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    Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación.

    Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero.

    Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia.

    Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo.

    Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata.

    Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos.

    La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave.

    '๐•บ๐–“๐–ˆ๐–Š ๐–’๐–”๐–—๐–Š ๐•ด ๐–‡๐–Š๐–˜๐–Š๐–Š๐–ˆ๐– ๐–ž๐–”๐–š, ๐–†๐–ˆ๐–๐–Ž๐–’: ๐–๐–”๐–Ž๐–“ ๐–ž๐–”๐–š๐–— ๐–๐–†๐–“๐–‰๐–˜. ๐•ณ๐–”๐–œ ๐–˜๐–๐–†๐–‘๐–‘ ๐–œ๐–Š ๐–ˆ๐–”๐–’๐–Š ๐–™๐–” ๐–š๐–“๐–‰๐–Š๐–—๐–˜๐–™๐–†๐–“๐–‰ ๐–Ž๐–‹ ๐–œ๐–Š ๐–™๐–—๐–†๐–“๐–˜๐–ˆ๐–Š๐–“๐–‰ ๐–“๐–”๐–™ ๐–”๐–š๐–—๐–˜๐–Š๐–‘๐–›๐–Š๐–˜?'

    Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas.

    No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia?

    No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción.

    Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
    ๐•ฌ ๐–‰๐–Ž๐–‘๐–Š๐–’๐–’๐–† ๐–Ž๐–“ ๐•ท๐–š๐–ˆ๐–๐–ž ๐•ท๐–†๐–“๐–‰ — ๐•ป๐–†๐–—๐–†๐–‰๐–Ž๐–˜๐–Š ๐–Ž๐–˜ ๐–‡๐–š๐–Ž๐–‘๐–™ ๐–š๐–•๐–”๐–“ ๐–š๐–“๐–Ž๐–‹๐–”๐–—๐–’๐–Ž๐–™๐–ž. Disparidades en un mar de pensamiento: la heterogeneidad de Adam cautivó su preocupación. Pidió a quien consideraba un colega registros visuales de la política ejecutada bajo el ala del honorable congreso. Con precisa humildad, buscó un consejo: el lenguaje tácito del sanedrín, la dinámica de un debate que escondía el cubismo más grosero. Reconoció cualidades que algunos llamarían honorables, mas el telar de palabras forjó un foro carente de sustancia. Dictámenes aplicados en un territorio reducido eran más fáciles de ejecutar; aunque las formas imperaron, halló utilidad al cincelar un sistema imperfecto. Pero, al contemplar al cónclave regir bajo la sombra de las naciones, tan insípido le pareció que él mismo se cuestionó la decisión de invertir su tiempo en tal espectáculo. Y ante las intrincadas sombras que brotaron de un artefacto holográfico, Zeraim hizo una comparación ingrata. Aquello estudiado destacaba por su disposición en herradura; él rememoró que la primera deliberación ocurrió bajo el testigo de una estrella marchita y un prado que se desentendió de la finitud. Ellos, como individuos, eran innegablemente desiguales, pero en su construcción conquistaron una afinidad propia de organismos más sencillos. La individualidad nunca fue un concepto a destacar. Eran frágiles, conscientes de un funesto destino en caso de negarse a la unidad; los que antes fueron miles decidieron privarse del sueño, y fraguaron las mitzvot. Y solo cuando necesitaron dictaminar el arquetipo de la nueva sangre y carne: aquello llamado “soma", reencontraron el cónclave. '๐•บ๐–“๐–ˆ๐–Š ๐–’๐–”๐–—๐–Š ๐•ด ๐–‡๐–Š๐–˜๐–Š๐–Š๐–ˆ๐– ๐–ž๐–”๐–š, ๐–†๐–ˆ๐–๐–Ž๐–’: ๐–๐–”๐–Ž๐–“ ๐–ž๐–”๐–š๐–— ๐–๐–†๐–“๐–‰๐–˜. ๐•ณ๐–”๐–œ ๐–˜๐–๐–†๐–‘๐–‘ ๐–œ๐–Š ๐–ˆ๐–”๐–’๐–Š ๐–™๐–” ๐–š๐–“๐–‰๐–Š๐–—๐–˜๐–™๐–†๐–“๐–‰ ๐–Ž๐–‹ ๐–œ๐–Š ๐–™๐–—๐–†๐–“๐–˜๐–ˆ๐–Š๐–“๐–‰ ๐–“๐–”๐–™ ๐–”๐–š๐–—๐–˜๐–Š๐–‘๐–›๐–Š๐–˜?' Al culmen de la última grabación, en el silencio de su despacho, contempló con frialdad la boiserie delante de él. Quizá un vestigio de nostalgia: el fruncir de los labios que expresa conflictos, palabras que no pueden ser enunciadas. No era indecisión, sino una genuina interrogante que lo indujo a la reflexión: ¿cómo la marea de almas muriendo sobre la playa podía pecar de tanta divergencia? No llegó para evangelizar; la nación del Tevel no era objetivo de conquista, solo de estudio y eventual extracción. Conflictuado, el eco de una paternidad cósmica lo empujó a sentir genuina lástima, ya fuera por la endeblez observada o por la inflexibilidad de los dogmas.
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  • Como siga apareciendo y desapareciendo asi, me voy a transformar en un semáforo. En fin, estoy de vuelta, magos, brujas y squibs.
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  • ใ…คใ…คใ…ค โŽฏุ—โŽฏ๐“๐“ฎ๐”€

    Él es "Luciel" y es mi mascota. ¿No es lindo? Aunque es un glotón, por eso está gordo. Es chistoso.. pero más chistoso porque me pidieron que modelara con él.

    - Lo presentó en el foro grupal. Modelar con algo exótico era parte de su trabajo, pero no le gusta exponer a su mascota. Pero no podía escapar porque su agencia ya conocía de Luciel. Bueno, esperaba que no le sucediera nada malo durante su jornada laboral.

    #SliceOfLife #Vampire
    ใ…คใ…คใ…ค โŽฏุ—โŽฏ๐“๐“ฎ๐”€ Él es "Luciel" y es mi mascota. ¿No es lindo? Aunque es un glotón, por eso está gordo. Es chistoso.. pero más chistoso porque me pidieron que modelara con él. - Lo presentó en el foro grupal. Modelar con algo exótico era parte de su trabajo, pero no le gusta exponer a su mascota. Pero no podía escapar porque su agencia ya conocía de Luciel. Bueno, esperaba que no le sucediera nada malo durante su jornada laboral. #SliceOfLife #Vampire
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  • Seiji no descansa, es una escopeta amartillada apuntando directo al umbral de la puerta a cualquiera que se atreva a provocarla.

    Un error, un parpadeo, y el seguro salta. Se mantiene estática, vibrando en una frecuencia que solo los depredadores entienden.

    Ta y como una araña sobre su red, una cascabel con el veneno hirviendo, esperando que la presa dé el paso en falso.

    El aire apesta a estática.

    ¿Cómo demonios puede su pareja dormir así?
    Con los ojos cerrados, entregado al vacío.
    ¿Es amor o es que ya aceptó que duerme junto a una bomba de tiempo?

    No importa.

    El foro secreto escupe una nueva notificación: estudiantes, retos virales, la deep web.

    La señal es clara.
    El ruido vuelve a subir de volumen y ella está lista para romper el silencio.

    Seiji está de regreso en el juego.
    Seiji no descansa, es una escopeta amartillada apuntando directo al umbral de la puerta a cualquiera que se atreva a provocarla. Un error, un parpadeo, y el seguro salta. Se mantiene estática, vibrando en una frecuencia que solo los depredadores entienden. Ta y como una araña sobre su red, una cascabel con el veneno hirviendo, esperando que la presa dé el paso en falso. El aire apesta a estática. ¿Cómo demonios puede su pareja dormir así? Con los ojos cerrados, entregado al vacío. ¿Es amor o es que ya aceptó que duerme junto a una bomba de tiempo? No importa. El foro secreto escupe una nueva notificación: estudiantes, retos virales, la deep web. La señal es clara. El ruido vuelve a subir de volumen y ella está lista para romper el silencio. Seiji está de regreso en el juego.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    //Hola, me presento.

    Sariel era un personaje que iba a usar para un foro pero me rendí, así que estoy aquí (¿?). Así que, hola a todos.

    Varias cosas: me gusta escribir mucho, hago mis propias ilustraciones y me cuesta hablar, pero les juro que soy amable (¿?) y no muerdo... Sariel tampoco, pero por razones distintas.

    Quizás tarde para contestar o para publicar. Escribir y dibujar un personaje como Sariel es un poquito complicado.

    Esta cuenta es EXTRICTAMENTE MULTISHIP. Me gusta romance, así que ;). Esa puerta esta abierta.(¿?)

    Bueno, un placer (?).

    EDIT: Estaba pensando en las imágenes de la espalda de Sariel, creo que tendrán que ir obligatoriamente en NSFW >.<

    Cา‰อฬ‹อ’ฬ€อŽอrฬตอ‚ฬŒฬ‚ฬ€ฬ‹อ™ฬคอ“ฬœฬiฬธอƒฬอ›อŒฬฬ—ฬฏsฬดอฬ“อ‹ฬ‰ฬ‚ฬฐอ–อ…ฬณอ‰tฬตฬŽฬฝฬฬอฬญฬคอ‡oฬธฬ“ฬŽฬ”ฬŠอ‚อˆฬ˜ bฬตอ‘อ›อŒฬŒอƒอฬฅฬซอŽฬeา‰ฬฝอ›อ’ฬ‘ฬ–อ–ฬ–nฬทฬˆอ’อšอdาˆอฬ”ฬฟฬŽอ–ฬคฬฬซiฬธฬ’ฬ“อ‚ฬ”ฬ’อ…ฬฉฬ ฬฒฬซtฬตออ‹อƒฬฟฬฏฬœฬฆฬ–อ”oฬตอ‚อ‹อ’ฬ‹ฬ‡ฬ–ฬฬฌฬ–ฬŸ.ฬทอŒอ’ฬ„ฬŸฬ™ฬœฬอ–
    //Hola, me presento. Sariel era un personaje que iba a usar para un foro pero me rendí, así que estoy aquí (¿?). Así que, hola a todos. Varias cosas: me gusta escribir mucho, hago mis propias ilustraciones y me cuesta hablar, pero les juro que soy amable (¿?) y no muerdo... Sariel tampoco, pero por razones distintas. Quizás tarde para contestar o para publicar. Escribir y dibujar un personaje como Sariel es un poquito complicado. Esta cuenta es EXTRICTAMENTE MULTISHIP. Me gusta romance, así que ;). Esa puerta esta abierta.(¿?) Bueno, un placer (?). EDIT: Estaba pensando en las imágenes de la espalda de Sariel, creo que tendrán que ir obligatoriamente en NSFW >.< Cา‰อฬ‹อ’ฬ€อŽอrฬตอ‚ฬŒฬ‚ฬ€ฬ‹อ™ฬคอ“ฬœฬiฬธอƒฬอ›อŒฬฬ—ฬฏsฬดอฬ“อ‹ฬ‰ฬ‚ฬฐอ–อ…ฬณอ‰tฬตฬŽฬฝฬฬอฬญฬคอ‡oฬธฬ“ฬŽฬ”ฬŠอ‚อˆฬ˜ bฬตอ‘อ›อŒฬŒอƒอฬฅฬซอŽฬeา‰ฬฝอ›อ’ฬ‘ฬ–อ–ฬ–nฬทฬˆอ’อšอdาˆอฬ”ฬฟฬŽอ–ฬคฬฬซiฬธฬ’ฬ“อ‚ฬ”ฬ’อ…ฬฉฬ ฬฒฬซtฬตออ‹อƒฬฟฬฏฬœฬฆฬ–อ”oฬตอ‚อ‹อ’ฬ‹ฬ‡ฬ–ฬฬฌฬ–ฬŸ.ฬทอŒอ’ฬ„ฬŸฬ™ฬœฬอ–
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Off: ok, voy a tratar de retomar esta cuenta desde donde la dejé, primero voy a responder lo que debo en el foro y después los mensajes individuales
    Off: ok, voy a tratar de retomar esta cuenta desde donde la dejé, primero voy a responder lo que debo en el foro y después los mensajes individuales
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  • Diario — Arriba del puente

    Hoy caminé por el puente como todos.

    Arriba, lo de siempre:
    café con azúcar, pasos apresurados, conversaciones que no se quedan.

    La gente mira sin ver.
    Siente sin bajar.
    Yo me detuve en el centro.

    Debajo del puente el río no descansa.
    Hay un mundo entero fluyendo sin permiso,
    un murmullo constante que nadie quiere escuchar.

    Tomamos café.
    El vapor ascendía —
    pero lo que importa siempre cae.
    Las tazas vacías son pequeñas traiciones.
    Prometen calor y dejan porcelana fría.

    Abrí mi puerta después.
    Arriba del puente, las cosas pendientes.
    Abajo, la corriente.

    Había dispuesto la habitación como quien enciende faroles en la orilla:
    luz tibia, silencio atento,
    una pausa que pedía ser cruzada.

    Pero algunos visitantes caminan el puente sin asomarse.
    No hubo crujido.
    No hubo vértigo.
    Ni una piedra lanzada al agua.

    Arriba del puente, cada uno con lo suyo.
    Lo tuyo es lo tuyo.
    Lo mío…
    fluye debajo.

    Regresé al centro.
    La multitud seguía pasando.
    Los semáforos cambiaban.
    El mundo cumplía su rutina impecable.

    Debajo del puente, en el río,
    hay un mundo de gente.

    Y hoy el agua no se desbordó.
    Pero subió.
    Un centímetro.

    Y eso basta para saber
    que algo estuvo a punto de caer.
    Diario — Arriba del puente Hoy caminé por el puente como todos. Arriba, lo de siempre: café con azúcar, pasos apresurados, conversaciones que no se quedan. La gente mira sin ver. Siente sin bajar. Yo me detuve en el centro. Debajo del puente el río no descansa. Hay un mundo entero fluyendo sin permiso, un murmullo constante que nadie quiere escuchar. Tomamos café. El vapor ascendía — pero lo que importa siempre cae. Las tazas vacías son pequeñas traiciones. Prometen calor y dejan porcelana fría. Abrí mi puerta después. Arriba del puente, las cosas pendientes. Abajo, la corriente. Había dispuesto la habitación como quien enciende faroles en la orilla: luz tibia, silencio atento, una pausa que pedía ser cruzada. Pero algunos visitantes caminan el puente sin asomarse. No hubo crujido. No hubo vértigo. Ni una piedra lanzada al agua. Arriba del puente, cada uno con lo suyo. Lo tuyo es lo tuyo. Lo mío… fluye debajo. Regresé al centro. La multitud seguía pasando. Los semáforos cambiaban. El mundo cumplía su rutina impecable. Debajo del puente, en el río, hay un mundo de gente. Y hoy el agua no se desbordó. Pero subió. Un centímetro. Y eso basta para saber que algo estuvo a punto de caer.
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  • — Por favor, alguien abra todas las llaves de gas y prenda un fósforo... —

    Acaba de ver una araña en la esquina del techo. Está a un suspiro del desmayo. (?)
    — Por favor, alguien abra todas las llaves de gas y prenda un fósforo... — Acaba de ver una araña en la esquina del techo. Está a un suspiro del desmayo. (?)
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  • [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ]



    ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía *



    ‎***¡¡¡PLOF!!!***



    ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado *



    ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila..



    ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire *



    ‎ — ¿Pero qué es eso?



    ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte *



    ‎ — ¡Cuida-!



    ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
    [ 23:15 / XXXXXXXXX / XXXXXXX / ¿...? ] ‎ * El pavimento mojado de los suburbios reflejaba las luces amarillentas de los faros. En la habitación de un departamento se escuchaba la urgencia de quien cierra gavetas, mete ropa en una mochila y no deja de moverse; los estantes quedaban abiertos, al igual que las puertas. No hacía falta encender las luces: aquella persona sabía a lo que venía y ya estaba por irse. En cuanto salió de la habitación, observó rápidamente el final del pasillo; las puertas del ascensor se cerraban indicando que alguien iba al lobby. El sujeto se tensó al entenderlo; con temor, miró hacia el otro lado, donde estaban las puertas de las escaleras. No lo dudó y corrió hacia ellas. Había logrado salir del edificio; subió a su auto, lo encendió y aceleró a toda marcha. El sonido del motor se hacía cada vez más fuerte a medida que aumentaba sus revoluciones, el vehículo pasaba semáforos en rojo y tomaba curvas a una velocidad considerable, todo con tal de salir de la ciudad. Para él, no había límite lo suficientemente importante como para detenerlo... O eso suponía * ‎ ‎ ‎ ‎***¡¡¡PLOF!!!*** ‎ ‎ ‎ ‎ * Una colisión. Justo donde el asfalto cedía ante la maleza, donde los rastros de la civilización comenzaban a perderse y donde, claro, no había cámaras que grabaran el suceso. El auto giró descontroladamente una, dos... Cuatro veces hasta detenerse de cabeza. El conductor estaba relativamente ileso — pues lo habían chocado del lado del copiloto— sin embargo, el golpe de la bolsa de aire, seguido de unos cuantos cristales incrustados en su carne, determinaban que su estado no era "bueno". Apenas podía mover el cuello en dirección a aquel que lo había embestido, pero no veía nada; solo había oscuridad. No, eso era lo que querían que pensara, a los pocos segundos, un par de faros con las luces altas se encendieron, cegándolo a propósito, y el sonido que vino después fue el de las puertas cerrándose casi al unísono. Sean quienes fueran, se habían bajado del  auto —y no para pedir ayuda— el sujeto intentó desabrocharse el cinturón antes de que lo alcanzaran y lo consiguió; al salir, comenzó a correr con una cojera evidente, apretando su mochila contra el pecho como si fuera su propio corazón a punto de ser arrebatado * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Ya deténgase, Varek! —gritó una voz joven, cargada de adrenalina. Era uno de los inquisidores enviado a por él, por lo que tenía en la mochila.. ‎ ‎ ‎ ‎ * Varek, el Censor traidor que hemos seguido hasta ahora terminó tropezando con una raíz vieja y cayó al suelo. No estaba seguro de si era su mente al borde del pánico, pero juraría oír el chasquido de las armas siendo desenfundadas y el eco de las botas de aquellos que se identificaban como cazadores de la Iglesia, pero que ahora cumplían una función más... "resolutiva". Varek ya no tenía escapatoria; el bosque, denso y negro, parecía una pared infranqueable a sus espaldas, se giró hacia las sombras del follaje, suplicando en silencio pero una ráfaga de viento gélido es todo lo que le respondió mientras barría el claro; y eso era más que suficiente. De repente, el sonido de las botas se detuvo, los hombres que perseguían a Varek guardaron silencio, no por orden, sino por puro instinto de preservación, algo se había movido entre los árboles. No era el ruido de hojas secas; parecía un suspiro profundo, gutural, algo que hacía vibrar el aire * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¿Pero qué es eso? ‎ ‎ ‎ ‎ * Preguntó uno de los hombres, apuntando hacia el lugar desde donde emergió una silueta inmensa, una mole de oscuridad que parecía absorber la luz de la luna. Estaba claro que no era un hombre, pero tampoco un animal común. Unos ojos amarillos, cargados de un odio antiguo, se clavaron en los perseguidores, antes  de que el primer cazador pudiera siquiera pensar en disparar, la criatura soltó un gruñido que era una promesa de muerte * ‎ ‎ ‎ ‎ — ¡Cuida-! ‎ ‎ ‎ ‎ * El inquisidor intentó alertar a sus hombres, pero lo hizo unos milisegundos tarde. Aquella cosa les arrojó un gran tronco que golpeó a la mayoría. Solo tres —incluyendo al inquisidor— lograron agacharse. Para cuando este último intentó reincorporarse, la criatura ya había cerrado la distancia. Un golpe lo envió volando hasta aterrizar dolorosamente contra el parabrisas de la camioneta blindada. Otro cazador intentó hacer algo, pero la criatura fue más rápida: lo sujetó del cuello y lo azotó contra el suelo un par de veces antes de dejarlo tirado, iba a aplastar su cráneo, pero unos disparos a su espalda lo hicieron consciente del tercer hombre. La cosa se volteó, notablemente irritada. En cuestión de segundos, desarmó al sujeto y le lanzó un zarpazo que le arrancó el pasamontañas. El cazador cayó aturdido, intentando reincorporarse solo para ver por última vez a lo que se enfrentaba bajo la luz de la luna y que, justo ahora le devolvía la mirada... *
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  • โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€

    [] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€

    Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado.

    Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos.

    Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio.

    Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice :

    โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž

    y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí.

    Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada.

    El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada.

    ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? )

    Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.)

    Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí.

    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.)

    Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes.

    Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco.

    Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento.

    Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio.

    Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
    โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐ทí๐‘Ž ๐‘™๐‘–๐‘๐‘Ÿ๐‘’ ๐‘ฆ ๐‘™๐‘Ž ๐‘ก๐‘Ÿ๐‘Ž๐‘›๐‘ž๐‘ข๐‘–๐‘™๐‘–๐‘‘๐‘Ž๐‘‘ ๐‘Ž๐‘‘๐‘’๐‘๐‘ข๐‘Ž๐‘‘๐‘Ž. โ”€โ”€โ”€โ”€ [๐Ÿ‡ฉ๐Ÿ‡ช] ๐ต๐‘’๐‘Ÿ๐‘™í๐‘›, ๐ด๐‘™๐‘’๐‘š๐‘Ž๐‘›๐‘–๐‘Ž — ๐Ÿถ๐Ÿธ:๐Ÿน๐Ÿถ ๐‘ƒ.๐‘€ Caminaba en ese entonces por las calles de Kreuzberg bajo una lluvia fina pero persistente que Berlín parece regalarle casi a diario en esta época del año. El paraguas negro que lleva apenas alcanza a cubrirlo; el viento frío se encarga de mojarle los bordes del abrigo y de salpicarle las botas cada vez que pisa un charco mal calculado. Las luces de los semáforos se reflejan en los adoquines brillantes y en los charcos que multiplican la ciudad. Pasa frente a murales enormes medio descoloridos, bicicletas encadenadas que parecen haber sido abandonadas hace décadas, y escaparates de tiendas de segunda mano que exhiben lámparas extrañas y vinilos polvorientos. Hay algo reconfortante en esa mezcla de desorden y melancolía que desprende el barrio. Después de unos quince minutos deambulando sin rumbo fijo, la ve: una pequeña cafetería con ventanales grandes y empañados, un letrero de madera pintado a mano que simplemente dice : โ ๐Š๐€๐…๐…๐„๐„ & ๐Š๐”๐‚๐‡๐„๐ โž y una luz cálida color ámbar que se derrama hacia la calle como si quisiera invitar a cualquiera que pase por ahí. Empuja la puerta y el tintineo de una campanita anuncia su llegada. El aroma a café recién molido y masa horneada lo envuelve de inmediato. Se sacude un poco el agua del abrigo, cierra el paraguas y lo apoya junto a otros en la entrada. ๐˜— : โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜ž๐˜ข๐˜ด ๐˜ฎö๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ด๐˜ต ๐˜ฅ๐˜ถ? โ”€โ”€โ”€โ”€ (๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด ¿๐˜˜๐˜ถ๐˜ฆ ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด๐˜ฆ๐˜ข? ) Dice la chica detrás del mostrador con una sonrisa amable. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜Ž๐˜ถ๐˜ต๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜›๐˜ข๐˜จ. ๐˜Œ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜Š๐˜ข๐˜ฑ๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ค๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฃ๐˜ช๐˜ต๐˜ต๐˜ฆ. โ”€โ”€โ”€โ”€ (¡๐˜‰๐˜ถ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ข๐˜ด ๐˜ต๐˜ข๐˜ณ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ด! ๐˜œ๐˜ฏ ๐˜ค๐˜ข๐˜ฑ๐˜ถ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ช๐˜ฏ๐˜ฐ, ๐˜ฑ๐˜ฐ๐˜ณ ๐˜ง๐˜ข๐˜ท๐˜ฐ๐˜ณ.) Responde en un alemán correcto pero con ese acento que todavía delata que no lleva tantos años aquí. โ”€โ”€โ”€โ”€ ๐˜œ๐˜ฏ๐˜ฅ. . . ๐˜ท๐˜ช๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ญ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ค๐˜ฉ๐˜ต ๐˜ฆ๐˜ช๐˜ฏ ๐˜š๐˜ตü๐˜ค๐˜ฌ ๐˜ˆ๐˜ฑ๐˜ง๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ, ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ฏ๐˜ฏ ๐˜ฆ๐˜ด ๐˜ธ๐˜ฆ๐˜ญ๐˜ค๐˜ฉ๐˜ฆ๐˜ฏ ๐˜จ๐˜ช๐˜ฃ๐˜ต. โ”€โ”€โ”€โ”€ ( ๐˜ . . . ๐˜˜๐˜ถ๐˜ช๐˜ปá๐˜ด ๐˜ถ๐˜ฏ ๐˜ต๐˜ณ๐˜ฐ๐˜ป๐˜ฐ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ด๐˜ต๐˜ณ๐˜ถ๐˜ฅ๐˜ฆ๐˜ญ ๐˜ฅ๐˜ฆ ๐˜ฎ๐˜ข๐˜ฏ๐˜ป๐˜ข๐˜ฏ๐˜ข, ๐˜ด๐˜ช ๐˜ฉ๐˜ข๐˜บ.) Se lleva la bandeja a una mesa junto a la ventana. Se sienta, se quita la bufanda húmeda y deja que el calor del local le vaya descongelando los dedos. Afuera, la lluvia sigue cayendo en hilos finos y pacientes. Adentro, el vapor del cappuccino sube en espirales lentas mientras la espuma dibuja un corazón imperfecto que se deshace poco a poco. Mira la calle, la gente que pasa apresurada con capuchas y paraguas rotos, las luces que se encienden temprano porque el cielo gris nunca termina de aclararse. Piensa que en dos días tiene que volver al trabajo y debe aprovechar un poco cada momento. Pero por ahora hay café caliente, un pedazo de strudel con canela que huele a infancia ajena, y el sonido suave de la lluvia golpeando el vidrio. Y eso, por unos minutos más, le parece suficiente.
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