• ❝Por suerte estamos aquí...❞
    Fandom The Walking Dead
    Categoría Slice of Life
    ㅤㅤㅤ
    ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑
    ㅤㅤㅤㅤ ˹ Daryl Dixon



    Puede que aquella fuera la época en la que realmente tocaran fondo como familia. Todo se volvió más duro y complicado desde que salieron de la Terminal. Gracias a Carol y un golpe de suerte escaparon de aquella trampa mortal de caníbales dispuestos a matarnos. Y con ello se reunieron con Tyresse, quien habia pasado todo aquel tiempo cuidando de Judith. Recuperar a Judith fue la mejor sensación que Liv pudo llevarse consigo.

    Después de aquello, tras salvarle la vida a Gabriel, un pastor que guardaba un terrible secreto, se acomodaron en su iglesia. Allí, el equipo de Abraham les propuso acompañarlos a Washington para que Eugene, quien al parecer podía resolver el problema de los caminantes, obrara un milagro. Y aunque aquello parecía esperanzador, la vida les pondría la zancadilla una y otra vez… Perdieron a Bob por culpa de los supervivientes de La Terminal, encontrarían a Beth en un hospital de Atlanta solo para volver a perderla. Esta vez para siempre. Un golpe muy duro para Maggie, quien habia perdido a su padre unas semanas atrás. Y, para colmo de desgracias, Eugene se reveló como un farsante. Porque, aunque resultaba imposible que un solo hombre pudiera resolver aquello, ellos aun guardaban las esperanzas…

    Incorporaron a Noah al equipo, un chico que habia conocido a Beth en el hospital y que queria regresar a la casa de su madre en Richmond. Solo Rick, Michonne, Glenn y Tyresse lo acompañaron. El resto del grupo se quedó resguardado en una casa a unos kilómetros. Daryl habia estado taciturno desde la muerte de Beth y Liv, sabiendo que a él le habia importado la joven no sabía bien como consolarle. Intentaba dejarle a solas el tiempo que él requería, pero tampoco era capaz de dejarlo pasar. Le dolía verle pasarlo mal…

    Carol habia hablado con Liv mientras esperaban por noticias de Rick o los demás:

    -Tiene que dejar ir el dolor. Daryl es… Bueno, ya le conoces -dijo Carol mientras reunían bayas para hacer algo de comer- Es introspectivo, callado y se guarda esas cosas para sí mismo… Acabará explotando…

    Asi que, con esas palabras en mente, Liv habia decidido salir a acompañar a Daryl a buscar algo de caza. No habia hecho falta proponérselo. Simplemente, se compenetraban asi de bien, a pesar de todo… Por lo que los dos recorrían el bosque aledaño a la casita donde se alojaban, en silencio intentando no hacer ruido. Solo cuando encontraron un par de conejos y regresaban, Liv se atrevió a hablar. Alargó una mano hacia la masculina y tiró de él levemente para llamar su atención.

    -Oye… -le dijo dando un paso adelante para colocarse delante de él- Sé que… quizás ahora no es el mejor momento, pero… no puedes guardártelo dentro…- le dijo solamente- Estoy aquí. Siempre. Y no volveré a irme -le aseguró antes de acortar la distancia entre los dos y dejar un beso cariñoso en su labio inferior.
    Por supuesto, aún era demasiado pronto para que Daryl se decidiera a hablar. Aun asi, Liv no se separaba de él. Lo buscaba para dormir, compartía con él la poca comida que tenían y cuando lo de Richmond resultó ser un fracaso, perdieron tambien a Tyresse y tuvieron que regresar a la carretera (aunque ahora con un destino ya que Michonne pensó que Eugene queria ir a DC por algo), respetó sus espacios y momentos de ausencia.

    Lo ocurrido en el granero, aquella tormenta que logró volver a aunar al grupo, ayudó a limpiar un poco la racha de mala suerte, pero más la limpió el momento en que un desconocido llamado Aaron apareció en escena con intenciones de llevarlos a su hogar. Aunque Rick fue reticente al principio, lo cierto era que Liv estaba en desacuerdo con él. Al igual que Maggie y Sasha, quienes lo habían encontrado primero. No se cortó un pelo en contarle sus impresiones a Daryl, con quien habia revisado la carretera siguiendo las ordenes de su padre.

    -Pues yo si creo que Aaron dice la verdad -dijo, y ante la mirada de Daryl, ella se encogió de hombros- No sé, llámame ingenua, pero creo que puede funcionar. Creo que hemos tenido bastante mala suerte en las ultimas semanas como para que algo se nos vuelva a ir a la mierda. Entiendo que papá esté a la defensiva, pero… Ha de ser algo bueno de verdad…

    Y lo fue. Fueron horas tensas pero tras encontrar al, a todas luces, novio de Aaron, el grupo entero consiguió llegar hasta las puertas enrejadas de Alejandria. Aaron no habia mentido. Habia muros, se escuchaban niños en el interior del enclave y estaba seguro… Liv alzó las cejas hacia Daryl en un mudo: “¿Lo ves?”

    Tras dejar sus armas en la armería, aunque no le hiciera demasiada gracia deshacerse de su arco de poleas (el que Daryl habia rescatado de Joe y su grupo de saqueadores y que Carol habia encontrado después en La Terminal), lo dejó sobre la mesa metálica al lado de la ballesta de Daryl. Después de aquello llegó la hora de las entrevistas con Deanna, la líder de Alejandria. Primero fue Rick, después Carl, y tras aquello llegó el turno de Liv.

    -¿A qué te dedicabas antes? -preguntó Deanna desde su sillón mirándola afablemente.

    Liv miró a su alrededor, sintiendo que era irreal estar sentada en medio de una sala de estar ordenada, limpia y segura. Como si el mundo no se hubiera ido a la mierda. ¿Qué? ¿Mientras ellos habían estado durmiendo en celdas o al raso esa gente habia estado allí todo el tiempo? ¿Sin problemas? ¿Sin enemigos? No sabían la suerte que tenían.

    -Olivia…- la llamó Deanna con suavidad. Liv la miró, sorprendida. Deanna sonrió- ¿A qué te dedicabas antes?

    Liv esbozó una tímida sonrisa de disculpa.

    -Perdone… -pronunció echando una ultima mirada alrededor de forma rápida. Sus dedos tironeaban de un hilo suelto de uno de sus guantes- Pues… Estudiaba medicina -rodó los ojos- Queria… ser cirujana.

    Deanna pareció conforme con su respuesta.

    -Tenemos un médico. Uno muy bueno, quizás te gustaría aprender de él…- propuso Deanna.

    Y Liv, que llevaba mas de un año sin tocar siquiera una aguja, se sintió abrumada.

    -Seria… No quiero ser un estorbo -dijo la muchacha.

    -No digas tonterías. Pete te enseñará todo lo que necesitas -decía Deanna- ¿No te ves siendo médico, Olivia?

    Y Liv, cuyo sueño, desde niña, habia sido ser médico de pronto pensó que quizás tendría oportunidad de realizar su sueño.

    -Me veo… Cuidando de mi familia. De mi padre, de mis hermanos, de Daryl y los demás. Es lo que he hecho desde que todo esto empezó. Aprender a valerme sola. Aprender a sobrevivir… Vivir un día más… -decía la muchacha- No sé -rio algo conmocionada con aquel cambio- Perdóneme… Es que… No me creo esto… Llevamos tanto tiempo fuera que…

    Deanna asintió.

    -Tu padre dice que habéis estado fuera desde el principio. ¿Cómo fue?

    Liv hinchó los mofletes y resopló.

    -Cuando dispararon a mi padre pareció que el mundo se fue a la mierda. Mi madre, Carl y yo salimos de nuestro pueblo con… un amigo de la familia… Y fuimos a Atlanta. Acampamos en el exterior. Después de un mes, o dos… mi padre volvió. Nos encontró. Y después… El Centro de Control de Enfermedades, una granja en medio de Georgia, la carretera, una prisión, la carretera otra vez…

    Deanna asintió.

    -Parece que habéis hecho un largo recorrido…

    Liv asintió.

    -No se lo imagina…



    #Personajes3D #3D #Comunidad3D #Starter #TheWalkingDead
    ㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤ ⧽ 𝐒𝐓𝐀𝐑𝐓𝐄𝐑 ㅤㅤㅤㅤ ˹ [DarylDixon] Puede que aquella fuera la época en la que realmente tocaran fondo como familia. Todo se volvió más duro y complicado desde que salieron de la Terminal. Gracias a Carol y un golpe de suerte escaparon de aquella trampa mortal de caníbales dispuestos a matarnos. Y con ello se reunieron con Tyresse, quien habia pasado todo aquel tiempo cuidando de Judith. Recuperar a Judith fue la mejor sensación que Liv pudo llevarse consigo. Después de aquello, tras salvarle la vida a Gabriel, un pastor que guardaba un terrible secreto, se acomodaron en su iglesia. Allí, el equipo de Abraham les propuso acompañarlos a Washington para que Eugene, quien al parecer podía resolver el problema de los caminantes, obrara un milagro. Y aunque aquello parecía esperanzador, la vida les pondría la zancadilla una y otra vez… Perdieron a Bob por culpa de los supervivientes de La Terminal, encontrarían a Beth en un hospital de Atlanta solo para volver a perderla. Esta vez para siempre. Un golpe muy duro para Maggie, quien habia perdido a su padre unas semanas atrás. Y, para colmo de desgracias, Eugene se reveló como un farsante. Porque, aunque resultaba imposible que un solo hombre pudiera resolver aquello, ellos aun guardaban las esperanzas… Incorporaron a Noah al equipo, un chico que habia conocido a Beth en el hospital y que queria regresar a la casa de su madre en Richmond. Solo Rick, Michonne, Glenn y Tyresse lo acompañaron. El resto del grupo se quedó resguardado en una casa a unos kilómetros. Daryl habia estado taciturno desde la muerte de Beth y Liv, sabiendo que a él le habia importado la joven no sabía bien como consolarle. Intentaba dejarle a solas el tiempo que él requería, pero tampoco era capaz de dejarlo pasar. Le dolía verle pasarlo mal… Carol habia hablado con Liv mientras esperaban por noticias de Rick o los demás: -Tiene que dejar ir el dolor. Daryl es… Bueno, ya le conoces -dijo Carol mientras reunían bayas para hacer algo de comer- Es introspectivo, callado y se guarda esas cosas para sí mismo… Acabará explotando… Asi que, con esas palabras en mente, Liv habia decidido salir a acompañar a Daryl a buscar algo de caza. No habia hecho falta proponérselo. Simplemente, se compenetraban asi de bien, a pesar de todo… Por lo que los dos recorrían el bosque aledaño a la casita donde se alojaban, en silencio intentando no hacer ruido. Solo cuando encontraron un par de conejos y regresaban, Liv se atrevió a hablar. Alargó una mano hacia la masculina y tiró de él levemente para llamar su atención. -Oye… -le dijo dando un paso adelante para colocarse delante de él- Sé que… quizás ahora no es el mejor momento, pero… no puedes guardártelo dentro…- le dijo solamente- Estoy aquí. Siempre. Y no volveré a irme -le aseguró antes de acortar la distancia entre los dos y dejar un beso cariñoso en su labio inferior. Por supuesto, aún era demasiado pronto para que Daryl se decidiera a hablar. Aun asi, Liv no se separaba de él. Lo buscaba para dormir, compartía con él la poca comida que tenían y cuando lo de Richmond resultó ser un fracaso, perdieron tambien a Tyresse y tuvieron que regresar a la carretera (aunque ahora con un destino ya que Michonne pensó que Eugene queria ir a DC por algo), respetó sus espacios y momentos de ausencia. Lo ocurrido en el granero, aquella tormenta que logró volver a aunar al grupo, ayudó a limpiar un poco la racha de mala suerte, pero más la limpió el momento en que un desconocido llamado Aaron apareció en escena con intenciones de llevarlos a su hogar. Aunque Rick fue reticente al principio, lo cierto era que Liv estaba en desacuerdo con él. Al igual que Maggie y Sasha, quienes lo habían encontrado primero. No se cortó un pelo en contarle sus impresiones a Daryl, con quien habia revisado la carretera siguiendo las ordenes de su padre. -Pues yo si creo que Aaron dice la verdad -dijo, y ante la mirada de Daryl, ella se encogió de hombros- No sé, llámame ingenua, pero creo que puede funcionar. Creo que hemos tenido bastante mala suerte en las ultimas semanas como para que algo se nos vuelva a ir a la mierda. Entiendo que papá esté a la defensiva, pero… Ha de ser algo bueno de verdad… Y lo fue. Fueron horas tensas pero tras encontrar al, a todas luces, novio de Aaron, el grupo entero consiguió llegar hasta las puertas enrejadas de Alejandria. Aaron no habia mentido. Habia muros, se escuchaban niños en el interior del enclave y estaba seguro… Liv alzó las cejas hacia Daryl en un mudo: “¿Lo ves?” Tras dejar sus armas en la armería, aunque no le hiciera demasiada gracia deshacerse de su arco de poleas (el que Daryl habia rescatado de Joe y su grupo de saqueadores y que Carol habia encontrado después en La Terminal), lo dejó sobre la mesa metálica al lado de la ballesta de Daryl. Después de aquello llegó la hora de las entrevistas con Deanna, la líder de Alejandria. Primero fue Rick, después Carl, y tras aquello llegó el turno de Liv. -¿A qué te dedicabas antes? -preguntó Deanna desde su sillón mirándola afablemente. Liv miró a su alrededor, sintiendo que era irreal estar sentada en medio de una sala de estar ordenada, limpia y segura. Como si el mundo no se hubiera ido a la mierda. ¿Qué? ¿Mientras ellos habían estado durmiendo en celdas o al raso esa gente habia estado allí todo el tiempo? ¿Sin problemas? ¿Sin enemigos? No sabían la suerte que tenían. -Olivia…- la llamó Deanna con suavidad. Liv la miró, sorprendida. Deanna sonrió- ¿A qué te dedicabas antes? Liv esbozó una tímida sonrisa de disculpa. -Perdone… -pronunció echando una ultima mirada alrededor de forma rápida. Sus dedos tironeaban de un hilo suelto de uno de sus guantes- Pues… Estudiaba medicina -rodó los ojos- Queria… ser cirujana. Deanna pareció conforme con su respuesta. -Tenemos un médico. Uno muy bueno, quizás te gustaría aprender de él…- propuso Deanna. Y Liv, que llevaba mas de un año sin tocar siquiera una aguja, se sintió abrumada. -Seria… No quiero ser un estorbo -dijo la muchacha. -No digas tonterías. Pete te enseñará todo lo que necesitas -decía Deanna- ¿No te ves siendo médico, Olivia? Y Liv, cuyo sueño, desde niña, habia sido ser médico de pronto pensó que quizás tendría oportunidad de realizar su sueño. -Me veo… Cuidando de mi familia. De mi padre, de mis hermanos, de Daryl y los demás. Es lo que he hecho desde que todo esto empezó. Aprender a valerme sola. Aprender a sobrevivir… Vivir un día más… -decía la muchacha- No sé -rio algo conmocionada con aquel cambio- Perdóneme… Es que… No me creo esto… Llevamos tanto tiempo fuera que… Deanna asintió. -Tu padre dice que habéis estado fuera desde el principio. ¿Cómo fue? Liv hinchó los mofletes y resopló. -Cuando dispararon a mi padre pareció que el mundo se fue a la mierda. Mi madre, Carl y yo salimos de nuestro pueblo con… un amigo de la familia… Y fuimos a Atlanta. Acampamos en el exterior. Después de un mes, o dos… mi padre volvió. Nos encontró. Y después… El Centro de Control de Enfermedades, una granja en medio de Georgia, la carretera, una prisión, la carretera otra vez… Deanna asintió. -Parece que habéis hecho un largo recorrido… Liv asintió. -No se lo imagina… #Personajes3D #3D #Comunidad3D #Starter #TheWalkingDead
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    Grupal
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    Cualquier línea
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  • Cuando te está yendo bien en la vida, siempre tiene que llegar el momento donde todo se va al c*rajo... Honestamente, cuando me adentré en esta expedición pensé "Que genial, una aventura con un grupo de personas fuertes, me dieron ropa especial, un arma... Seguramente podré aprender algo". Que equivocada estaba... Ahora me hallo tratando de salvar a uno de ellos que tiene un puñal en el estomago mientras la curandera no puede tirar un hechizo de los nervios... Me vendría bien que el plot armor universal me diera una mano.
    Cuando te está yendo bien en la vida, siempre tiene que llegar el momento donde todo se va al c*rajo... Honestamente, cuando me adentré en esta expedición pensé "Que genial, una aventura con un grupo de personas fuertes, me dieron ropa especial, un arma... Seguramente podré aprender algo". Que equivocada estaba... Ahora me hallo tratando de salvar a uno de ellos que tiene un puñal en el estomago mientras la curandera no puede tirar un hechizo de los nervios... Me vendría bien que el plot armor universal me diera una mano.
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  • [Registro #1 - Creación del Laboratorio y el primer experimento exitoso]

    Al final tomo la decisión de abrir un laboratorio para continuar con los experimentos que tanto tiempo atrás había dejado de lado, no le costó mucho, al contrario, la Hermandad del Signo Amarillo estaba mas que dispuesta a darle un espacio a Hastur para que pudiera experimentar libremente sin las consecuencias que previamente ya se habían visto, un grupo de la secta se reunió para comprar un laboratorio gigante para producir medicinas e investigación de entres biológicos para tratamientos, aunque todo ello era una fachada para comprar los materiales que Hastur pidiera sin problema alguno, una vez comprado el laboratorio y hecho unas remodelaciones, le dieron una habitación, no era tan amplia como le gustaría, pero era suficiente para empezar, puesto a que entendía bien que para continuar con los experimentos de manera de no levantar sospechas.

    Una de las cosas que había sido limitado era los especímenes con los que podía trabajar, puesto a que solo le permitirían trabajar con ratas de laboratorio, ratas blancas que habían sido usadas desde mucho tiempo por los humanos para probar diferentes cosas, pero no le afectaba mucho, puesto a que, en sus experimentos, solo necesitaba de un ser vivo para probarlo.

    Así pasaron los primeros días, el solo creaba compuestos alquímicos desde su memoria, añadiendo compuestos, cambiando dosis y inyectando estos compuestos químicos a los ratones, algunos morían instantáneamente, otros mutaban antes de morir, mientras que unos pocos sobrevivían, después de unos intentos más, él consiguió un espécimen que parecía perfecto, pero solo había una forma de comprobarlo, dejo la rata en una jaula limpia, puesto a que tenia que recolectar ciertas cosas para comprobar que todo fuera correcto.

    —OGHROS AL’F, GEB’L-EE’H, YOG-SOTHOTH, ‘NGAH’NG AL’Y, ZHRO.

    Después de pronunciar esas palabras el ratón procedió a derretirse, en un acto tan desagradable que los humanos suelen desmayarse ante la ocurrencia, después de eso, en donde estaba la rata, quedo un polvo de color rosa pálido, todo parecía ir bien, el rey tomo el polvo con cuidado y lo metió a un frasco, al analizarlo con detenimiento y usar su magia, comprobó que efectivamente, el experimento había sido exitoso, esto solo era el inicio de un viaje para conseguir mayor conocimiento.
    [Registro #1 - Creación del Laboratorio y el primer experimento exitoso] Al final tomo la decisión de abrir un laboratorio para continuar con los experimentos que tanto tiempo atrás había dejado de lado, no le costó mucho, al contrario, la Hermandad del Signo Amarillo estaba mas que dispuesta a darle un espacio a Hastur para que pudiera experimentar libremente sin las consecuencias que previamente ya se habían visto, un grupo de la secta se reunió para comprar un laboratorio gigante para producir medicinas e investigación de entres biológicos para tratamientos, aunque todo ello era una fachada para comprar los materiales que Hastur pidiera sin problema alguno, una vez comprado el laboratorio y hecho unas remodelaciones, le dieron una habitación, no era tan amplia como le gustaría, pero era suficiente para empezar, puesto a que entendía bien que para continuar con los experimentos de manera de no levantar sospechas. Una de las cosas que había sido limitado era los especímenes con los que podía trabajar, puesto a que solo le permitirían trabajar con ratas de laboratorio, ratas blancas que habían sido usadas desde mucho tiempo por los humanos para probar diferentes cosas, pero no le afectaba mucho, puesto a que, en sus experimentos, solo necesitaba de un ser vivo para probarlo. Así pasaron los primeros días, el solo creaba compuestos alquímicos desde su memoria, añadiendo compuestos, cambiando dosis y inyectando estos compuestos químicos a los ratones, algunos morían instantáneamente, otros mutaban antes de morir, mientras que unos pocos sobrevivían, después de unos intentos más, él consiguió un espécimen que parecía perfecto, pero solo había una forma de comprobarlo, dejo la rata en una jaula limpia, puesto a que tenia que recolectar ciertas cosas para comprobar que todo fuera correcto. —OGHROS AL’F, GEB’L-EE’H, YOG-SOTHOTH, ‘NGAH’NG AL’Y, ZHRO. Después de pronunciar esas palabras el ratón procedió a derretirse, en un acto tan desagradable que los humanos suelen desmayarse ante la ocurrencia, después de eso, en donde estaba la rata, quedo un polvo de color rosa pálido, todo parecía ir bien, el rey tomo el polvo con cuidado y lo metió a un frasco, al analizarlo con detenimiento y usar su magia, comprobó que efectivamente, el experimento había sido exitoso, esto solo era el inicio de un viaje para conseguir mayor conocimiento.
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  • ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒.

    Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar.
    Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas.

    Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio.
    Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia.

    La tormenta rugió afuera.

    Ella no levantó la vista.

    Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal.

    Alta.

    Cubierta por un velo oscuro.

    Observándola.

    Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata.

    La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque.

    Silencio otra vez.

    Sólo el crepitar de las velas.

    Sólo la lluvia.

    Sólo ella.

    O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda.

    No fueron rápidas.

    No fueron agresivas.

    Odette cerró el herbario con suavidad.

    —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio.

    Las pisadas se detuvieron.

    Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir.

    Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando.

    Aquella risa seguía ahí.

    Suave.

    Siniestra.

    Burlona.

    Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo.

    La herborista tomó una vela de la mesa.

    La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos.

    Un paso.

    Luego otro.

    Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba.
    Burlona. Incitando a Odette a buscarla.

    Primero junto al estante de frascos.

    Luego detrás de las cortinas.

    Después cerca de la puerta.

    Pero siempre fuera de su alcance.

    Odette entrecerró apenas los ojos.

    —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado.

    No obtuvo respuesta.

    Sólo aquel sonido.

    Más cerca ahora.

    Demasiado cerca.

    La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando.

    La risa venía de ahí.

    Podía jurarlo.

    Con lentitud apartó las ramas.

    El rincón estaba vacío.

    No había nadie.

    Ni huellas húmedas sobre el suelo.

    Ni barro.

    Ni ropa empapada.

    Nada.

    Esa risa cesó por completo.

    Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel.

    Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo.

    Un pequeño charco oscuro.

    Espeso.

    No era agua.

    Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.

    El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos.

    Retrocedió apenas un paso.

    Confundida.

    Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez.

    Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra...

    La suave risa volvió a burlarse de ella.
    ༒ 𝕻𝖔𝖑𝖑𝖊𝖓 𝕾𝖊𝖕𝖚𝖑𝖈𝖗𝖊𝖙𝖚𝖒. Era una tarde de tormenta, la noche estaba por caer y la lluvia golpeaba los ventanales con una paciencia funeraria, lenta, insistente… como dedos huesudos reclamando entrar. Dentro de la pequeña botica apenas sobrevivía la luz de unas cuantas velas consumidas, cuya cera derretida caía sobre los muebles antiguos como lágrimas espesas. El aire olía a tierra húmeda, hierbas secas y algo más difícil de nombrar. Algo amargo. Algo medicinal. Algo que recordaba demasiado a las criptas. Odette permanecía de pie frente a la mesa de trabajo, rodeada de frascos etiquetados con tinta antigua y nombres que la mayoría prefería no pronunciar. Belladona. Beleño negro. Acónito. Estramonio. Sus dedos recorrían con delicadeza las páginas abiertas del herbario mientras separaba pequeñas ramas marchitas para dejarlas secar. Había aprendido hacía mucho que las plantas también podían pudrirse con elegancia. La tormenta rugió afuera. Ella no levantó la vista. Sólo cuando el viento hizo estremecer las paredes de madera, sus ojos verdes y apagados se desviaron lentamente hacia la ventana empañada. Durante un segundo creyó distinguir una silueta inmóvil al otro lado del cristal. Alta. Cubierta por un velo oscuro. Observándola. Odette permaneció quieta, con la misma serenidad con la que otros aceptaban una oración antes de morir. Sus dedos, manchados tenuemente por los pigmentos de las hierbas que martajaba, sostuvieron una planta seca de Ajenjo que descansaba entre las páginas del libro donde antes se encontraba su rosario de plata. La figura desapareció cuando un relámpago iluminó el bosque. Silencio otra vez. Sólo el crepitar de las velas. Sólo la lluvia. Sólo ella. O eso creyó… hasta que escuchó el sonido húmedo de unas pisadas detrás de su espalda. No fueron rápidas. No fueron agresivas. Odette cerró el herbario con suavidad. —La puerta estaba cerrada.—Murmuró tranquila.—Así que supongo que no viene buscando refugio. Las pisadas se detuvieron. Y en algún rincón oscuro de la botica… algo comenzó a reir. Odette permaneció inmóvil unos segundos más, escuchando. Aquella risa seguía ahí. Suave. Siniestra. Burlona. Parecía surgir desde algún rincón de la botica, mezclándose con el crujido de la madera vieja y el murmullo de la tormenta detrás de los cristales. No sonaba como la risa de una persona… tampoco como la de un niño. Había algo enfermo en ello. Algo demasiado profundo. La herborista tomó una vela de la mesa. La llama de la vela tembló mientras avanzaba despacio por la habitación. Las sombras de las plantas colgadas del techo se balanceaban sobre las paredes como cadáveres suspendidos. Un paso. Luego otro. Aquella risa parecía moverse cada vez que ella se acercaba. Burlona. Incitando a Odette a buscarla. Primero junto al estante de frascos. Luego detrás de las cortinas. Después cerca de la puerta. Pero siempre fuera de su alcance. Odette entrecerró apenas los ojos. —No me agradan los juegos.—Exhaló. Con aparente tono cansado. No obtuvo respuesta. Sólo aquel sonido. Más cerca ahora. Demasiado cerca. La llama de la vela vaciló violentamente cuando Odette se detuvo frente al rincón más oscuro de la botica: un pequeño espacio detrás de una cortina de hierbas secas y ramilletes marchitos colgando. La risa venía de ahí. Podía jurarlo. Con lentitud apartó las ramas. El rincón estaba vacío. No había nadie. Ni huellas húmedas sobre el suelo. Ni barro. Ni ropa empapada. Nada. Esa risa cesó por completo. Odette observó el espacio durante largos segundos sin moverse. Su expresión apenas cambió, aunque sintió el frío reptar lentamente bajo su piel. Entonces la vela iluminó algo sobre el suelo. Un pequeño charco oscuro. Espeso. No era agua. Odette descendió lentamente la vista… y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones. El líquido nacía desde debajo del suelo. Desde sus propios zapatos. Retrocedió apenas un paso. Confundida. Y fue entonces cuando lo escuchó otra vez. Detrás del cristal empañado donde antes había visto la sombra... La suave risa volvió a burlarse de ella.
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  • Es momento de llevar a cabo los preparativos pertinentes antes de emprender una nueva expedición.
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  • Portada digital exclusiva

    “Ser la CEO más rica entre Estados Unidos y Japón no es poder, es responsabilidad.”

    Entre la silenciosa de Portland y el peso de un apellido que mueve industrias de su propia marca de  electrodomésticos a robots , Mitsuru Kirijo abre las puertas de su mundo en una conversación íntima con Vanity Fair.

    En esta edición, habla sobre liderazgo, legado, éxito y el delicado equilibrio entre la ambición y algo de su vida privada. Y que todos querían hacerle: su relación con el campeón de boxeo Akihiko Sanada.

    Desde Tokio hasta Portland ,Mitsuru representa una nueva generación de poder: sofisticada, estratégica y profundamente humana.

    Fotografías: Gorka Postigo
    Entrevista completa en nuestra edición digital.
    ✨ Portada digital exclusiva ✨ “Ser la CEO más rica entre Estados Unidos y Japón no es poder, es responsabilidad.” Entre la silenciosa de Portland y el peso de un apellido que mueve industrias de su propia marca de  electrodomésticos a robots , Mitsuru Kirijo abre las puertas de su mundo en una conversación íntima con Vanity Fair. En esta edición, habla sobre liderazgo, legado, éxito y el delicado equilibrio entre la ambición y algo de su vida privada. Y que todos querían hacerle: su relación con el campeón de boxeo Akihiko Sanada. Desde Tokio hasta Portland ,Mitsuru representa una nueva generación de poder: sofisticada, estratégica y profundamente humana. 📍Fotografías: Gorka Postigo 📖 Entrevista completa en nuestra edición digital.
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  • ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗.

    La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro.

    El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato.
    —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes.
    El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar.
    Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión.

    Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso.
    Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo.
    —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia.
    El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco.

    —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos.
    —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso.
    Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie.
    Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso.

    Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar.
    Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar.

    Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo.
    Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido.

    Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
    ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗. La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro. El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato. —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes. El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar. Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión. Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso. Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo. —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia. El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco. —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos. —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso. Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie. Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso. Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar. Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar. Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo. Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido. Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
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  • Tras una expedición prolongada, he llegado a Catarina, donde he tenido el placer de reencontrarme con un estimado colega, Siegward. Él me brindó su asistencia al prestarme su yelmo en un momento de necesidad, cuando me vi en la obligación de empeñar el mío.

    Sin su invaluable apoyo, esta travesía no habría sido posible y mi propósito se habría desvanecido, lo que podría haberme llevado a una situación de desequilibrio, similar a la que enfrentaron los miembros de mi clan.
    Tras una expedición prolongada, he llegado a Catarina, donde he tenido el placer de reencontrarme con un estimado colega, Siegward. Él me brindó su asistencia al prestarme su yelmo en un momento de necesidad, cuando me vi en la obligación de empeñar el mío. Sin su invaluable apoyo, esta travesía no habría sido posible y mi propósito se habría desvanecido, lo que podría haberme llevado a una situación de desequilibrio, similar a la que enfrentaron los miembros de mi clan.
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  • Es el momento de emprender mi próxima expedición. Gracias a las adquisiciones realizadas por los residentes de esta localidad, he logrado abastecer completamente mi establecimiento. Me siento sumamente satisfecho y realizado.
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  • Tras un extenso y desafiante periplo, y con la inestimable compañía de un leal equino, he tenido la oportunidad de recorrer diversas localidades y adquirir una selecta colección de artículos para su comercialización. Me complace comunicar que he recuperado mi yelmo, previamente empeñado, y que, además, he restituido el suyo a mi estimado colega Siegward de Catarina. Ha sido una experiencia sumamente enriquecedora, y mi intención es proseguir con mi actividad mercantil, emprendiendo nuevas expediciones.
    Tras un extenso y desafiante periplo, y con la inestimable compañía de un leal equino, he tenido la oportunidad de recorrer diversas localidades y adquirir una selecta colección de artículos para su comercialización. Me complace comunicar que he recuperado mi yelmo, previamente empeñado, y que, además, he restituido el suyo a mi estimado colega Siegward de Catarina. Ha sido una experiencia sumamente enriquecedora, y mi intención es proseguir con mi actividad mercantil, emprendiendo nuevas expediciones.
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