• Coᥒtιᥒυᥲᥴιóᥒ > Roᥣᥱρᥣᥲყ Exᥴᥣυsινᥱ >> 𝐃𝐫𝐚 𝐒𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐡𝐚 𝐓𝐚𝐤𝐚𝐡𝐚𝐬𝐡𝐢

    《𝐀 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐧𝐞𝐫 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐞𝐯𝐞𝐫𝐲𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐠𝐨𝐞𝐬 𝐬𝐦𝐨𝐨𝐭𝐡𝐥𝐲.》

    La puerta del consultorio finalmente se abrió tras dos horas de espera, dejando escapar ese olor aséptico y metálico tan propio de las clínicas de alta gama.

    Frederick emergió con el saco descansando sobre el antebrazo y las mangas de la camisa recogidas; en su muñeca, el acero de su Vacheron Constantin captó la luz del pasillo con un destello frío, una marca de éxito que no necesitaba gritar para ser reconocida.

    Su mano derecha, ahora una masa blanca y rígida de vendajes, contrastaba con la soltura de su andar.

    Mientras observaba a la Dra. Samantha intercambiar saludos con el cirujano, Frederick sintió una punzada de admiración.
    «Se mueve en este mundo con una gracia que yo apenas estoy aprendiendo», pensó, adoptando una postura de guardián silencioso. Había algo casi infantil en su docilidad actual, producto de un cóctel de fármacos que suavizaba sus facciones y hacía que el peso del folder con documentos se sintiera extrañamente ligero.

    Una reverencia después, una despedida corta y una "amenaza" de no automedicarse después y ya estaban caminando de regreso por los pasillos.

    —Cuando me hablaron del nivel de la cirugía en Japón, pensé que era puro marketing, una forma elegante de atraer divisas —admitió con una risa breve, el tono de su voz arrastrado levemente por el efecto de los analgésicos.
    —Tuve que tragarme mi orgullo europeo para aceptar que aquí el futuro ya llegó. Jamás imaginé que, a mis años, mi mayor reto sería dominar los kanjis, pero este país tiene una paciencia que te obliga a ser mejor. —

    Pese a la bruma en su cabeza, su instinto de caballero no flaqueó. Con la mano izquierda, la "sana", se las ingenió para empujar las pesadas puertas batientes, ignorando el ligero desequilibrio que sentía. Al llegar al estacionamiento, el calor del asfalto le subió por las piernas, pero se mantuvo firme para abrirle la puerta a ella antes de desplomarse con elegancia en el asiento del copiloto.

    En la pantalla de su móvil, Tabelog mostraba un sinfín de opciones, pero sus ojos se iluminaron al ver un diner de estética americana. El contraste de un refugio occidental en medio de la metrópolis japonesa le pareció el cierre perfecto.

    Con la ruta ya trazada y el ánimo elevado por la química del medicamento y la calidez de su compañía, Frederick se permitió hundirse en el cuero del asiento. Aquella ciudad ya no se sentía extraña; se sentía como un destino que valía la pena habitar.
    Coᥒtιᥒυᥲᥴιóᥒ > Roᥣᥱρᥣᥲყ Exᥴᥣυsινᥱ >> [Samantha_Takahashi] 《𝐀 𝐭𝐡𝐢𝐬 𝐜𝐨𝐫𝐧𝐞𝐫 𝐨𝐟 𝐭𝐡𝐞 𝐰𝐨𝐫𝐥𝐝, 𝐞𝐯𝐞𝐫𝐲𝐭𝐡𝐢𝐧𝐠 𝐠𝐨𝐞𝐬 𝐬𝐦𝐨𝐨𝐭𝐡𝐥𝐲.》 La puerta del consultorio finalmente se abrió tras dos horas de espera, dejando escapar ese olor aséptico y metálico tan propio de las clínicas de alta gama. Frederick emergió con el saco descansando sobre el antebrazo y las mangas de la camisa recogidas; en su muñeca, el acero de su Vacheron Constantin captó la luz del pasillo con un destello frío, una marca de éxito que no necesitaba gritar para ser reconocida. Su mano derecha, ahora una masa blanca y rígida de vendajes, contrastaba con la soltura de su andar. Mientras observaba a la Dra. Samantha intercambiar saludos con el cirujano, Frederick sintió una punzada de admiración. «Se mueve en este mundo con una gracia que yo apenas estoy aprendiendo», pensó, adoptando una postura de guardián silencioso. Había algo casi infantil en su docilidad actual, producto de un cóctel de fármacos que suavizaba sus facciones y hacía que el peso del folder con documentos se sintiera extrañamente ligero. Una reverencia después, una despedida corta y una "amenaza" de no automedicarse después y ya estaban caminando de regreso por los pasillos. —Cuando me hablaron del nivel de la cirugía en Japón, pensé que era puro marketing, una forma elegante de atraer divisas —admitió con una risa breve, el tono de su voz arrastrado levemente por el efecto de los analgésicos. —Tuve que tragarme mi orgullo europeo para aceptar que aquí el futuro ya llegó. Jamás imaginé que, a mis años, mi mayor reto sería dominar los kanjis, pero este país tiene una paciencia que te obliga a ser mejor. — Pese a la bruma en su cabeza, su instinto de caballero no flaqueó. Con la mano izquierda, la "sana", se las ingenió para empujar las pesadas puertas batientes, ignorando el ligero desequilibrio que sentía. Al llegar al estacionamiento, el calor del asfalto le subió por las piernas, pero se mantuvo firme para abrirle la puerta a ella antes de desplomarse con elegancia en el asiento del copiloto. En la pantalla de su móvil, Tabelog mostraba un sinfín de opciones, pero sus ojos se iluminaron al ver un diner de estética americana. El contraste de un refugio occidental en medio de la metrópolis japonesa le pareció el cierre perfecto. Con la ruta ya trazada y el ánimo elevado por la química del medicamento y la calidez de su compañía, Frederick se permitió hundirse en el cuero del asiento. Aquella ciudad ya no se sentía extraña; se sentía como un destino que valía la pena habitar.
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  • ((Escena cerrada. Referencia a https://ficrol.com/posts/366870 ))

    No fue una despedida fácil, pero ambos lo tenían claro: no era un adiós, no aún.

    La promesa de volver, de esperar el reencuentro, pasara el tiempo que pasara. El hilo que los unía no sucumbiría al desgaste.

    Kazuo volvería al bosque, atravesando ese umbral que lo devolvería a su templo, a cumplir con aquello para lo que había sido creado como zorro mensajero.

    Su mayor miedo era que, al intentar volver a Brattvåg a través del bosque, este le cerrase el camino; que considerase que aún no era el momento de regresar, o que nunca más debía hacerlo.

    Sucumbir a un amor con un futuro incierto, a uno que lo mantendría atado a las sombras, era algo que posiblemente no complacería a los dioses para una de sus creaciones más valiosas.

    Pero Kazuo no cedería. Su corazón había sido reclamado, y su dueña tenía cabellos y ojos que ardían como el mismo fuego. 𝑬𝒍𝒊𝒛𝒂𝒃𝒆𝒕𝒉
    ((Escena cerrada. Referencia a ➡️ https://ficrol.com/posts/366870 )) No fue una despedida fácil, pero ambos lo tenían claro: no era un adiós, no aún. La promesa de volver, de esperar el reencuentro, pasara el tiempo que pasara. El hilo que los unía no sucumbiría al desgaste. Kazuo volvería al bosque, atravesando ese umbral que lo devolvería a su templo, a cumplir con aquello para lo que había sido creado como zorro mensajero. Su mayor miedo era que, al intentar volver a Brattvåg a través del bosque, este le cerrase el camino; que considerase que aún no era el momento de regresar, o que nunca más debía hacerlo. Sucumbir a un amor con un futuro incierto, a uno que lo mantendría atado a las sombras, era algo que posiblemente no complacería a los dioses para una de sus creaciones más valiosas. Pero Kazuo no cedería. Su corazón había sido reclamado, y su dueña tenía cabellos y ojos que ardían como el mismo fuego. [Liz_bloodFlame]
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  • ㅤㅤㅤㅤ“𝑬𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐…

    ㅤㅤㅤㅤㅤ𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒊.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑻𝒆 𝒂𝒎𝒐, 𝑹𝒐𝒔𝒆.”


    Las últimas palabras que le dedicó a su hija antes de desvanecerse, antes que todo dejara de tener sentido. Excepto una cosa: el querer protegerla.

    Tal vez Rose creyó que ese había sido el final, una despedida. Y, durante un tiempo, también lo fue para él. Pero Ethan no pudo aceptarlo.

    Pasó más tiempo del que hubiera querido. Aun así, siguió ahí… observando desde algún lugar que no terminaba de comprender. Hasta que, de alguna forma, encontró el camino de regreso. No se lo cuestionó, no esta vez.

    El Moho le dio otra oportunidad y no dudó en tomarla, todo por ella. Una vez más iba a poder protegerla, pero a distancia.

    Pudo haber vuelto con ella, y tal vez con Mia. Sin embargo, había demasiado en juego; habrían demasiados ojos, preguntas a las que no tenía respuesta, ni siquiera si llegaban a preguntarle de sí mismo.

    No lo entendía, el volver a existir. Y eso sería un problema también, llamaría demasiado la atención.

    Quedarse oculto fue lo más lógico. O tal vez se trató de su paranoia hablando. De cualquier forma, se mantuvo así, lejos de ser visto o reconocido. Pero sabía que solo era cuestión de tiempo porque nada duraba para siempre.
    ㅤㅤㅤㅤ“𝑬𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐… ㅤㅤㅤㅤㅤ𝒕𝒂𝒏 𝒐𝒓𝒈𝒖𝒍𝒍𝒐𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒊. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑻𝒆 𝒂𝒎𝒐, 𝑹𝒐𝒔𝒆.” Las últimas palabras que le dedicó a su hija antes de desvanecerse, antes que todo dejara de tener sentido. Excepto una cosa: el querer protegerla. Tal vez Rose creyó que ese había sido el final, una despedida. Y, durante un tiempo, también lo fue para él. Pero Ethan no pudo aceptarlo. Pasó más tiempo del que hubiera querido. Aun así, siguió ahí… observando desde algún lugar que no terminaba de comprender. Hasta que, de alguna forma, encontró el camino de regreso. No se lo cuestionó, no esta vez. El Moho le dio otra oportunidad y no dudó en tomarla, todo por ella. Una vez más iba a poder protegerla, pero a distancia. Pudo haber vuelto con ella, y tal vez con Mia. Sin embargo, había demasiado en juego; habrían demasiados ojos, preguntas a las que no tenía respuesta, ni siquiera si llegaban a preguntarle de sí mismo. No lo entendía, el volver a existir. Y eso sería un problema también, llamaría demasiado la atención. Quedarse oculto fue lo más lógico. O tal vez se trató de su paranoia hablando. De cualquier forma, se mantuvo así, lejos de ser visto o reconocido. Pero sabía que solo era cuestión de tiempo porque nada duraba para siempre.
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  • Si cada despedida es una roca sobre el mar, en mi corazón abundan muchas piedras.
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  • —Felicidades, masacraste a un pueblo entero, cegado por tus patéticas ínfulas de grandeza.
    ¿Qué ocurre? ¿El gran conquistador no está satisfecho? ¿O tienes esa cara de idiota porque tu cuerpo apenas procesa que ya no le queda ni una gota de vida para saborear la victoria? Oh, claro... ese es el dulce engaño de la matanza; en medio de tu frenesí, olvidaste por un instante que tu fragilidad es la misma que la de ellos.

    En fin... sonríe, cariño. Ha sido un placer devorarte, pero esta es nuestra despedida.
    —Felicidades, masacraste a un pueblo entero, cegado por tus patéticas ínfulas de grandeza. ¿Qué ocurre? ¿El gran conquistador no está satisfecho? ¿O tienes esa cara de idiota porque tu cuerpo apenas procesa que ya no le queda ni una gota de vida para saborear la victoria? Oh, claro... ese es el dulce engaño de la matanza; en medio de tu frenesí, olvidaste por un instante que tu fragilidad es la misma que la de ellos. En fin... sonríe, cariño. Ha sido un placer devorarte, pero esta es nuestra despedida.
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  • Hail, dice la bruja. Los cuerpos se encuentran descansando, suavemente tendidos entre las raíces como si meramente durmieran, la tétrica ciudad del silencio ausente de roca.
    Hail, responde el espíritu. Sentado a la vera de un tronco caído, disfrutando de manera extraña el susurro constante de una estaca removiendo tierra. Una pequeña montaña de musgo a la derecha, un balde de leche recién ordeñada frente a él.

    — No es necesario. —

    La declaración los tomó a ambos por sorpresa, aun el peso haciendo eco en el aire como si esperara que en algún momento alguno tuviera la decencia de reclamarlo, pero no fue así. Simplemente, los encerró una vez más en sus pensamientos, ¿Estaban en ese momento de un encuentro casual? ¿Era eso realmente una elección o simplemente eran dos esclavos de la inercia? El estómago de uno rugía mientras la mirada del otro se apesadumbraba, curiosa danza que giraba eternamente cambiando de huésped según el momento del día.

    La luz escaseaba, llamando al olvido, y lo más cercano a un abrazo cálido que tuvo en un largo tiempo aconteció solamente por el proceso de descomposición. La muchacha tendía frente a ella, aun con pigmentos sobre la piel y el hedor ligero de lo desagradable debajo de la resina de pino que usó para asegurar su trenzado. Cómplice como solo los cadáveres pueden serlo, el espantoso encuentro del frío en las extremidades contra la sombra de la vida pasada en el vientre… Morir encinta, dos veces muerte.

    El primer búho anunció el inicio de la penumbra, y la cubeta vacía, caía hacia un lado, iniciaba el festín del bosque.

    No hubo palabras de despedida, siquiera un leve reconocimiento como para determinarse entre ellos, individuos. La bruja caminó de espaldas hasta salir del umbral dibujado en la tierra y recién ahí llegó a girarse como si realmente no hubiera nadie allí. El demonio seguiría en su espacio, siempre paciente, de que los animales tomen la parte legitima que les corresponde, después de todo, no es carroña sin la saliva de alguien más.

    Hail, dice la bruja. Los cuerpos se encuentran descansando, suavemente tendidos entre las raíces como si meramente durmieran, la tétrica ciudad del silencio ausente de roca. Hail, responde el espíritu. Sentado a la vera de un tronco caído, disfrutando de manera extraña el susurro constante de una estaca removiendo tierra. Una pequeña montaña de musgo a la derecha, un balde de leche recién ordeñada frente a él. — No es necesario. — La declaración los tomó a ambos por sorpresa, aun el peso haciendo eco en el aire como si esperara que en algún momento alguno tuviera la decencia de reclamarlo, pero no fue así. Simplemente, los encerró una vez más en sus pensamientos, ¿Estaban en ese momento de un encuentro casual? ¿Era eso realmente una elección o simplemente eran dos esclavos de la inercia? El estómago de uno rugía mientras la mirada del otro se apesadumbraba, curiosa danza que giraba eternamente cambiando de huésped según el momento del día. La luz escaseaba, llamando al olvido, y lo más cercano a un abrazo cálido que tuvo en un largo tiempo aconteció solamente por el proceso de descomposición. La muchacha tendía frente a ella, aun con pigmentos sobre la piel y el hedor ligero de lo desagradable debajo de la resina de pino que usó para asegurar su trenzado. Cómplice como solo los cadáveres pueden serlo, el espantoso encuentro del frío en las extremidades contra la sombra de la vida pasada en el vientre… Morir encinta, dos veces muerte. El primer búho anunció el inicio de la penumbra, y la cubeta vacía, caía hacia un lado, iniciaba el festín del bosque. No hubo palabras de despedida, siquiera un leve reconocimiento como para determinarse entre ellos, individuos. La bruja caminó de espaldas hasta salir del umbral dibujado en la tierra y recién ahí llegó a girarse como si realmente no hubiera nadie allí. El demonio seguiría en su espacio, siempre paciente, de que los animales tomen la parte legitima que les corresponde, después de todo, no es carroña sin la saliva de alguien más.
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  • Antes de decir nada sobre lo que viene… Necesito despedirme de ti…. Sury Sakai.

    No sé ni por dónde empezar….Fueron años pero no se sienten como años se sienten como una vida entera compartida, porque Sury nunca fue solo un personaje….. En mis peores momentos cuando todo se sentía vacío, cuando no sabía a dónde ir siempre volvía a ella.

    A su historia….
    A su forma de existir….
    A cada detalle que construí, una y otra vez… como si al hacerlo pudiera sostenerme también a mí.

    Sury fue mi refugio…. Fue ese lugar donde podía respirar cuando todo lo demás pesaba demasiado.
    Donde el tiempo se detenía un poco… y el dolor también….. Y sé que para algunos esto será una estupidez tal vez algo sin importancia… Algo que no entenderán pero para mí no lo es.

    Porque lo que sentí por ella… Lo que construí con ella… No fue superficial, fue real a su manera pero real.

    Y por eso esto duele… Porque no es fácil soltar algo que amas.. No es fácil apartarte de algo que te sostuvo cuando más lo necesitabas… Pero hay momentos en los que incluso lo más importante…
    necesita descansar…..

    Hoy dejo a Sury…
    No como un final…
    No como un adiós definitivo…

    Sino como una despedida… de esas que se dicen con el corazón en la mano… Gracias por todo por cada momento por cada vez que estuviste ahí sin fallar… Te voy a extrañar.

    Y aunque ahora tenga que dejarte ir… Se que no es para siempre… Algún día… volveremos a encontrarnos no?….
    Antes de decir nada sobre lo que viene… Necesito despedirme de ti…. Sury Sakai. No sé ni por dónde empezar….Fueron años pero no se sienten como años se sienten como una vida entera compartida, porque Sury nunca fue solo un personaje….. En mis peores momentos cuando todo se sentía vacío, cuando no sabía a dónde ir siempre volvía a ella. A su historia…. A su forma de existir…. A cada detalle que construí, una y otra vez… como si al hacerlo pudiera sostenerme también a mí. Sury fue mi refugio…. Fue ese lugar donde podía respirar cuando todo lo demás pesaba demasiado. Donde el tiempo se detenía un poco… y el dolor también….. Y sé que para algunos esto será una estupidez tal vez algo sin importancia… Algo que no entenderán pero para mí no lo es. Porque lo que sentí por ella… Lo que construí con ella… No fue superficial, fue real a su manera pero real. Y por eso esto duele… Porque no es fácil soltar algo que amas.. No es fácil apartarte de algo que te sostuvo cuando más lo necesitabas… Pero hay momentos en los que incluso lo más importante… necesita descansar….. Hoy dejo a Sury… No como un final… No como un adiós definitivo… Sino como una despedida… de esas que se dicen con el corazón en la mano… Gracias por todo por cada momento por cada vez que estuviste ahí sin fallar… Te voy a extrañar. Y aunque ahora tenga que dejarte ir… Se que no es para siempre… Algún día… volveremos a encontrarnos no?….
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  • No sabia muy bien como hacer aquello, pero sabia que tenia que hacerlo. No podia desaparecer de la nada, pero tampoco podia volver a verle, no podia dejar que entrara en ese mundo, ni si quiera por unos pocos momentos, debia de protegerle.
    De modo que con un nudo en la garganta pulsa el nombre en su lista de contactos, y reza porque salte el buzón de voz.
    Cuando lo hace parte del peso en su pecho se aligera.

    — Hey, Wy… soy yo.

    Seguramente estés trabajando o conduciendo, así que… te dejo un mensaje rápido.
    Escucha… me ha salido una oportunidad de trabajo fuera del país. Es algo repentino, ya sabes cómo van estas cosas. No he tenido mucho tiempo para pensarlo ni para despedirme como se debe.

    Solo… quería que lo supieras por mí. No quería desaparecer sin más.

    Cuida de mamá, ¿vale? Y de ti mismo también, aunque sé que eso nunca ha sido tu fuerte. Intenta no meterte en líos… y encontrar a la chica perfecta que te aguante, que ya es difícil.—

    La risa que le provoca su propio comentario es realmente amarga, pero espera que ese pequeño detalle no quede grabado en el audio.

    — Wyatt… escucha. No sé cuándo voy a poder volver. Puede que pase bastante tiempo. Pero eso no cambia nada, ¿de acuerdo? Sigues siendo mi hermano pequeño, aunque ya seas más alto que yo y todo eso.

    Estoy… estoy orgulloso de ti. Aunque no te lo diga a menudo.
    Y oye… si algún día necesitas algo, lo que sea… llámame. Siempre voy a contestar. Siempre.—

    Tras sus palabras, y ante la inminente despedida, Jordan guarda unos segundos de silencio.

    — Te quiero, hermano. Nos vemos… cuando podamos.
    No sabia muy bien como hacer aquello, pero sabia que tenia que hacerlo. No podia desaparecer de la nada, pero tampoco podia volver a verle, no podia dejar que entrara en ese mundo, ni si quiera por unos pocos momentos, debia de protegerle. De modo que con un nudo en la garganta pulsa el nombre en su lista de contactos, y reza porque salte el buzón de voz. Cuando lo hace parte del peso en su pecho se aligera. — Hey, Wy… soy yo. Seguramente estés trabajando o conduciendo, así que… te dejo un mensaje rápido. Escucha… me ha salido una oportunidad de trabajo fuera del país. Es algo repentino, ya sabes cómo van estas cosas. No he tenido mucho tiempo para pensarlo ni para despedirme como se debe. Solo… quería que lo supieras por mí. No quería desaparecer sin más. Cuida de mamá, ¿vale? Y de ti mismo también, aunque sé que eso nunca ha sido tu fuerte. Intenta no meterte en líos… y encontrar a la chica perfecta que te aguante, que ya es difícil.— La risa que le provoca su propio comentario es realmente amarga, pero espera que ese pequeño detalle no quede grabado en el audio. — Wyatt… escucha. No sé cuándo voy a poder volver. Puede que pase bastante tiempo. Pero eso no cambia nada, ¿de acuerdo? Sigues siendo mi hermano pequeño, aunque ya seas más alto que yo y todo eso. Estoy… estoy orgulloso de ti. Aunque no te lo diga a menudo. Y oye… si algún día necesitas algo, lo que sea… llámame. Siempre voy a contestar. Siempre.— Tras sus palabras, y ante la inminente despedida, Jordan guarda unos segundos de silencio. — Te quiero, hermano. Nos vemos… cuando podamos.
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  • °•Ey..mi beso de despedida..
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  • Jay sabe perfectamente lo que aquella carta de despedida significaba. No era un simple "Nos vemos después".
    Él era como su hermano, como uno al que vio por siglos.
    Inclusive, milenios.
    Y ya no iba a estar nunca más.

    Le dejó a cargo lo que más atesoraba...
    Y Jason no era alguien que ignorara ese tipo de cosas.
    No cuando importaban.

    “𝐼𝒻 𝐼 𝓁𝑜𝓈𝑒 𝒾𝓉 𝒶𝓁𝓁, 𝓈𝓁𝒾𝓅 𝒶𝓃𝒹 𝒻𝒶𝓁𝓁, 𝐼 𝓌𝒾𝓁𝓁 𝓃𝑒𝓋𝑒𝓇 𝓁𝑜𝑜𝓀 𝒶𝓌𝒶𝓎…” “𝐼𝒻 𝐼 𝓁𝑜𝓈𝑒 𝒾𝓉 𝒶𝓁𝓁 𝑜𝓊𝓉𝓈𝒾𝒹𝑒 𝓉𝒽𝑒 𝓌𝒶𝓁𝓁, 𝓁𝒾𝓋𝑒 𝓉𝑜 𝒹𝒾𝑒 𝒶𝓃𝑜𝓉𝒽𝑒𝓇 𝒹𝒶𝓎…”
    “𝐼 𝒹𝑜𝓃’𝓉 𝓌𝒶𝓃𝓉 𝒶𝓃𝓎𝓉𝒽𝒾𝓃𝑔… 𝐼’𝓂 𝒿𝓊𝓈𝓉 𝒽𝑒𝓇𝑒 𝓉𝑜 𝒷𝑒𝓌𝒶𝓇𝑒.”

    Resonaron aquellos versos en su cabeza.

    Lo único que quedaba era... vivir para morir otro día.
    Y no sería hoy ese día. Ni mañana.

    Tomó un cigarrillo.
    Lo encendió.
    Le dio una calada lenta, dejando que sus pulmones se llenaran con el tabaco y la nicotina.
    Era lo que hacía cuando necesitaba despejar sus ideas, aclarar su mente.

    Algunos dicen que empezó a llover ese día.
    Otros dicen que los demonios no lloran.

    Pero algo cambió.
    Ya no era solamente Jay.

    Era 𝓔𝓵𝓪𝓻𝓲𝓼

    https://www.youtube.com/watch?v=OBqw818mQ1E
    Jay sabe perfectamente lo que aquella carta de despedida significaba. No era un simple "Nos vemos después". Él era como su hermano, como uno al que vio por siglos. Inclusive, milenios. Y ya no iba a estar nunca más. Le dejó a cargo lo que más atesoraba... Y Jason no era alguien que ignorara ese tipo de cosas. No cuando importaban. “𝐼𝒻 𝐼 𝓁𝑜𝓈𝑒 𝒾𝓉 𝒶𝓁𝓁, 𝓈𝓁𝒾𝓅 𝒶𝓃𝒹 𝒻𝒶𝓁𝓁, 𝐼 𝓌𝒾𝓁𝓁 𝓃𝑒𝓋𝑒𝓇 𝓁𝑜𝑜𝓀 𝒶𝓌𝒶𝓎…” “𝐼𝒻 𝐼 𝓁𝑜𝓈𝑒 𝒾𝓉 𝒶𝓁𝓁 𝑜𝓊𝓉𝓈𝒾𝒹𝑒 𝓉𝒽𝑒 𝓌𝒶𝓁𝓁, 𝓁𝒾𝓋𝑒 𝓉𝑜 𝒹𝒾𝑒 𝒶𝓃𝑜𝓉𝒽𝑒𝓇 𝒹𝒶𝓎…” “𝐼 𝒹𝑜𝓃’𝓉 𝓌𝒶𝓃𝓉 𝒶𝓃𝓎𝓉𝒽𝒾𝓃𝑔… 𝐼’𝓂 𝒿𝓊𝓈𝓉 𝒽𝑒𝓇𝑒 𝓉𝑜 𝒷𝑒𝓌𝒶𝓇𝑒.” Resonaron aquellos versos en su cabeza. Lo único que quedaba era... vivir para morir otro día. Y no sería hoy ese día. Ni mañana. Tomó un cigarrillo. Lo encendió. Le dio una calada lenta, dejando que sus pulmones se llenaran con el tabaco y la nicotina. Era lo que hacía cuando necesitaba despejar sus ideas, aclarar su mente. Algunos dicen que empezó a llover ese día. Otros dicen que los demonios no lloran. Pero algo cambió. Ya no era solamente Jay. Era 𝓔𝓵𝓪𝓻𝓲𝓼 https://www.youtube.com/watch?v=OBqw818mQ1E
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