La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento.
Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida.
Tomó un largo trago.
—Hm...
El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho.
—Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas.
Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte.
Otro trago.
—Las flechas están listas. Los cuchillos también.
Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie.
—Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades.
Una breve pausa.
—Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo.
El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo.
Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes.
—Por los caminos inciertos.
Otro sorbo.
—Por los negocios honestos.
Y finalmente añadió con una leve carcajada grave:
—Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan.
El tarro chocó contra la mesa de madera.
—¡Que comience la expedición!
Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida.
Tomó un largo trago.
—Hm...
El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho.
—Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas.
Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte.
Otro trago.
—Las flechas están listas. Los cuchillos también.
Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie.
—Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades.
Una breve pausa.
—Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo.
El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo.
Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes.
—Por los caminos inciertos.
Otro sorbo.
—Por los negocios honestos.
Y finalmente añadió con una leve carcajada grave:
—Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan.
El tarro chocó contra la mesa de madera.
—¡Que comience la expedición!
La taberna se encontraba extrañamente tranquila aquella noche. El crepitar de la leña y el murmullo distante de algunos viajeros eran los únicos sonidos que acompañaban el momento.
Apoyado contra un muro de piedra, Gavlan sostuvo su pesado tarro de cerveza entre las manos. El metal de su armadura reflejaba la cálida luz de los faroles mientras observaba el contenido de la bebida.
Tomó un largo trago.
—Hm...
El mercader dejó escapar un gruñido satisfecho.
—Nada mal. Quizá la última cerveza decente que pruebe durante semanas.
Giró ligeramente la cabeza hacia el camino que se extendía más allá de la taberna. Bosques, ruinas y senderos olvidados aguardaban más allá del horizonte.
Otro trago.
—Las flechas están listas. Los cuchillos también.
Bajó el tarro y observó la espuma que aún reposaba en la superficie.
—Y si la fortuna sonríe, volveré con una bolsa llena de monedas... y todas mis extremidades.
Una breve pausa.
—Aunque siendo sincero, con una de las dos me conformo.
El viejo casco ocultaba su expresión, pero su voz denotaba cierto entusiasmo.
Alzó el tarro en dirección a los pocos presentes.
—Por los caminos inciertos.
Otro sorbo.
—Por los negocios honestos.
Y finalmente añadió con una leve carcajada grave:
—Y por los tontos dispuestos a comprarle a Gavlan.
El tarro chocó contra la mesa de madera.
—¡Que comience la expedición!