Apolo, Señor de la Luz
Cuando Apolo se manifiesta, el amanecer parece inclinarse ante él. Su figura brilla con la pureza del sol naciente; cabellos dorados, corona de laurel y una mirada que atraviesa el destino de los mortales.
En una mano porta la lira, capaz de calmar mares y corazones con una sola melodía. En la otra, el arco de plata, cuyas flechas jamás fallan a quien desafía el orden divino.
Dios de la luz, de la profecía y de la perfección, Apolo no camina… resplandece.
Donde aparece, las sombras retroceden y la verdad queda desnuda.
Porque ante Apolo, incluso los dioses guardan silencio para escuchar la música del destino.
Cuando Apolo se manifiesta, el amanecer parece inclinarse ante él. Su figura brilla con la pureza del sol naciente; cabellos dorados, corona de laurel y una mirada que atraviesa el destino de los mortales.
En una mano porta la lira, capaz de calmar mares y corazones con una sola melodía. En la otra, el arco de plata, cuyas flechas jamás fallan a quien desafía el orden divino.
Dios de la luz, de la profecía y de la perfección, Apolo no camina… resplandece.
Donde aparece, las sombras retroceden y la verdad queda desnuda.
Porque ante Apolo, incluso los dioses guardan silencio para escuchar la música del destino.
Apolo, Señor de la Luz
Cuando Apolo se manifiesta, el amanecer parece inclinarse ante él. Su figura brilla con la pureza del sol naciente; cabellos dorados, corona de laurel y una mirada que atraviesa el destino de los mortales.
En una mano porta la lira, capaz de calmar mares y corazones con una sola melodía. En la otra, el arco de plata, cuyas flechas jamás fallan a quien desafía el orden divino.
Dios de la luz, de la profecía y de la perfección, Apolo no camina… resplandece.
Donde aparece, las sombras retroceden y la verdad queda desnuda.
Porque ante Apolo, incluso los dioses guardan silencio para escuchar la música del destino. ☀️
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