• ¿Te gustan los ratones de ciudad o los del campo?
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  • Dents plantées dans l'oubli
    Fandom OC
    Categoría Acción
    [drift_turquoise_lizard_742]

    Un nuevo día representaba un nuevo trabajo.

    La fama de los Feu para resolver problemas llegaba a diversos países. Fuera de su madre patria, se pasaban de boca en boca los rumores de poderosos hermanos capaces de cumplir con cualquier pedido a un buen precio.

    Alguien, o tal vez algunos, con la suficiente red de contactos logró que el dragón llamado Sephtálon aceptara un encargo.

    ¿La recompensa? Una enorme joya llamada "sonrisa de vampiro". Una que luciría muy bien en la colección familiar y que seguro luciría mejor en el cuello de Seryn su hermana.

    ¿Qué le habían encargado?

    Algo extraño, investigar.

    Obtener elementos que sirvieran para identificar la amenaza en la frontera de Praga.

    Múltiples ataques similares a los de una bestia se habían suscitado. Mordidas profundas, y cuerpos envenenados.

    Todo ello hacía un misterio que una elite buscaba resolver, y es por eso que para deslindarse, solicitaban la ayuda de un extranjero como él.

    Después de unas llamadas y un viaje pagado, el dragón llegaría al sitio donde el último ataque ocurrió. Eran las tres horas con veintisiete minutos, y lo que había visto era nada, solo el caminar de pequeños insectos y ratones, pero nada relevante.

    ── Esto parece una pérdida de tiempo. ──

    Exclamaba para sí, en un momento íntimo de reflexión, que se vería opacado por el sonido de unas latas caer.
    [drift_turquoise_lizard_742] Un nuevo día representaba un nuevo trabajo. La fama de los Feu para resolver problemas llegaba a diversos países. Fuera de su madre patria, se pasaban de boca en boca los rumores de poderosos hermanos capaces de cumplir con cualquier pedido a un buen precio. Alguien, o tal vez algunos, con la suficiente red de contactos logró que el dragón llamado Sephtálon aceptara un encargo. ¿La recompensa? Una enorme joya llamada "sonrisa de vampiro". Una que luciría muy bien en la colección familiar y que seguro luciría mejor en el cuello de Seryn su hermana. ¿Qué le habían encargado? Algo extraño, investigar. Obtener elementos que sirvieran para identificar la amenaza en la frontera de Praga. Múltiples ataques similares a los de una bestia se habían suscitado. Mordidas profundas, y cuerpos envenenados. Todo ello hacía un misterio que una elite buscaba resolver, y es por eso que para deslindarse, solicitaban la ayuda de un extranjero como él. Después de unas llamadas y un viaje pagado, el dragón llegaría al sitio donde el último ataque ocurrió. Eran las tres horas con veintisiete minutos, y lo que había visto era nada, solo el caminar de pequeños insectos y ratones, pero nada relevante. ── Esto parece una pérdida de tiempo. ── Exclamaba para sí, en un momento íntimo de reflexión, que se vería opacado por el sonido de unas latas caer.
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  • ── Lo más triste de todo esto, es cómo llegan con un ego muy grande, pero al primer hechizo se vuelven ratones.
    ── Lo más triste de todo esto, es cómo llegan con un ego muy grande, pero al primer hechizo se vuelven ratones.
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  • Astara Jade Ashwood ¿Recuerdas que te quejabas sobre los ratones? Te presento a Otoño, es como tú, le puedes decir Mandarino, es naranjoso.

    [glimmer_titanium_zebra_716] ¿Recuerdas que te quejabas sobre los ratones? Te presento a Otoño, es como tú, le puedes decir Mandarino, es naranjoso.
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  • Que pasa? Les comieron la lengua los ratones?
    Que pasa? Les comieron la lengua los ratones?
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  • Nadie se ha preguntado porqué como manzanas y verduras, en vez de casar ratones (?)
    Nadie se ha preguntado porqué como manzanas y verduras, en vez de casar ratones (?)
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  • —¡Cuando el viejito se ausenta, los ratones hacen fiesta! —le dijo mientras le colocaba a Francesco uno de los lentes que había encontrado en la sala de estar del mayor y se ponía el otro ella misma. Cargó al gato entre sus brazos y se subió a los costosos sofás de la mansión; aquel lugar era demasiado enorme para dos traviesos sueltos. La música aleatoria sonaba a un volumen razonable, lo justo para no incomodar al felino. Dio unos cuantos saltitos sobre el sofá antes de bajarse, dejando a su compañero en el suelo.

    —Vamos a comer hasta quedar rechonchitos —anunció alzando su brazo con entusiasmo, avanzó con paso firme de soldado hacia la cocina, con el felino siguiéndola como si marchara detrás de ella. Al parecerse mucho a su pequeña Adalid, disfrutaba demasiado los dias que debía cuidarlo.


    [Santi12]
    —¡Cuando el viejito se ausenta, los ratones hacen fiesta! —le dijo mientras le colocaba a Francesco uno de los lentes que había encontrado en la sala de estar del mayor y se ponía el otro ella misma. Cargó al gato entre sus brazos y se subió a los costosos sofás de la mansión; aquel lugar era demasiado enorme para dos traviesos sueltos. La música aleatoria sonaba a un volumen razonable, lo justo para no incomodar al felino. Dio unos cuantos saltitos sobre el sofá antes de bajarse, dejando a su compañero en el suelo. —Vamos a comer hasta quedar rechonchitos —anunció alzando su brazo con entusiasmo, avanzó con paso firme de soldado hacia la cocina, con el felino siguiéndola como si marchara detrás de ella. Al parecerse mucho a su pequeña Adalid, disfrutaba demasiado los dias que debía cuidarlo. [Santi12]
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  • Le conseguí a Hiroko un remedio natural para los ratones entre sus libreros.
    Solo espero no le disguste que lo tenemos que entrenar.
    Le conseguí a Hiroko un remedio natural para los ratones entre sus libreros. Solo espero no le disguste que lo tenemos que entrenar.
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  • El sol apenas se colaba por el tragaluz de la bodega, iluminando partículas de polvo que danzaban en el aire como pequeños espíritus traviesos. La puerta chirrió al cerrarse detrás de ella, sellando el encierro voluntario que le había prometido a su nonna esa mañana.

    —Solo un par de cajas, Carmina. ¡Cinque minuti! —había dicho Lucia, con esa sonrisa que siempre escondía más de lo que decía.

    Cinco minutos. Claro.

    La bodega de la tienda era un mundo aparte. Estanterías de metal repletas de latas, fideos, frascos de mermelada antigua (¿eran de la temporada pasada o del siglo pasado?), y un rincón misterioso al fondo donde las cajas estaban etiquetadas con la letra temida: “Misc.”.

    Con una escoba en mano y un trapo al hombro, Carmina suspiró.

    —Al menos no hay ratones… espero.

    Empezó con lo más fácil: barrer. O eso pensó, hasta que descubrió que el polvo estaba tan arraigado al suelo que parecía parte de la decoración. El primer estornudo llegó como una explosión.

    —¡Maledizione! —refunfuñó, sonándose la nariz con el borde de su camiseta.

    Avanzó entre cajas, moviéndolas con esfuerzo, hasta tropezar con algo metálico. Abrió una tapa y encontró una caja antigua llena de postales amarillentas y fotos en blanco y negro. Una de ellas mostraba a su abuelo Pietro, joven, con una sonrisa descomunal, cargando un racimo de plátanos como si fuera un trofeo. En la esquina, una nota a mano: “Primer día con la tienda. 1979.”

    Carmina se detuvo un segundo, sonriendo con ternura.

    —Ay, nonno… siempre tan dramático.

    Guardó la foto en el bolsillo trasero de su jeans, sin pensarlo demasiado. Luego siguió con la limpieza, descubriendo que debajo de cada caja había una historia, un objeto olvidado o una araña que no respetaba su espacio personal.

    Tres horas después, salió de la bodega con la cara empolvada, el cabello desordenado, y una sonrisa triunfal. Sostenía en una mano un viejo letrero de madera que decía: “Benvenuti! Aperto con amore.”

    Lucia la miró desde el mostrador, alzando una ceja.

    —¿Cinque minuti, eh?

    Carmina se encogió de hombros.

    —Me entretuve.

    Lucia sonrió con orgullo, mientras el aroma de café recién hecho llenaba el aire.

    —Ven a tomar algo. Te lo ganaste, tesoro.

    Y Carmina, con las manos sucias pero el corazón lleno, se sentó junto a su nonna, sabiendo que la bodega no solo guardaba productos… también secretos, polvo y recuerdos.
    El sol apenas se colaba por el tragaluz de la bodega, iluminando partículas de polvo que danzaban en el aire como pequeños espíritus traviesos. La puerta chirrió al cerrarse detrás de ella, sellando el encierro voluntario que le había prometido a su nonna esa mañana. —Solo un par de cajas, Carmina. ¡Cinque minuti! —había dicho Lucia, con esa sonrisa que siempre escondía más de lo que decía. Cinco minutos. Claro. La bodega de la tienda era un mundo aparte. Estanterías de metal repletas de latas, fideos, frascos de mermelada antigua (¿eran de la temporada pasada o del siglo pasado?), y un rincón misterioso al fondo donde las cajas estaban etiquetadas con la letra temida: “Misc.”. Con una escoba en mano y un trapo al hombro, Carmina suspiró. —Al menos no hay ratones… espero. Empezó con lo más fácil: barrer. O eso pensó, hasta que descubrió que el polvo estaba tan arraigado al suelo que parecía parte de la decoración. El primer estornudo llegó como una explosión. —¡Maledizione! —refunfuñó, sonándose la nariz con el borde de su camiseta. Avanzó entre cajas, moviéndolas con esfuerzo, hasta tropezar con algo metálico. Abrió una tapa y encontró una caja antigua llena de postales amarillentas y fotos en blanco y negro. Una de ellas mostraba a su abuelo Pietro, joven, con una sonrisa descomunal, cargando un racimo de plátanos como si fuera un trofeo. En la esquina, una nota a mano: “Primer día con la tienda. 1979.” Carmina se detuvo un segundo, sonriendo con ternura. —Ay, nonno… siempre tan dramático. Guardó la foto en el bolsillo trasero de su jeans, sin pensarlo demasiado. Luego siguió con la limpieza, descubriendo que debajo de cada caja había una historia, un objeto olvidado o una araña que no respetaba su espacio personal. Tres horas después, salió de la bodega con la cara empolvada, el cabello desordenado, y una sonrisa triunfal. Sostenía en una mano un viejo letrero de madera que decía: “Benvenuti! Aperto con amore.” Lucia la miró desde el mostrador, alzando una ceja. —¿Cinque minuti, eh? Carmina se encogió de hombros. —Me entretuve. Lucia sonrió con orgullo, mientras el aroma de café recién hecho llenaba el aire. —Ven a tomar algo. Te lo ganaste, tesoro. Y Carmina, con las manos sucias pero el corazón lleno, se sentó junto a su nonna, sabiendo que la bodega no solo guardaba productos… también secretos, polvo y recuerdos.
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  • -cuando digo que las brujas podemos tomar cualquier forma, o de la criatura que mas nos fascina bueno...- solto unas risitas y levanto en sus manos aquel raton -el es guilbert, los ratones fueron su base para un cuerpo fisico-
    -cuando digo que las brujas podemos tomar cualquier forma, o de la criatura que mas nos fascina bueno...- solto unas risitas y levanto en sus manos aquel raton -el es guilbert, los ratones fueron su base para un cuerpo fisico-
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