• Preparativos en el pueblo.
    Fandom Libre
    Categoría Slice of Life
    En los pueblos de alrededores a la capital, el aniversario de la fundación del imperio se acercaba y claro que la gente en la calle trabajaba para crear la mejor ambientación posible, con grandes decoraciones de los distintos negocios florales y artesanos que eran apoyados por obreros y construcciones.
    En este contexto, se podía ver como una chica conocida era una de las constructoras que colaboraban, quizás podrías acercarse a hablar y a ofrecerle tú ayuda.
    En los pueblos de alrededores a la capital, el aniversario de la fundación del imperio se acercaba y claro que la gente en la calle trabajaba para crear la mejor ambientación posible, con grandes decoraciones de los distintos negocios florales y artesanos que eran apoyados por obreros y construcciones. En este contexto, se podía ver como una chica conocida era una de las constructoras que colaboraban, quizás podrías acercarse a hablar y a ofrecerle tú ayuda.
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  • Mirelle se recostó sobre la cubierta del yate, dejando que la brisa jugara con su cabello largo y dorado. Sus ojos se posaron en la última casa que había diseñado, su obra más reciente: un refugio que combinaba líneas limpias, materiales naturales y elegancia intemporal. Cada detalle, cada textura, cada sombra estaba exactamente donde ella había imaginado.

    Un leve suspiro escapó de sus labios mientras sonreía para sí misma. No necesitaba aplausos ni reconocimiento ajeno; el placer de ver cómo la visión se convertía en realidad era suficiente.

    El lago reflejaba la construcción, y en él se dibujaba la perfección de su trabajo. Orgullosa, dejó que el silencio la envolviera, consciente de que había creado algo más que un espacio: había plasmado su esencia.

    —Perfecto —susurró con satisfacción, sin apartar la mirada de su creación—. Tal como lo imaginé.

    El mundo exterior podía esperar; por un momento, todo era suyo.
    Mirelle se recostó sobre la cubierta del yate, dejando que la brisa jugara con su cabello largo y dorado. Sus ojos se posaron en la última casa que había diseñado, su obra más reciente: un refugio que combinaba líneas limpias, materiales naturales y elegancia intemporal. Cada detalle, cada textura, cada sombra estaba exactamente donde ella había imaginado. Un leve suspiro escapó de sus labios mientras sonreía para sí misma. No necesitaba aplausos ni reconocimiento ajeno; el placer de ver cómo la visión se convertía en realidad era suficiente. El lago reflejaba la construcción, y en él se dibujaba la perfección de su trabajo. Orgullosa, dejó que el silencio la envolviera, consciente de que había creado algo más que un espacio: había plasmado su esencia. —Perfecto —susurró con satisfacción, sin apartar la mirada de su creación—. Tal como lo imaginé. El mundo exterior podía esperar; por un momento, todo era suyo.
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  • Los ojos de Chantle Parte II
    Fandom Linaje Queen
    Categoría Acción
    Akane Qᵘᵉᵉⁿ Ishtar Akane
    Hannah Queen Queen Hannah
    Ryu リュウ・イシュタル・ヨキン Ryu
    Chantle Queen Ishtar Chantle
    Jenny Queen Orc Jenny
    𝐀yane 𝐈𝐬𝐡𝐭𝐚𝐫 Ayane
    Jason Jaegerjaquez Ishtar Jason

    El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad.

    No es una construcción.
    Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua.

    Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama.

    Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra.

    En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona.

    Las paredes se mueven con violencia.

    El suelo cruje.

    Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne.

    —Un laberinto… —alcanza a decir Akane.

    El castillo intenta separarnos.
    Confundirnos.
    Jugar con nosotras.
    Y entonces algo dentro de mí revienta.

    La imagen de Jason cayendo.
    Su despedida.
    El sacrificio que no pude impedir.

    No.
    No voy a seguirle el juego a este maldito lugar.
    Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño.

    El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede.

    Igual que cuando era pequeña.
    Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar.
    El día que conocí a Oz.
    El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea.

    —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas!

    Vuelvo a golpear.
    El castillo tiembla, pero se burla.

    —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate!

    Un tercer golpe.

    —¡Mentiroso!
    —¡Tramposo!
    —¡Estoy aquí… padre!

    El último impacto abre mi piel.
    La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene.

    Durante un instante eterno, nada se mueve.

    La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración.

    Entonces, cede.

    Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa.

    La biblioteca.

    Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido.

    Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario.
    Su mirada se fija directamente en Chantle.

    —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—.
    —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto...

    Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente.

    Hannah se aferra a mí.
    Y entonces ocurre.
    Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas.

    ¿Magia Elunai?
    ¿La protección de Selin?
    No lo sé. Solo sé que funciona.
    Respiro de nuevo.
    Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio.

    No lo ofrece a nadie más.
    Solo a Chantle.
    Y en ese instante, un frío recorre mi espalda.

    —¿Ayane…? —susurro.
    Miro alrededor.
    No está.

    La comprensión llega tarde.

    Demasiado tarde.
    [akane_qi] Akane [stellar_white_bear_102] Hannah [Ryu] Ryu [frost_platinum_hare_393] Chantle [queen_0] Jenny [Ayane_Ishtar] Ayane [Jason07] Jason El castillo surge ante nosotras como una herida abierta en la realidad. No es una construcción. Es un recuerdo solidificado a base de Caos, culpa y sangre antigua. Las torres se alzan en ángulos imposibles, las paredes palpitan como si estuvieran vivas y el aire pesa, denso, cargado de una energía que reconoce nuestro linaje… y lo reclama. Akane entra primero, protegiendo a Chantle y Hannah contra su pecho. Su paso es firme, pero su cuerpo está en tensión constante. Ryu camina a mi lado, en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos atentos a cada sombra. En cuanto cruzamos el umbral, el castillo reacciona. Las paredes se mueven con violencia. El suelo cruje. Los corredores se retuercen, cerrándose a nuestras espaldas y abriéndose en direcciones imposibles. Donde había una puerta ahora hay piedra viva; donde había un pasillo, un muro que late como carne. —Un laberinto… —alcanza a decir Akane. El castillo intenta separarnos. Confundirnos. Jugar con nosotras. Y entonces algo dentro de mí revienta. La imagen de Jason cayendo. Su despedida. El sacrificio que no pude impedir. No. No voy a seguirle el juego a este maldito lugar. Doy un paso al frente y golpeo la pared con el puño. El impacto resuena como un trueno… pero el muro no cede. Igual que cuando era pequeña. Igual que cuando golpeaba el metal del Caos hasta sangrar. El día que conocí a Oz. El día que me enseñó que el Caos no se suplica: se moldea. —¡Está en mi sangre! —gruño, con la voz rota de rabia— ¡Está en mis venas! Vuelvo a golpear. El castillo tiembla, pero se burla. —¡Aquí me tienes! —grito hacia las alturas imposibles— ¡Estoy aquí, muéstrate! Un tercer golpe. —¡Mentiroso! —¡Tramposo! —¡Estoy aquí… padre! El último impacto abre mi piel. La sangre cae al suelo negro… y el castillo se detiene. Durante un instante eterno, nada se mueve. La piedra absorbe mi sangre como si la reconociera. Los muros crujen, tensándose, y el laberinto entero parece contener la respiración. Entonces, cede. Las paredes se deslizan, se reordenan, y el laberinto se abre ante nosotras, revelando una sala inmensa. La biblioteca. Estanterías infinitas se alzan como columnas vivas, los libros se mueven solos, reacomodándose con un susurro constante. El aire huele a polvo antiguo, a luna y a Caos dormido. Al fondo, inmóvil, eterno, el bibliotecario. Su mirada se fija directamente en Chantle. —Chantle… Hijo del Caos… —dice con una voz que no pertenece al tiempo—. —Te estaba esperando. Descubre tu rostro para ver lo que permanece oculto... Siento cómo las fuerzas me abandonan de golpe. El esfuerzo, la rabia, la herida abierta… todo me alcanza al mismo tiempo. Mis piernas fallan y caigo al suelo, apenas consciente. Hannah se aferra a mí. Y entonces ocurre. Una luz suave, lunar, brota de ella por primera vez. No quema. No invade. Protege. La siento envolverme, cerrar la herida, calmar el Caos desbocado en mis venas. ¿Magia Elunai? ¿La protección de Selin? No lo sé. Solo sé que funciona. Respiro de nuevo. Cuando alzo la vista, el bibliotecario sostiene un libro antiguo entre sus manos. No parece cuero ni metal. Late, como si tuviera un corazón propio. No lo ofrece a nadie más. Solo a Chantle. Y en ese instante, un frío recorre mi espalda. —¿Ayane…? —susurro. Miro alrededor. No está. La comprensión llega tarde. Demasiado tarde.
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  • ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ────

    [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ]

    [] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀

    Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México.

    Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión.

    Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase.

    Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite.

    Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros.

    Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad:

    𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞

    Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina

    ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ───

    Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado.

    Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero.

    Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo.

    Caminó hacia el Zócalo sin prisa.

    La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes.

    A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro.

    Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia.

    Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol.

    Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón.

    Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible.

    Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa.

    Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna.

    Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba

    𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞

    Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes.

    Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos.

    Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez.

    Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida:

    Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real.

    ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ────

    Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada.

    Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara.

    El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche.

    Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado.

    De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
    ──── 𝐿𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑎 𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎𝑠 𝑚𝑒𝑥𝑖𝑐𝑎𝑛𝑎𝑠. ──── [ #𝑆𝑎𝑛𝑡𝑖𝑋𝐸𝑙𝑀𝑢𝑛𝑑𝑜 ] [🇲🇽] 𝐶𝑖𝑢𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 (𝙲𝙳𝙼𝚇 | 𝙼é𝚡𝚒𝚌𝚘 𝙳.𝙵), 𝑀é𝑥𝑖𝑐𝑜 — 𝟷𝟶:𝟶𝟶 𝐴.𝑀 Luego de su travesía por Berlín, Alemania, el argentino se dispuso a dedicarse a viajar a su próximo destino : México. Con el pasar de las horas preparo todo, se dirigió al aeropuerto, tomó el avión desde Berlín hasta Ciudad de México. Varias horas de vuelo en cierto caso; pero que valían la pena para esta ocasión. Bajó del avión en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México poco después del atardecer, con el cuerpo aún cargado de la fatiga placentera de once horas de vuelo en primera clase. Llevaba solo una maleta mínima que un asistente del hotel ya había recogido para llevarla directamente a la suite. Por primera vez en su vida, no había chofer esperándolo con un cartel ni helicóptero contratado; quería sentir la ciudad desde abajo, sin filtros. Tomó un taxi común y corriente en la terminal. El conductor, un hombre de unos cincuenta años con bigote recortado, lo miró por el retrovisor y le preguntó con naturalidad: 𝘛𝘢𝘹𝘪𝘴𝘵𝘢 : ❝ ¿𝘈 𝘥ó𝘯𝘥𝘦, 𝘫𝘦𝘧𝘦? ❞ Santiago giró su cabeza un momento y dejó ver una sonrisa ladina ──── 𝘈𝘭 𝘤𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘡ó𝘤𝘢𝘭𝘰. ─── Respondió, y se recargó en el asiento trasero mientras la ciudad comenzaba a desplegarse ante él como un mosaico de luces y caos ordenado. Media hora después, el taxi lo dejó en la esquina de 5 de Mayo y Madero. Pagó en efectivo con un billete grande y dejó una propina que hizo que el taxista sonriera de oreja a oreja. Santiago se quedó parado un momento en la acera, respirando el aire que olía a tortilla recién hecha, gasolina, perfume barato y algo indefiniblemente vivo. Caminó hacia el Zócalo sin prisa. La plaza inmensa se abrió ante él como un mar quieto de piedra. En el centro, la bandera mexicana ondeaba lentamente bajo focos potentes. A su izquierda, la Catedral Metropolitana se alzaba imponente, con sus torres desiguales recortadas contra el cielo ya oscuro. Se detuvo frente a la catedral y alzó la vista. Nunca había visto una fachada tan sobrecargada de historia y ambición: siglos de barroco, terremotos, reconstrucciones y sin embargo seguía allí, firme, presidiendo la plaza como si nada hubiera cambiado desde la colonia. Giró sobre sus talones y comenzó a caminar por la calle Madero, la peatonal que vibraba de vida. Vendedores ambulantes ofrecían pulseras de obsidiana, elotes asados, globos luminosos y réplicas baratas de la Piedra del Sol. Grupos de jóvenes reían a carcajadas, una pareja de ancianos bailaba un danzón improvisado al ritmo de un trío de mariachis callejeros, y un niño pasó corriendo con un globo en forma de corazón. Él, con su traje un tanto arrugado; varias personas a su alrededor, hacían que se sintiera extrañamente invisible. Nadie lo reconocía. Nadie esperaba nada de él. Era solo un hombre más caminando entre la multitud, y eso le producía una euforia silenciosa. Pasó frente al Palacio de Bellas Artes, cuya cúpula blanca y mármol brillaban bajo la iluminación nocturna. Se detuvo un instante a observar el movimiento: turistas sacando fotos, locales apresurados camino a casa, un vendedor de tamales que gritaba 𝘝𝘦𝘯𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳 : ❝ "¡𝘖𝘢𝘹𝘢𝘲𝘶𝘦ñ𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘪𝘵𝘰𝘴!” ❞ Con una voz que parecía entrenada para atravesar paredes. Más adelante, al doblar hacia el Templo Mayor, el bullicio cedió paso a una quietud diferente. Las ruinas aztecas aparecían iluminadas con focos tenues entre los edificios modernos. Piedras milenarias, serpientes talladas, restos de un mundo que había sido destruido y reconstruido encima una y otra vez. Se acercó a la reja, apoyó las manos en el metal frío y miró las pirámides truncadas. Por un momento pensó en su propia vida: Fortunas construidas y perdidas en mercados lejanos, aviones privados, reuniones en áticos de cristal y sin embargo, aquí estaba, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el suelo bajo sus pies era real. ──── 𝘔𝘪𝘦𝘳𝘥𝘢 ¿𝘗𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘷𝘪𝘯𝘦 𝘢𝘲𝘶í 𝘥𝘦𝘴𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴? 𝘌𝘴𝘵𝘰 𝘦𝘴 𝘫𝘰𝘥𝘪𝘥𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘰. ──── Sonrió para sí mismo, una sonrisa pequeña y privada. Luego siguió caminando, sin rumbo fijo, dejando que la ciudad lo llevara. El centro histórico de México, con su mezcla imposible de grandiosidad y desorden, acababa de adoptarlo aunque fuera solo por esa noche. Y él, el hombre que lo tenía casi todo, le pareció el mejor lugar del mundo para no tener nada planeado. De un momento a otro, decidió adentrarse a conocer y probar; por primera vez, la buena gastronomía que se manejaban en las calles. Una degustación única a su paladar.
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  • Un nuevo yo. Un futuro... Nosotros.
    Fandom The Last of us
    Categoría Acción
    Joel Miller

    Harper si necesitaba a alguien que la cuidase. Necesitaba sentir amor, protección y seguridad. Necesitaba sentir que pertenecía a algo, o a alguien. Necesitaba sentir que valía la pena, y que ella merecía un poco de amor. Pero poder llegar a entender que era un ser humano válido y con las necesidades de otros, era difícil cuando su amor propio era prácticamente insistente. Cuando muchas veces se veía incapaz de pedir ayuda, e intentaba ocultarse al mundo. Ocultar lo frágil que se sentía por dentro, siempre tan cerca de estar a punto de romperse.

    Vivir en una lucha constante entre las apariencias y la mujer que era de verdad. Y antes de poder empezar a desenmascarar la verdadera Harper, antes de quitarse el disfraz, necesitaba comprobar que realmente Jackson era lo que era, y eso le llevó unas semanas más. Casi dos meses.

    Los dos meses siguientes a su intento de quitarse del medio, Harper se fue asentando lentamente en aquel pueblo. Fue conociendo a su gente, el funcionamiento de la comunidad, y a saber cómo era útil en aquel sitio.

    Ella conocía cómo lo fue anteriormente, por lo que partía de una base bastante buena, y ahora solo tocaba utilizar lo aprendido para poder ser parte de aquel nuevo lugar. Era cierto que seguía siendo la chica reservada, pero se le daba extremadamente bien el comercio con otros pueblos, buscar y recopilar recursos, y además organizarse dentro de la construcción.
    Pronto Tommy y María verían en ella un buen eslabón entre ellos y Joel. Y no solo en la organización de recursos de la comunidad, especialmente en construcción, también en la recaudación y búsqueda. O en guardias.

    Durante esos dos meses la joven se había mantenido bastante centrada en conocer en profundidad Jackson, y asegurar la estancia de su pequeña hermana, y por ello había tenido bastante contacto tanto con Tommy como con Joel. Y aquella actitud nueva, la guió a conocer un poco las personas que vivían allí. Entre ellas, Gail, una terapeuta que se ofreció a ayudar a Harper a cambio de sus habilidades. Al menos en las primeras sesiones, pronto Gail vería que Harper era una joven que necesitaba más ayuda de lo que la joven podía pagar y sería su buena acción, y no solo una simple paciente.

    Sería Gail quien se ocuparía de llenar de valor a Harper para volver a hablar con Joel, más que simples conversaciones necesarias por trabajo, sino que la guiaría a saber dar los pasos que la llevarían por el camino que la propia muchacha quería tomar. A juntar el valor que necesitaba, y a dejar por fin a Kirk donde debía estar, enterrado y muerto, siendo símbolo de ello que se deshizo de su alianza.
    En ese momento la muchacha comprendió que, aún siendo un simple anillo, también era una cadena más. Y se sintió tan liberada, era como otro pequeño paso a su nueva versión. Una versión de sí misma que estaba conociendo, y aunque seguía con ella el miedo, la falta de amor propio y muchos problemas por solucionar, era un pequeño avance.

    Con la finalización del invierno y las nevadas, comenzó lentamente la primavera. La nieve se derritió con el paso de los días y las salidas en busca de recursos dieron su inicio. Harper era una de las encargadas de salir junto a un pequeño grupo formado por Tommy., David y Susi. Los cuatro en busca de herramientas, víveres y demás recursos que necesitarán.
    Un día antes de su salida, mientras los cuatro organizaban esta, escuchó como Joel le pedía a Tommy una nueva herramienta de pico de loro.
    Harper no paró de buscar dicha herramientas hasta que la consiguió, y cuando la tuvo, encontró la excusa perfecta para poder volver a ver a Joel, y a su manera acercarse a él e intentar compensar lo que sucedió aquella noche.

    Lo que Harper no sabía hasta esta misma mañana, cuando reunió la valentía de ir a él, era que la herramienta no era para ayudar en la construcción de uno de los nuevos edificios de Jackson, sino que se trataba de algo más personal como le había dicho Tommy.

    – Si quieres encontrar a mi hermano, lo harás al finalizar la avenida Eras… Joel tiene allí un proyecto… personal – explicó a medias Tommy.

    La avenida Eras era una zona desierta que todavía no tenían manera de poder aprovechar. Había proyectos más importantes y de urgencia.
    Harper siguió las indicaciones de Tommy y caminó con ciertos recelos, y algo de desconfianza, al no saber qué se encontraría hasta que, tras seguir caminando pasando una de las zonas arboladas, dio con un prado inmenso. Entonces encontró lo que eran los cimientos de una nueva casa, y comprendió a qué se refería Tommy con lo de un proyecto personal.
    Vio a Joel apoyado, seguramente descansando, contra una viga. Harper se paró un instante observándole desde lejos. Por un momento pensó en lo guapo que estaba con su camiseta de manga corta y el pelo revuelto, mientras se calentaba bajo los rayos de sol de aquel día de primavera.
    Sus miradas se cruzaron, y Harper dio un paso hacia atrás. Sentía que se estaba metiendo en algo que no debía. Dudo, y entonces elevó la herramienta para mostrársela. Caminó hacia él con cierto temor de que la rechazase.

    – Te oí hablar con Tommy… y el otro día… bueno, la encontré y… aquí tienes ¿Era lo que necesitabas? –
    [TheLastSurviv0r] Harper si necesitaba a alguien que la cuidase. Necesitaba sentir amor, protección y seguridad. Necesitaba sentir que pertenecía a algo, o a alguien. Necesitaba sentir que valía la pena, y que ella merecía un poco de amor. Pero poder llegar a entender que era un ser humano válido y con las necesidades de otros, era difícil cuando su amor propio era prácticamente insistente. Cuando muchas veces se veía incapaz de pedir ayuda, e intentaba ocultarse al mundo. Ocultar lo frágil que se sentía por dentro, siempre tan cerca de estar a punto de romperse. Vivir en una lucha constante entre las apariencias y la mujer que era de verdad. Y antes de poder empezar a desenmascarar la verdadera Harper, antes de quitarse el disfraz, necesitaba comprobar que realmente Jackson era lo que era, y eso le llevó unas semanas más. Casi dos meses. Los dos meses siguientes a su intento de quitarse del medio, Harper se fue asentando lentamente en aquel pueblo. Fue conociendo a su gente, el funcionamiento de la comunidad, y a saber cómo era útil en aquel sitio. Ella conocía cómo lo fue anteriormente, por lo que partía de una base bastante buena, y ahora solo tocaba utilizar lo aprendido para poder ser parte de aquel nuevo lugar. Era cierto que seguía siendo la chica reservada, pero se le daba extremadamente bien el comercio con otros pueblos, buscar y recopilar recursos, y además organizarse dentro de la construcción. Pronto Tommy y María verían en ella un buen eslabón entre ellos y Joel. Y no solo en la organización de recursos de la comunidad, especialmente en construcción, también en la recaudación y búsqueda. O en guardias. Durante esos dos meses la joven se había mantenido bastante centrada en conocer en profundidad Jackson, y asegurar la estancia de su pequeña hermana, y por ello había tenido bastante contacto tanto con Tommy como con Joel. Y aquella actitud nueva, la guió a conocer un poco las personas que vivían allí. Entre ellas, Gail, una terapeuta que se ofreció a ayudar a Harper a cambio de sus habilidades. Al menos en las primeras sesiones, pronto Gail vería que Harper era una joven que necesitaba más ayuda de lo que la joven podía pagar y sería su buena acción, y no solo una simple paciente. Sería Gail quien se ocuparía de llenar de valor a Harper para volver a hablar con Joel, más que simples conversaciones necesarias por trabajo, sino que la guiaría a saber dar los pasos que la llevarían por el camino que la propia muchacha quería tomar. A juntar el valor que necesitaba, y a dejar por fin a Kirk donde debía estar, enterrado y muerto, siendo símbolo de ello que se deshizo de su alianza. En ese momento la muchacha comprendió que, aún siendo un simple anillo, también era una cadena más. Y se sintió tan liberada, era como otro pequeño paso a su nueva versión. Una versión de sí misma que estaba conociendo, y aunque seguía con ella el miedo, la falta de amor propio y muchos problemas por solucionar, era un pequeño avance. Con la finalización del invierno y las nevadas, comenzó lentamente la primavera. La nieve se derritió con el paso de los días y las salidas en busca de recursos dieron su inicio. Harper era una de las encargadas de salir junto a un pequeño grupo formado por Tommy., David y Susi. Los cuatro en busca de herramientas, víveres y demás recursos que necesitarán. Un día antes de su salida, mientras los cuatro organizaban esta, escuchó como Joel le pedía a Tommy una nueva herramienta de pico de loro. Harper no paró de buscar dicha herramientas hasta que la consiguió, y cuando la tuvo, encontró la excusa perfecta para poder volver a ver a Joel, y a su manera acercarse a él e intentar compensar lo que sucedió aquella noche. Lo que Harper no sabía hasta esta misma mañana, cuando reunió la valentía de ir a él, era que la herramienta no era para ayudar en la construcción de uno de los nuevos edificios de Jackson, sino que se trataba de algo más personal como le había dicho Tommy. – Si quieres encontrar a mi hermano, lo harás al finalizar la avenida Eras… Joel tiene allí un proyecto… personal – explicó a medias Tommy. La avenida Eras era una zona desierta que todavía no tenían manera de poder aprovechar. Había proyectos más importantes y de urgencia. Harper siguió las indicaciones de Tommy y caminó con ciertos recelos, y algo de desconfianza, al no saber qué se encontraría hasta que, tras seguir caminando pasando una de las zonas arboladas, dio con un prado inmenso. Entonces encontró lo que eran los cimientos de una nueva casa, y comprendió a qué se refería Tommy con lo de un proyecto personal. Vio a Joel apoyado, seguramente descansando, contra una viga. Harper se paró un instante observándole desde lejos. Por un momento pensó en lo guapo que estaba con su camiseta de manga corta y el pelo revuelto, mientras se calentaba bajo los rayos de sol de aquel día de primavera. Sus miradas se cruzaron, y Harper dio un paso hacia atrás. Sentía que se estaba metiendo en algo que no debía. Dudo, y entonces elevó la herramienta para mostrársela. Caminó hacia él con cierto temor de que la rechazase. – Te oí hablar con Tommy… y el otro día… bueno, la encontré y… aquí tienes ¿Era lo que necesitabas? –
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    Individual
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    Disponible
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    // Hola!! Mañana subo la ficha del pj (la primera versión, ya que sigue en construcción)
    Hace muchísimo tiempo que no hacía algo de este tipo, así que me ando desempolvando un poco
    Tengan misericordia
    Buenas noches xoxo
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  • Una vez más ese maldito sueño....

    Gritos de dolor e miedo, el olor de carne quemada de cientos de personas y el llanto desesperdo de la mayor de tres hermanos.
    Un joven detenia a la mujer para que no saliera corriendo a las llamas a salvar a la preciada hermana quedo impregnado en el subconsciente de la mujer.

    — ¡Sueltame, su majestad está adentro!

    — ¡Ya es tarde para rescatar a todos en especial a Quetzaly!

    — ¡No! Aún la ponemos rescatar, su hijo la espera en casa..

    Susurró callendo de rodillas cuando la adrenalina se disipó. Días antes dentro de ese majestuoso palacio había refugiados por la guerra y ahora no era más que una construccion envuelta en llamas, un incendio provoca por los enemigos.

    — Nuestra hermana ya no está viva Eris...

    — Una promesa es una promesa... Por favor Leo

    — Eris yo..

    Durante el momento de vacilacion de su hermano se libero del agarré corrió hacia la entrada del palacio en busca de la emperatriz, encontro el cuerpo, una viga le habia aplastando sus piernas y una daga atravesado su corazón. Sus manos temblaron pero toco el rostro de la joven.

    — No, no, no... Su majes..tad..

    Se inclino a darle un beso en la cien y cerró sus ojos.

    — ¡Eris!

    La voz de Leo se escuchó desde el fondo.

    De un sobresalto la mujer despierta en su habitación sudando frio.

    Una vez más ese maldito sueño.... Gritos de dolor e miedo, el olor de carne quemada de cientos de personas y el llanto desesperdo de la mayor de tres hermanos. Un joven detenia a la mujer para que no saliera corriendo a las llamas a salvar a la preciada hermana quedo impregnado en el subconsciente de la mujer. — ¡Sueltame, su majestad está adentro! — ¡Ya es tarde para rescatar a todos en especial a Quetzaly! — ¡No! Aún la ponemos rescatar, su hijo la espera en casa.. Susurró callendo de rodillas cuando la adrenalina se disipó. Días antes dentro de ese majestuoso palacio había refugiados por la guerra y ahora no era más que una construccion envuelta en llamas, un incendio provoca por los enemigos. — Nuestra hermana ya no está viva Eris... — Una promesa es una promesa... Por favor Leo — Eris yo.. Durante el momento de vacilacion de su hermano se libero del agarré corrió hacia la entrada del palacio en busca de la emperatriz, encontro el cuerpo, una viga le habia aplastando sus piernas y una daga atravesado su corazón. Sus manos temblaron pero toco el rostro de la joven. — No, no, no... Su majes..tad.. Se inclino a darle un beso en la cien y cerró sus ojos. — ¡Eris! La voz de Leo se escuchó desde el fondo. De un sobresalto la mujer despierta en su habitación sudando frio.
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