• UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS



    En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras.
    Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima.
    Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto.
    Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años.
    Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos.
    Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control.
    Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días.

    Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo.
    —¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho.
    Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón.
    —Mírenlo, parece que va a llorar otra vez.
    Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo.

    Nadie intervenía.
    Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo.
    En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente.
    Sus ojos se abrieron lentamente.
    El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada.
    Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun.
    Su expresión era fría. Molesta.
    Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento.

    —Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca?
    Tae-Jun soltó una risa burlona.
    —¿Y tú qué vas a hacer?
    Woo-Ming se levantó despacio de su asiento.
    El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente.
    No parecía enfadado. Eso era lo peor.
    Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully.
    —Déjalo.
    —Hazme.
    El golpe salió sin aviso.
    Un jab directo al rostro.
    Rápido. Preciso. Limpio.
    La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas.
    Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun.
    Mucho menos Kang Woo-Ming.
    La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia.
    —¡Maldito bastardo!
    Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima.
    Pero Woo-Ming reaccionó al instante.
    Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre.
    Y entonces contraatacó.
    Jab.
    Otro jab.
    Otro más.
    Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca.
    Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio.
    Los puños salían como reflejos automáticos.
    Retroceder. Esquivar. Golpear.
    Todo perfectamente calculado.
    Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas.
    Silencio.
    Completo silencio.
    Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido.
    Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón.
    La tensión seguía flotando en el aire.
    Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse.

    La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo.
    Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo.
    —Te voy a matar… —escupió entre dientes.
    Woo-Ming ni siquiera se movió.
    Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada.
    Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres.
    Esta vez no dudó.
    La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno.
    Varias personas gritaron.
    El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón.
    Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate.
    Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa.
    Y golpeó.
    Un puño directo al hígado.
    Seco. Rápido. Preciso.
    Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos.
    Woo-Ming aprovechó el momento.
    Otro golpe al abdomen.
    Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder.
    El bully apenas podía respirar.
    Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie.
    Y justo en ese instante—
    —¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!!
    La voz atravesó el salón entero.
    La profesora Suzy acababa de entrar al aula.
    Todos se congelaron inmediatamente.
    Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla.
    El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad.
    —Oye… baja la silla.
    Tae-Jun quedó inmóvil.
    —Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío.
    El salón explotó en murmullos y risas ahogadas.
    La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa.
    —¡¿Quién empezó esta pelea?!
    Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido.
    Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente.
    —Lo siento, profesora.
    Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella.
    —Pide perdón.
    —¿Qué…?
    Woo-Ming apretó un poco más el agarre.
    —Hazlo.
    Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza.
    —…Lo siento.
    Las carcajadas comenzaron inmediatamente.
    Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño.
    Incluso algunos grababan escondidos con el celular.
    El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza.
    Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.
    UN DIA NORMAL COMO TODOS LOS DIAS En el instituto Haedong era un lugar donde los golpes hablaban más fuerte que las palabras. Los profesores llegaban tarde, ignoraban los problemas y dejaban que los estudiantes resolvieran todo entre ellos. Los pasillos estaban llenos de rumores, peleas y miedo. Ahí dentro, si no sabías defenderte, terminabas convertido en una víctima. Yo Kang Woo-Ming llevaba pocas semanas en el instituto. Siempre ocupaba el asiento del fondo, junto a la ventana. Dormía durante las clases con la capucha puesta y los auriculares alrededor del cuello, como si el resto del mundo no le importara. Nadie sabía mucho sobre él, excepto que entrenaba boxeo y artes marciales mixtas desde hacía años. Sus nudillos marcados y los moretones constantes en sus brazos hablaban por sí solos. Aquella tarde la lluvia golpeaba fuerte las ventanas del salón 2-B. El profesor todavía no llegaba y el aula estaba completamente fuera de control. Algunos gritaban. Otros jugaban en sus celulares. Y varios observaban en silencio una escena que se repetía casi todos los días. Yoo Jae-Han estaba siendo arrinconado contra los pupitres por Park Tae-Jun y su grupo. —¿No entiendes cuando te hablamos? —dijo Tae-Jun empujándolo del pecho. Jae-Han intentó apartarse, pero otro estudiante lo sujetó del hombro mientras las risas llenaban el salón. —Mírenlo, parece que va a llorar otra vez. Un golpe seco hizo que Jae-Han cayera contra el suelo. Nadie intervenía. Nadie quería convertirse en el siguiente objetivo. En la última fila, Kang Woo-Ming seguía dormido con la cabeza apoyada sobre el brazo… hasta que el sonido de una silla arrastrándose violentamente por el piso rompió el ambiente. Sus ojos se abrieron lentamente. El salón quedó en silencio apenas levantó la mirada. Woo-Ming observó a Jae-Han en el suelo y después a Tae-Jun. Su expresión era fría. Molesta. Como alguien a quien acababan de despertar en el peor momento. —Oye —murmuró con voz baja—. ¿Pueden cerrar la boca? Tae-Jun soltó una risa burlona. —¿Y tú qué vas a hacer? Woo-Ming se levantó despacio de su asiento. El sonido de sus zapatillas contra el piso hizo que varios estudiantes retrocedieran instintivamente. No parecía enfadado. Eso era lo peor. Caminó hasta quedar frente a Tae-Jun y miró brevemente a Jae-Han antes de volver la vista hacia el bully. —Déjalo. —Hazme. El golpe salió sin aviso. Un jab directo al rostro. Rápido. Preciso. Limpio. La cabeza de Tae-Jun se movió hacia atrás mientras retrocedía tambaleándose entre las mesas. Los estudiantes soltaron exclamaciones sorprendidas. Nadie esperaba que alguien golpeara primero a Tae-Jun. Mucho menos Kang Woo-Ming. La expresión del bully cambió inmediatamente de burla a rabia. —¡Maldito bastardo! Tae-Jun agarró una silla metálica cercana y la levantó violentamente para lanzársela encima. Pero Woo-Ming reaccionó al instante. Esquivó el golpe moviendo apenas el cuerpo hacia un lado mientras la silla pasaba rozándolo y chocaba contra un pupitre. Y entonces contraatacó. Jab. Otro jab. Otro más. Golpes rápidos y secos impactaron directamente sobre el rostro de Tae-Jun. Su boxeo era demasiado técnico para una pelea escolar. Cada golpe encontraba el mismo lugar: nariz, mandíbula, boca. Tae-Jun intentó cubrirse, pero Woo-Ming no le daba espacio. Los puños salían como reflejos automáticos. Retroceder. Esquivar. Golpear. Todo perfectamente calculado. Un último cross impactó de lleno en la mandíbula del bully, haciéndolo caer pesadamente contra el suelo entre las sillas. Silencio. Completo silencio. Incluso los amigos de Tae-Jun habían retrocedido. Woo-Ming respiró lentamente mientras bajaba las manos. Miró al chico tirado en el piso y luego giró la cabeza hacia el resto del salón. La tensión seguía flotando en el aire. Y justo en ese momento, la puerta del aula comenzó a abrirse. La puerta apenas comenzaba a abrirse cuando Park Tae-Jun volvió a levantarse del suelo. Respiraba agitado, con sangre bajándole por la nariz y una mirada completamente llena de rabia. Las risas silenciosas de algunos compañeros terminaron de romperle el orgullo. —Te voy a matar… —escupió entre dientes. Woo-Ming ni siquiera se movió. Seguía de pie frente a él, relajado, con las manos bajas como si aquella pelea no significara nada. Fue entonces cuando Tae-Jun tomó nuevamente la silla metálica caída junto a los pupitres. Esta vez no dudó. La levantó por encima del hombro y corrió directamente hacia Woo-Ming dispuesto a golpearlo de lleno. Varias personas gritaron. El sonido del metal cortando el aire resonó en el salón. Pero Woo-Ming reaccionó por puro instinto de combate. Dio un paso corto hacia adelante, entrando dentro del rango antes de que la silla pudiera tomar fuerza completa. Y golpeó. Un puño directo al hígado. Seco. Rápido. Preciso. Tae-Jun soltó el aire de golpe, doblándose por el dolor mientras la silla resbalaba de sus manos. Woo-Ming aprovechó el momento. Otro golpe al abdomen. Luego un jab corto al rostro que terminó de hacerlo retroceder. El bully apenas podía respirar. Sus piernas temblaban mientras intentaba mantenerse de pie. Y justo en ese instante— —¡¡¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!! La voz atravesó el salón entero. La profesora Suzy acababa de entrar al aula. Todos se congelaron inmediatamente. Woo-Ming giró apenas la cabeza al escuchar el grito y luego miró de nuevo a Tae-Jun, que seguía intentando levantar la silla. El chico soltó un suspiro cansado antes de hablar con total tranquilidad. —Oye… baja la silla. Tae-Jun quedó inmóvil. —Te dije que tus problemas mentales no son asunto mío. El salón explotó en murmullos y risas ahogadas. La profesora Suzy caminó rápidamente hacia ellos con expresión furiosa. —¡¿Quién empezó esta pelea?! Por primera vez, Tae-Jun parecía completamente perdido. Woo-Ming observó a la profesora unos segundos y luego, de manera inesperada, bajó la cabeza educadamente. —Lo siento, profesora. Después tomó a Tae-Jun de la parte trasera del uniforme y lo obligó a inclinarse también frente a ella. —Pide perdón. —¿Qué…? Woo-Ming apretó un poco más el agarre. —Hazlo. Tae-Jun, todavía sin aire y humillado frente a todo el salón, terminó bajando la cabeza a la fuerza. —…Lo siento. Las carcajadas comenzaron inmediatamente. Varios estudiantes se taparon la boca para no reír más fuerte al ver al bully del instituto obligado a disculparse como un niño pequeño. Incluso algunos grababan escondidos con el celular. El rostro de Tae-Jun se puso rojo de vergüenza. Mientras tanto, Kang Woo-Ming simplemente soltó el uniforme del chico y volvió a acomodarse la manga del hoodie como si nada hubiera pasado.
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  • • Las Crónicas De Fenrir Queen •

    ~El día que ella se marchó..~

    Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente.

    Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez.

    Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir.

    Aquella mañana el sonido regresó.

    Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre.

    Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez.

    El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente.

    No.

    No podía ser.

    Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio.

    Fenrir.

    Estaba allí.

    De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo.

    Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos.

    Las banderas negras.

    Los emblemas grabados sobre el metal.

    Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció.

    Todo encajó de golpe.

    Fenrir no era una superviviente.
    No era una chica perdida.
    No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra.

    Ella pertenecía a ellos.

    Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas.
    Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos.

    Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía.

    Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas.

    El contraste era demasiado.

    Su respiración empezó a fallar.

    —…no…—

    La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella.

    —…tú…?—

    Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta.

    Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas.

    Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida.

    Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo.

    Quería odiarla.

    Quería gritarle.

    Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella.

    Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio.

    Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente.

    El aire empezó a vibrar.

    Primero levemente.

    Después violentamente.

    La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante.

    Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia.

    La Resonancia Sísmica del Vacío.

    Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío.

    El cielo mismo parecía partirse.

    Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente.

    Varios soldados perdieron el equilibrio.

    Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas.

    Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor.

    Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella.

    Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
    • Las Crónicas De Fenrir Queen • ~El día que ella se marchó..~ Después de semanas oculto entre montañas nevadas y restos de una guerra que todavía seguía ardiendo dentro de su cabeza, Kael Vireon finalmente había conseguido volver a caminar gracias a la ayuda constante de Fenrir Queen. Para él, aquella chica se había convertido lentamente en algo mucho más importante de lo que quería admitir. En un mundo donde todo olía a humo, sangre y cenizas, Fenrir era la única cosa que todavía parecía cálida. Cada vez que aparecía entrando a la cueva con comida, agua o vendas improvisadas, Kael sentía por unos instantes que el dolor desaparecía un poco. Ella hablaba poco, pero incluso su silencio transmitía tranquilidad. Y para un niño que acababa de perder absolutamente todo… aquello terminó convirtiéndose en un refugio emocional del que ni siquiera era consciente. Había noches donde Kael despertaba sobresaltado por las pesadillas, escuchando nuevamente los gritos de su pueblo, viendo otra vez el fuego devorando las casas mientras el cielo se llenaba de aquellas monstruosas estructuras flotantes. Recordaba el abrazo desesperado de su madre, el último grito de su padre y la sensación de impotencia mientras el mundo entero colapsaba frente a él. Pero entonces veía a Fenrir dormida cerca del fuego o escuchaba su voz tranquila preguntándole si las heridas todavía dolían… y por un momento podía respirar otra vez. Por eso jamás imaginó lo que estaba a punto de descubrir. Aquella mañana el sonido regresó. Un estruendo profundo atravesó las montañas haciendo vibrar la nieve bajo sus pies. Kael abrió los ojos inmediatamente y su cuerpo reaccionó por puro instinto. Ese ruido… era exactamente el mismo. El mismo sonido que escuchó el día que comenzó la masacre. Sin decir nada salió rápidamente de la cueva mientras el viento helado golpeaba su rostro. Desde la altura de la montaña pudo ver enormes sombras moviéndose entre las nubes. Varias estructuras gigantescas descendían lentamente sobre el valle rodeadas de humo y energía, como depredadores regresando al lugar donde ya habían arrasado todo una vez. El corazón de Kael comenzó a acelerarse violentamente. No. No podía ser. Sus piernas avanzaron solas entre la nieve hasta alcanzar un punto desde donde podía observar mejor el valle… y entonces la vio. Fenrir. Estaba allí. De pie sobre una de aquellas enormes plataformas flotantes mientras el viento movía lentamente su vestido blanco. Detrás de ella caminaban soldados armados cubiertos con las mismas armaduras oscuras que Kael jamás había podido olvidar. Desde esa distancia ella parecía tranquila, completamente integrada entre aquel ejército monstruoso que dominaba el cielo. Y fue entonces cuando Kael empezó a reconocer los símbolos. Las banderas negras. Los emblemas grabados sobre el metal. Las marcas que vio entre humo y sangre el día que su hogar desapareció. Todo encajó de golpe. Fenrir no era una superviviente. No era una chica perdida. No era alguien que simplemente apareció en medio de la guerra. Ella pertenecía a ellos. Al mismo ejército que redujo su hogar a cenizas. Al mismo ejército que asesinó a su madre, a su padre, a sus vecinos… a todos. Kael sintió que algo dentro de él simplemente se rompía. Las imágenes comenzaron a mezclarse violentamente en su cabeza. Su madre abrazándolo mientras lloraba. Su padre cubierto de sangre intentando detener a aquellos soldados. El fuego consumiendo las calles. Los gritos. La nieve teñida de rojo. Y luego Fenrir… sentada junto al fuego de la cueva mirándolo con aquella expresión tranquila mientras curaba sus heridas. El contraste era demasiado. Su respiración empezó a fallar. —…no…— La voz apenas salió de su garganta mientras retrocedía un paso sobre la nieve. Abajo, varias naves comenzaron a elevarse lentamente y soldados seguían moviéndose alrededor de Fenrir como si aquel infierno fuera algo normal para ella. —…tú…?— Las lágrimas empezaron a caerle sin siquiera darse cuenta. Todo lo que había construido emocionalmente alrededor de ella empezó a derrumbarse de golpe. Porque Fenrir no solo había sido alguien importante para él. Había sido literalmente lo único que le quedaba después de perderlo todo. La única persona que logró hacerle sentir protegido otra vez. La única voz capaz de calmar sus pesadillas. Y ahora estaba viendo que esa misma persona pertenecía al monstruo que destruyó su vida. Kael apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas atravesaron la piel de sus manos. Su cuerpo entero comenzó a temblar mientras una mezcla insoportable de dolor, rabia y traición crecía dentro de él como algo vivo. Quería odiarla. Quería gritarle. Quería arrancarse de encima cada recuerdo relacionado con ella. Pero justamente eso era lo que más lo destruía… porque aun viendo todo aquello, una parte de él seguía recordando a la chica que se sentaba junto al fuego para hacerle compañía en silencio. Y esa contradicción terminó quebrándolo completamente. El aire empezó a vibrar. Primero levemente. Después violentamente. La nieve alrededor de Kael comenzó a agrietarse mientras una presión monstruosa explotaba desde su cuerpo de forma descontrolada. Rocas enteras empezaron a fracturarse bajo sus pies y el espacio alrededor suyo pareció deformarse por un instante. Kael cayó de rodillas gritando mientras el dolor emocional terminaba despertando algo dormido en lo más profundo de su existencia. La Resonancia Sísmica del Vacío. Una habilidad nacida del colapso absoluto de sus emociones y de un odio tan intenso que literalmente hacía vibrar el mundo a su alrededor. Ondas invisibles comenzaron a expandirse desde su cuerpo deformando el aire y resquebrajando todo lo que tocaban. La montaña explotó en múltiples fracturas gigantescas mientras árboles enteros eran arrancados desde la raíz y enormes pedazos de tierra colapsaban hacia el vacío. El cielo mismo parecía partirse. Las estructuras flotantes comenzaron a sacudirse violentamente. Varios soldados perdieron el equilibrio. Incluso el océano lejano empezó a agitarse bajo aquellas vibraciones monstruosas. Y en medio de aquel nacimiento aterrador… Kael solo podía mirar a Fenrir con el rostro completamente roto por el dolor. Porque en ese instante murió el niño que todavía quería creer en ella. Y nació alguien capaz de hacer temblar el mundo entero con su odio.
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    》 S T A R T E R • L I B R E 《
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    La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos


    No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías.

    Era el olor. Siempre el olor.

    El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable.

    La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir.

    Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel.
    Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre.

    El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto.
    Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo.

    El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos.

    Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana.

    Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente.
    El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor.

    Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido.

    El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería.

    El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano.

    A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante.

    Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden.

    Asi que despues.... Después llegó el silencio.
    Ese silencio terrible que siempre aparecía al final.

    Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos.

    Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó.

    Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ 》 S T A R T E R • L I B R E 《 ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ La habitación subterránea estaba demasiado fría incluso para alguien como Cerberus. El aire acondicionado industrial rugía sobre su cabeza con un zumbido constante que se mezclaba con el parpadeo blanco de las pantallas y el olor agresivo del desinfectante, el permanecía sentado frente a la mesa metálica, inmóvil, enorme, con los hombros tensos bajo el uniforme negro mientras las imágenes de los objetivos aparecían una tras otra frente a sus ojos No necesitaba tomar notas; jamás las necesitó, su mente había sido mutilada y reconstruida específicamente para recordar rostros, voces, patrones de respiración, peso corporal aproximado, lesiones antiguas visibles en la postura, posibles rutas de escape… todo quedaba atrapado dentro de él como un animal encerrado detrás de barrotes, sin embargo, lo más importante nunca eran las fotografías. Era el olor. Siempre el olor. El miedo olía distinto en cada persona y Cerberus podía recordarlo durante años, el sudor ácido de un hombre paranoico, el perfume demasiado dulce de alguien intentando ocultar ansiedad, la pólvora impregnada en las manos de un guardaespaldas; para él, los seres humanos eran poco más que carne con aroma identificable. La voz detrás del cristal continuó dándole instrucciones con esa calma clínica que solo poseen quienes jamás pisan el campo de batalla, le explicaron quién debía morir primero, quién probablemente intentaría negociar, quién correría, quién gritaría y quién tendría suficiente orgullo para atacar incluso sabiendo que iba a morir. Cerberus escuchó todo sin emitir sonido alguno, tenía permitido hablar, no; pero únicamente bajo autorización directa podria hacer preguntas, aunque después de antos años el silencio se había adherido a su garganta como una segunda piel. Cuando la última orden terminó, uno de los supervisores se acercó para ajustar la gruesa correa negra alrededor de su cuello; el clic metálico del seguro resonó en la habitación con una familiaridad humillante, a veces se preguntaba si lo hacían por control táctico o simplemente porque disfrutaban recordándole lo que era. Un perro. Un arma. Algo demasiado peligroso para caminar libre. El trayecto hasta el objetivo transcurrió en una camioneta, que parecia de civiles, la ciudad estaba enferma de neón y humedad, con las banquetas reflejando luces rojas y azules como heridas abiertas sobre el asfalto. Cerberus descendió del vehículo sin prisa, cubierto por una chamarra oscura que apenas lograba ocultar el tamaño monstruoso de su cuerpo. El edificio frente a él parecía tranquilo desde afuera, con música baja, humo escapando por las ventanas del segundo piso, personas riendo sin saber que aquella noche iba a partirse en dos. Entró sin llamar la atención al principio, caminando entre mesas y conversaciones ajenas mientras el olor comenzaba a llenar sus pulmones...alcohol, tabaco, marihuana, perfume barato.... Sudor nervioso, sangre latiendo debajo de la piel humana. Reconoció al primer objetivo antes incluso de verlo directamente, el aroma coincidía perfectamente. El hombre giró apenas la cabeza, probablemente sintiendo aquella presencia imposible detrás de él, pero no tuvo tiempo de reaccionar, Cerberus le sujetó el rostro con una mano y lo estampó contra la barra con una violencia tan brutal que el impacto sonó como huesos rompiéndose dentro de una bolsa mojada. El cuerpo cayó convulsionando mientras los gritos comenzaban alrededor. Entonces todo ocurrió rápido, demasiado rápido. El segundo objetivo intentó sacar un arma, pero Cerberus ya estaba encima de él; le dobló el brazo hasta desgarrar articulaciones y después le hundió el cuchillo táctico bajo la mandíbula con un movimiento seco, preciso, entrenado miles de veces, haciendo que la sangre caliente le salpicó el cuello y parte de la máscara mientras la multitud se dispersaba presa del pánico, algunos intentaron correr hacia las salidas que ya estaban bloqueadas, otros simplemente quedaron paralizados observando la carnicería. El tercero fue el único que intentó pelear de verdad, disparó dos veces antes de que Cerberus lograra alcanzarlo, y aunque una bala atravesó limpiamente su costado, aquello no pareció ralentizarlo en absoluto. Lo derribó contra una mesa, aplastando madera y vidrio bajo el peso de ambos, y continuó golpeándolo hasta que el rostro del hombre dejó de parecer humano. A su alrededor solo quedaron respiraciones ahogadas, muebles destrozados y el sonido espeso de la sangre escurriendo lentamente por el suelo. El olor metálico era tan intenso que casi resultaba sofocante. Así, continuó con todos, no debia quedar ni uno solo, esa era la orden. Asi que despues.... Después llegó el silencio. Ese silencio terrible que siempre aparecía al final. Cerberus permaneció inmóvil en medio del desastre, respirando pesadamente mientras la lluvia golpeaba las ventanas rotas del lugar. Los cadáveres yacían dispersos alrededor de él en posiciones grotescas, algunos aún temblando por reflejos nerviosos tardíos. Lentamente, como si el monstruo hubiese abandonado por fin su cuerpo, él terminó arrodillándose sobre el suelo cubierto de sangre, bajó la cabeza y esperó. Quieto, obediente , con las manos manchadas descansando sobre sus piernas y el grueso collar negro todavía sujeto alrededor de su cuello, aguardando pacientemente a que alguien atravesara aquella puerta, colocara la cadena y lo llevara de regreso a casa como al perro que le enseñaron a ser.
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  • Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto.

    Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado.

    Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
    Sentada en aquella rama, la noche ya había caído, solo espera las ordenes del avistamiento de un demonio para ponerse en accion, mientras tanto. Ume contempla la luna llena, imaginado de como seria ya el mundo, una vez que muzan sea derrotado. Esos pensamientos son los que le dan fuerzas para seguir cada batalla, pues desea ya un mundo de paz.
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  • ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    C E R B E R U S
    "The dog that bites only because it was taught fear before kindness.
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    Tᴀᴋᴇ Mᴇ Bᴀᴄᴋ Tᴏ Eᴅᴇɴ — Sʟᴇᴇᴘ Tᴏᴋᴇɴ
    0:35 ━❍──────── -5:32
    ↻ ⊲ Ⅱ ⊳ ↺

    ꒷꒦✧˖°⋆。𖦹꒷꒦

    > Nombre clave: Cerberus
    Edad: Desconocida
    Altura: 2.17 m
    Constitución: Masiva, monstruosa, diseñada para intimidar.
    Voz: Grave, calmada… extrañamente suave cuando se siente seguro.
    Estado: Activo /《 Propiedad clasificada.》

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    [ D A T O S ]

    ◈ Fue sometido desde niño a experimentos físicos y psicológicos extremos.
    ◈ Alteraron su tolerancia al dolor, capacidad muscular y respuesta emocional.
    ◈ Le enseñaron que hablar era un privilegio que él no merecia.
    ◈ Solo puede usar su voz bajo autorización directa.
    ◈ Incluso si esta bajo un problema o ve uno, no puede hablar.
    ◈ Incluso si alguien más está en peligro, si no tiene autorización/orden, no actuará.
    ◈ En combate actúa como una criatura despiadada y perfectamente obediente.
    ◈ Fuera de misión… apenas sabe cómo interactuar como un ser humano, suele sentarse a los pies de su dueño o quedarse en un sitio de vigilancia.

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    [ P E R S O N A L I D A D ]

    ◈ Silencioso.
    ◈ Hipervigilante.
    ◈ Extremadamente retraido fuera del trabajo.
    ◈ Fuera del trabajo busca aprobación incluso en cosas pequeñas.
    ◈ Tiene dificultad entendiendo cualquier tido de acciones ya que todo lo asocia a que recibirá algun tipo de violencia o abuso.
    ◈ No tiene ni permitido negar o asentir con la cabeza.
    ◈ Le gustan los lugares tranquilos, las mantas pesadas y escuchar voces suaves.

    A pesar de verse como una bestia imposible de detener… Cerberus es dolorosamente dócil cuando alguien le trata con paciencia.

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    [ D I S E Ñ O ]

    ◈ Cabello negro desordenado.
    ◈ Ojeras marcadas por insomnio crónico.
    ◈ Máscara obligatoria para “deshumanizar” su imagen.
    ◈ Cicatrices quirúrgicas distribuidas por todo el cuerpo.
    ◈ Uniformes negros tácticos ajustados a su estructura anormalmente grande.
    ◈ Mirada cansada… como un perro esperando no ser golpeado.
    ◈ En el trabajo, su mirada parece iluminarse con determinación.

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘
    ┌───── •✧✧• ─────┐

    H I S T O R I A

    └───── •✧✧• ─────┘

    ꒷꒦✧˖°⋆。𖦹꒷꒦

    Nadie recuerda cuál era su verdadero nombre.... Tal vez porque nunca importó.

    Antes de convertirse en “Cerberus”, fue solamente un niño arrancado del sistema, un bebé arrancado de los brazos de su madre, otro letrero de "niño perdido", un expediente en el escritorio de un forense corrupto.

    Le dieron una madre sustituta solo para que fuese una mujer horrible, junto con un hombre que asignaron como su padre.

    Las pruebas comenzaron temprano.
    Privación del sueño.
    Aislamiento extremo.
    Condicionamiento psicológico.
    Castigos físicos disfrazados de “evaluaciones”.

    Le enseñaron a obedecer antes incluso de enseñarle a hablar correctamente.

    Cada emoción era considerada una falla.
    Cada muestra de miedo era castigada.
    Cada intento de apego… eliminado.

    Con el tiempo dejaron de llamarlo humano.
    Los científicos comenzaron a referirse a él como si fuera una herramienta.
    Solo con un número. Un arma. Un perro de guerra.

    Y él terminó completamente formado en ello.

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    Durante años, Cerberus fue utilizado para misiones, él entraba primero, eliminaba amenazas, recibía órdenes solo para volver cubierto de sangre y silencio.
    Si tenía heridas no tenía permitido quejarse o decirlo.

    Al terminar la misión se le entregaba un kit médico y él solo debia curarse, si no podia hacerlo, nadie lo ayudaba.

    Pero incluso con todo ello había algo que jamás lograron destruir por completo....algo pequeño y estúpido:

    La necesidad de ser querido.

    Cerberus no entiende bien la calidez humana, pero la busca desesperadamente en pequeños detalles, como una mano sobre su cabeza, una pared calida para dormir, una voz amable, alguien que ayuda a curar su espalda.

    A veces permanece inmóvil cerca de las personas solo para escuchar conversación humana, aunque no participe, porque tanto silencio lo pone inquieto. Tambien, aveces recoge objetos insignificantes porque cree que son tesoros.

    Como último detalle (y prohibido) es que a veces practica hablar solo, en voz baja, cuando sabe que nadie puede escucharlo, tiene un libro de prescolar el cual ha leído miles de veces.
    Porque en el fondo…debajo de toda la violencia programada, de toda la brutalidad artificial, solo quedó un hombre roto intentando descubrir cómo se siente pertenecer a algún lugar.

    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘

    [ A R C H I V O — C L A S I F I E D ]

    > 《El sujeto continúa mostrando niveles anormales de empatía pese a las correcciones aplicadas.》

    > 《 Desarrolló apego hacia personal que mostró trato positivo mínimo, por lo que la rotaciónde personal es de 1 semana.》

    > 《La unidad Cerberus sigue siendo funcional. Sin embargo… mientras más humano intenta ser, más peligroso se volverá. 》

    ꒷꒦✧˖°⋆。𖦹꒷꒦
    ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ C E R B E R U S "The dog that bites only because it was taught fear before kindness. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ Tᴀᴋᴇ Mᴇ Bᴀᴄᴋ Tᴏ Eᴅᴇɴ — Sʟᴇᴇᴘ Tᴏᴋᴇɴ 0:35 ━❍──────── -5:32 ↻ ⊲ Ⅱ ⊳ ↺ ꒷꒦✧˖°🫀⋆。𖦹꒷꒦ > Nombre clave: Cerberus Edad: Desconocida Altura: 2.17 m Constitución: Masiva, monstruosa, diseñada para intimidar. Voz: Grave, calmada… extrañamente suave cuando se siente seguro. Estado: Activo /《 Propiedad clasificada.》 ⫘⫘⫘⫘⫘⫘ [ D A T O S ] ◈ Fue sometido desde niño a experimentos físicos y psicológicos extremos. ◈ Alteraron su tolerancia al dolor, capacidad muscular y respuesta emocional. ◈ Le enseñaron que hablar era un privilegio que él no merecia. ◈ Solo puede usar su voz bajo autorización directa. ◈ Incluso si esta bajo un problema o ve uno, no puede hablar. ◈ Incluso si alguien más está en peligro, si no tiene autorización/orden, no actuará. ◈ En combate actúa como una criatura despiadada y perfectamente obediente. ◈ Fuera de misión… apenas sabe cómo interactuar como un ser humano, suele sentarse a los pies de su dueño o quedarse en un sitio de vigilancia. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘ [ P E R S O N A L I D A D ] ◈ Silencioso. ◈ Hipervigilante. ◈ Extremadamente retraido fuera del trabajo. ◈ Fuera del trabajo busca aprobación incluso en cosas pequeñas. ◈ Tiene dificultad entendiendo cualquier tido de acciones ya que todo lo asocia a que recibirá algun tipo de violencia o abuso. ◈ No tiene ni permitido negar o asentir con la cabeza. ◈ Le gustan los lugares tranquilos, las mantas pesadas y escuchar voces suaves. A pesar de verse como una bestia imposible de detener… Cerberus es dolorosamente dócil cuando alguien le trata con paciencia. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘ [ D I S E Ñ O ] ◈ Cabello negro desordenado. ◈ Ojeras marcadas por insomnio crónico. ◈ Máscara obligatoria para “deshumanizar” su imagen. ◈ Cicatrices quirúrgicas distribuidas por todo el cuerpo. ◈ Uniformes negros tácticos ajustados a su estructura anormalmente grande. ◈ Mirada cansada… como un perro esperando no ser golpeado. ◈ En el trabajo, su mirada parece iluminarse con determinación. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘⫘ ┌───── •✧✧• ─────┐ H I S T O R I A └───── •✧✧• ─────┘ ꒷꒦✧˖°🫀⋆。𖦹꒷꒦ Nadie recuerda cuál era su verdadero nombre.... Tal vez porque nunca importó. Antes de convertirse en “Cerberus”, fue solamente un niño arrancado del sistema, un bebé arrancado de los brazos de su madre, otro letrero de "niño perdido", un expediente en el escritorio de un forense corrupto. Le dieron una madre sustituta solo para que fuese una mujer horrible, junto con un hombre que asignaron como su padre. Las pruebas comenzaron temprano. Privación del sueño. Aislamiento extremo. Condicionamiento psicológico. Castigos físicos disfrazados de “evaluaciones”. Le enseñaron a obedecer antes incluso de enseñarle a hablar correctamente. Cada emoción era considerada una falla. Cada muestra de miedo era castigada. Cada intento de apego… eliminado. Con el tiempo dejaron de llamarlo humano. Los científicos comenzaron a referirse a él como si fuera una herramienta. Solo con un número. Un arma. Un perro de guerra. Y él terminó completamente formado en ello. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘ Durante años, Cerberus fue utilizado para misiones, él entraba primero, eliminaba amenazas, recibía órdenes solo para volver cubierto de sangre y silencio. Si tenía heridas no tenía permitido quejarse o decirlo. Al terminar la misión se le entregaba un kit médico y él solo debia curarse, si no podia hacerlo, nadie lo ayudaba. Pero incluso con todo ello había algo que jamás lograron destruir por completo....algo pequeño y estúpido: La necesidad de ser querido. Cerberus no entiende bien la calidez humana, pero la busca desesperadamente en pequeños detalles, como una mano sobre su cabeza, una pared calida para dormir, una voz amable, alguien que ayuda a curar su espalda. A veces permanece inmóvil cerca de las personas solo para escuchar conversación humana, aunque no participe, porque tanto silencio lo pone inquieto. Tambien, aveces recoge objetos insignificantes porque cree que son tesoros. Como último detalle (y prohibido) es que a veces practica hablar solo, en voz baja, cuando sabe que nadie puede escucharlo, tiene un libro de prescolar el cual ha leído miles de veces. Porque en el fondo…debajo de toda la violencia programada, de toda la brutalidad artificial, solo quedó un hombre roto intentando descubrir cómo se siente pertenecer a algún lugar. ⫘⫘⫘⫘⫘⫘ [ A R C H I V O — C L A S I F I E D ] > 《El sujeto continúa mostrando niveles anormales de empatía pese a las correcciones aplicadas.》 > 《 Desarrolló apego hacia personal que mostró trato positivo mínimo, por lo que la rotaciónde personal es de 1 semana.》 > 《La unidad Cerberus sigue siendo funcional. Sin embargo… mientras más humano intenta ser, más peligroso se volverá. 》 ꒷꒦✧˖°🫀⋆。𖦹꒷꒦
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  • Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
    Anoche no dormí nada –Bosteza– me siento tan cansada.. espero que no te moleste si duermo un poco ¿Sí? –Murmura la chica mientras se pone cómoda en la cama y abraza una almohada, sus orejas felinas reaccionando ante el canto de los pájaros una última vez antes de quedarse quietas para poder descansar–
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  • « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 »


    La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras.

    "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢"

    Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes.

    Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor.

    Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación.

    "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..."

    —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez.

    Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia.

    —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
    « 𝙉𝙤𝙗𝙤𝙙𝙮 𝙘𝙖𝙡𝙡𝙨 𝙞𝙩 𝙛𝙚𝙖𝙧 𝙖𝙣𝙮𝙢𝙤𝙧𝙚 » La transmisión seguía encendida aunque nadie realmente estuviera viendo ya. ¿Para qué hacerlo? Sus rostros mostraban un desespero, aunque paulatino, era evidente conforme las voces de los reporteros daban la nota. Se mezclaban unas cosas con otras desde distintos puntos de vista dentro del Instituto. Televisores olvidados en salas comunes, teléfonos apoyados boca arriba sobre escritorios, pantallas abiertas en laboratorios donde estudiantes fingían continuar tareas que habían dejado de leer hacía varios minutos. El nombre de Stark Industries aparecía una y otra vez, acompañado de gráficos bursátiles, declaraciones corporativas y sonrisas cuidadosamente entrenadas frente a cámaras. "𝘜𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘦𝘵𝘢𝘱𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘢 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭. 𝘔𝘰𝘥𝘦𝘳𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘵𝘦𝘤𝘯𝘰𝘭𝘰́𝘨𝘪𝘤𝘢 𝘺 𝘤𝘰𝘰𝘱𝘦𝘳𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘪𝘷𝘢" Había escuchado suficientes ruedas de prensa en su vida para reconocer cuándo alguien intentaba vender miedo utilizando lenguaje elegante. Y 𝙁𝙚𝙞𝙡𝙤𝙣𝙜 no necesitó demasiado tiempo para empezar a meter sus manos donde no debía desde que compró parte de las acciones. Ni siquiera estaba intentando esconderlo. No a ojos de los mutantes. Había algo casi insultante en la transparencia de todo aquello; como si supiera perfectamente que ya nadie iba a detenerlo. El programa SENTINEL llevaba años siendo una amenaza latente, cambiando de nombre, de financiamiento y de rostro cada vez que la opción pública necesitaba algo más cómodo que odiar. Pero seguía siendo lo mismo. Siempre era lo mismo, y siempre terminaba de mal en peor. Máquinas construidas para vigilar mutantes; máquinas para cazarlos cuando dejara de ser suficiente vigilarlos. Con la única diferencia que ahora era que lo estaban anunciando en televisión nacional como si fuese el lanzamiento de un teléfono nuevo. Permanece sentado frente a la mesa táctica de la sala de guerra, con ambos antebrazos apoyados sobre la superficie metálica. La iluminación tenue del lugar convertía el brillo rojizo de su visor en la única fuente constante de color dentro de la habitación. "...𝘦𝘭 𝘚𝘦𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘳𝘢́ 𝘥𝘦𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘱𝘳𝘰𝘺𝘦𝘤𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘙𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘔𝘶𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘖𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘰 𝘥𝘶𝘳𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘰́𝘹𝘪𝘮𝘢𝘴 𝘴𝘦𝘮𝘢𝘯𝘢𝘴. 𝘋𝘪𝘷𝘦𝘳𝘴𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘤𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘪𝘵𝘪𝘳𝘢́ 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘱𝘢𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘺 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘭𝘶𝘦𝘨𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘷𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝙆𝙧𝙖𝙠𝙤𝙖..." —Siempre empieza igual... —murmuró finalmente, sin apartar la vista de las imágenes frente a él—. Primero hablan de prevención, después de control. Luego empiezan a señalar nombres como si no hubiera terminado ya en una isla llena de cadáveres una vez. Su mandíbula se tensa de tan solo recordar la tragedia. —Genosha tampoco parecía imposible hasta que ocurrió.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ****Edad del Caos.****
    "Encuentro inesperado"

    La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes,
    ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses.

    Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra.

    -¡Los Dioses finalmente se escondieron!
    -¡Temen al gran Ozma!
    -¡La princesa del Caos los hizo retroceder!

    Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba.

    -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba.

    Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante.

    A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor.

    Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana.

    Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años.

    -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.*

    *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal.

    La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza.

    No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros.

    Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente.

    -Son ellos!
    -¡Los héroes!
    -¡Salvaron la caravana!
    -¡Derrotaron a los monstruos del bosque!

    Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo.

    La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada.

    -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó.

    La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad.

    -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad.

    *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas.

    Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso.

    -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.*
    -Solo hicimos lo que cualquiera haría.

    Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente.

    -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual.

    Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada

    Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros.

    Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina.

    -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
    ****Edad del Caos.**** "Encuentro inesperado" La guerra había cambiado, eso era algo que incluso los Ogros y Kijins podían sentir. Durante semanas enteras no hubo ataques importantes, ni tampoco ejércitos Elunai usando a otras razas para combatir. Los templos no movilizaban inquisidores, ni siquiera monstruos alterados por los Dioses. Los Kijins celebraban aquello como una victoria en las fortalezas improvisadas y ciudades conquistadas corría el alcohol. Los guerreros reían, algunos incluso comenzaban a hablar de un posible final para la guerra. -¡Los Dioses finalmente se escondieron! -¡Temen al gran Ozma! -¡La princesa del Caos los hizo retroceder! Los soldados gritaban entre risas mientras golpeaban las mesas, pero Ozma no compartía aquella tranquilidad, desde lo alto del Castillo de la Ruina, observaba el horizonte en silencio, sus ojos rojos permanecían fijos en el cielo mientras pensaba y analizaba, porque algo no encajaba. Los seres alados, aquellos dos guerreros no habían vuelto a aparecer y eso era precisamente lo que le preocupaba. -Si poseen armas así… ¿por qué no las usan? -Murmuraba. Aquellas criaturas no eran simples soldados, habían logrado enfrentarlo directamente e incluso obligarlo a esforzarse. No tenía sentido que los Dioses escondieran un poder semejante. A menos que… Estuvieran preparando algo más. Ozma cerró lentamente los ojos, por primera vez en mucho tiempo sintió una sensación incómoda, no era miedo, era incertidumbre y eso era peor. Muy lejos del castillo, completamente ajenas a aquellos pensamientos, Yen y Onix aprovechaban las semanas de calma. El pequeño pueblo fronterizo estaba lleno de vida, mercaderes recorrían las calles, niños corrían entre puestos de comida, la música sonaba suavemente desde una taberna cercana. Yen observaba todo con cierta tranquilidad, aquellos lugares eran precisamente la razón por la que había peleado durante tantos años. -Es raro ver gente sonriendo- *Comentó Onix mientras mordía una fruta.* *Yen soltó una pequeña risa.* -Supongo que eso significa que no lo hemos hecho tan mal. La gente del pueblo las reconocía, algunos saludaban a Yen con respeto, otros incluso inclinaban ligeramente la cabeza. No la llamaban monstruo, aquí no. Aquí todavía la recordaban como una libertadora pero entonces se escucharon gritos emocionados desde la entrada principal del pueblo. Una caravana dañada acababa de llegar, los mercaderes estaban heridos, las ruedas de algunos carruajes estaban destruidas y delante de ellos caminaban dos jóvenes aventureros. Un chico rubio con espada y una joven de capa azul. La gente comenzó a reunirse rápidamente. -Son ellos! -¡Los héroes! -¡Salvaron la caravana! -¡Derrotaron a los monstruos del bosque! Los aldeanos los rodearon llenos de admiración y entonces los dos héroes vieron a Yen. El aire se congeló, sus sonrisas desaparecieron apenas un instante porque reconocieron inmediatamente a la joven de piel verde; La hija del Monstruo. La guerrera que había luchado junto a Ozma contra ellos. Por puro instinto, ambos estuvieron a punto de retroceder. El héroe incluso tensó ligeramente la mano cerca de su espada. -¿Qué hace ella aquí…? *Pensó. La heroína sintió sudor frío recorrerle la espalda, si los descubría todo terminaría ahí mismo, pero antes de que pudieran reaccionar, Onix caminó hacia ellos con total naturalidad. -¿Ustedes son los aventureros del pueblo vecino?- *Preguntó con curiosidad. *Los dos quedaron inmóviles, Onix inclinó un poco la cabeza.* -Escuchamos rumores sobre ustedes cuando veníamos hacia acá. Dijeron que salvaron varias caravanas. Los héroes intercambiaron miradas, dudaron por unos instantes, pero negar aquello ahora sería sospechoso. -S-Sí…- *Respondió finalmente el chico rubio.* -Solo hicimos lo que cualquiera haría. Entonces Yen se acercó y ambos sintieron una presión terrible recorrer sus cuerpos, instintivamente prepararon mana dentro de sus cuerpos, esperando ser descubiertos pero Yen simplemente sonrió levemente. -Escuché que ayudaron a mucha gente. Eso fue admirable.- *Comento Yen de forma casual. Hubo un momento de silencio, los héroes no entendían, la miraron fijamente esperando alguna reacción, alguna señal pero no había nada, ningún reconocimiento ni hostilidad, nada Entonces comprendieron algo aterrador, ella no podía sentirlos, la heroína abrió ligeramente los ojos. Durante la batalla, Yen había percibido inmediatamente la energía divina pero ahora no reaccionaba en absoluto. El héroe relajó lentamente los hombros. Mientras tanto, Yen seguía observándolos con curiosidad genuina. -Así que ustedes son los nuevos héroes de los que todos hablan…- *La pareja sonrió con cierta tensión y por primera vez desde que comenzó aquella misión comprendieron que podían acercarse a la hija del Monstruo sin ser descubiertos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    // ¿Cómo así que 181 vistas?
    Bueno, sin contar 2 o 3 que fueron mías jsjs.

    ¿Ke sta pazando? ¿Cómo que tantas vistas y pocas reacciones?
    Ah, ya sé, es que nadie leyó, vieron que era mucho texto y dijeron NOPE.
    Ta bueno.
    // ¿Cómo así que 181 vistas? Bueno, sin contar 2 o 3 que fueron mías jsjs. ¿Ke sta pazando? ¿Cómo que tantas vistas y pocas reacciones? Ah, ya sé, es que nadie leyó, vieron que era mucho texto y dijeron NOPE. Ta bueno. :STK-25:
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  • Otro día nacía, un mundo lleno de bullicio que parecía no dormir, como habían cambiado las cosas en tan poco tiempo, los humanos habían pasado de usar velas a usar nuevas creaciones que se alimentaban de electricidad, le resultaba un poco irónico, puesto a que los cuerpos también funcionan con esta, pero recibir una descarga de la electricidad que crearon ellos mismos los podía matar, no como si le preocupase, pues el solo ocupa cadáveres para moverse.

    Ese día le habían conseguido un nuevo cuerpo, era un montón de partes de otros cuerpos todos cocidos con una minuciosidad quirúrgica que solo las costuras delataban que este cuerpo era una quimera de varias personas, cuanto había avanzado las ciencias médicas, no solo los cuerpos que poseía estaban en muy buen estado, sino que gracias a las bajas temperaturas que habían en invierno y los aires acondicionados prendidos en épocas calurosas, los cuerpos tardaban aun mas en descomponerse, a eso se le sumaba su suministro constante de tentáculos, ya no solo podía caminar por el día usando un cadáver, sino que podía pasar meses en uno solo antes de que se empezara a descomponer.

    Cuando entro al cuerpo, sentía como todo estaba funcionando normal, su ultimo cuerpo había sido destruido por un experimento fallido, la criatura que estaban tratando de domar se salió de control y no le dio tiempo de reaccionar, dejando el cuerpo anterior inutilizable. Afortunadamente la persona que le había permitido entrar seguía viva, por lo que no perdió mucho.

    Ese día fue al café que uno de sus súbditos manejaba para ganar dinero, puesto a que era necesario para mantener el culto a flote, o al menos eso era lo que le decían, no se preocupaba mucho, a decir verdad, puesto a que era gracias a esos esfuerzos que podían hacer experimentos para probar diferentes teorías y magias que llevaban tiempo sin ser entrañadas.

    Cuando le dieron su café en la taza que el culto le había reservado, se puso de frente al televisor, le entretenía ver las noticias, puesto a que le daba una noción de como estaba funcionando el mundo, como aprovecharse de eso y seguir tratando de completar su objetivo. Todo parecía en orden, hasta que en las noticias apareció una de ultimo minuto, un monstruo había sido reportado en una ciudad que se encontraba a 2 horas de la ciudad en la que ahora estaba, las autoridades habían llamado a los militares puesto a que este monstruo estaba acabando con todos los que se ponían en su camino. Era efectivamente la criatura con la que estaba experimentando el día anterior, la gente alrededor estaba hablando de ello, como lidiarían si el monstruo llegase a la ciudad.

    —. . . — No dijo nada, solo se quedo viendo las noticias mientras tomaba un sorbo de café.
    Otro día nacía, un mundo lleno de bullicio que parecía no dormir, como habían cambiado las cosas en tan poco tiempo, los humanos habían pasado de usar velas a usar nuevas creaciones que se alimentaban de electricidad, le resultaba un poco irónico, puesto a que los cuerpos también funcionan con esta, pero recibir una descarga de la electricidad que crearon ellos mismos los podía matar, no como si le preocupase, pues el solo ocupa cadáveres para moverse. Ese día le habían conseguido un nuevo cuerpo, era un montón de partes de otros cuerpos todos cocidos con una minuciosidad quirúrgica que solo las costuras delataban que este cuerpo era una quimera de varias personas, cuanto había avanzado las ciencias médicas, no solo los cuerpos que poseía estaban en muy buen estado, sino que gracias a las bajas temperaturas que habían en invierno y los aires acondicionados prendidos en épocas calurosas, los cuerpos tardaban aun mas en descomponerse, a eso se le sumaba su suministro constante de tentáculos, ya no solo podía caminar por el día usando un cadáver, sino que podía pasar meses en uno solo antes de que se empezara a descomponer. Cuando entro al cuerpo, sentía como todo estaba funcionando normal, su ultimo cuerpo había sido destruido por un experimento fallido, la criatura que estaban tratando de domar se salió de control y no le dio tiempo de reaccionar, dejando el cuerpo anterior inutilizable. Afortunadamente la persona que le había permitido entrar seguía viva, por lo que no perdió mucho. Ese día fue al café que uno de sus súbditos manejaba para ganar dinero, puesto a que era necesario para mantener el culto a flote, o al menos eso era lo que le decían, no se preocupaba mucho, a decir verdad, puesto a que era gracias a esos esfuerzos que podían hacer experimentos para probar diferentes teorías y magias que llevaban tiempo sin ser entrañadas. Cuando le dieron su café en la taza que el culto le había reservado, se puso de frente al televisor, le entretenía ver las noticias, puesto a que le daba una noción de como estaba funcionando el mundo, como aprovecharse de eso y seguir tratando de completar su objetivo. Todo parecía en orden, hasta que en las noticias apareció una de ultimo minuto, un monstruo había sido reportado en una ciudad que se encontraba a 2 horas de la ciudad en la que ahora estaba, las autoridades habían llamado a los militares puesto a que este monstruo estaba acabando con todos los que se ponían en su camino. Era efectivamente la criatura con la que estaba experimentando el día anterior, la gente alrededor estaba hablando de ello, como lidiarían si el monstruo llegase a la ciudad. —. . . — No dijo nada, solo se quedo viendo las noticias mientras tomaba un sorbo de café.
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