• Meses pasaron tras el primer incidente resuelto del vagón. Por un tiempo sus caminos tomaron distintas tareas, rumbos desolados cada uno completando su misión independiente y aunque Nolan, preferiblemente no era de involucrarse demasiado con otros no podía negar que era entretenida la compañía de esos dos: Cᥲᥣίoρᥱ ᴮᵉᵗʳᵃʸᵉˡ y 𝚅𝚊𝚗 𝙷𝚎𝚕𝚜𝚒𝚗𝚐 .

    Sin embargo, los aires cambian. Se había anunciado una secuencia de asesinatos sin precedente, está vez siendo menores víctimas de la crueldad, encontraban sus cuerpos envueltos en aceite, ahogados en algún liquido y posteriormente secos, sin órganos ni sangre con un terrible corte de cuello a ombligo.

    Podía pensar en muchas posibilidades. En muchos factores o que se trataba de un grupo criminal pero las costuras eran perfectas, lineales, no parecían algo de esa época. Solo se veía una línea y los hilos no eran visibles.

    Acordaron de verse -a través de cartas- en un punto de la ciudad de Londres, esperaba que llegaran.
    Meses pasaron tras el primer incidente resuelto del vagón. Por un tiempo sus caminos tomaron distintas tareas, rumbos desolados cada uno completando su misión independiente y aunque Nolan, preferiblemente no era de involucrarse demasiado con otros no podía negar que era entretenida la compañía de esos dos: [Betrayel_txt] y [Van.Helsing]. Sin embargo, los aires cambian. Se había anunciado una secuencia de asesinatos sin precedente, está vez siendo menores víctimas de la crueldad, encontraban sus cuerpos envueltos en aceite, ahogados en algún liquido y posteriormente secos, sin órganos ni sangre con un terrible corte de cuello a ombligo. Podía pensar en muchas posibilidades. En muchos factores o que se trataba de un grupo criminal pero las costuras eran perfectas, lineales, no parecían algo de esa época. Solo se veía una línea y los hilos no eran visibles. Acordaron de verse -a través de cartas- en un punto de la ciudad de Londres, esperaba que llegaran.
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  • Ángeles con armas... Diablos con leyes...
    Fandom Deadly Class / Marvel
    Categoría Crossover
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!***



    ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar



    ‎— L-Lo siento...



    ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus *



    ‎( Aquí vamos... )



    ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
    ‎***¡PIP! ¡PIIIIIIP!*** ‎ ‎ ‎ ‎— ¡Muévete del camino! —gritaba un sujeto desde su camioneta, pues el semáforo ya estaba en verde, pero un repartidor se encontraba verificando la dirección del pedido en lugar de avanzar ‎ ‎ ‎ ‎— L-Lo siento... ‎ ‎ ‎ ‎* El repartidor avanzó de una vez y siguió su ruta. Se detuvo apresurado en un complejo departamental; se aseguró de que su moto estuviera bien estacionada para que no le esperara una multa a su regreso y, con eso listo, entró al lobby. Allí fue recibido por una recepcionista que le indicó con pesar que su pedido iba al último piso... y no había ascensor. Ella le dijo que podía dejar el pedido allí, pero el repartidor solo levantó la mano para que se detuviera; se notaba su pesar al escuchar la noticia, pero su buen humor no se apagó. Él, con una sonrisa y agradeciendo, fue hasta las escaleras y comenzó a subir. Levantaba la mirada levemente para notar si había cámaras y, efectivamente, en cada piso había una colocada de manera que se viera tanto la escalera de bajada como la de subida... Pero había un punto ciego en el descanso entre un piso y el otro. Allí, en ese espacio, fue donde el "repartidor" se quitó la mochila, la abrió y sacó la comida. En un compartimento escondido tenía un rifle de francotirador desarmado, una pistola con silenciador, un pasamontañas, una sábana y un inhibidor láser (un puntero que, al apuntar a una cámara, crea una interferencia que impide que esta grabe debidamente) que necesitara para cubrir la cámara del último piso y así acceder a la azotea. En cuestión de minutos, el joven "repartidor optimista" ya no estaba. Ya no había gorra de la compañía de pedidos; la chaqueta con el logo del trabajo fue reemplazada por una completamente negra. Ahora solo había un chico dispuesto a matar. A eso era a lo que venía Marcus * ‎ ‎ ‎ ‎( Aquí vamos... ) ‎ ‎ ‎ ‎* Este no era el primer rodeo del chico. Desde que llegó a Hell's Kitchen ha perpetrado dos asesinatos diferentes en menos de dos meses, ambos exitosos, y ahora iba por el tercero: un senador corrupto que estaba celebrando una gala en un hotel de lujo que le quedaba justo en la mira desde la azotea de aquel departamento. La verdad era que Marcus no había sido atrapado hasta ahora porque planea muy bien sus movimientos; los arduos años encerrado en una academia donde solo te enseñan el arte de arrebatar una vida lo han vuelto un joven meticuloso. Había investigado la estructura de aquel edificio; su ubicación era perfecta, ya que está ubicado estratégicamente en una calle elevada que le da visión directa a las ventanas del hotel. Además, sabía cuándo llegaba el cambio de turno en la recepción para que su falta de registro se perdiera el tiempo suficiente mientras investigaban. Su plan de escape era recoger la sábana con los residuos de pólvora y el casquillo para no dejar evidencia, bajar por las escaleras externas traseras, quitarse el pasamontañas, darle la vuelta a su chaqueta (dejando a la vista el lado de repartidor), ponerse la gorra de la compañía nuevamente y marcharse como si nada antes de que la policía llegara al lugar. Marcus ya está listo, apostado sobre la sábana con su rifle de precisión ya armado y apuntando a su objetivo. Él no busca dinero; busca justicia poética por el cierre de los hospitales psiquiátricos que destruyeron su vida hace años... El seguro ya estaba quitado, tenía al bastardo en la mira y solo era cuestión de disparar. Pero el joven asesino no estaba tomando algo en cuenta: desde que llegó a la ciudad, había escuchado rumores de un supuesto "Diablo" que custodiaba el lugar y castigaba a los criminales. No era el primer rumor de vigilantes que escuchaba, pero sí era probable que fuera el primero con el que se encontraría... *
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  • ─────𝙋𝙖𝙧𝙖𝙣𝙤𝙭 𝘾𝙝𝙧𝙞𝙨𝙩𝙢𝙖𝙨 𝙎𝙘𝙚𝙣𝙚

    ❝¿Porque para la cena navideña nos tenemos que vestir así?❞

    Reflexionaba el joven refiriéndose, con molestias, la obligación de ir de traje a la Fiesta Navideña que organizo la agencia. De hecho, un toque muy sutil e interesante es que todos deben ir con bufandas rojas. Recordando no solo la navidad si no también el objetivo de la Agencia:

    Asesinatos

    Dorian, nuestro Grinch navideño, estaba ansioso porque termine la fiesta e ir a su casa. No está acostumbrado a este entorno tan... ¿feliz? ni a los regalos ni a nada que le cueste sonreír, nunca en su vida sintió la calidez de un abrazo en épocas decembrinas....

    Pero no le tengamos lastima al joven peliblanco, se las ha apañado solo en un mundo cada vez más desesperado por depender emocionalmente de otros....

    De momento el sigue allí. Ansioso, aburrido y sobretodo solo... Esperando que termine la fiesta.

    ¿Te has sentido igual?
    ─────𝙋𝙖𝙧𝙖𝙣𝙤𝙭 𝘾𝙝𝙧𝙞𝙨𝙩𝙢𝙖𝙨 𝙎𝙘𝙚𝙣𝙚 ❝¿Porque para la cena navideña nos tenemos que vestir así?❞ Reflexionaba el joven refiriéndose, con molestias, la obligación de ir de traje a la Fiesta Navideña que organizo la agencia. De hecho, un toque muy sutil e interesante es que todos deben ir con bufandas rojas. Recordando no solo la navidad si no también el objetivo de la Agencia: Asesinatos Dorian, nuestro Grinch navideño, estaba ansioso porque termine la fiesta e ir a su casa. No está acostumbrado a este entorno tan... ¿feliz? ni a los regalos ni a nada que le cueste sonreír, nunca en su vida sintió la calidez de un abrazo en épocas decembrinas.... Pero no le tengamos lastima al joven peliblanco, se las ha apañado solo en un mundo cada vez más desesperado por depender emocionalmente de otros.... De momento el sigue allí. Ansioso, aburrido y sobretodo solo... Esperando que termine la fiesta. ¿Te has sentido igual?
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  • ❝ Y con la muerte del vientre progenitor el mundo colorido se ha teñido de rojo. He aquí el resultado de vuestra insolencia. ❞

    Cuánto tiempo me tomaría conseguir un cuerpo físico extraordinario cuando dentro de mi están los genes de generaciones abandonadas en un oxidado sepulcro. Incluso días solo fueron días desde la muerte de esa mujer que llamaba madre desde el descenso del tirano a quien no tuve el placer de conocer para su desgracia alguien más ha hecho el sucio trabajo.

    𝐿ǣ𝑤𝑒𝑛𝑑 o maestro quizás papá me han ubicado en un lugar acogedor ayudando a qué mi cuerpo no formado en su totalidad pueda encontrar los nutrientes necesarios para establecer un cuerpo físico saludable y ha sido todo un éxito.

    Días solo días ha tomado tengo brazos y piernas músculos fuertes mi tamaño de ha disparado todo gracias a Benedic mi querido padre, maestro y tutor.

    ¿Cuál es mi misión?

    Destruir todo lo que habitantes de este mundo nos han robado durante años hacerlos sufrir en su piel todo el horror que provocaron en mi madre hacerlos pagar.

    Aún soy pequeño para entender pero mi cuerpo y mi mente tienen por naturaleza el instinto de asesinato lo he reflejado justo ahora con mis manos sedientas de sangre campirana. Con lenguaje de señas indique ** fueron ellos quien han entrado a nuestra casa ** inútiles aventureros que buscaban tesoros donde nunca debieron.
    ❝ Y con la muerte del vientre progenitor el mundo colorido se ha teñido de rojo. He aquí el resultado de vuestra insolencia. ❞ Cuánto tiempo me tomaría conseguir un cuerpo físico extraordinario cuando dentro de mi están los genes de generaciones abandonadas en un oxidado sepulcro. Incluso días solo fueron días desde la muerte de esa mujer que llamaba madre desde el descenso del tirano a quien no tuve el placer de conocer para su desgracia alguien más ha hecho el sucio trabajo. [conturbatio.0men] o maestro quizás papá me han ubicado en un lugar acogedor ayudando a qué mi cuerpo no formado en su totalidad pueda encontrar los nutrientes necesarios para establecer un cuerpo físico saludable y ha sido todo un éxito. Días solo días ha tomado tengo brazos y piernas músculos fuertes mi tamaño de ha disparado todo gracias a Benedic mi querido padre, maestro y tutor. ¿Cuál es mi misión? Destruir todo lo que habitantes de este mundo nos han robado durante años hacerlos sufrir en su piel todo el horror que provocaron en mi madre hacerlos pagar. Aún soy pequeño para entender pero mi cuerpo y mi mente tienen por naturaleza el instinto de asesinato lo he reflejado justo ahora con mis manos sedientas de sangre campirana. Con lenguaje de señas indique ** fueron ellos quien han entrado a nuestra casa ** inútiles aventureros que buscaban tesoros donde nunca debieron.
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  • ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ
    ​Irina tosió, el aire rancio del pasado raspándole la garganta, mientras se arrodillaba sobre la tierra seca y agrietada. La aparición había sido violenta - como siempre-
    Un estallido de luz fría en medio del día, seguido por el silencio ensordecedor de la nada.

    ​Se llevó la muñeca al rostro, el guante de cuero negro absorbiendo el hilo de sangre caliente que resbalaba de su nariz...Mareo, náuseas, visión borrosa el precio por viajar a través del espacio-tiempo. Pero esta vez la sensación era más profunda, un frío pegajoso que no provenía de la fatiga, sino de la misión. Sus clientes ya no pedían la mera recuperación de artefactos, ahora la exigencia era más siniestra, más… final.

    ​Levantó la cabeza. El sol se cernía como un ojo amarillo y enfermizo sobre un paisaje monocromático de tonos ocres y pardos. A cien metros de distancia, la granja o un intento de ella, era un esqueleto de madera una choza tambaleante, un granero inclinado y un molino de viento estático que parecía un crucifijo roto.

    ​Entonces los notó.
    ​Una bandada inmensa de cuervos se levantó del tejado desvencijado de la choza. No volaron hacia el cielo. En su lugar, comenzaron a describir círculos lentos y metódicos justo sobre la cabeza de Irina.
    Eran más de veinte, plumas negras como obsidiana, y sus graznidos no eran los sonidos casuales de las aves. Eran gritos roncos profundos que resonaban en el pecho de Irina, un coro de advertencia primitiva.

    ​Se detuvo en medio de la explanada, sin fuerzas ni convicción para dar el siguiente paso. La angustia le oprimía el pecho como una prensa de hierro fundido. Sabía que los cuervos no la estaban ahuyentando a ella estaban avisándole a él...​El viejo granjero, el objetivo.

    ​Mientras observaba a los cuervos girar, sintiendo sus ojos avizores sobre su nuca. ​Uno descendió y se posó en el hombro de Irina, sus pequeñas garras penetrando el tejido de su chaqueta de viaje. El pájaro no picoteó; simplemente la miró fijamente con un ojo brillante y maligno.

    ​En ese instante, la puerta de la choza se abrió lentamente, con el gemido de unas bisagras oxidadas. Un hombre de silueta curvada y piel curtida por el sol se asomó, sosteniendo una escopeta de doble cañón. No había sorpresa en sus ojos viejos, solo una paciencia infinita.

    ​──Sabía que venías —dijo el granjero. Su voz era un susurro seco, apenas audible por encima del graznido de la bandada—. Mis guardianes te trajeron el mensaje.
    ​Irina sintió cómo el corazón se le encogía, los clientes siempre le habían dicho que el objetivo no sabría que venía. Que sería un golpe limpio. El granjero, su víctima, no solo lo sabía, sino que la estaba esperando.
    ​El cuervo en su hombro levantó el pico y soltó un último y estridente graznido, como si estuviera dando la señal de ataque justo cuando el granjero levantaba lentamente la escopeta.
    Irina no se movió la repentina y punzante claridad chocaba contra su cara... había fallado antes de empezar. La misión estaba contaminada. El objetivo no era un peón ignorante, sino alguien que estaba, de alguna manera, conectado al flujo temporal, quizás incluso protegido por él.

    ​La vida de Irina dependía de ser eficiente, invisible y letal. En este momento, era visible, acorralada y completamente sin intención de cumplir la orden.
    ​El granjero dio un paso fuera de la choza. A pesar de su postura encorvada, su movimiento era deliberado.

    ​Irina sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento frío de ese desolado páramo. Sus clientes le habían mentido. Omitieron que este hombre era consciente de su destino y de los intentos por alterarlo. Matarlo ahora sería un acto sucio, un asesinato innecesario de un hombre que ya estaba viviendo bajo una condena.
    ​La mujer tomó una decisión en una fracción de segundo, una que equivaldría a su propia sentencia de muerte si sus empleadores la descubrían

    ​──No vengo a hacerte daño —logró decir Irina, su voz era ronca por la sequedad y la tensión.
    ​Una risa seca y breve salió de la garganta del granjero.

    ​──Ya lo sé. Pero la intención no limpia la sangre, viajera. Y tú ya tienes suficiente en la nariz.

    ​Ignorando el cañón del arma que la apuntaba, Irina Intentó correr, dar la espalda al granjero, pero la desorientación fue inmediata. Dio un paso hacia adelante y se encontró girando, tropezando con una roca inexistente en la tierra. Cayó de rodillas, el impacto enviando un chispazo de dolor por sus rótulas. Los cuervos, que habían estado sobre ellos, se elevaron en el aire graznando con más intensidad, como un coro de despedida infernal.
    ​Irina se levantó tambaleante, la cabeza latiéndole al ritmo de una máquina averiada.

    ​Escuchó el sonido distante del granjero gritando algo, quizás una advertencia, pero ella ya estaba muy lejos, la voz del hombre se deshacía en la distancia

    ​Corrió ciegamente hacia ninguna parte, apenas consciente de que sus pies golpeaban el suelo. Cada zancada era un acto de voluntad bruta contra el cuerpo que había colpasado por el viaje, no supo como pero logró alejarse lo suficiente para no ver la choza desde su ubicación actual. Irina deshidratada y cansada se dejó caer en tierra seca, no había sombra ni agua, sólo el intenso sol quemando sus retinas aún desenfocadas

    ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀⠀ ⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ 》ᴿᵒˡ ᵃᵇⁱᵉʳᵗᵒ ​Irina tosió, el aire rancio del pasado raspándole la garganta, mientras se arrodillaba sobre la tierra seca y agrietada. La aparición había sido violenta - como siempre- Un estallido de luz fría en medio del día, seguido por el silencio ensordecedor de la nada. ​Se llevó la muñeca al rostro, el guante de cuero negro absorbiendo el hilo de sangre caliente que resbalaba de su nariz...Mareo, náuseas, visión borrosa el precio por viajar a través del espacio-tiempo. Pero esta vez la sensación era más profunda, un frío pegajoso que no provenía de la fatiga, sino de la misión. Sus clientes ya no pedían la mera recuperación de artefactos, ahora la exigencia era más siniestra, más… final. ​Levantó la cabeza. El sol se cernía como un ojo amarillo y enfermizo sobre un paisaje monocromático de tonos ocres y pardos. A cien metros de distancia, la granja o un intento de ella, era un esqueleto de madera una choza tambaleante, un granero inclinado y un molino de viento estático que parecía un crucifijo roto. ​Entonces los notó. ​Una bandada inmensa de cuervos se levantó del tejado desvencijado de la choza. No volaron hacia el cielo. En su lugar, comenzaron a describir círculos lentos y metódicos justo sobre la cabeza de Irina. Eran más de veinte, plumas negras como obsidiana, y sus graznidos no eran los sonidos casuales de las aves. Eran gritos roncos profundos que resonaban en el pecho de Irina, un coro de advertencia primitiva. ​Se detuvo en medio de la explanada, sin fuerzas ni convicción para dar el siguiente paso. La angustia le oprimía el pecho como una prensa de hierro fundido. Sabía que los cuervos no la estaban ahuyentando a ella estaban avisándole a él...​El viejo granjero, el objetivo. ​Mientras observaba a los cuervos girar, sintiendo sus ojos avizores sobre su nuca. ​Uno descendió y se posó en el hombro de Irina, sus pequeñas garras penetrando el tejido de su chaqueta de viaje. El pájaro no picoteó; simplemente la miró fijamente con un ojo brillante y maligno. ​En ese instante, la puerta de la choza se abrió lentamente, con el gemido de unas bisagras oxidadas. Un hombre de silueta curvada y piel curtida por el sol se asomó, sosteniendo una escopeta de doble cañón. No había sorpresa en sus ojos viejos, solo una paciencia infinita. ​──Sabía que venías —dijo el granjero. Su voz era un susurro seco, apenas audible por encima del graznido de la bandada—. Mis guardianes te trajeron el mensaje. ​Irina sintió cómo el corazón se le encogía, los clientes siempre le habían dicho que el objetivo no sabría que venía. Que sería un golpe limpio. El granjero, su víctima, no solo lo sabía, sino que la estaba esperando. ​El cuervo en su hombro levantó el pico y soltó un último y estridente graznido, como si estuviera dando la señal de ataque justo cuando el granjero levantaba lentamente la escopeta. Irina no se movió la repentina y punzante claridad chocaba contra su cara... había fallado antes de empezar. La misión estaba contaminada. El objetivo no era un peón ignorante, sino alguien que estaba, de alguna manera, conectado al flujo temporal, quizás incluso protegido por él. ​La vida de Irina dependía de ser eficiente, invisible y letal. En este momento, era visible, acorralada y completamente sin intención de cumplir la orden. ​El granjero dio un paso fuera de la choza. A pesar de su postura encorvada, su movimiento era deliberado. ​ ​Irina sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el viento frío de ese desolado páramo. Sus clientes le habían mentido. Omitieron que este hombre era consciente de su destino y de los intentos por alterarlo. Matarlo ahora sería un acto sucio, un asesinato innecesario de un hombre que ya estaba viviendo bajo una condena. ​La mujer tomó una decisión en una fracción de segundo, una que equivaldría a su propia sentencia de muerte si sus empleadores la descubrían ​──No vengo a hacerte daño —logró decir Irina, su voz era ronca por la sequedad y la tensión. ​Una risa seca y breve salió de la garganta del granjero. ​──Ya lo sé. Pero la intención no limpia la sangre, viajera. Y tú ya tienes suficiente en la nariz. ​Ignorando el cañón del arma que la apuntaba, Irina Intentó correr, dar la espalda al granjero, pero la desorientación fue inmediata. Dio un paso hacia adelante y se encontró girando, tropezando con una roca inexistente en la tierra. Cayó de rodillas, el impacto enviando un chispazo de dolor por sus rótulas. Los cuervos, que habían estado sobre ellos, se elevaron en el aire graznando con más intensidad, como un coro de despedida infernal. ​Irina se levantó tambaleante, la cabeza latiéndole al ritmo de una máquina averiada. ​Escuchó el sonido distante del granjero gritando algo, quizás una advertencia, pero ella ya estaba muy lejos, la voz del hombre se deshacía en la distancia ​Corrió ciegamente hacia ninguna parte, apenas consciente de que sus pies golpeaban el suelo. Cada zancada era un acto de voluntad bruta contra el cuerpo que había colpasado por el viaje, no supo como pero logró alejarse lo suficiente para no ver la choza desde su ubicación actual. Irina deshidratada y cansada se dejó caer en tierra seca, no había sombra ni agua, sólo el intenso sol quemando sus retinas aún desenfocadas ​ ​
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  • ⸻ Los asesinatos por amores mal correspondidos son tan comunes, predecibles y patéticos.

    ¿Vas a malgastar tu alma por una venganza tan insulsa?.
    ⸻ Los asesinatos por amores mal correspondidos son tan comunes, predecibles y patéticos. ¿Vas a malgastar tu alma por una venganza tan insulsa?.
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  • ──── 𝘐𝘭 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘻𝘢 𝘷𝘦𝘥𝘦𝘳𝘵𝘪, 𝘤𝘢𝘳𝘰 𝘢𝘮𝘪𝘤𝘰. ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟐]

    [] 𝑅𝑜𝑚𝑎, 𝐼𝑡𝑎𝑙𝑖𝑎 — 𝟾:𝟶𝟶 𝑃.𝑀.

    El vuelo privado despegaba de Le Bourget bajo una lluvia fina que parecía querer lavar París de la sangre que Santiago había dejado apenas la noche anterior.

    En la cabina del Gulfstream, el argentino se recostaba en el sillón de cuero blanco, las piernas cruzadas, una copa de Malbec mendocino en la mano derecha y el pasaporte diplomático italiano (Falsificado con la perfección que solo él sabía conseguir) sobre la mesa de caoba.

    El ministro francés ya no era problema, fue noticia mundial y él se percató de esto observando a un par de personas hablando del asesinato del ministro al ver sus teléfonos móviles; sin percatarse que tenían al asesino a unos dos asientos de distancia.

    Nadie vio nada. Nadie
    vería nada jamás.

    Santiago sonrió mirando por la ventanilla cómo las luces de París se hacían pequeñas. En menos de dos horas estaría en Ciampino, y de ahí directo al Palazzo Chigi. Porque el actual presidente del Consiglio no olvidara nunca quién lo había puesto allí.

    Recordaba perfectamente la noche en la villa de Frascati: el candidato rival saliendo al jardín a fumarse un toscano, creyéndose a salvo.

    Dos balas silenciadas en la nuca, luego el cuerpo arrastrado hasta la piscina y hundido con pesas de gimnasio. A la mañana siguiente los periódicos hablaban de “trágico suicidio”.

    Dos meses después, su cliente juraba como presidente.

    Y cada vez que Santiago aparecía, siempre sin avisar, siempre entrando por puertas que nadie sabía que existían, donde el hombre más poderoso de Italia se ponía pálido y empezaba a sudar.

    ──── 𝘎𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳á𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘢𝘪𝘳𝘦, 𝘕𝘪𝘤𝘤𝘰𝘭ó. ────

    Le diría esta noche, usando el nombre de pila solo para recordarle que podía acabar con ella cuando quisiera.

    ──── 𝘎𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘔𝘦𝘳𝘤𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘣𝘭𝘪𝘯𝘥𝘢𝘥𝘰, 𝘭𝘰𝘴 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘦𝘴𝘱𝘢𝘭𝘥𝘢𝘴, 𝘭𝘰𝘴 𝘢𝘷𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘌𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰… 𝘠 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰, 𝘨𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘰. ────

    Apuró el vino, dejó la copa vacía y se ajustó el traje negro hecho en Buenos Aires, corte perfecto, tela que no arruga ni con sangre.
    Roma lo esperaba.

    Y el presidente sabía que, cuando Santiago llegaba, alguien más tenía que irse.

    ──── 𝘝𝘪𝘯𝘦 𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘵𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘳 𝘤ó𝘮𝘰 𝘷𝘢𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘴𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘢𝘲𝘶í. 𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘴 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢𝘥𝘰 𝘯𝘢𝘥𝘢, 𝘕𝘪𝘤𝘤𝘰𝘭ò. ¿𝘠𝘢 𝘵𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘯𝘰𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢𝘴? ────

    El presidente italiano se puso pálido, sabía perfectamente quién era él y que habia perpetrado el crimen de una forma perfecta.

    ──── 𝘔á𝘴 𝘷𝘢𝘭𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘪𝘥𝘪𝘰𝘵𝘦𝘻 𝘴𝘪 𝘯𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘢𝘤𝘢𝘣𝘢𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘭 𝘧𝘳𝘢𝘯𝘤é𝘴. 𝘗𝘦𝘳𝘰, 𝘴é 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘳á𝘴. . . ¿𝘖 𝘴í? ────

    Extendió su mano con sl fin de estrechar la de Niccoló. Solo quería asegurarse y ver cuán leal le era aquel hombre donde sus ojos carmesí lo estudiaban detenidamente.

    ──── 𝘐𝘭 𝘵𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘴𝘦𝘯𝘻𝘢 𝘷𝘦𝘥𝘦𝘳𝘵𝘪, 𝘤𝘢𝘳𝘰 𝘢𝘮𝘪𝘤𝘰. ──── 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑒𝑛𝑡 𝐷𝑎𝑦 | 𝕮𝖍𝖆𝖕𝖙𝖊𝖗 [𝟏𝟐] [🇮🇹] 𝑅𝑜𝑚𝑎, 𝐼𝑡𝑎𝑙𝑖𝑎 — 𝟾:𝟶𝟶 𝑃.𝑀. El vuelo privado despegaba de Le Bourget bajo una lluvia fina que parecía querer lavar París de la sangre que Santiago había dejado apenas la noche anterior. En la cabina del Gulfstream, el argentino se recostaba en el sillón de cuero blanco, las piernas cruzadas, una copa de Malbec mendocino en la mano derecha y el pasaporte diplomático italiano (Falsificado con la perfección que solo él sabía conseguir) sobre la mesa de caoba. El ministro francés ya no era problema, fue noticia mundial y él se percató de esto observando a un par de personas hablando del asesinato del ministro al ver sus teléfonos móviles; sin percatarse que tenían al asesino a unos dos asientos de distancia. Nadie vio nada. Nadie vería nada jamás. Santiago sonrió mirando por la ventanilla cómo las luces de París se hacían pequeñas. En menos de dos horas estaría en Ciampino, y de ahí directo al Palazzo Chigi. Porque el actual presidente del Consiglio no olvidara nunca quién lo había puesto allí. Recordaba perfectamente la noche en la villa de Frascati: el candidato rival saliendo al jardín a fumarse un toscano, creyéndose a salvo. Dos balas silenciadas en la nuca, luego el cuerpo arrastrado hasta la piscina y hundido con pesas de gimnasio. A la mañana siguiente los periódicos hablaban de “trágico suicidio”. Dos meses después, su cliente juraba como presidente. Y cada vez que Santiago aparecía, siempre sin avisar, siempre entrando por puertas que nadie sabía que existían, donde el hombre más poderoso de Italia se ponía pálido y empezaba a sudar. ──── 𝘎𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘳𝘦𝘴𝘱𝘪𝘳á𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘢𝘪𝘳𝘦, 𝘕𝘪𝘤𝘤𝘰𝘭ó. ──── Le diría esta noche, usando el nombre de pila solo para recordarle que podía acabar con ella cuando quisiera. ──── 𝘎𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘦𝘭 𝘔𝘦𝘳𝘤𝘦𝘥𝘦𝘴 𝘣𝘭𝘪𝘯𝘥𝘢𝘥𝘰, 𝘭𝘰𝘴 𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘦𝘴𝘱𝘢𝘭𝘥𝘢𝘴, 𝘭𝘰𝘴 𝘢𝘷𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘌𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰… 𝘠 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰, 𝘨𝘳𝘢𝘻𝘪𝘦 𝘢 𝘮í 𝘴𝘪𝘨𝘶𝘦𝘴 𝘷𝘪𝘷𝘰. ──── Apuró el vino, dejó la copa vacía y se ajustó el traje negro hecho en Buenos Aires, corte perfecto, tela que no arruga ni con sangre. Roma lo esperaba. Y el presidente sabía que, cuando Santiago llegaba, alguien más tenía que irse. ──── 𝘝𝘪𝘯𝘦 𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘪𝘵𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘳 𝘤ó𝘮𝘰 𝘷𝘢𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘴𝘢𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘢𝘲𝘶í. 𝘕𝘰 𝘩𝘢𝘴 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘢𝘥𝘰 𝘯𝘢𝘥𝘢, 𝘕𝘪𝘤𝘤𝘰𝘭ò. ¿𝘠𝘢 𝘵𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘦𝘳𝘢𝘴𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘯𝘰𝘵𝘪𝘤𝘪𝘢𝘴? ──── El presidente italiano se puso pálido, sabía perfectamente quién era él y que habia perpetrado el crimen de una forma perfecta. ──── 𝘔á𝘴 𝘷𝘢𝘭𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘱𝘪𝘦𝘯𝘴𝘦𝘴 𝘦𝘯 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘪𝘥𝘪𝘰𝘵𝘦𝘻 𝘴𝘪 𝘯𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘢𝘤𝘢𝘣𝘢𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘭 𝘧𝘳𝘢𝘯𝘤é𝘴. 𝘗𝘦𝘳𝘰, 𝘴é 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘳á𝘴. . . ¿𝘖 𝘴í? ──── Extendió su mano con sl fin de estrechar la de Niccoló. Solo quería asegurarse y ver cuán leal le era aquel hombre donde sus ojos carmesí lo estudiaban detenidamente.
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  • [ Reunion ] [ Open Rol ]

    Disfrazada de una fiesta, la reunión de seguimiento tendría sesión. Mientras que la gente en general disfruraba de la comida y el entretenimiento gratis, cinco de las siete líderes estaban ahi presentes para discutir sus siguientes planes.

    ── Ira, Lujuria, Envidia y Codicia...──
    Pronunció con un ligero desdén, criticando, desaprobando la ausencia de pereza y gula.
    ── Bueno, pero ciertamente, las otras dos deben estar en la fiesta y sus aportaciones siempre son....── chasquea la lengua contra su paladar, dando a entender que le daban igual.
    ── Entonces...─ hizo un poco de suspenso. ── Confirmaron el asesinato de Humildad y Caridad... el atentado dio lugar en la llamada "zona de cambio" los fallecimientos no han sido compartidos con la población en general. ──

    Con calma, Soberbia les mostró fotografías, sí eran dos hombres de atuendos desalineados, pero la detección de las cámaras de seguridad y los chips confirmaban sus identidades exactas.

    ── Mis entrañables hermanas. Las siete virtudes están jugando a ser Dios. ──
    Eso llamó la atención, incluso de lujuria, que ya parecía aburrida.

    ── Están desarrollando sintéticos. ──

    Alguien llamó a la puerta, Soberbia alzó su mano, todo parecia indicar que un informante habia retornado...
    ¿Qué noticias podrían ser?
    [ Reunion ] [ Open Rol ] Disfrazada de una fiesta, la reunión de seguimiento tendría sesión. Mientras que la gente en general disfruraba de la comida y el entretenimiento gratis, cinco de las siete líderes estaban ahi presentes para discutir sus siguientes planes. ── Ira, Lujuria, Envidia y Codicia...── Pronunció con un ligero desdén, criticando, desaprobando la ausencia de pereza y gula. ── Bueno, pero ciertamente, las otras dos deben estar en la fiesta y sus aportaciones siempre son....── chasquea la lengua contra su paladar, dando a entender que le daban igual. ── Entonces...─ hizo un poco de suspenso. ── Confirmaron el asesinato de Humildad y Caridad... el atentado dio lugar en la llamada "zona de cambio" los fallecimientos no han sido compartidos con la población en general. ── Con calma, Soberbia les mostró fotografías, sí eran dos hombres de atuendos desalineados, pero la detección de las cámaras de seguridad y los chips confirmaban sus identidades exactas. ── Mis entrañables hermanas. Las siete virtudes están jugando a ser Dios. ── Eso llamó la atención, incluso de lujuria, que ya parecía aburrida. ── Están desarrollando sintéticos. ── Alguien llamó a la puerta, Soberbia alzó su mano, todo parecia indicar que un informante habia retornado... ¿Qué noticias podrían ser?
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  • El peligro te acecha
    Fandom Cualquiera
    Categoría Acción
    Rei Arakawa
    𝒁𝒉𝒊𝒗𝒌𝒐
    Mitsuri Kanroji

    Meses han pasado desde el encuentro entre Daki y Mitsuri, y en dónde un evento único producto de una maldición las convirtió en aliadas, encontrándose en el camino con diferentes aliados con los cuales podían contar, sin embargo, en una noche oscura, ambas se han refugiado en una cabaña cercana a aquel bosque en su batalla fué su escenario. Pocos sabían que en la zona ocurrirían sucesos extraños, se ha corrido el rumor de que alguien está experimentando con magia negra, y que se han reportado alrededor de 15 asesinatos, las autoridades dicen que hay un asesino serial suelto, pero los pueblerinos creen que se trata de algo más.
    Daki y la cazadora Mitsuri Kanroji deciden investigar a ver de qué se trata, aunque una pequeña discusión hubo entre ellas en el medio de la cabaña:

    — Daki, créeme, si se trata de alguien que supera nuestro límite, necesitamos refuerzos de inmediato! — exclamó la pilar del amor Mitsuri Kanroji.

    — De ninguna manera cazadora! Si tú llamas a los demás cazadores, no dudarán en capturarme! — dijo Daki demostrando estar en total desacuerdo con Mitsuri.
    Pero mientras ellas resuelven su inconveniente, alguien empezó a tocar la puerta del lado de afuera de la cabaña, ¿Quién será?
    [Oni_Deker_Red_22] [zhivko_la.tosca] [mitsuri_love_0106] Meses han pasado desde el encuentro entre Daki y Mitsuri, y en dónde un evento único producto de una maldición las convirtió en aliadas, encontrándose en el camino con diferentes aliados con los cuales podían contar, sin embargo, en una noche oscura, ambas se han refugiado en una cabaña cercana a aquel bosque en su batalla fué su escenario. Pocos sabían que en la zona ocurrirían sucesos extraños, se ha corrido el rumor de que alguien está experimentando con magia negra, y que se han reportado alrededor de 15 asesinatos, las autoridades dicen que hay un asesino serial suelto, pero los pueblerinos creen que se trata de algo más. Daki y la cazadora Mitsuri Kanroji deciden investigar a ver de qué se trata, aunque una pequeña discusión hubo entre ellas en el medio de la cabaña: — Daki, créeme, si se trata de alguien que supera nuestro límite, necesitamos refuerzos de inmediato! — exclamó la pilar del amor Mitsuri Kanroji. — De ninguna manera cazadora! Si tú llamas a los demás cazadores, no dudarán en capturarme! — dijo Daki demostrando estar en total desacuerdo con Mitsuri. Pero mientras ellas resuelven su inconveniente, alguien empezó a tocar la puerta del lado de afuera de la cabaña, ¿Quién será?
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  • "Invitación del Infierno"

    La casa estaba en penumbra.
    Solo el resplandor tenue de la brasa moribunda de un cigarrillo sobre el cenicero le daba vida al lugar. Afuera, la lluvia golpeaba los ventanales con una cadencia irregular, como si el mundo contuviera la respiración antes de una tragedia.

    Rei había pasado la noche revisando informes de asesinatos, desapariciones y sucesos que desafiaban toda lógica humana. El cansancio se dibujaba en su mirada, hasta que algo en su escritorio lo obligó a detenerse.

    Una carta.

    No recordaba haberla dejado ahí.

    El sobre, negro y de textura aterciopelada, estaba sellado con cera roja marcada con un pentagrama. Un leve aroma a incienso y fuego emanaba de él, acompañado por algo más… una vibración antigua, casi sagrada y profana a la vez.

    Rei ladeó la cabeza, desconfiando. Su instinto gritaba que no la tocara, pero la curiosidad —su más vieja maldición— habló primero.
    Tomó la carta. La cera se quebró sola, como si hubiese estado esperando el roce de su mano.

    El papel era grueso, casi vivo. Las letras negras parecían reptar bajo la luz del escritorio mientras las leía.

    A cada palabra, la temperatura descendía.
    El reloj del despacho marcaba el tiempo con una lentitud antinatural.

    > “Dancing With the Devil.”
    Una noche para perder el alma con estilo…

    —Tch… —murmuró Rei con una sonrisa ladeada—. Big Brother House. Suena como una trampa... o como una broma del infierno.

    Pero sabía que no lo era.

    El aire olía a azufre. Las sombras de las esquinas parecían moverse, observándolo en silencio. Había lidiado con demasiadas entidades como para no reconocer una firma infernal.
    Esa carta no la había traído un mensajero. El sello aún estaba tibio.

    Se levantó. Caminó hacia la ventana.
    La ciudad seguía envuelta en lluvia. Un relámpago iluminó fugazmente una figura en la calle: alta, cubierta por un sombrero, sosteniendo una rosa negra.
    Un parpadeo, y ya no estaba.

    Rei exhaló despacio.
    —Así que me invitas tú… ¿eh? —susurró, deslizando la carta en el escritorio—. Muy bien. Si el diablo quiere bailar, que prepare la pista.

    Apagó el cigarrillo, fue al baño y dejó que el agua fría lo golpeara mientras meditaba. Sabía que no se trataba de una fiesta común.
    Envuelto en una toalla, caminó al vestidor. Entre abrigos, trajes y reliquias de siglos, halló uno que no usaba desde hacía demasiado: un traje azúl oscuro, perfectamente conservado, regalo de una condesa inmortal a la que alguna vez salvó —o maldijo—, según la versión de la historia.

    Mientras se lo colocaba, cada movimiento tenía la precisión ritual de un hombre que se prepara para una batalla elegante.
    Luego, en el fondo del armario, descubrió una máscara dorada. Su superficie parecía respirar una magia antigua, cálida y protectora. La había recibido de una bruja hace siglos, como escudo contra un dios caído.

    Esta noche, la usaría para el mismo propósito…
    y, de paso, como su disfraz improvisado para bailar con el diablo.

    Antes de salir, bebió una pócima que guardaba para casos extremos. El líquido tenía un brillo carmesí, casi sanguíneo.
    Apenas lo bebió, un tatuaje se extendió bajo su piel, emergiendo como fuego negro. Nació en su cuello, recorrió su torso y se ramificó hasta sus manos, con símbolos que pulsaban suavemente, como si respiraran.
    Era una marca de poder.
    Una bendición... y una advertencia.

    Solo podía usarla una vez.

    Frente al espejo, Rei ajustó los guantes y la máscara.
    Su reflejo le devolvió la imagen de un demonio elegante, listo para entrar al infierno con paso firme.

    Tomó su bastón, aquel cuya empuñadura ocultaba una daga de acero espiritual.
    Una sonrisa leve curvó sus labios.

    —Listo —susurró—. Hora del baile.

    La puerta se cerró con un clic seco.
    La lluvia cesó.
    Y sobre el escritorio vacío, la carta quedó un instante antes de arder por sí sola, desvaneciéndose en humo rojo.

    En el aire, como una burla sutil, flotó la frase final:

    > “Todos bailan con el diablo, tarde o temprano…”

    https://ficrol.com/posts/315686
    "Invitación del Infierno" La casa estaba en penumbra. Solo el resplandor tenue de la brasa moribunda de un cigarrillo sobre el cenicero le daba vida al lugar. Afuera, la lluvia golpeaba los ventanales con una cadencia irregular, como si el mundo contuviera la respiración antes de una tragedia. Rei había pasado la noche revisando informes de asesinatos, desapariciones y sucesos que desafiaban toda lógica humana. El cansancio se dibujaba en su mirada, hasta que algo en su escritorio lo obligó a detenerse. Una carta. No recordaba haberla dejado ahí. El sobre, negro y de textura aterciopelada, estaba sellado con cera roja marcada con un pentagrama. Un leve aroma a incienso y fuego emanaba de él, acompañado por algo más… una vibración antigua, casi sagrada y profana a la vez. Rei ladeó la cabeza, desconfiando. Su instinto gritaba que no la tocara, pero la curiosidad —su más vieja maldición— habló primero. Tomó la carta. La cera se quebró sola, como si hubiese estado esperando el roce de su mano. El papel era grueso, casi vivo. Las letras negras parecían reptar bajo la luz del escritorio mientras las leía. A cada palabra, la temperatura descendía. El reloj del despacho marcaba el tiempo con una lentitud antinatural. > “Dancing With the Devil.” Una noche para perder el alma con estilo… —Tch… —murmuró Rei con una sonrisa ladeada—. Big Brother House. Suena como una trampa... o como una broma del infierno. Pero sabía que no lo era. El aire olía a azufre. Las sombras de las esquinas parecían moverse, observándolo en silencio. Había lidiado con demasiadas entidades como para no reconocer una firma infernal. Esa carta no la había traído un mensajero. El sello aún estaba tibio. Se levantó. Caminó hacia la ventana. La ciudad seguía envuelta en lluvia. Un relámpago iluminó fugazmente una figura en la calle: alta, cubierta por un sombrero, sosteniendo una rosa negra. Un parpadeo, y ya no estaba. Rei exhaló despacio. —Así que me invitas tú… ¿eh? —susurró, deslizando la carta en el escritorio—. Muy bien. Si el diablo quiere bailar, que prepare la pista. Apagó el cigarrillo, fue al baño y dejó que el agua fría lo golpeara mientras meditaba. Sabía que no se trataba de una fiesta común. Envuelto en una toalla, caminó al vestidor. Entre abrigos, trajes y reliquias de siglos, halló uno que no usaba desde hacía demasiado: un traje azúl oscuro, perfectamente conservado, regalo de una condesa inmortal a la que alguna vez salvó —o maldijo—, según la versión de la historia. Mientras se lo colocaba, cada movimiento tenía la precisión ritual de un hombre que se prepara para una batalla elegante. Luego, en el fondo del armario, descubrió una máscara dorada. Su superficie parecía respirar una magia antigua, cálida y protectora. La había recibido de una bruja hace siglos, como escudo contra un dios caído. Esta noche, la usaría para el mismo propósito… y, de paso, como su disfraz improvisado para bailar con el diablo. Antes de salir, bebió una pócima que guardaba para casos extremos. El líquido tenía un brillo carmesí, casi sanguíneo. Apenas lo bebió, un tatuaje se extendió bajo su piel, emergiendo como fuego negro. Nació en su cuello, recorrió su torso y se ramificó hasta sus manos, con símbolos que pulsaban suavemente, como si respiraran. Era una marca de poder. Una bendición... y una advertencia. Solo podía usarla una vez. Frente al espejo, Rei ajustó los guantes y la máscara. Su reflejo le devolvió la imagen de un demonio elegante, listo para entrar al infierno con paso firme. Tomó su bastón, aquel cuya empuñadura ocultaba una daga de acero espiritual. Una sonrisa leve curvó sus labios. —Listo —susurró—. Hora del baile. La puerta se cerró con un clic seco. La lluvia cesó. Y sobre el escritorio vacío, la carta quedó un instante antes de arder por sí sola, desvaneciéndose en humo rojo. En el aire, como una burla sutil, flotó la frase final: > “Todos bailan con el diablo, tarde o temprano…” https://ficrol.com/posts/315686
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