• {El agua golpeaba las piedras rotas de la plaza como si el propio cielo quisiera borrar aquel lugar del mundo.

    Ivandore permanecía inmóvil bajo la lluvia, con la espada baja y el escudo levantado. Su respiración resonaba dentro del yelmo mientras observaba a la aberración que se alzaba frente a él.

    No era un hombre.

    No era una bestia.

    Era un títere.

    Uno de aquellos engendros de madera y tela maldita que habitaban los rincones olvidados de los viejos caminos.

    Las cuerdas descendían desde la oscuridad sobre la criatura de verdes ropajes, perdiéndose en las alturas de las ruinas. Sus ojos rojizos brillaban con una luz enfermiza mientras avanzaba con movimientos imposibles, torciendo las articulaciones en ángulos antinaturales.

    Ivandore hundió una bota en el barro.}

    —Sea quien sea el que mueve tus hilos... hoy los cortaré.

    {La marioneta emitió un chirrido semejante a una carcajada rota y lanzó una de sus afiladas hojas hacia el caballero.

    El acero chocó contra el escudo con un estruendo seco.

    Sin perder un segundo, Ivandore avanzó.

    Una zancada.

    Dos.

    Tres.

    Su espada describió un arco brillante bajo la lluvia, obligando al monstruo a retroceder. Las cuerdas se tensaron violentamente mientras la criatura saltaba hacia atrás con una agilidad imposible.

    Pero el caballero no se detuvo.

    Había sobrevivido a Arkenfall.

    Había sido expulsado de la Orden.

    Había caminado solo por las tierras salvajes de Asteria.

    Y no pensaba caer ante una marioneta.

    Con un rugido contenido, Ivandore cargó una vez más, dispuesto a acabar con aquella criatura y descubrir qué oscuro titiritero se ocultaba tras las sombras de la ciudad maldita.}
    {El agua golpeaba las piedras rotas de la plaza como si el propio cielo quisiera borrar aquel lugar del mundo. Ivandore permanecía inmóvil bajo la lluvia, con la espada baja y el escudo levantado. Su respiración resonaba dentro del yelmo mientras observaba a la aberración que se alzaba frente a él. No era un hombre. No era una bestia. Era un títere. Uno de aquellos engendros de madera y tela maldita que habitaban los rincones olvidados de los viejos caminos. Las cuerdas descendían desde la oscuridad sobre la criatura de verdes ropajes, perdiéndose en las alturas de las ruinas. Sus ojos rojizos brillaban con una luz enfermiza mientras avanzaba con movimientos imposibles, torciendo las articulaciones en ángulos antinaturales. Ivandore hundió una bota en el barro.} —Sea quien sea el que mueve tus hilos... hoy los cortaré. {La marioneta emitió un chirrido semejante a una carcajada rota y lanzó una de sus afiladas hojas hacia el caballero. El acero chocó contra el escudo con un estruendo seco. Sin perder un segundo, Ivandore avanzó. Una zancada. Dos. Tres. Su espada describió un arco brillante bajo la lluvia, obligando al monstruo a retroceder. Las cuerdas se tensaron violentamente mientras la criatura saltaba hacia atrás con una agilidad imposible. Pero el caballero no se detuvo. Había sobrevivido a Arkenfall. Había sido expulsado de la Orden. Había caminado solo por las tierras salvajes de Asteria. Y no pensaba caer ante una marioneta. Con un rugido contenido, Ivandore cargó una vez más, dispuesto a acabar con aquella criatura y descubrir qué oscuro titiritero se ocultaba tras las sombras de la ciudad maldita.}
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  • *De la borrachera de anoche en el bar del hotel me había quedado dormido en cualquier lugar y ese fue entre las botellas de detrás de la barra, ¿por qué? Un gato que se aprecie puede dormir en cualquier lado sin importar el espacio, así que ahí estaba, durmiendo la mona esperando que nadie me sacara del sueño porque la resaca que iba a tener iba a ser de las gordas*
    *De la borrachera de anoche en el bar del hotel me había quedado dormido en cualquier lugar y ese fue entre las botellas de detrás de la barra, ¿por qué? Un gato que se aprecie puede dormir en cualquier lado sin importar el espacio, así que ahí estaba, durmiendo la mona esperando que nadie me sacara del sueño porque la resaca que iba a tener iba a ser de las gordas*
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  • ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰

    El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro.

    El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín.

    Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir.

    Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación.

    Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso.

    El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas.

    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰
    Co: 𝙉𝙖𝙨𝙚𝙚𝙢 𝘼𝙡 𝙆𝙝𝙖𝙮𝙖𝙡
    ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ -: ❈ :- ℕ𝕠 𝕥𝕠𝕕𝕠 𝕝𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕓𝕣𝕚𝕝𝕝𝕒 𝕖𝕤 𝕠𝕣𝕠 ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ El reloj del depósito judicial marcaba casi las diez de la noche cuando Kenji terminó de firmar el acta de cierre. Las luces de los pasillos parpadeaban con un zumbido intermitente, llenando el lugar de un aire frío y artificial que se pegaba a la ropa tras horas de encierro. El inventario de bienes incautados de esa semana era un caos de objetos amontonados sin lógica alguna y entre relojes de imitación y carteras baratas, sus ojos se fijaron en una pieza que rompía la monotonía del lote: un cuchillo de metal pesado, cubierto de una costra densa de óxido que borraba cualquier rastro de las inscripciones en su hoja. Obvio que dejarlo allí implicaba permitir que el descuido ajeno terminara de destruirlo, y por pura costumbre de buscarle un orden a las cosas rotas, lo guardó en el maletín. Un par de horas más tarde, el departamento ofrecía una tregua silenciosa frente al bullicio de la ciudad. Afuera, la llovizna constante ensuciaba los vidrios con una inercia monótona. Kenji se quitó la chaqueta, se desabotonó el primer botón de la camisa y preparó la mesa de trabajo con la calma de quien no tiene prisa por dormir. Colocó un paño gris, el aceite y una lija fina. Acomodó sus gafas por el puente con el dedo índice y comenzó a raspar el metal con movimientos lentos y rítmicos. El roce áspero de la lija contra el hierro viejo era lo único que llenaba la habitación. Entonces, las reglas del espacio cambiaron sin aviso. El aire se volvió pesado de golpe, tan denso que costaba arrastrarlo hacia los pulmones. Un olor seco a ceniza y a madera calcinada saturó el cuarto, empañando el ambiente como si una hoguera invisible se hubiera encendido en mitad del suelo. Kenji detuvo la mano a medio camino, sintiendo una calidez extraña que no provenía de la fricción de sus herramientas. ⊱••⊰❉⊱•═•⊰❉❉⊱•═•⊰❉⊱••⊰ Co: [storm_indigo_hawk_484]
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  • *Día 1 de mi descanso "forzado". En mi mente aún esta la rumiación de que "¿Esto significa que me van a despedir?". Me levanto 5 veces sin la alarma. Cuándo por fin consigo levantarme lo primero que hago es intentar regar las plantas*

    -¿Eh?... ¿Qué hora es?. Ah si... las plantas... ¿Qué debería hacer hoy?. ¿Que estará pasando en la división...?. No no... No pensemos en eso. ¿Quizás hacer un curso online de botánica?.
    *Día 1 de mi descanso "forzado". En mi mente aún esta la rumiación de que "¿Esto significa que me van a despedir?". Me levanto 5 veces sin la alarma. Cuándo por fin consigo levantarme lo primero que hago es intentar regar las plantas* -¿Eh?... ¿Qué hora es?. Ah si... las plantas... ¿Qué debería hacer hoy?. ¿Que estará pasando en la división...?. No no... No pensemos en eso. ¿Quizás hacer un curso online de botánica?.
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  • C: De verdad lo viste!?
    J: Sii está aquí en el hotel
    C: Dios no me sorprenderia ver al señor Arthur Bennet aquí también!
    J: Pero si solo está el hijo
    C: De verdad solo el hijo está aquí?
    J: Sii lo vi entrar a una de las suit's con varios hombres
    C: Vaya...se debe estar divirtiendo
    J: Claro que lo está, hace rato pase y se escuchaba como se...divertían, Laura fue a dejarles varias botellas de champagne y unas copas
    C: Quién lo diría...al menos a mi no me tocará limpiar esa habitación
    J: ...desgraciada...
    C: De verdad lo viste!? J: Sii está aquí en el hotel C: Dios no me sorprenderia ver al señor Arthur Bennet aquí también! J: Pero si solo está el hijo C: De verdad solo el hijo está aquí? J: Sii lo vi entrar a una de las suit's con varios hombres C: Vaya...se debe estar divirtiendo J: Claro que lo está, hace rato pase y se escuchaba como se...divertían, Laura fue a dejarles varias botellas de champagne y unas copas C: Quién lo diría...al menos a mi no me tocará limpiar esa habitación J: ...desgraciada...
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  • Los días transcurrieron sobre las aguas interminables del océano Pacífico. El velero avanzaba impulsado por el viento, lejos de las rutas comerciales y de cualquier lugar donde el culto pudiera encontrarlos.

    Sin embargo, un nuevo problema comenzaba a surgir. Las provisiones se estaban agotando. Las botellas de agua eran cada vez menos. Las conservas ocupaban apenas una esquina del compartimiento de carga. Pueden aguantar unos días más. Pero deben encontrar tierra firme cuanto antes.Unknown Nami
    Los días transcurrieron sobre las aguas interminables del océano Pacífico. El velero avanzaba impulsado por el viento, lejos de las rutas comerciales y de cualquier lugar donde el culto pudiera encontrarlos. Sin embargo, un nuevo problema comenzaba a surgir. Las provisiones se estaban agotando. Las botellas de agua eran cada vez menos. Las conservas ocupaban apenas una esquina del compartimiento de carga. Pueden aguantar unos días más. Pero deben encontrar tierra firme cuanto antes.[Uni_Darkness_Softspot] [legend_opal_hare_231]
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  • La reparación terminó siendo mucho más sencilla de lo que Masthian había esperado. Quizás porque la bicicleta realmente no estaba tan mal, o quizás porque llevaba tanto rato revisando cada detalle que cualquier desperfecto habría acabado cediendo por puro cansancio. Aun así, no se apresuró. Revisó los frenos una vez más, tensó la cadena, comprobó las ruedas y volvió a hacerlo todo por segunda ocasión, incapaz de ignorar la energía inquieta que llevaba instalada en el pecho desde aquella mañana.

    Era ridículo.

    Después de todo lo que habían vivido, después de años enteros imaginando cómo sería volver a verla, lo que tenía por delante era un simple paseo en bicicleta. Nada extraordinario. Nada que justificara aquella sonrisa que se negaba a desaparecer de sus labios.

    Y sin embargo ahí estaba, disimulando el temblor de sus manos haciendo girar una llave inglesa. Era ella. Era saber que aquella tarde le pertenecía a ambos. Era verla al otro lado de la habitación mientras fingía concentrarse en una tarea que había dejado de necesitar atención hacía varios minutos. Era poder pensar en planes a futuro sin que una despedida inevitable se escondiera al final de cada conversación.

    Cuando finalmente se incorporó, dejó las herramientas a un lado y observó su trabajo con evidente satisfacción. La bicicleta estaba lista. Nicole podría haber salido a recorrer media ciudad con ella sin problemas.
    Alzó la vista en su dirección y la sonrisa regresó por sí sola.
    No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a echarla de menos, pero ahora que la tenía allí resultaba imposible no buscarla constantemente con la mirada.

    Se acercó despacio, limpiándose las manos sobre el pantalón antes de tomar las llaves que había dejado cerca de la mesa. La emoción seguía allí, vibrando silenciosamente bajo las costillas. La misma que había intentado contener durante toda la mañana mientras repasaba mentalmente cada detalle de la ruta.

    — Listo, preciosa. ¿Te falta algo? — Comenzó a guardar las herramientas en una mochila, apenas lo esencial por si tenían algún problema en el camino. Había dejado una botella de agua en cada bicicleta también. — Te voy a robar toda la tarde, así que más vale que vayas preparada.


    Nicole Rendaia
    La reparación terminó siendo mucho más sencilla de lo que Masthian había esperado. Quizás porque la bicicleta realmente no estaba tan mal, o quizás porque llevaba tanto rato revisando cada detalle que cualquier desperfecto habría acabado cediendo por puro cansancio. Aun así, no se apresuró. Revisó los frenos una vez más, tensó la cadena, comprobó las ruedas y volvió a hacerlo todo por segunda ocasión, incapaz de ignorar la energía inquieta que llevaba instalada en el pecho desde aquella mañana. Era ridículo. Después de todo lo que habían vivido, después de años enteros imaginando cómo sería volver a verla, lo que tenía por delante era un simple paseo en bicicleta. Nada extraordinario. Nada que justificara aquella sonrisa que se negaba a desaparecer de sus labios. Y sin embargo ahí estaba, disimulando el temblor de sus manos haciendo girar una llave inglesa. Era ella. Era saber que aquella tarde le pertenecía a ambos. Era verla al otro lado de la habitación mientras fingía concentrarse en una tarea que había dejado de necesitar atención hacía varios minutos. Era poder pensar en planes a futuro sin que una despedida inevitable se escondiera al final de cada conversación. Cuando finalmente se incorporó, dejó las herramientas a un lado y observó su trabajo con evidente satisfacción. La bicicleta estaba lista. Nicole podría haber salido a recorrer media ciudad con ella sin problemas. Alzó la vista en su dirección y la sonrisa regresó por sí sola. No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a echarla de menos, pero ahora que la tenía allí resultaba imposible no buscarla constantemente con la mirada. Se acercó despacio, limpiándose las manos sobre el pantalón antes de tomar las llaves que había dejado cerca de la mesa. La emoción seguía allí, vibrando silenciosamente bajo las costillas. La misma que había intentado contener durante toda la mañana mientras repasaba mentalmente cada detalle de la ruta. — Listo, preciosa. ¿Te falta algo? — Comenzó a guardar las herramientas en una mochila, apenas lo esencial por si tenían algún problema en el camino. Había dejado una botella de agua en cada bicicleta también. — Te voy a robar toda la tarde, así que más vale que vayas preparada. [vortex_emerald_pigeon_594]
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  • "-Tras dar por concluidas mis obligaciones que me ataban a mi oficina, decidí trasladarme hacia el refugio de mi estudio de radio. Esos constantes e incómodos malestares corporales se estaban volviendo cada vez más insoportables y tediosos de sobrellevar, por lo que urgía encontrar una vía de escape para relajar mi mente; y, sinceramente, qué mejor medicina que sumergirme en la grabación de un nuevo segmento para mi programa.
    En ese instante, sintiendo la vibración del lugar, mi propia sombra cobró vida, desprendiéndose de mi cuerpo con una energía desbordante y sumamente animado. Mientras yo me posicionaba frente al micrófono, ajustando la distancia ideal, mi fiel reflejo oscuro estiró su mano hacia el control, presionando el botón de inicio para dar marcha a la transmisión que resonaría de inmediato por los rincones más profundos de Ciudad Pentagrama.
    El silencio del estudio se rompió cuando un eco de aplausos fantasmales comenzó a manifestarse en el aire. Con una cadencia lenta y sugerente, el sonido de mi propia respiración, pesada y rítmica, empezó a colarse de forma íntima por la frecuencia de radio. Sostuve el micrófono con firmeza entre mis manos y, cerrando los ojos para dejarme llevar por la melodía, comencé a cantar con total entrega. Al compás de mis primeras notas, otro par de siluetas sombrías emergieron de mi ser, materializándose a los costados para tomar los instrumentos musicales y acompañarme con maestría en aquella mística interpretación.-"


    https://youtu.be/A04PNef76bk?si=yBNBxOHb8Ra299PH
    "-Tras dar por concluidas mis obligaciones que me ataban a mi oficina, decidí trasladarme hacia el refugio de mi estudio de radio. Esos constantes e incómodos malestares corporales se estaban volviendo cada vez más insoportables y tediosos de sobrellevar, por lo que urgía encontrar una vía de escape para relajar mi mente; y, sinceramente, qué mejor medicina que sumergirme en la grabación de un nuevo segmento para mi programa. En ese instante, sintiendo la vibración del lugar, mi propia sombra cobró vida, desprendiéndose de mi cuerpo con una energía desbordante y sumamente animado. Mientras yo me posicionaba frente al micrófono, ajustando la distancia ideal, mi fiel reflejo oscuro estiró su mano hacia el control, presionando el botón de inicio para dar marcha a la transmisión que resonaría de inmediato por los rincones más profundos de Ciudad Pentagrama. El silencio del estudio se rompió cuando un eco de aplausos fantasmales comenzó a manifestarse en el aire. Con una cadencia lenta y sugerente, el sonido de mi propia respiración, pesada y rítmica, empezó a colarse de forma íntima por la frecuencia de radio. Sostuve el micrófono con firmeza entre mis manos y, cerrando los ojos para dejarme llevar por la melodía, comencé a cantar con total entrega. Al compás de mis primeras notas, otro par de siluetas sombrías emergieron de mi ser, materializándose a los costados para tomar los instrumentos musicales y acompañarme con maestría en aquella mística interpretación.-" https://youtu.be/A04PNef76bk?si=yBNBxOHb8Ra299PH
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  • La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas.

    El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos.

    Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba.

    El bosque no tardó en envolverlo.

    Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida.

    No había aves.

    Ni insectos.

    Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas.

    —Hm...

    El mercader rompió el silencio con un leve gruñido.

    —Demasiado tranquilo.

    Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura.

    Continuó avanzando.

    Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás.

    Entonces los vio.

    A lo lejos.

    Entre la neblina.

    No eran árboles.

    Eran piernas.

    Colosales.

    Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible.

    ...

    Otro.

    Y un tercero.

    Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio.

    Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor.

    —Bueno...

    Murmuró con una risa seca.

    —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr.

    Volvió a bajar el visor.

    La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos.

    Después de todo...

    Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso.

    Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas.

    Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
    La pesada puerta de la taberna se cerró lentamente a sus espaldas. El último rastro de calidez desapareció junto con el murmullo de las conversaciones y el aroma de la cerveza recién servida. Frente a él sólo quedaba un sendero de tierra húmeda que se perdía entre una espesura de árboles antiguos. Gavlan ajustó las correas de la enorme mochila que descansaba sobre su espalda. El tintineo de frascos, cuchillos arrojadizos y pequeñas bolsas con veneno rompía el silencio con cada paso que daba. El bosque no tardó en envolverlo. Los troncos eran tan gruesos que varios hombres no habrían podido rodearlos con los brazos. Sus copas ocultaban casi por completo el cielo, permitiendo que únicamente algunos delgados rayos de luz atravesaran aquel techo de hojas. El aire era frío, pesado, impregnado por el olor a tierra mojada y madera envejecida. No había aves. Ni insectos. Sólo el sonido de las botas de Gavlan hundiéndose sobre hojas secas y raíces retorcidas. —Hm... El mercader rompió el silencio con un leve gruñido. —Demasiado tranquilo. Su mano descendió hasta uno de los cuchillos ocultos en el cinturón. No lo desenfundó, pero dejó los dedos apoyados sobre la empuñadura. Continuó avanzando. Con el paso de los minutos, el sendero comenzó a transformarse. Las raíces dieron paso a enormes losas de piedra cubiertas de musgo. Fragmentos de columnas emergían del suelo como si un antiguo reino hubiera sido tragado por el bosque siglos atrás. Entonces los vio. A lo lejos. Entre la neblina. No eran árboles. Eran piernas. Colosales. Tan inmensas que durante un instante su mente tardó en comprender lo que contemplaba. Más arriba, apenas visible entre las copas, se distinguía la silueta de un gigante caminando lentamente entre el bosque. Cada uno de sus pasos hacía vibrar la tierra con un estremecimiento apenas perceptible. ... Otro. Y un tercero. Se desplazaban sin prestar atención al pequeño viajero que cruzaba su territorio. Gavlan levantó ligeramente el visor de su casco para observar mejor. —Bueno... Murmuró con una risa seca. —Mientras ellos no necesiten flechas... yo tampoco necesitaré correr. Volvió a bajar el visor. La enorme barba rojiza se balanceó sobre la coraza mientras retomaba el camino con la tranquilidad de quien había sobrevivido a demasiadas expediciones como para dejarse intimidar por el tamaño de sus vecinos. Después de todo... Los gigantes podían aplastar a un hombre con un solo paso. Pero ninguno de ellos sabía preparar flechas envenenadas. Y eso, según Gavlan, siempre era una ventaja.
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  • Fauna
    ──── He sido muchas cosas a lo largo de mi vida, nodriza, cuidadora de cabras, fundadora, botánica, apicultora, escritora bajo seudónimo en la época victoriana... ejem, no diré quien era... pero jamás una mentora. Así que creo que soy yo quién está más nerviosa de las dos. ¿Lista para tu primera lección?

    Afro estaba sentada en una de las bancas del parque donde le había pedido a Fauna que se reunieran. Frente a ellas se alzaba un pequeño escenario utilizado para toda clase de eventos; desde representaciones teatrales de grupos aficionados, música, grupos de baile, hasta los espectáculos de magia que ella misma ofrecía de vez en cuando. Le había parecido el lugar perfecto para enseñarle sobre el arte de actuación. Además de que estaba convencida de que no había mejor aula para dejar fluir la creatividad y la diversión que estar al aire libre.
    [Fauna_Nature] ──── He sido muchas cosas a lo largo de mi vida, nodriza, cuidadora de cabras, fundadora, botánica, apicultora, escritora bajo seudónimo en la época victoriana... ejem, no diré quien era... pero jamás una mentora. Así que creo que soy yo quién está más nerviosa de las dos. ¿Lista para tu primera lección? Afro estaba sentada en una de las bancas del parque donde le había pedido a Fauna que se reunieran. Frente a ellas se alzaba un pequeño escenario utilizado para toda clase de eventos; desde representaciones teatrales de grupos aficionados, música, grupos de baile, hasta los espectáculos de magia que ella misma ofrecía de vez en cuando. Le había parecido el lugar perfecto para enseñarle sobre el arte de actuación. Además de que estaba convencida de que no había mejor aula para dejar fluir la creatividad y la diversión que estar al aire libre.
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