• Me alegro tanto de ver a mi madre pero quién más lo esta es mi prometido, así ya nos tiene a las dos para cocinarle.
    Me alegro tanto de ver a mi madre pero quién más lo esta es mi prometido, así ya nos tiene a las dos para cocinarle.
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  • ¿ Soy yo o huelo cierto pastel de mi segunda madre ?
    ¿ Soy yo o huelo cierto pastel de mi segunda madre ?
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  • 確信できる今だけ重ねて。
    Mikhail Wolfgang

    Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día.

    Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba.

    Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro.

    Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho.

    El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir.

    —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor?

    Dios, que día largo.
    確信できる今だけ重ねて。 [MishaWolfgang0] Mentiría si no dijera que la asfixia lo había perseguido como una sombra durante todo el día. Le costaba horrores sostener las notas altas, robando bocanadas de aire en pausas donde no correspondía; era una situación casi nauseabunda de sobrellevar frente a la clase. Pero Yuiichi no se permitiría detenerse. No iba a abandonar a los niños ni a recortarles el tiempo de lección por un "capricho" de su cuerpo. Con el tiempo, Yuiichi se había vuelto un experto en el arte del disimulo: apoyar la espalda recta contra la pared al cantar para liberar el diafragma, sentarse con frecuencia estratégica mientras ellos copiaban de la pizarra verde, o humedecerse los labios de forma constante sin llegar a beber. La restricción de líquidos era una tortura silenciosa; se estaba muriendo de sed en plena primavera, con la boca pastosa y el pecho rugiendo por un alivio que no llegaba. Le atormentaba la sensación de derrota cada vez que ayudaba a un alumno con un instrumento de viento. Recordaba con una punzada de fracaso el día que tuvo que soltar la trompeta, incapaz de mantener la presión necesaria sin sentir que el corazón se le salía por la garganta. Fue el inicio de una búsqueda desesperada por un instrumento que lo hiciera tan feliz como el violín, pero solo encontraba ecos de su propia limitación. Un fracaso tras otro. Al terminar la jornada, con los ojos irritados por el cansancio y el cuerpo operando casi en reserva, Yuiichi salió al pasillo buscando un poco de aire. Allí se topó con uno de sus alumnos más jóvenes, un pequeño cuya timidez rozaba el miedo, inherente a la de un niño que empieza a hacer cosas nuevas. El niño alguna vez mencionó que su madre era una persona "rara", una palabra casi dignificante, un eufemismo que a Yuiichi le calaba hasta los huesos; él también había lidiado con una madre "rara" en el mejor de los casos. Le dolía ver ese miedo a decepcionar, esa desolación infantil que él conocía tan bien. Se sentía impotente; al final del día, solo era un docente enfermo tratando de no desmoronarse antes de la última campana. Pero el no podía hacer nada, o al menos no mucho. El niño se le acercó como si hubiera visto un fantasma, había tratado de explicar algo que sucedía en la entrada de la institución, no en la reja de la entrada, más bien, en la entrada del edificio. Yuiichi se sorprendió al ver que el hombre extraño seguía allí, estático en los límites de la estructura. Con un paso lento y patoso que no podía evitar, casi arrastrando su propia fatiga, solo se acercó para intervenir. —Disculpe... —Su voz salió más afónica de lo que pretendía. Se vio obligado a tomar una respiración larga y profunda, una que le dolió en el centro del pecho, antes de continuar. No se atrevió a mirarlo a los ojos de inmediato. En su lugar, fijó la vista en las manos del desconocido, buscando cualquier señal de peligro, y luego en sus pies, tratando de estabilizar su propio equilibrio —Esta es una institución educativa... ¿Tiene a algún familiar aquí que venga a buscar? —Hizo una pausa obligatoria, tomando otra bocanada de aire para que sus pulmones no lo traicionaran, aun manteniendo la formalidad con la que se había criado —Si no es así... ¿podría retirarse, por favor? Dios, que día largo.
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  • Madre mía pobre Anne, no se merecía lo que la ha ocurrido.
    Madre mía pobre Anne, no se merecía lo que la ha ocurrido.
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  • — Ah si creo que entendí.— No entendió ni madres, el miércoles de Michis se puso violento vio a Himari pelearse con una doña y lo reproduce en su mente.

    — Pinche letra culera.— Habla bajito.¿?

    https://youtu.be/oFtLUG0JQCI?si=Kc7JKBnhFYs9m4ID
    — Ah si creo que entendí.— No entendió ni madres, el miércoles de Michis se puso violento vio a Himari pelearse con una doña y lo reproduce en su mente. — Pinche letra culera.— Habla bajito.¿? https://youtu.be/oFtLUG0JQCI?si=Kc7JKBnhFYs9m4ID
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  • *-{la cosa}-*
    *una ves hace mucho tiempo recuerdo que me encontraba en la casa donde en aquel entonces vivia con mi amada "madre". Como todas las noches antes de ir a dormir me encontraba leyendo un libro, únicamente con la luz de mi humilde lámpara de mesa como ayuda. Los minutos pasaron y cuando ya estaba en la mitad de mi lectura de la nada se escuchó un ruido*

    —𝕋𝕠𝕔 𝕥𝕠𝕔

    *Alguien estaba llamando a la puerta de mi habitación pero.. eso era muy 𝔼𝕩𝕥𝕣𝕒ñ𝕠 mí madre trabajaba a esas horas y además ella no tenía el hábito de tocar la puerta antes de pasar, tampoco vivíamos con nadie mas. Aun con eso mi cansada mente no lo pensó mucho en ese momento y simplemente me levanté de la cama y abrí la puerta pensando que era mi madre*

    —mami.. se que no deberia estar despierto pero-

    *Mi voz se detuvo con confusión al ver que no había nadie al otro lado de la puerta, sólo unas pisadas extrañas en el suelo y un extrañó ruido de pisadas. En ese momento un miedo inmenso invadió mi mente, me apresuré a cerrar la puerta con seguro y me dirigí rápidamente a mi cama agarrando el teléfono que tenia al lado, intentando llamar a mi madre.. pero ella no contesto y yo en ese tiempo no sabía como contactar a la policía por lo que solo me puede esconder debajo de la cama temblando de miedo. La sola idea de que hubiera algo extraño en la casa me asustaba. En ese entonces aun era un polluelo y la imaginación me jugó en contra.. lo que no sabía es que esa cosa era peor que cualquier moustruo que me imaginara.*

    —b..bien, me quedaré escondido esperando a mamá y cuando l..llegue ella va a espantar al fantasma, solo debo evitar dormirme.. todo va a estar bien

    *Me susurré a mi mismo temblando de miedo pero solo fue cuestión de tiempo para que terminará contradiciendome y sucumbiendo ante el sueño en el peor momento posible, pasaron algunas horas y cuando el sol empezaba a salir un fuerte ruido me desperto*

    —𝕊ℂℝ𝔸ℂℍ¡

    *Me levanté de golpe sentándome en mi cama y sacándome las sabanas de encima, al mirar a un costado noté que mi lámpara de luz había caído al suelo quebrandose en mil pedazos, rápidamente abrí los ojos como platos al notar otro detalle; la puerta de mi habitación se encontraba abierta. Lo que significaba que.. la cosa estaba adentro. No pude evitar llorar y levantarme rápidamente de mí cama, sin embargo cuando intente tocar el suelo mis pies terminaron tocando otra cosa, al mirar hacía abajo note como una mujer se asomaba de abajo de mí cama, mirandome fijamente sin inmutarse en lo absoluto. Senti como un escalofrío invadió todo mi cuerpo y rápidamente retire mis pies de la cara de esa cosa y di un salto lejos de ella*

    —¿Q..quien eres tu?¡

    *La criatura se levanto saliendo debajo de la cama, era una mujer de un aspecto alto y delgado. Dedos tan largos como espaguetis y una sonrisa maquiavélica. Esa cosa se empezo a acercar a mí pero yo no podía moverme, solo podía llorar y cerrar los ojos tratando de creer que esto no era real pero al sentir el tacto frío de la mujer tomándome los brazos, no pude evitar abrir los ojos solo para notar que su rostro espeluznante se encontraba directamente frente al mío*

    —𝔾𝕚𝕜𝕠..

    *Dijo la cosa con una voz extrañamente indescriptible, sentía que tenerla tan cerca mío me llevaría al borde de la locura, intente apartarme pero esa cosa era demasiado fuerte; esa cosa sabía mi nombre y quería algo de mí. yo solo pude intentar llamar a mí mamá pero ni si quiera podía gritar, solo susurraba. La cosa me miro fijamente por un minuto entero antes de abrir la boca mostrando sus dientes filosos como los de un tiburón. Rápidamente la cosa mordió mi cara y solo ahí pude empezar a gritar, sentia como si algo estuviera saliendo de mi cuerpo y sentía como poco a poco perdía la conciencia, repentinamente todo se volvió oscuro.*

    —𝔻𝕖𝕤𝕡𝕚𝕖𝕣𝕥𝕒..

    *Luego de quien sabe cuánto tiempo escuché una suave voz llamándome, al abrir los ojos está ves por fin me encontré con los de mi amada madre y rápidamente le di un abrazo, aferrándome a ella como un koala; mi madre no parecía entender la situación y solo me acaricio suavemente la espalda tratando de reconfortarme... No se que era esa cosa y tampoco se que fue lo que me robo aquel día, lo único que tengo claro es que solo es cuestión de tiempo para que la vuelva a ver*

    *-{la cosa}-* *una ves hace mucho tiempo recuerdo que me encontraba en la casa donde en aquel entonces vivia con mi amada "madre". Como todas las noches antes de ir a dormir me encontraba leyendo un libro, únicamente con la luz de mi humilde lámpara de mesa como ayuda. Los minutos pasaron y cuando ya estaba en la mitad de mi lectura de la nada se escuchó un ruido* —𝕋𝕠𝕔 𝕥𝕠𝕔 *Alguien estaba llamando a la puerta de mi habitación pero.. eso era muy 𝔼𝕩𝕥𝕣𝕒ñ𝕠 mí madre trabajaba a esas horas y además ella no tenía el hábito de tocar la puerta antes de pasar, tampoco vivíamos con nadie mas. Aun con eso mi cansada mente no lo pensó mucho en ese momento y simplemente me levanté de la cama y abrí la puerta pensando que era mi madre* —mami.. se que no deberia estar despierto pero- *Mi voz se detuvo con confusión al ver que no había nadie al otro lado de la puerta, sólo unas pisadas extrañas en el suelo y un extrañó ruido de pisadas. En ese momento un miedo inmenso invadió mi mente, me apresuré a cerrar la puerta con seguro y me dirigí rápidamente a mi cama agarrando el teléfono que tenia al lado, intentando llamar a mi madre.. pero ella no contesto y yo en ese tiempo no sabía como contactar a la policía por lo que solo me puede esconder debajo de la cama temblando de miedo. La sola idea de que hubiera algo extraño en la casa me asustaba. En ese entonces aun era un polluelo y la imaginación me jugó en contra.. lo que no sabía es que esa cosa era peor que cualquier moustruo que me imaginara.* —b..bien, me quedaré escondido esperando a mamá y cuando l..llegue ella va a espantar al fantasma, solo debo evitar dormirme.. todo va a estar bien *Me susurré a mi mismo temblando de miedo pero solo fue cuestión de tiempo para que terminará contradiciendome y sucumbiendo ante el sueño en el peor momento posible, pasaron algunas horas y cuando el sol empezaba a salir un fuerte ruido me desperto* —𝕊ℂℝ𝔸ℂℍ¡ *Me levanté de golpe sentándome en mi cama y sacándome las sabanas de encima, al mirar a un costado noté que mi lámpara de luz había caído al suelo quebrandose en mil pedazos, rápidamente abrí los ojos como platos al notar otro detalle; la puerta de mi habitación se encontraba abierta. Lo que significaba que.. la cosa estaba adentro. No pude evitar llorar y levantarme rápidamente de mí cama, sin embargo cuando intente tocar el suelo mis pies terminaron tocando otra cosa, al mirar hacía abajo note como una mujer se asomaba de abajo de mí cama, mirandome fijamente sin inmutarse en lo absoluto. Senti como un escalofrío invadió todo mi cuerpo y rápidamente retire mis pies de la cara de esa cosa y di un salto lejos de ella* —¿Q..quien eres tu?¡ *La criatura se levanto saliendo debajo de la cama, era una mujer de un aspecto alto y delgado. Dedos tan largos como espaguetis y una sonrisa maquiavélica. Esa cosa se empezo a acercar a mí pero yo no podía moverme, solo podía llorar y cerrar los ojos tratando de creer que esto no era real pero al sentir el tacto frío de la mujer tomándome los brazos, no pude evitar abrir los ojos solo para notar que su rostro espeluznante se encontraba directamente frente al mío* —𝔾𝕚𝕜𝕠.. *Dijo la cosa con una voz extrañamente indescriptible, sentía que tenerla tan cerca mío me llevaría al borde de la locura, intente apartarme pero esa cosa era demasiado fuerte; esa cosa sabía mi nombre y quería algo de mí. yo solo pude intentar llamar a mí mamá pero ni si quiera podía gritar, solo susurraba. La cosa me miro fijamente por un minuto entero antes de abrir la boca mostrando sus dientes filosos como los de un tiburón. Rápidamente la cosa mordió mi cara y solo ahí pude empezar a gritar, sentia como si algo estuviera saliendo de mi cuerpo y sentía como poco a poco perdía la conciencia, repentinamente todo se volvió oscuro.* —𝔻𝕖𝕤𝕡𝕚𝕖𝕣𝕥𝕒.. *Luego de quien sabe cuánto tiempo escuché una suave voz llamándome, al abrir los ojos está ves por fin me encontré con los de mi amada madre y rápidamente le di un abrazo, aferrándome a ella como un koala; mi madre no parecía entender la situación y solo me acaricio suavemente la espalda tratando de reconfortarme... No se que era esa cosa y tampoco se que fue lo que me robo aquel día, lo único que tengo claro es que solo es cuestión de tiempo para que la vuelva a ver*
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  • El angel de una sola Ala miraria a la pobre victima que iba a caer por su mano...O por su espada mejor dicho...

    "Das Pena, pobre Victima de mis objetivos, tu nombre? Nisiquiera lo necesito, creiste que podrias hacerle frente a un dios y moriras a causa de ello en nombre de Madre Jenova"

    Tomaria la masamuse, una espada de 7 pies, dos metros, y empuñandola como si nada apuntaria sin mover siquiera el brazo completo, solamente la mano inclinada hacia aquella proxima victima.

    //Aviso, Sephiroth ataca con mano blanca, recomiendo tener un haz bajo la manga o algo
    El angel de una sola Ala miraria a la pobre victima que iba a caer por su mano...O por su espada mejor dicho... "Das Pena, pobre Victima de mis objetivos, tu nombre? Nisiquiera lo necesito, creiste que podrias hacerle frente a un dios y moriras a causa de ello en nombre de Madre Jenova" Tomaria la masamuse, una espada de 7 pies, dos metros, y empuñandola como si nada apuntaria sin mover siquiera el brazo completo, solamente la mano inclinada hacia aquella proxima victima. //Aviso, Sephiroth ataca con mano blanca, recomiendo tener un haz bajo la manga o algo
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  • — ¡¿¡¿P*TA MADRE KRIS Y AHORA DÓNDE ESTAMOS CABRÓN?!?!

    ×~ Ahora sí dónde los llevó Kris Dreemurr
    🦖— ¡¿¡¿P*TA MADRE KRIS Y AHORA DÓNDE ESTAMOS CABRÓN?!?! ×~ Ahora sí dónde los llevó [Kr1s_Dr33murr] ~×
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  • — Apaga los fuegos artificiales que han estado encendidos durante todo el día de ayer por el día de la mujer.

    En su vida, realmente solo hay (¿hubo?) una. Posiblemente la mujer más fuerte que ha conocido. Maestra inigualable, madre como pocas —.
    — Apaga los fuegos artificiales que han estado encendidos durante todo el día de ayer por el día de la mujer. En su vida, realmente solo hay (¿hubo?) una. Posiblemente la mujer más fuerte que ha conocido. Maestra inigualable, madre como pocas —.
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  • La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría.
    Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba...

    Solo con su madre.

    Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella.
    Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado....


    Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro.

    — ¿Mamá? —

    Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado.
    Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida.

    — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto?

    Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta.
    Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos.

    — Quédate quieta, sólo un poco más...

    Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella.

    — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi

    Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer.
    Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma.
    Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría.

    — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día.
    Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre?


    Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla.
    Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
    La cabeza le daba vueltas mientras colgaba la llamada de su teléfono... Otra llamada no atendida, otra vez de vuelta en el buzón de voz, de nuevo un mensaje que había dejado con la esperanza de una respuesta que probablemente nunca llegaría. Suspiró mientras detenía sus pasos al andar por el pasillo del hotel, sin prestar verdadera atención a su alrededor sino hasta varios minutos después donde, distraídamente, observó la pared de su costado percatándose de un viejo cuadro que allí había colgado. Uno de tantos que ella misma había distribuido por el hotel. Nunca había sido fan o de presumirse a sí misma en cuadros, tal vez fuera la costumbre pero distintos de ellos solían mostrar que no era sólo una fundadora de un hotel de segunda.... Sino la misma princesa del infierno. Cuadros sola, otros con sus padres, otros sólo con su padre y otros como aquel que ahora observaba... Solo con su madre. Ella siempre se había visto espléndida en los cuadros tan cuidadosa y rigurosamente pintados a mano. Incluso en simples pinturas se podía notar la magnificencia de su madre como reina, el poder y la seguridad que ella irradiaba sólo con su sonrisa y su mirada. Siempre perfecta, siempre.... Ella. Mientras que, por otro lado, estaba ella a su lado tan sólo intentándolo. Ni siquiera siendo la sombra de lo que su madre era, de lo que su madre también había esperado que fuera. Aquello le había removido recuerdos del día en que ese cuadro había sido pintado.... Sólo era otro día como cualquier otro, viviendo junto a su madre. Los sirvientes iban y venían mientras su madre sencillamente tarareaba en lo que se observaba en un espejo inspeccionando hasta el más mínimo de los detalles en su apariencia; que cada mechón de su cabello estuviese en su lugar, que ni una arruga se mostrara en sus prendas, que su corona estuviera perfecta sobre su cabeza e, incluso, que la sombra de sus ojos o el tinte de sus labios no se hubiera corrido ni siquiera un milímetro. — ¿Mamá? — Se había asomado por la puerta de la habitación, en realidad hacía varios minutos pero no se había atrevido a interrumpir a su madre. No cuando se la veía tan ocupada con ella misma por lo que había aguardado hasta que creyó había terminado. Recordaba a su madre voltear a su llamado, verla con el atuendo que había elegido para ella aunque portaba una postura más bien cohibida. — Ah, ah, Charlie. Cariño. ¿Qué dijimos de tu postura? No querrás verte tan.... Tú ¿No es cierto? Recordaba su sonrisa, tan cálida, tan segura, mientras se acercaba con elegante andar hasta ella para modificar su postura. Alzando su cabeza desde el mentón, la espalda recta. Al acabar la había observado con aquella mirada tan crítica, tan pensativa, tan solo un momento antes de negar con la cabeza e ir a su tocador donde revolvió entre sus cosas acercándose con un labial en manos. — Quédate quieta, sólo un poco más... Había tomado su rostro desde el mentón, pintando sus labios mientras ella se dejaba dócilmente ni siquiera atreviéndose a hablar para no arruinar el arduo trabajo que hacía en ella. — Y listo. Ahora sí te pareces un poco más a mi Su risa, tan melodiosa, elegante. Su propio corazón hinchándose de alegría cuando decía se le parecía pues nada anhelaba más que ser como su madre, tener su misma seguridad, su aura, su destreza... Ella era la reina que aspiraba a hacer. Siempre servicial pensando en el bienestar de los pecadores, de su pueblo, pero sin olvidarse de ella misma. Habiéndola tomado de los hombros la había animado a acercarse a un espejo donde ambas se posaron delante mientras los imps comenzaban a preparar los materiales para el cuadro de ambas que se pintaría. — Y no lo olvides, Charlie. Mantén la cabeza en alto, muéstrate segura y recuerda que un día el trono será tuyo... Entonces tal vez puedas ser como yo un día. Ow, pero no te preocupes. Yo sí creo en ti ¿Quién lo haría sino tu madre? Su madre creía, como siempre lo había hecho. Volvió a bajar la mirada del cuadro a su celular... Ni un mensaje. Ni una llamada devuelta. Frunció el ceño con cierta tristeza por ello pero enseguida sacudió la cabeza; debía recordar lo que su madre le había enseñado. Debía enorgullecerla aún si ahora no podía verla. Su madre creía en ella y eso era todo lo que necesitaba. Debía seguir sus pasos
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