• "¿Le temes a la muerte? ¿temes a ese oscuro abismo? Todas tus acciones quedaron al descubierto. Todos tus pecados serán castigados. Pero yo puedo ofrecerte...un escape."
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  • Ultimatum en la catedral:
    La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras.

    Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado.

    En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral.

    El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas.

    □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra?

    Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo.

    ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda.

    El otro soltó una risa ronca y amarga.

    □No tienes redaños...

    La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario.

    □¡HAZLO!

    Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió.

    El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades.

    Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas.

    Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada:

    ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...?

    El agua siguió cayendo sobre su rostro.

    ●¿Por qué tuviste que traicionarme...?

    Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
    Ultimatum en la catedral: La lid se trabó en lo más alto del campanario de la catedral. Bajo el cielo encapotado y el tañer lóbrego de las campanas, el joven clérigo Zelkova y un adepto del Culto de Saturno trocaron golpes con furia desatada. Puñadas, codazos y encontronazos resonaban entre los viejos sillares, mezclándose con el bramido del viento que se colaba por las troneras. Un recio puntapié alcanzó a Zelkova en el pecho y lo lanzó contra una ventana ojival. Los vidrios estallaron en una lluvia de fragmentos, y por un instante el sacerdote quedó suspendido sobre el abismo. Empero, al acudir otro sectario en auxilio de su camarada, el cura logró asirse al marco quebrado, evitó la caída y, con un certero gancho, abatió al recién llegado. En medio del forcejeo, una porción de la vetusta estructura cedió con un estrépito horrísono. Piedra, polvo y madera se desplomaron al vacío, y ambos contendientes rodaron hasta detenerse junto a una gárgola de roca ennegrecida por los siglos. Las campanas repicaban sobre sus cabezas, tornando la escena aún más sombría y funeral. El sectario procuró incorporarse, mas Zelkova fue más presto. Le ciñó el cuello con una llave férrea y se dejó caer de espaldas, arrastrándolo consigo. El hombre pataleó con desesperación, sintiendo cómo el aliento le abandonaba. Sus uñas arañaron los brazos del clérigo mientras escupía palabras entrecortadas. □¡Hazlo!... ¿O acaso te arredra? Zelkova, jadeante, habló con voz queda, casi como quien vela a un moribundo. ●Ríndete. Ya carece de sentido proseguir esta contienda. El otro soltó una risa ronca y amarga. □No tienes redaños... La respiración se le extinguía por momentos. A tientas, logró alcanzar una piedra desprendida y trató de hundirla en el brazo de su adversario. □¡HAZLO! Con una expresión afligida, semejante a la de quien dicta una sentencia que jamás deseó pronunciar, Zelkova torció con violencia. Un seco chasquido quebró el fragor de la tormenta. El cuello del hombre cedió. El cura soltó el cuerpo inerte y lo arrojó al vacío. Las campanas acompañaron la estrepitosa caída como si entonasen un réquiem. El cadáver se precipitó entre la lluvia y la penumbra hasta desaparecer en las profundidades. Zelkova permaneció inmóvil junto al borde. Su pecho se alzaba con dificultad; cada bocanada de aire era una pugna. La lluvia descendía por su semblante, llevándose la sangre que manchaba sus mejillas. Miró hacia abajo, hacia la oscuridad donde había desaparecido aquel hombre, y murmuró con voz quebrada: ●¿Por qué tuviste que forzarme a hacerlo...? El agua siguió cayendo sobre su rostro. ●¿Por qué tuviste que traicionarme...? Y sólo el lúgubre tañido de las campanas respondió a su lamento.
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  • ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel.

    La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada.

    Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia.

    Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación.

    "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion.

    Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor.

    Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente.

    Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados.

    Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas.

    Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis.

    ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida.

    Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma.

    ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies.

    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
    ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ El sonido predominante en la solitaria habitación es la radio, el transmisor emite un suave Chello de Bach que es el único acompañante a la pluma golpeando contra el papel. La mujer está demasiado concentrada transcribiendo sus observaciones a los expedientes en los que lleva trabajando varios días, el caso Leroy se le fue entregado por el padre Clement para que pudiera hacer las entrevistas pertinentes y tomar fotografías, y ella estaba poniendo toda su energía en esos documentos detallando cada mirada evitativa y lágrima derramada. Su pluma se detuvo al culminar la descripción del afectado vomitando sangre luego de una intensa sesión de rezos, suspirando con la tinta negra delineando con más fuerza ese pequeño punto que termina el párrafo de tan demacrada historia. Dormir se ha vuelto opcional y su rostro se ha visto víctima de los estragos de sus malas prácticas de descanso ; abismos oscuros debajo de los ya castigados ojos ambar, la piel seca y los labios agrietados. Estaba dando todo de sí, mientras el padre Clement se negaba a intervenir entre sonrisas amables, caricias demasiado largas para ser formales, insistiendo en que acabara las investigaciones pertinentes antes de escalar la situación. "Bien podría solo ser una pobre oveja víctima de las adicciones y otras aficciones, no podemos utilizar todos nuestros recursos en una sola persona..como bien dice nuestro señor, ayúdate que yo te ayudaré" esas fueron las palabras del anciano cuando acarició con el pulgar su dorso desnudo cuando intentó entregarle la decena de evidencias que hubo acumulado, ese desagradable recuerdo retumbo en su cabeza sentiendo su cicatriz punzar de la frustracion. Quiso arrancarse la mano ahí mismo, pero en su lugar la llevó a agua caliente hasta que la piel se vio tan irritada que se volvió marca de quemadura menor. Ya estaba divagando de nuevo, pensando en cosas que no le corresponden. Debe concentrarse, esta vez tiene que ser suficiente, tenía que ser suficiente. Parpadeó y se sorprendió al ver las manecillas tan cambiadas, apenas logrando abrir los ojos al ser demasiado el peso cargado en sus párpados. Suspiro y cerro el cuaderno con un golpe seco, no porque quisiera, sino por necesidad. Teniendo que levantarse para que su cuerpo dejara de doler al haber estado sentada durante tantas horas. Apoyó su posterior al escritorio y con las manos apoyadas se estiró buscando corregir su postura y que su espalda pudiera alinearse librándola del intenso dolor que le venía desde su coxis. ¿Tiene veintinueve años o ciento nueve? Sus iguales incluso se lo han preguntado entre susurros al verla caminar por los pasillos de la iglesia. Para ella era normal, ser indeseable no importa el templo que pise, es algo habitual en ese punto de su vida. Un golpe en la puerta la distrae y ella alza la mirada, observando el umbral hecho de madera vieja, un material que le recuerda a ella misma. ── Pase, no es mi oficina así que no tiene que pedir permiso..pero aprecio la educación ── Y era verdad. Agnieszka es un peón sin hogar, pasando como fantasma por las iglesias asistiendo investigaciones o supliendo elementos caídos, pero ya llevaba un tiempo en esa misma casa del señor, a esas alturas sintiendo brotes de raíces salir de sus pies. ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ❛ https://www.youtube.com/watch?v=DwHpDOWhkGk
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  • ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ──
    Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor.

    ── Gracias por cuidarme y acompañarme Ꭺꮮꭼꮖꮪꭲꭼꭱ Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar.


    El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro.

    La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído.

    La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico.

    El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca.


    Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada.

    ── No es una simple alteración geográfica... ──
    murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil.

    ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.──
    Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
    ── Esto tampoco estaba aquí....¿qué o quién lo hizo? ── Enojada, frustrada, la mujer búho dibujaba y trazaba nuevos caminos mientras revisa su alrededor. ── Gracias por cuidarme y acompañarme [Runner.Champion] Lamento que te extraviaras, mis mapas ya son inútiles. ── menciona mientras dibuja deprisa, debe aprovechar todo rayo de luz solar. El carboncillo crujió con fuerza contra el pergamino arrugado, dejando un trazo grueso y desesperado justo sobre el relieve de un camino que, hasta hace unas horas, se suponía libre de peligro. La realidad a su alrededor se burlaba de sus registros, frente a ellos no había una llanura despejada, sino un abismo de vegetación colosal, un santuario olvidado donde los árboles centenarios se entrelazaban con arcos de piedra tan titánicos que parecían las costillas de un dios caído. La luz del sol moría deprisa, filtrándose entre las copas de los árboles en haces dorados y densos que iluminaban el polvo en suspensión y encendían el suelo en un tono carmesí brillante, cubierto por una alfombra de flores rojas que no figuraban en ningún tratado botánico. El aire allí abajo era espeso, húmedo y cargado de un olor a tierra antigua y magia estancada que erizaba las plumas de su nuca. Consciente de que la penumbra avanzaba como una marea silenciosa por el sendero, la mujer búho levantó la mirada hacia las colosales estructuras de piedra cubiertas de musgo, tratando de buscar un patrón, una lógica que explicara cómo semejante monumento había brotado de la nada. ── No es una simple alteración geográfica... ── murmuró en un hilo de voz, rompiendo el denso silencio del bosque mientras sus grandes ojos captaban el último haz de luz útil. ── Es como si el bosque estuviera reescribiéndose a sí mismo para mantenernos atrapados.── Guardó el mapa a medio terminar con un gesto brusco, ajustando su equipo mientras se giraba hacia su acompañante. El bosque parecía cerrarse tras ellos, y las sombras entre los arcos de piedra comenzaban a alargarse de forma antinatural.
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  • El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante.

    ¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retorcía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía.

    Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden.

    ...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad.

    —Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco.

    Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura.

    ¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía.

    Pensaría en uno al salir.

    "Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad.

    —Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
    El abismo parece pulsar, comunicando algo en un lenguaje que sólo él entiende. Detrás de la grieta, el colapso de varias capas de realidad, empalmándose y luchando todas por la misma potestad, creó algo aberrante. ¿Este era el espacio en el que Kazuha y Veyra estaban? No, esto, lo que quedaba, es sólo un cadaver. Profanado y canibalizado por sí mismo en un bucle imposible: El Ouroboros que del éter nace. Y al encontrar esta serpiente que más de sí misma no podía seguir consumiendo, se retorcía y regurgitaba, sufría, moría y renacía.. Un ciclo eterno que se repite infinitas veces cada segundo; cada repetición, más grande la grieta hacía. Incompatible con la existencia era ese lugar -si es que puede llamárse "lugar" a una nada tan concentrada-, como incompatibles con el plano humano eran los seres que de aquí nacían, que desde aquí invaden. ...Y, sin embargo, ahí estaba, desafiando esa incompatibilidad. —Haah... —jaló aire, aunque el aire ahí no existía. Diez minutos, un nuevo récord ahí adentro. Significaría algo, pero, sorpresa, el tiempo ahí no existía tampoco. Es que existir era un desafío en sí mismo a la nada. Y el simple acto de existir ahí, ya suponía un esfuerzo titánico. Su magia abarcando cada célula de su cuerpo, estabilizándolas para no desintegrarse al instante. ¿Y si a eso le sumaba el acto de moverse? Una locura. ¿Y al acto de entrar ahí por voluntad propia a encarar a esos seres? Quizás no existía un nombre para algo así de imprudente. No todavía. Pensaría en uno al salir. "Hazte fuerte", dijo ella. ¿Qué carajo se supone que significaba eso? Tan irritantemente vago. Tan obvio y natural para alguien que -asumía él- nunca había tenido que encarar la debilidad. —Diez minutos... diez segundos... —nuevo récord. Se desplomó al regresar. Ya volvería a intentarlo al despertar de una siesta de agotamiento -quién sabe cuántas llevaba a ese punto.
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  • —¡Oh, peregrina y misteriosa hechura es el hombre! —pronunció con melancólica gravedad.

    —Pues siendo barro perecedero y fugitiva llama suspendida entre dos abismos, osa, no obstante, abrasarse en amores, dolores y esperanzas más vehementes que las de los propios inmortales.

    Detúvose un instante, quien escucha en lo profundo de sí un pensamiento jamás antes concebido, y prosiguió:

    —Por edades innumerables contemplé a los mortales desde la fría altura de los sueños, juzgándolos sombras leves destinadas al olvido del tiempo; mas ahora descubro, no sin asombro, que en su fragilidad reside una secreta magnificencia. Lloran aun sabiendo cuán breve es la dicha; aman aunque la pérdida ya duerma escondida en el seno del destino… y acaso sea precisamente esa fugitiva condición la que vuelve tan preciosa su existencia.
    —¡Oh, peregrina y misteriosa hechura es el hombre! —pronunció con melancólica gravedad. —Pues siendo barro perecedero y fugitiva llama suspendida entre dos abismos, osa, no obstante, abrasarse en amores, dolores y esperanzas más vehementes que las de los propios inmortales. Detúvose un instante, quien escucha en lo profundo de sí un pensamiento jamás antes concebido, y prosiguió: —Por edades innumerables contemplé a los mortales desde la fría altura de los sueños, juzgándolos sombras leves destinadas al olvido del tiempo; mas ahora descubro, no sin asombro, que en su fragilidad reside una secreta magnificencia. Lloran aun sabiendo cuán breve es la dicha; aman aunque la pérdida ya duerma escondida en el seno del destino… y acaso sea precisamente esa fugitiva condición la que vuelve tan preciosa su existencia.
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  • https://youtube.com/shorts/TwhkkKGei0k?si=z6HzYAUbsPoZNS-c

    —Ante mis ojos, que han visto desfilar eras enteras en un parpadeo, nada se eleva con tanta majestuosidad sobre la miseria terrenal como el arte de la música. Es el eco de lo invisible, un susurro que no nace de la garganta, sino del abismo del espíritu. Mientras todo lo tangible está condenado a ser devorado por el olvido, una composición perfecta rasga la penumbra, tocando las fibras más profundas de la existencia con una pureza tan devastadora que estremece incluso a los seres que ya no pertenecemos al mundo de los vivos.—
    https://youtube.com/shorts/TwhkkKGei0k?si=z6HzYAUbsPoZNS-c —Ante mis ojos, que han visto desfilar eras enteras en un parpadeo, nada se eleva con tanta majestuosidad sobre la miseria terrenal como el arte de la música. Es el eco de lo invisible, un susurro que no nace de la garganta, sino del abismo del espíritu. Mientras todo lo tangible está condenado a ser devorado por el olvido, una composición perfecta rasga la penumbra, tocando las fibras más profundas de la existencia con una pureza tan devastadora que estremece incluso a los seres que ya no pertenecemos al mundo de los vivos.—
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  • Existe una alarmante falta de dignidad en el alma de los mortales que disfrazan su debilidad de misticismo romántico. Deambulas por el mundo bajo la gastada insignia del seductor, pretendiendo cautivar miradas externas cuando, en realidad, solo buscas un refugio para no mirar el abismo de tu propio vacío: un pasado que te superó y al que sigues encadenado en silencio.
    Te cobijas en el drama de la melancolía porque te resulta más cómodo adorar a un fantasma que tener la valentía de avanzar. Al cruzarte con una presencia imponente, tu naturaleza sumisa no puede evitar fantasear con un 'baile final', en un intento desesperado por convertir tu insignificancia en una tragedia poética. Pero no eres el protagonista de ninguna obra excelsa; eres simplemente un espíritu errante buscando una nueva obsesión para justificar tu mediocridad.
    Continúa ofreciendo tus lamentos al viento y tus versos tristes al ayer. Es un espectáculo predecible. Tu historia jamás alcanzará el honor de un desenlace artístico; está condenada a disolverse en el rincón más gris del olvido, donde ni tu nostalgia ni tus delirios tendrán jamás el menor rastro de relevancia.
    Existe una alarmante falta de dignidad en el alma de los mortales que disfrazan su debilidad de misticismo romántico. Deambulas por el mundo bajo la gastada insignia del seductor, pretendiendo cautivar miradas externas cuando, en realidad, solo buscas un refugio para no mirar el abismo de tu propio vacío: un pasado que te superó y al que sigues encadenado en silencio. Te cobijas en el drama de la melancolía porque te resulta más cómodo adorar a un fantasma que tener la valentía de avanzar. Al cruzarte con una presencia imponente, tu naturaleza sumisa no puede evitar fantasear con un 'baile final', en un intento desesperado por convertir tu insignificancia en una tragedia poética. Pero no eres el protagonista de ninguna obra excelsa; eres simplemente un espíritu errante buscando una nueva obsesión para justificar tu mediocridad. Continúa ofreciendo tus lamentos al viento y tus versos tristes al ayer. Es un espectáculo predecible. Tu historia jamás alcanzará el honor de un desenlace artístico; está condenada a disolverse en el rincón más gris del olvido, donde ni tu nostalgia ni tus delirios tendrán jamás el menor rastro de relevancia.
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  • Supongo que ya se esta acercado mi hora, la verdad es que eh estado sola todo este tiempo, luchando y aferrandome a algo que me de motivos para seguir aqui, pero nuevamente siempre llego al mismo punto de partida, donde estoy sin nadie o alguien que me de motivos de tener un lugar donde estar.

    Cuando pienso o siento que finalmente encuentro ese motivo, este mismo se esfuma y se escapa entre mis manos..

    ¿Sera hora de emprender un viaje a las estrellas y no regresar?

    Sinceramente debi desaparecer junto a mi hermano Caelus esa vez, cada tiempo que pasa me doy cuenta que estoy en un abismo... Siempre sola.
    Supongo que ya se esta acercado mi hora, la verdad es que eh estado sola todo este tiempo, luchando y aferrandome a algo que me de motivos para seguir aqui, pero nuevamente siempre llego al mismo punto de partida, donde estoy sin nadie o alguien que me de motivos de tener un lugar donde estar. Cuando pienso o siento que finalmente encuentro ese motivo, este mismo se esfuma y se escapa entre mis manos.. ¿Sera hora de emprender un viaje a las estrellas y no regresar? Sinceramente debi desaparecer junto a mi hermano Caelus esa vez, cada tiempo que pasa me doy cuenta que estoy en un abismo... Siempre sola.
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  • -Mi sonrisa desapareció lentamente mientras observaba tu espalda alejarse entre la tormenta.-

    -Por primera vez desde que llegué a la montaña… no hubo risa.-

    -No intenté detenerte.
    No corrí tras de ti.
    No pronuncié excusas.-

    -El viento helado movió lentamente mi cabello rubio mientras permanecía inmóvil al borde del abismo.-

    —Nunca te deseché.

    -Mi voz salió más baja esta vez. Más humana.-

    —Y eso es lo que hace que duela tanto.

    -Bajé lentamente la mirada hacia el vacío bajo mis pies.-

    —El Caos siempre me enseñó a destruirme por las personas que amo.

    -Una pequeña risa rota escapó entre mis labios, apenas audible.-

    —Supongo que ésta vez no fue diferente.

    -Y aun así… no di un solo paso para seguirte.-

    -Solo me quedé allí, mirando cómo el monstruo que aprendió a sentir desaparecía entre la nieve.-

    -Entonces… dejé caer mi cuerpo al abismo.-

    -El viento rugió alrededor de mí mientras cerraba lentamente los ojos, imaginando un mundo imposible.-

    -Un universo sin dolor.
    Sin guerras.
    Sin miedo.
    Sin decepción.-

    -Mi destino.-

    —Cerrando los ojos se apaga el universo…

    —Pequeño telón… para un escenario tan inmenso…

    -El impacto contra la nieve no fue violento.
    No hubo destrucción.
    No hubo gritos.-

    -Mi cuerpo simplemente quedó tendido entre el blanco infinito mientras pequeños copos comenzaban a cubrir lentamente mi piel.-

    -Y entonces… sonreí.-

    —No…

    -Mi voz salió ahogada, tibia, mezclándose con la sangre que escapaba entre mis labios.-

    —No he nacido para sentir… ni para amar la vida.

    —Mi objetivo siempre fue el mismo.

    -El viento arrastró mis palabras montaña arriba, persiguiendo la espalda de aquel monstruo que seguía alejándose.-

    —Te lo prometo, Vharkhul Braknak…

    —Voy a destruirlo todo… hasta que no quede nada.

    —Y entonces lo reconstruiré a la perfección.

    —No existirá el miedo.
    Ni el dolor.
    Ni la decepción.
    Ni el poder.
    Ni la guerra…

    -Mis ojos dorados se abrieron apenas un instante bajo la nieve.-

    —Solo almas…
    En cuerpos idénticos y perfectos.

    —Sin envidia.
    Sin rencor.

    —Solo amor.

    -Una última sonrisa torcida apareció lentamente en mi rostro mientras la tormenta terminaba de cubrirme.-

    —En nombre del Caos.
    -Mi sonrisa desapareció lentamente mientras observaba tu espalda alejarse entre la tormenta.- -Por primera vez desde que llegué a la montaña… no hubo risa.- -No intenté detenerte. No corrí tras de ti. No pronuncié excusas.- -El viento helado movió lentamente mi cabello rubio mientras permanecía inmóvil al borde del abismo.- —Nunca te deseché. -Mi voz salió más baja esta vez. Más humana.- —Y eso es lo que hace que duela tanto. -Bajé lentamente la mirada hacia el vacío bajo mis pies.- —El Caos siempre me enseñó a destruirme por las personas que amo. -Una pequeña risa rota escapó entre mis labios, apenas audible.- —Supongo que ésta vez no fue diferente. -Y aun así… no di un solo paso para seguirte.- -Solo me quedé allí, mirando cómo el monstruo que aprendió a sentir desaparecía entre la nieve.- -Entonces… dejé caer mi cuerpo al abismo.- -El viento rugió alrededor de mí mientras cerraba lentamente los ojos, imaginando un mundo imposible.- -Un universo sin dolor. Sin guerras. Sin miedo. Sin decepción.- -Mi destino.- —Cerrando los ojos se apaga el universo… —Pequeño telón… para un escenario tan inmenso… -El impacto contra la nieve no fue violento. No hubo destrucción. No hubo gritos.- -Mi cuerpo simplemente quedó tendido entre el blanco infinito mientras pequeños copos comenzaban a cubrir lentamente mi piel.- -Y entonces… sonreí.- —No… -Mi voz salió ahogada, tibia, mezclándose con la sangre que escapaba entre mis labios.- —No he nacido para sentir… ni para amar la vida. —Mi objetivo siempre fue el mismo. -El viento arrastró mis palabras montaña arriba, persiguiendo la espalda de aquel monstruo que seguía alejándose.- —Te lo prometo, Vharkhul Braknak… —Voy a destruirlo todo… hasta que no quede nada. —Y entonces lo reconstruiré a la perfección. —No existirá el miedo. Ni el dolor. Ni la decepción. Ni el poder. Ni la guerra… -Mis ojos dorados se abrieron apenas un instante bajo la nieve.- —Solo almas… En cuerpos idénticos y perfectos. —Sin envidia. Sin rencor. —Solo amor. -Una última sonrisa torcida apareció lentamente en mi rostro mientras la tormenta terminaba de cubrirme.- —En nombre del Caos.
    Me endiabla
    Me shockea
    Me encocora
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