────୨ 𝑷𝒂𝒓𝒊𝒔, 𝑭𝒓𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂 ৎ────
𝟏𝟏:𝟑𝟎 𝐩.𝐦
El concierto resultó magnífico, la pulcra interpretación de los músicos fue un deleite en la sala de teatro y en los oídos de cada espectador. En los intermedios socializó de una forma casi fluida con las personas conocidas que allí se encontraban, incluso con quienes lo habían reconocido a él, con el director y con la joven que lo acompañaba; su habilidad de camaleón le ayudaba a afrontar los momentos sociales, no era un fanático de entablar cercanía, a menos que fuera a su beneficio.
Hablando de cercanía, pronto se dio cuenta de que no podría deleitarse de la joven que se había vuelto, de forma imprevista, su compañera de la velada; resultó ser que si aquella hermosa mujer llegase a desaparecer del radar humano, se encenderían las alertas inmediatamente a su alrededor. Una lástima, era una buena opción. Aún así, no se privó de disfrutar de su presencia por unas cuantas horas más, tomando algunas copas, conversando amenamente e intercambiando cómplices sonrisas que guardaban las intenciones de ambos. Al final del día, le divertía ejercer su encanto y observar los efectos que este tenía en los demás, incluso si la interacción no llegaba a otros ámbitos.
Aún así, como el caballero que es y a pesar de su oculta ferocidad y latente hambre, culminó la velada con un delicado beso en la suave mano de la fémina, pagando la costosa cuenta y llamando un taxi hasta su residencia. No era un hombre desconsiderado después de todo, incluso si no lograba su cometido. “Llámame”, habían susurrado con sensual cercanía los labios rojos de su compañera, y luego del intercambio de dos sonrisas afiladas que siguieron con la breve despedida, al fin se quedó solo.
En la fría y oscura noche de París, con las tenues luces alumbrando con cierto romanticismo las calles, la música lejana de fondo y las opacas voces de los locales, decidió adornar aquella escena fumándose un cigarro antes de volver a entrar al recinto, planeaba beber un rato más y quizás podría tener algo de suerte esa noche si localizaba a su próxima presa.
𝟏𝟏:𝟑𝟎 𝐩.𝐦
El concierto resultó magnífico, la pulcra interpretación de los músicos fue un deleite en la sala de teatro y en los oídos de cada espectador. En los intermedios socializó de una forma casi fluida con las personas conocidas que allí se encontraban, incluso con quienes lo habían reconocido a él, con el director y con la joven que lo acompañaba; su habilidad de camaleón le ayudaba a afrontar los momentos sociales, no era un fanático de entablar cercanía, a menos que fuera a su beneficio.
Hablando de cercanía, pronto se dio cuenta de que no podría deleitarse de la joven que se había vuelto, de forma imprevista, su compañera de la velada; resultó ser que si aquella hermosa mujer llegase a desaparecer del radar humano, se encenderían las alertas inmediatamente a su alrededor. Una lástima, era una buena opción. Aún así, no se privó de disfrutar de su presencia por unas cuantas horas más, tomando algunas copas, conversando amenamente e intercambiando cómplices sonrisas que guardaban las intenciones de ambos. Al final del día, le divertía ejercer su encanto y observar los efectos que este tenía en los demás, incluso si la interacción no llegaba a otros ámbitos.
Aún así, como el caballero que es y a pesar de su oculta ferocidad y latente hambre, culminó la velada con un delicado beso en la suave mano de la fémina, pagando la costosa cuenta y llamando un taxi hasta su residencia. No era un hombre desconsiderado después de todo, incluso si no lograba su cometido. “Llámame”, habían susurrado con sensual cercanía los labios rojos de su compañera, y luego del intercambio de dos sonrisas afiladas que siguieron con la breve despedida, al fin se quedó solo.
En la fría y oscura noche de París, con las tenues luces alumbrando con cierto romanticismo las calles, la música lejana de fondo y las opacas voces de los locales, decidió adornar aquella escena fumándose un cigarro antes de volver a entrar al recinto, planeaba beber un rato más y quizás podría tener algo de suerte esa noche si localizaba a su próxima presa.
────୨ 𝑷𝒂𝒓𝒊𝒔, 𝑭𝒓𝒂𝒏𝒄𝒊𝒂 ৎ────
𝟏𝟏:𝟑𝟎 𝐩.𝐦
El concierto resultó magnífico, la pulcra interpretación de los músicos fue un deleite en la sala de teatro y en los oídos de cada espectador. En los intermedios socializó de una forma casi fluida con las personas conocidas que allí se encontraban, incluso con quienes lo habían reconocido a él, con el director y con la joven que lo acompañaba; su habilidad de camaleón le ayudaba a afrontar los momentos sociales, no era un fanático de entablar cercanía, a menos que fuera a su beneficio.
Hablando de cercanía, pronto se dio cuenta de que no podría deleitarse de la joven que se había vuelto, de forma imprevista, su compañera de la velada; resultó ser que si aquella hermosa mujer llegase a desaparecer del radar humano, se encenderían las alertas inmediatamente a su alrededor. Una lástima, era una buena opción. Aún así, no se privó de disfrutar de su presencia por unas cuantas horas más, tomando algunas copas, conversando amenamente e intercambiando cómplices sonrisas que guardaban las intenciones de ambos. Al final del día, le divertía ejercer su encanto y observar los efectos que este tenía en los demás, incluso si la interacción no llegaba a otros ámbitos.
Aún así, como el caballero que es y a pesar de su oculta ferocidad y latente hambre, culminó la velada con un delicado beso en la suave mano de la fémina, pagando la costosa cuenta y llamando un taxi hasta su residencia. No era un hombre desconsiderado después de todo, incluso si no lograba su cometido. “Llámame”, habían susurrado con sensual cercanía los labios rojos de su compañera, y luego del intercambio de dos sonrisas afiladas que siguieron con la breve despedida, al fin se quedó solo.
En la fría y oscura noche de París, con las tenues luces alumbrando con cierto romanticismo las calles, la música lejana de fondo y las opacas voces de los locales, decidió adornar aquella escena fumándose un cigarro antes de volver a entrar al recinto, planeaba beber un rato más y quizás podría tener algo de suerte esa noche si localizaba a su próxima presa.