• ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ────

    [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ]

    [] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México.

    Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión.

    Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase.

    Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite.

    Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros.

    Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad:

    𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞

    Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina

    ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ───

    Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado.

    Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero.

    Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo.

    Caminó hacia el Zócalo sin prisa.

    La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes.

    A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro.

    Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia.

    Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol.

    Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón.

    Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible.

    Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa.

    Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna.

    Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba

    𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞

    Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes.

    Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos.

    Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez.

    Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida:

    Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real.

    ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ────

    Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada.

    Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara.

    El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche.

    Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado.

    De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
    ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ──── [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ] [🇲🇽] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México. Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión. Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase. Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite. Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros. Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad: 𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞ Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ─── Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado. Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero. Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo. Caminó hacia el Zócalo sin prisa. La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes. A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro. Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia. Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol. Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón. Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible. Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa. Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna. Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba 𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞ Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes. Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos. Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez. Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida: Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real. ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ──── Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada. Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara. El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche. Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado. De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
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  • Yo no me veo así ¿o sí? ¡qué filtros tan raros!
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  • - ¡Leave!, estos filtros son curiosos, ¡miau!
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    A veces me pregunto si los mortales comprenden el peso de un sueño. No es un simple escape, no, es una verdad sin filtros, un rostro que se revela cuando la conciencia duerme. Yo los observo en su vulnerabilidad y aún así, es allí donde más fuertes son.

    Miran el descanso como un fin del día. Para mí, es el principio de todo.

    Los he visto llorar en sus sueños por cosas que no se atreven a decir en la vigilia. He visto a niños volar sin alas, a viejos danzar sin huesos, a amantes reencontrarse en mundos que solo existen cuando cierran los ojos.

    Y sin embargo… nadie recuerda mi rostro.

    Tal vez está bien así. No necesito ser recordado, solo sentido. Como el recuerdo de una canción que alguna vez amaron, o un recuerdo que acaricia la memoria justo antes de dormir.

    Yo no soy quien sueña. Soy quien guarda los fragmentos rotos, quien da forma al silencio y lo vuelve susurro.

    Y cada noche, cuando me disuelvo en la penumbra, me permito un instante de melancolía.

    Porque incluso el dios de los sueños... también desea, a veces, ser soñado...
    A veces me pregunto si los mortales comprenden el peso de un sueño. No es un simple escape, no, es una verdad sin filtros, un rostro que se revela cuando la conciencia duerme. Yo los observo en su vulnerabilidad y aún así, es allí donde más fuertes son. Miran el descanso como un fin del día. Para mí, es el principio de todo. Los he visto llorar en sus sueños por cosas que no se atreven a decir en la vigilia. He visto a niños volar sin alas, a viejos danzar sin huesos, a amantes reencontrarse en mundos que solo existen cuando cierran los ojos. Y sin embargo… nadie recuerda mi rostro. Tal vez está bien así. No necesito ser recordado, solo sentido. Como el recuerdo de una canción que alguna vez amaron, o un recuerdo que acaricia la memoria justo antes de dormir. Yo no soy quien sueña. Soy quien guarda los fragmentos rotos, quien da forma al silencio y lo vuelve susurro. Y cada noche, cuando me disuelvo en la penumbra, me permito un instante de melancolía. Porque incluso el dios de los sueños... también desea, a veces, ser soñado...
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  • ──── A ver ¿Como se utiliza este aparato móvil? ¡Mierda! ¿Que toque? Ayúdenme con esta cosa y no sé como quitar a ese chamaco mimoso. ──── Santi probando un celular por primera vez pero tocó los filtros por accidente. Esta viejo de por sí. [?]
    ──── A ver ¿Como se utiliza este aparato móvil? ¡Mierda! ¿Que toque? Ayúdenme con esta cosa y no sé como quitar a ese chamaco mimoso. ──── Santi probando un celular por primera vez pero tocó los filtros por accidente. Esta viejo de por sí. [?]
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    //estaba en aburrimiento que estaba jugando con los filtros de tik tok porque si

    (Mi favorito es el primero y el ultimo el que le hice a Axel Koroved )
    //estaba en aburrimiento que estaba jugando con los filtros de tik tok porque si (Mi favorito es el primero y el ultimo el que le hice a [Akly_5] )
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    ¡Hola!

    Vengo solamente a decir que no tengo problemas para rolear por público, privado, starter o publicación. No tengo filtros a la hora de rolear (salvo un tema en especifico que me gusta mas hablar por privado antes de comenzar). Mi personaje puede estar en diferentes fandoms y/o AU’s sin problemas.

    Tengo mis mensajes libres para hablar y organizar roles.

    Gracias por leer y por la bienvenida. ♡
    ¡Hola! Vengo solamente a decir que no tengo problemas para rolear por público, privado, starter o publicación. No tengo filtros a la hora de rolear (salvo un tema en especifico que me gusta mas hablar por privado antes de comenzar). Mi personaje puede estar en diferentes fandoms y/o AU’s sin problemas. Tengo mis mensajes libres para hablar y organizar roles. Gracias por leer y por la bienvenida. ♡
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  • En Mondstadt conocían a Razor como "El Chico Lobo", generalmente era bien tratado que hasta los puestos le regalaban ropa o comida.
    Conocido por su inocencia pues, no sabía de las mentiras y tampoco tenía filtros en su hablar por lo que siempre decía lo que pensaba, metiéndose en problemas más de una vez con los viajeros con los que llegaba a toparse por no lo conocían.

    "Acepta lo que te regalen pues te lo están dando de corazón, de lo contrario ofenderás y siempre da las gracias ¿Ok?~<3" Sonaba en su cabeza una de las tantas cosas que le enseñaba su maestra Lisa, la bibliotecaria de Mondstadt.

    -...Gracias.. Gustarme mucho...bolas de arroz...

    Le dijo al guardia de la entrada de Mondstadt quien había parado al albino al verlo saliendo para regalarle la comida, con amable gesto lo despidió. Razor por su parte se despidió del guardia comiendo una de los onigiris que le había dado.

    La mayor parte del tiempo parecía ser un joven calmado, tranquilo, inocente y hasta dulce, sin embargo todo ello cambiaba al verse involucrado en alguna batalla, protector y fiero como un lobo eran solo unas de sus características en combate.
    En Mondstadt conocían a Razor como "El Chico Lobo", generalmente era bien tratado que hasta los puestos le regalaban ropa o comida. Conocido por su inocencia pues, no sabía de las mentiras y tampoco tenía filtros en su hablar por lo que siempre decía lo que pensaba, metiéndose en problemas más de una vez con los viajeros con los que llegaba a toparse por no lo conocían. "Acepta lo que te regalen pues te lo están dando de corazón, de lo contrario ofenderás y siempre da las gracias ¿Ok?~<3" Sonaba en su cabeza una de las tantas cosas que le enseñaba su maestra Lisa, la bibliotecaria de Mondstadt. -...Gracias.. Gustarme mucho...bolas de arroz... Le dijo al guardia de la entrada de Mondstadt quien había parado al albino al verlo saliendo para regalarle la comida, con amable gesto lo despidió. Razor por su parte se despidió del guardia comiendo una de los onigiris que le había dado. La mayor parte del tiempo parecía ser un joven calmado, tranquilo, inocente y hasta dulce, sin embargo todo ello cambiaba al verse involucrado en alguna batalla, protector y fiero como un lobo eran solo unas de sus características en combate.
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  • "Dormido entre rosas"

    Hay algo fascinante en observarlo mientras duerme, perdido en ese rincón de su mente que he mantenido floreciendo para él. Allí reposa Heinrich, rodeado de esas majestuosas rosas rojas que parecen florecer solo para enmarcar su figura.

    No puedo evitar admirarlo. Incluso en su letargo, hay una gracia innata en la forma en que descansa, con el semblante sereno y una quietud que contradice las tormentas que alguna vez lo atormentaron. Es como si las flores mismas entendieran su esencia, abrazándolo con pétalos que casi rozan su piel.

    ¿Y cómo no detenerme a mirarlo? Él, que siempre ha sido tan reservado, ahora yace tan expuesto y a la vez tan protegido por este espacio que compartimos. Tal vez me regodeo en esta oportunidad de contemplarlo, de ver la belleza que posee sin filtros ni máscaras.

    Sé que pronto despertará, y este momento será solo un recuerdo para mí, pero por ahora, me permito el lujo de admirarlo. Como un espectador ante una obra de arte
    "Dormido entre rosas" Hay algo fascinante en observarlo mientras duerme, perdido en ese rincón de su mente que he mantenido floreciendo para él. Allí reposa Heinrich, rodeado de esas majestuosas rosas rojas que parecen florecer solo para enmarcar su figura. No puedo evitar admirarlo. Incluso en su letargo, hay una gracia innata en la forma en que descansa, con el semblante sereno y una quietud que contradice las tormentas que alguna vez lo atormentaron. Es como si las flores mismas entendieran su esencia, abrazándolo con pétalos que casi rozan su piel. ¿Y cómo no detenerme a mirarlo? Él, que siempre ha sido tan reservado, ahora yace tan expuesto y a la vez tan protegido por este espacio que compartimos. Tal vez me regodeo en esta oportunidad de contemplarlo, de ver la belleza que posee sin filtros ni máscaras. Sé que pronto despertará, y este momento será solo un recuerdo para mí, pero por ahora, me permito el lujo de admirarlo. Como un espectador ante una obra de arte
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    Tenlo en cuenta al responder.
    Mie#@ no es broma lo del rubiecito .... ¿Quien es el que hace los filtros para que en la familia entre tanto pendejo?
    Mie#@ no es broma lo del rubiecito .... ¿Quien es el que hace los filtros para que en la familia entre tanto pendejo?
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