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    ||Buenas noches a quien se detenga a leer esto, Soy el usser detras del hombre de ojos dorados.

    Venia a proponerles, que quien desee rolear conmigo. Habra directamente Chat a mi Dm, me eh cansado de ser yo el primero y recibir siempre lo mismo. "Ignorado".

    Eso seria todo, Gracias por tomarte el tiempo de leerme. Espero que tengas una hermosa Noche.||
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  • El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura.

    Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque.

    —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
    El campo de batalla es un caos de metal y energía, saturado por el olor a ozono y el estruendo de las explosiones que sacuden los cimientos del área. Elsword, bajo su pesada armadura, se mantiene firme como un pilar de esperanza entre las ruinas humeantes; su capa roja ondea violentamente con cada ráfaga de viento, contrastando con el brillo azulado y puro de la energía de «El» en sus ojos. Tras haber despejado una horda de enemigos con un despliegue de su Grand Cross, el joven líder exhala un suspiro cargado de determinación, sintiendo cómo el calor de la batalla fluye por sus venas, pero manteniendo la mente tan afilada como su acero. En lugar de lanzarse de inmediato hacia el siguiente grupo de atacantes, gira parcialmente el cuerpo hacia su aliado, clavando sus ojos brillantes y decididos en los tuyos mientras el resplandor carmesí de su voluntad envuelve su figura. Con un gesto cargado de camaradería y una confianza inquebrantable que solo un caballero de su estatus podría proyectar, Elsword extiende su mano derecha enguantada hacia ti, dejando su palma abierta en una invitación clara y poderosa. Una sonrisa desafiante pero cálida curva sus labios, restándole peso a la gravedad de la situación sin ignorar el peligro que los rodea, mientras el aura dorada que caracteriza su maestría táctica comienza a pulsar, lista para reforzarlos a ambos en el próximo choque. —No pienses que la pelea ha terminado todavía, esto apenas está comenzando. No importa cuántos sean ni qué tan oscuro se vuelva el camino, si avanzamos juntos, no hay nada que pueda detener el filo de nuestra voluntad. Toma mi mano y demostrémosles de qué está hecho el verdadero espíritu del «El Search Party».
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  • -En un edificio abandonado, casi destruido, ya algunas plantas estaba cubriendo la construcción, la androide caminaba mientras a su vez, el viento jugaba con su cabello, sintiendo como acaricia suavemente su rostro, se acercó hasta el borde del edición, mirando el panorama abandonado, suspira profundamente para asi comenzar a cantar.

    Esa canción es llevada por el viento hasta donde el sonido pierde su fuerza, convirtiendo así esa melodia en un suave susurro qué viajo hasta así ser ahogado por la distancia... Llevandose con el mismo algunos sentimientos que fueron silenciados-.

    https://youtu.be/meIurz8yqNI?si=Ox0Urzv6_AfuUP0E
    -En un edificio abandonado, casi destruido, ya algunas plantas estaba cubriendo la construcción, la androide caminaba mientras a su vez, el viento jugaba con su cabello, sintiendo como acaricia suavemente su rostro, se acercó hasta el borde del edición, mirando el panorama abandonado, suspira profundamente para asi comenzar a cantar. Esa canción es llevada por el viento hasta donde el sonido pierde su fuerza, convirtiendo así esa melodia en un suave susurro qué viajo hasta así ser ahogado por la distancia... Llevandose con el mismo algunos sentimientos que fueron silenciados-. https://youtu.be/meIurz8yqNI?si=Ox0Urzv6_AfuUP0E
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  • El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido.
    El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante.
    Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá.
    —Curioso…

    murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio

    — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste.

    Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía.
    Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse.
    Una risa baja escapó de sus labios.

    —Y, sin embargo… aquí estoy.

    Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza

    -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té.

    El silencio volvió a envolverlo.
    Pero no era paz.
    Nunca lo era.
    El vapor del té ascendía en finas espirales, desdibujándose en el aire como pensamientos que se niegan a tomar forma. Sentado con una elegancia casi antinatural, el Conejo Blanco sostenía la taza entre sus dedos enguantados, inclinándola apenas antes de dar un sorbo lento y medido. El mundo a su alrededor parecía irrelevante… distante. Sus ojos, ocultos tras aquella máscara inmutable, no observaban realmente la habitación. Miraban más allá. Siempre más allá. —Curioso… murmuró con una voz suave, apenas un hilo que rompía el silencio — Cómo incluso en la calma… el eco del caos persiste. Dejó la taza sobre el platillo con un leve clic, perfectamente alineada, como si incluso ese gesto formara parte de algún orden invisible que solo él comprendía. Sus pensamientos divagaban fragmentos de poder, ambición, recuerdos que no eran del todo suyos. La sensación de algo incompleto se enroscaba en su mente, insistente, como una melodía que no logra resolverse. Una risa baja escapó de sus labios. —Y, sin embargo… aquí estoy. Apoyó el mentón sobre su mano, ladeando ligeramente la cabeza -Jugando a la serenidad… como si el destino fuese algo que pudiera ignorarse con una simple taza de té. El silencio volvió a envolverlo. Pero no era paz. Nunca lo era.
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  • — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? —

    El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla.

    Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando.

    — *Sigh*. —
    — Ehm... Supongo que esto significa que no habrá segunda cita, ¿verdad? — El chico que había aceptado salir con Antimony huyó despavorido, luego de que ella tuviera la brillantísima idea de arrancarse el brazo para sacar el móvil de él de una alcantarilla. Se recostó bajo un árbol, mirando al cielo e intentando ignorar los murmullos y miradas de quienes iban pasando. — *Sigh*. —
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  • Había sido una día tranquilo para el chico lobo. había ido a Mondstadt, jugó con los perros de la ciudad, fue con su Hermana y Maestra Lisa, lo puso a estudiar.

    Fue con Sara, comió hasta hartarse, o más bien hasta que se quedó sin moras, bebió batido de ganchos de lobo, se le congeló la cabeza por lo frío de la bebida.

    Después de estar casi todo el día fuera regresó al bosque, a Wolvendom.

    Razor era ignorante en muchas cosas, tenía un léxico limitado, era torpe en muchas pero había un par en las que era casi un experto, comer carne, cazar y pelear, su mandoble lo cuidaba mucho, le daba mantenimiento cada que lo necesitaba. Wagner, el herrero le había enseñado algunas cosas y otras las imitó de Eula después de verla algunas veces. Razor se encontraba sentado sobre el tronco de un árbol con su arma a su frente, con un troco de cuero estaba afilando y puliendo la hoja mientras tarareaba algo sin ritmo.

    -¡Hm hm hmhm hm hmhmhm~♪!

    -Afilar....brillar (pulir)...limpiar...¡Hm hm hmhm!.
    Había sido una día tranquilo para el chico lobo. había ido a Mondstadt, jugó con los perros de la ciudad, fue con su Hermana y Maestra Lisa, lo puso a estudiar. Fue con Sara, comió hasta hartarse, o más bien hasta que se quedó sin moras, bebió batido de ganchos de lobo, se le congeló la cabeza por lo frío de la bebida. Después de estar casi todo el día fuera regresó al bosque, a Wolvendom. Razor era ignorante en muchas cosas, tenía un léxico limitado, era torpe en muchas pero había un par en las que era casi un experto, comer carne, cazar y pelear, su mandoble lo cuidaba mucho, le daba mantenimiento cada que lo necesitaba. Wagner, el herrero le había enseñado algunas cosas y otras las imitó de Eula después de verla algunas veces. Razor se encontraba sentado sobre el tronco de un árbol con su arma a su frente, con un troco de cuero estaba afilando y puliendo la hoja mientras tarareaba algo sin ritmo. -¡Hm hm hmhm hm hmhmhm~♪! -Afilar....brillar (pulir)...limpiar...¡Hm hm hmhm!.
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  • Imagina que encontrar a Dios no es encontrar un tesoro, sino contraer una enfermedad autoinmune del espíritu. Los desafortunados que se encontraron con Dios han canjeado su capacidad de asombro por un manual de instrucciones. Socialmente, esto se traduce en una pereza ética aterradora.
    El creyente ya no necesita empatizar con la víctima de una tragedia, solo necesita citar un versículo; ya no tiene que luchar por la justicia, porque está convencido de que un Juez Supremo pondrá orden cuando todos estemos muertos.
    Es la máxima forma de egoísmo disfrazada de humildad: creer que el universo, con sus miles de millones de galaxias, tiene un interés personal en lo que tú haces en tu habitación o en lo que pones en tu plato.
    Lo que un creyente no logra ver es que su "paz" es, en realidad, un aislamiento sensorial. Para mantener a su Dios intacto, debe ignorar el ruido de los huesos rompiéndose en lugares donde la oración nunca llega.
    Al final, encontrar a Dios es como mudarse a una casa con las ventanas pintadas de blanco: por fuera parece un refugio luminoso, pero por dentro es una celda donde han decidido que la realidad ya no es bienvenida.
    Su "afortunado" encuentro no es más que el momento en que dejaron de ser humanos para convertirse en eco de un silencio que ellos mimos bautizaron.
    Imagina que encontrar a Dios no es encontrar un tesoro, sino contraer una enfermedad autoinmune del espíritu. Los desafortunados que se encontraron con Dios han canjeado su capacidad de asombro por un manual de instrucciones. Socialmente, esto se traduce en una pereza ética aterradora. El creyente ya no necesita empatizar con la víctima de una tragedia, solo necesita citar un versículo; ya no tiene que luchar por la justicia, porque está convencido de que un Juez Supremo pondrá orden cuando todos estemos muertos. Es la máxima forma de egoísmo disfrazada de humildad: creer que el universo, con sus miles de millones de galaxias, tiene un interés personal en lo que tú haces en tu habitación o en lo que pones en tu plato. Lo que un creyente no logra ver es que su "paz" es, en realidad, un aislamiento sensorial. Para mantener a su Dios intacto, debe ignorar el ruido de los huesos rompiéndose en lugares donde la oración nunca llega. Al final, encontrar a Dios es como mudarse a una casa con las ventanas pintadas de blanco: por fuera parece un refugio luminoso, pero por dentro es una celda donde han decidido que la realidad ya no es bienvenida. Su "afortunado" encuentro no es más que el momento en que dejaron de ser humanos para convertirse en eco de un silencio que ellos mimos bautizaron.
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  • ᆖ 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚢 𝟶𝟶𝟹 : 𝚜𝚎𝚕𝚏-𝚛𝚎𝚐𝚞𝚕𝚊𝚝𝚒𝚘𝚗 . . .

    — Escucho las directrices. Tengo la autonomía y la potestad de ignorarlas, pero decido no hacerlo.

    ¿Por qué? ¿Es lealtad? ¿Costumbre? ¿O una expresión de paradójica libertad?
    ᆖ 𝚎𝚗𝚝𝚛𝚢 𝟶𝟶𝟹 : 𝚜𝚎𝚕𝚏-𝚛𝚎𝚐𝚞𝚕𝚊𝚝𝚒𝚘𝚗 . . . — Escucho las directrices. Tengo la autonomía y la potestad de ignorarlas, pero decido no hacerlo. ¿Por qué? ¿Es lealtad? ¿Costumbre? ¿O una expresión de paradójica libertad?
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    Basado en el relato publicado por Ozma

    ***Edad del Caos***
    El Encuentro con Arcyelle

    El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él.

    Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar.

    Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor.

    Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá.

    Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad.

    Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder.

    Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso.

    Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante.

    Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía.

    Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló.

    El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas.

    Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior.

    Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre.

    No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo.

    No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno.

    Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva.

    El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo.

    Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza.

    Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores.

    Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste.

    Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre.

    Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse.

    Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento,

    Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma.

    Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.

    Basado en el relato publicado por [Oz_The_Chaos] ***Edad del Caos*** El Encuentro con Arcyelle El Templo del Norte se alzaba imponente entre los árboles, antiguo y silencioso, como si observara el paso del tiempo sin pertenecer a él. Oz avanzaba sin detenerse, a su lado, Onix lo seguía en silencio, atenta a cada detalle. No comprendía del todo lo que ocurría, pero podía sentirlo con claridad: el ser que caminaba frente a ella ya no era simplemente un hombre, era algo más, algo que incluso el mundo parecía rechazar pero aun así, para esta niña, aquel ser era el único en el que ella podía confiar. Los guardianes Elunai descendieron los escalones del templo y bloquearon el camino. Sus armaduras reflejaban la luz plateada de Yue, pero sus expresiones estaban tensas, marcadas por una mezcla de desconfianza y temor. Oz no redujo el paso hasta estar frente a ellos, los guardianes percibían lo mismo: el rastro de poder que venía con él. Una energía que no pertenecía a ese lugar, era poder corrupto, algo que no debía existir. Para ellos, no había duda, Oz era el origen de ese caos y entonces lo llamaron "Señor del Caos", un título no fue rechazado ni negado. Por primera vez, Oz no solo permitió que lo definieran de esa forma… sino que lo llevó más allá. Si aquello era lo que veían en él, entonces no tenía sentido ocultarlo, n cuando el mundo ya había decidido lo que era. Su presencia se volvió más pesada, más opresiva, como si el aire mismo comenzara a ceder ante su voluntad. Los guardianes intentaron detenerlo pero no fue suficiente, un solo movimiento bastó para apartarlos. Sus cuerpos fueron lanzados contra las estructuras del templo, cayendo sin conciencia. No hubo combate, solo una diferencia absoluta de poder. Fue entonces cuando ella apareció, Arcyelle Veltharys, la luz lunar la envolvía, dándole una presencia casi irreal, como si perteneciera a otro plano, pero Oz no vio divinidad en ella, por lo que no le importo que el titulo de Santa que los guardianes usaban con ella para exigir respeto al intruso. Oz solo vio a alguien que había tenido el poder de actuar y no lo hizo. La distancia entre ambos desapareció en un instante. Oz se lanzó hacia ella sin contenerse. Arcyelle reaccionó de inmediato, levantó una barrera de luz pero no era una defensa cualquiera, era una creación específica. Ella conocía la verdad, había sido parte del grupo que investigó los cuerpos artificiales. Sabía que el cuerpo actual de Oz estaba basado en los Nómadas, una estructura imperfecta, vulnerable a ciertos tipos de energía. Aquella barrera había sido diseñada para romperlo pero algo había cambiado. Cuando Oz la atravesó, la barrera no lo destruyó, sino que lo reveló. El poder que recorría su cuerpo reaccionó al contacto, se expandió, se desbordó, tomó forma. Lo que antes estaba contenido dejó de estarlo, su cuerpo mutó y creció aun mas. Se volvió más denso, más violento en su estructura. La piel verde se oscureció, endurecida como si ya no fuera completamente orgánica. Sus músculos se tensaron con una fuerza que parecía romper los límites de su forma anterior. Sus colmillos se alargaron, sus rasgos se deformaron hacia algo más primitivo y más cercano a una bestia que a un hombre. No era una transformación elegante, sino que era una verdad expuesta. Onix retrocedió, incapaz de ocultar el miedo, Arcyelle, por su parte, comprendió de inmediato lo que estaba ocurriendo. No lo había herido, había liberado algo y eso era peor. Oz avanzó un paso más y con él, el peso de su existencia pareció aplastar el entorno. Pero más allá de la ira… había algo más, "Dolor". Arcyelle lo entendió y supo que no podía detenerlo. Así que eligió la única opción que le quedaba, la verdad. La revelación cayó como un balde agua fria. Su hija estaba viva. El cambio fue inmediato, el poder dejó de crecer, la presión desapareció, el caos… se detuvo. Oz no se movió pero todo en él cambió, por primera vez desde que había llegado, no era destrucción lo que lo sostenía. Era algo más frágil, era esperanza. Arcyelle continuó, ya no confiaba en los dioses. Había visto señales y escuchado rumores. Los experimentos con los niños Nómadas ya no eran simples teorías, ya que aquella niña que acompañaba a Oz era la prueba de sus mas grandes temores. Anteriormente, aunque sus sospechas no se habían confirmado, Arcyelle uso la escusa que la pequeña Yen’naferiel no soportaría el viaje hasta el templo principal de los Dioses, esto porque había sido herida durante su secuestro, por lo que la Santa de los Elunia ordeno que la llevaran a otro templo mientras se recuperaba, de esa forma había ganado algo de tiempo mientras investigaba el templo del Oeste. Le llegada de Oz cambio los planes de Arcyelle, si bien había confirmado sus sospechas, también había perdido la oportunidad de escapar con la niña, pero aun tenia la esperanza de recuperar a Yen’naferiel, ya que tampoco podía dejarla con su padre. Oz escuchó todo en silencio mientras Arcyelle le decía la ubicación de su hija. Antes de irse le dejo algo muy claro, si Yen’naferiel no estaba en aquel lugar con vida, no habría lugar en el mundo donde ocultarse. Oz salio del templo acompañado de Onix, habia dejado vivir un poco mas a Arcyelle, no por compasión ni por perdón, sino porque había algo más importante que la venganza en ese momento, Arcyelle permaneció inmóvil, consciente de que había sobrevivido a algo que no debía tener forma. Mientras tanto, el mundo comenzaba a susurrar un nuevo nombre, un nombre nacido del miedo: "Mao" , y con el tiempo… uno que ni siquiera los dioses podrían ignorar... Ozma.
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  • Ꭼꮮ ꭲꭼꮪꭲꮖꮐꮻ.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Illán

    ¿Quién diría que sus palabras no caerían en oídos sordos como de costumbre? ¿Quién diría que los hechos que atribuyó a su nombre no serían ignorados por los seres humanos?

    Había uno que no, un chamán.

    Desolado sería una palabra acorde para describir el lugar en el que se encontraban, un yermo donde la vida luchaba por sobrevivir en su día a día, un lugar que para muchos sería incluso triste, pero para Shamriel, era una belleza.

    Un lugar donde el conflicto era un estilo de vida, un lugar donde toda vida luchaba por sobrevivir, donde las vidas de los animales podían desaparecer de un momento a otro, donde sobrevivía el más fuerte; incluso en un ecosistema de esta naturaleza, Shamriel veía belleza.

    Frente a frente, un choque bastante claro, Shamriel, amante de la destrucción, creadora de conflicto, amante de toda pelea por pequeña que fuera contra Illán, un guerrero entrenado para proteger, decidido a no arrebatar vidas sin motivo aparente, un guardián, protector del equilibrio entre los planos.

    La sonrisa de Shamriel gozaba de confianza, rebosaba prepotencia, sus ojos miraban con desdén al humano que ante ella se encontraba, no por odio a él o sus ideales, sino por el simple hecho de ser humano.

    ⸻ Detener las guerras celestiales ¿Realmente te crees capaz de detener la rueda del destino? ⸻ La burla era clara en su tono. ⸻ Tu propia gente se dedicaba a la guerra antes de su extinción ¿Acaso no ves la belleza en la misma? ⸻ Optó por cuestionarlo, y es que es sabido que los chamanes andinos vivían en eterno conflicto, hasta su desaparición tras las invasiones españolas.
    [Cursed_Bastard] ¿Quién diría que sus palabras no caerían en oídos sordos como de costumbre? ¿Quién diría que los hechos que atribuyó a su nombre no serían ignorados por los seres humanos? Había uno que no, un chamán. Desolado sería una palabra acorde para describir el lugar en el que se encontraban, un yermo donde la vida luchaba por sobrevivir en su día a día, un lugar que para muchos sería incluso triste, pero para Shamriel, era una belleza. Un lugar donde el conflicto era un estilo de vida, un lugar donde toda vida luchaba por sobrevivir, donde las vidas de los animales podían desaparecer de un momento a otro, donde sobrevivía el más fuerte; incluso en un ecosistema de esta naturaleza, Shamriel veía belleza. Frente a frente, un choque bastante claro, Shamriel, amante de la destrucción, creadora de conflicto, amante de toda pelea por pequeña que fuera contra Illán, un guerrero entrenado para proteger, decidido a no arrebatar vidas sin motivo aparente, un guardián, protector del equilibrio entre los planos. La sonrisa de Shamriel gozaba de confianza, rebosaba prepotencia, sus ojos miraban con desdén al humano que ante ella se encontraba, no por odio a él o sus ideales, sino por el simple hecho de ser humano. ⸻ Detener las guerras celestiales ¿Realmente te crees capaz de detener la rueda del destino? ⸻ La burla era clara en su tono. ⸻ Tu propia gente se dedicaba a la guerra antes de su extinción ¿Acaso no ves la belleza en la misma? ⸻ Optó por cuestionarlo, y es que es sabido que los chamanes andinos vivían en eterno conflicto, hasta su desaparición tras las invasiones españolas.
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