇹​🇮​🇴​🇳​🇪​🇩​ 🇧​🇾​ 🇹​🇭​🇪​ 🇸​🇹​🇦​🇹​🇪​ 🇴​🇫​ 🇮​🇱​🇱​🇮​🇳​🇴​🇮​🇸​ – 🇺​🇳​🇦​🇺​🇹​🇭​🇴​🇷​🇮​🇿​🇪​🇩​ 🇷​🇪​🇵​🇷​🇴​🇩​🇺​🇨​🇹​🇮​🇴​🇳​ 🇦​🇳​🇩​ 🇩​🇮​🇸​🇹​🇷​🇮​🇧​🇺​🇹​🇮​🇴​🇳​ 🇮​🇸​ 🇨​🇴​🇳​🇸​🇮​🇩​🇪​🇷​🇪​🇩​ 🇦​ 🇫​🇪​🇩​🇪​🇷​🇦​🇱​ 🇨​🇷​🇮​🇲​🇪​ 🇺​🇳​🇩​🇪​🇷​ 🇭​🇮​🇵​🇦​🇦​ 🇦​🇳​🇩 🇺​.🇸​. 🇨​🇴​🇩​🇪​ 🇹​🇮​🇹​🇱​🇪​ 38 § 7332. ⟩

    Press ▶ to play recording extract segment D.

    ⸻"𝑂𝘩, 𝑑𝑜𝑐𝑡𝑜𝑟. 𝑌𝑜𝑢 𝑐𝑎𝑛 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑖𝑡 𝑡𝑜𝑜, 𝑐𝑎𝑛 𝑦𝑜𝑢.ᐣ"

    La señora Kavanaugh puso las manos sobre sus muslos y pareció encogerse en el sillón mientras sus palmas presionaban y se deslizaban hasta llegar a las rodillas que se asomaban del corte de su falda, solo para repetir la moción una y otra vez con lentitud, en una especie de auto consuelo físico.

    ⸻"𝑊𝑒 𝑑𝑜 𝑖𝑡 𝑎𝑙𝑙 𝑜𝑣𝑒𝑟 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛. 𝐴𝑛 𝑒𝑛𝑑𝑙𝑒𝑠𝑠 𝑐𝑦𝑐𝑙𝑒, 𝑠𝑡𝑢𝑐𝑘 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑟𝑎𝑡𝑠 𝑖𝑛 𝑎 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑐𝑎𝑔𝑒. 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑑𝑎𝑢𝑔𝘩𝑡𝑒𝑟 𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑡𝘩𝑎𝑡.ᐣ 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑠𝑤𝑒𝑒𝑡 𝑎𝑛𝑔𝑒𝑙 𝑠𝘩𝑎𝑟𝑒 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑓𝑎𝑡𝑒.ᐣ.ᐟ”

    James le buscaba la mirada, pero ella no dejaba de mirar al suelo con una sonrisa que parecía contener en sí misma un mar de desesperación.

    ⸻𝐼 𝘩𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑡 𝘩𝑒𝑟 𝑓𝑟𝑒𝑒. 𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑎𝑠 𝑛𝑜 𝑜𝑡𝘩𝑒𝑟 𝑤𝑎𝑦. 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟𝑠𝑡𝑎𝑛𝑑 𝑚𝑒, 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑑𝑜 𝑏𝑒𝑐𝑎𝑢𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢 𝑡𝑟𝑢𝑙𝑦 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛, 𝑦𝑜𝑢 𝑝𝑖𝑒𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑠𝘩𝑖𝑡 𝑠𝘩𝑟𝑖𝑛𝑘.ᐟ ⸻Una risotada quebrada se le escapó, como si quisiese aliviar un llanto inminente y desconsolado. El psiquiatra permanecía inmutable, de piernas cruzadas, contemplando. Pero su temple era una fachada que ocultaba lo que aquellas palabras le hacían sentir. Finalmente, la mujer le miró a los ojos, y las lágrimas corrieron por sus mejillas, sin llanto de por medio.

    ⸻𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤… 𝑌𝑜𝑢 𝑑𝑜. ⸻Su voz se había vuelto un hilo, del cual su cordura parecía no solo pender, si no balancearse con el afán de caer en el abismo de la locura.

    ⸻𝑊𝑒’𝑟𝑒 𝑎𝑙𝑙 𝑡𝑟𝑎𝑝𝑝𝑒𝑑 𝑖𝑛 𝑎𝑛 𝑖𝑙𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛, 𝐽𝑎𝑚𝑒𝑠.

    ∎ Recording ends here.
    ░ Brightwater Behavioral Hospital ❊ July 10th, 20XX ░ ◆ Case File Log No. 23 — Patient: 「 Kavanaugh, L. 」 ◆ Session – 9th. ⟨ 🇷​🇪​🇨​🇴​🇷​🇩​🇮​🇳​🇬​ 🇸​🇦​🇳​🇨​🇹​🇮​🇴​🇳​🇪​🇩​ 🇧​🇾​ 🇹​🇭​🇪​ 🇸​🇹​🇦​🇹​🇪​ 🇴​🇫​ 🇮​🇱​🇱​🇮​🇳​🇴​🇮​🇸​ – 🇺​🇳​🇦​🇺​🇹​🇭​🇴​🇷​🇮​🇿​🇪​🇩​ 🇷​🇪​🇵​🇷​🇴​🇩​🇺​🇨​🇹​🇮​🇴​🇳​ 🇦​🇳​🇩​ 🇩​🇮​🇸​🇹​🇷​🇮​🇧​🇺​🇹​🇮​🇴​🇳​ 🇮​🇸​ 🇨​🇴​🇳​🇸​🇮​🇩​🇪​🇷​🇪​🇩​ 🇦​ 🇫​🇪​🇩​🇪​🇷​🇦​🇱​ 🇨​🇷​🇮​🇲​🇪​ 🇺​🇳​🇩​🇪​🇷​ 🇭​🇮​🇵​🇦​🇦​ 🇦​🇳​🇩 🇺​.🇸​. 🇨​🇴​🇩​🇪​ 🇹​🇮​🇹​🇱​🇪​ 38 § 7332. ⟩ Press ▶ to play recording extract segment D. ⸻"𝑂𝘩, 𝑑𝑜𝑐𝑡𝑜𝑟. 𝑌𝑜𝑢 𝑐𝑎𝑛 𝑓𝑒𝑒𝑙 𝑖𝑡 𝑡𝑜𝑜, 𝑐𝑎𝑛 𝑦𝑜𝑢.ᐣ" La señora Kavanaugh puso las manos sobre sus muslos y pareció encogerse en el sillón mientras sus palmas presionaban y se deslizaban hasta llegar a las rodillas que se asomaban del corte de su falda, solo para repetir la moción una y otra vez con lentitud, en una especie de auto consuelo físico. ⸻"𝑊𝑒 𝑑𝑜 𝑖𝑡 𝑎𝑙𝑙 𝑜𝑣𝑒𝑟 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛, 𝑎𝑛𝑑 𝑎𝑔𝑎𝑖𝑛. 𝐴𝑛 𝑒𝑛𝑑𝑙𝑒𝑠𝑠 𝑐𝑦𝑐𝑙𝑒, 𝑠𝑡𝑢𝑐𝑘 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑟𝑎𝑡𝑠 𝑖𝑛 𝑎 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑐𝑎𝑔𝑒. 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑑𝑎𝑢𝑔𝘩𝑡𝑒𝑟 𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑙𝑖𝑘𝑒 𝑡𝘩𝑎𝑡.ᐣ 𝐻𝑜𝑤 𝑐𝑜𝑢𝑙𝑑 𝐼 𝑙𝑒𝑡 𝑚𝑦 𝑠𝑤𝑒𝑒𝑡 𝑎𝑛𝑔𝑒𝑙 𝑠𝘩𝑎𝑟𝑒 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑓𝑎𝑡𝑒.ᐣ.ᐟ” James le buscaba la mirada, pero ella no dejaba de mirar al suelo con una sonrisa que parecía contener en sí misma un mar de desesperación. ⸻𝐼 𝘩𝑎𝑑 𝑡𝑜 𝑠𝑒𝑡 𝘩𝑒𝑟 𝑓𝑟𝑒𝑒. 𝑇𝘩𝑒𝑟𝑒 𝑤𝑎𝑠 𝑛𝑜 𝑜𝑡𝘩𝑒𝑟 𝑤𝑎𝑦. 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑢𝑛𝑑𝑒𝑟𝑠𝑡𝑎𝑛𝑑 𝑚𝑒, 𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤 𝑦𝑜𝑢 𝑓𝑢𝑐𝑘𝑖𝑛𝑔 𝑑𝑜 𝑏𝑒𝑐𝑎𝑢𝑠𝑒 𝑦𝑜𝑢 𝑡𝑟𝑢𝑙𝑦 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑒𝑛, 𝑦𝑜𝑢 𝑝𝑖𝑒𝑐𝑒 𝑜𝑓 𝑠𝘩𝑖𝑡 𝑠𝘩𝑟𝑖𝑛𝑘.ᐟ ⸻Una risotada quebrada se le escapó, como si quisiese aliviar un llanto inminente y desconsolado. El psiquiatra permanecía inmutable, de piernas cruzadas, contemplando. Pero su temple era una fachada que ocultaba lo que aquellas palabras le hacían sentir. Finalmente, la mujer le miró a los ojos, y las lágrimas corrieron por sus mejillas, sin llanto de por medio. ⸻𝐼 𝑘𝑛𝑜𝑤… 𝑌𝑜𝑢 𝑑𝑜. ⸻Su voz se había vuelto un hilo, del cual su cordura parecía no solo pender, si no balancearse con el afán de caer en el abismo de la locura. ⸻𝑊𝑒’𝑟𝑒 𝑎𝑙𝑙 𝑡𝑟𝑎𝑝𝑝𝑒𝑑 𝑖𝑛 𝑎𝑛 𝑖𝑙𝑙𝑢𝑠𝑖𝑜𝑛, 𝐽𝑎𝑚𝑒𝑠. ∎ Recording ends here.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    —Hice lo que todo ser humano debe evitar....



    ¡¡¡¡CORTARSE EL CABELLO SIN SABER CORTAR!!!

    En fin, crecerá...
    —Hice lo que todo ser humano debe evitar.... ¡¡¡¡CORTARSE EL CABELLO SIN SABER CORTAR!!! En fin, crecerá...
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  • No molesten , quieren ya deberian molestar otro
    No molesten , quieren ya deberian molestar otro
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  • Creanme que esto no es nada divertido. Ya me ha ocurrido 2 veces.

    https://youtube.com/shorts/7JDWQ4NkDK4?si=cXmQt4tUnYNzBiVm
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  • El cocinero se relajaba en el puerto, observando las olas y gaviotas. El humo y olor a tabaco se esparcia difuminandose entre las brisas.
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  • *Se quita el cabello de la frente con un gesto dramático y hace una reverencia exagerada, casi cómica, pero con esa sonrisa pícara que nunca se le borra de la cara.*

    —¡Ay, caramba! Mil perdones, señoritaa. Si hubiera sabido que me encontraría con una presencia tan... radiante en este rincón olvidado de la mano de Dios, me habría lustrado las botas o, por lo menos, buscado un cigarrillo de mejor calidad.

    A veces olvido que entre tanto habitante con hacha y modales cuestionables, todavía queda belleza en este mundo. Me presento como es debido: Luis Sera, a su servicio. Científico de profesión, caballero por vocación y, de vez en cuando, un pícaro por pura necesidad. Dígame, ¿qué hace una dama como usted en un lugar tan... pintoresco?
    *Se quita el cabello de la frente con un gesto dramático y hace una reverencia exagerada, casi cómica, pero con esa sonrisa pícara que nunca se le borra de la cara.* —¡Ay, caramba! Mil perdones, señoritaa. Si hubiera sabido que me encontraría con una presencia tan... radiante en este rincón olvidado de la mano de Dios, me habría lustrado las botas o, por lo menos, buscado un cigarrillo de mejor calidad. A veces olvido que entre tanto habitante con hacha y modales cuestionables, todavía queda belleza en este mundo. Me presento como es debido: Luis Sera, a su servicio. Científico de profesión, caballero por vocación y, de vez en cuando, un pícaro por pura necesidad. Dígame, ¿qué hace una dama como usted en un lugar tan... pintoresco?
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  • ─ ¿cómo que mi cuenta de banco se quedó en ceros?
    ¿y ahora cómo regreso a mi ciudad? ─
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  • Buenos dias! A todos los presente ~
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  • ¿Puedo hacer sufrir a los demonios?
    Qué pregunta tan estúpida.
    Sí, claro que puedo hacerlos sufrir.
    Por ejemplo, darles bebidas con lactosa.
    -Knight haciendo sufrir a un general infernal con un Starbuck's (?)-
    ¿Puedo hacer sufrir a los demonios? Qué pregunta tan estúpida. Sí, claro que puedo hacerlos sufrir. Por ejemplo, darles bebidas con lactosa. -Knight haciendo sufrir a un general infernal con un Starbuck's (?)-
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  • 𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑉𝑖𝑒𝑗𝑎 𝑦 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎.

    Ya habían pasado casi cincuenta años desde aquella mañana en que tenía catorce y vi morir a toda mi familia. Cincuenta años de batallas, de heridas que cerraban solas, de despertar entre cadáveres mientras otros se pudrían a mi lado. Para entonces todos los que alguna vez me conocieron ya sabían lo que era, el inmortal, el maldito. El que la muerte escupía una y otra vez.

    Esa noche lo intentaron de verdad. Habíamos tomado la catedral dos días antes. Mis hombres, en ese entonces, un ejército harapiento de doscientos veteranos que me habían seguido durante la última guerra civil, acamparon entre los escombros. Yo entré solo a las criptas, como siempre. Salí cubierto de más sangre. Cuando me vieron, ya no había disimulo en sus ojos.

    El capitán Draven, que había luchado a mi lado durante quince años, fue el primero en hablar claro alrededor de la hoguera.

    "Mientras tú sigas vivo, nosotros nunca tendremos paz. Los sacerdotes dicen que eres una aberración. Que mientras camines, la maldición cae sobre todos los que te seguimos. Tenemos que acabar con esto."

    No discutí. Solo me quedé mirando las llamas. Esa misma noche vinieron por mí, cien hombres, todo un pelotón. Los que más me debían la vida fueron los que más afilaron sus cuchillos. Me despertaron con acero, una espada en la garganta, tres lanzas en el pecho, antorchas prendiendo mi capa. Sentí cómo me cortaban, me atravesaban, me quemaban. El dolor era el de siempre, profundo, interminable, caí y morí otra vez.

    Y desperté, Estaba en medio del patio principal de la catedral, rodeado de ruinas blancas ahora teñidas de rojo. Mi armadura negra estaba abollada y rota en mil lugares, pero mi cuerpo ya se había recompuesto. La capa roja y chamuscada, colgaba pesada, empapada, chorreando. Mi espada, simple y mellada por décadas de uso, yacía a unos metros, ma recogí. Ellos me miraron horrorizados, cien hombres armados, con lanzas, espadas y ballestas, retrocediendo como si yo fuera el demonio que creían.

    Draven gritó, "¡Matadlo otra vez! ¡Tiene que morir de verdad!"

    Cargaron. Fue una carnicería que duró toda la noche. Yo solo contra cien, no pedí piedad, ni di tregua. Cada vez que me derribaban, me levantaba minutos después. Cada vez que me abrían el vientre o me partían el cráneo, volvía a ponerme de pie. Corté gargantas, atravesé corazones, rompí rodillas. La sangre de mis antiguos hermanos salpicaba las paredes blancas de la catedral y se mezclaba con la mía.

    Al amanecer solo quedaban unos pocos vivos, retrocediendo entre los escombros. Draven estaba de rodillas frente a mí, con el brazo izquierdo colgando de un hilo y los ojos llenos de terror.

    "Perdónanos..." susurró.

    No respondí. Solo limpié mi espada en su capa y lo dejé allí, vivo, para que cargara con lo que había hecho.
    𝐶𝑟𝑜́𝑛𝑖𝑐𝑎 𝑑𝑒 𝑆𝑖𝑒𝑔𝑚𝑒𝑦𝑒𝑟 — 𝑆𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑉𝑖𝑒𝑗𝑎 𝑦 𝑁𝑢𝑒𝑣𝑎. Ya habían pasado casi cincuenta años desde aquella mañana en que tenía catorce y vi morir a toda mi familia. Cincuenta años de batallas, de heridas que cerraban solas, de despertar entre cadáveres mientras otros se pudrían a mi lado. Para entonces todos los que alguna vez me conocieron ya sabían lo que era, el inmortal, el maldito. El que la muerte escupía una y otra vez. Esa noche lo intentaron de verdad. Habíamos tomado la catedral dos días antes. Mis hombres, en ese entonces, un ejército harapiento de doscientos veteranos que me habían seguido durante la última guerra civil, acamparon entre los escombros. Yo entré solo a las criptas, como siempre. Salí cubierto de más sangre. Cuando me vieron, ya no había disimulo en sus ojos. El capitán Draven, que había luchado a mi lado durante quince años, fue el primero en hablar claro alrededor de la hoguera. "Mientras tú sigas vivo, nosotros nunca tendremos paz. Los sacerdotes dicen que eres una aberración. Que mientras camines, la maldición cae sobre todos los que te seguimos. Tenemos que acabar con esto." No discutí. Solo me quedé mirando las llamas. Esa misma noche vinieron por mí, cien hombres, todo un pelotón. Los que más me debían la vida fueron los que más afilaron sus cuchillos. Me despertaron con acero, una espada en la garganta, tres lanzas en el pecho, antorchas prendiendo mi capa. Sentí cómo me cortaban, me atravesaban, me quemaban. El dolor era el de siempre, profundo, interminable, caí y morí otra vez. Y desperté, Estaba en medio del patio principal de la catedral, rodeado de ruinas blancas ahora teñidas de rojo. Mi armadura negra estaba abollada y rota en mil lugares, pero mi cuerpo ya se había recompuesto. La capa roja y chamuscada, colgaba pesada, empapada, chorreando. Mi espada, simple y mellada por décadas de uso, yacía a unos metros, ma recogí. Ellos me miraron horrorizados, cien hombres armados, con lanzas, espadas y ballestas, retrocediendo como si yo fuera el demonio que creían. Draven gritó, "¡Matadlo otra vez! ¡Tiene que morir de verdad!" Cargaron. Fue una carnicería que duró toda la noche. Yo solo contra cien, no pedí piedad, ni di tregua. Cada vez que me derribaban, me levantaba minutos después. Cada vez que me abrían el vientre o me partían el cráneo, volvía a ponerme de pie. Corté gargantas, atravesé corazones, rompí rodillas. La sangre de mis antiguos hermanos salpicaba las paredes blancas de la catedral y se mezclaba con la mía. Al amanecer solo quedaban unos pocos vivos, retrocediendo entre los escombros. Draven estaba de rodillas frente a mí, con el brazo izquierdo colgando de un hilo y los ojos llenos de terror. "Perdónanos..." susurró. No respondí. Solo limpié mi espada en su capa y lo dejé allí, vivo, para que cargara con lo que había hecho.
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