A mis muy queridos y venerados maestros:
Recibid, os ruego, estas humildes letras, enviadas desde tierras lejanas, con el propósito de aquietar vuestras inquietudes y haceros saber que vuestra enseñanza aún perdura firme en mi pecho. Me hallo sano y con buen ánimo, amparado por la gracia del Altísimo.
Durante mi peregrinaje he conocido a numerosas almas bondadosas y de noble corazón, y presumo que la Providencia habrá de poner muchas más en mi sendero. No obstante, también he debido afrontar no pocas acechanzas. Diversos demonios procuraron seducirme con embustes, quebrantar mi espíritu e incluso segar mi existencia; mas mi fe permaneció inmutable, cual faro en medio de la tempestad.
Lamentablemente, todavía no he logrado consumar la promesa que hice a mi amada Nattasha. El tiempo ha transcurrido con excesiva premura y mis pasos han sido desviados por incontables deberes. Sin embargo, aunque tardía, dicha promesa será cumplida. Así lo juro ante Dios y ante su memoria.
Esta noche volveré a encender un sahumerio en honor de ella y de mi pequeña hija, elevando plegarias por sus almas y suplicando que la paz celestial continúe cobijándolas.
¡Ah! Casi olvido referiros una novedad de gran importancia. He acogido bajo mi tutela a una desdichada niña llamada Sapphire. Su carácter es intrincado y no pocas veces pone a prueba mi paciencia; sin embargo, creo que poco a poco comenzamos a comprendernos. Cada jornada aprendemos algo el uno del otro, y en ello encuentro una dicha que no esperaba hallar.
Estoy convencido de que Nattasha, desde los luminosos reinos celestiales, contemplaría esta situación con inmensa ternura. Quizás incluso reiría dulcemente al verme intentando criar a una niña tan singular como Sapphire. Después de todo, formar una familia fue siempre nuestro anhelo más preciado, y considero que el Señor, en Su infinita misericordia, ha bendecido mis días con su presencia.
Esta misma noche encenderé otro incienso y elevaré oraciones por vosotros. Os imploro, si os es posible, que hagáis lo propio por ellas. Y si la voluntad divina así lo dispone, algún día tendréis el honor de conocer a la pequeña Sapphire con vuestros propios ojos.
Que la luz del Altísimo guíe vuestros pasos y que Su misericordia jamás os abandone.
Con la más profunda estima, respeto y afecto filial.
Atte: Zelkova Legasov.
Recibid, os ruego, estas humildes letras, enviadas desde tierras lejanas, con el propósito de aquietar vuestras inquietudes y haceros saber que vuestra enseñanza aún perdura firme en mi pecho. Me hallo sano y con buen ánimo, amparado por la gracia del Altísimo.
Durante mi peregrinaje he conocido a numerosas almas bondadosas y de noble corazón, y presumo que la Providencia habrá de poner muchas más en mi sendero. No obstante, también he debido afrontar no pocas acechanzas. Diversos demonios procuraron seducirme con embustes, quebrantar mi espíritu e incluso segar mi existencia; mas mi fe permaneció inmutable, cual faro en medio de la tempestad.
Lamentablemente, todavía no he logrado consumar la promesa que hice a mi amada Nattasha. El tiempo ha transcurrido con excesiva premura y mis pasos han sido desviados por incontables deberes. Sin embargo, aunque tardía, dicha promesa será cumplida. Así lo juro ante Dios y ante su memoria.
Esta noche volveré a encender un sahumerio en honor de ella y de mi pequeña hija, elevando plegarias por sus almas y suplicando que la paz celestial continúe cobijándolas.
¡Ah! Casi olvido referiros una novedad de gran importancia. He acogido bajo mi tutela a una desdichada niña llamada Sapphire. Su carácter es intrincado y no pocas veces pone a prueba mi paciencia; sin embargo, creo que poco a poco comenzamos a comprendernos. Cada jornada aprendemos algo el uno del otro, y en ello encuentro una dicha que no esperaba hallar.
Estoy convencido de que Nattasha, desde los luminosos reinos celestiales, contemplaría esta situación con inmensa ternura. Quizás incluso reiría dulcemente al verme intentando criar a una niña tan singular como Sapphire. Después de todo, formar una familia fue siempre nuestro anhelo más preciado, y considero que el Señor, en Su infinita misericordia, ha bendecido mis días con su presencia.
Esta misma noche encenderé otro incienso y elevaré oraciones por vosotros. Os imploro, si os es posible, que hagáis lo propio por ellas. Y si la voluntad divina así lo dispone, algún día tendréis el honor de conocer a la pequeña Sapphire con vuestros propios ojos.
Que la luz del Altísimo guíe vuestros pasos y que Su misericordia jamás os abandone.
Con la más profunda estima, respeto y afecto filial.
Atte: Zelkova Legasov.
A mis muy queridos y venerados maestros:
Recibid, os ruego, estas humildes letras, enviadas desde tierras lejanas, con el propósito de aquietar vuestras inquietudes y haceros saber que vuestra enseñanza aún perdura firme en mi pecho. Me hallo sano y con buen ánimo, amparado por la gracia del Altísimo.
Durante mi peregrinaje he conocido a numerosas almas bondadosas y de noble corazón, y presumo que la Providencia habrá de poner muchas más en mi sendero. No obstante, también he debido afrontar no pocas acechanzas. Diversos demonios procuraron seducirme con embustes, quebrantar mi espíritu e incluso segar mi existencia; mas mi fe permaneció inmutable, cual faro en medio de la tempestad.
Lamentablemente, todavía no he logrado consumar la promesa que hice a mi amada Nattasha. El tiempo ha transcurrido con excesiva premura y mis pasos han sido desviados por incontables deberes. Sin embargo, aunque tardía, dicha promesa será cumplida. Así lo juro ante Dios y ante su memoria.
Esta noche volveré a encender un sahumerio en honor de ella y de mi pequeña hija, elevando plegarias por sus almas y suplicando que la paz celestial continúe cobijándolas.
¡Ah! Casi olvido referiros una novedad de gran importancia. He acogido bajo mi tutela a una desdichada niña llamada Sapphire. Su carácter es intrincado y no pocas veces pone a prueba mi paciencia; sin embargo, creo que poco a poco comenzamos a comprendernos. Cada jornada aprendemos algo el uno del otro, y en ello encuentro una dicha que no esperaba hallar.
Estoy convencido de que Nattasha, desde los luminosos reinos celestiales, contemplaría esta situación con inmensa ternura. Quizás incluso reiría dulcemente al verme intentando criar a una niña tan singular como Sapphire. Después de todo, formar una familia fue siempre nuestro anhelo más preciado, y considero que el Señor, en Su infinita misericordia, ha bendecido mis días con su presencia.
Esta misma noche encenderé otro incienso y elevaré oraciones por vosotros. Os imploro, si os es posible, que hagáis lo propio por ellas. Y si la voluntad divina así lo dispone, algún día tendréis el honor de conocer a la pequeña Sapphire con vuestros propios ojos.
Que la luz del Altísimo guíe vuestros pasos y que Su misericordia jamás os abandone.
Con la más profunda estima, respeto y afecto filial.
Atte: Zelkova Legasov.