• Hacía un poco de calor en Teyvat.
    Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa.

    Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz.

    -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel-

    Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt.

    -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto...

    +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh?

    -¡Uhum! ¡Mucho!...

    +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno.

    Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado.

    +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~.

    Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno".

    +¡Te dije que con cuidado!
    -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena...

    Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
    Hacía un poco de calor en Teyvat. Razor, el Chico Lobo ya había hecho casi todas sus actividades del día a día, jugó por horas con su manada de lobos, pescó, se bañó en el lago detrás de Mondstadt, había ido a la Biblioteca a sus clases con su maestra Lisa. Al salir de la biblioteca y de la sede de los caballeros de Favonius el sol pegó en su rostro haciéndolo cerrar ligeramente sus ojos hasta adaptarse de nuevo a la luz. -Nhg...sol...enojado... -Así conocía él "calor" y luego, sonrió. Siempre buscaba cualquier pretexto para que Sara, la dueña y cocinera de El Gran Cazador le hiciera un batido bien frío con ganchos de lobo y miel- Con aquella idea y pretexto perfecto fue corriendo al restaurante cerca de la plaza de Mondstadt. -¡Sara...Sara...Sara!... -Demandó entrando al lugar mientras señalaba indignado hacia arriba y hacia afuera "indignado"-...Sol...molesto... +¡Razor! ¡Que sorpresa verte por aquí!... ¿Hu? Con que sol "molesto" ¿Eh? -¡Uhum! ¡Mucho!... +¿No será que...?...Ay ya, ya sé lo que quieres...Siéntate, ya te traigo uno. Razor sonrió victorioso. Tomó asiento como siempre y movió sus piernas de lado a lado esperando. Minutos después Sara llegó con su "arma contra el sol", su batido helado. +No lo bebas muy rápido...siempre se te congela el cerebro~. Razor tomó el vaso con los ojos resplandecientes e ignorando como siempre la advertencia su primer sorbo fue, grande, sus ojos se cerraron y se quejó levemente, paladar y cerebro congelado, pero rió, era un dolor "bueno". +¡Te dije que con cuidado! -Heh...Batido...bueno.... -Dejó un par de Moras pagando el batido y se fue victorioso con bebida en manos. La puerta del restaurante se abrió de nuevo-...Gracias...Sara...buena... Se le había olvidado agradecer como le enseñaron Jean y Lisa, después de ello, se fue contento bebiendo.
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  • Entre lo cotidiano
    Categoría Suspenso
    En un lugar del mundo, a las orillas del mar en pleno aviso de tormenta, una figura amarilla se alza caminado sin rumbo, observando, callado, el rostro inobservable por la oscuridad que otorga el manto amarillo que le cubre, el Rey de Amarillo, ignorando cuanto tiempo ha pasado, pues para dicha entidad no es nada mas que un concepto vago, puesto a su longevidad ya no cuenta con percepción de este.
    Todo parecía lo mismo de siempre, olas que no paran de moverse, nubes oscuras que muestran la tormenta por venir, sin embargo algo inusual capto la atención de este, una calavera que el agua había traído a sus pies. Con cautela creo un tentáculo que surgiera de su capa para recogerlo, se detuvo a mirarlo, ¿Habrá sido otra victima del culto de Cthulhu? ¿O solo un pobre hombre muerto en otra parte cuyos restos se coordinaron para estar al frente?
    Mirando un poco al horizonte donde estaba la arena, observo un grupo de gente reunida, no era necesario para el acercarse a curiosear, el sabia el porque estaban ahí, el resto del cadáver estaba en ese lugar, por lo que tomo la forma de un joven lo mejor que pudo, desde su prisión en Carcosa, poco podía hacer mas que disminuir su poder para no causar locura ante los humanos, sus ropajes amarillos calzaban con los de la época, sin embargo no podía hacer mucho con su aspecto de ultratumba, pero probablemente era suficiente para acercarse.

    —Caballeros, damas.— Saludo de forma cortes. —Creo que encontré lo que faltaba del cadáver. — Al decir esto mostró la calavera. —¿Un asesinato?— Esta pregunta para el era innecesaria, puesto a que sabia la respuesta, pero en su conocimiento, sabia también que no presentar curiosidad morbosa crearía sospechas innecesarias. Al observar con detenimiento el resto de cadáver, observo una marca que lo disgusto, era efectivamente, la marca del culto de Cthulhu, así que como no tenia ninguno de sus seguidores cerca, decidió quedarse para ahondar en el caso y luego mandar a los suyos si esto llegaba a ser necesario.
    En un lugar del mundo, a las orillas del mar en pleno aviso de tormenta, una figura amarilla se alza caminado sin rumbo, observando, callado, el rostro inobservable por la oscuridad que otorga el manto amarillo que le cubre, el Rey de Amarillo, ignorando cuanto tiempo ha pasado, pues para dicha entidad no es nada mas que un concepto vago, puesto a su longevidad ya no cuenta con percepción de este. Todo parecía lo mismo de siempre, olas que no paran de moverse, nubes oscuras que muestran la tormenta por venir, sin embargo algo inusual capto la atención de este, una calavera que el agua había traído a sus pies. Con cautela creo un tentáculo que surgiera de su capa para recogerlo, se detuvo a mirarlo, ¿Habrá sido otra victima del culto de Cthulhu? ¿O solo un pobre hombre muerto en otra parte cuyos restos se coordinaron para estar al frente? Mirando un poco al horizonte donde estaba la arena, observo un grupo de gente reunida, no era necesario para el acercarse a curiosear, el sabia el porque estaban ahí, el resto del cadáver estaba en ese lugar, por lo que tomo la forma de un joven lo mejor que pudo, desde su prisión en Carcosa, poco podía hacer mas que disminuir su poder para no causar locura ante los humanos, sus ropajes amarillos calzaban con los de la época, sin embargo no podía hacer mucho con su aspecto de ultratumba, pero probablemente era suficiente para acercarse. —Caballeros, damas.— Saludo de forma cortes. —Creo que encontré lo que faltaba del cadáver. — Al decir esto mostró la calavera. —¿Un asesinato?— Esta pregunta para el era innecesaria, puesto a que sabia la respuesta, pero en su conocimiento, sabia también que no presentar curiosidad morbosa crearía sospechas innecesarias. Al observar con detenimiento el resto de cadáver, observo una marca que lo disgusto, era efectivamente, la marca del culto de Cthulhu, así que como no tenia ninguno de sus seguidores cerca, decidió quedarse para ahondar en el caso y luego mandar a los suyos si esto llegaba a ser necesario.
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  • 𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎".

    La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos.

    El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba.

    Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo.
    Miré hacia las ventanas altas, y vi.

    No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia.

    Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías.

    Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste.

    Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
    𝐂𝐫𝐨́𝐧𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞 𝐒𝐢𝐞𝐠𝐦𝐞𝐲𝐞𝐫 "𝐿𝑎 𝐶𝑎𝑝𝑖𝑙𝑙𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑀𝑖𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑉𝑢𝑒𝑙𝑡𝑎". La niebla se pegaba a mis botas como un sudario vivo aquella noche de hace más de 200 años. Marchaba al frente de la compañía del Reino de Valdris. Doce hombres, entre ellos tres inquisidores con sus cruces de hierro al cuello, dos caballeros juramentados y el resto mercenarios como yo. El rey nos había enviado a este rincón olvidado del mundo porque los campesinos hablaban de una capilla donde los herejes invocaban demonios. “Blasfemia”, decían. “Brujería”. A estas alturas ya había visto de todo y pensé que sería otro nido de cultistas baratos. El camino fue largo y el viento olía a tierra podrida. Los árboles se torcían como dedos rotos, sin hojas, solo ramas que parecían susurrar nombres que no eran de este mundo. Al fin, bajo un cielo que parecía una herida abierta, apareció la capilla. Exactamente como en mis pesadillas de hoy. Madera negra, aguja puntiaguda que rasgaba las nubes, ventanas en arco que brillaban con una luz interna que no era luz. Y figuras, tres o cuatro siluetas encapuchadas, como nosotros, que se arrastraban hacia la puerta principal. No huían. Caminaban como quien va a misa o a la tumba. Entramos y dentro no había altar, no había crucifijo. Solo un vacío que se tragaba el sonido de nuestras botas. El aire era espeso, como si respiráramos agua fría. Los inquisidores empezaron a recitar salmos, pero sus voces se ahogaban antes de llegar a las paredes. Entonces lo oímos, un latido lento, profundo, que no provenía de ninguna garganta. Venía de arriba, del techo, del cielo mismo. Miré hacia las ventanas altas, y vi. No eran demonios, ni ángeles caídos. Eran algo más antiguo. Tentáculos gruesos como troncos de roble, cubiertos de ventosas que se abrían y cerraban como bocas ciegas, descendiendo desde una oscuridad que no era oscuridad, sino la ausencia misma de todo lo que conocemos. Se movían con una lentitud deliberada, como si el tiempo no les importara. Uno de ellos rozó la aguja de la capilla y la madera gimió, no de dolor, sino de placer. Otro se enroscó alrededor de un inquisidor antes de que pudiera gritar. Lo levantó. Lo apretó y sus huesos crujieron como ramas secas y su sangre cayó sobre nosotros como lluvia tibia. Grité, todos gritamos, pero los gritos se convertían en risas. En oraciones que nadie había enseñado. Uno de los caballeros se arrodilló, quitó su yelmo y comenzó a arrancarse los ojos con los dedos, murmurando que “al fin veía la verdad”. Otro mercenario corrió hacia la puerta y un tentáculo lo atravesó por la espalda, sacándolo por la boca como un pez ensartado. La sangre dibujaba símbolos que yo reconocí de pesadillas que no eran mías. Sentí que mi mente se rompía, no era miedo, era comprensión. Una comprensión que ningún hombre debería tener, que este lugar no era un templo profanado. Que la capilla era solo una costra, una herida abierta en la piel del mundo, y que algo inmenso, indiferente y hambriento la estaba usando como boca. Que nuestros dioses, nuestros demonios, nuestras cruzadas, todo era un chiste para esa cosa. Que el universo entero era un chiste. Caí de rodillas y sentí cómo uno de esos tentáculos me envolvía la cintura. La presión fue lenta, cariñosa. Mis costillas se rompieron una a una. La sangre me llenó la boca, había muerto. Pero mi propia maldición no me lo permitió. Desperté horas después, o días, no lo sé. La capilla seguía allí, pero ahora estaba en silencio. Los tentáculos habían regresado al cielo, dejando solo un agujero en las nubes que no se cerraba. Los cuerpos de mis compañeros yacían desparramados, sus bocas abiertas en una sonrisa que nunca se borraría. Intente varias veces levantarme hasta que mis pies volvieron a sentirse firmes. Mis heridas ya se cerraban. Mi mente tardó años en volver a ser mía. Aún hoy, tengo pesadillas recordando algo que pasó hace muchos años. Hay cosas peores que nuestras creencias, el bien y el mal son moldeables.
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  • ℍ𝕦𝕘𝕠 𝕍𝕝𝕒𝕕 eres siempre de lo mas caballeroso conmigo, eres el amor de mi vida.
    [VladHugoRavenlock093] eres siempre de lo mas caballeroso conmigo, eres el amor de mi vida.
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  • El sonido de las fichas al chocar era lo único que rompía el silencio.

    Clac, clac, clac.

    El humo del tabaco dibujaba una neblina tenue bajo la luz cálida del salón privado. Hombres de traje impecable, mujeres elegantes de miradas afiladas, dedos cargados de anillos, joyas de otras culturas. Risas bajas, contenidas, falsas. Nadie en esa mesa era realmente amigo de nadie, a pesar de los posibles jugueteos de piernas bajo la mesa.

    Pero en el centro, nuestro hombre: Renji Kurogane, mejor conocido como Kokuren.

    Sentado con la espalda relajada, una pierna cruzada sobre la otra, como si el tiempo no tuviera prisa por alcanzarlo. Su camisa ligeramente abierta, producto del calor, de las numerosas bebidasque todos tomaban y de haber pasado horas jugando. En su mano, una ficha giraba entre sus dedos mientras se divertía en silencio; sus ojos, fríos y atentos, ya lo habían visto todo.

    —Hmm.

    Dejó caer la ficha.
    Uno de los hombres tensó la mandíbula y una mujer desvió la mirada apenas un segundo, pero fue suficiente. Renji inclinó la cabeza levemente, una sonrisa torcida dibujándose en sus labios.

    —Parece que esta noche la suerte no está de su lado.

    Mentira. No creía en la suerte, pero sabía que ellos sí.
    Con movimientos lentos, casi perezosos, acomodó sus fichas. No había duda ni titubeo, solo la calma de alguien que llevaba varias jugadas por delante desde el principio. El silencio se volvió denso; uno de los presentes soltó el aire entre dientes, otro apretó los nudillos contra la mesa.

    Renji levantó la mirada, encontrándose con los ojos de cada uno, uno por uno, disfrutando ese instante donde el control cambiaba de manos.

    —Damas y caballeros…

    murmuró, ladeando la sonrisa mientras apoyaba el codo en la mesa y llevaba su mano al mentón con despreocupación.

    —¿Qué vamos a hacer con los refugiados de Corea del Norte?

    Lo dijo como quien comenta el clima, dejando la pregunta suspendida en el aire sin intención real de suavizarla. Antes de que alguien respondiera, sus dedos volvieron a moverse con precisión; tomó una ficha del muro, la observó apenas un instante y la integró a su mano sin apuro.

    —Tsumo.

    Volteó sus fichas con calma, revelando una jugada perfecta, cerrada sin margen de error.

    —Treinta mil.

    El sonido de las fichas siendo empujadas hacia él llenó el silencio que nadie más se atrevió a romper.
    El sonido de las fichas al chocar era lo único que rompía el silencio. Clac, clac, clac. El humo del tabaco dibujaba una neblina tenue bajo la luz cálida del salón privado. Hombres de traje impecable, mujeres elegantes de miradas afiladas, dedos cargados de anillos, joyas de otras culturas. Risas bajas, contenidas, falsas. Nadie en esa mesa era realmente amigo de nadie, a pesar de los posibles jugueteos de piernas bajo la mesa. Pero en el centro, nuestro hombre: Renji Kurogane, mejor conocido como Kokuren. Sentado con la espalda relajada, una pierna cruzada sobre la otra, como si el tiempo no tuviera prisa por alcanzarlo. Su camisa ligeramente abierta, producto del calor, de las numerosas bebidasque todos tomaban y de haber pasado horas jugando. En su mano, una ficha giraba entre sus dedos mientras se divertía en silencio; sus ojos, fríos y atentos, ya lo habían visto todo. —Hmm. Dejó caer la ficha. Uno de los hombres tensó la mandíbula y una mujer desvió la mirada apenas un segundo, pero fue suficiente. Renji inclinó la cabeza levemente, una sonrisa torcida dibujándose en sus labios. —Parece que esta noche la suerte no está de su lado. Mentira. No creía en la suerte, pero sabía que ellos sí. Con movimientos lentos, casi perezosos, acomodó sus fichas. No había duda ni titubeo, solo la calma de alguien que llevaba varias jugadas por delante desde el principio. El silencio se volvió denso; uno de los presentes soltó el aire entre dientes, otro apretó los nudillos contra la mesa. Renji levantó la mirada, encontrándose con los ojos de cada uno, uno por uno, disfrutando ese instante donde el control cambiaba de manos. —Damas y caballeros… murmuró, ladeando la sonrisa mientras apoyaba el codo en la mesa y llevaba su mano al mentón con despreocupación. —¿Qué vamos a hacer con los refugiados de Corea del Norte? Lo dijo como quien comenta el clima, dejando la pregunta suspendida en el aire sin intención real de suavizarla. Antes de que alguien respondiera, sus dedos volvieron a moverse con precisión; tomó una ficha del muro, la observó apenas un instante y la integró a su mano sin apuro. —Tsumo. Volteó sus fichas con calma, revelando una jugada perfecta, cerrada sin margen de error. —Treinta mil. El sonido de las fichas siendo empujadas hacia él llenó el silencio que nadie más se atrevió a romper.
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  • -Eeh, ¿estás seguro?, no es necesario que me lleves, voy a pedir un Uber...-

    Hago un gesto a mi móvil mientras te miro a los ojos, sonrio suavemente al ver tu expresión amable.

    -Eres tan dulce, que buen caballero, pero estoy bien, sé que tú vives al sur y yo al norte, sería un desperdicio, pero si quieres seguir con tu galante caballerosidad, puedes acompañarme mientras espero~~-
    -Eeh, ¿estás seguro?, no es necesario que me lleves, voy a pedir un Uber...- Hago un gesto a mi móvil mientras te miro a los ojos, sonrio suavemente al ver tu expresión amable. -Eres tan dulce, que buen caballero, pero estoy bien, sé que tú vives al sur y yo al norte, sería un desperdicio, pero si quieres seguir con tu galante caballerosidad, puedes acompañarme mientras espero~~-
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    CURIOSIDADES
    DE
    ℳ𝒪ℛ𝒢𝒜𝒩𝒜 𝒩ℰ𝒢ℛℰ𝒮𝒞𝒰

    1- Es muy presumida, cada mes va hacerse las uñas y a la peluquería
    2- Le encanta jugar con sus victimas antes de devorarlas
    3- Extraña volver a montar a caballo
    4- Quiere caerle bien a su suegra y hacerse buenas amigas
    5- Es bastante celosa
    6- Tiene una estrecha relación con su cuñado
    7- Ha participado en algunas pasarelas, para los diseñadores más conocidos del mundo
    8- Le encanta hacer yoga en el jardín
    9- Adora a todos sus bebés peludos
    10- Siempre le ha gustado los hombres caballerosos
    CURIOSIDADES DE ℳ𝒪ℛ𝒢𝒜𝒩𝒜 𝒩ℰ𝒢ℛℰ𝒮𝒞𝒰 1- Es muy presumida, cada mes va hacerse las uñas y a la peluquería 2- Le encanta jugar con sus victimas antes de devorarlas 3- Extraña volver a montar a caballo 4- Quiere caerle bien a su suegra y hacerse buenas amigas 5- Es bastante celosa 6- Tiene una estrecha relación con su cuñado 7- Ha participado en algunas pasarelas, para los diseñadores más conocidos del mundo 8- Le encanta hacer yoga en el jardín 9- Adora a todos sus bebés peludos 10- Siempre le ha gustado los hombres caballerosos
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  • Aquella última noche...
    Fandom The Vampire Diaries
    Categoría Drama
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑟o𝑙 𝑐o𝑛 Rebekah Mikaelson


    Se acercaba el final del siglo XVIII, y la familia Claire era una familia bastante reconocida en el círculo de brujos del Barrio Francés. Una familia de brujos hábiles y poderosos a cuya linea sanguínea pertenecía Chris. Chris no tenía la capacidad de hacer magia por sí solo. Era solo capaz de hacerlo cuando absorbía magia de otra fuente. Una rareza dentro de la familia y de la ciudad. Por lo que Chris lejos de envidiar las habilidades mágicas de su hermana menor Mary Alice, se dedicó a estudiar sobre mitos, magia y objetos mágicos. Además, al no ser un brujo como su hermana, no se esperaba de él que liderase a la familia en el futuro. Lo que le dejaba mucho tiempo para sus quehaceres y su amplia vida social.

    Al margen de sus dotes sociales y de su encanto, Christopher era un alma caritativa y compasiva. Incapaz de dejar pasar las injusticias. A menudo su buen juicio le granjeaba más de algún apuro del que habia costado salir airoso. Como aquel día…

    Caminaba desde su casa hacia la taberna donde solía alternar algunas noches cuando escuchó algunas voces masculinas, no necesitó afinar demasiado el oído para escuchar las groserías que decían. Sus pasos, sin pensarlo, sin meditarlo, siguieron el camino de aquellas voces hasta dar con cuatro hombres quienes habían acorralado a una mujer.

    La reconocía. No habia hablado con ella nunca antes, pero la reconocía. Era la hermana de Klaus Mikaelson y, de haber sabido lo que supo después puede que jamás hubiera intentado apartar a la fiera de sus presas. Y es que Rebekah era solo un vampiro en busca de su cena, provocándoles y tratando de desatar sus instintos más repulsivos solo para tener una excusa para hincarles el diente.

    -¡Ya habéis oído a la dama! -exclamó el rubio acercándose a la escena- Dejadla en paz… Asi no es como se trata a una señorita, caballeros.

    Uno de aquellos tipos se giró hacia Chris.

    -¿Quién va a enseñarnos, pues? ¿Tú? -preguntó.

    Chris se encogió de hombros con una expresión bastante confiada, pues no habia habido pelea que no hubiese ganado.

    -Alguien tendrá que hacerlo…

    Y ahí empezó todo…
    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝑟o𝑙 𝑐o𝑛 [barbiemikaels0n] Se acercaba el final del siglo XVIII, y la familia Claire era una familia bastante reconocida en el círculo de brujos del Barrio Francés. Una familia de brujos hábiles y poderosos a cuya linea sanguínea pertenecía Chris. Chris no tenía la capacidad de hacer magia por sí solo. Era solo capaz de hacerlo cuando absorbía magia de otra fuente. Una rareza dentro de la familia y de la ciudad. Por lo que Chris lejos de envidiar las habilidades mágicas de su hermana menor Mary Alice, se dedicó a estudiar sobre mitos, magia y objetos mágicos. Además, al no ser un brujo como su hermana, no se esperaba de él que liderase a la familia en el futuro. Lo que le dejaba mucho tiempo para sus quehaceres y su amplia vida social. Al margen de sus dotes sociales y de su encanto, Christopher era un alma caritativa y compasiva. Incapaz de dejar pasar las injusticias. A menudo su buen juicio le granjeaba más de algún apuro del que habia costado salir airoso. Como aquel día… Caminaba desde su casa hacia la taberna donde solía alternar algunas noches cuando escuchó algunas voces masculinas, no necesitó afinar demasiado el oído para escuchar las groserías que decían. Sus pasos, sin pensarlo, sin meditarlo, siguieron el camino de aquellas voces hasta dar con cuatro hombres quienes habían acorralado a una mujer. La reconocía. No habia hablado con ella nunca antes, pero la reconocía. Era la hermana de Klaus Mikaelson y, de haber sabido lo que supo después puede que jamás hubiera intentado apartar a la fiera de sus presas. Y es que Rebekah era solo un vampiro en busca de su cena, provocándoles y tratando de desatar sus instintos más repulsivos solo para tener una excusa para hincarles el diente. -¡Ya habéis oído a la dama! -exclamó el rubio acercándose a la escena- Dejadla en paz… Asi no es como se trata a una señorita, caballeros. Uno de aquellos tipos se giró hacia Chris. -¿Quién va a enseñarnos, pues? ¿Tú? -preguntó. Chris se encogió de hombros con una expresión bastante confiada, pues no habia habido pelea que no hubiese ganado. -Alguien tendrá que hacerlo… Y ahí empezó todo…
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  • Buenos días mis distinguidos ausentes de la lógica, con residencia permanente en el disparate,
    Embajadores del absurdo, acreditado sin revisión previa, Prófugos del la razón, Caballeros de ideas errantes, sin destino ni mapa, Curadores oficiales de conclusiones cuestionables, Arquitectos del desconcierto, con obras en constante construcción, Viajeros incansables… pero siempre lejos del sentido común. Buen día y buena comida.

    Con cariño y amor Elohim Roselicht
    Buenos días mis distinguidos ausentes de la lógica, con residencia permanente en el disparate, Embajadores del absurdo, acreditado sin revisión previa, Prófugos del la razón, Caballeros de ideas errantes, sin destino ni mapa, Curadores oficiales de conclusiones cuestionables, Arquitectos del desconcierto, con obras en constante construcción, Viajeros incansables… pero siempre lejos del sentido común. Buen día y buena comida. Con cariño y amor Elohim Roselicht ❣️
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  • *En el estudio de magia dentro del palacio, Demian revisaba diversos documentos sobre estudios solicitados y peticiones de la realeza, posando la mano en el mentón mientras regresaba a ver los frascos con el contenido de varias medicinas solicitadas*

    — (Al menos la decadencia de mana esta contenida... ¿Donde fueron a meterse esos caballeros y magos?.... bueno eso está solucionado solo hay que esperar a que se termine de filtrar la medicina, ahora.... ¿Una forma de mejorar la belleza?, la princesa cada vez hace peticiones mas exageradas, soy un mago no un estilista)

    *Suspirando, Demian caminaba hacia los estantes sacando libros con temáticas de magia glamour, regresando a ver por la ventana hacia el cielo, observó aquel sol de coloraciones blanco azuladas*

    — (Siempre me pregunto... ¿donde queda exactamente mi nación?, se que para llegar aqui hay que bajar, pero cualquier analicis hecho desde aqui no da resultados de nada ahi arriba... y cualquier investigación de ciencia en supra mundo no encuentra nada aqui abajo... ¿Donde entonces existe mi mundo?)

    *Al final, sacudía la cabeza finalmente regresando a centrarse en la solicitud real, observando la diversidad de magia de glamour desarrollada por sus predecesores*

    #FreeRol #MagicLife #MagicWork #ParalelLive
    *En el estudio de magia dentro del palacio, Demian revisaba diversos documentos sobre estudios solicitados y peticiones de la realeza, posando la mano en el mentón mientras regresaba a ver los frascos con el contenido de varias medicinas solicitadas* — (Al menos la decadencia de mana esta contenida... ¿Donde fueron a meterse esos caballeros y magos?.... bueno eso está solucionado solo hay que esperar a que se termine de filtrar la medicina, ahora.... ¿Una forma de mejorar la belleza?, la princesa cada vez hace peticiones mas exageradas, soy un mago no un estilista) *Suspirando, Demian caminaba hacia los estantes sacando libros con temáticas de magia glamour, regresando a ver por la ventana hacia el cielo, observó aquel sol de coloraciones blanco azuladas* — (Siempre me pregunto... ¿donde queda exactamente mi nación?, se que para llegar aqui hay que bajar, pero cualquier analicis hecho desde aqui no da resultados de nada ahi arriba... y cualquier investigación de ciencia en supra mundo no encuentra nada aqui abajo... ¿Donde entonces existe mi mundo?) *Al final, sacudía la cabeza finalmente regresando a centrarse en la solicitud real, observando la diversidad de magia de glamour desarrollada por sus predecesores* #FreeRol #MagicLife #MagicWork #ParalelLive
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