Enciende una fogata con su aliento de fuego, esta vez, a la orilla de un río, no hay peligro ahora, al menos, aun sigue inactivo con la cabeza cercenada que no deja de verle detenidamente.

La figura draconiana solo sujeta con una mano del cuerno la cabeza de esa criatura desconocida, luego la lanza al fuego, esperando que el fuego haga su trabajo, mientras esos ojos huecos siguen viendo a su verdugo ignorando su lamentable situación.
Enciende una fogata con su aliento de fuego, esta vez, a la orilla de un río, no hay peligro ahora, al menos, aun sigue inactivo con la cabeza cercenada que no deja de verle detenidamente. La figura draconiana solo sujeta con una mano del cuerno la cabeza de esa criatura desconocida, luego la lanza al fuego, esperando que el fuego haga su trabajo, mientras esos ojos huecos siguen viendo a su verdugo ignorando su lamentable situación.
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