• — Y ni un minuto más de desperedicio. Para siempre tuyo —
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  • La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento.

    Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida.

    Tomó un largo trago.

    —Hm...

    El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho.

    —Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas.

    Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte.

    Otro trago.

    —Las flechas están listas. Los cuchillos también.

    Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie.

    —Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades.

    Una breve pausa.

    —Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo.

    El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo.

    Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes.

    —Por los caminos inciertos.

    Otro sorbo.

    —Por los negocios honestos.

    Y finalmente añadió con una leve carcajada grave:

    —Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan.

    El tarro chocó contra la mesa de madera.

    —¡Que comience la expedición!
    La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento. Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida. Tomó un largo trago. —Hm... El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho. —Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas. Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte. Otro trago. —Las flechas están listas. Los cuchillos también. Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie. —Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades. Una breve pausa. —Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo. El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo. Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes. —Por los caminos inciertos. Otro sorbo. —Por los negocios honestos. Y finalmente añadió con una leve carcajada grave: —Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan. El tarro chocó contra la mesa de madera. —¡Que comience la expedición!
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  • Hoy en "ALBUMES CON EL TIO JERO " (Edición especial, Origen de nuestra querida y adorable Cynthia Jane☀️)

    GENESIS - "Nursery Cryme." (1971)

    Género: Rock Progresivo.

    "Seré Breve en lo musical, aunque está es una obra maestra del género con arreglos pastorales mezclados con la complejidad del Rock progresivo setentero como si fuese de la época victoriana. Con la fantasmal voz de Peter Gabriel y las baterías de Phill Collins. Un imprescindible del Rock Progresivo."

    ¿Quién es realmente Cynthia Jane?

    "Primero que todo, ella, la original aparece en la portada del álbum (que tuve que censurar porque se ve el cercenamiento de Henry) y es la protagonista de la historia relatada en el épico track 'The Musical Box.' La cual Narra como de la caja musical aparece Henry, el niño asesinado por Cynthia Jane (su hermana) de un martillazo y decapitándolo en el acto, el cual toma la forma espectral de un viejo pervertido que desea sexualmente a Cynthia (por eso el rol de ella se basó en esta historia y otras referencias al mismo álbum)."

    "El personaje de Cynthia aquí en Ficrol fue basado físicamente como mencionaba anteriormente en la carátula de este DISCAZO."

    "Su acento Británico se debe más que nada porque la Banda Génesis es de Inglaterra, duh...."

    "Su personalidad por parte refinada es porque la imagen delata que es una muchacha de alta alcurnia, y su lado más adorable lo basé en mi querida hermanita Lady Céleste a quien le mando un enorme abrazo y gratitud por inspirarme a crear la personalidad de la adorable Cynthia."

    "Finalmente el modus operandi de su rol es hacer algunas referencias oscuras al Rock progresivo de los 70, y alusiones al álbum donde está adorable muchacha se origina."

    "A pesar de tener un sonido añejo, recomiendo está obra maestra que me ha acompañado toda la vida 10/10."

    Canciones destacadas:

    -The Musical Box (La Caja Musical)
    -The Return of The Giant Hogweed (El Regreso del Perejil Gigante)
    -The Fountain of Salmacis (La Fuente de Salmacis)

    https://youtu.be/jGZaH0JEiic?si=6fEbndoLJzbeV7hh
    Hoy en "ALBUMES CON EL TIO JERO 😎💀" (Edición especial, Origen de nuestra querida y adorable [CynthiaJane21]) GENESIS - "Nursery Cryme." (1971) Género: Rock Progresivo. "Seré Breve en lo musical, aunque está es una obra maestra del género con arreglos pastorales mezclados con la complejidad del Rock progresivo setentero como si fuese de la época victoriana. Con la fantasmal voz de Peter Gabriel y las baterías de Phill Collins. Un imprescindible del Rock Progresivo." ¿Quién es realmente Cynthia Jane? "Primero que todo, ella, la original aparece en la portada del álbum (que tuve que censurar porque se ve el cercenamiento de Henry) y es la protagonista de la historia relatada en el épico track 'The Musical Box.' La cual Narra como de la caja musical aparece Henry, el niño asesinado por Cynthia Jane (su hermana) de un martillazo y decapitándolo en el acto, el cual toma la forma espectral de un viejo pervertido que desea sexualmente a Cynthia (por eso el rol de ella se basó en esta historia y otras referencias al mismo álbum)." "El personaje de Cynthia aquí en Ficrol fue basado físicamente como mencionaba anteriormente en la carátula de este DISCAZO." "Su acento Británico se debe más que nada porque la Banda Génesis es de Inglaterra, duh...." "Su personalidad por parte refinada es porque la imagen delata que es una muchacha de alta alcurnia, y su lado más adorable lo basé en mi querida hermanita [LadyCeleste2008] a quien le mando un enorme abrazo y gratitud por inspirarme a crear la personalidad de la adorable Cynthia." "Finalmente el modus operandi de su rol es hacer algunas referencias oscuras al Rock progresivo de los 70, y alusiones al álbum donde está adorable muchacha se origina." "A pesar de tener un sonido añejo, recomiendo está obra maestra que me ha acompañado toda la vida 10/10." Canciones destacadas: -The Musical Box (La Caja Musical) -The Return of The Giant Hogweed (El Regreso del Perejil Gigante) -The Fountain of Salmacis (La Fuente de Salmacis) https://youtu.be/jGZaH0JEiic?si=6fEbndoLJzbeV7hh
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  • [Luego del intenso interrogatorio de Bianca Auditore y dar el veredicto de declararla como "inocente" termino con una gran jaqueca]
    -Dios esa mocosa es sumamente irritante. Me agotó física y mentalmente. Pero sólo porque no me simpatice no podía permitir recriminarle los cargos del asesinato. Al parecer todo orienta a que mi padre fue asesinado por las propias unidades de combate de la división Q defendiendo a Unknown . Siempre supe que esa división estaba podrida. Pero nunca pensé que tanto. ¿Que viene ahora?. Pues hacer lo posible por cortar el problema de raíz. Edgar Markov, el director general de la división Q y sus experimentos genéticos desenfrenados, deben ser erradicados. Tendré que formar mi propio equipo de operaciones. Por ahora sólo quiero sentarme y tomarme una medicina para la migraña.
    [Luego del intenso interrogatorio de [Freaky_Ghost_Ovni] y dar el veredicto de declararla como "inocente" termino con una gran jaqueca] -Dios esa mocosa es sumamente irritante. Me agotó física y mentalmente. Pero sólo porque no me simpatice no podía permitir recriminarle los cargos del asesinato. Al parecer todo orienta a que mi padre fue asesinado por las propias unidades de combate de la división Q defendiendo a [Uni_Darkness_Softspot]. Siempre supe que esa división estaba podrida. Pero nunca pensé que tanto. ¿Que viene ahora?. Pues hacer lo posible por cortar el problema de raíz. Edgar Markov, el director general de la división Q y sus experimentos genéticos desenfrenados, deben ser erradicados. Tendré que formar mi propio equipo de operaciones. Por ahora sólo quiero sentarme y tomarme una medicina para la migraña.
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  • Jane dió un par de pasos atrás, dejando la libreta sobre la cama, como si ganando distancia pudiera apreciarla mejor.

    — Vale, así servirá, no parece una libreta que concede deseos. Tras experimentar un poco he averiguado que...

    Empezó a enumerar con los dedos de la mano.

    – Uno, no puedo hacer que las personas pierdan la memoria. Dos, no puedo auto concederme conocimientos importantes como en medicina o física, pero si que puedo otorgarmelos en campos de menos importancia como el ajedrez. Y tres, no puedo alterar con deseos nada de la libreta, pero si que puedo darme habilidades sobrehumanas de menor escala que me ayuden.

    Chasqueó los dedos, haciendo que la libreta desparezca y aparezca en su bandolera, luego volvió a chasquearlos, provocando que volviera a la cama.

    — Se ve que esto no cuenta como alterar el espacio, dado que no la estoy enviando a la nada o a otra dimensión, y solo afecta al movimiento de la libreta, no a ella en sí.
    Jane dió un par de pasos atrás, dejando la libreta sobre la cama, como si ganando distancia pudiera apreciarla mejor. — Vale, así servirá, no parece una libreta que concede deseos. Tras experimentar un poco he averiguado que... Empezó a enumerar con los dedos de la mano. – Uno, no puedo hacer que las personas pierdan la memoria. Dos, no puedo auto concederme conocimientos importantes como en medicina o física, pero si que puedo otorgarmelos en campos de menos importancia como el ajedrez. Y tres, no puedo alterar con deseos nada de la libreta, pero si que puedo darme habilidades sobrehumanas de menor escala que me ayuden. Chasqueó los dedos, haciendo que la libreta desparezca y aparezca en su bandolera, luego volvió a chasquearlos, provocando que volviera a la cama. — Se ve que esto no cuenta como alterar el espacio, dado que no la estoy enviando a la nada o a otra dimensión, y solo afecta al movimiento de la libreta, no a ella en sí.
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  • —Las Crónicas De Fenrir Queen—

    •Capítulo 1: Las heridas que no sanan•

    El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme.

    Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro.

    Curandero: —Nunca había visto algo parecido.

    Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es?

    El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo.

    Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo.

    Fenrir: —Entonces… puede curarlo?

    La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca.

    Curandero: —Lo siento, muchacha.

    Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución.

    Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando.

    Fenrir: —Tan mal están?

    Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves.

    Fenrir: —Puede ayudarme?

    La mujer apartó lentamente la mirada.

    Alquimista: —No.

    Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo.

    Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal.

    Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo?

    Anciano: —No.

    Fenrir: —Y algún alquimista?

    Anciano: —Tampoco.

    Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar.

    Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente.

    Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar.

    Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido.

    Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo.

    Fenrir: —Parecido?

    Anciano: —Un joven viajero.

    Fenrir: —También está herido?

    El hombre asintió.

    Anciano: —Eso parece.

    No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo.

    Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías.

    Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar.

    Finalmente reuní valor y me acerqué.

    Fenrir: —Puedo sentarme?

    El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder.

    Desconocido: —Haz lo que quieras.

    Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo.

    Desconocido: —No pareces de aquí.

    Fenrir: —Porque no lo soy.

    Desconocido: —Viajas sola.

    Fenrir: —Sí.

    El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante.

    Desconocido: —Qué pasa?

    Fenrir: —Tu brazo.

    Su expresión se endureció ligeramente.

    Desconocido: —Qué ocurre con él?

    Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes.

    Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío.

    Por primera vez pareció realmente sorprendido.

    Desconocido: —También estás herida?

    Solté una pequeña risa cansada.

    Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir.

    El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista.

    Desconocido: —Fue un chico?

    Fenrir: —Cómo lo sabes?

    Desconocido: —Porque a mí me hizo esto.

    Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido.

    Fenrir: —Yo no sé quién era.

    Desconocido: —Yo tampoco sé mucho.

    Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó.

    Desconocido: —A mí tampoco.

    La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar.

    Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía.

    Desconocido: —Porque se rompe.

    Fenrir: —Qué quieres decir?

    Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor.

    Bajé la mirada hacia la mesa.

    Fenrir: —Casi me mata.

    El muchacho permaneció unos segundos en silencio.

    Desconocido: —A mí también.

    Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara.

    Fuera quien fuese aquel muchacho…
    Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
    —Las Crónicas De Fenrir Queen— •Capítulo 1: Las heridas que no sanan• El viaje comenzó una mañana fría y silenciosa. Recuerdo haber permanecido unos segundos frente a la puerta de casa antes de marcharme, observando el camino que se extendía ante mí mientras ajustaba las correas de la mochila sobre mis hombros. No estaba segura de cuánto tiempo estaría fuera ni de si realmente encontraría lo que buscaba, pero quedarme tampoco iba a solucionar nada. Bajo la ropa, ocultos a la vista de cualquiera, los vendajes seguían envolviendo gran parte de mi cuerpo y las grietas permanecían allí, tan presentes como el día en que aparecieron. Algunas veces el dolor era soportable, otras parecía extenderse por cada músculo y cada hueso, recordándome constantemente aquel encuentro que había cambiado mi vida. Todavía podía ver aquella escena cuando cerraba los ojos: el aire deformándose, el suelo rompiéndose bajo nuestros pies y aquella sensación insoportable de impotencia al comprender que no podía hacer nada para detenerlo. No sabía quién era aquel muchacho, ni por qué me había atacado, ni qué clase de poder era capaz de causar semejante destrucción. Lo único que sabía era que había sobrevivido de milagro y que, si quería seguir adelante, debía encontrar alguna forma de curarme. Los primeros días viajé con optimismo. Había escuchado historias sobre curanderos capaces de sanar enfermedades imposibles, alquimistas que creaban remedios legendarios y magos especializados en maldiciones antiguas. Pensé que, tarde o temprano, alguien sabría reconocer mis heridas. Sin embargo, la realidad fue muy distinta. El primer curandero que visité vivía en un pequeño pueblo costero. Su casa estaba construida junto al puerto y olía intensamente a hierbas medicinales y sal marina. Tras examinar las grietas durante varios minutos, el anciano permaneció en silencio con el ceño fruncido antes de dejar escapar un largo suspiro. Curandero: —Nunca había visto algo parecido. Fenrir: —Ni siquiera sabe qué es? El hombre volvió a observar las marcas mientras acariciaba su barba pensativo. Curandero: —No parece una enfermedad. Tampoco una herida común. Es como si algo hubiese quedado atrapado dentro de tu cuerpo. Fenrir: —Entonces… puede curarlo? La expresión del anciano fue suficiente para responder antes incluso de que abriera la boca. Curandero: —Lo siento, muchacha. Aquella respuesta fue la primera de muchas. Durante las semanas siguientes recorrí pueblos, ciudades y aldeas escondidas entre montañas. Una alquimista famosa examinó las grietas utilizando cristales mágicos y herramientas que jamás había visto. Un sacerdote intentó purificarlas mediante rituales antiguos. Incluso una anciana que afirmaba haber vivido más de cien años pasó una tarde entera estudiándolas. Ninguno encontró una solución. Alquimista: —No entiendo cómo sigues caminando. Fenrir: —Tan mal están? Alquimista: —He visto guerreros perder miembros por heridas menos graves. Fenrir: —Puede ayudarme? La mujer apartó lentamente la mirada. Alquimista: —No. Cada respuesta negativa hacía que el viaje pesara un poco más. Había momentos en los que me sentaba junto al camino para cambiar las vendas y observaba las grietas preguntándome si terminarían formando parte de mí para siempre. No era una guerrera legendaria ni una gran maga. Apenas estaba aprendiendo a utilizar mis propias habilidades. Mis hechizos de curación eran básicos, mis barreras rúnicas servían principalmente para protegerme y todavía tenía mucho que aprender sobre la magia. Comparada con los verdaderos aventureros y héroes de las historias, me sentía débil. Aquella sensación se volvía aún más intensa cuando recordaba cómo había terminado mi combate. No había ganado. Ni siquiera había estado cerca de hacerlo. Cuando llegué al pueblo de montaña ya había pasado casi un mes desde mi partida. El lugar estaba escondido entre colinas cubiertas de bosques y parecía tranquilo a simple vista, pero algo no encajaba. Los habitantes caminaban deprisa, las conversaciones se apagaban cuando alguien se acercaba y más de una persona observaba constantemente los caminos que conducían al exterior. No sabía qué estaba ocurriendo allí y tampoco quería involucrarme. Mi objetivo seguía siendo el mismo, así que recorrí las calles preguntando por curanderos hasta que terminé frente a un anciano que atendía un pequeño puesto en la plaza principal. Fenrir: —Disculpe, hay algún curandero en el pueblo? Anciano: —No. Fenrir: —Y algún alquimista? Anciano: —Tampoco. Solté un suspiro resignado. Aquella conversación empezaba a resultarme demasiado familiar. Fenrir: —Entiendo… gracias igualmente. Ya me había girado para marcharme cuando el anciano volvió a hablar. Anciano: —Aunque llegó alguien hace unos días buscando algo parecido. Me detuve inmediatamente y volví a mirarlo. Fenrir: —Parecido? Anciano: —Un joven viajero. Fenrir: —También está herido? El hombre asintió. Anciano: —Eso parece. No era una respuesta demasiado útil, pero despertó mi curiosidad. Después de tantas semanas buscando una cura sin resultados, encontrar a otra persona cargando con heridas extrañas era suficiente para llamar mi atención. Cuando cayó la noche terminé entrando en la única posada del pueblo. El interior estaba iluminado por la luz cálida de una gran chimenea y el sonido de las conversaciones llenaba el ambiente. Mientras buscaba una mesa libre, una figura sentada en una esquina apartada llamó mi atención. Era un muchacho de cabello blanco plateado, más o menos de mi edad, acompañado por una katana que descansaba apoyada junto a la pared. Parecía cansado, como alguien que llevaba mucho tiempo viajando sin descanso, pero lo que realmente captó mi atención fue su brazo izquierdo. Estaba vendado. Y entre los huecos de las vendas asomaban pequeñas grietas oscuras. Mi corazón dio un vuelco. Se parecían demasiado a las mías. Instintivamente llevé una mano hacia mi costado y una punzada atravesó mi cuerpo. Las grietas reaccionaron de inmediato, obligándome a apretar los dientes para contener el dolor. El movimiento llamó la atención del muchacho, que levantó la mirada y se quedó observándome. Durante unos segundos ninguno apartó los ojos. No había hostilidad. Tampoco confianza. Solo una extraña sensación de reconocimiento imposible de explicar. Finalmente reuní valor y me acerqué. Fenrir: —Puedo sentarme? El muchacho me observó durante unos instantes antes de responder. Desconocido: —Haz lo que quieras. Tomé asiento frente a él y durante unos segundos ninguno dijo nada. El silencio resultaba incómodo, pero al mismo tiempo parecía que ambos estábamos intentando averiguar lo mismo. Desconocido: —No pareces de aquí. Fenrir: —Porque no lo soy. Desconocido: —Viajas sola. Fenrir: —Sí. El muchacho asintió levemente antes de volver a guardar silencio. Mis ojos terminaron desviándose nuevamente hacia su brazo. Él lo notó al instante. Desconocido: —Qué pasa? Fenrir: —Tu brazo. Su expresión se endureció ligeramente. Desconocido: —Qué ocurre con él? Apoyé una mano sobre mi costado, justo donde se ocultaban mis propios vendajes. Fenrir: —Creo que se parece un poco a lo mío. Por primera vez pareció realmente sorprendido. Desconocido: —También estás herida? Solté una pequeña risa cansada. Fenrir: —Bastante más de lo que me gustaría admitir. El muchacho permaneció callado unos segundos antes de formular una pregunta que me hizo levantar la vista. Desconocido: —Fue un chico? Fenrir: —Cómo lo sabes? Desconocido: —Porque a mí me hizo esto. Durante unos segundos me quedé inmóvil. Aquella era la primera vez que encontraba a alguien que parecía haber pasado por algo parecido. Fenrir: —Yo no sé quién era. Desconocido: —Yo tampoco sé mucho. Fenrir: —Ni siquiera me explicó por qué me atacó. Desconocido: —A mí tampoco. La conversación continuó durante largo rato. Ninguno conocía el nombre de aquel muchacho. Ninguno entendía el origen de su poder. Lo único que compartíamos eran las consecuencias. Yo le hablé de cómo las grietas recorrían gran parte de mi cuerpo y de cómo ningún curandero había conseguido ayudarme. Él me contó que las suyas estaban concentradas únicamente en su brazo izquierdo y que, aunque podía seguir luchando, tampoco lograban sanar. Fenrir: —Sentí cómo el aire se rompía. Desconocido: —Porque se rompe. Fenrir: —Qué quieres decir? Desconocido: —Que su poder no destruye solo lo que toca. Es como si dañara todo lo que hay alrededor. Bajé la mirada hacia la mesa. Fenrir: —Casi me mata. El muchacho permaneció unos segundos en silencio. Desconocido: —A mí también. Las llamas de la chimenea continuaban danzando a nuestra espalda mientras el murmullo de la posada seguía llenando el ambiente. Sin embargo, en aquel momento todo parecía lejano. Porque por primera vez desde que había comenzado mi viaje ya no me sentía completamente sola. Seguía sin conocer el nombre del muchacho sentado frente a mí. Él tampoco conocía el mío. Tampoco sabíamos quién era realmente el responsable de nuestras heridas ni por qué había decidido atacarnos. Pero una cosa estaba clara. Fuera quien fuese aquel muchacho… Seguía ahí fuera y tarde o temprano volveríamos a cruzarnos con él.
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  • 𝖀𝖓... ¿𝖗𝖔𝖘𝖙𝖗𝖔 𝖋𝖆𝖒𝖎𝖑𝖎𝖆𝖗?
    Categoría Original
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: Eʀɪɴ



    𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑

    El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar.

    Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias.

    Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad.

    Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor.

    Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo.


    𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖

    El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos.

    Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto.

    Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien.

    Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer.
    El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso.

    Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo.

    —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí.

    Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás.

    —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
    𝓡𝓸𝓵𝓮𝓹𝓵𝓪𝔂 𝔀𝓲𝓽𝓱: [Black.Rose] 𝕻𝖊𝖘𝖙𝖊 𝕭𝖚𝖇ó𝖓𝖎𝖈𝖆 𝖞 𝖇𝖗𝖔𝖙𝖊 𝖉𝖊 𝖛𝖎𝖗𝖚𝖊𝖑𝖆. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟓𝟗𝟑 El miedo y la desesperación recorrían cada rincón del país. Las ciudades más grandes notaban en demasía cómo las vidas eran arrasadas por la enfermedad y la imposibilidad de ayudar a cada víctima, sin importar las medidas y cuarentenas que se tomaran. La viruela era lo peor, sin embargo, porque sin importar la casta llegaba a cualquier hogar. Fue así con los Lancaster. Quien la padeció terriblemente fue una joven llamada Erin. Por supuesto, los padres de esta hicieron todo lo posible para que se mejorara, pagando por los tratamientos más caros y los mejores doctores que pudieran encontrar. No parecía dar demasiados resultados y el pánico comenzaba a apoderarse del hogar. Pero entonces escucharon sobre otro médico en la ciudad. Uno extraño, de quien muchas malas lenguas decían que la muerte lo seguía allí donde fuera; otras aseguraban que hacía milagros si pagaban bien y le daban las libertades necesarias. Loimos fue convocado una noche. Su presencia provocó más inquietud que consuelo mientras se presentaba ante los nobles. Era muy educado, a pesar de que la máscara y el atuendo de cuero negro no transmitían precisamente tranquilidad. Llegó a los aposentos de la joven ya postrada en cama y no perdió tiempo en revisarla. Casi no hizo preguntas, solo cuando era estrictamente necesario; el resto lo averiguó a base de observación y pruebas, muchas de ellas realizándolas en privado. La viruela era un problema para el que aún no encontraba una respuesta clara, pero cada paciente lo acercaba un poco más a ella. Por desgracia, sin importar todo lo que hizo e intentó(sin dañar a la joven, pues los padres fueron muy estrictos respecto a su integridad), no encontró solución alguna. Muy a su propia frustración, luego de meses, tuvo que aceptar que no podría ayudarla. Necesitaba otro tipo de pacientes para examinarlos mejor. Su presencia desapareció de aquella vivienda como si solo se hubiese tratado de una ilusión, un fantasma y nada más. Incluso dejó de verse en la ciudad. Algunos pensaron que solo había sido un sueño febril colectivo. 𝕷𝖆𝖘 𝖊𝖓𝖋𝖊𝖗𝖒𝖊𝖉𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖈𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖔𝖓. 𝕮𝖎𝖗𝖈𝖆. 𝟏𝟕𝟒𝟖 El tiempo avanzó con relativa rapidez. Las ciudades se veían más refinadas, más elegantes; se levantaron academias prestigiosas y la medicina avanzó, dando paso también a nuevos instrumentos. Los médicos se modernizaron un poco más. Loimos no había cambiado demasiado salvo por algunas prendas. Pero la máscara de pico, el sombrero, los guantes de cuero y el bastón seguían allí. Además, su cuerpo permanecía bien cubierto, como si aún intentara alejar toda peste de sí mismo a pesar de haber estado rodeado de ella durante tantos siglos. Las personas caminaban por las calles como si la ciudad no estuviera marcada por enfermedades y guerras. Querían olvidar. Había más control, pero todavía no existían soluciones definitivas. El doctor no creía que fuese momento para relajarse tanto. Sus pasos eran tranquilos, escuchándose en ocasiones el golpeteo de su bastón contra el suelo, pero todo se detuvo cuando se paró frente a una plaza. Ladeó apenas la cabeza y luego giró la mirada hacia la izquierda. Creyó haber visto algo que captó su atención. Alguien, más bien. Al principio pensó que era coincidencia, pero entonces observó mejor a aquella joven mujer. El recuerdo llegó de inmediato, aunque las diferencias eran claras. Ya no había dolor en el rostro, no se veía la fiebre reflejada en cada facción ni el debilitamiento evidente, tampoco la muerte acechando a su lado. Se veía sana. Apenas pálida, quizá. Con fuerza... e igual a la última vez que la vio. Curioso. Demasiado curioso. Continuó avanzando, ahora con una nueva dirección, directamente hacia la mujer. Todavía sin prisa; tampoco deseaba arruinarle el paseo o aquello que estuviese haciendo. La analizó un poco más antes de acercarse lo suficiente para que pudiera escucharlo. —Lady Lancaster —la voz estaba amortiguada por la máscara, aunque eso no impidió que se notara aquel tono tranquilo de siempre—. Vaya sorpresa encontrarla por aquí. Fue evidente que aquellas palabras solo intentaban evitar mencionar directamente el verdadero interés que despertaba en él verla todavía con vida, cuando había observado cómo esta abandonaba lentamente su cuerpo siglo y tanto atrás. —Admito que habría esperado encontrar sus huesos bajo tierra antes que verla paseando... o comprobar que los años no han pasado por usted ni un poco.
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    ISHTAR´S ELFIC
    Edición de Colección
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    AGENCIA OFICIAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ✦ Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✦

    Una agencia nacida entre la elegancia oscura,
    el glamour infernal y la supremacía fantástica.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    MODELO ESTRELLA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Nombre Completo:
    Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar

    Alias Legendarios:
    ✦ El Emperador Carmesí
    ✦ La Sombra Púrpura
    ✦ El Rey Caído

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    PERFIL OFICIAL
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Estilo:
    Dark Fantasy • Infernal Glamour • Elfic Royalty

    Aura Dominante:
    Caos • Poder • Elegancia Oscura • Dualidad Suprema

    Colores Representativos:
    Carmesí Infernal
    Púrpura Abisal

    Especialidad:
    Presencia dominante, mirada intimidante
    y una elegancia demoníaca sobrenatural.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    REVISTA DESTACADA
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ISHTAR´S ELFIC — VOL. 1 • 2024

    LA CORONA CARMESÍ
    “El poder que demanda todo.”

    LA SOMBRA PÚRPURA
    “El despertar de la bestia interior.”

    Una visión de sangre y fuego.
    Una visión de caos y oscuridad.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    FRASES ICÓNICAS
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    ❝ El poder exige sacrificios. ❞

    ❝ Dentro de cada rey yace una bestia. ❞

    ❝ Dos facciones… un mismo espíritu. ❞

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    VISIÓN DEL PERSONAJE
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    La Corona Carmesí
    El despertar del conquistador absoluto.
    El emperador rojo se revela entre llamas eternas.

    La Sombra Púrpura
    La encarnación del caos y la tormenta.
    El rey caído reclama nuevamente su trono.

    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━
    CLASIFICACIÓN
    ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

    Categoría: Alta Fantasía Oscura
    Rareza: Edición de Colección
    Nivel de Presencia: Legendario
    Firma Visual: Dualidad Demoníaca Élfica

    ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗
    DONDE NACE EL PODER…
    Y DESPIERTA LA OSCURIDAD.
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    ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗ 🩸 ISHTAR´S ELFIC 🩸 ⚜️ Edición de Colección ⚜️ ╚═══════════════ ✦ ═══════════════╝ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🏛️ AGENCIA OFICIAL ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✦ Ishtar´s Demonic Déesse Infernal Glamour ✦ Una agencia nacida entre la elegancia oscura, el glamour infernal y la supremacía fantástica. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👑 MODELO ESTRELLA 👑 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🕯️ Nombre Completo: Metphies Jaegerjaquez Yokin Ishtar ⚜️ Alias Legendarios: ✦ El Emperador Carmesí ✦ La Sombra Púrpura ✦ El Rey Caído ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔥 PERFIL OFICIAL 🔥 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🩸 Estilo: Dark Fantasy • Infernal Glamour • Elfic Royalty 🩸 Aura Dominante: Caos • Poder • Elegancia Oscura • Dualidad Suprema 🩸 Colores Representativos: 🔴 Carmesí Infernal 🟣 Púrpura Abisal 🩸 Especialidad: Presencia dominante, mirada intimidante y una elegancia demoníaca sobrenatural. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 📖 REVISTA DESTACADA 📖 ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ✨ ISHTAR´S ELFIC — VOL. 1 • 2024 ✨ ⚔️ LA CORONA CARMESÍ “El poder que demanda todo.” 🌑 LA SOMBRA PÚRPURA “El despertar de la bestia interior.” 🔥 Una visión de sangre y fuego. 🌌 Una visión de caos y oscuridad. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚡ FRASES ICÓNICAS ⚡ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ❝ El poder exige sacrificios. ❞ ❝ Dentro de cada rey yace una bestia. ❞ ❝ Dos facciones… un mismo espíritu. ❞ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 👁️ VISIÓN DEL PERSONAJE 👁️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🔴 La Corona Carmesí El despertar del conquistador absoluto. El emperador rojo se revela entre llamas eternas. 🟣 La Sombra Púrpura La encarnación del caos y la tormenta. El rey caído reclama nuevamente su trono. ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ 🕯️ CLASIFICACIÓN 🕯️ ━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━ ⚜️ Categoría: Alta Fantasía Oscura ⚜️ Rareza: Edición de Colección ⚜️ Nivel de Presencia: Legendario ⚜️ Firma Visual: Dualidad Demoníaca Élfica ╔═══════════════ ✦ ═══════════════╗ 🔥 DONDE NACE EL PODER… 🔥 🌑 Y DESPIERTA LA OSCURIDAD. 🌑 ╚═══════════════ ✦ ═══════════════╝
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  • -Había vuelto Maltrecho a más no poder después de una expedición fallida a través del mundo de Bant. Tenía que curar mis heridas para volver y no comprometer de mala forma la misión-

    ¡Maldito.....Crosis! Tengo.....que hacer.....algo.....

    -Me arrodillé jadeando al notar algunas de mis heridas seguían supurando por la batalla.-
    -Había vuelto Maltrecho a más no poder después de una expedición fallida a través del mundo de Bant. Tenía que curar mis heridas para volver y no comprometer de mala forma la misión- ¡Maldito.....Crosis! Tengo.....que hacer.....algo..... -Me arrodillé jadeando al notar algunas de mis heridas seguían supurando por la batalla.-
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  • ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒.


    El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma.
    La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera.

    Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador.
    Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer.

    Una rutina conocida. Mecánica, segura.

    Sin embargo… Algo extraño ocurrió.
    Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio.

    Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando.
    —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪

    El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos.
    Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción?
    El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas.

    Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho.
    Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura.

    Una risa grave y cansada.
    Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer.

    Odette inhaló con dificultad.
    El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado.

    La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo.

    Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida.
    No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco.

    La lluvia arreció afuera.

    Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos.

    Pero algo seguía ahí...

    Esa sensación imposible de explicar.
    Como extrañar algo que nunca tuvo.
    Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás.

    Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo.
    —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto.

    Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte.

    Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta.
    Ojos azules cansados.
    Una sonrisa ladeada.
    La sensación cálida de volver a casa después de un día largo.

    Odette cerró los ojos abruptamente.

    Desapareció. Todo desapareció.

    Solo quedó la botica en silencio.

    El olor de las flores secas.

    El sonido de la lluvia.

    Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender.

    Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo.

    Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos.

    Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
    ༒ 𝕸𝖆𝖓𝖉𝖗𝖆𝖌𝖔𝖗𝖆 𝕺𝖋𝖋𝖎𝖈𝖎𝖓𝖆𝖗𝖚𝖒. El cielo gris dejaba entrar apenas una luz tenue por las ventanas, la noche estaba por caer. El aroma amargo de hierbas secas impregnaba el aire. Todo estaba en calma. La leña de la chimenea que el fuego hacia crujir suavemente, el sonido del mortero golpeando plantas medicinales, y el lejano sonido de la lluvia comenzando afuera. Odette trabajaba en silencio detrás del mostrador. Sus manos trituraban lentamente algunas flores secas de árnica mientras revisaba mentalmente las mezclas que debía preparar antes del anochecer. Una rutina conocida. Mecánica, segura. Sin embargo… Algo extraño ocurrió. Primero fue apenas un murmullo, tan bajo que ni ella misma se dio cuenta al inicio. Una melodía suave escapando distraídamente de sus labios mientras seguía trabajando. —♪ 𝘐’𝘮 𝘢 𝘱𝘰𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘯𝘦𝘴𝘰𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘸𝘣𝘰𝘺… ♪ El movimiento de sus manos se detuvo abruptamente. El mortero quedó quieto bajo sus dedos. Y frunció apenas el ceño, ¿por qué conocía esa canción? El fuego siguió crepitando detrás de ella mientras la lluvia golpeaba los cristales de las ventanas. Y por un instante algo se removió en lo profundo de su pecho. Algo lejano, como un recuerdo visto a través de agua oscura. Una risa grave y cansada. Un sombrero oscuro inclinado hacia ella bajo la luz naranja de un atardecer. Odette inhaló con dificultad. El aire se sintió extraño de pronto, demasiado pesado. La sensación desapareció casi inmediatamente, dejando detrás solo un vacío incómodo. Ella parpadeó varias veces mirando el mortero frente a sí. Confundida. No entendía por qué su corazón acababa de doler un poco. La lluvia arreció afuera. Odette apoyó una mano sobre el borde del mostrador mientras intentaba recuperar el hilo de sus pensamientos. Pero algo seguía ahí... Esa sensación imposible de explicar. Como extrañar algo que nunca tuvo. Como si hubiese olvidado a alguien importante sin haberlo conocido jamás. Sus labios se movieron otra vez antes de que pudiera evitarlo. —…𝘢 𝘭𝘰𝘯𝘨 𝘸𝘢𝘺 𝘧𝘳𝘰𝘮 𝘩𝘰𝘮𝘦… ♪ — La voz salió apenas en un susurro roto. Y entonces el recuerdo volvió por un segundo más fuerte. Una figura alta apoyada contra el marco de una puerta. Ojos azules cansados. Una sonrisa ladeada. La sensación cálida de volver a casa después de un día largo. Odette cerró los ojos abruptamente. Desapareció. Todo desapareció. Solo quedó la botica en silencio. El olor de las flores secas. El sonido de la lluvia. Y un extraño vacío en el pecho que no lograba entender. Estuvo inmóvil varios segundos antes de volver poco a poco a su trabajo. Pero ahora sus movimientos eran más lentos, distraídos. Y aunque intentó ignorarlo… Aquella melodía siguió dando vueltas en su cabeza el resto de la noche como el eco de algo o alguien que nunca existió.
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