• Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora.

    Giró el rostro.

    Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro.

    Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada.

    El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios.

    Klaus llegó hasta el desconocido.

    -Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó.

    Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas.

    -¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada.

    Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad?

    Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz.

    -Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada.

    -¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido.

    El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados.

    -Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?.

    Klaus fue a replicar pero fue interrumpido.

    -Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable.

    Klaus dejó ir el aire por la nariz.

    -Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia.

    El habitante del limbo dejó ir una sonrisita.

    -Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito…

    Klaus lo miró extrañado.

    -Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama:
    ㅤㅤㅤㅤㅤ https://ficrol.com/posts/377425
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
    Todo era oscuro. La oscuridad le envolvía, crecía y se extendía allí donde uno podía posar la vista. Siquiera era consciente de su cuerpo o de si mismo. No sentía nada. Absolutamente nada. Echó a andar. O creyó hacerlo. Avanzaba por esa oscuridad, hasta que ya no había oscuridad. De pronto sus pies estaban en medio de un suelo de madera recién encerado. La luz que lo rodeaba era cálida y acogedora. Giró el rostro. Todas las paredes estaban repletas de estanterías tan altas que se perdían en el techo hacia lo alto allá donde uno podía fijar la vista. Podía escuchar el crepitar de una chimenea y como alguien pasaba tranquilamente las hojas de un libro. Avanzó de forma precavida, casi dudando de estar en el lugar correcto, o de si estaba realmente en alguna parte. Conforme sus pasos avanzaron pudo ver aparecer delante de él dos butacas de orejas de color burdeos frente a la chimenea y solo una de ellas estaba ocupada. El ocupante de la butaca alargó su mano hacia una mesita auxiliar de madera oscura que Klaus hubiera jurado antes no se encontraba allí. Tomó una taza de porcelana blanca y pareció llevársela a los labios. Klaus llegó hasta el desconocido. -Hola, amigo… ¿Puedes decirme donde estoy? -preguntó. Entonces, una voz sonó tranquila a sus espaldas. -¡Ya estaba esperando que llegaras! -habló alguien de forma alegre y entusiasmada. Klaus se giró rápidamente sobre sus propios pies y sus cejas se arquearon con sorpresa al ver a un hombre sentado a medias sobre una mesa robusta de madera de caoba que antes no había estado allí. La hubiera visto… ¿verdad? Klaus arrugó sus labios mostrando los colmillos ante aquella posible amenaza. Entonces el tipo dejó el libro que tenia en las manos, (espera, ¿desde cuando tenia un libro en las manos?) y se levantó alzando sus manos en son de paz. -Tranquilo, Klaus Mikaelson. No corres peligro aquí… -le dijo con voz calmada. -¿Qué extraño ardid es este? ¿Qué brujería has tramado? ¿Quién eres? -preguntó, molesto, el hibrido. El desconocido alzó su mirada y extendió sus brazos a ambos lados. -Estás en el limbo. Bueno, mi limbo –aclaró el desconocido- Estoy atrapado aquí, así que lo he reformado a mi gusto… -el hombre alzó la mirada, orgulloso- Ha quedado chulo, ¿eh?. Klaus fue a replicar pero fue interrumpido. -Ah no, no, tranquilo…- respondió, como si Klaus hubiera hecho una pregunta- No, no te preocupes. Tú solo estás de paso. Volverás a casa en un santiamén. Y sí, aquí puedo saber lo que piensas. Es mi limbo, ¿recuerdas? -preguntó con una sonrisa afable. Klaus dejó ir el aire por la nariz. -Vale, y, ¿porqué estoy aquí? -preguntó el hibrido, sin demasiada paciencia. El habitante del limbo dejó ir una sonrisita. -Una pequeña travesura, me temo… -reconoció- Pero he de reconocer que mi pupila ha hecho un trabajo exquisito… Klaus lo miró extrañado. -Ah, claro. Qué maleducado…- el hombre desconocido se dio una palmada en la frente- No me he presentado. Me llamo Merlín -alargó una mano hacia Klaus- El Mago. Merlín el Mago. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤfragmento de rol de trama: ㅤㅤㅤㅤㅤ https://ficrol.com/posts/377425 ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ⸻
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  • Nos pasamos la existencia persiguiendo sombras en la oscuridad, codiciando quimeras y destinos que ni siquiera nos pertenecen. Qué soberana pérdida de tiempo. La verdadera sabiduría no está en mirar un horizonte vacío, sino en aprender a cerrar el puño y resguardar lo que ya sostiene nuestra mano. Este instante, este fragmento de luz en medio de la penumbra, es lo único real. C'est une folie despreciar el presente por orgullo; al final del día, el fuego que ya arde en nuestro interior es lo único que nos salva del frío.
    Nos pasamos la existencia persiguiendo sombras en la oscuridad, codiciando quimeras y destinos que ni siquiera nos pertenecen. Qué soberana pérdida de tiempo. La verdadera sabiduría no está en mirar un horizonte vacío, sino en aprender a cerrar el puño y resguardar lo que ya sostiene nuestra mano. Este instante, este fragmento de luz en medio de la penumbra, es lo único real. C'est une folie despreciar el presente por orgullo; al final del día, el fuego que ya arde en nuestro interior es lo único que nos salva del frío.
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  • Afro elevó las manos a la altura de los codos, con las palmas orientadas hacia el cielo. El aire traía consigo el frío de la noche y el frescor de las hojas verdes de los sauces. Dio un paso al frente y un pequeño fragmento de roca se desprendió del risco sobre el que estaba de pie. Lo observó perderse en la oscuridad; a sus oídos nunca llegó el momento en que la roca se encontró con el fondo. La penumbra se encontró con sus iris rosas, y ella con los suyos; nocturnos, famélicos. Afro no se sintió incómoda ante su mirada, por el contrario, le resultó agradable su compañía. En el pasado, aquello le habría hecho tragar saliva y dar un par de pasos titubeantes hacia atrás. Pero, gracias a cierto par de ojos verdes, eso había cambiado. Recordó una advertencia y bajó ligeramente el rostro en busca de unos iris rojos que pudieran hallarse más abajo. No encontró nada.

    Respiró profundamente, y su voz salió clara y firme. Habituada a las palabras que estaba a punto de recitar:

    ──── Escúchame, tú, que con tus truenos rojos sacudes los pozos de la incertidumbre en la oscuridad perlada de plateadas estrellas. Hechicero Rojo, señor terrible y distante, forjaste a tu musa en medio de la tormenta y le concediste el regalo de tus sagrados dones. Ahora, la musa debe responder siempre a tu llamado. Dime, oh Gran Constructor, ¿a la vida de quién he de llevar la bendición de tus dones? ¿Qué nuevos hilos se unirán en el gran telar de las historias? ¿A dónde he de llevar la luz de tu inspiración? ¿Cuál es la nueva verdad que habrá de desvelarse?
    Afro elevó las manos a la altura de los codos, con las palmas orientadas hacia el cielo. El aire traía consigo el frío de la noche y el frescor de las hojas verdes de los sauces. Dio un paso al frente y un pequeño fragmento de roca se desprendió del risco sobre el que estaba de pie. Lo observó perderse en la oscuridad; a sus oídos nunca llegó el momento en que la roca se encontró con el fondo. La penumbra se encontró con sus iris rosas, y ella con los suyos; nocturnos, famélicos. Afro no se sintió incómoda ante su mirada, por el contrario, le resultó agradable su compañía. En el pasado, aquello le habría hecho tragar saliva y dar un par de pasos titubeantes hacia atrás. Pero, gracias a cierto par de ojos verdes, eso había cambiado. Recordó una advertencia y bajó ligeramente el rostro en busca de unos iris rojos que pudieran hallarse más abajo. No encontró nada. Respiró profundamente, y su voz salió clara y firme. Habituada a las palabras que estaba a punto de recitar: ──── Escúchame, tú, que con tus truenos rojos sacudes los pozos de la incertidumbre en la oscuridad perlada de plateadas estrellas. Hechicero Rojo, señor terrible y distante, forjaste a tu musa en medio de la tormenta y le concediste el regalo de tus sagrados dones. Ahora, la musa debe responder siempre a tu llamado. Dime, oh Gran Constructor, ¿a la vida de quién he de llevar la bendición de tus dones? ¿Qué nuevos hilos se unirán en el gran telar de las historias? ¿A dónde he de llevar la luz de tu inspiración? ¿Cuál es la nueva verdad que habrá de desvelarse?
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  • La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas.

    El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos.

    Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba.

    El bosque no tardó en envolverlo.

    Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida.

    No había aves.

    Ni insectos.

    Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas.

    —Hm...

    El mercader rompió el silencio con un leve gruñido.

    —Demasiado tranquilo.

    Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura.

    Continuó avanzando.

    Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás.

    Entonces los vio.

    A lo lejos.

    Entre la neblina.

    No eran árboles.

    Eran piernas.

    Colosales.

    Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible.

    ...

    Otro.

    Y un tercero.

    Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio.

    Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor.

    —Bueno...

    Murmuró con una risa seca.

    —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr.

    Volvió a bajar el visor.

    La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos.

    Después de todo...

    Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso.

    Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas.

    Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
    La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas. El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos. Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba. El bosque no tardó en envolverlo. Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida. No había aves. Ni insectos. Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas. —Hm... El mercader rompió el silencio con un leve gruñido. —Demasiado tranquilo. Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura. Continuó avanzando. Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás. Entonces los vio. A lo lejos. Entre la neblina. No eran árboles. Eran piernas. Colosales. Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible. ... Otro. Y un tercero. Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio. Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor. —Bueno... Murmuró con una risa seca. —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr. Volvió a bajar el visor. La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos. Después de todo... Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso. Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas. Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟔)

    Connor observa, lo hace constantemente. Mientras trabaja, mientras recorre una ciudad desconocida o incluso durante aquellos raros momentos en los que no parece estar haciendo nada en particular.

    No busca información de forma consciente, tampoco parece realizar esfuerzo alguno por memorizar aquello que ve, simplemente ocurre. Su atención rara vez se detiene donde lo hace la de los demás.

    Parece sentirse atraído por pequeñas irregularidades dentro de comportamientos aparentemente normales: una respiración que se acelera apenas una fracción de segundo, una mirada que desciende antes de una mentira, o un pie que cambia de dirección antes de que una persona decida marcharse.

    Connor registra esas cosas y después continúa. Resulta extraño porque rara vez vuelve a necesitarlas.

    De hecho, muchas de las personas que observa desaparecen de su vida para siempre. Algunas cambian de ciudad, otras mueren, otras simplemente se convierten en un encuentro irrelevante perdido entre miles de rostros distintos.

    Sin embargo, ciertos rastros permanecen. No se trata de nombres, ni de fechas, ni siquiera de historias. Se trata de patrones, gestos o conductas. Fragmentos de algo que alguna vez distinguió a una persona de todas las demás.

    Connor nunca ha mostrado interés por entender por qué ocurre. Parece aceptarlo de la misma forma en que acepta el resto de las particularidades de su existencia, como si fuese normal. Como si todas las mentes funcionaran de esa manera, pero no lo hacen.

    Quizá por eso, incluso años después, todavía es capaz de reconocer detalles que el resto del mundo habría olvidado hace mucho tiempo. No personas, rastros. Y cuanto más tiempo pasa, más parecen acumularse, como si alguna parte de él fuese incapaz de dejarlos atrás.

    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟔) Connor observa, lo hace constantemente. Mientras trabaja, mientras recorre una ciudad desconocida o incluso durante aquellos raros momentos en los que no parece estar haciendo nada en particular. No busca información de forma consciente, tampoco parece realizar esfuerzo alguno por memorizar aquello que ve, simplemente ocurre. Su atención rara vez se detiene donde lo hace la de los demás. Parece sentirse atraído por pequeñas irregularidades dentro de comportamientos aparentemente normales: una respiración que se acelera apenas una fracción de segundo, una mirada que desciende antes de una mentira, o un pie que cambia de dirección antes de que una persona decida marcharse. Connor registra esas cosas y después continúa. Resulta extraño porque rara vez vuelve a necesitarlas. De hecho, muchas de las personas que observa desaparecen de su vida para siempre. Algunas cambian de ciudad, otras mueren, otras simplemente se convierten en un encuentro irrelevante perdido entre miles de rostros distintos. Sin embargo, ciertos rastros permanecen. No se trata de nombres, ni de fechas, ni siquiera de historias. Se trata de patrones, gestos o conductas. Fragmentos de algo que alguna vez distinguió a una persona de todas las demás. Connor nunca ha mostrado interés por entender por qué ocurre. Parece aceptarlo de la misma forma en que acepta el resto de las particularidades de su existencia, como si fuese normal. Como si todas las mentes funcionaran de esa manera, pero no lo hacen. Quizá por eso, incluso años después, todavía es capaz de reconocer detalles que el resto del mundo habría olvidado hace mucho tiempo. No personas, rastros. Y cuanto más tiempo pasa, más parecen acumularse, como si alguna parte de él fuese incapaz de dejarlos atrás.
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  • Fragmento extraído del rol con Elina Drakon.

    https://ficrol.com/posts/386585

    —Aahh...

    El suspiro del anciano hizo temblar las montañas.

    La roca crujió.

    Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente.

    —Estoy... tan cansado... vieja amiga...

    Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina.

    —Cuánta guerra...

    —Cuánta muerte...

    —Cuántos nombres olvidados...

    Su voz sonaba cada vez más lejana.

    Como si hablara desde otro tiempo.

    Desde otro mundo.

    —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz...

    Un silencio pesado cayó sobre el valle.

    —La paz...

    Sus párpados descendieron lentamente.

    —Es todo lo que anhelo...

    Volvió a mirarme.

    Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto.

    Esperanza.

    —Fuego...

    —Escarcha...

    Su respiración se volvió irregular.

    —Puede ser...

    —Pero no sola...

    Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles.

    —Ellos creían en la unión...

    Los creadores de mi huevo.

    Los dos elementales que abandonaron la guerra.

    —Lo demostraron...

    Una pequeña carcajada escapó de su garganta.

    —Ha... ha...

    —Sí...

    —Elementos convergentes...

    Su cabeza descendió unos centímetros.

    —Acércate, niña...

    —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez...

    Tragué saliva.

    Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada.

    Pero avancé.

    Paso a paso.

    Hasta quedar frente a él.

    Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro.

    Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo.

    Durante unos segundos no dijo nada.

    Simplemente me contempló.

    Y sonrió.

    —Ahora lo entiendo...

    Sus palabras apenas fueron un susurro.

    —No naciste para continuar nuestra guerra...

    —Naciste para terminarla...

    El brillo de sus ojos comenzó a apagarse.

    Lentamente.

    Sin dolor.

    Sin miedo.

    Como quien finalmente puede descansar.

    Y entonces ocurrió.

    A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada.

    Silenciosa.

    Antigua.

    Un diminuto shinigami.

    No pronunció palabra alguna.

    Ni parecía interesado en nosotros.

    Simplemente caminó hasta el anciano dragón.

    Extendió una pequeña mano.

    Y tomó algo que no podía verse.

    El alma de Terra.

    Pero no se la llevó.

    El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón.

    Una última vez.

    Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo.

    El corazón mineral del anciano cayó frente a mí.

    El suelo tembló.

    La piedra comenzó a resquebrajarse.

    Runas antiguas aparecieron sobre su superficie.

    Lentamente.

    Muy lentamente.

    El núcleo empezó a transformarse.

    La roca se alargó.

    Se refinó.

    Se condensó.

    Hasta adoptar la forma de un bastón.

    Un bastón de piedra primordial.

    Nacido de la tierra más antigua.

    De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento.

    Lo tomé entre mis manos.

    Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra...

    Sentí algo.

    No poder.

    No fuerza.

    No dominio.

    Sentí compañía.

    Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado.

    Por primera vez.

    Fuego.

    Escarcha.

    Y tierra.

    Tres elementos.

    No enfrentados.

    No dominándose unos a otros.

    Sino coexistiendo.

    Terra cerró los ojos.

    Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años...

    El último dragón de tierra descansó.
    Fragmento extraído del rol con [Elina_Drakon]. https://ficrol.com/posts/386585 —Aahh... El suspiro del anciano hizo temblar las montañas. La roca crujió. Los árboles nacidos sobre su cuerpo se mecieron lentamente. —Estoy... tan cansado... vieja amiga... Sus enormes ojos permanecieron sobre Elina. —Cuánta guerra... —Cuánta muerte... —Cuántos nombres olvidados... Su voz sonaba cada vez más lejana. Como si hablara desde otro tiempo. Desde otro mundo. —Este viejo dragón ya no puede sostener más esta paz... Un silencio pesado cayó sobre el valle. —La paz... Sus párpados descendieron lentamente. —Es todo lo que anhelo... Volvió a mirarme. Sus pupilas antiguas reflejaban algo que jamás había visto. Esperanza. —Fuego... —Escarcha... Su respiración se volvió irregular. —Puede ser... —Pero no sola... Sus ojos parecieron perderse entre recuerdos imposibles. —Ellos creían en la unión... Los creadores de mi huevo. Los dos elementales que abandonaron la guerra. —Lo demostraron... Una pequeña carcajada escapó de su garganta. —Ha... ha... —Sí... —Elementos convergentes... Su cabeza descendió unos centímetros. —Acércate, niña... —Deja que estos viejos ojos puedan verte una última vez... Tragué saliva. Incluso para mí era difícil sostener aquella mirada. Pero avancé. Paso a paso. Hasta quedar frente a él. Su tamaño era tan inmenso que apenas podía abarcar una pequeña parte de su rostro. Sin embargo, sus ojos me observaban como si yo fuera todo su mundo. Durante unos segundos no dijo nada. Simplemente me contempló. Y sonrió. —Ahora lo entiendo... Sus palabras apenas fueron un susurro. —No naciste para continuar nuestra guerra... —Naciste para terminarla... El brillo de sus ojos comenzó a apagarse. Lentamente. Sin dolor. Sin miedo. Como quien finalmente puede descansar. Y entonces ocurrió. A mi lado apareció una pequeña figura encapuchada. Silenciosa. Antigua. Un diminuto shinigami. No pronunció palabra alguna. Ni parecía interesado en nosotros. Simplemente caminó hasta el anciano dragón. Extendió una pequeña mano. Y tomó algo que no podía verse. El alma de Terra. Pero no se la llevó. El pequeño ser observó el núcleo que latía en el pecho del dragón. Una última vez. Y lo separó cuidadosamente de su cuerpo. El corazón mineral del anciano cayó frente a mí. El suelo tembló. La piedra comenzó a resquebrajarse. Runas antiguas aparecieron sobre su superficie. Lentamente. Muy lentamente. El núcleo empezó a transformarse. La roca se alargó. Se refinó. Se condensó. Hasta adoptar la forma de un bastón. Un bastón de piedra primordial. Nacido de la tierra más antigua. De la voluntad del último dragón hadeico de ese elemento. Lo tomé entre mis manos. Y en cuanto mis dedos tocaron la piedra... Sentí algo. No poder. No fuerza. No dominio. Sentí compañía. Como si una montaña entera hubiera decidido caminar a mi lado. Por primera vez. Fuego. Escarcha. Y tierra. Tres elementos. No enfrentados. No dominándose unos a otros. Sino coexistiendo. Terra cerró los ojos. Y por primera vez en cuatro mil quinientos millones de años... El último dragón de tierra descansó.
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  • Dragón anciano
    Categoría Acción
    Desde mi eclosión he escuchado muchas historias.

    Historias sobre dragones, sobre mundos lejanos y sobre criaturas que jamás llegaron a existir en la Tierra que recuerdo en mis sueños.

    Pero hay una historia que no deja de regresar una y otra vez.

    La de un anciano dragón de tierra.

    Un superviviente.

    Uno que, según las leyendas, nació antes de que la guerra terminara.

    Antes del Gran Impacto.

    Antes de que el cielo ardiera.

    Aquella idea parecía imposible. La Dra. Luna insistía en que no existían pruebas concluyentes, mientras que yo ni siquiera sabía si aquellos recuerdos eran realmente míos o simples fragmentos heredados de algo mucho más antiguo.

    Sin embargo, había alguien que podía responder esa pregunta.

    Elina Drakon.

    La única dragona que conocía que podía comprender el peso de una historia semejante.

    Por eso acepté acompañarla.

    El portal se abrió frente a nosotros con un rugido de energía desconocida.

    Al otro lado no estaba Umbra Corp.

    No estaba Absalon.

    No estaba la Tierra.

    Era otro mundo.

    Y quizá, en algún lugar de él, aguardaba el último dragón hadeico del elemento tierra.

    Uno que había sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años para contar una historia que nadie más recordaba.

    Di un paso al frente, observando el horizonte.

    Elina Drakon...

    Mi cola se agitó lentamente detrás de mí.

    — Muéstrame dónde vive.
    Desde mi eclosión he escuchado muchas historias. Historias sobre dragones, sobre mundos lejanos y sobre criaturas que jamás llegaron a existir en la Tierra que recuerdo en mis sueños. Pero hay una historia que no deja de regresar una y otra vez. La de un anciano dragón de tierra. Un superviviente. Uno que, según las leyendas, nació antes de que la guerra terminara. Antes del Gran Impacto. Antes de que el cielo ardiera. Aquella idea parecía imposible. La Dra. Luna insistía en que no existían pruebas concluyentes, mientras que yo ni siquiera sabía si aquellos recuerdos eran realmente míos o simples fragmentos heredados de algo mucho más antiguo. Sin embargo, había alguien que podía responder esa pregunta. Elina Drakon. La única dragona que conocía que podía comprender el peso de una historia semejante. Por eso acepté acompañarla. El portal se abrió frente a nosotros con un rugido de energía desconocida. Al otro lado no estaba Umbra Corp. No estaba Absalon. No estaba la Tierra. Era otro mundo. Y quizá, en algún lugar de él, aguardaba el último dragón hadeico del elemento tierra. Uno que había sobrevivido cuatro mil quinientos millones de años para contar una historia que nadie más recordaba. Di un paso al frente, observando el horizonte. — [Elina_Drakon]... Mi cola se agitó lentamente detrás de mí. — Muéstrame dónde vive.
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  • Sury vs Kael

    Las grietas recorrían el aire mientras fragmentos de roca flotaban alrededor de la cueva. El hielo cubría lentamente el suelo a cada paso que daba, extendiéndose como una marea silenciosa bajo mis pies. Al otro lado de las fracturas violetas distinguía una silueta inmóvil suspendida entre los restos de una realidad que parecía incapaz de soportar su presencia. Durante unos segundos observé aquella figura sin decir nada. Había escuchado demasiadas historias sobre él. Algunas parecían exageradas. Otras directamente imposibles. Y aun así, después de todo lo que había visto en mi vida, ninguna sonaba tan absurda como debería.

    Sury: Así que eras tú…

    La nieve comenzó a girar a mi alrededor mientras pequeños cristales nacían junto a la hoja de mi espada. El frío se extendió por toda la cueva, cubriendo las paredes con una fina capa de escarcha. No sentía miedo. Tampoco rabia. Solo curiosidad. Quería ver con mis propios ojos si aquel monstruo era realmente tan aterrador como contaban.

    Sury: He escuchado bastante sobre ti.

    Las grietas vibraron lentamente.

    Kael: ¿Y qué es lo que cuentan?

    Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. El hielo siguió extendiéndose mientras las fracturas del aire respondían a la presión de ambos poderes.

    Sury: Curioso… siempre que escucho hablar de ti, la historia termina igual.

    Miles de cristales aparecieron detrás de mí.

    Sury: Una chica de cabello plateado.

    La temperatura descendió varios grados.

    Sury: Ojos azules.

    La escarcha cubrió completamente las paredes.

    Sury: Orejas puntiagudas.

    Las grietas permanecieron inmóviles durante un instante.

    Sury: Y una costumbre bastante molesta de intentar resolver sola problemas que claramente la superan.

    Solté una pequeña risa mientras apoyaba la espada sobre mi hombro.

    Sury: Sinceramente… empieza a preocuparme cuánto habla de ti.

    Por primera vez la figura al otro lado de las grietas pareció reaccionar. No por el hielo. No por la presión. Sino por aquellas palabras. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor mientras el aire volvía a agrietarse.

    Kael: Ya veo…

    La presión aumentó ligeramente.

    Kael: Así que has hablado con ella.

    Una nueva grieta atravesó la cueva de lado a lado.

    Kael: Debí imaginarlo.

    Las grietas avanzaron lentamente mientras la presión aumentaba por toda la cueva. Durante unos segundos el silencio regresó. Un silencio incómodo. El hielo continuó extendiéndose bajo mis pies mientras observaba la silueta suspendida entre las fracturas del aire.

    Kael: Entonces ya sabes cómo termina esta historia.

    Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor.

    Kael: No importa cuánto corra.

    Una nueva grieta atravesó el aire.

    Kael: No importa cuántos intenten protegerla.

    Las fracturas violetas se expandieron por las paredes.

    Kael: La sangre de su familia acabará pagando la deuda que dejaron atrás.

    El hielo crujió bajo mis pies.

    Kael: Y ella…

    La presión aumentó.

    Kael: Apenas puede protegerse a sí misma.

    Por primera vez mi sonrisa desapareció. La nieve dejó de girar. El frío descendió varios grados de golpe mientras observaba aquellas grietas durante unos segundos sin apartar la mirada.

    Sury: Eso es algo muy complicado para una niña.

    El silencio volvió a llenar la cueva.

    Sury: Apenas está comenzando su historia.

    Miles de cristales aparecieron detrás de mí.

    Sury: Apenas está aprendiendo quién quiere ser.

    La escarcha cubrió completamente el techo.

    Sury: Y sinceramente…

    El invierno absoluto despertó.

    Sury: Creo que ya tiene suficientes problemas sin que alguien de tu nivel siga intentando arrastrarla a los errores de generaciones anteriores.

    Las grietas vibraron.

    La nieve explotó a mi alrededor.

    Sury: Por eso estoy aquí.

    Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El hielo avanzaba. Las grietas respondían. Dos fuerzas completamente opuestas luchaban por dominar el mismo espacio mientras la cueva comenzaba a temblar bajo la presión de ambos.

    Entonces, por primera vez, Kael sonrió. La realidad volvió a fracturarse alrededor de su cuerpo y nuevas grietas recorrieron el aire como si el propio mundo estuviera cediendo ante su presencia.

    Kael: Entonces deja de hablar.

    Las fracturas avanzaron hacia mí devorando todo lo que encontraban a su paso.

    Kael: Ven y compruébalo.

    La nieve comenzó a arremolinarse violentamente a mi alrededor. Miles de cristales iluminaron la oscuridad de la cueva mientras llevaba lentamente la espada a una posición de combate. El invierno absoluto despertó por completo dentro de mí. La temperatura cayó en picado y la escarcha cubrió cada rincón de aquel lugar.

    Sury: Apenas está comenzando su historia.

    Los cristales flotaron alrededor de la hoja de mi espada mientras el hielo se extendía por las paredes.

    Sury: Y yo me aseguraré de que llegue a ver el siguiente capítulo.

    Las grietas vibraron.

    La nieve explotó.

    El frío descendió todavía más.

    Sury: Aunque tenga que derribar una grieta para conseguirlo.

    Durante un instante el propio mundo pareció contener la respiración. El hielo y las fracturas chocaban entre sí incluso antes de que nosotros nos moviéramos. Entonces desaparecimos al mismo tiempo. La tormenta de hielo estalló a mi alrededor mientras las grietas devoraban el espacio entre nosotros. La cueva entera tembló bajo el impacto de ambos poderes y el primer choque entre la Reina del Hielo y el portador de las grietas hizo que el cielo se resquebrajara sobre sus cabezas
    ⚠️Sury vs Kael⚠️ Las grietas recorrían el aire mientras fragmentos de roca flotaban alrededor de la cueva. El hielo cubría lentamente el suelo a cada paso que daba, extendiéndose como una marea silenciosa bajo mis pies. Al otro lado de las fracturas violetas distinguía una silueta inmóvil suspendida entre los restos de una realidad que parecía incapaz de soportar su presencia. Durante unos segundos observé aquella figura sin decir nada. Había escuchado demasiadas historias sobre él. Algunas parecían exageradas. Otras directamente imposibles. Y aun así, después de todo lo que había visto en mi vida, ninguna sonaba tan absurda como debería. Sury: Así que eras tú… La nieve comenzó a girar a mi alrededor mientras pequeños cristales nacían junto a la hoja de mi espada. El frío se extendió por toda la cueva, cubriendo las paredes con una fina capa de escarcha. No sentía miedo. Tampoco rabia. Solo curiosidad. Quería ver con mis propios ojos si aquel monstruo era realmente tan aterrador como contaban. Sury: He escuchado bastante sobre ti. Las grietas vibraron lentamente. Kael: ¿Y qué es lo que cuentan? Una pequeña sonrisa apareció en mi rostro. El hielo siguió extendiéndose mientras las fracturas del aire respondían a la presión de ambos poderes. Sury: Curioso… siempre que escucho hablar de ti, la historia termina igual. Miles de cristales aparecieron detrás de mí. Sury: Una chica de cabello plateado. La temperatura descendió varios grados. Sury: Ojos azules. La escarcha cubrió completamente las paredes. Sury: Orejas puntiagudas. Las grietas permanecieron inmóviles durante un instante. Sury: Y una costumbre bastante molesta de intentar resolver sola problemas que claramente la superan. Solté una pequeña risa mientras apoyaba la espada sobre mi hombro. Sury: Sinceramente… empieza a preocuparme cuánto habla de ti. Por primera vez la figura al otro lado de las grietas pareció reaccionar. No por el hielo. No por la presión. Sino por aquellas palabras. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor mientras el aire volvía a agrietarse. Kael: Ya veo… La presión aumentó ligeramente. Kael: Así que has hablado con ella. Una nueva grieta atravesó la cueva de lado a lado. Kael: Debí imaginarlo. Las grietas avanzaron lentamente mientras la presión aumentaba por toda la cueva. Durante unos segundos el silencio regresó. Un silencio incómodo. El hielo continuó extendiéndose bajo mis pies mientras observaba la silueta suspendida entre las fracturas del aire. Kael: Entonces ya sabes cómo termina esta historia. Fragmentos de roca comenzaron a girar a su alrededor. Kael: No importa cuánto corra. Una nueva grieta atravesó el aire. Kael: No importa cuántos intenten protegerla. Las fracturas violetas se expandieron por las paredes. Kael: La sangre de su familia acabará pagando la deuda que dejaron atrás. El hielo crujió bajo mis pies. Kael: Y ella… La presión aumentó. Kael: Apenas puede protegerse a sí misma. Por primera vez mi sonrisa desapareció. La nieve dejó de girar. El frío descendió varios grados de golpe mientras observaba aquellas grietas durante unos segundos sin apartar la mirada. Sury: Eso es algo muy complicado para una niña. El silencio volvió a llenar la cueva. Sury: Apenas está comenzando su historia. Miles de cristales aparecieron detrás de mí. Sury: Apenas está aprendiendo quién quiere ser. La escarcha cubrió completamente el techo. Sury: Y sinceramente… El invierno absoluto despertó. Sury: Creo que ya tiene suficientes problemas sin que alguien de tu nivel siga intentando arrastrarla a los errores de generaciones anteriores. Las grietas vibraron. La nieve explotó a mi alrededor. Sury: Por eso estoy aquí. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. El hielo avanzaba. Las grietas respondían. Dos fuerzas completamente opuestas luchaban por dominar el mismo espacio mientras la cueva comenzaba a temblar bajo la presión de ambos. Entonces, por primera vez, Kael sonrió. La realidad volvió a fracturarse alrededor de su cuerpo y nuevas grietas recorrieron el aire como si el propio mundo estuviera cediendo ante su presencia. Kael: Entonces deja de hablar. Las fracturas avanzaron hacia mí devorando todo lo que encontraban a su paso. Kael: Ven y compruébalo. La nieve comenzó a arremolinarse violentamente a mi alrededor. Miles de cristales iluminaron la oscuridad de la cueva mientras llevaba lentamente la espada a una posición de combate. El invierno absoluto despertó por completo dentro de mí. La temperatura cayó en picado y la escarcha cubrió cada rincón de aquel lugar. Sury: Apenas está comenzando su historia. Los cristales flotaron alrededor de la hoja de mi espada mientras el hielo se extendía por las paredes. Sury: Y yo me aseguraré de que llegue a ver el siguiente capítulo. Las grietas vibraron. La nieve explotó. El frío descendió todavía más. Sury: Aunque tenga que derribar una grieta para conseguirlo. Durante un instante el propio mundo pareció contener la respiración. El hielo y las fracturas chocaban entre sí incluso antes de que nosotros nos moviéramos. Entonces desaparecimos al mismo tiempo. La tormenta de hielo estalló a mi alrededor mientras las grietas devoraban el espacio entre nosotros. La cueva entera tembló bajo el impacto de ambos poderes y el primer choque entre la Reina del Hielo y el portador de las grietas hizo que el cielo se resquebrajara sobre sus cabezas
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  • -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.-

    -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.-

    -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.-

    -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."-

    -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.-

    -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.-

    |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
    -Mucho antes de que los reinos mortales aprendieran a nombrar las estrellas, ya existía un lugar donde los horrores nacidos entre galaxias eran encerrados. No era una prisión construida por dioses ni por imperios. Era una herida abierta en el tejido de la realidad, suspendida entre dimensiones muertas y eclipses eternos. Allí, en el corazón de aquella necrópolis cósmica, permanecían cautivas entidades capaces de devorar mundos enteros con un pensamiento, criaturas cuyo simple despertar bastaría para borrar civilizaciones de la existencia.- -Aquel dominio era conocido como La Cárcel del Eclipse Eterno. Miles de cadenas forjadas con materia imposible sostenían inmensos receptáculos cristalinos donde descansaban seres que jamás debieron existir. Algunos habían nacido antes que el tiempo. Otros eran fragmentos conscientes del vacío primordial. Todos permanecían inmóviles bajo el resplandor enfermizo del gran eclipse que observaba desde lo alto como un ojo celestial condenado a nunca cerrarse.- -Y sobre todos ellos reinaba una única figura.- -"Vaelith Crimsom Lunae, el Rey del Eclipse Carmesí."- -Su título no era honorífico ni simbólico. Era una responsabilidad impuesta por fuerzas tan antiguas como la propia creación. Mientras los monarcas mortales gobernaban ciudades, ejércitos y naciones, Vaelith gobernaba el silencio entre las estrellas. Era el vigilante de los condenados, el guardián de los horrores cósmicos y el último muro que separaba al universo de aquello que aguardaba tras las cadenas.- -Desde la plataforma central de la prisión, observaba las gigantescas cámaras suspendidas en la oscuridad. Sus ojos rojizos recorrían cada celda, cada grieta, cada vibración anómala de los sellos ancestrales. Sabía que muchas de aquellas criaturas llevaban incontables eras intentando escapar. Algunas susurraban promesas de poder. Otras maldiciones. Otras simplemente aguardaban pacientemente el inevitable desgaste del tiempo.- |No es posible ingresar a este lugar, sin el Permiso de Vaelith.|
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  • -La lluvia negra caia sobre las torres infinitas del reino del Eclipse Carmesi, resbalando por los muros de obsidiana y perdiendose en abismos de luz roja. Vaelith avanzaba entre las ruinas silenciosas de aquella prision cosmica, su capa oscura arrastrandose sobre la piedra mientras sus ojos rojizos seguian el rastro de una presencia molesta. No gobernaba un reino de subditos ni ciudadanos. Gobernaba una Jaula y aquella noche, una de sus peores criaturas habia roto sus cadenas, La entidad se movia entre dimensiones desgarradas como una sombra viva. Su mera existencia devoraba leyes naturales, dejando tras de si fragmentos de universos muertos. Si lograba escapar, incontables realidades desaparecerian antes de que sus habitantes comprendieran lo que ocurria-

    -Vaelith observo como el monstruo rasgaba el cielo del Eclipse, intentando abrir una grieta hacia mundos desconocidos. Su expresion permanecio serena, aunque la oscuridad alrededor comenzo a agitarse como un oceano enfurecido, El combate fue brutal y silencioso. Cada golpe de la criatura partia montañas enteras, mientras Vaelith respondia con corrientes de Eclipse Liquido y cadenas de vacio capaces de aprisionar estrellas moribundas. El choque de ambos distorsiono el horizonte, doblando la realidad sobre si misma. Durante un Instante, el monstruo logro alcanzar el portal que habia creado, extendiendo sus innumerables extremidades hacia la libertad-

    -Pero Vaelith aparecio frente a el antes de que pudiera cruzarlo. Con una sola mirada, sello la grieta dimensional y atraveso el corazon de la criatura con una lanza nacida de la oscuridad Carmesi. El rugido de la entidad se perdio en la eternidad mientras era arrastrada nuevamente a las profundidades de su prision. Cuando todo termino, El Rey del Eclipse Carmesi permanecio inmovil bajo la tormenta, observando el vacio en silencio. Nadie celebraria aquella victoria. Nadie conoceria su nombre. Y, sin embargo, otro universo habia sobrevivido una noche mas gracias a la soledad de su vigilancia-
    -La lluvia negra caia sobre las torres infinitas del reino del Eclipse Carmesi, resbalando por los muros de obsidiana y perdiendose en abismos de luz roja. Vaelith avanzaba entre las ruinas silenciosas de aquella prision cosmica, su capa oscura arrastrandose sobre la piedra mientras sus ojos rojizos seguian el rastro de una presencia molesta. No gobernaba un reino de subditos ni ciudadanos. Gobernaba una Jaula y aquella noche, una de sus peores criaturas habia roto sus cadenas, La entidad se movia entre dimensiones desgarradas como una sombra viva. Su mera existencia devoraba leyes naturales, dejando tras de si fragmentos de universos muertos. Si lograba escapar, incontables realidades desaparecerian antes de que sus habitantes comprendieran lo que ocurria- -Vaelith observo como el monstruo rasgaba el cielo del Eclipse, intentando abrir una grieta hacia mundos desconocidos. Su expresion permanecio serena, aunque la oscuridad alrededor comenzo a agitarse como un oceano enfurecido, El combate fue brutal y silencioso. Cada golpe de la criatura partia montañas enteras, mientras Vaelith respondia con corrientes de Eclipse Liquido y cadenas de vacio capaces de aprisionar estrellas moribundas. El choque de ambos distorsiono el horizonte, doblando la realidad sobre si misma. Durante un Instante, el monstruo logro alcanzar el portal que habia creado, extendiendo sus innumerables extremidades hacia la libertad- -Pero Vaelith aparecio frente a el antes de que pudiera cruzarlo. Con una sola mirada, sello la grieta dimensional y atraveso el corazon de la criatura con una lanza nacida de la oscuridad Carmesi. El rugido de la entidad se perdio en la eternidad mientras era arrastrada nuevamente a las profundidades de su prision. Cuando todo termino, El Rey del Eclipse Carmesi permanecio inmovil bajo la tormenta, observando el vacio en silencio. Nadie celebraria aquella victoria. Nadie conoceria su nombre. Y, sin embargo, otro universo habia sobrevivido una noche mas gracias a la soledad de su vigilancia-
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