• Nunca perteneció a ningún lugar.
    Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo.

    Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana.

    Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas.

    Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más.
    Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana.

    Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar.

    Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
    Nunca perteneció a ningún lugar. Lo único seguro es que lleva una katana desgastada por los años, una hoja que parece más vieja que él mismo. Creció observando cómo las personas encontraban algo por lo que vivir: una familia, un sueño, una promesa. Él, en cambio, solo encontró una katana. Con el tiempo aprendió a cazar aquello que otros temían enfrentar. Monstruos ocultos en bosques olvidados, asesinos protegidos por las sombras, criaturas cuyos nombres apenas sobreviven en viejas leyendas. Acepta cualquier encargo mientras la recompensa sea suficiente, pero no por codicia. El dinero solo le permite seguir caminando un poco más. Nunca perteneció a ningún lugar, Y, durante toda su vida, solo ha sabido blandir su katana. Después de tantos años de soledad, ya no está seguro de si sigue buscando una razón para vivir... o simplemente un motivo para no dejar de avanzar. Porque detenerse significaría enfrentarse a una verdad que lleva años evitando..No sabe quién es cuando no está luchando.
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  • -¿Lo ves? -rie Hope tras ver a Dean Winchester admirar a su viejo "yo" en el espejo tras el corte de cabello- Solucionado, tal y como prometí...

    Deja que el cazador la acerque hacia si tras quitarse la toalla de los hombros y se estrecha contra el cazador antes de pasear sus dedos por el cabello masculino.

    -Sigues siendo el más guapo... Con pelo largo o corto... El más guapo de todos...- asiente la tríbrida con esa expresión de tonta enamorada que se le queda siempre que le mira.
    -¿Lo ves? -rie Hope tras ver a [BxbyDriver] admirar a su viejo "yo" en el espejo tras el corte de cabello- Solucionado, tal y como prometí... Deja que el cazador la acerque hacia si tras quitarse la toalla de los hombros y se estrecha contra el cazador antes de pasear sus dedos por el cabello masculino. -Sigues siendo el más guapo... Con pelo largo o corto... El más guapo de todos...- asiente la tríbrida con esa expresión de tonta enamorada que se le queda siempre que le mira.
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  • Nada mas llegar al bunker, el cazador no pierde ni si quiera un segundo de tiempo, antes de salir del garaje, Dean toma la mano de Hope y la mira los ojos muy serio.

    — Ha llegado el momento... — Ante el puchero de Hope, Dean asiente con una amplia sonrisa.— Oh si, guapa, los pelos de hippie tienen los segundos contados. Un trato es un trato.

    Ambos pasan antes por la cocina para coger una banqueta y sin perder ni si quiera tiempo en cambiarse de ropa, ambos entran en el baño.

    Hope Mikaelson Necesito que vuelvas a dejar a tu novio en su versión anterior. Aunque te parezca menos guapo.
    Nada mas llegar al bunker, el cazador no pierde ni si quiera un segundo de tiempo, antes de salir del garaje, Dean toma la mano de Hope y la mira los ojos muy serio. — Ha llegado el momento... — Ante el puchero de Hope, Dean asiente con una amplia sonrisa.— Oh si, guapa, los pelos de hippie tienen los segundos contados. Un trato es un trato. Ambos pasan antes por la cocina para coger una banqueta y sin perder ni si quiera tiempo en cambiarse de ropa, ambos entran en el baño. — [thetribrid] Necesito que vuelvas a dejar a tu novio en su versión anterior. Aunque te parezca menos guapo.
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  • Después de ducharse y de asegurarse de que Dean empezaba a ponerse su traje, la tríbrida procedió a sus propias labores. Sacó el vestido del porta trajes y lo extendió en la cama antes de girarse a buscar los zapatos.

    La parte buena de aquel vestido es que era bastante sencillo de poner, y para lo que no... bueno, era bruja a fin de cuentas...

    No solía acudir a eventos que requiriesen tanta organización, bomba y boato. A decir verdad los últimos dos años apenas había salido del bunker para algo que no fuera salir de caza. Así que aquella boda era el evento perfecto para estrenar su recién recuperada libertad. No le gustaba haberlo conseguido gracias a las vidas perdidas de amigos, pero.
    Después de ducharse y de asegurarse de que Dean empezaba a ponerse su traje, la tríbrida procedió a sus propias labores. Sacó el vestido del porta trajes y lo extendió en la cama antes de girarse a buscar los zapatos. La parte buena de aquel vestido es que era bastante sencillo de poner, y para lo que no... bueno, era bruja a fin de cuentas... No solía acudir a eventos que requiriesen tanta organización, bomba y boato. A decir verdad los últimos dos años apenas había salido del bunker para algo que no fuera salir de caza. Así que aquella boda era el evento perfecto para estrenar su recién recuperada libertad. No le gustaba haberlo conseguido gracias a las vidas perdidas de amigos, pero.
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒)

    Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien.

    Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna.

    Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina.

    También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira.

    Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear.

    Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
    𝑻𝒉𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒖𝒏𝒄𝒖𝒍𝒖𝒔 (𝟒) Cuando no está trabajando ni siguiendo algún rastro, Connor suele desaparecer durante horas, y nadie sabe exactamente dónde va. A veces termina sentado sobre la azotea de algún edificio observando una ciudad que jamás repara en su presencia. Otras permanece inmóvil frente a una ventana mientras las luces de los departamentos se encienden y apagan una a una conforme avanza la noche. No busca nada en particular, tampoco parece estar vigilando a alguien. Simplemente observa, y resulta extraño porque no obtiene nada de ello. Su cuerpo no necesita descansar y su mente es capaz de mantenerse activa durante días enteros sin mostrar señales de agotamiento. Podría dedicar cada segundo de su existencia a investigar, alimentarse o perfeccionar sus capacidades, pero en ocasiones acaba simplemente ocupando su tiempo en cosas que no parecen tener utilidad alguna. Compra café que rara vez termina. Enciende televisores a los que deja de prestar atención minutos después. Se queda escuchando conversaciones ajenas hasta que terminan, incluso cuando no tienen relación con ningún caso. Algunas veces entra a librerías, estaciones o pequeños comercios sin intención de adquirir nada. Otras simplemente camina. También conserva objetos, como un encendedor, una fotografía, un reloj detenido, o un boleto de tren. Ninguno posee valor aparente, ni tampoco habla de ellos, mucho menos los utiliza. Y, sin embargo, tampoco los tira. Connor no recuerda cuándo comenzó a adquirir esas costumbres. No sabe si las aprendió observando a otros, si pertenecieron a alguien más o si siempre estuvieron ahí. Simplemente ocurren, como si en algún punto de su existencia hubiese empezado a repetir comportamientos cuyo origen ya no puede rastrear. Lo único seguro es que, incluso cuando no está cazando, Connor sigue buscando algo, aunque todavía no sepa qué es.
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  • Después de ganar y de haber logrado hacer un trato con el cazador para que conservase aquel corte de cabello resultado de un hechizo defectuoso, la tríbrida se había acercado hasta la tintorería para recuperar su vestido y el traje que Elijah había prestado a Dean para aquella ocasión.

    Por supuesto Dean seguía sin estar demasiado convencido con todo aquello. No le gustaban las bodas, no se encontraba cómodo con esmoquin y, desde luego no estaba contento con ese corte de pelo.

    -¿Te he dicho alguna vez que eres el mejor novio del mundo? El más listo. El más fuerte. El más guapo y el más bueno... -sonrió la tríbrida tras dejar los porta trajes sobre la mesa de la biblioteca y acercarse al cazador para besarlo con mimo.

    Pareció que aquellas palabras cobraban efecto en el Winchester pues, de pronto, y sin que ella se lo esperara, Dean la agarró de la cintura y giró sobre sus pies para hacerla inclinarse hacia atrás. Por supuesto provocando una carcajada en Hope.

    -Y el más sexy...- concluyó Hope alzando una mano por el pecho de Dean Winchester hasta rodear su nuca y así poder atraerle hacia si y besarle con mimo. Esa clase de besos que una da cuando sabe que lo tiene todo en la vida, porque tiene a su lado al hombre más maravilloso de la tierra.
    Después de ganar y de haber logrado hacer un trato con el cazador para que conservase aquel corte de cabello resultado de un hechizo defectuoso, la tríbrida se había acercado hasta la tintorería para recuperar su vestido y el traje que Elijah había prestado a Dean para aquella ocasión. Por supuesto Dean seguía sin estar demasiado convencido con todo aquello. No le gustaban las bodas, no se encontraba cómodo con esmoquin y, desde luego no estaba contento con ese corte de pelo. -¿Te he dicho alguna vez que eres el mejor novio del mundo? El más listo. El más fuerte. El más guapo y el más bueno... -sonrió la tríbrida tras dejar los porta trajes sobre la mesa de la biblioteca y acercarse al cazador para besarlo con mimo. Pareció que aquellas palabras cobraban efecto en el Winchester pues, de pronto, y sin que ella se lo esperara, Dean la agarró de la cintura y giró sobre sus pies para hacerla inclinarse hacia atrás. Por supuesto provocando una carcajada en Hope. -Y el más sexy...- concluyó Hope alzando una mano por el pecho de [BxbyDriver] hasta rodear su nuca y así poder atraerle hacia si y besarle con mimo. Esa clase de besos que una da cuando sabe que lo tiene todo en la vida, porque tiene a su lado al hombre más maravilloso de la tierra.
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa.

    En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma.

    Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible.

    Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación.

    Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros.

    Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento.

    Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local.

    La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral.

    Y entonces la volvió a ver...

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: Jane
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- 𝕄𝕚𝕣𝕒𝕕𝕒𝕤 𝕞𝕒𝕝𝕕𝕚𝕥𝕒𝕤. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El recuerdo rítmico del tren de las doce y media siempre se sentía como una llaga mal curada en la memoria de Kenji. Durante meses, la rutina había sido implacable: el traqueteo sordo sobre las vías oxidadas, el olor a ozono y a asientos de vinilo frío, y esa densa niebla de puerto que se pegaba a los cristales como grasa. En ese vagón desierto, que avanzaba por la periferia como un ataúd de metal flotante, las miradas entre ambos eran el único punto fijo. Nunca un saludo, nunca un asentimiento con la cabeza, ni un mísero amago de cortesía civil. Solo dos pares de ojos cruzándose en el vacío, midiendo distancias con una hostilidad silenciosa que hacía que el aire pesara el doble. Ella, sentada justo en el asiento de enfrente, era la anomalía exacta que descuadraba sus balances matemáticos diarios; su peor pesadilla vestida de calma. Para que se hagan una idea, el escenario se alzaba como un granero de energías opuestas en donde el lobo y el cazador compartían el mismo corral. Sus razones variaban, pero la paz entre ambos mundos; otrora oficio de muerte que el rubio impartía, distanciaba el conflicto bélico entre las dos partes. No siendo eso suficiente, el panorama no siempre era el mismo, en ocasiones rodeándolos de gallinas inocentes que se pavoneaban frente a las fauces de una bestia impredecible. Pero esa noche en particular, el engranaje perfecto de Saito se había roto. Un desfase burocrático de última hora en los muelles lo dejó varado lejos de su horario habitual, empujándolo a saltarse el tren y a caminar sin rumbo fijo por el asfalto mojado hasta terminar en los límites de la última estación. Al final terminó su desfase dentro de la arquitectura de un bar mala muerte, un espacio confinado que olía a madera vieja barnizada con alcohol barato, humedad estancada y el zumbido mortecino de un letrero de neón rojo que parpadeaba tras la barra. Kenji se había acomodado en la mesa más apartada del rincón, donde la penumbra le ofrecía una tregua temporal. Se había quitado la gabardina, dejándola doblada con una simetría enfermiza sobre la silla contigua. El nudo de su corbata seguía intacto, pero el primer botón de su camisa almidonada cedía apenas un milímetro, delatando el sutil cansancio que le cargaba los hombros. Entre sus dedos, un cigarrillo encendido consumía su papel con lentitud, dejando escapar una espiral delgada de humo gris que se enredaba en la luz ámbar de su vaso de whisky. Para un hombre que calculaba cada minuto de su existencia, ese trago y esa brasa eran lo único que lo mantenía anclado a la realidad mientras contemplaba el lento goteo de la lluvia contra el ventanal mugriento. Entonces, el tintineo metálico de la campana de la entrada cortó el murmullo del local. La corriente de aire frío que entró de la calle arrastró el olor a salitre y asfalto, abriendo una brecha en la pesadez del tabaco. Kenji no se movió, pero sus ojos, ocultos tras los cristales de carey, se fijaron de inmediato en la silueta que cruzaba el umbral. Y entonces la volvió a ver... ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [solar_sapphire_turtle_967]
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  • -Te prometo que no te va a doler… -comentó la tríbrida mientras tomaba un bisturí en la mano- Bueno, no puedo prometer que no vaya a doler…- se corrigió mientras se acercaba al Winchester, quien estaba apoyado contra una de las mesas de la biblioteca- Pero te haré un cortecito de nada y te lo voy a curar enseguida.

    Acercó el bisturí a la mejilla de Dean Winchester con pulso firme.

    -Es muy complicado practicar conmigo misma. Recuerda que me curo inmediatamente…- le puso ojitos de Golden retriever reafirmando así lo muy agradecida que estaba con el cazador por ayudarla con aquel hechizo- Así que te estoy… super, super, super agradecida… Vale, ¿listo? Voy a hacerte una pequeñísima heridita…
    -Te prometo que no te va a doler… -comentó la tríbrida mientras tomaba un bisturí en la mano- Bueno, no puedo prometer que no vaya a doler…- se corrigió mientras se acercaba al Winchester, quien estaba apoyado contra una de las mesas de la biblioteca- Pero te haré un cortecito de nada y te lo voy a curar enseguida. Acercó el bisturí a la mejilla de [BxbyDriver] con pulso firme. -Es muy complicado practicar conmigo misma. Recuerda que me curo inmediatamente…- le puso ojitos de Golden retriever reafirmando así lo muy agradecida que estaba con el cazador por ayudarla con aquel hechizo- Así que te estoy… super, super, super agradecida… Vale, ¿listo? Voy a hacerte una pequeñísima heridita…
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  • Mi don, tu maldición
    Fandom Crossover
    Categoría Acción
    El Mito y la Condena
    En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz.

    Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre.

    Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos.

    Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera.

    A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó.

    Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso.

    Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar.

    En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una.

    El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza.

    La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable.

    El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna.

    Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir.

    "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos."
    — Verso Dessendre.

    ____________________________________
    «Época actual»

    Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino.

    Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica.

    «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo»

    Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa.

    Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento.
    Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora.

    El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave.

    Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí.

    Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
    El Mito y la Condena En los anales ocultos de la historia humana, el nombre de los Dessendre se pronuncia con un respeto que raya en la adoración. Para los pocos que han visto rasgarse el velo de la realidad y han sobrevivido a las fauces de lo innombrable, esta dinastía es el escudo definitivo de la humanidad. Ser un Dessendre es, a ojos de los desesperados, una bendición divina; pertenecer a un linaje de héroes semidioses que, desde la Europa medieval, han caminado entre las sombras para que el mundo pueda vivir bajo la luz. Pero la verdad detrás de las baladas es una tragedia bañada en sangre. Todo comenzó con el Primer Ancestro, un coloso de barba indomable y una fuerza que desafiaba las leyes de la naturaleza. En una época de caos, forjó un pacto con una deidad primigenia y sin nombre. El precio fue devastador: la servidumbre eterna de toda su descendencia. A cambio, la entidad selló el pacto con un regalo ponzoñoso; al cumplir los catorce años, cada miembro de la sangre Dessendre despertaría un don místico único, una herramienta de destrucción diseñada específicamente para matar monstruos. Lo que el mundo ve como una herencia excepcional, la familia lo conoce por su verdadero nombre: una tortura generacional. Los dones no son una bendición, son las cadenas que los arrastran al matadero. A lo largo de los siglos, el árbol genealógico de los Dessendre no ha crecido hacia el cielo, sino que se ha enterrado en tumbas prematuras. Madres, padres, hijos y hermanos... la inmensa mayoría ha perecido entre gritos, desmembrados en la oscuridad por las mismas bestias que juraron cazar. Cada victoria de la familia se ha pagado con la extinción de sus propios miembros. Para el resto del mundo son leyendas vivientes; para ellos mismos, son fantasmas en lista de espera. A este calvario se suma la crueldad del aislamiento. Mientras los pocos salvados los alaban como deidades, la masa ignorante los ha repudiado durante siglos, tachándolos de charlatanes, locos y herejes. Los Dessendre mueren en la más absoluta soledad, protegiendo a un mundo que los desprecia, sirviendo a un dios que los condenó. Hoy, las cenizas de esta dinastía maldita descansan sobre los hombros de un solo hombre: Verso. Sobre él pesa la corona más amarga, pues Verso es una anomalía viviente. Sus catorce años quedaron atrás, y el eco de la deidad antigua jamás resonó en su espíritu. No hubo destello místico, ni fuego en sus manos, ni visiones del más allá. La sangre sagrada parece haberlo ignorado, dejándolo completamente desarmado ante la herencia familiar. En una dinastía donde no tener un don equivale a una sentencia de muerte inmediata, cualquiera se habría rendido al miedo. Pero Verso no es un Dessendre ordinario. Entendiendo que la debilidad sería su fin, decidió desafiar el designio de los dioses y de los monstruos. Convirtió la ausencia de magia en su mayor fortaleza, sometiéndose a un calvario de entrenamiento físico y mental que horrorizaría a sus propios ancestros. Si no nació para ser un arma, se forjaría a sí mismo en una. El Intelecto Arquitectónico: Mientras otros confían en la fuerza bruta de sus dones, Verso opera con una fría precisión quirúrgica. Su mente es una enciclopedia de lo arcano; disecciona la mitología, calcula las variables y estudia la anatomía de sus presas hasta encontrar la única fisura en su inmortalidad. Él no pelea contra los monstruos; los ejecuta tras haberlos desmantelado estratégicamente en su cabeza. La Agilidad del Espectro: Sabiendo que su cuerpo no sanará de un golpe sobrenatural, Verso perfeccionó el arte de la evasión absoluta. Se mueve con una fluidez casi fantasmal, anticipando el peligro antes de que se materialice. En el campo de batalla, es una sombra inalcanzable. El Arsenal de la Venganza: Su cuerpo es una extensión viviente de cualquier herramienta de muerte. Manipula con igual maestría las espadas de plata bendecidas que sus antepasados usaron en las Cruzadas, como el armamento táctico y balístico más avanzado de la era moderna. Verso Dessendre camina hacia la noche sabiendo que es el eslabón más frágil de una cadena de mártires, pero también el más implacable. No tiene el poder de un dios, pero posee la voluntad inquebrantable de los hombres que se niegan a morir. "Mis antepasados murieron protegiendo este mundo con la magia de una deidad que nos odia. Yo no tengo milagros. Solo tengo mi ingenio, mi velocidad y un arsenal de hierro. Y esta noche, eso será más que suficiente para demostrarles a los monstruos por qué deberían temernos a los humanos." — Verso Dessendre. ____________________________________ «Época actual» Había llegado a la mansión Dessendre una nota, una petición. Se decía qué en una antigua central eléctrica abandonada se habían hallado cuerpos sin vida. La policía había determinado qué se trataba de "suicidas desangrándose hasta morir". ¿Quién carajo pensaría qué encontrar cuerpos desangrados sería por suicidio? Solo policías queriendo huir del inminente destino. Verso, un hombre de mediana edad, pisando ya los 40's. Sabía lo qué dicha carta solicitaba y a qué cláse de esperpentos se refería. Por lo qué tomó su equipamiento, lo subió a la camioneta tipo Jeep todo terreno qué guardaba en uno de lo garages y se encaminó a plena luz del día cayendo por el oeste, rumbo a la dichosa central eléctrica. «Hoy solo quería recostarme y ver televisión cómo la gente común, pero aquí vamos de nuevo» Se veía en su rostro rebosante de "emoción" el poco interés qué tenía, pero se tomaba muy en serio el trabajo; era la clase de hombre qué jamás subestimaría una situación peligrosa. Pasaron un par de horas conduciendo, el sol había caído por completo y era solo la luna la qué observaba desde el firmamento. Llegó al lugar, se estacionó en lo qué era un parking abandonado a su suerte, sucio, amplio y totalmente vacío hasta ahora. El hombre se preparó, un par de dagas ocultas bajo la gabardina, una ballesta de mano en la funda de su espalda, la espada de plata envainada a su costado izquierdo, el colgante en forma de cruz a la altura de la clavícula y un frasco qué ocultó en el bolsillo superior izquierdo de la gabardina. Tomó también una lámpara de baterías con la mano izuquierda y cerró la camioneta con llave. Estaba ahora en la entrada, se veía tétrico y lo qué daba una sensación escalofriante era qué no se escuchaba nada más qué el viento zarandeando uno qué otro cable o láminas de metal qué golpeaban entre sí. Inspiró y exhaló con tranquilidad achinando los ojos, para posteriormente abrirlos por completo y adentrarse en el lugar lentamente, observando a todos lados y en todas direcciones. Podría ser qué hubiese uno de esos seres o quizás le tocaría regresar a casa a descansar.
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