La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes.
Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando.
Habían pasado semanas.
Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar.
Y Alastor odiaba esperar.
De pronto, la radio chirrió.
Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión.
Alastor sonrió lento.
— Ah… ya estás en casa, querido~
La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara.
El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal.
Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor.
Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado.
— La organización rusa ha sido eliminada
dijo con voz grave
—.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros.
Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco.
— Pero… lo que más quería… era volver contigo.
El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante.
Sparda avanzó unos pasos.
— ¿Me esperaste?
La lluvia golpeaba los vitrales de la mansión como dedos impacientes.
Dentro, el aire olía a incienso, electricidad estática y algo más… algo antiguo. Alastor estaba sentado en uno de los sillones del salón principal, la radio encendida en un murmullo de jazz distorsionado. Las sombras se movían a su alrededor como si también estuvieran esperando.
Habían pasado semanas.
Semanas desde que Sparda partió hacia el este, tras la pista de una organización humana —rusos— que jugaba con reliquias demoníacas que jamás debieron tocar.
Y Alastor odiaba esperar.
De pronto, la radio chirrió.
Un ruido extraño, interferencia… y luego un pulso demoníaco recorrió toda la mansión.
Alastor sonrió lento.
— Ah… ya estás en casa, querido~
La puerta principal se abrió sin que nadie la tocara.
El viento y la lluvia entraron como una ola, apagando varias velas. En el umbral apareció la enorme figura de Sparda, cubierto de heridas, su armadura marcada por balas rúnicas y sangre oscura. Su espada estaba envuelta en sellos rotos, prueba de un combate brutal.
Pero sus ojos… solo buscaban una cosa.A Alastor.
Cerró la puerta detrás de sí con un golpe pesado.
— La organización rusa ha sido eliminada
dijo con voz grave
—.No volverán a usar artefactos infernales contra nosotros.
Dejó la espada apoyada en la pared. Sus hombros, por primera vez en días, cedieron un poco.
— Pero… lo que más quería… era volver contigo.
El ambiente se volvió más cálido, casi vibrante.
Sparda avanzó unos pasos.
— ¿Me esperaste?