• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Se que no tiene que ver con rol, pero si tiene que ver con la página, aquí les presento a Ficrol Cat, la mascota de la casa y de la página
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  • No soy una mascota... Podrías no hacer esto...
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  • Nicole se encuentra tocando un poco de guitarra, mientras tras Kyle aprendió un truco nuevo, sí, flotar (?.
    Mientras Nicole toca una famosa pieza de una famosa canción de Sum 41, se aprendió los acordes después de tanto practicar, una canción que a ella le gusta mucho y le identifica personalmente.

    — "That I'm trying to let you know
    That I'm better off on my own." —

    Pronuncia un parte de la canción mientras sigue tocando, una noche en dónde la tranquilidad brilla junto con la Luna, ella acompañada de su mascota Kyle.

    https://youtu.be/hh-ChgH4fbU?si=ZR-WmhzX7M6LYdbF
    Nicole se encuentra tocando un poco de guitarra, mientras tras Kyle aprendió un truco nuevo, sí, flotar (?. Mientras Nicole toca una famosa pieza de una famosa canción de Sum 41, se aprendió los acordes después de tanto practicar, una canción que a ella le gusta mucho y le identifica personalmente. — "That I'm trying to let you know That I'm better off on my own." — Pronuncia un parte de la canción mientras sigue tocando, una noche en dónde la tranquilidad brilla junto con la Luna, ella acompañada de su mascota Kyle. https://youtu.be/hh-ChgH4fbU?si=ZR-WmhzX7M6LYdbF
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  • —encontre a este pequeño felino en la calle.. parece que tengo nueva mascota, toco buscarle un nombre~ ¿Alguna idea? Yo propongo..

    ¡EMPERADOR CUÁNTICO MURTIVERSAL DESTRUCTOR DE GALAXIAS Y PLANETAS!

    lo se, un gran nombre para una criatura tan pequeña y malvada~

    *Giko elevo al felino medio dormido en el aire como si se tratara del rey leon; definitivamente un total emperador del mal*
    —encontre a este pequeño felino en la calle.. parece que tengo nueva mascota, toco buscarle un nombre~ ✨ ¿Alguna idea? Yo propongo.. ¡EMPERADOR CUÁNTICO MURTIVERSAL DESTRUCTOR DE GALAXIAS Y PLANETAS! lo se, un gran nombre para una criatura tan pequeña y malvada~ *Giko elevo al felino medio dormido en el aire como si se tratara del rey leon; definitivamente un total emperador del mal*
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  • [el general Deimos se encontraba aburrido en su castillo por lo que decidio hacer algo para divertirse, este al ver qué los dragones se volvían tan famosos últimamente decidió domesticar a uno para usarlo de transporte así que se dirigió al mundo humano localizando a uno que se encontraba en una zona rocosa cercana a un volcán]

    •una pequeña nube rojiza se formó en el cielo y de su interior salió el general para aterrizar delante de aquel dragón. al ver a este aterrizar el dragón se levantó para estar preparado al no sentir buenas intenciones en aquel demonio•

    Te ves intimidante, serás la mascota perfecta para hacer que otros me tengan miedo y respeto, en fin tu decides chico ¿Lo hacemos por las buenas o las malas?

    Dragón: si piensas que dejaré mí libertad de lado para servirle a un sucio demonio, estas equivocado.

    •el dragón preparo su aliento para arrojar una fuerte llamarada hacia el general pero con una sonrisa confiada el demonio recibió el ataque que terminaría siendo absorbido por su cuerpo•

    Dragón: que fue eso.. ¿¡Que hiciste con mí fuego!?

    Me temo tener que decirte esto.. los ataques elementales no tienen efecto en mí pero aún así te felicito por esforzarte.

    Dragón: no te creas tanto solo por tener esa habilidad ¡No superarás mi resistencia!

    •el dragón lanzó de su cola unos pinchos de magma que explotaban al impactar y cuando vio que el general los esquivo trato de aprovechar la distracción para atacarlo de lado con un golpe su pata superior derecha pero al levantar su pie para el golpe el general apareció justo debajo de su estomago y endureció la piel de su mano para luego cubrir el puño con un aura rojiza•

    Dragón: desgraciado.. inténtalo ¡Será inútil!

    ¿Que te parece si volvemos a la parte importante de la conversación? Para ver si después de esto cambias de opinión.

    •el general le dio un golpe al centro de su estómago haciendo que el dragón se viera obligado a escupir saliva antes de salir disparado hacia el cielo donde el general se teletransporto para esperarlo y con el mismo golpe atacó su lomo provocando que el dragón cayera a gran velocidad impactando contra el suelo, después de eso el general cayó a su lado de pie y colocó su pierna izquierda sobre la cabeza del dragón•

    Muy bien ahora te toca decidir nuevamente ¿Lo hacemos por las buenas o las malas?~
    [el general Deimos se encontraba aburrido en su castillo por lo que decidio hacer algo para divertirse, este al ver qué los dragones se volvían tan famosos últimamente decidió domesticar a uno para usarlo de transporte así que se dirigió al mundo humano localizando a uno que se encontraba en una zona rocosa cercana a un volcán] •una pequeña nube rojiza se formó en el cielo y de su interior salió el general para aterrizar delante de aquel dragón. al ver a este aterrizar el dragón se levantó para estar preparado al no sentir buenas intenciones en aquel demonio• Te ves intimidante, serás la mascota perfecta para hacer que otros me tengan miedo y respeto, en fin tu decides chico ¿Lo hacemos por las buenas o las malas? Dragón: si piensas que dejaré mí libertad de lado para servirle a un sucio demonio, estas equivocado. •el dragón preparo su aliento para arrojar una fuerte llamarada hacia el general pero con una sonrisa confiada el demonio recibió el ataque que terminaría siendo absorbido por su cuerpo• Dragón: que fue eso.. ¿¡Que hiciste con mí fuego!? Me temo tener que decirte esto.. los ataques elementales no tienen efecto en mí pero aún así te felicito por esforzarte. Dragón: no te creas tanto solo por tener esa habilidad ¡No superarás mi resistencia! •el dragón lanzó de su cola unos pinchos de magma que explotaban al impactar y cuando vio que el general los esquivo trato de aprovechar la distracción para atacarlo de lado con un golpe su pata superior derecha pero al levantar su pie para el golpe el general apareció justo debajo de su estomago y endureció la piel de su mano para luego cubrir el puño con un aura rojiza• Dragón: desgraciado.. inténtalo ¡Será inútil! ¿Que te parece si volvemos a la parte importante de la conversación? Para ver si después de esto cambias de opinión. •el general le dio un golpe al centro de su estómago haciendo que el dragón se viera obligado a escupir saliva antes de salir disparado hacia el cielo donde el general se teletransporto para esperarlo y con el mismo golpe atacó su lomo provocando que el dragón cayera a gran velocidad impactando contra el suelo, después de eso el general cayó a su lado de pie y colocó su pierna izquierda sobre la cabeza del dragón• Muy bien ahora te toca decidir nuevamente ¿Lo hacemos por las buenas o las malas?~
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  • El monstruo equivocado
    Categoría Suspenso
    Alina Voss , Jay Brandon White


    La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica.

    Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría.

    El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar.

    Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños.

    Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario.

    Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio.

    Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó.

    Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando.

    El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él.

    Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla.

    Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
    [nova_pearl_goat_760] , [Jay_White] La ciudad llevaba meses pudriéndose con lentitud. Tal vez no completamente literal al sentido de la palabra, pero era claro que el ambiente cambió de forma drástica. Comenzaron como simples desapariciones de ganado para quienes vivían más alejados y trabajaban con sus animales y cultivos. Después empezaron a desaparecer mascotas en cualquier parte de la ciudad. Finalmente, personas. No cualquiera: eran adolescentes y jóvenes adultos, en su mayoría. El miedo había comenzado como rumores entre vecinos y posts ridículos en internet, pero la gracia se perdió por completo cuando encontraron el primer cuerpo cerca del bosque detrás de la vieja carretera. La policía acordonó la zona durante horas, aunque eso no evitó que las fotografías circularan entre estudiantes de secundaria y universitarios antes del anochecer. Habían mordidas enormes, costillas abiertas y marcas que ningún animal de la zona debería ser capaz de dejar. Y, desde ahí, continuaron las desapariciones. A veces encontraban los cuerpos; otras, ni siquiera un solo rastro. Los rumores fueron en alza. Algunos hablaban de sectas o de un asesino en serie, pero los más paranoicos comenzaron a mencionar criaturas, monstruos, cosas que solo existían en leyendas viejas o historias para asustar niños. Elias intentó ignorarlo, pero le resultaba difícil. Primero, gente inocente estaba muriendo; segundo, cada ataque ocurría justo en las noches que él deseaba poder borrar de su existencia: viernes y lunas llenas. Sus excusas a ausencias eran cada vez menos creíbles a pesar que él nunca hizo nada malo siendo él mismo, sino todo lo contrario. Hacía días atrás que notó que las personas lo miraban más de lo usual, que los susurros o conversaciones se detenían bruscamente si él estaba cerca. Lo ponía nervioso al mismo tiempo que podía comprender la razón de la sospecha. Sin embargo, y por igual, tenía la idea que no se trataba de él. La sensación de culpa o tristeza ya no estaban ahí, ni siquiera ese malestar horrendo que le daba antes de tener que vomitar lo que sea que comía durante sus transformaciones. Se trataba de algo diferente. El sentimiento se había vuelto como una rabia en su pecho, de esos cuando uno piensa que invaden su territorio. Ahora, sábado, llegó a casa poco antes que el sol comenzara a salir. Pensó que la noche había sido intensa pues, por primera vez en mucho tiempo, en el momento que recuperó la consciencia sintió y vio su cuerpo más golpeado de lo normal. Habían arañazos largos que cruzaban por su cuerpo y cada músculo le dolía como si hubiese recibido golpes demasiado contundentes, los moretones eran una señal bastante clara. Lo horroroso era que no recordaba a qué cosa se enfrentó. Se obligó a prepararse para salir de casa, hacía tiempo que dejó de descansar como debía luego de cada pérdida de control, no podía permitirse hacerlo con todo lo que estaba pasando. Por eso, a primera hora, tomó su camioneta para ir hacia el centro a comprar unos materiales para la obra en la que estaba trabajando. El ambiente no fue de lo mejor, incluso a esa hora ya habían patrulleros estacionados cerca de la plaza y personas susurrando mientras miraban sus teléfonos. ¿Alguna otra desaparición de la que aún no se esteraba bien? Lo hizo sentir fatal por más que en su interior tenía la sensación que no había sido él. Suspiró, ignorando su cuerpo quejarse con dolor por cada movimiento, por más pequeño que sea, y bajó de la camioneta al mismo tiempo que acomodó su camiseta en un intento algo inútil por cubrir ciertas heridas. Hasta tenía un arañazo que le recorría la mejilla. Entre las personas que pasaban, pudo reconocer a Alina y, de coincidencia, mirando más hacia las tiendas, también vio a Jay.
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  • -me encontraba paseando por la ciudad a esas horas de la noche mientras la lluvia caía sobre mí paraguas provocando un sonido que para mí era relajante-

    Haa~ el clima está cada vez peor no se como vamos a sobrevivir a tantos cambios de clima, ¿Hmm? ¿Esos son gatitos?

    -observe a lo lejos una tienda de mascota con varios gatitos y cachorros asomándose a la ventana en busca de ser adoptados-

    Que lindas criaturitas creo que me voy a llevar a uno o dos de ustedes a casa, mí hermana los va a adorar
    -me encontraba paseando por la ciudad a esas horas de la noche mientras la lluvia caía sobre mí paraguas provocando un sonido que para mí era relajante- Haa~ el clima está cada vez peor no se como vamos a sobrevivir a tantos cambios de clima, ¿Hmm? ¿Esos son gatitos? -observe a lo lejos una tienda de mascota con varios gatitos y cachorros asomándose a la ventana en busca de ser adoptados- Que lindas criaturitas creo que me voy a llevar a uno o dos de ustedes a casa, mí hermana los va a adorar
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    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial.

    A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución.

    A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora.

    Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca.

    — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo —

    La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo.

    — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío—

    El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar.

    — Koldun —

    Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real.

    — Acaba con esto —

    El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden.
    Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
    El pasillo, antes un símbolo de pulcritud institucional, ahora era un lienzo grotesco teñido de rojo. El olor a ozono y sangre fresca llenaba el aire saturado por la luz mortecina de los tubos fluorescentes. Al final del pasillo, Maral Romanov permanecía inmóvil, una figura de negro absoluto cortando la penumbra. Su uniforme táctico, limpio y ajustado, contrastaba violentamente con la carnicería que la rodeaba. Sus ojos carmesí, fríos como el hielo de Siberia, recorrían la escena con una satisfacción glacial. A sus pies, tres hombres yacían esparcidos, sus vidas segadas por la implacable eficiencia de la Bratva. Habían cometido el error fatal de creer que la lealtad se podía negociar, que los secretos de la organización eran mercancía. Peor aún, habían intentado robarle a ella, a la Boss o a la Zarina. En el mundo de Maral, la traición no era un pecado; era una sentencia de muerte. Y ella era la jueza, el jurado y la ejecución. A su izquierda, una presencia inmensa y plateada dominaba el espacio. Koldun, su león albino, era más que una mascota; era la encarnación de su poder, una bestia sagrada vinculada a ella por sangre y magia antigua. Su pelaje blanco como la nieve estaba manchado de carmesí, un testimonio mudo de su propia letalidad. Sus ojos azules, tan gélidos como los de su dueña, vigilaban a los supervivientes con una paciencia depredadora. Maral se giró hacia el único hombre que quedaba en pie, un joven soldado que había sido el último en unirse a la conspiración. Estaba de rodillas, temblando incontrolablemente, su rostro pálido como la cera, sus ojos fijos en la figura de pesadilla que era Koldun. La traición había parecido una buena idea en el momento, una forma rápida de ganar poder y riqueza. Ahora, con la realidad de la muerte respirándole en la nuca, el remordimiento era un sabor amargo en su boca. — No hay segundas oportunidades en la Bratva, pequeño cuervo — La voz de Maral era un susurro que cortaba el silencio como un cuchillo. — Especialmente no para aquellos que intentan robar lo que es mío— El joven intentó hablar, pero el miedo le había robado la voz. Solo pudo emitir un sollozo ahogado, un sonido patético que solo sirvió para aumentar el desdén de Maral. Ella no sentía lástima, ni ira. Solo una resolución fría y calculada. La limpieza era necesaria para mantener la pureza de la organización, para enviar un mensaje que nadie se atrevería a ignorar. — Koldun — Ordenó, su voz suave pero con la fuerza de un decreto real. — Acaba con esto — El león no dudó. Con un rugido que hizo vibrar las paredes, se lanzó hacia adelante, una masa de pelaje y furia. El joven no tuvo tiempo de gritar. El fin fue rápido, limpio y absoluto. Koldun regresó a su lado, lamiendo la sangre de sus garras, sus ojos azules fijos en ella, esperando su próxima orden. Maral observó el cuerpo inerte, la última pieza del rompecabezas de la traición colocada en su lugar. La Bratva estaba limpia. Su poder estaba intacto. Pero la lección de hoy, escrita en sangre y miedo, nunca sería olvidada. Nadie traiciona a la Bratva. Nadie le roba a Maral Romanov. Y vivir para contarlo era un lujo que nadie podía permitirse.
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  • Y mostrando sus garritas, la mascota consigue su croquetita~ grrr~

    ¿Hmm? Oye, oye detente ahí, ¡Deja mis orejas!
    Y mostrando sus garritas, la mascota consigue su croquetita~ grrr~ ¿Hmm? Oye, oye detente ahí, ¡Deja mis orejas! :STK-28:
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  • •el pequeño Cyno caminaba por la zona junto a su mascota Pochi, una especie de chacal pero con una evolución más avanzada•

    Ten cuidado pochi, sostener así tu helado podría hacer que se resbale de tus patitas.
    •el pequeño Cyno caminaba por la zona junto a su mascota Pochi, una especie de chacal pero con una evolución más avanzada• Ten cuidado pochi, sostener así tu helado podría hacer que se resbale de tus patitas.
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