• *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia.
    Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento.
    El mundo estaba en calma.
    Y, sin embargo, su mente era un caos.
    Había regresado.
    Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento.
    Sabía que algo faltaba.
    Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes.
    Lugares que había amado.
    Momentos que habían marcado su existencia.
    Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad.
    Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones.
    Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio.
    Cerró los ojos.
    Y entonces volvió a verlo.
    Una silueta.
    Borrosa.
    Distante.
    La sensación de una sonrisa.
    Una voz que no lograba comprender.
    Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños.
    Su pecho se oprimió.
    Era extraño.
    No recordaba un rostro.
    No recordaba un nombre.
    Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir.
    Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa.
    Abrió lentamente los ojos.*

    —¿Quién eres...?

    *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro.
    El viento nocturno fue la única respuesta.
    Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.*

    —¿Por qué sigo soñando contigo...?

    *Murmuró para sí mismo.
    Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón.
    Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él.
    Demasiado.
    Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente.
    Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
    ✨🌙 *La fría brisa nocturna acariciaba suavemente su cabello mientras permanecía de pie en el amplio balcón de su residencia. Aquella noche había decidido adoptar una apariencia más humana. Su figura alta descansaba contra la barandilla de piedra, envuelta por la luz plateada de la luna. Los ojos, normalmente llenos de curiosidad y vida, reflejaban ahora una profunda incertidumbre mientras observaban las incontables estrellas que adornaban el firmamento. El mundo estaba en calma. Y, sin embargo, su mente era un caos. Había regresado. Después de aquel largo sueño del que apenas conservaba recuerdos. Un sueño tan profundo que a veces le parecía una segunda muerte. Desde entonces, fragmentos de memorias aparecían y desaparecían sin previo aviso, como hojas arrastradas por el viento. Sabía que algo faltaba. Sabía que había personas que alguna vez fueron importantes. Lugares que había amado. Momentos que habían marcado su existencia. Pero todo se encontraba cubierto por una espesa neblina que le impedía ver con claridad. Apoyó los brazos sobre la barandilla y elevó la mirada hacia las constelaciones. Normalmente, las estrellas le resultaban familiares. Eran compañeras eternas que siempre parecían susurrarle secretos del universo. Pero aquella noche incluso ellas parecían guardar silencio. Cerró los ojos. Y entonces volvió a verlo. Una silueta. Borrosa. Distante. La sensación de una sonrisa. Una voz que no lograba comprender. Una presencia que aparecía una y otra vez en sus sueños. Su pecho se oprimió. Era extraño. No recordaba un rostro. No recordaba un nombre. Pero sí recordaba cómo aquella persona lo hacía sentir. Una mezcla de seguridad, afecto y añoranza tan intensa que resultaba dolorosa. Abrió lentamente los ojos.* —¿Quién eres...? *La pregunta escapó de sus labios casi en un susurro. El viento nocturno fue la única respuesta. Stolas observó el cielo durante largos segundos, buscando algo entre las estrellas que pudiera devolverle aquello que había perdido.* —¿Por qué sigo soñando contigo...? *Murmuró para sí mismo. Sus dedos se cerraron suavemente sobre la piedra del balcón. Por alguna razón, estaba convencido de que aquella persona había significado mucho para él. Demasiado. Y aunque su memoria se negara a mostrarle el rostro que buscaba, su corazón parecía recordarlo perfectamente. Por eso continuó allí, bajo la luz de la luna, contemplando las constelaciones con una melancólica expresión, esperando que algún día aquellos recuerdos borrosos dejaran de ser simples sombras y finalmente revelaran la verdad que había olvidado.*
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  • La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles.

    Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores.

    El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos.

    Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro.

    ●Los rumores eran ciertos.

    Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
    La cueva se extendía hacia las profundidades de la montaña como una herida abierta en la roca. El aire era frío y húmedo, cargado con un extraño resplandor que no provenía de ninguna fuente conocida. Cada paso del joven cura resonaba entre las paredes de piedra, mientras avanzaba sosteniendo una lumbre que proyectaba sombras danzantes sobre los túneles. Entonces el pasadizo se abrió de repente. Ante él apareció una inmensa cámara natural repleta de cristales imposibles. Gigantescas formaciones de colores brillaban desde el suelo, las paredes y el techo. Algunos despedían destellos azules como fragmentos de cielo atrapados bajo tierra; otros relucían con tonos púrpura, esmeralda, dorado y carmesí. La luz parecía fluir en su interior como si estuvieran vivos, iluminando la cueva con reflejos irreales que convertían la roca en un mar de colores. El joven cura permaneció inmóvil durante unos segundos, observando maravillado aquel espectáculo que desafiaba toda lógica. La llama de su antorcha parecía insignificante frente al brillo de aquellos minerales desconocidos. Sus ojos recorrieron la inmensa gruta mientras una leve sonrisa aparecía en su rostro. ●Los rumores eran ciertos. Su voz se perdió entre los ecos cristalinos de la caverna, como si las profundidades mismas respondieran a su descubrimiento.
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  • La plaza del pueblo estaba sumida en el caos.

    Fragmentos de piedra rodaban por el suelo entre una nube de polvo gris. La enorme estatua que representaba a Dios, venerada durante generaciones, yacía destruida a los pies de la iglesia. El sonido del último golpe aún resonaba en el aire cuando el joven cura dejó caer el pesado martillo y observó los restos con expresión severa.

    A su alrededor, los habitantes del pueblo gritaban indignados. Algunos lloraban. Otros apretaban los puños, exigiendo explicaciones. Para ellos, aquella figura era sagrada; el corazón mismo de su fe.

    -¡Blasfemo!

    Gritó un anciano.

    -¡Has destruido la imagen del Señor!

    -¡Deberían expulsarte!

    El sacerdote levantó la mirada hacia la multitud. Su sotana estaba cubierta de polvo y pequeñas heridas marcaban sus manos por el esfuerzo. Sin embargo, no había duda ni miedo en sus ojos. Cuando los gritos comenzaron a apagarse, habló con voz firme:

    ●¿La imagen del Señor?

    Se inclinó y tomó uno de los fragmentos de piedra caídos.

    ●Esto es piedra.

    Lo dejó caer nuevamente.

    ●Nada más.

    El silencio empezó a extenderse entre la multitud.

    ●Habéis olvidado las mismas enseñanzas que decís defender.

    Entonces recitó con fuerza, como si estuviera pronunciando una sentencia:

    ●«Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto».

    Muchos bajaron la vista.

    El cura señaló los restos de la estatua.

    ●¿Quién la hizo? Un hombre.

    Señaló los fragmentos dispersos.

    ●¿Quién la rompió? Otro hombre.

    Después llevó una mano a su pecho.

    ●¿Y acaso Dios cambió por ello?

    Nadie respondió.

    ●Dios no necesita estatuas. No necesita pinturas. No necesita que el hombre le dé una forma para existir. Él no es como los dioses paganos nacidos de la piedra, del metal o de la madera. Porque ÉL es Dios.

    El viento atravesó la plaza mientras las palabras resonaban entre las casas.

    ●Vosotros os arrodillabais ante una obra humana y olvidasteis aquello que representaba. Protegíais la imagen, pero descuidabais las enseñanzas. Defendíais la piedra con más fervor que la misericordia, la justicia y la verdad.

    Uno a uno, los rostros furiosos comenzaron a transformarse en expresiones de duda.

    El cura extendió los brazos hacia la multitud.

    ●Ahora responded como ordena la Escritura.

    Su voz retumbó en la plaza.

    ●«Y todo el pueblo responderá, y dirá: Amén».

    Durante unos segundos nadie habló.

    Entonces una anciana inclinó la cabeza.

    -Amén...

    Otro la siguió.

    -Amén.

    Y poco a poco, como una ola que recorría la plaza, las voces comenzaron a unirse.

    -Amén.

    -Amén.

    -Amén.

    Mientras el eco de aquella palabra llenaba el pueblo, el joven sacerdote permaneció inmóvil frente a los restos de la estatua, sin celebrar su victoria. Porque para él no había destruido una imagen de Dios.

    ●Te Deum laudamus

    Había destruido un ídolo.
    La plaza del pueblo estaba sumida en el caos. Fragmentos de piedra rodaban por el suelo entre una nube de polvo gris. La enorme estatua que representaba a Dios, venerada durante generaciones, yacía destruida a los pies de la iglesia. El sonido del último golpe aún resonaba en el aire cuando el joven cura dejó caer el pesado martillo y observó los restos con expresión severa. A su alrededor, los habitantes del pueblo gritaban indignados. Algunos lloraban. Otros apretaban los puños, exigiendo explicaciones. Para ellos, aquella figura era sagrada; el corazón mismo de su fe. -¡Blasfemo! Gritó un anciano. -¡Has destruido la imagen del Señor! -¡Deberían expulsarte! El sacerdote levantó la mirada hacia la multitud. Su sotana estaba cubierta de polvo y pequeñas heridas marcaban sus manos por el esfuerzo. Sin embargo, no había duda ni miedo en sus ojos. Cuando los gritos comenzaron a apagarse, habló con voz firme: ●¿La imagen del Señor? Se inclinó y tomó uno de los fragmentos de piedra caídos. ●Esto es piedra. Lo dejó caer nuevamente. ●Nada más. El silencio empezó a extenderse entre la multitud. ●Habéis olvidado las mismas enseñanzas que decís defender. Entonces recitó con fuerza, como si estuviera pronunciando una sentencia: ●«Maldito el hombre que haga ídolo o imagen de fundición, abominación al Señor, obra de las manos del artífice, y la erige en secreto». Muchos bajaron la vista. El cura señaló los restos de la estatua. ●¿Quién la hizo? Un hombre. Señaló los fragmentos dispersos. ●¿Quién la rompió? Otro hombre. Después llevó una mano a su pecho. ●¿Y acaso Dios cambió por ello? Nadie respondió. ●Dios no necesita estatuas. No necesita pinturas. No necesita que el hombre le dé una forma para existir. Él no es como los dioses paganos nacidos de la piedra, del metal o de la madera. Porque ÉL es Dios. El viento atravesó la plaza mientras las palabras resonaban entre las casas. ●Vosotros os arrodillabais ante una obra humana y olvidasteis aquello que representaba. Protegíais la imagen, pero descuidabais las enseñanzas. Defendíais la piedra con más fervor que la misericordia, la justicia y la verdad. Uno a uno, los rostros furiosos comenzaron a transformarse en expresiones de duda. El cura extendió los brazos hacia la multitud. ●Ahora responded como ordena la Escritura. Su voz retumbó en la plaza. ●«Y todo el pueblo responderá, y dirá: Amén». Durante unos segundos nadie habló. Entonces una anciana inclinó la cabeza. -Amén... Otro la siguió. -Amén. Y poco a poco, como una ola que recorría la plaza, las voces comenzaron a unirse. -Amén. -Amén. -Amén. Mientras el eco de aquella palabra llenaba el pueblo, el joven sacerdote permaneció inmóvil frente a los restos de la estatua, sin celebrar su victoria. Porque para él no había destruido una imagen de Dios. ●Te Deum laudamus Había destruido un ídolo.
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  • El centinela.
    Fandom Las crónicas de Fenrir
    Categoría Acción
    https://ficrol.com/posts/380841

    El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes.

    Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones.

    Decían que los dioses protegían Eredh-Khal.

    Mentira.

    Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo.

    Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres.

    Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones.

    Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes…

    Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final.

    El cielo rugía.

    Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales.

    La invasión había comenzado.

    Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos.

    Y en medio del caos…

    Algo despertó.

    Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido.

    Entonces el Centinela abrió los ojos.

    La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales.

    Cada paso hacía temblar ciudades enteras.

    En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial.

    En la otra…
    un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes.

    La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero.

    —Entidad invasora detectada.
    Activando protocolo de purificación.—

    Y entonces…

    Alguien comenzó a reír.

    No una risa humana.

    Algo más oscuro.
    Más arrogante.

    Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría.

    De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego.

    Cuernos oscuros.
    Cabello agitado por el viento.
    Ojos brillando como brasas infernales.

    La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido.

    Zagreo.

    La mano derecha de Veythra.

    El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal.

    Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos.

    —¿Todo esto…—

    Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva.

    —…solo para recibirme a mí?—

    El Centinela alzó la lanza.

    Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente.

    Y el cielo entero explotó en luz.
    https://ficrol.com/posts/380841 El planeta de Eredh-Khal llevaba siglos pudriéndose lentamente bajo el peso de sus propios gobernantes. Las ciudades brillaban desde el cielo como joyas suspendidas entre montañas y océanos dorados, pero bajo aquella belleza artificial se escondía un mundo construido sobre hambre, miedo y obediencia. Las grandes familias soberanas habían convertido la fe en una cadena. Los templos controlaban el alimento. Los nobles controlaban el agua. Y los ciudadanos sobrevivían trabajando hasta la muerte para mantener encendida una civilización que ya no pertenecía al pueblo desde hacía generaciones. Decían que los dioses protegían Eredh-Khal. Mentira. Los dioses habían muerto hacía mucho tiempo. Lo único que quedaba eran hombres ricos usando sus nombres. Mientras barrios enteros caían en la miseria, los soberanos desviaban recursos imposibles hacia un único proyecto: crear el Centinela Absoluto. Un arma sagrada capaz de resistir cualquier invasión. Un guardián bendecido por reliquias antiguas y alimentado con la fe de millones. Y cuando las naves negras aparecieron atravesando las nubes… Comprendieron demasiado tarde que habían construido un dios únicamente para retrasar el final. El cielo rugía. Las estructuras imperiales de Nexus Concordia cubrían continentes enteros proyectando sombras gigantescas sobre mares y ciudades. Sirenas de evacuación resonaban entre los templos mientras miles de ciudadanos observaban aterrados cómo las nubes comenzaban a abrirse lentamente por la presión de los motores celestiales. La invasión había comenzado. Columnas de luz descendían desde las naves impactando contra fortalezas, puertos y centros políticos. Los soldados de Concordia avanzaban entre fuego y ceniza como una marea imposible de detener. Perfectamente sincronizados. Silenciosos. Hermosos. Y en medio del caos… Algo despertó. Las montañas sagradas de Eredh-Khal comenzaron a temblar violentamente mientras enormes círculos dorados aparecían sobre el cielo. Campanas antiguas resonaron por todo el continente y una presión divina recorrió la atmósfera como un latido. Entonces el Centinela abrió los ojos. La colosal figura emergió lentamente desde el corazón del templo principal envuelta en luz blanca y fragmentos de roca flotante. Medía cientos de metros de altura. Su cuerpo estaba cubierto de armaduras ceremoniales grabadas con escrituras sagradas y múltiples anillos luminosos giraban lentamente detrás de su espalda como pequeños soles artificiales. Cada paso hacía temblar ciudades enteras. En una de sus manos apareció una gigantesca lanza de energía celestial. En la otra… un círculo mágico tan enorme que cubrió las nubes. La voz del Centinela descendió sobre el planeta entero. —Entidad invasora detectada. Activando protocolo de purificación.— Y entonces… Alguien comenzó a reír. No una risa humana. Algo más oscuro. Más arrogante. Una grieta roja atravesó el cielo sobre las ruinas de la capital mientras llamas negras comenzaban a derramarse lentamente hacia el vacío. Varias explosiones sacudieron el aire y decenas de soldados sagrados fueron despedidos violentamente antes siquiera de comprender qué ocurría. De la grieta emergió una figura caminando tranquilamente entre el fuego. Cuernos oscuros. Cabello agitado por el viento. Ojos brillando como brasas infernales. La presión demoníaca hizo crujir las estructuras cercanas apenas puso un pie sobre el suelo destruido. Zagreo. La mano derecha de Veythra. El semidiós nacido entre lo celestial y lo abismal. Levantó lentamente la mirada hacia el gigantesco Centinela que dominaba el horizonte… y sonrió mostrando los colmillos. —¿Todo esto…— Las llamas comenzaron a girar alrededor suyo como una tormenta viva. —…solo para recibirme a mí?— El Centinela alzó la lanza. Los anillos sagrados detrás de su espalda comenzaron a iluminarse violentamente. Y el cielo entero explotó en luz.
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  • "La primera marcha."
    Fandom Roleplay Literario.
    Categoría Acción
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento-

    -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo-

    -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.-

    -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.-

    -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion-

    -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa-

    -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar-

    -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad-

    -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.-

    -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden-

    "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!"

    -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
    -La ciudad latia con la fuerza de miles de vidas al mismo tiempo. Las avenidas rebosaban movimiento, peatones cruzando entre semaforos, ejecutivos saliendo de edificios de cristal con el telefono aun en la mano, vendedores ambulantes llamando clientes desde las esquinas, cafeterias llenas de voces mezcladas con el aroma a cafe recien hecho, tiendas abiertas iluminando las veredas con escaparates brillantes. El sonido de motores, bocinas, conversaciones y musica urbana se elevaba entre las fachadas de los grandes edificios. Todo avanzaba como siempre. Como cualquier otro dia, Nadie imaginaba que, bajo sus propios pies, algo antiguo aguardaba su momento- -La primera señal fue leve, un temblor casi imperceptible que hizo vibrar los vidrios de los edificios y mover apenas el agua dentro de los vasos sobre las mesas. Algunos se detuvieron por un segundo. Otros levantaron la vista confundidos. Pensaron en una explosion lejana. Un accidente. Una obra subterranea. Nada mas, pero el suelo volvio a estremecerse... esta vez.. con violencia. El Asfalto crujio como si se quebrara desde sus entrañas. Grietas enormes comenzaron a abrirse a lo largo de la avenida principal, extendiendose entre autos detenidos, semaforos y veredas. El concreto exploto hacia arriba levantando polvo, piedras y fragmentos de pavimento mientras los vehiculos eran empujados hacia los costados y las alarmas empezaban a sonar una tras otra. el Panico se propago mas rapido que el ruido. La gente corrio sin entender que estaba ocurriendo- -Desde el centro de aquella ruptura emergieron dos estructuras imposibles. Colosales, dos puertas lapidales se elevaron desde las profundidades como si el mundo las hubiera ocultado durante siglos y finalmente hubiera decidido devolverlas a la superficie. Eran gigantescas, tan altas que parecian tocar los primeros pisos de los edificios cercanos. Oscuras, erosionadas, cubiertas por simbolos tallados que nadie podia comprender. Sus relieves mostraban criaturas deformes, escenas de guerra, montañas de cadaveres y figuras antiguas consumidas por el Tiempo. La Piedra parecia viva, como si respirara bajo el polvo. Como si hubiera despertado por fin.- -La Multitud quedo paralizada entre el miedo y la fascinacion, algunos grababan con sus telefonos desde la distancia. Otros gritaban buscando escapar. Muchos simplemente observaban, incapaces de comprender lo que tenian delante. Entonces aquellas puertas comenzaron a abrirse....Lentamente. Con un sonido grave y monstruoso, a medida que se separaban, una oscuridad absoluta aparecio detras de ellas. No habia Luz. No habia Fondo, Solo un vacio profundo, inmovil.. como una herida abierta hacia otro mundo, y de aquella oscuridad... comenzaron a salir.- -Primero fueron pequeñas figuras corriendo entre el humo, decenas, luego cientos.. Goblins encorvados y deformes invadieron la calle chillando como animales salvaje, trepando vehiculos volcados, saltando sobre techos y rompiendo escaparates con garras sucias y dientes afilados. Detras de estos molestos goblins, llegaron los Orcos. Masivos, Brutales, armados con acero enegrecido, hachas desproporcionadas y martillos de guerra manchados por antiguas batallas. Sus pasos hacian vibrar el suelo mientras avanzaban destruyendo todo a su alrededor, masacrando a los pobres ilusos que no comprendian el peligro en el que se encontraban, sangre y viseras, miedo y horror. Ghouls arrastrandose entre cuerpos caidos como bestias hambrientas, Vampiros moviendose entre el humo y las sombras con velocidad imposible. Demonios de cuernos inmensos, piel ennegrecida y ojos encendidos como brasas descendiendo sobre la ciudad con una calma aterradora. Una marea de criaturas nacidas de pesadillas comenzo a extenderse por las calles, devorando el centro urbano bajo sangre, fuego y desesperacion- -Los gritos llenaron la avenida, las vidrieras estallaban, los autos chocaban intentando escapar. las sirenas comenzaron a sonar desde todas direcciones. El humo subio cubriendo las alturas mientras las luces de la ciudad se mesclaban con incendios nacidos en cada esquina. El concreto moderno se convirtio en un campo de guerra, lo cotidiano desaparecio en segundos. Solo quedo Terror, pero entonces la horda se detuvo. Como Obedeciendo una orden Silenciosa- -Los goblins retrocedieron hacia los costados, los Orcos clavaron sus armas contra el suelo, los Demonios inclinaron la Cabeza,Grandes Wyverns sobrevolaban los cielos, derribando helicopteros y aviones que pasaban cerca de las puertas, Los Vampiros se deslizaron hacia la penumbra dejando el centro despejado. Todas aquellas criaturas abrieron un camino inmenso desde las puertas hasta el corazon de la avenida destruida. Un corredor de ruina y Humo, una clara bienvenida, Porque alguien mas estaba por llegar- -Desde el interior del Portal resono una respiracion monstruosa. Pesada, profunda.. Despues un rugido que atraveso la ciudad como una onda de choque, haciendo vibrar ventanas a kilometros de distancia. Luego el sonido de Garras contra Piedra, Pezuñas golpeando el suelo y finalmente la silueta aparecio entre la oscuridad- -Una Gigantesca Quimera cruzo las puertas envuelta en Humo Negro, Era una Bestia imposible, una bestia mitica de cuentos de hadas, su cuerpo mezclaba musculos salvajes, garras enormes, cuernos retorcidos y colmillos capaces de partir acero. Sus ojos brillaban como fuego vivo. Cada Paso destruia el asfalto bajo sus patas mientras avanzaba hacia la avenida principal dejando marcas profundas en la ciudad, y sobre ella.. Venia el. Vharkhul Braknak, El ogro.- -Desde lo Alto de su quimera contemplo humanos corriendo entre vehiculos abandonados, edificios ardiendo, criaturas extendiendose por las calles como una enfermedad viva.. y en medio de todo ello permanecio inmovil, como un Rey entrando en su reino, como una calamidad antigua regresando a un mundo que lo habia olvidado, la invasion habia comenzado, ese mundo seria suyo, el ogro extendio su brazo en el aire y dijo como un Orden- "ARRASEN CON TODA LA VIDA EN ESTE MUNDO! NO SE DETENGAN! NO RETROCEDAN! CONQUISTEN! DESTRUYAN! DEBOREN!" -Y asi, todos esas criaturas que habian guardado silencio, comenzaron a gritar al unisono el nombre de su rey, Vharkhul Braknak, para luego comenzaron la invasion-
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  • EL PRIMER ENCUENTRO.

    La ciudad estaba extrañamente silenciosa, no un silencio tranquilo sino uno incómodo y pesado, como si algo hubiese roto el sonido mismo. Las grietas recorrían edificios enteros y algunas permanecían suspendidas en el aire como fracturas invisibles, mientras bajo mis pies el suelo vibraba apenas, suave pero constante. Caminé lentamente entre las ruinas intentando encontrar el origen de aquella sensación hasta que finalmente lo vi, un chico sentado sobre restos de piedra como si todo aquel desastre no significara nada para él. Cabello blanco corto, ojos rojos intensos y una expresión imposible de leer. Entonces levantó la mirada y al verme se quedó completamente inmóvil, como si hubiese esperado ese momento durante años.

    —…—

    Simplemente me observó en silencio esperando algo de mí, alguna reacción, algún gesto… pero yo no entendía nada. Fruncí ligeramente el ceño al sentir aquella presión extraña en el pecho, porque aunque estaba segura de no conocerlo… algo dentro de mí se sentía incómodo, como un recuerdo demasiado lejano intentando salir a la superficie. El chico terminó poniéndose de pie lentamente sin apartar la mirada de mí ni un segundo y pequeñas grietas comenzaron a extenderse bajo sus pies.

    —Claro…—

    Su voz salió baja, casi rota.

    —…ni siquiera me recuerdas.—

    Di un pequeño paso atrás confundida observando cómo el aire empezaba a vibrar alrededor de él.

    —¿Nos conocemos…?—

    El silencio duró apenas un segundo.

    Y entonces el suelo explotó violentamente.

    Las fracturas atravesaron la calle mientras algo deformaba el entorno como si el mundo estuviera quebrándose desde dentro. Apenas alcancé a levantar una barrera azulada antes de que restos de piedra y cristal salieran despedidos hacia mí. La presión era absurda, cada vibración hacía temblar el aire y las paredes cercanas comenzaban a romperse lentamente.

    Él empezó a caminar hacia mí sin detenerse, cada paso dejando nuevas grietas detrás suyo mientras aquella presión seguía aumentando.

    —¿Sabes qué quedó de mi hogar…?—

    Otra fractura atravesó el aire cerca de mi rostro obligándome a retroceder.

    —¿Sabes cuántos murieron mientras tú seguías viviendo tranquila?—

    Seguía sin entender de qué estaba hablando y, por alguna razón, mi expresión confundida pareció hacerlo enfurecer todavía más. Intenté mantener mis barreras mientras runas azuladas aparecían alrededor de mis manos para contener las ondas de choque, pero él peleaba de forma agresiva, descontrolada, como alguien que llevaba demasiado tiempo guardando dolor dentro.

    —No entiendo qué estás diciendo…—

    Hablé finalmente mientras bloqueaba otra onda que hizo crujir el suelo bajo mis pies.

    —…yo ni siquiera sé quién eres.—

    Por un instante el ambiente entero pareció congelarse.

    Su expresión cambió apenas, como si esas palabras terminaran de romper algo dentro de él. La presión aumentó todavía más y varias fracturas oscuras aparecieron suspendidas detrás de su espalda.

    —Claro… tú pudiste olvidarlo.—

    Durante uno de los impactos conseguí acercarme lo suficiente para verlo realmente de cerca y entonces algo dentro de mí se estremeció. No fue su rostro… fueron sus ojos. Por un instante una imagen apareció en mi mente como un recuerdo roto, una cueva oscura, sangre, una manta desgarrada y una voz infantil diciendo “…sigues vivo.” El recuerdo desapareció tan rápido como llegó, pero él notó perfectamente el cambio en mi expresión.

    [imegen1]

    La presión aumentó de golpe, no como una explosión sino como si el propio aire empezara a colapsar alrededor de mí. Las grietas negras detrás de Kael Vireon comenzaron a expandirse lentamente por los edificios cercanos mientras pequeños fragmentos de piedra se elevaban del suelo vibrando de forma antinatural. Apenas podía mantenerme en pie, sentía el cuerpo pesado, como si algo invisible estuviera aplastando todo a mi alrededor. Mis runas azuladas giraban cada vez más rápido frente a mí iluminando las ruinas con pequeños destellos celestes, pero incluso así podía escuchar cómo la barrera empezaba a resquebrajarse bajo aquella presión absurda. Él siguió avanzando lentamente entre el caos, paso tras paso, y con cada movimiento suyo nuevas fracturas aparecían en el suelo, en las paredes… incluso en el aire.

    —Porque tú pudiste seguir adelante…—

    Su voz salió baja… fría… pero rota al mismo tiempo.

    —…mientras yo me quedé atrapado ahí.—

    Entonces levantó la mano lentamente hacia mí.

    Y todo explotó.

    Una onda sísmica invisible atravesó la calle destruyendo absolutamente todo a su paso. Las ventanas estallaron, el pavimento se partió violentamente y mi barrera azulada tembló de inmediato bajo aquella fuerza monstruosa. Sentí el impacto recorrerme los brazos enteros hasta los hombros mientras intentaba sostener la defensa con ambas manos. Mis pies se deslizaron varios metros hacia atrás dejando marcas profundas en el suelo roto y las runas comenzaron a fallar una tras otra mientras pequeñas grietas aparecían sobre la barrera luminosa.

    —¡gh…!—

    Apreté los dientes intentando mantenerme firme mientras el suelo seguía hundiéndose bajo mis pies. Apenas podía respirar, era como intentar detener un desastre natural con las manos desnudas. El cabello plateado se agitaba violentamente alrededor mío por la presión de aquellas vibraciones mientras fragmentos de edificios enteros empezaban a caer alrededor. Kael seguía caminando hacia mí completamente tranquilo, como si el caos no pudiera tocarlo, y aquellas fracturas oscuras detrás de él parecían abrirse cada vez más, como heridas en el propio mundo.

    —Defiéndete.—

    Otra onda impactó de frente contra mi barrera.

    Esta vez una de las runas explotó.

    Sentí un dolor agudo recorrerme el brazo mientras parte de la energía se dispersaba en todas direcciones iluminando la calle con destellos azulados. Caí de rodillas inmediatamente intentando mantener la defensa activa aunque mis manos ya estaban temblando por el esfuerzo. La presión seguía aumentando, tanto que incluso el suelo debajo de mí comenzaba lentamente a romperse en múltiples grietas.

    —…yo no quiero pelear contigo…—

    Por primera vez él se detuvo.

    Solo un instante.

    Sus ojos rojos me observaron fijamente mientras todo seguía destruyéndose alrededor y durante ese pequeño segundo… pareció dudar. Pero entonces algo cambió en su expresión, como si algún recuerdo hubiera vuelto a atravesarlo. Las llamas. Las ruinas. El ejército. Y aquella niña de blanco alejándose de aquel lugar. La presión regresó todavía peor que antes y las fracturas del aire comenzaron a acercarse lentamente hacia mí mientras mi barrera empezaba finalmente a romperse.

    —Pero yo sí necesito esto.—

    La siguiente onda hizo añicos varias de mis runas al instante.

    La barrera se llenó de grietas azuladas y sentí cómo parte de aquella fuerza lograba atravesarla golpeándome directamente. El impacto me lanzó hacia atrás entre los restos de piedra mientras todo mi cuerpo temblaba por el dolor. Apenas conseguí incorporarme apoyándome en una mano mientras respiraba agitadamente, viendo cómo Kael seguía acercándose entre las ruinas como si fuera el propio desastre caminando hacia mí.

    [imagen2]
    ⚠️⚠️EL PRIMER ENCUENTRO.⚠️⚠️ La ciudad estaba extrañamente silenciosa, no un silencio tranquilo sino uno incómodo y pesado, como si algo hubiese roto el sonido mismo. Las grietas recorrían edificios enteros y algunas permanecían suspendidas en el aire como fracturas invisibles, mientras bajo mis pies el suelo vibraba apenas, suave pero constante. Caminé lentamente entre las ruinas intentando encontrar el origen de aquella sensación hasta que finalmente lo vi, un chico sentado sobre restos de piedra como si todo aquel desastre no significara nada para él. Cabello blanco corto, ojos rojos intensos y una expresión imposible de leer. Entonces levantó la mirada y al verme se quedó completamente inmóvil, como si hubiese esperado ese momento durante años. —…— Simplemente me observó en silencio esperando algo de mí, alguna reacción, algún gesto… pero yo no entendía nada. Fruncí ligeramente el ceño al sentir aquella presión extraña en el pecho, porque aunque estaba segura de no conocerlo… algo dentro de mí se sentía incómodo, como un recuerdo demasiado lejano intentando salir a la superficie. El chico terminó poniéndose de pie lentamente sin apartar la mirada de mí ni un segundo y pequeñas grietas comenzaron a extenderse bajo sus pies. —Claro…— Su voz salió baja, casi rota. —…ni siquiera me recuerdas.— Di un pequeño paso atrás confundida observando cómo el aire empezaba a vibrar alrededor de él. —¿Nos conocemos…?— El silencio duró apenas un segundo. Y entonces el suelo explotó violentamente. Las fracturas atravesaron la calle mientras algo deformaba el entorno como si el mundo estuviera quebrándose desde dentro. Apenas alcancé a levantar una barrera azulada antes de que restos de piedra y cristal salieran despedidos hacia mí. La presión era absurda, cada vibración hacía temblar el aire y las paredes cercanas comenzaban a romperse lentamente. Él empezó a caminar hacia mí sin detenerse, cada paso dejando nuevas grietas detrás suyo mientras aquella presión seguía aumentando. —¿Sabes qué quedó de mi hogar…?— Otra fractura atravesó el aire cerca de mi rostro obligándome a retroceder. —¿Sabes cuántos murieron mientras tú seguías viviendo tranquila?— Seguía sin entender de qué estaba hablando y, por alguna razón, mi expresión confundida pareció hacerlo enfurecer todavía más. Intenté mantener mis barreras mientras runas azuladas aparecían alrededor de mis manos para contener las ondas de choque, pero él peleaba de forma agresiva, descontrolada, como alguien que llevaba demasiado tiempo guardando dolor dentro. —No entiendo qué estás diciendo…— Hablé finalmente mientras bloqueaba otra onda que hizo crujir el suelo bajo mis pies. —…yo ni siquiera sé quién eres.— Por un instante el ambiente entero pareció congelarse. Su expresión cambió apenas, como si esas palabras terminaran de romper algo dentro de él. La presión aumentó todavía más y varias fracturas oscuras aparecieron suspendidas detrás de su espalda. —Claro… tú pudiste olvidarlo.— Durante uno de los impactos conseguí acercarme lo suficiente para verlo realmente de cerca y entonces algo dentro de mí se estremeció. No fue su rostro… fueron sus ojos. Por un instante una imagen apareció en mi mente como un recuerdo roto, una cueva oscura, sangre, una manta desgarrada y una voz infantil diciendo “…sigues vivo.” El recuerdo desapareció tan rápido como llegó, pero él notó perfectamente el cambio en mi expresión. [imegen1] La presión aumentó de golpe, no como una explosión sino como si el propio aire empezara a colapsar alrededor de mí. Las grietas negras detrás de Kael Vireon comenzaron a expandirse lentamente por los edificios cercanos mientras pequeños fragmentos de piedra se elevaban del suelo vibrando de forma antinatural. Apenas podía mantenerme en pie, sentía el cuerpo pesado, como si algo invisible estuviera aplastando todo a mi alrededor. Mis runas azuladas giraban cada vez más rápido frente a mí iluminando las ruinas con pequeños destellos celestes, pero incluso así podía escuchar cómo la barrera empezaba a resquebrajarse bajo aquella presión absurda. Él siguió avanzando lentamente entre el caos, paso tras paso, y con cada movimiento suyo nuevas fracturas aparecían en el suelo, en las paredes… incluso en el aire. —Porque tú pudiste seguir adelante…— Su voz salió baja… fría… pero rota al mismo tiempo. —…mientras yo me quedé atrapado ahí.— Entonces levantó la mano lentamente hacia mí. Y todo explotó. Una onda sísmica invisible atravesó la calle destruyendo absolutamente todo a su paso. Las ventanas estallaron, el pavimento se partió violentamente y mi barrera azulada tembló de inmediato bajo aquella fuerza monstruosa. Sentí el impacto recorrerme los brazos enteros hasta los hombros mientras intentaba sostener la defensa con ambas manos. Mis pies se deslizaron varios metros hacia atrás dejando marcas profundas en el suelo roto y las runas comenzaron a fallar una tras otra mientras pequeñas grietas aparecían sobre la barrera luminosa. —¡gh…!— Apreté los dientes intentando mantenerme firme mientras el suelo seguía hundiéndose bajo mis pies. Apenas podía respirar, era como intentar detener un desastre natural con las manos desnudas. El cabello plateado se agitaba violentamente alrededor mío por la presión de aquellas vibraciones mientras fragmentos de edificios enteros empezaban a caer alrededor. Kael seguía caminando hacia mí completamente tranquilo, como si el caos no pudiera tocarlo, y aquellas fracturas oscuras detrás de él parecían abrirse cada vez más, como heridas en el propio mundo. —Defiéndete.— Otra onda impactó de frente contra mi barrera. Esta vez una de las runas explotó. Sentí un dolor agudo recorrerme el brazo mientras parte de la energía se dispersaba en todas direcciones iluminando la calle con destellos azulados. Caí de rodillas inmediatamente intentando mantener la defensa activa aunque mis manos ya estaban temblando por el esfuerzo. La presión seguía aumentando, tanto que incluso el suelo debajo de mí comenzaba lentamente a romperse en múltiples grietas. —…yo no quiero pelear contigo…— Por primera vez él se detuvo. Solo un instante. Sus ojos rojos me observaron fijamente mientras todo seguía destruyéndose alrededor y durante ese pequeño segundo… pareció dudar. Pero entonces algo cambió en su expresión, como si algún recuerdo hubiera vuelto a atravesarlo. Las llamas. Las ruinas. El ejército. Y aquella niña de blanco alejándose de aquel lugar. La presión regresó todavía peor que antes y las fracturas del aire comenzaron a acercarse lentamente hacia mí mientras mi barrera empezaba finalmente a romperse. —Pero yo sí necesito esto.— La siguiente onda hizo añicos varias de mis runas al instante. La barrera se llenó de grietas azuladas y sentí cómo parte de aquella fuerza lograba atravesarla golpeándome directamente. El impacto me lanzó hacia atrás entre los restos de piedra mientras todo mi cuerpo temblaba por el dolor. Apenas conseguí incorporarme apoyándome en una mano mientras respiraba agitadamente, viendo cómo Kael seguía acercándose entre las ruinas como si fuera el propio desastre caminando hacia mí. [imagen2]
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  • El día en el que dos almas hablaron..

    La lluvia caía tranquila aquella noche. No había combate, ni monstruos, ni mundos colapsando. Solo dos chicas sentadas bajo un pequeño techo de madera frente al mar, escuchando cómo el agua golpeaba lentamente las calles vacías mientras la ciudad brillaba a lo lejos.

    Fenrir mantenía ambas manos alrededor de una taza caliente, observando en silencio las pequeñas ondas formarse sobre los charcos. Sury estaba a su lado, cabello rosado y húmedo, sus puntas verde menta moviéndose con el viento… y aquella mirada serena que siempre parecía esconder un poco de tristeza.

    Fenrir: Te puedo hacer una pregunta…?—

    Murmuró Fenrir sin apartar la vista del cielo.

    Sury: Claro.—

    Fenrir: Te dolió…?—

    Sury parpadeó lentamente.

    Sury: Qué cosa?—

    Fenrir bajó un poco la mirada.

    Fenrir: Cuando dejó de usarte tanto.—

    El silencio apareció otra vez, no incómodo. Solo… delicado. Sury apoyó la espalda contra la pared de madera mientras observaba la lluvia.

    Sury: Al principio sí.—

    Respondió finalmente y fenrir giró apenas el rostro hacia ella, pero sury sonrió un poco. No era una sonrisa rota… era más bien una sonrisa nostálgica.

    Sury: Fueron muchos años juntos.—

    La lluvia golpeó suavemente el techo.

    Sury: Ella me creó cuando necesitaba cariño… fuerza… alguien que siguiera sonriendo incluso después del dolor.—

    Sus ojos verdes se perdieron entre las luces de la ciudad.

    Sury: Vivimos demasiadas cosas juntas.—

    Fenrir escuchaba en silencio y sury soltó una pequeña risa baja.

    Sury: Peleas… historias… despedidas… recuerdos… incluso aprendí a sentir miedo cuando ella estaba mal.—

    Fenrir bajó la mirada. Porque entendía perfectamente a qué se refería…. Sury miró lentamente sus propias manos.

    Sury: un día simplemente dejó de venir tanto.—
    El viento movió suavemente su cabello.

    Sury: Las conversaciones se hicieron más cortas… luego menos frecuentes… y después apareciste tú.—

    Fenrir abrió ligeramente los ojos.

    Fenrir: Nunca me tuviste resentimiento…?—

    La pregunta salió insegura… casi culpable. Sury la miró unos segundos… y después soltó una pequeña risa cálida.

    Sury: tú naciste porque ella necesitaba algo diferente… algo que indicara un nuevo comienzo.—

    La elfa permaneció callada… opaca y sury levantó la mirada hacia el cielo oscuro.

    Sury: A veces las personas cambian. Maduran. Sus heridas cambian. Lo que necesitan también.—

    La lluvia seguía cayendo lentamente detrás de ellas.

    Sury: Ella pasó muchos años conmigo.—

    Su voz bajó apenas.

    Sury: Y creo… que llegó un punto donde necesitaba alguien que pudiera continuar un camino distinto al mío.—

    Fenrir apretó un poco la taza caliente entre las manos.

    Fenrir: Yo siento que le robé tu lugar.—

    Sury negó lentamente con la cabeza.

    Sury: No existe eso entre nosotras.—

    Fenrir levantó la vista… los ojos verdes de Sury brillaban tenuemente bajo la lluvia.

    Sury: Tú no me reemplazaste.—

    Hizo una pequeña pausa.

    Sury: Simplemente llegaste cuando ella más te necesitaba, tratar de ser parte de una familia como la que tiene ahora… y conmigo eso no podía.. porque al ser el eco de una vida pasado no tengo eso que tienes tú ahora mismo...—

    Fenrir sintió un pequeño nudo en el pecho.
    Sury sonrió otra vez, esta vez más suave más sincera.

    Sury: Además… yo ya había vivido muchísimo a su lado.—

    Miró la lluvia caer frente al mar.

    Sury: Tú fuiste un nuevo comienzo para ella.—

    Fenrir permaneció en silencio varios segundos antes de hablar.

    Fenrir: Pero aún te sigue queriendo mucho.—

    Sury soltó una pequeña risa.

    Sury: Lo sé.—

    Fenrir: Entonces por qué a veces siento que te mira con culpa…?—

    Aquella pregunta hizo que Sury se quedara callada unos segundos. Después bajó lentamente la mirada.

    Fenrir: Porque ella tiene miedo de haberte abandonado.—

    El viento sopló entre ambas.

    Sury: Pero crear personajes nunca fue abandonar.—

    Fenrir escuchó atentamente.

    Sury: Nosotras existimos porque ella necesitó algo en algún momento de su vida.—

    Sury apoyó suavemente una mano sobre su pecho.

    Sury: Yo fui su refugio durante años.—

    Luego miró a Fenrir.

    Sury: Y tú apareciste cuando necesitaba una familia.—

    Los ojos azules de Fenrir temblaron ligeramente, sury sonrió con nostalgia.

    Sury: Sabes? A veces todavía la escucho escribir mi nombre en voz baja.—

    Fenrir sonrió apenas.

    Fenrir: En serio?—

    Sury: Mhm.—

    Sury miró la lluvia caer frente a ellas.

    Sury: Y cada vez que lo hace… siento que sigo viva dentro de ella aunque ya no sea como antes.—

    El silencio volvió una vez más… pero esta vez era cálido. Como si ambas finalmente entendieran algo importante… Fenrir terminó apoyando lentamente la cabeza sobre el hombro de Sury.

    Fenrir: Supongo que ambas somos partes distintas de la misma persona…—

    Murmuró, sury cerró lentamente los ojos.

    Sury: Sí.—

    La lluvia continuó cayendo sobre la ciudad iluminada.

    Sury: Tú representas lo que ella quiere proteger ahora.—

    Fenrir cerró los ojos lentamente.

    Fenrir: Y tú?—

    Sury sonrió. Una sonrisa pequeña… tranquila… casi eterna.

    Sury: Yo represento todo lo que la ayudó a llegar hasta aquí.—

    Fenrir permaneció callada unos segundos más… hasta que algo pareció cruzar por su mente. Levantó lentamente la mirada.

    Fenrir: Entonces… Yrus…—

    Sury giró apenas el rostro hacia ella. Fenrir sonrió un poco por primera vez en toda la noche.

    Fenrir: Ella realmente nunca quiso alejarte del todo… verdad?—

    Los ojos verdes de Sury temblaron apenas. Fenrir soltó una pequeña risa suave mientras observaba la lluvia.

    Fenrir: Si lo piensas bien… “Yrus” al revés sigue siendo “Sury”.—

    El silencio cayó entre ambas. Pero esta vez fue distinto, más profundo, más cálido…. Sury bajó lentamente la mirada mientras una pequeña sonrisa nacía en su rostro… Una sonrisa sincera. Casi emocionada.

    Sury: Sí…—

    Murmuró muy bajito, Fenrir continuó hablando.

    Fenrir: Yrus tiene tus colores… rosa… verde menta… incluso esa sensación cálida que transmite cuando está cerca.—

    La lluvia resbaló lentamente por las mejillas de Sury.

    Fenrir: Supongo que nuestra user no sabía cómo dejarte ir por completo…—

    Sury soltó una pequeña risa quebrada.

    Sury: Creo que ni ella misma quería hacerlo.—

    Fenrir la observó en silencio y por primera vez… entendió algo importante. Sury nunca desapareció realmente. Solo cambió de forma. Se convirtió en recuerdos. En emociones.

    En pequeños fragmentos escondidos dentro de nuevas historias… Dentro de Yrus y dentro de Fenrir…. Dentro de todo aquello que la user creó después, Sury levantó lentamente la mirada hacia el cielo lluvioso.

    Sury: Tal vez… esa fue su forma de mantenerme cerca sin quedarse atrapada en el pasado.—

    Fenrir sonrió suavemente.

    Fenrir: Entonces no estás sola.—

    Sury negó lentamente con la cabeza. Y mientras la lluvia seguía cayendo sobre aquella ciudad nocturna… Por primera vez en mucho tiempo… Sury Sakai sintió que jamás había sido olvidada.
    💕El día en el que dos almas hablaron..💕 La lluvia caía tranquila aquella noche. No había combate, ni monstruos, ni mundos colapsando. Solo dos chicas sentadas bajo un pequeño techo de madera frente al mar, escuchando cómo el agua golpeaba lentamente las calles vacías mientras la ciudad brillaba a lo lejos. Fenrir mantenía ambas manos alrededor de una taza caliente, observando en silencio las pequeñas ondas formarse sobre los charcos. Sury estaba a su lado, cabello rosado y húmedo, sus puntas verde menta moviéndose con el viento… y aquella mirada serena que siempre parecía esconder un poco de tristeza. Fenrir: Te puedo hacer una pregunta…?— Murmuró Fenrir sin apartar la vista del cielo. Sury: Claro.— Fenrir: Te dolió…?— Sury parpadeó lentamente. Sury: Qué cosa?— Fenrir bajó un poco la mirada. Fenrir: Cuando dejó de usarte tanto.— El silencio apareció otra vez, no incómodo. Solo… delicado. Sury apoyó la espalda contra la pared de madera mientras observaba la lluvia. Sury: Al principio sí.— Respondió finalmente y fenrir giró apenas el rostro hacia ella, pero sury sonrió un poco. No era una sonrisa rota… era más bien una sonrisa nostálgica. Sury: Fueron muchos años juntos.— La lluvia golpeó suavemente el techo. Sury: Ella me creó cuando necesitaba cariño… fuerza… alguien que siguiera sonriendo incluso después del dolor.— Sus ojos verdes se perdieron entre las luces de la ciudad. Sury: Vivimos demasiadas cosas juntas.— Fenrir escuchaba en silencio y sury soltó una pequeña risa baja. Sury: Peleas… historias… despedidas… recuerdos… incluso aprendí a sentir miedo cuando ella estaba mal.— Fenrir bajó la mirada. Porque entendía perfectamente a qué se refería…. Sury miró lentamente sus propias manos. Sury: un día simplemente dejó de venir tanto.— El viento movió suavemente su cabello. Sury: Las conversaciones se hicieron más cortas… luego menos frecuentes… y después apareciste tú.— Fenrir abrió ligeramente los ojos. Fenrir: Nunca me tuviste resentimiento…?— La pregunta salió insegura… casi culpable. Sury la miró unos segundos… y después soltó una pequeña risa cálida. Sury: tú naciste porque ella necesitaba algo diferente… algo que indicara un nuevo comienzo.— La elfa permaneció callada… opaca y sury levantó la mirada hacia el cielo oscuro. Sury: A veces las personas cambian. Maduran. Sus heridas cambian. Lo que necesitan también.— La lluvia seguía cayendo lentamente detrás de ellas. Sury: Ella pasó muchos años conmigo.— Su voz bajó apenas. Sury: Y creo… que llegó un punto donde necesitaba alguien que pudiera continuar un camino distinto al mío.— Fenrir apretó un poco la taza caliente entre las manos. Fenrir: Yo siento que le robé tu lugar.— Sury negó lentamente con la cabeza. Sury: No existe eso entre nosotras.— Fenrir levantó la vista… los ojos verdes de Sury brillaban tenuemente bajo la lluvia. Sury: Tú no me reemplazaste.— Hizo una pequeña pausa. Sury: Simplemente llegaste cuando ella más te necesitaba, tratar de ser parte de una familia como la que tiene ahora… y conmigo eso no podía.. porque al ser el eco de una vida pasado no tengo eso que tienes tú ahora mismo...— Fenrir sintió un pequeño nudo en el pecho. Sury sonrió otra vez, esta vez más suave más sincera. Sury: Además… yo ya había vivido muchísimo a su lado.— Miró la lluvia caer frente al mar. Sury: Tú fuiste un nuevo comienzo para ella.— Fenrir permaneció en silencio varios segundos antes de hablar. Fenrir: Pero aún te sigue queriendo mucho.— Sury soltó una pequeña risa. Sury: Lo sé.— Fenrir: Entonces por qué a veces siento que te mira con culpa…?— Aquella pregunta hizo que Sury se quedara callada unos segundos. Después bajó lentamente la mirada. Fenrir: Porque ella tiene miedo de haberte abandonado.— El viento sopló entre ambas. Sury: Pero crear personajes nunca fue abandonar.— Fenrir escuchó atentamente. Sury: Nosotras existimos porque ella necesitó algo en algún momento de su vida.— Sury apoyó suavemente una mano sobre su pecho. Sury: Yo fui su refugio durante años.— Luego miró a Fenrir. Sury: Y tú apareciste cuando necesitaba una familia.— Los ojos azules de Fenrir temblaron ligeramente, sury sonrió con nostalgia. Sury: Sabes? A veces todavía la escucho escribir mi nombre en voz baja.— Fenrir sonrió apenas. Fenrir: En serio?— Sury: Mhm.— Sury miró la lluvia caer frente a ellas. Sury: Y cada vez que lo hace… siento que sigo viva dentro de ella aunque ya no sea como antes.— El silencio volvió una vez más… pero esta vez era cálido. Como si ambas finalmente entendieran algo importante… Fenrir terminó apoyando lentamente la cabeza sobre el hombro de Sury. Fenrir: Supongo que ambas somos partes distintas de la misma persona…— Murmuró, sury cerró lentamente los ojos. Sury: Sí.— La lluvia continuó cayendo sobre la ciudad iluminada. Sury: Tú representas lo que ella quiere proteger ahora.— Fenrir cerró los ojos lentamente. Fenrir: Y tú?— Sury sonrió. Una sonrisa pequeña… tranquila… casi eterna. Sury: Yo represento todo lo que la ayudó a llegar hasta aquí.— Fenrir permaneció callada unos segundos más… hasta que algo pareció cruzar por su mente. Levantó lentamente la mirada. Fenrir: Entonces… Yrus…— Sury giró apenas el rostro hacia ella. Fenrir sonrió un poco por primera vez en toda la noche. Fenrir: Ella realmente nunca quiso alejarte del todo… verdad?— Los ojos verdes de Sury temblaron apenas. Fenrir soltó una pequeña risa suave mientras observaba la lluvia. Fenrir: Si lo piensas bien… “Yrus” al revés sigue siendo “Sury”.— El silencio cayó entre ambas. Pero esta vez fue distinto, más profundo, más cálido…. Sury bajó lentamente la mirada mientras una pequeña sonrisa nacía en su rostro… Una sonrisa sincera. Casi emocionada. Sury: Sí…— Murmuró muy bajito, Fenrir continuó hablando. Fenrir: Yrus tiene tus colores… rosa… verde menta… incluso esa sensación cálida que transmite cuando está cerca.— La lluvia resbaló lentamente por las mejillas de Sury. Fenrir: Supongo que nuestra user no sabía cómo dejarte ir por completo…— Sury soltó una pequeña risa quebrada. Sury: Creo que ni ella misma quería hacerlo.— Fenrir la observó en silencio y por primera vez… entendió algo importante. Sury nunca desapareció realmente. Solo cambió de forma. Se convirtió en recuerdos. En emociones. En pequeños fragmentos escondidos dentro de nuevas historias… Dentro de Yrus y dentro de Fenrir…. Dentro de todo aquello que la user creó después, Sury levantó lentamente la mirada hacia el cielo lluvioso. Sury: Tal vez… esa fue su forma de mantenerme cerca sin quedarse atrapada en el pasado.— Fenrir sonrió suavemente. Fenrir: Entonces no estás sola.— Sury negó lentamente con la cabeza. Y mientras la lluvia seguía cayendo sobre aquella ciudad nocturna… Por primera vez en mucho tiempo… Sury Sakai sintió que jamás había sido olvidada.
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  • La noche olía a humedad y metal oxidado. No quedaba nada del cuerpo, ni huesos, ni una gota que lo delatase. Sólo el aire, algo más denso de lo normal, como si el lugar recordara lo que había ocurrido allí unos minutos antes.

    El homúnculo avanzaba sin prisa, sin su capucha característica puesta, probablemente más por descuido que por deseo. A su vez, la biomasa bajo su piel aún palpitaba, asimilando los fragmentos de memoria que no eran suyos. Voces ajenas, direcciones, miedos, todo mezclado en un ruido blanco que su mente iba filtrando de a poco.

    No obstante, en algún punto se detuvo.

    No fue por algún sonido que lo haya alertado, sino por una sensación más profunda, instintiva. Las vibraciones del aire se movían distinto detrás de él, demasiado constantes, demasiado evidentes.

    Giró apenas su cuerpo hacia la dirección que sus sentidos le indicaban, con una expresión extrañamente tranquila, con alguna pizca de irritación.

    — ¿Planeas seguirme más tiempo? —
    La noche olía a humedad y metal oxidado. No quedaba nada del cuerpo, ni huesos, ni una gota que lo delatase. Sólo el aire, algo más denso de lo normal, como si el lugar recordara lo que había ocurrido allí unos minutos antes. El homúnculo avanzaba sin prisa, sin su capucha característica puesta, probablemente más por descuido que por deseo. A su vez, la biomasa bajo su piel aún palpitaba, asimilando los fragmentos de memoria que no eran suyos. Voces ajenas, direcciones, miedos, todo mezclado en un ruido blanco que su mente iba filtrando de a poco. No obstante, en algún punto se detuvo. No fue por algún sonido que lo haya alertado, sino por una sensación más profunda, instintiva. Las vibraciones del aire se movían distinto detrás de él, demasiado constantes, demasiado evidentes. Giró apenas su cuerpo hacia la dirección que sus sentidos le indicaban, con una expresión extrañamente tranquila, con alguna pizca de irritación. — ¿Planeas seguirme más tiempo? —
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  • -El Salon permanecio sumido en un silencio antiguo, pesado, de esos que parecen vivir dentro de la piedra desde antes de que existieran los nombres. El viento se filtraba por las grietas del reino como un susurro frio, recorriendo columnas gastadas, apagando y despertando las llamas de las antorchas a su paso. Y alli, en lo mas alto, sobre un trono levantado con huesos, hierro ennegrecido y años de guerra, el Ogro descansaba inmovil. Su enorme figura ocupaba el asiento como si hubiese nacido con el. El torso inclinado apenas hacia adelante, los brazos pesados apoyados sobre sus piernas, la cabeza baja por un instante.. como si llevara sobre sus hombros mucho mas que el peso de su propio cuerpo. Frente a el, no habia nadie, ni guardias, ni bestias, ni subditos esperando ordenes. Solo el vacio extendiendose delante de sus ojos. Y aun asi.. hablaba. Como si el silencio supiera responderle. Como si el aire todavia conservara la forma de alguien que alguna vez estuvo alli-

    "Es extraño lo que uno guarda.." -Murmuro finalmente, con esa voz aspera que parecia surgir desde lo profundo de la roca misma-"Las batallas desaparecen. La sangre se seca, los gritos dejan de escucharse.. Incluso los rostros.. terminan deformandose con el tiempo. Se vuelven humo, recuerdos rotos..fragmentos.. pero hay cosas.." -Hizo una pausa, volviendo a hablar- "Que permanecen.. Cosas que no se pudren. Que no envejecen..que no desaparecen aunque uno lo desee, permanecen como permanece una cicatriz bajo la carne.. incluso cuando la piel aprende a cerrarse encima y uno sigue adelante.. creyendo que lo dejo atras.. creyendo que lo enterro.. hasta que una noche cualquiera, cuando no hay ruido, cuanto no queda nadie observando... vuelve. Como si jamas se hubiese Ido."

    -Sus dedos se cerraron lentamente sobre el brazo del trono, la madera crujio bajo su fuerza, pero el no aparto la mirada del vacio frente a si, sus ojos brillaban apenas entre las sombras, encendidos, pero lejanos..Perdidos en un lugar que ya no pertenece a ese salon-

    "A veces pienso.... si fui yo quien se marcho primero.. o si fui yo quien llego demasiado tarde. Si aquello se rompio por el peso del Tiempo o por mis propias manos. Hay recuerdos que vuelven sin pedir permiso... y uno los recibe como recibe una herida vieja cuando cambia el clima. No porque quiera sentirla.. sino porque el cuerpo la reconoce antes que la mente. Una voz, una mirada, una presencia. O quizas simplemente la ausencia de ella. Y lo peor.. es que despues de tanto.. uno ya no sabe si extraña lo que fue... O lo que jamas alcanzo a ser."

    -El ogro dejo caer la espalda contra el trono lentamente. El hierro rechino detras suyo mientras alzaba la mirada hacia la inmensidad oscura del techo. La llama de las antorchas reflejaba destellos rojos sobre sus cuernos y sobre las cicatrices de su pecho, como si el fuego respirara junto a el-

    "Dicen que criaturas como yo no miran atras.. que avanzamos.. que destruimos, que tomamos.. y seguimos caminando sin voltear la cabeza. Como si no sintieramos el peso de nada. Como si la memoria no nos alcanzara. Como si dentro de nosotros no quedaran tumbas, pero estan equivocados.. porque incluso los monstruos recuerdan.. incluso aquellos pronuncian.. momentos que repiten en silencio.. palabras que nunca dijieron y que siguen persiguiendolos años despues... hay noches..donde todo regresa. No como Castigo, si no como una presencia molesta en mis oidos.. Los veo sentandose frente a mi, cuando todos duermen. Y me observan en silencio, esperando que hable primero.."

    -El Ogro cerro los ojos apenas un instante. Y cuando volvio a abrirlos, su mirada quejo fija delante suyo.. como si alquien estuviera realmente sentado alli, a pocos pasos el trono, devolviendole la mirada desde la oscuridad-

    "Y aunque no diga su nombre.. aunque nunca vuelva a pronunciarlo.. aunque el mundo cambie de forma mil veces... aunque el tiempo destruya todo lo que alguna vez conoci... hay una parte de mi que todavia sabria reconocerte entre ruinas, entre fuego.. o entre cenizas. Porque algunas presencias no desaparecen. Solo dejan de ocupar espacio.. y empiezan a vivir dentro de uno.."

    -Despues de eso no dijo nada mas, solo permanecio alli.. quieto, inmenso, solo sobre su trono, hablandole al aire, a sus recuerdos y a aquellos que nunca lo dejaran atras-
    -El Salon permanecio sumido en un silencio antiguo, pesado, de esos que parecen vivir dentro de la piedra desde antes de que existieran los nombres. El viento se filtraba por las grietas del reino como un susurro frio, recorriendo columnas gastadas, apagando y despertando las llamas de las antorchas a su paso. Y alli, en lo mas alto, sobre un trono levantado con huesos, hierro ennegrecido y años de guerra, el Ogro descansaba inmovil. Su enorme figura ocupaba el asiento como si hubiese nacido con el. El torso inclinado apenas hacia adelante, los brazos pesados apoyados sobre sus piernas, la cabeza baja por un instante.. como si llevara sobre sus hombros mucho mas que el peso de su propio cuerpo. Frente a el, no habia nadie, ni guardias, ni bestias, ni subditos esperando ordenes. Solo el vacio extendiendose delante de sus ojos. Y aun asi.. hablaba. Como si el silencio supiera responderle. Como si el aire todavia conservara la forma de alguien que alguna vez estuvo alli- "Es extraño lo que uno guarda.." -Murmuro finalmente, con esa voz aspera que parecia surgir desde lo profundo de la roca misma-"Las batallas desaparecen. La sangre se seca, los gritos dejan de escucharse.. Incluso los rostros.. terminan deformandose con el tiempo. Se vuelven humo, recuerdos rotos..fragmentos.. pero hay cosas.." -Hizo una pausa, volviendo a hablar- "Que permanecen.. Cosas que no se pudren. Que no envejecen..que no desaparecen aunque uno lo desee, permanecen como permanece una cicatriz bajo la carne.. incluso cuando la piel aprende a cerrarse encima y uno sigue adelante.. creyendo que lo dejo atras.. creyendo que lo enterro.. hasta que una noche cualquiera, cuando no hay ruido, cuanto no queda nadie observando... vuelve. Como si jamas se hubiese Ido." -Sus dedos se cerraron lentamente sobre el brazo del trono, la madera crujio bajo su fuerza, pero el no aparto la mirada del vacio frente a si, sus ojos brillaban apenas entre las sombras, encendidos, pero lejanos..Perdidos en un lugar que ya no pertenece a ese salon- "A veces pienso.... si fui yo quien se marcho primero.. o si fui yo quien llego demasiado tarde. Si aquello se rompio por el peso del Tiempo o por mis propias manos. Hay recuerdos que vuelven sin pedir permiso... y uno los recibe como recibe una herida vieja cuando cambia el clima. No porque quiera sentirla.. sino porque el cuerpo la reconoce antes que la mente. Una voz, una mirada, una presencia. O quizas simplemente la ausencia de ella. Y lo peor.. es que despues de tanto.. uno ya no sabe si extraña lo que fue... O lo que jamas alcanzo a ser." -El ogro dejo caer la espalda contra el trono lentamente. El hierro rechino detras suyo mientras alzaba la mirada hacia la inmensidad oscura del techo. La llama de las antorchas reflejaba destellos rojos sobre sus cuernos y sobre las cicatrices de su pecho, como si el fuego respirara junto a el- "Dicen que criaturas como yo no miran atras.. que avanzamos.. que destruimos, que tomamos.. y seguimos caminando sin voltear la cabeza. Como si no sintieramos el peso de nada. Como si la memoria no nos alcanzara. Como si dentro de nosotros no quedaran tumbas, pero estan equivocados.. porque incluso los monstruos recuerdan.. incluso aquellos pronuncian.. momentos que repiten en silencio.. palabras que nunca dijieron y que siguen persiguiendolos años despues... hay noches..donde todo regresa. No como Castigo, si no como una presencia molesta en mis oidos.. Los veo sentandose frente a mi, cuando todos duermen. Y me observan en silencio, esperando que hable primero.." -El Ogro cerro los ojos apenas un instante. Y cuando volvio a abrirlos, su mirada quejo fija delante suyo.. como si alquien estuviera realmente sentado alli, a pocos pasos el trono, devolviendole la mirada desde la oscuridad- "Y aunque no diga su nombre.. aunque nunca vuelva a pronunciarlo.. aunque el mundo cambie de forma mil veces... aunque el tiempo destruya todo lo que alguna vez conoci... hay una parte de mi que todavia sabria reconocerte entre ruinas, entre fuego.. o entre cenizas. Porque algunas presencias no desaparecen. Solo dejan de ocupar espacio.. y empiezan a vivir dentro de uno.." -Despues de eso no dijo nada mas, solo permanecio alli.. quieto, inmenso, solo sobre su trono, hablandole al aire, a sus recuerdos y a aquellos que nunca lo dejaran atras-
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  • Después de la purga
    Fandom Cualquiera
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    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre-

    -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final-

    -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja-

    -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas-

    -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad-

    -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio -

    Los hombres mienten.. y los demonios también...

    -Su mano descansó sobre el pomo de la espada-

    Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes....

    -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente -

    -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente -

    -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar-

    -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción-

    -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
    -La última plegaria había muerto horas atrás y el se había encargado de ello, no la termino con paz, ni con redención, solamente la termino acompañada de gritos, fuego y sangre- -La antigua guarida de aquella secta permanecía en silencio por primera vez en años, las paredes ennegrecidas aún conservaban símbolos trazados con sangre seca, los altares estaban destruidos, las reliquias profanas reducidas a fragmentos humeantes y el hedor de ceniza, hierro y carne quemada se aferraba al aire como una maldición incapaz de aceptar su final- -y al último, en medio de aquel santuario roto, aquel cazador esperaba, sentado sobre los escalones de piedra que conducían al altar principal, la espada permanecía clavada a su lado, mientras que un pequeño río de sangre descendía por uno de los bordes de aquella escalera, La hoja de su espada seguía teñida de rojo, demasiado rojo, sangre de fanáticos, sangre de asesinos, sangre de inocentes, todas cubriendo la misma hoja- -Su mirada permanecía fija en aquella espada, como si aún pudiera distinguir que gota de ese rojo correspondía a quien, el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo, esa armadura estaba marcada por golpes, su capa rasgada y las vendas improvisadas bajo el acero comenzaban a empaparse nuevamente, pero no era el dolor físico lo que lo mantenía inmóvil, Era el recuerdo, los poseídos, los rostros y las súplicas- -Aquellos hombres y mujeres consumidos por aquella presencia desconocida que había anidado en el corazón de la secta, algunos habían atacado, otros habían llorado mientras atacaban y otros suplicaron ayuda mientras sus propios cuerpos se movían contra su voluntad- -Y él...los había matado igualmente, bondrewd cerró los ojos por un instante, soltando un suave murmullo, casi queriendo terminar con aquel silencio - Los hombres mienten.. y los demonios también... -Su mano descansó sobre el pomo de la espada- Pero la sangre nunca lo hace....será que no somos tan diferentes.... -El silencio volvió a llenar la sala, antes de que nuevamente el silencio fuera roto, está vez por una risa, una pequeña y lejana, haciendo que Abriera los ojos nuevamente - -Al otro extremo del salón, dentro de un salón protegido por pesadas y grandes puertas, varios niños permanecían agrupados alrededor de una de las mujeres rescatadas. Algunos dormían, otros hablaban en voz baja y uno de ellos sostenía una manta demasiado grande para su cuerpo, estaban vivos, Asustados, Confundidos, pero vivos y apesar del escenario uno de ellos a un había encontrado un momento para poder reír nuevamente - -Bondrewd observó la escena durante varios segundos, sin intervenir, simplemente vigilando, como un guardián cansado que aún se niega a abandonar su puesto, porque sabía algo que ellos todavía no, el miedo no desaparecía cuando terminaba la batalla, la verdadera lucha comenzaba después, cuando había que aprender a vivir nuevamente, cuando había que recordar quién eras antes del horror, cuando el silencio regresaba y obligaba a pensar- -El inquisidor apoyó ambos brazos sobre las rodillas, con la cabeza inclinada y la mirada perdida entre las sombras del templo destruido, esperando a que llegara la Orden, a que comenzara la purificación, a que las paredes fueran derribadas, a que las cenizas cubrieran los últimos restos de aquella corrupción- -Y mientras tanto...Permaneció allí, cubierto de sangre ajena, vigilando a los supervivientes, Solo, cansado pero despierto, porque aquella noche no necesitaban un verdugo, necesitaban un guardián que cuidase aquellos pequeños rastros de inocencia y humanidad que quedaban a un entre los inocentes y por unas horas más el seguiría siendo aquel guardian-
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