• -bueno esta madrugada aprendi dos cosas sobre mi mismo- observo su espejo roto aun reuniendo sus fragmentos lentamente -tengo forma pragna y entrar en forma pragna no duele fisicamente pero si deja cicatrices mentales, se siente raro... perder el control-
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  • Es difícil saber la edad de quien, en este siglo, se hace llamar Jeremiah Raissler. Dicen que el mundo tiene 6.031 años contando desde el génesis pero él ya existía por mandato divino, incluso antes de que Dios creara el cielo y la tierra.

    Tiene la apariencia de un adulto joven, atlético, en buena forma.y tatuado. Ha vivido tanto tiempo entre los humanos que ha adoptado sus costumbres, sus virtudes y sus vicios.

    Tras muchos siglos e innumerables profesiones y nombres, Jeremiah ahora trabaja como Anticuario para grandes casas de subastas. Actúa como intermediario, experto en autenticidad y restaurador de textos del pasado. Sabe que el libro ha pasado por manos de reyes y profetas y ha encontrado fragmentos en colecciones privadas. Su capacidad de ver la "verdad" le permite identificar falsificaciones de textos sagrados al instante y así ha logrado encontrar páginas enteras alrededor del mundo.

    Vive temporalmente en Londres y pasa la mayor parte del tiempo en su establecimiento llamado "Raissler & Co. Forgotten Files". Un lugar lleno de manuscritos medievales, mapas astronómicos y grimorios. Los clientes comunes solo ven a un joven experto. En la parte trasera, Jeremiah guarda lo que "no debe ser visto". Allí tiene fragmentos de textos que sobrevivieron al Diluvio y notas que él mismo escribió hace milenios y que ahora intenta reconocer.

    ⤷ ゛ 𝘚𝘦 𝘭𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘶𝘯 𝘢𝘳𝘤𝘢𝘯𝘨𝘦𝘭 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘢𝘴 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢𝘴, 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘢𝘶𝘳𝘢 𝘥𝘰𝘳𝘢𝘥𝘢 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢𝘭𝘳𝘦𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘻𝘢, 𝘺 𝘤𝘰𝘯 𝘳𝘰𝘱𝘢𝘴 𝘢𝘻𝘶𝘭𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘰𝘴𝘦𝘦𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴 𝘭í𝘲𝘶𝘪𝘥𝘢𝘴 ㅤˎˊ˗
    Es difícil saber la edad de quien, en este siglo, se hace llamar Jeremiah Raissler. Dicen que el mundo tiene 6.031 años contando desde el génesis pero él ya existía por mandato divino, incluso antes de que Dios creara el cielo y la tierra. Tiene la apariencia de un adulto joven, atlético, en buena forma.y tatuado. Ha vivido tanto tiempo entre los humanos que ha adoptado sus costumbres, sus virtudes y sus vicios. Tras muchos siglos e innumerables profesiones y nombres, Jeremiah ahora trabaja como Anticuario para grandes casas de subastas. Actúa como intermediario, experto en autenticidad y restaurador de textos del pasado. Sabe que el libro ha pasado por manos de reyes y profetas y ha encontrado fragmentos en colecciones privadas. Su capacidad de ver la "verdad" le permite identificar falsificaciones de textos sagrados al instante y así ha logrado encontrar páginas enteras alrededor del mundo. Vive temporalmente en Londres y pasa la mayor parte del tiempo en su establecimiento llamado "Raissler & Co. Forgotten Files". Un lugar lleno de manuscritos medievales, mapas astronómicos y grimorios. Los clientes comunes solo ven a un joven experto. En la parte trasera, Jeremiah guarda lo que "no debe ser visto". Allí tiene fragmentos de textos que sobrevivieron al Diluvio y notas que él mismo escribió hace milenios y que ahora intenta reconocer. ⤷ ゛ 𝘚𝘦 𝘭𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘶𝘯 𝘢𝘳𝘤𝘢𝘯𝘨𝘦𝘭 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘢𝘴 𝘣𝘭𝘢𝘯𝘤𝘢𝘴, 𝘤𝘰𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘢𝘶𝘳𝘢 𝘥𝘰𝘳𝘢𝘥𝘢 𝘣𝘳𝘪𝘭𝘭𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘢𝘭𝘳𝘦𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 𝘥𝘦 𝘴𝘶 𝘤𝘢𝘣𝘦𝘻𝘢, 𝘺 𝘤𝘰𝘯 𝘳𝘰𝘱𝘢𝘴 𝘢𝘻𝘶𝘭𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘰𝘴𝘦𝘦𝘯 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴 𝘭í𝘲𝘶𝘪𝘥𝘢𝘴 ㅤˎˊ˗
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  • Open roleplay:


    El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir.

    Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground"

    No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba...

    Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar.

    El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo.
    .. había una luz.

    A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando...

    Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana.

    El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás.

    No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba.

    La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante.

    Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible....

    Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa.

    Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra.

    Entonces sus ojos se abrieron...
    Blancos y brillando en medio de la penumbra.

    La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces.

    La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de...
    ¿Correr?
    ¿razonar con el murciélago?
    ¿Atacar?
    ¿Dejar un tributo?


    ¿Qué será?
    Open roleplay: El camino había desaparecido hacía ya varios kilómetros. Lo único que quedaba bajo los zapatos era lodo húmedo, piedras hundidas y restos de un sendero antiguo devorado por la maleza. La niebla cubría todo con una densidad enfermiza, espesa como humo frío, tragándose árboles, cercas oxidadas y cualquier intento de mirar demasiado lejos. Ni siquiera el sonido de los propios pasos parecía viajar más de unos cuantos metros antes de morir. Aquel pueblo no figuraba en ningún mapa, ni en videos de tiktok o guias de exploradores "underground" No había señales, nombres ni registros claros de que alguna vez hubiese existido. Y aun así... ahí estaba... Casas inclinadas por el tiempo, ventanas rotas como cuencas vacías observando desde la oscuridad, puertas entreabiertas que se balanceaban lentamente pese a que no corría viento alguno. Había ropa vieja colgando en tendederos petrificados por la humedad, rastros de esqueletos de animales de granja que incluso la naturaleza ya habia retomado de regreso, como si todos hubiesen desaparecido al mismo tiempo. Como si algo hubiese vaciado el lugar. El aire olía a lluvia vieja, musgo, madera podrida y piedra mojada. Sin embargo. .. había una luz. A lo lejos, elevándose por encima de los tejados consumidos por la decadencia, se alzaba la silueta de una catedral gótica imposible de ignorar. Sus agujas negras atravesaban la niebla como lanzas deformes, dominando el pueblo entero como el cadáver de un dios olvidado. Las puertas principales permanecían abiertas y eso era quizá lo peor de todo; no estaban forzadas ni destruidas, simplemente abiertas, esperando... Cada paso hacia la catedral hacía que aquella presión en el pecho aumentara lentamente. Era esa sensación incómoda que nace cuando el instinto comienza a advertirte que algo está mal aunque todavía no puedas verlo. Como si el propio edificio rechazara la presencia humana. El interior era inmenso. Columnas de piedra se perdían hacia arriba entre oscuridad y telarañas gigantescas que colgaban como sudarios. El eco de las gotas de agua cayendo desde el techo resonaba en algún lugar distante, lento e irregular, casi parecido a respiraciones. El suelo estaba cubierto por una fina capa de humedad que reflejaba fragmentos temblorosos de luz provenientes de docenas de velas distribuidas a lo largo de la nave principal. Algunas apenas titilaban mientras otras ardían con una llama completamente inmóvil, antinatural, como si llevasen encendidas siglos enteros sin apagarse jamás. No había corrientes de aire ni el más mínimo sonido del exterior. Ni pájaros, ni insectos cantores, ni el murmullo del bosque. Solo aquella catedral respirando lentamente en la oscuridad, húmeda y eterna, hasta que un crujido metálico rompió el silencio desde algún punto arriba. La mirada se alzó casi por reflejo… y el corazón (de tu personaje) se detuvo por un instante. Suspendida del gigantesco candelabro central había una criatura imposible.... Masiva, monstruosa, la cual colgaba envuelta en sus propias alas como si fueran un sudario de carne y membrana húmeda, ocultando casi por completo aquel cuerpo descomunal que fácilmente superaba el tamaño de una casa. Las cadenas del viejo candelabro crujían bajo su peso mientras pequeñas gotas oscuras caían lentamente desde las membranas rasgadas hacia el suelo de piedra. Entonces sus ojos se abrieron... Blancos y brillando en medio de la penumbra. La cabeza de aquel enorme murciélago se inclinó lentamente hacia un lado, apenas lo suficiente para observar mejor al intruso que acababa de entrar en su guarida. Los colmillos sobresalían entre hilos de saliva espesa y sangre vieja, mientras una lengua larga y grotesca asomaba lentamente entre las fauces. La criatura no se movió, pero el tiempo pasaba, era momento de... ¿Correr? ¿razonar con el murciélago? ¿Atacar? ¿Dejar un tributo? ¿Qué será?
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  • -Luego de 72 horas de guardia en el hospital, la mujer salió por la entrada con un bolso, afuera se encontraba un hombre de cabellos grises alto y de traje corte ingles portando un paraguas negro-

    Angyar: ¿Jack?, que haces aquí.. pensé que te habías jubilado.

    Jack: Al parecer cierta persona no asistió a algunas reuniones provocando que Nathaniel me llamara y vigilará que cumpliera con la agenda.

    -La peliblanca suspiro pesadamente rascándose la cabeza, mientras el mayordomo tomó su bolso. Comenzando a caminar Jack le cubría con el paraguas y con su otra mano tenía abierto una carpeta con la agenda-

    Jack: Bien.. las harpias solicitaron una reunión.

    Angyar: colócalas el domingo, en la mañana.

    Jack: también se debe reunir con el primer ministro del infierno, para que le entregue el presupuesto, y fijen las cuotas.

    Angyar: a ese dejalo para el sábado en la mañana.

    Jack: por último nos quedan los hermanos silenciosos, pidieron una audiencia.

    Angyar: y ¿por qué quieren verme?... Uff sábado en la tarde.
    -Jack terminó de anotar los días y horas cerrando la carpeta -

    Jack: la vendré a buscar estos días para no tener que reprogramar.

    Angyar: si.. si.. ustedes dos me dejarán con estrés crónico.

    -Mientras iban pasando por las calles camino a casa, pasó a llevar a un hombre que iba junto a su hijo de unos 5 años. La mujer dió dos pasos más cada vez más lento y se detuvo. Al tocar levemente al hombre, vio fragmentos, imágenes, de una habitación ensangrentada, un cuchillo en el suelo, y una bañera.-

    Jack: ¿Ang? Paso algo..

    -La mujer se giro hacia el padre e hijo que pasaron al lado de ellos, los ojos de la mujer se agudizaron mirando por sobre la cabeza de este. Vio el reloj o cuenta regresiva del padre, 25 años 36 meses 48 días. Sus ojos se movieron lentamente hacia el niño, y sus pupilas se agrandaron rápidamente, el reloj del niño decía 2 horas 26 minutos 17 segundos y restando.
    La peliblanca entrecerró su mirada , Jack notó aquello, cerrando la sombrilla.-

    Angyar: Jack estás autorizado de actuar si las cosas salen de control.

    -Jack asintió metiendo su mano de su bolsillo sacando unos guantes negros de cuero. La mujer comenzó a caminar hacia el hombre, metió su mano al bolsillo de su abrigo y cuando la saco se materializó un juguete. Toco el brazo del padre llamando su atención y este se giro deteniendose-

    Angyar: ¿disculpe este juguete es de su hijo?

    Niño: ooh mi tren… lo encontró.

    -El rostro del padre se deformó, ya que ese tren lo boto hace días atrás. La mujer se agachó a la altura de niño y le pasó el juguete entre sus manos-

    Angyar: cuídalo, te ayudará mucho más adelante

    Padre: quien es usted... y te he dicho que no recibas nada de extraños!!... Deja eso ahí y vámonos.. tenemos que irnos..

    -Jack apareció entre el padre y Angyar mirándolo fría y sombríamente, haciéndole una señal de silencio -

    Angyar: tu padre no tendrá problema de que vayamos a jugar ¿cierto?.

    -Dijo la mujer mirando de reojo, se levantó y le pasó la mano al niño llendose hacia el parque, dejando a Jack con el padre-

    Niño: ¿usted es un ángel?.

    -La peliblanca lo miró y luego miró los juegos-

    Angyar: si..

    Niño: eso quiere decir que moriré

    Angyar: no..

    Niño: eso quiere decir que tienes alas?... ¿Las puedo ver?

    -La mujer lo miró de reojo alzando una ceja-

    Angyar: olvídalo niño, no soy un animal de exhibición..

    -Luego de unos minutos, que Jack habló con el padre, llegaron los dos al parque -

    Jack: Ang, el padre aceptó al… ¿que demonios?..

    -Jack se alzó una ceja al ver que la mujer estaba sentada en uno de los juegos su codo apoyado en la pierna afirmando su rostro y el niño estaba emocionado alzando las alas de la mujer. El padre cuando vio la escena palideció, la mujer movió sus ojos al padre y guardó sus alas lentamente -

    Angyar: La próxima tú te quedas con la criatura, Jack…

    -La mujer se levantó caminando hacia el padre mirándolo-

    Angyar: si algo le pasa al chico, vendré por ti, sin remordimiento.. ¿you understood?

    -El padre asintió con miedo tragando saliva, la mujer se giró mirando al chico que ahora estaba interrogando a Jack -

    Padre: ¿eres un demonio?

    Angyar: no me compares con eso… soy peor.

    -La mujer sacó una libreta de su bolsillo y escribió un número y dirección en esta saco la hoja la dobló y se la colocó en el bolsillo de la camisa al padre-

    Angyar: eso solucionará una parte del problema.. llama y di que te envío Marwolaeth, ve a esa dirección y te colocarán en un puesto en la empresa.

    -El hombre agradeció llorando el niño miró a su papá y luego a la peliblanca, jalando levemente el abrigo para llamarla-

    Niño: le prometo ángel que seré como usted..

    -Angyar alzó una ceja mirándolo eso casi le causó gracia, pero agudizó sus ojos mirando el futuro del niño. Lo vio con unos 30 años vestido de un delantal blanco, la mujer sonrió negando levemente colocando su mano en la cabeza del pequeño-

    Angyar: Bien… Tengo curiosidad de ver quién será el mejor doctor de los dos..
    -La mujer se metió la mano en el bolsillo del abrigo y comenzó a caminar, Jack se colocó a su lado -

    Jack: ¿el pequeño estará bien?..

    -La mujer miró por sobre el hombro mirando la cabeza del niño y el reloj de este se detuvo y comenzó a aumentar días, meses y años. La mujer sonrió girando su cabeza hacia el camino -

    Angyar: si, cumplirá la promesa … de convertirse en doctor… ahora tengo hambre

    -Luego de 72 horas de guardia en el hospital, la mujer salió por la entrada con un bolso, afuera se encontraba un hombre de cabellos grises alto y de traje corte ingles portando un paraguas negro- Angyar: ¿Jack?, que haces aquí.. pensé que te habías jubilado. Jack: Al parecer cierta persona no asistió a algunas reuniones provocando que Nathaniel me llamara y vigilará que cumpliera con la agenda. -La peliblanca suspiro pesadamente rascándose la cabeza, mientras el mayordomo tomó su bolso. Comenzando a caminar Jack le cubría con el paraguas y con su otra mano tenía abierto una carpeta con la agenda- Jack: Bien.. las harpias solicitaron una reunión. Angyar: colócalas el domingo, en la mañana. Jack: también se debe reunir con el primer ministro del infierno, para que le entregue el presupuesto, y fijen las cuotas. Angyar: a ese dejalo para el sábado en la mañana. Jack: por último nos quedan los hermanos silenciosos, pidieron una audiencia. Angyar: y ¿por qué quieren verme?... Uff sábado en la tarde. -Jack terminó de anotar los días y horas cerrando la carpeta - Jack: la vendré a buscar estos días para no tener que reprogramar. Angyar: si.. si.. ustedes dos me dejarán con estrés crónico. -Mientras iban pasando por las calles camino a casa, pasó a llevar a un hombre que iba junto a su hijo de unos 5 años. La mujer dió dos pasos más cada vez más lento y se detuvo. Al tocar levemente al hombre, vio fragmentos, imágenes, de una habitación ensangrentada, un cuchillo en el suelo, y una bañera.- Jack: ¿Ang? Paso algo.. -La mujer se giro hacia el padre e hijo que pasaron al lado de ellos, los ojos de la mujer se agudizaron mirando por sobre la cabeza de este. Vio el reloj o cuenta regresiva del padre, 25 años 36 meses 48 días. Sus ojos se movieron lentamente hacia el niño, y sus pupilas se agrandaron rápidamente, el reloj del niño decía 2 horas 26 minutos 17 segundos y restando. La peliblanca entrecerró su mirada , Jack notó aquello, cerrando la sombrilla.- Angyar: Jack estás autorizado de actuar si las cosas salen de control. -Jack asintió metiendo su mano de su bolsillo sacando unos guantes negros de cuero. La mujer comenzó a caminar hacia el hombre, metió su mano al bolsillo de su abrigo y cuando la saco se materializó un juguete. Toco el brazo del padre llamando su atención y este se giro deteniendose- Angyar: ¿disculpe este juguete es de su hijo? Niño: ooh mi tren… lo encontró. -El rostro del padre se deformó, ya que ese tren lo boto hace días atrás. La mujer se agachó a la altura de niño y le pasó el juguete entre sus manos- Angyar: cuídalo, te ayudará mucho más adelante Padre: quien es usted... y te he dicho que no recibas nada de extraños!!... Deja eso ahí y vámonos.. tenemos que irnos.. -Jack apareció entre el padre y Angyar mirándolo fría y sombríamente, haciéndole una señal de silencio - Angyar: tu padre no tendrá problema de que vayamos a jugar ¿cierto?. -Dijo la mujer mirando de reojo, se levantó y le pasó la mano al niño llendose hacia el parque, dejando a Jack con el padre- Niño: ¿usted es un ángel?. -La peliblanca lo miró y luego miró los juegos- Angyar: si.. Niño: eso quiere decir que moriré Angyar: no.. Niño: eso quiere decir que tienes alas?... ¿Las puedo ver? -La mujer lo miró de reojo alzando una ceja- Angyar: olvídalo niño, no soy un animal de exhibición.. -Luego de unos minutos, que Jack habló con el padre, llegaron los dos al parque - Jack: Ang, el padre aceptó al… ¿que demonios?.. -Jack se alzó una ceja al ver que la mujer estaba sentada en uno de los juegos su codo apoyado en la pierna afirmando su rostro y el niño estaba emocionado alzando las alas de la mujer. El padre cuando vio la escena palideció, la mujer movió sus ojos al padre y guardó sus alas lentamente - Angyar: La próxima tú te quedas con la criatura, Jack… -La mujer se levantó caminando hacia el padre mirándolo- Angyar: si algo le pasa al chico, vendré por ti, sin remordimiento.. ¿you understood? -El padre asintió con miedo tragando saliva, la mujer se giró mirando al chico que ahora estaba interrogando a Jack - Padre: ¿eres un demonio? Angyar: no me compares con eso… soy peor. -La mujer sacó una libreta de su bolsillo y escribió un número y dirección en esta saco la hoja la dobló y se la colocó en el bolsillo de la camisa al padre- Angyar: eso solucionará una parte del problema.. llama y di que te envío Marwolaeth, ve a esa dirección y te colocarán en un puesto en la empresa. -El hombre agradeció llorando el niño miró a su papá y luego a la peliblanca, jalando levemente el abrigo para llamarla- Niño: le prometo ángel que seré como usted.. -Angyar alzó una ceja mirándolo eso casi le causó gracia, pero agudizó sus ojos mirando el futuro del niño. Lo vio con unos 30 años vestido de un delantal blanco, la mujer sonrió negando levemente colocando su mano en la cabeza del pequeño- Angyar: Bien… Tengo curiosidad de ver quién será el mejor doctor de los dos.. -La mujer se metió la mano en el bolsillo del abrigo y comenzó a caminar, Jack se colocó a su lado - Jack: ¿el pequeño estará bien?.. -La mujer miró por sobre el hombro mirando la cabeza del niño y el reloj de este se detuvo y comenzó a aumentar días, meses y años. La mujer sonrió girando su cabeza hacia el camino - Angyar: si, cumplirá la promesa … de convertirse en doctor… ahora tengo hambre
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  • Los años no transcurren en el vacío; cada paso es un rastro. Entre vivencias y encuentros, la vida va tejiendo fragmentos imborrables en nuestra piel.
    Sean luces o sombras, todo lo que llega decide quedarse para siempre en lo que somos.
    Los años no transcurren en el vacío; cada paso es un rastro. Entre vivencias y encuentros, la vida va tejiendo fragmentos imborrables en nuestra piel. Sean luces o sombras, todo lo que llega decide quedarse para siempre en lo que somos.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
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    ****Edad del Caos.****
    -Y en el Séptimo día fueron llamados..."

    Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto.

    En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables.

    No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban.

    Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos.

    Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos.

    Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo.

    El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron.

    No fue por debilidad sino porque era inútil.

    Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado.

    Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron.

    Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación.

    Funcionan…!!!

    Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza.

    Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo.

    Han alcanzado su límite.... Retírenlos.

    La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad.

    Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla.

    Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura.

    No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía.

    Así que es ahí…

    Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar.

    Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba.

    Padre…?

    Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa.

    El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma.

    En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión.

    Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!!

    Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones:

    Ángeles.
    ****Edad del Caos.**** -Y en el Séptimo día fueron llamados..." Durante años, los Elunai fallaron, cada experimento terminaba en deformidad, cuerpos incapaces de sostener el poder que tanto anhelaban controlar. Criaturas rotas, ecos imperfectos del milagro que Ozma había logrado por su cuenta. Pero esta vez fue distinto. En cámaras selladas, lejos del alcance de la guerra, nacieron cuerpos nuevos, perfectos, silenciosos y demasiado estables. No tenían las orejas alargadas de los Elunai, pero su presencia era más cercana a la de los Dioses que cualquier otra raza y eso era exactamente lo que buscaban. Muy por encima del mundo, una ciudad flotante descansaba entre las nubes. Una isla suspendida en el cielo, bañada por una luz eterna, invisible para la mayoría pero no para todos. Desde allí, los Dioses observaban, no arriesgarían sus esencias aún, así que usaron la almas atrapadas en el Árbol de las Almas, fragmentos de existencia que jamás regresaron al ciclo natural fueron insertadas en aquellos cuerpos. Y cuando los primeros dos prototipos abrieron los ojos el aire mismo pareció tensarse, no eran Elunai, no eran humanos, eran algo nuevo. El campo de batalla era en uno de los dos últimos templos que quedaban en pie se volvió silencioso cuando descendieron. Los soldados de Ozma intentaron detenerlos pero cayeron. No fue por debilidad sino porque era inútil. Retírense. -La voz de Ozma fue absoluta y los Kijin obedecieron, pero Yen no, se mantuvo a su lado. Quédate atrás. -Ordeno Ozma a su hija, pero esta se nego. Luego de eso el choque fue inmediato, Ozma golpeó primero. Fuerza capaz de destruir montañas fue detenida, los seres no solo resistían, aprendían, se adaptaban y entonces brillaron. Halos perfectos aparecieron sobre sus cabezas y alas de energía nacieron de sus espaldas. Desde la ciudad flotante los Dioses observaron con fascinación. Funcionan…!!! Ozma retrocedió por primera vez en mucho tiempo. Yen entró en la batalla sin dudarlo, su espada encontró carne, su velocidad rompió el ritmo perfecto de los enemigos y por un momento padre e hija equilibraron la balanza. Pero no era suficiente, los rivales so se cansaban, no dudaban, tampoco sentian, solo eran armas. Desde lo alto los Dioses notaron que algo cambió, las alas perdían brillo. Han alcanzado su límite.... Retírenlos. La orden descendió y en medio del combate los dos seres se detuvieron. Ozma y Yen, ya muy agotados no retrocedieron, se prepararon para lanzar un ultimo ataque, uno devastador pero antes de poder hacerlo una columna de energía dorada cayo del cielo, cubriendo a los seres quienes desaparecieron, siendo arrebatados del campo de batalla. Los Kijin gritaron de emoción, El Rey del Caos y la Princesa del Caos habían hecho huir al enemigo, pero, tanto padre e hija sabían la verdad. Yen respiraba con dificultad, Ozma no. Él estaba mirando hacia arriba, más allá de las nubes, más allá del cielo visible. Ahí estaba, la isla. Aquella masa flotante que había visto antes… distante e inalcanzable. Durante años la había observado, había considerado destruirla e invadirla, pero incluso él sabía que ir solo era una locura. No sabía cuántos como Helior Prime habitaban allí, tampoco qué más lo esperaba y por eso había esperado, pero ahora lo entendía. Así que es ahí… Su voz fue baja y grave, no había duda. Ningún laboratorio en tierra había creado algo así, ningún templo destruido, ni ampoco ningun documento encontrado. Todo apuntaba a un solo lugar. Ese cielo prohibido, dominio de los Dioses. Yen siguió su mirada, aun no podía ver con claridad lo que él veía pero podía sentirlo, algo allá arriba los observaba. Padre…? Ozma no respondió de inmediato, sus ojos rojos brillaron con una intensidad peligrosa. El verdadero campo de batalla… aún no ha comenzado. -Murmuro Ozma. En lo alto, los Dioses ya habían tomado su decisión. Produzcan más y mejórenlos... Perfecciónenlos!!! Ahora tenían armas capaces de enfrentar al Caos y esta vez no perderían. Así, con una calma casi sagrada nombraron a sus nuevas creaciones: Ángeles.
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    ****Edad del Caos****
    El Árbol de las Almas"

    Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo".

    Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer.

    Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza.

    No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas".

    No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado.

    Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado.

    Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo.

    Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos.

    Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia.

    La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado.

    Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija.

    Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
    ****Edad del Caos**** El Árbol de las Almas" Con el paso de los meses, el nombre de Yen dejó de ser solo un susurro entre enemigos y se convirtió en un símbolo, "La Hija del Monstruo". Así la llamaban los Elunai, los soldados, incluso los demonios que habían sobrevivido a su furia. Lo que nació como un insulto terminó transformándose en un título que Yen portaba con orgullo. Cada vez que lo escuchaba, no sentía vergüenza sino una extraña satisfacción. Era la prueba de que su existencia pesaba en el mundo. De que ya no era la niña olvidada en un calabozo sino que era alguien a quien temer. Pero mientras su leyenda crecía, la de los Elunai comenzaba a desmoronarse, las generaciones dejaron de renovarse. Los nacimientos disminuyeron. Los templos ya no podían ocultarlo: algo estaba fallando en la raíz misma de su raza. No sabían que su destino ya había sido sellado mucho antes. En las sombras de la guerra, Ozma había descubierto el secreto mejor guardado de los dioses: "El Árbol de las Almas". No era un símbolo ni un mito, era una prisión. Cada Elunai que moría no regresaba al flujo natural de la existencia. Su alma era arrastrada hacia ese árbol, atrapada, reciclada y obligada a renacer una y otra vez como parte de la misma raza. Un ciclo cerrado, perfecto, controlado. Los dioses no otorgaban vida, la administraban, así evitaban compartir su poder con nuevas almas. Así mantenían intacto el número de aquellos bendecidos. Así aseguraban que su dominio jamás fuera desafiado. Ozma no buscó ese árbol por odio, lo buscó por amor. Durante años, entre ruinas y templos destruidos, reunió fragmentos de conocimiento, persiguió rumores, desenterró secretos con un solo objetivo: Encontrar el alma de Selin y devolverla para darle un nuevo cuerpo. Pero cuando finalmente encontró el Árbol de las Almas no la halló, no estaba allí, no había rastro de ella, ni esencia o eco, tampoco fragmentos. Era como si Selin jamás hubiese existido. En ese instante algo en Ozma se quebró de forma irreversible, porque la muerte y el tiempo podía aceptarlos, pero aquello era peor que la muerte, era el olvido absoluto, la negación de toda existencia. La furia que nació en él no fue como las anteriores, no fue un estallido, fue algo más frío y profundo. Ozma no destruyó el Árbol, lo corrompió silenciosamente sin que los dioses lo notaran. Alteró su esencia, envenenó su función, rompió su ciclo desde dentro. Las almas ya no serían reclamadas, ya no regresarían, ya no alimentarían el sistema que los dioses habían creado. Los Elunai seguirían viviendo pero lentamente se extinguirían. No lo hizo solo por venganza, también lo hizo por Yen, porque comprendió algo aterrador: Si los dioses pudieron borrar a Selin… También podrían borrar a su hija. Y eso eso era algo que jamás permitiría, ya había perdido a Selin y a su hija no nacida, no perdería a Yen. Desde ese momento, la guerra dejó de ser una lucha contra templos o ejércitos. Se convirtió en algo mucho más oscuro, Ozma ya no peleaba por justicia ni siquiera por venganza, ahora peleaba contra el propio orden del mundo y mientras él se hundía cada vez más en esa oscuridad, Yen, la Hija del Monstruo… Caminaba sin saber que el destino que la aguardaba era incluso más cruel que el de su padre.
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  • ⸻ Esta noche la luna sueña con más pereza,
    como una beldad hundida entre cojines,
    que con mano distraída y ligera acaricia,
    antes de dormirse, el contorno de sus senos.

    Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes,
    desfalleciente, se entrega a largos éxtasis,
    y pasea su mirada sobre visiones blancas,
    que ascienden al azul igual que floraciones.

    Cuando sobre este globo, con languidez ociosa,
    ella deja rodar una furtiva lágrima,
    un piadoso poeta, enemigo del sueño,

    En la cavidad de su mano, coge la fría lágrima
    como un fragmento de ópalo de irisados reflejos.
    Y la guarda en su pecho, lejos de la mirada del sol.
    ⸻ Esta noche la luna sueña con más pereza, como una beldad hundida entre cojines, que con mano distraída y ligera acaricia, antes de dormirse, el contorno de sus senos. Sobre el dorso de seda de deslizantes nubes, desfalleciente, se entrega a largos éxtasis, y pasea su mirada sobre visiones blancas, que ascienden al azul igual que floraciones. Cuando sobre este globo, con languidez ociosa, ella deja rodar una furtiva lágrima, un piadoso poeta, enemigo del sueño, En la cavidad de su mano, coge la fría lágrima como un fragmento de ópalo de irisados reflejos. Y la guarda en su pecho, lejos de la mirada del sol.
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  • Mi rostro empezó a fragmentarse… lo sentí antes de verlo. Una presión interna, silenciosa, creciendo sin control, hasta que pequeñas grietas comenzaron a abrirse sobre mi piel, finas al principio… pero vivas, extendiéndose como si algo dentro de mí intentara escapar. Aquel poder… era demasiado. Superaba mi límite, superaba lo que mi cuerpo podía contener. Cada pulso de energía que liberaba arrancaba algo de mí, como si mi propia existencia se estuviera desmoronando lentamente. Pero aun así… no podía detenerme. No podía quedarme mirando cómo aquel planeta agonizaba frente a mí, cómo su luz se apagaba sin hacer nada. No después de haberlo sentido… no después de haber conectado con su latido moribundo.

    Mis manos temblaban, mi respiración se volvía inestable, pero seguí… obligándome a sostener ese poder, a empujarlo más allá de lo que mi cuerpo soportaba. Y entonces… las lágrimas comenzaron a caer. No podía detenerlas. Resbalaban por mis mejillas, atravesando las grietas de mi rostro, brillando como fragmentos de luz al desprenderse en el vacío. No eran solo lágrimas… eran el reflejo de todo lo que estaba entregando, de todo lo que estaba perdiendo en ese momento.

    Cada lágrima… cada grieta… cada fragmento de mí… Era el precio de no dejar morir ese mundo.
    Mi rostro empezó a fragmentarse… lo sentí antes de verlo. Una presión interna, silenciosa, creciendo sin control, hasta que pequeñas grietas comenzaron a abrirse sobre mi piel, finas al principio… pero vivas, extendiéndose como si algo dentro de mí intentara escapar. Aquel poder… era demasiado. Superaba mi límite, superaba lo que mi cuerpo podía contener. Cada pulso de energía que liberaba arrancaba algo de mí, como si mi propia existencia se estuviera desmoronando lentamente. Pero aun así… no podía detenerme. No podía quedarme mirando cómo aquel planeta agonizaba frente a mí, cómo su luz se apagaba sin hacer nada. No después de haberlo sentido… no después de haber conectado con su latido moribundo. Mis manos temblaban, mi respiración se volvía inestable, pero seguí… obligándome a sostener ese poder, a empujarlo más allá de lo que mi cuerpo soportaba. Y entonces… las lágrimas comenzaron a caer. No podía detenerlas. Resbalaban por mis mejillas, atravesando las grietas de mi rostro, brillando como fragmentos de luz al desprenderse en el vacío. No eran solo lágrimas… eran el reflejo de todo lo que estaba entregando, de todo lo que estaba perdiendo en ese momento. Cada lágrima… cada grieta… cada fragmento de mí… Era el precio de no dejar morir ese mundo.
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    ***Edad del Caos***
    - El Eco de la Luna

    El lago estaba en silencio, como si el tiempo no se atreviera a perturbar aquel lugar. A unos pasos de la orilla, entre la hierba que crecía libre, se alzaba una tumba sencilla. No tenía adornos ostentosos, pero siempre había flores frescas. Demasiadas para ser un acto olvidado.

    Yen lo había notado desde hacía tiempo, durante años creyó que era su padre que, en secreto, Oz regresaba a ese lugar como ella.

    Aquella tarde, sin embargo, descubrió la verdad. Una figura ya estaba allí, una mujer de cabello rubio, cubierta con una capa oscura, se encontraba arrodillada frente a la tumba. Sus manos colocaban flores con cuidado, como si cada pétalo tuviera un significado. Yen se acercó en silencio, aAlgo no encajaba.

    Cuando finalmente habló, la mujer se giró con calma y retiró la capucha, Yen frunció el ceño.
    Cabello rubio, sí, rasgos finos, similares a los Elunai, pero sus orejas eran humanas, pequeña, no alargadas, no pertenecía a esa raza, de hecho no pertenecía a ninguna que Yen conociera.

    La mujer se presentó como Cyel. Dijo haber conocido a Selin muchos años atrás, que había regresado al pueblo solo para encontrarlo congelado en el tiempo, maldito y vacío de vida. Que buscó entre los rostros inmóviles pero no encontró a su amiga hasta que llegó al lago, vio la tumba y las flores, las favoritas de Selin.

    Desde entonces, regresaba cada año, siempre en la misma fecha. Yen sintió algo en el pecho, una mezcla de alivio y tristeza, no era su padre.

    Pero tampoco estaba sola en ese recuerdo, se presentó como hija de Selin, Yen. Ambas se sentaron junto al lago, Cyel le contó historias de una Selin joven. Una Selin que Yen nunca conoció, la joven se limito a escuchar sin interrumpir, aferrándose a cada palabra como si fueran fragmentos de algo que estaba perdiendo.

    Entonces, Cyel le hizo una pregunta, si había heredado la bendición de la Luna. Yen negó, no sabía de qué hablaba.

    Cyel explicó, sin demasiados detalles, que los Elunai podían fortalecer su poder bajo la luz lunar. Que algunos nacían con poder y otros lo despertaban, que la luna respondía a quienes sabían buscarla. Aquella idea se quedó con Yen.

    No por poder, al menos no al principio sino por algo más simple, por conexión, por Selin. Se despidieron cuando el sol comenzó a caer.

    Cyel se marchó sin mirar atrás, y Yen regresó al campamento, pero su mente ya no estaba allí. Esa noche, miró la luna y no sintió nada, lo intentó de nuevo en la siguiente luna llena y en la siguiente, y en la siguiente. Entrenó fuera de la vista de los demás, golpeó el aire, movió su espada una y otra vez bajo la luz plateada.

    Nada cambiaba, pero no se detuvo, con el tiempo dejó de buscar poder y comenzó a buscar a su madre, a recordar su voz, su rostro, su presencia hasta que una noche ya no pudo.

    El miedo la alcanzó, el miedo de olvidar, de no recordar su cara, que todo se desvaneciera. Yen cayó de rodillas y lloró. No como guerrera, no como hija del caos, sino como una niña llamando a su madre.

    Fue entonces cuando algo respondió, un calor suave nació en su pecho, no fue violento, tampoco oscuro. Era, era distinto... Por un instante vio un rostro, Selin, sonriéndole y luego… todo se apagó.

    Yen cayó inconsciente, su cuerpo cambió en silencio, su piel perdió el verde, se volvió clara, pura... Elunai.

    Su cabello adquirió un tono plateado que reflejaba la luz de la luna como un espejo vivo. No era una transformación agresiva, era una revelación, la sangre que llevaba dentro despertando.

    Cuando recobro al conciencia, el amanecer ya había llegado, su cuerpo había vuelto a la normalidad, verde y fuerte como siempre pero algo era distinto, se sentía más ligera, más rápida y completa. Yen miró al cielo y sonrió suavemente, agradeció a su madre, a Cyel. Sin saber que aquella noche no había sido un simple intento.

    Había sido el inicio, el despertar de la sangre Elunai en su interior y con ello un nuevo camino.
    ***Edad del Caos*** - El Eco de la Luna El lago estaba en silencio, como si el tiempo no se atreviera a perturbar aquel lugar. A unos pasos de la orilla, entre la hierba que crecía libre, se alzaba una tumba sencilla. No tenía adornos ostentosos, pero siempre había flores frescas. Demasiadas para ser un acto olvidado. Yen lo había notado desde hacía tiempo, durante años creyó que era su padre que, en secreto, Oz regresaba a ese lugar como ella. Aquella tarde, sin embargo, descubrió la verdad. Una figura ya estaba allí, una mujer de cabello rubio, cubierta con una capa oscura, se encontraba arrodillada frente a la tumba. Sus manos colocaban flores con cuidado, como si cada pétalo tuviera un significado. Yen se acercó en silencio, aAlgo no encajaba. Cuando finalmente habló, la mujer se giró con calma y retiró la capucha, Yen frunció el ceño. Cabello rubio, sí, rasgos finos, similares a los Elunai, pero sus orejas eran humanas, pequeña, no alargadas, no pertenecía a esa raza, de hecho no pertenecía a ninguna que Yen conociera. La mujer se presentó como Cyel. Dijo haber conocido a Selin muchos años atrás, que había regresado al pueblo solo para encontrarlo congelado en el tiempo, maldito y vacío de vida. Que buscó entre los rostros inmóviles pero no encontró a su amiga hasta que llegó al lago, vio la tumba y las flores, las favoritas de Selin. Desde entonces, regresaba cada año, siempre en la misma fecha. Yen sintió algo en el pecho, una mezcla de alivio y tristeza, no era su padre. Pero tampoco estaba sola en ese recuerdo, se presentó como hija de Selin, Yen. Ambas se sentaron junto al lago, Cyel le contó historias de una Selin joven. Una Selin que Yen nunca conoció, la joven se limito a escuchar sin interrumpir, aferrándose a cada palabra como si fueran fragmentos de algo que estaba perdiendo. Entonces, Cyel le hizo una pregunta, si había heredado la bendición de la Luna. Yen negó, no sabía de qué hablaba. Cyel explicó, sin demasiados detalles, que los Elunai podían fortalecer su poder bajo la luz lunar. Que algunos nacían con poder y otros lo despertaban, que la luna respondía a quienes sabían buscarla. Aquella idea se quedó con Yen. No por poder, al menos no al principio sino por algo más simple, por conexión, por Selin. Se despidieron cuando el sol comenzó a caer. Cyel se marchó sin mirar atrás, y Yen regresó al campamento, pero su mente ya no estaba allí. Esa noche, miró la luna y no sintió nada, lo intentó de nuevo en la siguiente luna llena y en la siguiente, y en la siguiente. Entrenó fuera de la vista de los demás, golpeó el aire, movió su espada una y otra vez bajo la luz plateada. Nada cambiaba, pero no se detuvo, con el tiempo dejó de buscar poder y comenzó a buscar a su madre, a recordar su voz, su rostro, su presencia hasta que una noche ya no pudo. El miedo la alcanzó, el miedo de olvidar, de no recordar su cara, que todo se desvaneciera. Yen cayó de rodillas y lloró. No como guerrera, no como hija del caos, sino como una niña llamando a su madre. Fue entonces cuando algo respondió, un calor suave nació en su pecho, no fue violento, tampoco oscuro. Era, era distinto... Por un instante vio un rostro, Selin, sonriéndole y luego… todo se apagó. Yen cayó inconsciente, su cuerpo cambió en silencio, su piel perdió el verde, se volvió clara, pura... Elunai. Su cabello adquirió un tono plateado que reflejaba la luz de la luna como un espejo vivo. No era una transformación agresiva, era una revelación, la sangre que llevaba dentro despertando. Cuando recobro al conciencia, el amanecer ya había llegado, su cuerpo había vuelto a la normalidad, verde y fuerte como siempre pero algo era distinto, se sentía más ligera, más rápida y completa. Yen miró al cielo y sonrió suavemente, agradeció a su madre, a Cyel. Sin saber que aquella noche no había sido un simple intento. Había sido el inicio, el despertar de la sangre Elunai en su interior y con ello un nuevo camino.
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