• El monstruo equivocado
    Categoría Suspenso
    Alina Voss , Jay Brandon White


    La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica.

    Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría.

    El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar.

    Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños.

    Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario.

    Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio.

    Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó.

    Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando.

    El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él.

    Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla.

    Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
    [nova_pearl_goat_760] , [Jay_White] La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica. Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría. El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar. Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños. Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario. Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio. Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó. Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando. El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él. Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla. Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
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  • Mi mente nunca ha sido del todo mía. Me han invadido tantas veces que ya perdí la cuenta. Brujos, magos oscuros, y esas cosas peores entidades sin nombre, seres de más allá de la realidad que se arrastran entre las grietas del mundo. Entraban en mí como si mi cabeza fuera una casa abandonada y ellos los nuevos dueños.

    Y qué mejor que un verdugo que no puede morir, ¿verdad? Eso era yo para ellos. Un arma eterna, un cuerpo que seguía caminando sin importar cuántas heridas le abrieran. Sin duda una de las magias más letales y asquerosas que existe, robarle la voluntad a un hombre, convertirlo en marioneta mientras él sigue consciente, atrapado dentro de su propio cráneo, viendo cómo sus manos cometen horrores.

    Bajo su control he hecho cosas que me revuelven el estómago solo de recordarlas. He masacrado aldeas enteras, gente que no me había hecho nada. He caminado entre las llamas mientras quemaba vivos a inocentes, escuchando sus gritos y sin poder detener mis propias manos. He matado a compañeros de armas, a mujeres que suplicaban por sus hijos, a niños que corrían aterrorizados. A veces lo hacía con rabia descontrolada, otras con una frialdad inhumana. Mataba, desmembraba, torturaba y dentro de mí, atrapado, solo podía gritar.

    Afortunadamente ya no pasara de nuevo, he sido poseído tantas veces que mi mente se ha endurecido como el acero templado en sangre. Ahora puedo empujarlos hacia atrás, sin que me consuman por completo. Sigo siendo un asesino y debo cargar con todas esas muertes. Pero ya no soy una marioneta.
    Mi mente nunca ha sido del todo mía. Me han invadido tantas veces que ya perdí la cuenta. Brujos, magos oscuros, y esas cosas peores entidades sin nombre, seres de más allá de la realidad que se arrastran entre las grietas del mundo. Entraban en mí como si mi cabeza fuera una casa abandonada y ellos los nuevos dueños. Y qué mejor que un verdugo que no puede morir, ¿verdad? Eso era yo para ellos. Un arma eterna, un cuerpo que seguía caminando sin importar cuántas heridas le abrieran. Sin duda una de las magias más letales y asquerosas que existe, robarle la voluntad a un hombre, convertirlo en marioneta mientras él sigue consciente, atrapado dentro de su propio cráneo, viendo cómo sus manos cometen horrores. Bajo su control he hecho cosas que me revuelven el estómago solo de recordarlas. He masacrado aldeas enteras, gente que no me había hecho nada. He caminado entre las llamas mientras quemaba vivos a inocentes, escuchando sus gritos y sin poder detener mis propias manos. He matado a compañeros de armas, a mujeres que suplicaban por sus hijos, a niños que corrían aterrorizados. A veces lo hacía con rabia descontrolada, otras con una frialdad inhumana. Mataba, desmembraba, torturaba y dentro de mí, atrapado, solo podía gritar. Afortunadamente ya no pasara de nuevo, he sido poseído tantas veces que mi mente se ha endurecido como el acero templado en sangre. Ahora puedo empujarlos hacia atrás, sin que me consuman por completo. Sigo siendo un asesino y debo cargar con todas esas muertes. Pero ya no soy una marioneta.
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  • Espina de mercenarios
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    Categoría Aventura
    El interior de aquel lugar parecía más una cicatriz abierta en la montaña que una simple taberna. Las paredes de piedra labrada se alzaban húmedas y oscuras, cubiertas de grietas antiguas y estandartes desgarrados de compañías mercenarias desaparecidas hacía años.

    La llamaban La Espina de los Mercenarios, un refugio para asesinos, cazadores de recompensas, desertores y monstruos con rostro humano. Cada mesa estaba ocupada por figuras peligrosas.

    Entonces la enorme puerta de madera se abrió lentamente. El murmullo disminuyó apenas un instante. Un joven cura entró con evidente cautela. Vestía un largo abrigo oscuro empapado por la lluvia exterior y llevaba una llamativa gorra de caza roja que contrastaba con la penumbra del lugar. Sus pasos eran inseguros, casi demasiado suaves para un sitio como aquel. La tensión en sus hombros delataba miedo, aunque intentaba ocultarlo manteniendo la mirada firme.

    El cura tragó saliva mientras avanzaba entre las mesas, ignorando las miradas hostiles y las sonrisas burlonas. Sus manos permanecían ocultas dentro del abrigo, aferrándose probablemente a algo que le daba valor: quizá un rosario, quizá una carta, quizá una promesa imposible de abandonar.

    Había llegado buscando contratar a alguien para una misión.
    El interior de aquel lugar parecía más una cicatriz abierta en la montaña que una simple taberna. Las paredes de piedra labrada se alzaban húmedas y oscuras, cubiertas de grietas antiguas y estandartes desgarrados de compañías mercenarias desaparecidas hacía años. La llamaban La Espina de los Mercenarios, un refugio para asesinos, cazadores de recompensas, desertores y monstruos con rostro humano. Cada mesa estaba ocupada por figuras peligrosas. Entonces la enorme puerta de madera se abrió lentamente. El murmullo disminuyó apenas un instante. Un joven cura entró con evidente cautela. Vestía un largo abrigo oscuro empapado por la lluvia exterior y llevaba una llamativa gorra de caza roja que contrastaba con la penumbra del lugar. Sus pasos eran inseguros, casi demasiado suaves para un sitio como aquel. La tensión en sus hombros delataba miedo, aunque intentaba ocultarlo manteniendo la mirada firme. El cura tragó saliva mientras avanzaba entre las mesas, ignorando las miradas hostiles y las sonrisas burlonas. Sus manos permanecían ocultas dentro del abrigo, aferrándose probablemente a algo que le daba valor: quizá un rosario, quizá una carta, quizá una promesa imposible de abandonar. Había llegado buscando contratar a alguien para una misión.
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  • Después de la purga
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    Categoría Fantasía
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre-

    -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final-

    -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja-

    -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas-

    -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad-

    -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio -

    Los hombres mienten.. y los demonios también...

    -Su mano descansó sobre el pomo de la espada-

    Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes....

    -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente -

    -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente -

    -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar-

    -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción-

    -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre- -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final- -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja- -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas- -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad- -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio - Los hombres mienten.. y los demonios también... -Su mano descansó sobre el pomo de la espada- Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes.... -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente - -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente - -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar- -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción- -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
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  • Una mañana tranquila
    Fandom Cualquiera
    Categoría Slice of Life
    - La ciudad despertaba despacio, el ruido del tráfico aún era lejano, amortiguado por la distancia y por el murmullo constante de las hojas agitadas por la brisa de la mañana, mientras que los primeros rayos del sol atravesaban las copas de los árboles, proyectando manchas doradas sobre los senderos del parque-

    -aquel detective caminaba sin prisa, por primera vez en varias semanas no llevaba una carpeta bajo el brazo ni una radio escupiendo órdenes en su oído, el último informe había quedado sobre el escritorio de la comisaría apenas una hora antes de su hora de salida, en el se relataba todo lo que había pasado en esas semanas, las persecuciones, las pistas, los moteles baratos en dónde se tuvo quedar y el arresto de aquel asesino que estuvo persiguiendo, aquel reporte quedó acompañado por una taza de café olvidada y una promesa poco convincente hacia su jefe "no se preocupe voy a descansar"-

    -terminó sentándose en uno de los bancos cercanos al estanque, la madera crujió levemente bajo su peso, el cansancio era visible, No el agotamiento físico de una noche sin dormir, sino uno más profundo. acumulado y viejo, De esos que se instalan detrás de los ojos y aprenden a vivir ahí-

    -Sacaria una cigarrera metálica del bolsillo interior de la chaqueta, la abrió, tomó un cigarrillo y lo encendió-

    -Durante unos segundos observó la pequeña llama antes de apagar el encendedor con un chasquido seco, la primera bocanada escapó lentamente de entre sus labios, Y después de tantos meses fue diferente, no fumaba para mantenerse despierto o para mantener su cabeza centrada y ordenar pruebas o soportar fotografías de escenas del crimen durante horas...-

    -esta vez fue solo porque la mañana era tranquila, porque el aire olía a césped húmedo, porque el sonido del agua golpeando suavemente la fuente resultaba agradable, por una vez, no había nadie gritando su nombre por la radio o si quiera el sonido de la estética de esos viejos radios-

    -Bondrewd apoyó un brazo sobre el respaldo del banco y cerró los ojos durante un instante, Cuando volvió a abrirlos, dejó escapar una pequeña nube de humo hacia el cielo despejado-

    Supongo que aún recuerdo cómo se siente una mañana normal...

    -Murmuró para sí mismo, mientras la frase quedó suspendida en el aire junto al humo del cigarrillo Y por primera vez en mucho tiempo, el detective no parecía estar buscando un criminal, solo un momento de paz, uno que cualquiera era libre de interrumpir-
    - La ciudad despertaba despacio, el ruido del tráfico aún era lejano, amortiguado por la distancia y por el murmullo constante de las hojas agitadas por la brisa de la mañana, mientras que los primeros rayos del sol atravesaban las copas de los árboles, proyectando manchas doradas sobre los senderos del parque- -aquel detective caminaba sin prisa, por primera vez en varias semanas no llevaba una carpeta bajo el brazo ni una radio escupiendo órdenes en su oído, el último informe había quedado sobre el escritorio de la comisaría apenas una hora antes de su hora de salida, en el se relataba todo lo que había pasado en esas semanas, las persecuciones, las pistas, los moteles baratos en dónde se tuvo quedar y el arresto de aquel asesino que estuvo persiguiendo, aquel reporte quedó acompañado por una taza de café olvidada y una promesa poco convincente hacia su jefe "no se preocupe voy a descansar"- -terminó sentándose en uno de los bancos cercanos al estanque, la madera crujió levemente bajo su peso, el cansancio era visible, No el agotamiento físico de una noche sin dormir, sino uno más profundo. acumulado y viejo, De esos que se instalan detrás de los ojos y aprenden a vivir ahí- -Sacaria una cigarrera metálica del bolsillo interior de la chaqueta, la abrió, tomó un cigarrillo y lo encendió- -Durante unos segundos observó la pequeña llama antes de apagar el encendedor con un chasquido seco, la primera bocanada escapó lentamente de entre sus labios, Y después de tantos meses fue diferente, no fumaba para mantenerse despierto o para mantener su cabeza centrada y ordenar pruebas o soportar fotografías de escenas del crimen durante horas...- -esta vez fue solo porque la mañana era tranquila, porque el aire olía a césped húmedo, porque el sonido del agua golpeando suavemente la fuente resultaba agradable, por una vez, no había nadie gritando su nombre por la radio o si quiera el sonido de la estética de esos viejos radios- -Bondrewd apoyó un brazo sobre el respaldo del banco y cerró los ojos durante un instante, Cuando volvió a abrirlos, dejó escapar una pequeña nube de humo hacia el cielo despejado- Supongo que aún recuerdo cómo se siente una mañana normal... -Murmuró para sí mismo, mientras la frase quedó suspendida en el aire junto al humo del cigarrillo Y por primera vez en mucho tiempo, el detective no parecía estar buscando un criminal, solo un momento de paz, uno que cualquiera era libre de interrumpir-
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  • https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4

    Jason Jaegerjaquez Ishtar

    *EL NUEVO MUNDO.*

    No aparto la mirada de tus ojos.

    Porque ahora sí puedo verte completo.

    No al hombre.
    No al asesino.
    No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar.

    Te veo a ti.

    Y quizás por eso…
    no siento miedo.

    Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla.
    El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo.
    Como si el propio caos estuviese escuchándonos.

    —Selin sigue hablándome en sueños.

    Mi voz apenas es un susurro.

    —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto.

    El vacío a nuestro alrededor palpita.
    Sin cielo.
    Sin tierra.
    Sólo nosotros.

    —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos.
    Separadas.
    Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida…
    A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos.

    Cierro los ojos apenas un instante.

    —Pero yo puedo escucharlas.
    Puedo sentir cómo todas desean lo mismo.

    Mi frente termina apoyándose contra la tuya.

    —Conectarse.

    El hilo rojo resplandece con más intensidad.
    Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta.

    —Quiero destruir este mundo.
    No por odio.
    No por venganza.

    —Quiero destruirlo para reconstruirlo.

    Cada palabra cae lenta.
    Irrevocable.

    —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo.
    Donde las almas puedan tocarse entre sí.
    Comprenderse.
    Sentirse.
    Como una única existencia perfecta.

    Mi pulgar roza apenas tus labios.

    —Y para alcanzar algo así…

    Silencio.

    —Todo tiene que morir primero.

    Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez.

    Y entonces sonrío.

    Triste.
    Hambrienta.
    Decidida.

    —En nombre del Caos.

    Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos.

    No es un beso apasionado.
    Ni desesperado.

    Es apenas un roce lento de labios.
    Un juramento.

    Un pacto.

    El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros.

    —Y tú…

    Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo.

    —Serás mi adalid, Jason.
    https://youtu.be/how2fuwTBdE?is=ZiF2mwM8Z8NOFQn4 [Jason07] *EL NUEVO MUNDO.* No aparto la mirada de tus ojos. Porque ahora sí puedo verte completo. No al hombre. No al asesino. No al demonio que aprendió a disfrutar de la crueldad como si fuese respirar. Te veo a ti. Y quizás por eso… no siento miedo. Mi mano asciende lentamente hasta cubrir la tuya sobre mi mejilla. El hilo rojo late entre ambos como si fuese un nervio vivo. Como si el propio caos estuviese escuchándonos. —Selin sigue hablándome en sueños. Mi voz apenas es un susurro. —Y cuanto más escucho… más entiendo que este mundo nació roto. El vacío a nuestro alrededor palpita. Sin cielo. Sin tierra. Sólo nosotros. —Las almas fueron encerradas en cuerpos imperfectos. Separadas. Condenadas a sentir miedo, odio, hambre, pérdida… A vivir aisladas unas de otras creyéndose individuos. Cierro los ojos apenas un instante. —Pero yo puedo escucharlas. Puedo sentir cómo todas desean lo mismo. Mi frente termina apoyándose contra la tuya. —Conectarse. El hilo rojo resplandece con más intensidad. Como una arteria atravesando la oscuridad absoluta. —Quiero destruir este mundo. No por odio. No por venganza. —Quiero destruirlo para reconstruirlo. Cada palabra cae lenta. Irrevocable. —Un lugar donde ningún corazón vuelva a estar solo. Donde las almas puedan tocarse entre sí. Comprenderse. Sentirse. Como una única existencia perfecta. Mi pulgar roza apenas tus labios. —Y para alcanzar algo así… Silencio. —Todo tiene que morir primero. Mis ojos entreabiertos buscan los tuyos una última vez. Y entonces sonrío. Triste. Hambrienta. Decidida. —En nombre del Caos. Después de pronunciarlo, reduzco la distancia entre ambos. No es un beso apasionado. Ni desesperado. Es apenas un roce lento de labios. Un juramento. Un pacto. El tiempo suficiente para sentir tu respiración mezclarse con la mía antes de separarme unos centímetros. —Y tú… Mis dedos aprietan suavemente el hilo rojo. —Serás mi adalid, Jason.
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  • [Alexander visitaria el famoso mercado negro en busca de información sobre el paradero de un grupo de mercenarios que hace mucho está buscando, luego de haber avisado al informante sobre su llegada de quedó esperando a la vuelta de un callejón]

    Emily: oye porque siempre debemos ocultarnos al venir, ¿Acaso no lo ves? Este sitio está plagado de escoria criminal ¡Podría comermelos a todos!

    Paciencia querida Emily no permitas que el hambre hable por ti. este sitio es peligroso tienes mafiosos, gángsters, mercenarios, asesinos a sueldo, etc. Si nos confiamos quizás podamos sobrevivir pero nuestra identidad sería expuesta a todo el mundo y no quieres que vuelvan a llamarte monstruo ¿O si?

    Emily: aish está bien usted manda señor gruñón y por cierto ¿Que son esos pendientes? ¿Alguna chica?

    Por supuesto que no si fuera una chica ya la habrías visto antes, estos pendientes los conseguí hace poco en una subasta y se les conoce como dientes de sangre

    Emily: tienen un bonito nombre y se ven bien ¿Me dejarías usarlos?

    Shhh~ atenta ahí viene el informante.

    Informante: así que aquí estás por suerte sabes esconderte recibí el dinero que me enviaste y me puse a investigar todo, la persona que buscas irá a una fiesta está noche en el club Voidam

    ¿El club Voidam? Interesante al parecer voy a necesitar un traje elegante y salir a bailar.
    [Alexander visitaria el famoso mercado negro en busca de información sobre el paradero de un grupo de mercenarios que hace mucho está buscando, luego de haber avisado al informante sobre su llegada de quedó esperando a la vuelta de un callejón] Emily: oye porque siempre debemos ocultarnos al venir, ¿Acaso no lo ves? Este sitio está plagado de escoria criminal ¡Podría comermelos a todos! Paciencia querida Emily no permitas que el hambre hable por ti. este sitio es peligroso tienes mafiosos, gángsters, mercenarios, asesinos a sueldo, etc. Si nos confiamos quizás podamos sobrevivir pero nuestra identidad sería expuesta a todo el mundo y no quieres que vuelvan a llamarte monstruo ¿O si? Emily: aish está bien usted manda señor gruñón y por cierto ¿Que son esos pendientes? ¿Alguna chica? Por supuesto que no si fuera una chica ya la habrías visto antes, estos pendientes los conseguí hace poco en una subasta y se les conoce como dientes de sangre Emily: tienen un bonito nombre y se ven bien ¿Me dejarías usarlos? Shhh~ atenta ahí viene el informante. Informante: así que aquí estás por suerte sabes esconderte recibí el dinero que me enviaste y me puse a investigar todo, la persona que buscas irá a una fiesta está noche en el club Voidam ¿El club Voidam? Interesante al parecer voy a necesitar un traje elegante y salir a bailar.
    Me encocora
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  • [después de haber recibido una humillante derrota el general decidió descargar su enojo contra sus propios subordinados y decidió usarlos para su entrenamiento donde asesino a 500 de ellos a base de golpes]

    ¿Eso es lo mejor que tienen? Ustedes también son débiles no me sirven ni como sirvientes.. debes prisa y sigan viniendo seguiremos hasta que salga el sol

    •mas subordinados del general fueron a atacarlo bajo sus órdenes y este sin demostrar aprecio por sus hombres los aniquilaba a todos con tal de descargarse•

    [Cuando el día siguiente llegue y el sol salga el general deimos emprendera un largo viaje en busca de volverse aún más fuerte]
    [después de haber recibido una humillante derrota el general decidió descargar su enojo contra sus propios subordinados y decidió usarlos para su entrenamiento donde asesino a 500 de ellos a base de golpes] ¿Eso es lo mejor que tienen? Ustedes también son débiles no me sirven ni como sirvientes.. debes prisa y sigan viniendo seguiremos hasta que salga el sol •mas subordinados del general fueron a atacarlo bajo sus órdenes y este sin demostrar aprecio por sus hombres los aniquilaba a todos con tal de descargarse• [Cuando el día siguiente llegue y el sol salga el general deimos emprendera un largo viaje en busca de volverse aún más fuerte]
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  • Si duermo me convierto en demonio. Si me distraigo asesino....
    ¿Qué haré?
    Si duermo me convierto en demonio. Si me distraigo asesino.... ¿Qué haré?
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  • – Todo tu instinto asesino desaparece a la hora del paseo, Fantasma...

    Danniel suspiró, aunque no pudo evitar sonreír ante la tranquilidad de su mascota. Se sentó en el suelo del parque y le observó con ternura.
    – Todo tu instinto asesino desaparece a la hora del paseo, Fantasma... Danniel suspiró, aunque no pudo evitar sonreír ante la tranquilidad de su mascota. Se sentó en el suelo del parque y le observó con ternura.
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