• *Día frío y de lluvia. Una paz insólita ha inundado el departamento. Uni y Owen viviendo sus propias aventuras. Por lo que me recuesto en un sofa con mis gatitos "Yoru" y "Kaito"*

    -Cuanta paz. No sé que pensar de esta tranquilidad. ¿Algo se avecina?. O es simplemente mi rumiación ansiosa traicionándome nuevamente.
    *Día frío y de lluvia. Una paz insólita ha inundado el departamento. Uni y Owen viviendo sus propias aventuras. Por lo que me recuesto en un sofa con mis gatitos "Yoru" y "Kaito"* -Cuanta paz. No sé que pensar de esta tranquilidad. ¿Algo se avecina?. O es simplemente mi rumiación ansiosa traicionándome nuevamente.
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  • ¡Buenos días mundo! ¿Cómo amanecen?
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Dra Luna Steel

    -Habían pasado eras desde la última vez que algo había cambiado.-

    -Eras antes de los imperios.

    -Eras antes de los reyes.

    -Eras antes incluso de que existieran los nombres con los que las civilizaciones modernas describían el cielo.

    -Durante incontables edades el huevo había permanecido inmóvil.

    -Sepultado.

    -Olvidado.

    -Transportado de un lugar a otro.

    -Confundido con una piedra.

    -Vendido.

    -Abandonado.

    -Recuperado.

    -Olvidado otra vez.

    -Siempre inmóvil.

    -Siempre silencioso.

    -Siempre muerto.

    -O al menos eso parecía.

    -Pero algo era diferente ahora.

    -No era el calor.

    -No era la magia.

    -No eran los instrumentos que lo examinaban día y noche.

    -No eran las preguntas.

    -No eran las teorías.

    -Era algo más difícil de medir.

    -Algo que ningún escáner había detectado.

    -Algo que ninguna fórmula había conseguido registrar.

    -Alguien seguía regresando.

    -Alguien le seguía hablando.

    -Alguien seguía intentando comprender.

    -Y por primera vez en mucho tiempo...

    -El silencio ya no parecía tan absoluto.

    -Muy lentamente.

    -Tan lentamente que ningún ojo podría apreciarlo.

    -Una diminuta grieta apareció en la capa más profunda de piedra fosilizada.

    -Mucho más abajo de donde alcanzaban los escáneres.

    -Mucho más abajo de donde llegaban las herramientas.

    -No era visible.

    -No todavía.

    -Pero estaba allí.

    -Y por primera vez desde hacía incontables eras...

    -Algo comenzó a recordar.
    [Luna_I_UMBRA] -Habían pasado eras desde la última vez que algo había cambiado.- -Eras antes de los imperios. -Eras antes de los reyes. -Eras antes incluso de que existieran los nombres con los que las civilizaciones modernas describían el cielo. -Durante incontables edades el huevo había permanecido inmóvil. -Sepultado. -Olvidado. -Transportado de un lugar a otro. -Confundido con una piedra. -Vendido. -Abandonado. -Recuperado. -Olvidado otra vez. -Siempre inmóvil. -Siempre silencioso. -Siempre muerto. -O al menos eso parecía. -Pero algo era diferente ahora. -No era el calor. -No era la magia. -No eran los instrumentos que lo examinaban día y noche. -No eran las preguntas. -No eran las teorías. -Era algo más difícil de medir. -Algo que ningún escáner había detectado. -Algo que ninguna fórmula había conseguido registrar. -Alguien seguía regresando. -Alguien le seguía hablando. -Alguien seguía intentando comprender. -Y por primera vez en mucho tiempo... -El silencio ya no parecía tan absoluto. -Muy lentamente. -Tan lentamente que ningún ojo podría apreciarlo. -Una diminuta grieta apareció en la capa más profunda de piedra fosilizada. -Mucho más abajo de donde alcanzaban los escáneres. -Mucho más abajo de donde llegaban las herramientas. -No era visible. -No todavía. -Pero estaba allí. -Y por primera vez desde hacía incontables eras... -Algo comenzó a recordar.
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  • ──── ¿Saben cuál es mi parte favorita de ser la consentida del set? Que me inviten a fiestas como esta. La decoración es preciosa, parece salida de un cuento de hadas –exclamó suavemente, con los brazos abiertos hacia las cascadas moradas de glicinas que pendían del techo–. Además, sobreviví con éxito a los votos sin derramar una sola lágrima. Ni una. Y ahora estoy lista para a ayudar a quién lo necesite a atrapar el ramo de flores. Tengo... mis trucos especiales para eso bajo la manga. Oh, parece que van a bailar la víbora de la mar. Eso no me lo pierdo por nada del mundo.
    ──── ¿Saben cuál es mi parte favorita de ser la consentida del set? Que me inviten a fiestas como esta. La decoración es preciosa, parece salida de un cuento de hadas –exclamó suavemente, con los brazos abiertos hacia las cascadas moradas de glicinas que pendían del techo–. Además, sobreviví con éxito a los votos sin derramar una sola lágrima. Ni una. Y ahora estoy lista para a ayudar a quién lo necesite a atrapar el ramo de flores. Tengo... mis trucos especiales para eso bajo la manga. Oh, parece que van a bailar la víbora de la mar. Eso no me lo pierdo por nada del mundo.
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  • ¿Cenan? Esto es lo mejor del mundo, lo juro que si.
    ¿Cenan? Esto es lo mejor del mundo, lo juro que si.
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  • Condenado a muerte:

    Zelkova franqueó innumerables retenes, trasponiendo compuerta tras compuerta bajo la escrutadora mirada de oficiales y agentes de inteligencia. Su itinerario lo condujo hasta el pabellón de máxima custodia, un laberinto de corredores concatenados que desembocaba en la celda más remota y, por ende, más vigilada. Torretas centinelas apuntaban a cada ángulo, mientras decenas de monitores parecían registrar hasta el más nimio aliento.

    Al franquear el umbral, el presbítero habló con gravedad.

    ●Wargrave Howlett...

    Ante él reposaba aquel caballero de refinadas maneras. Ceñían su cuerpo una camisola de fuerza y gruesos grilletes; una venda ocultaba sus ojos, una máscara regulaba su respiración y haces escarlatas recorrían cada palmo de su anatomía.

    Howlett esbozó una sonrisa.

    ○Vaya, si es el padre Legasov. ¿Qué os trae ante un condenado a muerte? ¿Acaso un sermón? Qué lástima. Digamos que milito en la ribera opuesta. No me arrepiento de nada, pues no considero haber cometido pecado alguno.

    Zelkova avanzó unos pasos.

    ●No vengo a sermonearte. Aunque desearía purificar tu ánima, he acudido por un asunto que también te concierne.

    Wargrave alzó levemente la cabeza.

    ○Os escucho.

    ●El Culto del Saturno es más formidable de lo que supuse. Necesito aliados.

    ○¿Y venís a solicitar mi ayuda?

    interrumpió con una risilla.

    ○Paso.

    Las alarmas comenzaron a ulular. La camisola cayó al suelo como si jamás hubiese estado anudada. La venda se deshizo en polvo suspendido y los grilletes cedieron en un santiamén. Lentamente se quita la máscara. Fue una demostración inequívoca: ninguna prisión podía retenerlo.

    ○No estoy tan demente como para enfrentarme a ellos. Fui uno de los suyos; lo sabéis. ¿Por qué alguien...? Oh... ya comprendo. Os cruzasteis con una de las Diez Bolsas.

    Aquel apelativo quedó suspendido en el aire.Las alarmas cesaron cuando los operadores observaron el gesto sereno del sacerdote.

    ○Lo deduzco por el estado de vuestro traje.

    Continuó Howlett.

    ○Creyeron haberos dado muerte, pero ese don vuestro siempre fue fastidioso.

    ●No me interesa reclutarte. Sólo quiero saber cuanto conoces. Después de todo, fuiste el Guardián del Séptimo Sello.

    Wargrave sonrió con una mezcla de orgullo y hastío.

    ○Y encontraron un reemplazo mucho mejor. Por no decir que roza lo invencible. Puede abatir inmortales, hacer llover sobre el desierto, congelar volcanes e incluso extinguir el sol. Ese individuo merece el título de Superhombre que tanto ansían el señor M y el doctor C. Creo que se hacía llamar Recaudador de Impuestos.

    Guardó silencio unos instantes.

    ○Y aun si él no existiera, ¿esperáis que reciba con agrado la visita de ese maldito Barbagia? Está trastornado. Y eso lo afirmo yo, que serví junto a monstruos de primer orden. ¿Qué tenéis entre manos para abrazar semejante insensatez? ¿Ultrajaron a vuestra prometida o algo parecido? Porque, siendo franco, camináis sobre cuerda floja. Aprovechad y cambiaos de identidad.

    Le hizo un ademán para que se retirase. Para él, la conversación había concluido.

    Zelkova, sin embargo, lo sujetó por la camisa. Aquel hombre poseía el singular talento de arrancarle la compostura.

    ●¡Cierra la boca y escucha!

    Wargrave apartó la mano de un manotazo. En su semblante apareció una ira contenida, como la de una bestia que aún anhela revancha.

    ○¿Sabéis por qué me concedieron el retiro tras nuestra última confrontación? Porque me ignoraron. Así de simple.

    Rió con amargura.

    ○Como una planta del pie que pasa junto a una hormiga. Puede aplastarla, sí, pero ¿para qué molestarse si no representa amenaza alguna? Es desalentador, aunque al menos sigo vivo, acompañado de mis libros y mis muchachos.

    Saludó con una mano a las cámaras ocultas y guiñó un ojo hacia los francotiradores que observaban mediante láseres.

    ●¿Y si os dijera que puedo derrotarlo?

    Replicó Zelkova.

    Wargrave soltó una carcajada.

    ○¿Tú? No permitáis que el orgullo os embriague. Yo mismo me dejé vencer. Esa es la verdad. Y aunque reunáis aliados o ejércitos enteros, seguís interfiriendo con el Nuevo Orden Mundial. No bromeéis. Quizá ahora mismo estén decidiendo qué nación olvidada devolver a los mapas sólo por el puro placer.

    ●Si aceptas mi petición, te diré dónde está...

    Howlett llevó un dedo a sus labios.

    ○Shhh... Os escucharán.

    Luego, elevando deliberadamente la voz, declaró:

    ○Bien. Me habéis convencido. No sabría por dónde comenzar.

    Extendió la mano.

    ○Compartid uno de vuestros cigarrillos. Será una charla extensa, así que acomodaos, Legasov.

    Su expresión se tornó sombría.

    ○Porque el Recipiente está próximo a ser poseído.

    Ambos tomaron asiento y prosiguieron su coloquio mientras el monitoreo continuaba. Sin embargo, por una causa extraña y ajena a cualquier avería mecánica, ni una sola palabra alcanzó los sistemas de escucha. Era como si una voluntad invisible hubiese tendido un velo sobre la conversación. Los operadores observaron, confundidos, los registros mudos. Y nadie osó intervenir. Después de todo, era la primera vez que Wargrave Howlett aceptaba un interrogatorio.
    Condenado a muerte: Zelkova franqueó innumerables retenes, trasponiendo compuerta tras compuerta bajo la escrutadora mirada de oficiales y agentes de inteligencia. Su itinerario lo condujo hasta el pabellón de máxima custodia, un laberinto de corredores concatenados que desembocaba en la celda más remota y, por ende, más vigilada. Torretas centinelas apuntaban a cada ángulo, mientras decenas de monitores parecían registrar hasta el más nimio aliento. Al franquear el umbral, el presbítero habló con gravedad. ●Wargrave Howlett... Ante él reposaba aquel caballero de refinadas maneras. Ceñían su cuerpo una camisola de fuerza y gruesos grilletes; una venda ocultaba sus ojos, una máscara regulaba su respiración y haces escarlatas recorrían cada palmo de su anatomía. Howlett esbozó una sonrisa. ○Vaya, si es el padre Legasov. ¿Qué os trae ante un condenado a muerte? ¿Acaso un sermón? Qué lástima. Digamos que milito en la ribera opuesta. No me arrepiento de nada, pues no considero haber cometido pecado alguno. Zelkova avanzó unos pasos. ●No vengo a sermonearte. Aunque desearía purificar tu ánima, he acudido por un asunto que también te concierne. Wargrave alzó levemente la cabeza. ○Os escucho. ●El Culto del Saturno es más formidable de lo que supuse. Necesito aliados. ○¿Y venís a solicitar mi ayuda? interrumpió con una risilla. ○Paso. Las alarmas comenzaron a ulular. La camisola cayó al suelo como si jamás hubiese estado anudada. La venda se deshizo en polvo suspendido y los grilletes cedieron en un santiamén. Lentamente se quita la máscara. Fue una demostración inequívoca: ninguna prisión podía retenerlo. ○No estoy tan demente como para enfrentarme a ellos. Fui uno de los suyos; lo sabéis. ¿Por qué alguien...? Oh... ya comprendo. Os cruzasteis con una de las Diez Bolsas. Aquel apelativo quedó suspendido en el aire.Las alarmas cesaron cuando los operadores observaron el gesto sereno del sacerdote. ○Lo deduzco por el estado de vuestro traje. Continuó Howlett. ○Creyeron haberos dado muerte, pero ese don vuestro siempre fue fastidioso. ●No me interesa reclutarte. Sólo quiero saber cuanto conoces. Después de todo, fuiste el Guardián del Séptimo Sello. Wargrave sonrió con una mezcla de orgullo y hastío. ○Y encontraron un reemplazo mucho mejor. Por no decir que roza lo invencible. Puede abatir inmortales, hacer llover sobre el desierto, congelar volcanes e incluso extinguir el sol. Ese individuo merece el título de Superhombre que tanto ansían el señor M y el doctor C. Creo que se hacía llamar Recaudador de Impuestos. Guardó silencio unos instantes. ○Y aun si él no existiera, ¿esperáis que reciba con agrado la visita de ese maldito Barbagia? Está trastornado. Y eso lo afirmo yo, que serví junto a monstruos de primer orden. ¿Qué tenéis entre manos para abrazar semejante insensatez? ¿Ultrajaron a vuestra prometida o algo parecido? Porque, siendo franco, camináis sobre cuerda floja. Aprovechad y cambiaos de identidad. Le hizo un ademán para que se retirase. Para él, la conversación había concluido. Zelkova, sin embargo, lo sujetó por la camisa. Aquel hombre poseía el singular talento de arrancarle la compostura. ●¡Cierra la boca y escucha! Wargrave apartó la mano de un manotazo. En su semblante apareció una ira contenida, como la de una bestia que aún anhela revancha. ○¿Sabéis por qué me concedieron el retiro tras nuestra última confrontación? Porque me ignoraron. Así de simple. Rió con amargura. ○Como una planta del pie que pasa junto a una hormiga. Puede aplastarla, sí, pero ¿para qué molestarse si no representa amenaza alguna? Es desalentador, aunque al menos sigo vivo, acompañado de mis libros y mis muchachos. Saludó con una mano a las cámaras ocultas y guiñó un ojo hacia los francotiradores que observaban mediante láseres. ●¿Y si os dijera que puedo derrotarlo? Replicó Zelkova. Wargrave soltó una carcajada. ○¿Tú? No permitáis que el orgullo os embriague. Yo mismo me dejé vencer. Esa es la verdad. Y aunque reunáis aliados o ejércitos enteros, seguís interfiriendo con el Nuevo Orden Mundial. No bromeéis. Quizá ahora mismo estén decidiendo qué nación olvidada devolver a los mapas sólo por el puro placer. ●Si aceptas mi petición, te diré dónde está... Howlett llevó un dedo a sus labios. ○Shhh... Os escucharán. Luego, elevando deliberadamente la voz, declaró: ○Bien. Me habéis convencido. No sabría por dónde comenzar. Extendió la mano. ○Compartid uno de vuestros cigarrillos. Será una charla extensa, así que acomodaos, Legasov. Su expresión se tornó sombría. ○Porque el Recipiente está próximo a ser poseído. Ambos tomaron asiento y prosiguieron su coloquio mientras el monitoreo continuaba. Sin embargo, por una causa extraña y ajena a cualquier avería mecánica, ni una sola palabra alcanzó los sistemas de escucha. Era como si una voluntad invisible hubiese tendido un velo sobre la conversación. Los operadores observaron, confundidos, los registros mudos. Y nadie osó intervenir. Después de todo, era la primera vez que Wargrave Howlett aceptaba un interrogatorio.
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  • Estoy comenzando a sentirme emocionado
    En unos días comenzará cierto evento deportivo a nivel mundial y será emocionante ver los juegos
    Puede ser que las cosas se desarrollen lentas pero ya sé que la paciencia puede ser necesaria. Y además, pensé que había visto a alguien del pasado pero ya está más que comprobado que es otra persona.
    ¿Qué opinas tú? ¿Te gusta ver el deporte más hermoso del mundo? O dime si te gustan las peleas. Se me ocurre que Unabara tenga su torneo para descubrir quién es el guerrero más fuerte de todo ficrol...
    Estoy comenzando a sentirme emocionado :STK-3: En unos días comenzará cierto evento deportivo a nivel mundial y será emocionante ver los juegos 🤩 :STK-9: Puede ser que las cosas se desarrollen lentas pero ya sé que la paciencia puede ser necesaria. Y además, pensé que había visto a alguien del pasado pero ya está más que comprobado que es otra persona. ¿Qué opinas tú? ¿Te gusta ver el deporte más hermoso del mundo? O dime si te gustan las peleas. Se me ocurre que Unabara tenga su torneo para descubrir quién es el guerrero más fuerte de todo ficrol... :STK-3:
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  • — He tenido que volver a usar este traje. Verás es que ahora mismo tengo que mantener un perfil bajo, ¿sabes? Aunque esta electricidad alrededor mía no ayuda...

    ?: No he pedido que me cuentes tu vida, bicho.

    — Es verdad, perdona, Chispitas.

    ?: ¿Cómo me has llamado?

    Sus dedos chisporrotearon aún más y la electricidad aumentó.

    — Oye, tú has empezado, aunque ahora que lo pienso creo que ese apodo ya está pillado... Mia colpa ¡Mierda! No quería decirlo en italiano...

    ?: ¿Qué te pasa con el italiano?

    — Pues... Un momento ¿No has dicho que no querías que te contase mi vida?

    El hombre se quedó en silencio unos segundos, entonces dirigió toda aquella electricidad acumulada hacia Halley.

    — Venga hombre, no es mi culpa que te intereses por la vida de los demás, ¡Si eso es algo bueno!
    — He tenido que volver a usar este traje. Verás es que ahora mismo tengo que mantener un perfil bajo, ¿sabes? Aunque esta electricidad alrededor mía no ayuda... ?: No he pedido que me cuentes tu vida, bicho. — Es verdad, perdona, Chispitas. ?: ¿Cómo me has llamado? Sus dedos chisporrotearon aún más y la electricidad aumentó. — Oye, tú has empezado, aunque ahora que lo pienso creo que ese apodo ya está pillado... Mia colpa ¡Mierda! No quería decirlo en italiano... ?: ¿Qué te pasa con el italiano? — Pues... Un momento ¿No has dicho que no querías que te contase mi vida? El hombre se quedó en silencio unos segundos, entonces dirigió toda aquella electricidad acumulada hacia Halley. — Venga hombre, no es mi culpa que te intereses por la vida de los demás, ¡Si eso es algo bueno!
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  • El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana.

    ●Cuanto más lo intento, más siento que fallo

    Murmuró con voz queda.

    ●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno?

    Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
    El cura Zelkova yacía asentado en la barra de la taberna, hecho una lástima. Sus vestiduras, ajadas y polvorientas, le daban trazas de mendicante errabundo; su semblante, macilento y rendido, mostraba el peso de innumerables cuitas. Entre sus dedos sostenía una bebida ruin y de escaso precio, de la cual sorbía con desgana. ●Cuanto más lo intento, más siento que fallo Murmuró con voz queda. ●Me hallo extraviado cual avecilla separada de su bandada. No soy capaz de abatir a mis adversarios, ni de honrar la promesa hecha a mi esposa... ¿Y aun así pretendo ser un padre digno? Concluyó, bajando la vista hacia el vaso casi vacío.
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  • 𝕋ℍ𝔼 ℂ𝕆𝕄ℙ𝕆𝕊𝕀𝕋𝕀𝕆ℕ 𝕆𝔽 𝔸 𝔽𝔸𝕃𝕃
    Categoría Drama
    El drama del mundo siempre se disfruta mejor con una taza de café caliente entre las manos. Al menos, esa parecía ser la filosofía del hombre que yacía sentado en la mesa del rincón de la terraza, justo bajo el toldo liso que amortiguaba el rugido de la tormenta y por encima de la cafetería popular del pueblo.

    Cruzando la calle, bajo la luz mortecina de un farol parpadeante, se desenvolvía una escena miserable. Un hombre joven, con el abrigo empapado y la desesperación pintada en el rostro, gesticulaba violentamente frente a un coche negro de cristales tintados. Se intuía una súplica, una deuda no pagada o una traición familiar; el tipo cayó de rodillas sobre el asfalto mojado, golpeando el metal del vehículo en un arranque de pura impotencia. Una escena trágica, común y corriente en la crónica negra de cualquier ciudad.

    Lo perturbador, sin embargo, no era el espectáculo de la acera de enfrente, sino el testigo que lo observaba todo desde la parte alta del establecimiento, ubicado específicamente en un sitio que le dotaba de una vista 'espectacular' hacia aquel drama suburbano.

    Ren, sentado allí, encorvado con una elegancia descuidada sobre un cuaderno de hojas amarillentas, vestía una sudadera oscura de capucha caída y llevaba sus habituales gafas redondas de sol, a pesar de la nitidez de la madrugada.

    Con la mano izquierda sostenía una taza de café americano del que ascendía un hilo perezoso de vapor; con la derecha, deslizaba una pluma estilográfica de plata bruñida sobre el papel.

    No había magia ruidosa. Solo una caligrafía negra, densa como la tinta fresca, que parecía dictar el destino de la víctima con una precisión quirúrgica. Ren dio un sorbo pausado a su café, dejando que el tintineo de la taza contra el plato de porcelana marcara el punto final del párrafo.

    Sin dejar de escribir, y con un sutil movimiento de sus dedos largos, hizo girar el expansor negro de su oreja derecha. Sabía que lo estaban observando. Sabía que la persona de la mesa contigua sospechaba sobre su apariencia e irracional comportamiento.

    Ladeó entonces su cabeza con una parsimonia cínica, bajando apenas las gafas oscuras sobre el puente de la nariz para clavar así su mirada oscura y desapegada en el espectador.

    —Un desarrollo un poco predecible, ¿no crees? —pronunció Ren. Su voz fue un susurro grave, arrastrado, capaz de cortar el sonido de la lluvia ante su melodía única—. El diálogo carece de fuerza y el clímax es demasiado melodramático. Pero supongo que no se le puede pedir gran literatura a un hombre que acaba de perderlo todo en una sola noche.

    Dejó la pluma descansando sobre el margen de la página, permitiendo que la tinta brillante revelara el nombre del sujeto en la calle perfectamente subrayado.
    El drama del mundo siempre se disfruta mejor con una taza de café caliente entre las manos. Al menos, esa parecía ser la filosofía del hombre que yacía sentado en la mesa del rincón de la terraza, justo bajo el toldo liso que amortiguaba el rugido de la tormenta y por encima de la cafetería popular del pueblo. Cruzando la calle, bajo la luz mortecina de un farol parpadeante, se desenvolvía una escena miserable. Un hombre joven, con el abrigo empapado y la desesperación pintada en el rostro, gesticulaba violentamente frente a un coche negro de cristales tintados. Se intuía una súplica, una deuda no pagada o una traición familiar; el tipo cayó de rodillas sobre el asfalto mojado, golpeando el metal del vehículo en un arranque de pura impotencia. Una escena trágica, común y corriente en la crónica negra de cualquier ciudad. Lo perturbador, sin embargo, no era el espectáculo de la acera de enfrente, sino el testigo que lo observaba todo desde la parte alta del establecimiento, ubicado específicamente en un sitio que le dotaba de una vista 'espectacular' hacia aquel drama suburbano. Ren, sentado allí, encorvado con una elegancia descuidada sobre un cuaderno de hojas amarillentas, vestía una sudadera oscura de capucha caída y llevaba sus habituales gafas redondas de sol, a pesar de la nitidez de la madrugada. Con la mano izquierda sostenía una taza de café americano del que ascendía un hilo perezoso de vapor; con la derecha, deslizaba una pluma estilográfica de plata bruñida sobre el papel. No había magia ruidosa. Solo una caligrafía negra, densa como la tinta fresca, que parecía dictar el destino de la víctima con una precisión quirúrgica. Ren dio un sorbo pausado a su café, dejando que el tintineo de la taza contra el plato de porcelana marcara el punto final del párrafo. Sin dejar de escribir, y con un sutil movimiento de sus dedos largos, hizo girar el expansor negro de su oreja derecha. Sabía que lo estaban observando. Sabía que la persona de la mesa contigua sospechaba sobre su apariencia e irracional comportamiento. Ladeó entonces su cabeza con una parsimonia cínica, bajando apenas las gafas oscuras sobre el puente de la nariz para clavar así su mirada oscura y desapegada en el espectador. —Un desarrollo un poco predecible, ¿no crees? —pronunció Ren. Su voz fue un susurro grave, arrastrado, capaz de cortar el sonido de la lluvia ante su melodía única—. El diálogo carece de fuerza y el clímax es demasiado melodramático. Pero supongo que no se le puede pedir gran literatura a un hombre que acaba de perderlo todo en una sola noche. Dejó la pluma descansando sobre el margen de la página, permitiendo que la tinta brillante revelara el nombre del sujeto en la calle perfectamente subrayado.
    Tipo
    Individual
    Líneas
    30
    Estado
    Disponible
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