• Los ojos de Chantle
    Fandom Linaje Queen
    CategorΓ­a Acción
    Akane Qα΅˜α΅‰α΅‰βΏ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    γ‚ͺγ‚ͺγ‚«γƒŸγ¨θΈŠγ‚‹ Bailando con lobos Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐑𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE

    1. Contexto inicial

    El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle.

    El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah.

    Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua.

    2. Advertencia de Jennifer

    Jennifer toma el liderazgo absoluto.

    Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí:
    El sentido común se quiebra.

    Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos.

    Nadie debe separarse de ella ni de Ayane.

    Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real.

    3. Revelación del destino

    Jennifer revela el lugar exacto:
    Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar.

    El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin.

    El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma.

    Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen.

    4. Apertura del portal

    Jennifer activa su poder.
    El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre.
    Pero al cruzar… no hay ruinas.

    El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado:
    Columnas completas.
    Muros sin desgaste.
    Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos.

    Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo.

    El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva.

    5. Reacciones del grupo

    Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente.

    Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado.

    El ambiente es denso, reverente, casi sagrado.

    Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar.

    6. Llegada de Jason

    Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima.

    Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta.

    Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen.

    Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado.

    El grupo guarda silencio, evaluándolo.

    7. Reacción de Chantle

    Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno.

    Conclusión de Chantle:
    Jason no es hostil.
    Está ligado a la familia, aunque no directamente.

    Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad.

    8. Perspectiva de Akane

    Akane reflexiona internamente:
    La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia.

    Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa.

    El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo.

    Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle.

    9. Turno de Veythra / Lili

    Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido.
    Declara que ya están todos.
    Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel.

    El templo reacciona a ella.

    Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar:
    Que el templo está despierto.
    Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno.

    Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita.

    Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason RESUMEN DETALLADO — VIAJE AL TEMPLO DE YUE 1. Contexto inicial El grupo se reúne tras el despertar prematuro del ojo de Chantle. El chico ha activado una manifestación cromática del Ojo del Caos: inestable, reactiva a las emociones y fuera de su control. Lili, como madre, está visiblemente afectada, intentando mantener la calma mientras protege a Chantle y cuida también de Hannah. Jennifer Queen ha sido llamada. Su presencia impone silencio y gravedad: no es un viaje ordinario, es un asunto de linaje, de Caos y de memoria antigua. 2. Advertencia de Jennifer Jennifer toma el liderazgo absoluto. Explica con voz firme que el destino no es solo peligroso, sino que pone en duda la propia realidad. Allí: El sentido común se quiebra. Los recuerdos y los sellos antiguos siguen vivos. Nadie debe separarse de ella ni de Ayane. Ayane acompaña a Jennifer. Aunque normalmente es cálida y protectora, aquí se muestra solemne, casi intimidante. Su silencio deja claro que el riesgo es real. 3. Revelación del destino Jennifer revela el lugar exacto: Las ruinas del templo de Yue, antiguo santuario lunar. El lugar donde residió Arc, oráculo de Yue y maestra de Selin. El mismo espacio que oculta el Jardín del Edén, donde Jennifer selló a Ozma. Lili reconoce el nombre de inmediato. El peso emocional es evidente: no solo es un sitio histórico, es un punto de quiebre del linaje Queen. 4. Apertura del portal Jennifer activa su poder. El aire vibra, los sellos antiguos responden y el portal se abre. Pero al cruzar… no hay ruinas. El templo aparece intacto, majestuoso, como si el tiempo nunca lo hubiera tocado: Columnas completas. Muros sin desgaste. Un aura pura, casi imposible de conciliar con la historia del Caos. Queda claro que no es el mundo actual, sino un reflejo preservado, una realidad sellada fuera del tiempo. El grupo entiende que no solo han viajado en espacio, sino en memoria viva. 5. Reacciones del grupo Lili y Ryu se mantienen cerca de Chantle, protegiéndolo instintivamente. Akane sostiene a Hannah, percibiendo que el lugar despierta recuerdos dolorosos de su propio pasado. El ambiente es denso, reverente, casi sagrado. Chantle se muestra inquieto. Su ojo vendado reacciona al nombre de Ozma y al entorno, como si reconociera el lugar. 6. Llegada de Jason Mientras el grupo asimila el lugar, Jason Jaegerjaquez Ishtar se aproxima. Se presenta como hijo de Henry y guardián de la Luna Violeta. Reconoce que ha sido invitado a un asunto familiar Queen. Mantiene un tono respetuoso, consciente de que pisa terreno sagrado. El grupo guarda silencio, evaluándolo. 7. Reacción de Chantle Chantle, al percibir a Jason, activa involuntariamente un escaneo mágico desde su ojo vendado. Una onda de energía se expande, analizando el entorno. Conclusión de Chantle: Jason no es hostil. Está ligado a la familia, aunque no directamente. Esto confirma que el ojo de Chantle no solo ve, sino que interpreta y clasifica presencias… algo demasiado avanzado para su edad. 8. Perspectiva de Akane Akane reflexiona internamente: La solemnidad de Jennifer le resulta difícil, pero reconoce que es parte de su esencia. Ayane le provoca inquietud por su autoridad silenciosa. El templo despierta recuerdos de su propio cautiverio en otro mundo. Abraza a Hannah, consciente de que este viaje puede marcar a todos, no solo a Chantle. 9. Turno de Veythra / Lili Lili (Veythra en este rol) toma la palabra cuando el grupo ya está reunido. Declara que ya están todos. Su vestimenta cambia: sus mallas de combate rojas emergen mediante simbiosis con los restos del parásito de Yue que forman parte de su piel. El templo reacciona a ella. Con ironía defensiva, se dirige a Jennifer, llamándola “Jenn-chan”, pero el tono cambia rápidamente al notar: Que el templo está despierto. Que el ojo de Chantle responde demasiado fuerte al entorno. Lili deja claro que no han venido solo a investigar: Han venido a evitar que la historia se repita. Finalmente, reconoce a Jennifer no solo como Reina, sino como madre y hermana, y le cede el liderazgo sobre el siguiente paso.
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  • Conociendo a la familia: Katrin Ishtar.
    Fandom Fantasía
    CategorΓ­a Otros
    - Un bonito día, regreso a mi casa. Ha tenido poca carga de trabajo, me han pagado mis horas extra, puedo tener un par de días de vacaciones más…pero sin embargo mi día a día sigue habiendo un entorno bastante pobre. Mi trabajo no me permite socializar en gran medida, por lo que las pocas ocasiones que me permito hacerlo son estas donde salgo a caminar al ocaso y entonces te veo. Cabello rosa, aura misteriosa, gesto vigilante…pareces estar buscando algo. Y una sensación bastante extraña me recorre: algo dentro de mi me dice que te conozco a pesar de nunca haberte visto, lo cual me da mucha más curiosidad -

    Buenas, ¿buscas algo? Quizás te pueda ayudar.

    - Te digo con una sonrisa. Esperaré a tu reacción para ver acerca de qué podemos hablar, quizás me esté precipitando... -
    - Un bonito día, regreso a mi casa. Ha tenido poca carga de trabajo, me han pagado mis horas extra, puedo tener un par de días de vacaciones más…pero sin embargo mi día a día sigue habiendo un entorno bastante pobre. Mi trabajo no me permite socializar en gran medida, por lo que las pocas ocasiones que me permito hacerlo son estas donde salgo a caminar al ocaso y entonces te veo. Cabello rosa, aura misteriosa, gesto vigilante…pareces estar buscando algo. Y una sensación bastante extraña me recorre: algo dentro de mi me dice que te conozco a pesar de nunca haberte visto, lo cual me da mucha más curiosidad - Buenas, ¿buscas algo? Quizás te pueda ayudar. - Te digo con una sonrisa. Esperaré a tu reacción para ver acerca de qué podemos hablar, quizás me esté precipitando... -
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  • Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué.

    Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo.

    Era esa mesa.

    La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla.

    Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma.

    El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento.

    —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro.

    No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca.

    Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
    Adrián entró al restaurante con la misma cautela de siempre, como si el lugar pudiera romperse si hacía demasiado ruido. Era uno de los favoritos de su madre; no venía seguido, pero algunas mañanas sentía la necesidad de hacerlo, aunque no supiera muy bien por qué. Pidió un vaso de agua y algo sencillo para desayunar. Cuando el mesero lo condujo a la mesa, Adrián se detuvo un segundo. Era esa mesa. La que su madre siempre pedía. La que reservaba cuando quería sentarse cerca de la ventana, donde la luz caía mejor sobre el cristal y decía que así el día comenzaba distinto. Adrián dudó apenas un instante antes de sentarse. No pidió cambiarla. Dejó la cámara a un lado y apoyó los antebrazos sobre la mesa. El restaurante estaba tranquilo, envuelto en un murmullo bajo, casi respetuoso. Por un momento, pudo imaginarla ahí, acomodando las manos sobre la mesa, mirándolo con calma. El vaso de agua llegó. Adrián dio un sorbo lento. —Siempre te gustó este lugar… —murmuró para sí, casi en un susurro. No sonrió, pero tampoco se levantó. Se quedó ahí, desayunando en silencio, permitiéndose ese pequeño acto de nostalgia. No era tristeza pura; era costumbre, recuerdo, una forma silenciosa de mantenerse cerca. Cuando terminó, dejó unas monedas sobre la mesa, tomó la cámara y se levantó. Antes de irse, lanzó una última mirada a la silla frente a él… y luego salió, dejando atrás el reflejo del agua y un recuerdo que, por un momento, había vuelto a sentirse presente.
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  • Nuevo Sol
    CategorΓ­a Drama
    - π‘†π‘π‘Žπ‘Ÿπ‘™π‘’π‘‘π‘‘ πΈπ‘™π‘’π‘Žπ‘›π‘œπ‘Ÿ π‘€π‘œπ‘Ÿπ‘’π‘‘π‘‘π‘–

    Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro.
    Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida.

    Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe.

    Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder.
    En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo.

    —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos.

    Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación.
    El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas.

    El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja.
    —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo.
    Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente.
    La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta.

    Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada.

    El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco.
    La seguridad es un hábito que no se pierde.
    El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto.
    Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto.
    No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad.

    Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto.
    Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor.
    —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
    πŸ‘₯ - [vision_fuchsia_rabbit_825] πŸ”₯ Las mañanas en Palermo tienen un filo particular, como una hoja de navaja que corta el aire y deja tras de sí un rastro de humedad y promesas rotas de los ciudadanos que llegan aqui con ilusiones falsas. Me detengo ante la ventana, observando cómo la bruma se disuelve sobre los tejados y los vendedores despliegan sus mercancías en la Vucciria, ese laberinto de olores y voces donde la frontera entre lo legal y lo prohibido es tan difusa como el humo de un cigarro. Paree haber paz, pero la paz, no existe en Palermo, mis enemigos, decir mis enemigos suena tan ambiguo, pero no hay mejor palabra para le gente que va en mi contra y me desean muerto, han aprendido a moverse en silencio. Antes, la amenaza era un rugido: balas en la noche, coches que explotaban en las esquinas, mensajes escritos con sangre en los muros de la ciudad. Ahora, el peligro se esconde en la quietud, en la ausencia de noticias, dicen que antes de la tormenta viene la calma, y eso lo se perfectamente, suelo ser la tormenta. Los viejos códigos de la Cosa Nostra dictan que el silencio es la antesala de la traición. Y yo, Roman Greco, he sobrevivido demasiado tiempo en este juego como para confiar en la paz. La lealtad se compra y se vende en Palermo como el mejor aceite de oliva; la traición, en cambio, se paga con la vida. Hoy tengo una reunión importante. No se trata de los negocios que han forjado mi nombre en la sombra, sino de algo más “limpio”, más aceptable a los ojos de la ley: la expansión de nuestra empresa de importación y distribución de productos gourmet. El dinero legítimo tiene un sabor distinto, menos intenso, pero más duradero. Es el escudo que me permite caminar entre jueces y banqueros sin que el hedor de la sangre me delate. Sin embargo, la costumbre es una segunda piel, y aunque hoy decido ir solo, sin la escolta habitual, no abandono la prudencia. Bajo la chaqueta de lino azul oscuro, llevo la Beretta compacta, fría y discreta contra mi costado. El traje, hecho a medida, es mi armadura: corte impecable, tela italiana, corbata de seda en un azul profundo que absorbe la luz. Los zapatos relucen, pero no tanto como para llamar la atención y por ultimo el reloj, un Patek Philippe. Salgo a la calle y el bullicio me envuelve. El aire huele a café recién hecho, a pan horneado, a mariscos que esperan su destino en los puestos del mercado. El sol, aún bajo, arranca destellos de las fachadas gastadas y de los charcos que la noche ha dejado en los adoquines. Camino entre la gente, invisible y presente, saludando con un leve gesto de cabeza a los conocidos, ignorando a los curiosos. En Palermo, la discreción es una forma de poder. En la esquina de Via Maqueda, el flujo de peatones se vuelve más denso. Un grupo de turistas se detiene a fotografiar una iglesia barroca, ajenos al peligro que acecha en cada sombra. Es entonces cuando ocurre: un tropiezo, un instante de caos contenido. Siento el contacto de un cuerpo contra el mío, ligero pero firme, y veo cómo una mujer pelirroja pierde el equilibrio. Sus cabellos, de un rojo intenso, parecen arder bajo la luz matinal. La sujeto por el brazo antes de que caiga, notando la suavidad de su piel y la tensión de sus músculos bajo la tela de un vestido verde esmeralda. Sus ojos, de un azul profundo, me miran con sorpresa y algo más: una chispa de desafío, quizás, o de miedo. —Attenta, signorina —murmuro, mi voz baja y controlada—. Palermo no perdona a los distraídos. Ella sonríe, apenas, y se libera de mi mano con una elegancia que no es común en las turistas, oh no las que suelo conocer, ella se muestra incluso se ve como si este fuera su hogar y yo el intruso, nos alejamos y cuando pasa a mi lado percibo el aroma de su perfume, una mezcla de cítricos y algo más oscuro. Por un instante, el tiempo se detiene. Podría girarme, seguirla con la mirada, dejar que la curiosidad me arrastre. Pero no lo hago. El autocontrol es mi mayor virtud y mi peor condena. Sigo mi camino, sintiendo el peso de su mirada en mi espalda, como una advertencia o una invitación. El bullicio de la ciudad me arrastra de nuevo. El sonido de los vendedores, el claxon de los scooters, el murmullo de las conversaciones en dialecto siciliano. Todo es familiar, todo es peligroso. Pero en mi mente, la imagen de la mujer pelirroja permanece, como una promesa de problemas. El edificio donde se celebra la reunión es un antiguo palazzo restaurado, con techos altos y frescos desvaídos que hablan de un pasado más noble y menos sangriento. La sala de juntas huele a cuero, a madera encerada, a café fuerte servido en tazas de porcelana. Los socios me esperan: hombres de negocios, abogados, un par de políticos locales que han aprendido a no hacer demasiadas preguntas. Sus trajes son caros, pero sus miradas delatan la inseguridad de quienes han visto de cerca el filo de la navaja. —Benvenuti —saludo, tomando asiento en la cabecera de la mesa. Mi voz es firme, sin concesiones—. Cominciamo. Las cifras aparecen en la pantalla: ingresos, proyecciones, oportunidades de expansión en el norte de Italia y más allá. Hablan de logística, de márgenes de beneficio, de alianzas estratégicas. El lenguaje es pulcro, casi aséptico, pero yo percibo las corrientes subterráneas: la ambición, el miedo, la sospecha de que todo puede venirse abajo con una sola llamada, con una sola traición. Escucho, asiento, hago preguntas precisas. Pero mi mente, por primera vez en mucho tiempo, no está del todo presente. La imagen de la mujer pelirroja se cuela entre los gráficos y las palabras. Recuerdo el tacto de su brazo, la intensidad de su mirada, el modo en que se apartó de mí sin mostrar debilidad. ¿Quién es? ¿Qué hace en Palermo? ¿Es una casualidad o una señal? En mi mundo, las coincidencias no existen. Todo tiene un propósito, una razón oculta que espera ser descubierta. Cuando todo termina, me levanto y recojo mi chaqueta. El murmullo de las conversaciones se apaga a mi paso. Salgo al pasillo, sintiendo el peso de las miradas en mi espalda. En el ascensor, el reflejo de mi rostro en el espejo me devuelve una imagen que reconozco del todo: los ojos oscuros, la mandíbula tensa, la sombra a mis hombros de la sangre que a pasado por mis manos, no soy alguien vanidoso por lo mismo no me visto para verme atractivo, solo busco, recato y decencia, pero verme al espejo suele ser algo que no soporto mucho hasta que aparto la mirada. El hambre es una excusa, una necesidad física que me permite retrasar el regreso a la soledad de mi despacho. Elijo un restaurante elegante en Via Principe di Belmonte, uno de esos lugares donde la luz para la hora del medio dia es tenue y el murmullo de las conversaciones se mezcla con el tintinear de las copas de cristal. El maître me reconoce y me conduce a una mesa junto a la ventana, desde donde puedo observar la calle y, si es necesario, la puerta de entrada, ya saben la mayoria de los restaurantes donde suele ser el lugar que busco. La seguridad es un hábito que no se pierde. El ambiente es refinado: manteles blancos, cubiertos de plata, camareros que se mueven con la precisión de bailarines. El aroma del vino tinto, del pan recién horneado, de la salsa de tomate y albahaca, llena el aire. El murmullo de la sala es un telón de fondo, una música suave que invita a la confidencia y al secreto. Me acomodo en la silla, pido un Brunello di Montalcino y dejo que el primer sorbo me limpie el paladar y la mente. Es entonces cuando la veo. Sentada en la mesa contigua, de espaldas a la pared, está la mujer pelirroja. Lleva un vestido negro esta vez, sencillo pero elegante, que resalta la palidez de su piel y el fuego de su cabello. A su lado, una amiga rubia, de rostro alegre y voz melodiosa. Hablan en voz baja, en un italiano con acento extranjero, quizás inglés o francés. Sus risas son suaves, contenidas, como si compartieran un secreto. No puedo evitar mirarlas de reojo. La pelirroja —Scarlett, pienso, porque ningún otro nombre le haría justicia a el aura y elegancia que ella mismo mostraba— percibe mi mirada y me dedica una sonrisa breve, cortés, cargada de una ironía que solo los que han conocido el peligro pueden entender. Le devuelvo la sonrisa, apenas un gesto, suficiente para marcar la distancia y la posibilidad. Minutos después, un bolígrafo cae al suelo, rodando hasta detenerse junto a mi zapato. Lo recojo. Es de metal, elegante, y lleva grabado un nombre: "Scarlett". Lo sostengo un instante entre los dedos, notando el peso, el frío del metal, el eco de su tacto. Me levanto y me acerco a su mesa. La amiga rubia me mira con curiosidad, pero es Scarlett quien sostiene mi mirada, sin rastro de temor. —Perdona, signorina —digo, tendiéndole el bolígrafo—. Creo que esto te pertenece.—
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  • — No compito con nadie, porque comparar un aura con sombras siempre termina siendo injusto.
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  • El mármol frío bajo sus dedos fue lo primero que la ancló a la realidad.

    Apoyó ambas manos en la encimera, inclinándose apenas hacia adelante. El espejo no le devolvía el rostro, solo la línea expuesta de su espalda, la piel desnuda interrumpida por la cinta negra que caía desde su cuello. El vestido era impecable. Demasiado. Pero ella solo quería irse del lugar, no debió aceptar el trabajo de anfitriona de aquel lujoso restaurante, la paga era buena sí, pero estaba demasiado cansada.

    Sacó su celular buscando a quién recurrir. Entre todos, un contacto específico saltó a su vista, por lo cual una sonrisa instantánea se formó en sus labios, y consigo trayendo lo recuerdos de aquel día en la nieve...

    : Hola...se que es algo tarde, ¿pero crees que podrías pasar por mí? .
    En recompensa te invito una hamburguesa [?] O lo que gustes

    Kieran
    El mármol frío bajo sus dedos fue lo primero que la ancló a la realidad. Apoyó ambas manos en la encimera, inclinándose apenas hacia adelante. El espejo no le devolvía el rostro, solo la línea expuesta de su espalda, la piel desnuda interrumpida por la cinta negra que caía desde su cuello. El vestido era impecable. Demasiado. Pero ella solo quería irse del lugar, no debió aceptar el trabajo de anfitriona de aquel lujoso restaurante, la paga era buena sí, pero estaba demasiado cansada. Sacó su celular buscando a quién recurrir. Entre todos, un contacto específico saltó a su vista, por lo cual una sonrisa instantánea se formó en sus labios, y consigo trayendo lo recuerdos de aquel día en la nieve... πŸ’¬: Hola...se que es algo tarde, ¿pero crees que podrías pasar por mí? 😩. En recompensa te invito una hamburguesa [?] O lo que gustes :STK-66: [forever.tainted]
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  • Sabes... Yo te acepté la salida por probar restaurantes nuevos, pero... Es enserio que en este sitio si venden carnes "exóticas"... También hay... Carne canina... Creo que no comeré nada, la verdad
    Sabes... Yo te acepté la salida por probar restaurantes nuevos, pero... Es enserio que en este sitio si venden carnes "exóticas"... También hay... Carne canina... Creo que no comeré nada, la verdad
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  • Aurael y un mundo lleno de misiones.
    CategorΓ­a Aventura
    El reino se sostiene sobre Aurael, una ciudad-fortaleza de muros colosales y torres de cristal que canalizan el maná del cielo. Mientras los anillos inferiores vibran con el comercio, el sector alto es un despliegue de arquitectura imposible y castillos flotantes donde reside la élite mágica.

    En la zona de paso entre ambos mundos se encuentra "El León Dorado". Esta taberna es el alma del reino para los aventureros: un lugar ruidoso y cargado de olor a madera quemada donde no importa el linaje, sino la capacidad. En su enorme tablón de anuncios, el reino cuelga contratos de caza y defensa abiertos a cualquier mago o guerrero lo suficientemente fuerte para sobrevivir.

    A las puertas de la taberna, justo bajo el cartel de madera, se encuentra Asuko, esperando el cual seria su compañero de aventuras.
    El murmullo dentro del local es ensordecedor, pero afuera, la espera tiene un propósito claro. Según las órdenes directas enviadas por el gremio real, esta misión de sello carmesí no puede ser afrontada en solitario. Un segundo individuo, ha sido asignado para esta tarea.

    El eco de unos pasos decididos sobre los adoquines anuncia la llegada de su compañero/a. Entre la gente, la figura se aproxima con el equipo ajustado y la mirada fija en la entrada. Por primera vez, ambos se encuentran frente a frente ante el umbral del León Dorado, unidos por un contrato que promete gloria o una muerte segura.
    El reino se sostiene sobre Aurael, una ciudad-fortaleza de muros colosales y torres de cristal que canalizan el maná del cielo. Mientras los anillos inferiores vibran con el comercio, el sector alto es un despliegue de arquitectura imposible y castillos flotantes donde reside la élite mágica. En la zona de paso entre ambos mundos se encuentra "El León Dorado". Esta taberna es el alma del reino para los aventureros: un lugar ruidoso y cargado de olor a madera quemada donde no importa el linaje, sino la capacidad. En su enorme tablón de anuncios, el reino cuelga contratos de caza y defensa abiertos a cualquier mago o guerrero lo suficientemente fuerte para sobrevivir. A las puertas de la taberna, justo bajo el cartel de madera, se encuentra Asuko, esperando el cual seria su compañero de aventuras. El murmullo dentro del local es ensordecedor, pero afuera, la espera tiene un propósito claro. Según las órdenes directas enviadas por el gremio real, esta misión de sello carmesí no puede ser afrontada en solitario. Un segundo individuo, ha sido asignado para esta tarea. El eco de unos pasos decididos sobre los adoquines anuncia la llegada de su compañero/a. Entre la gente, la figura se aproxima con el equipo ajustado y la mirada fija en la entrada. Por primera vez, ambos se encuentran frente a frente ante el umbral del León Dorado, unidos por un contrato que promete gloria o una muerte segura.
    Tipo
    Individual
    LΓ­neas
    Cualquier lΓ­nea
    Estado
    Disponible
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  • ¡Cuanta nieve!

    — Saca su pala para despejar la entrada de su restaurante.—
    ¡Cuanta nieve! ❄️ — Saca su pala para despejar la entrada de su restaurante.— 🐾
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    PORTADA OFICIAL — ISTHAR’S ESSENCE
    Agencia Ishtar’s Demonic Déesse · Infernal Glamour
    Edición Especial · París · Invierno

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    Título Principal:
    ISTHAR’S ESSENCE
    Donde la moda, el misterio y lo sobrenatural se sientan a la mesa.

    Tagline Editorial:

    “El aroma del amor eterno… servido en una taza de café.”
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    PROTAGONISTAS DE PORTADA

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    Sting Nura Byakuren Ishtar

    El Dragón del Crepúsculo

    -Cabello plateado con matices fríos, símbolo de linaje antiguo y poder contenido.

    -Vestimenta clara y elegante: saco blanco, camisa oscura, joyería sutil que evoca nobleza infernal.

    -Aura sobrenatural manifestada en forma de dragón etéreo azul, rodeándolo como un guardián espiritual.

    -Mirada intensa, protectora, dominante sin necesidad de imponerse.

    Encarnación de:
    Poder ancestral
    Elegancia peligrosa
    Misterio aristocrático
    Control absoluto

    Asuna Ichinose

    La Luz Silenciosa de París

    -Cabello claro y suave, caída natural que transmite pureza y calidez.

    -Atuendo invernal delicado: suéter beige, falda a cuadros, medias oscuras.

    -Sonrisa tímida, mirada dulce, presencia reconfortante.

    -Postura cercana, confiada, envuelta en la protección de Sting.

    Encarnación de:
    Ternura
    Belleza cotidiana
    Amor sincero
    Calma que doma a la bestia

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ESCENA Y COMPOSICIÓN

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    La pareja se encuentra sentada en un café parisino clásico, con mesas redondas de mármol y sillas de mimbre. Al fondo, la Torre Eiffel se alza al atardecer, bañada por tonos violetas y rosados.

    Los flashes de los fotógrafos atraviesan los ventanales, capturando un momento que parece íntimo… pero destinado a la eternidad.
    Ellos no posan: existen, y el mundo observa.

    Las tazas de café humeante simbolizan cercanía, rutina compartida, amor real en medio del caos mediático.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    EXCLUSIVA EN PARÍS
    πŸ–‹ La Pareja del Año

    El encuentro que redefinió la elegancia sobrenatural en la capital de la moda.

    ESTILO Y MISTERIO
    πŸ–‹ Tendencias Invernales

    Cuando lo cotidiano se fusiona con lo demoníaco y lo divino.

    BEHIND THE ESSENCE
    πŸ–‹ Amor, poder y discreción

    La historia detrás del dragón y la flor.

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    ESENCIA DE LA AGENCIA

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Ishtar’s Demonic Déesse · Infernal Glamour presenta aquí una portada distinta:
    No gritos.
    No fuego abierto.
    No caos.

    Solo amor contenido, poder silencioso y glamour íntimo.

    Esta portada no seduce…
    hipnotiza

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    FRASE FINAL DE PORTADA

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    “Incluso los dragones necesitan un lugar donde descansar el corazón.”

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    ✨ PORTADA OFICIAL — ISTHAR’S ESSENCE ✨ Agencia Ishtar’s Demonic Déesse · Infernal Glamour Edición Especial · París · Invierno ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Título Principal: ISTHAR’S ESSENCE Donde la moda, el misterio y lo sobrenatural se sientan a la mesa. Tagline Editorial: “El aroma del amor eterno… servido en una taza de café.” ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸŒ™ PROTAGONISTAS DE PORTADA πŸŒ™ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ”₯ Sting Nura Byakuren Ishtar El Dragón del Crepúsculo -Cabello plateado con matices fríos, símbolo de linaje antiguo y poder contenido. -Vestimenta clara y elegante: saco blanco, camisa oscura, joyería sutil que evoca nobleza infernal. -Aura sobrenatural manifestada en forma de dragón etéreo azul, rodeándolo como un guardián espiritual. -Mirada intensa, protectora, dominante sin necesidad de imponerse. Encarnación de: πŸ‰ Poder ancestral πŸ‰ Elegancia peligrosa πŸ‰ Misterio aristocrático πŸ‰ Control absoluto 🌸 Asuna Ichinose La Luz Silenciosa de París -Cabello claro y suave, caída natural que transmite pureza y calidez. -Atuendo invernal delicado: suéter beige, falda a cuadros, medias oscuras. -Sonrisa tímida, mirada dulce, presencia reconfortante. -Postura cercana, confiada, envuelta en la protección de Sting. Encarnación de: 🌸 Ternura 🌸 Belleza cotidiana 🌸 Amor sincero 🌸 Calma que doma a la bestia ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ β˜• ESCENA Y COMPOSICIÓN β˜• ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ La pareja se encuentra sentada en un café parisino clásico, con mesas redondas de mármol y sillas de mimbre. Al fondo, la Torre Eiffel se alza al atardecer, bañada por tonos violetas y rosados. Los flashes de los fotógrafos atraviesan los ventanales, capturando un momento que parece íntimo… pero destinado a la eternidad. Ellos no posan: existen, y el mundo observa. Las tazas de café humeante simbolizan cercanía, rutina compartida, amor real en medio del caos mediático. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ EXCLUSIVA EN PARÍS πŸ–‹ La Pareja del Año El encuentro que redefinió la elegancia sobrenatural en la capital de la moda. ESTILO Y MISTERIO πŸ–‹ Tendencias Invernales Cuando lo cotidiano se fusiona con lo demoníaco y lo divino. BEHIND THE ESSENCE πŸ–‹ Amor, poder y discreción La historia detrás del dragón y la flor. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 ESENCIA DE LA AGENCIA 🩸 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ Ishtar’s Demonic Déesse · Infernal Glamour presenta aquí una portada distinta: No gritos. No fuego abierto. No caos. Solo amor contenido, poder silencioso y glamour íntimo. Esta portada no seduce… ✨ hipnotiza ✨ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ πŸ–€ FRASE FINAL DE PORTADA πŸ–€ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ “Incluso los dragones necesitan un lugar donde descansar el corazón.” ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
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