• ¡Preparen esos preciosos y jugosos culitos, San Valentín está a la vuelta de la esquina y Cupipool tiene ya las flechas cargadas con amor, y que cojones, también con lujuria para que cuando llegue ese día estéis cogiendo como conejos con vuestra pareja ya sea todo el día o solo por la noche~!
    ¡Preparen esos preciosos y jugosos culitos, San Valentín está a la vuelta de la esquina y Cupipool tiene ya las flechas cargadas con amor, y que cojones, también con lujuria para que cuando llegue ese día estéis cogiendo como conejos con vuestra pareja ya sea todo el día o solo por la noche~!
    Me gusta
    1
    0 turnos 0 maullidos
  • No estoy dispuesto a retroceder, ni a soltar, ni a dejar que el tipo bonito y con buenas intenciones de "Jonathan" corrompan el odio que mi dulce hermanita me tiene.
    Es una pena que Jace no esté aquí para ver cómo todo quedará patas arriba sin su "angelical" presencia.
    No estoy dispuesto a retroceder, ni a soltar, ni a dejar que el tipo bonito y con buenas intenciones de "Jonathan" corrompan el odio que mi dulce hermanita me tiene. Es una pena que Jace no esté aquí para ver cómo todo quedará patas arriba sin su "angelical" presencia.
    Me gusta
    Me shockea
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • *chibi estaba en el cajon de arena del parque y estaba excavando como loquito con su cubeta y su pala* owob
    *chibi estaba en el cajon de arena del parque y estaba excavando como loquito con su cubeta y su pala* owob
    Me enjaja
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • ×~ Ayer estaba okay. Hoy... No lo está la verdad... Se siente bajoneada y sin inspiración alguna para tocar. Haría algo sobre la ausencia de su padre o sobre sus sentimientos pero sus dedos no quieren reaccionar... Ni su garganta. Ni su mano. Nada. Está simplemente deprimida... ~×
    ×~ Ayer estaba okay. Hoy... No lo está la verdad... Se siente bajoneada y sin inspiración alguna para tocar. Haría algo sobre la ausencia de su padre o sobre sus sentimientos pero sus dedos no quieren reaccionar... Ni su garganta. Ni su mano. Nada. Está simplemente deprimida... ~×
    Me entristece
    1
    8 turnos 0 maullidos
  • ★Rol abierto

    12:53 a.m

    Qué poca paciencia estoy teniendo últimamente...

    — Le sususrró a la nada, mientras aquella fina estela de humo se escapaba de entre sus labios, aplacando la tenue punzada de ansiedad que comenzaba a trepar por su pecho, hasta pinchar su garganta.
    Esa noche se encontraba particularmente exhausto y la penumbra lo había sorprendido con un terrible insomnio, típico de sus inviernos en ese país al que no se acostumbra, por más tiempo que pasara conociendo el frío de los días y aquella bruma sofocante de sus noches.

    Había salido de su casa, alejada a las afueras de la ciudad, aunque lo suficientemente cerca para ser cómodo y decidió horas antes comenzar a caminar, fue así, que se encontró de repente en medio de los callejones por los que tantas veces había evitado deambular. Quizá era un capricho del destino o solo su torpeza y su despiste, pero lo cierto era, que no se sentía en el más mínimo peligro ¿Alguna vez había sentido miedo realmente? No lo sabía, siempre se cuestionaba si las cosas que sentía las sentía realmente o solo era su cabeza haciendo mímica de la vida por mera supervivencia ¿Se volvería loco si no lo hiciera?

    Cerró sus ojos lentamente, dejando caer su cabeza hacia su espalda, su cuello reposando sobre los finos cabellos negros, largos de más, que le caigan por la nuca. Se perdió, preguntándose si alguna vez se había encontrado realmente. —
    ★Rol abierto 12:53 a.m Qué poca paciencia estoy teniendo últimamente... — Le sususrró a la nada, mientras aquella fina estela de humo se escapaba de entre sus labios, aplacando la tenue punzada de ansiedad que comenzaba a trepar por su pecho, hasta pinchar su garganta. Esa noche se encontraba particularmente exhausto y la penumbra lo había sorprendido con un terrible insomnio, típico de sus inviernos en ese país al que no se acostumbra, por más tiempo que pasara conociendo el frío de los días y aquella bruma sofocante de sus noches. Había salido de su casa, alejada a las afueras de la ciudad, aunque lo suficientemente cerca para ser cómodo y decidió horas antes comenzar a caminar, fue así, que se encontró de repente en medio de los callejones por los que tantas veces había evitado deambular. Quizá era un capricho del destino o solo su torpeza y su despiste, pero lo cierto era, que no se sentía en el más mínimo peligro ¿Alguna vez había sentido miedo realmente? No lo sabía, siempre se cuestionaba si las cosas que sentía las sentía realmente o solo era su cabeza haciendo mímica de la vida por mera supervivencia ¿Se volvería loco si no lo hiciera? Cerró sus ojos lentamente, dejando caer su cabeza hacia su espalda, su cuello reposando sobre los finos cabellos negros, largos de más, que le caigan por la nuca. Se perdió, preguntándose si alguna vez se había encontrado realmente. —
    Me gusta
    Me encocora
    4
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝐊𝐈𝐍𝐆 𝐎𝐅 𝐃𝐑𝐄𝐀𝐌𝐒
    Fandom The Sandman
    Categoría Acción
    Durante los momentos en los que no estaba ocupado atendiendo algun asunto en el reino, solía detenerse a pensar en Johanna y en el breve intercambio de palabras o más bien en esa especie de intercambio, transacción casi del estilo comercial. Ella le había devuelto la arena y él, fiel a su palabra, no solo le había quitado ese recuerdo que tomaba lugar para atormentarla en una pesadilla sino que también se había molestado en bloquear una nueva.

    No tenía un motivo de peso para pensar en ella, pero lo hacía y no sabía de donde surgia esa impeorisa necesidad. Se preguntaba como hacerlo, como acercarse o que podría decirle si, hipotéticamente hablando, decidia visitarla en la vigilia.

    Quizás le interesaria saber que él había conocido a su antepasada hace trecientos años, que también conocía a una versión masculina suya que vivía en otro mundo, otra dimensión. O quizás no le importaría en lo más mínimo. Nunca sabía que decir cuando se trataba de hablar con humanos, tenian intereses diferentes a los suyos; no los entendía ni ellos a él, pero aún así quería saber de ella, hablarle.

    Evitaba hacerse la pregunta más importante, el por que quería hablar con ella, llegando a la conclusión de que no se preguntaría aquello en voz alta porque sabía la respuesta. Estaba... Preocupado por ella y eso tampoco tenía sentido, él era el rey del sueño, era Lord Morfeo, de los Eternos y los Eternos no se preocupaban en exceso por los mortales.

    ──Matthew── Pronunció en voz alta, rompiendo con el silencio en el salón. El cuervo lanzó un graznido y aterrizo delante de él, a los pies de su trono, saludandolo con una reverencia que parecía imposible para un ave. ──Necesito que visites a Johanna Constantine esta noche, quiero saber que esta haciendo. Procura ser discreto, no deseo que piense que la estoy vigilando.

    ──Ehm, jefe... Disculpe mi atrevimiento pero, en teoría esta pidiéndome eso, que la vigile── El ave sacudio su oscuro plumaje en un intento por quitarse los nervios de encima. Lucien ya le había comentado que al rey del sueño no le gustaba que refutaran sus ordenes y así lo demostro al lanzarle una mirada que no daba lugar a réplica. ──Yo solo decía, pero olvíde que dije eso. Usted manda.

    Dicho eso, el ave desplegó sus alas y emprendió vuelo hacia la vigilia en búsqueda de la exorcista, esperando no tardar demasiado en dar con ella.

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ﹙ . . . ﹚

    La noche cubría con su manto las calles de Londres. Había terminado de llover y el suelo olía a tierra mojada, algunos vehículos transitaban con preocupación, hundiendo las ruedas en los charcos de agua. Casi no se veían personas, solo algunas parejas o aquellos que trataban de volver a sus hogares después de una larga jornada de trabajo.

    Como primera opción, Matthew busco a Johanna en algunos parques, cerca de las parroquias, en las iglesias menos conocidas y en callejones más oscuros que sus plumas; hasta que su cerebro de ave le dio una buena idea y lo llevo a sobrevolar por la zona de los pubs y bares.

    Para su suerte, apenas llegar identifico a Johanna saliendo de un pub por la parte de atrás. El cuervo abandono su lugar de vigilancia sobre una farola y comenzó a seguirla, teniendo cuidado de mantener una distancia prudente. Si ella frenaba, él también. Si ella entraba en una tienda, él la esperaba, pero llego un momento en el que tuvo que ocultarse en un grupo de palomas cuando cruzando un parque, ella volteo hacia atrás por quien sabe que motivo, según él había sido discreto aunque la discreción no silenciaba el ruido de sus alas.

    No la creía tan ingenua como para no reconocerlo, pero en la noche todos los pájaros eran negros. Quizás no eran tan grandes como un cuervo, pero esas palomas en el parque estaban acostumbradas a las personas, lo suficiente como para no inmutarse por la cercanía de una persona y era claro que tampoco pasaban hambre, estaban bien alimentadas. Algunas eran tan gordas que casi llegaban a igualar su tamaño, más aún si se agachaba entre ellas como lo hizo para esconderse de la mirada de la hechicera.

    Finalmente, tras camuflarse entre las palomas y ser picoteado por ellas. Recibir un golpe con el bastón de una anciana que lo confundio con un murciélago y casi convertirse en la cena de un gato callejero, llego junto a Johanna hasta su hogar.

    Ella entró, él voló hasta una ventana y se paseo por las demás hasta dar con el piso en el que vivía. Podía decirse que había pasado la parte difícil de su misión, ahora le tocaba la parte que consideraba sencilla, quedarse ahí a observar. No sabía hasta cuando, el rey del sueño no le había especificado esa parte pero suponía que su rey llegaría hasta donde estaba cuando ella estuviera durmiendo.

    Johanna Constantine
    Durante los momentos en los que no estaba ocupado atendiendo algun asunto en el reino, solía detenerse a pensar en Johanna y en el breve intercambio de palabras o más bien en esa especie de intercambio, transacción casi del estilo comercial. Ella le había devuelto la arena y él, fiel a su palabra, no solo le había quitado ese recuerdo que tomaba lugar para atormentarla en una pesadilla sino que también se había molestado en bloquear una nueva. No tenía un motivo de peso para pensar en ella, pero lo hacía y no sabía de donde surgia esa impeorisa necesidad. Se preguntaba como hacerlo, como acercarse o que podría decirle si, hipotéticamente hablando, decidia visitarla en la vigilia. Quizás le interesaria saber que él había conocido a su antepasada hace trecientos años, que también conocía a una versión masculina suya que vivía en otro mundo, otra dimensión. O quizás no le importaría en lo más mínimo. Nunca sabía que decir cuando se trataba de hablar con humanos, tenian intereses diferentes a los suyos; no los entendía ni ellos a él, pero aún así quería saber de ella, hablarle. Evitaba hacerse la pregunta más importante, el por que quería hablar con ella, llegando a la conclusión de que no se preguntaría aquello en voz alta porque sabía la respuesta. Estaba... Preocupado por ella y eso tampoco tenía sentido, él era el rey del sueño, era Lord Morfeo, de los Eternos y los Eternos no se preocupaban en exceso por los mortales. ──Matthew── Pronunció en voz alta, rompiendo con el silencio en el salón. El cuervo lanzó un graznido y aterrizo delante de él, a los pies de su trono, saludandolo con una reverencia que parecía imposible para un ave. ──Necesito que visites a Johanna Constantine esta noche, quiero saber que esta haciendo. Procura ser discreto, no deseo que piense que la estoy vigilando. ──Ehm, jefe... Disculpe mi atrevimiento pero, en teoría esta pidiéndome eso, que la vigile── El ave sacudio su oscuro plumaje en un intento por quitarse los nervios de encima. Lucien ya le había comentado que al rey del sueño no le gustaba que refutaran sus ordenes y así lo demostro al lanzarle una mirada que no daba lugar a réplica. ──Yo solo decía, pero olvíde que dije eso. Usted manda. Dicho eso, el ave desplegó sus alas y emprendió vuelo hacia la vigilia en búsqueda de la exorcista, esperando no tardar demasiado en dar con ella. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ﹙ . . . ﹚ La noche cubría con su manto las calles de Londres. Había terminado de llover y el suelo olía a tierra mojada, algunos vehículos transitaban con preocupación, hundiendo las ruedas en los charcos de agua. Casi no se veían personas, solo algunas parejas o aquellos que trataban de volver a sus hogares después de una larga jornada de trabajo. Como primera opción, Matthew busco a Johanna en algunos parques, cerca de las parroquias, en las iglesias menos conocidas y en callejones más oscuros que sus plumas; hasta que su cerebro de ave le dio una buena idea y lo llevo a sobrevolar por la zona de los pubs y bares. Para su suerte, apenas llegar identifico a Johanna saliendo de un pub por la parte de atrás. El cuervo abandono su lugar de vigilancia sobre una farola y comenzó a seguirla, teniendo cuidado de mantener una distancia prudente. Si ella frenaba, él también. Si ella entraba en una tienda, él la esperaba, pero llego un momento en el que tuvo que ocultarse en un grupo de palomas cuando cruzando un parque, ella volteo hacia atrás por quien sabe que motivo, según él había sido discreto aunque la discreción no silenciaba el ruido de sus alas. No la creía tan ingenua como para no reconocerlo, pero en la noche todos los pájaros eran negros. Quizás no eran tan grandes como un cuervo, pero esas palomas en el parque estaban acostumbradas a las personas, lo suficiente como para no inmutarse por la cercanía de una persona y era claro que tampoco pasaban hambre, estaban bien alimentadas. Algunas eran tan gordas que casi llegaban a igualar su tamaño, más aún si se agachaba entre ellas como lo hizo para esconderse de la mirada de la hechicera. Finalmente, tras camuflarse entre las palomas y ser picoteado por ellas. Recibir un golpe con el bastón de una anciana que lo confundio con un murciélago y casi convertirse en la cena de un gato callejero, llego junto a Johanna hasta su hogar. Ella entró, él voló hasta una ventana y se paseo por las demás hasta dar con el piso en el que vivía. Podía decirse que había pasado la parte difícil de su misión, ahora le tocaba la parte que consideraba sencilla, quedarse ahí a observar. No sabía hasta cuando, el rey del sueño no le había especificado esa parte pero suponía que su rey llegaría hasta donde estaba cuando ella estuviera durmiendo. [Wicca93]
    Tipo
    Grupal
    Líneas
    Cualquier línea
    Estado
    Disponible
    Me gusta
    5
    1 turno 0 maullidos
  • —Cuando digo que vendo deseos la gente cree que soy como un hada madrina... Pero en realidad soy como el hada de las malas decisiones que te da un empujoncito. De nada (?)
    —Cuando digo que vendo deseos la gente cree que soy como un hada madrina... Pero en realidad soy como el hada de las malas decisiones que te da un empujoncito. De nada (?)
    Me enjaja
    Me encocora
    Me gusta
    7
    85 turnos 0 maullidos
  • ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física.

    Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura.

    El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó.

    Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él.

    Ahí va el vampiro
    - Dijo una voz burlona -

    - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas -

    Déjenme en paz
    - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon -

    ¿Escucharon eso?
    - Dijo otro chico -
    El monstruo sabe hablar

    - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho -

    ¿Es cierto que bebes sangre?
    - Preguntó uno, acercándose demasiado -
    ¿O solo eres un enfermo asqueroso?

    No es así…
    - Leo intentó decir con la voz temblándole -
    Yo no elegí esto...

    Claro que no
    - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago -
    Nadie elige ser una cosa tan desagradable

    - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas -

    ¿Y si nos muerde?
    - Dijo uno fingiendo miedo -
    Capaz y nos contagia

    Míralo
    - Aañadió otro -
    Da asco, deberían encerrarte

    - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano -

    ¡Fué suficiente!
    - Uno de ellos gritó al final -
    Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez

    Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre.

    Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    ♡: Leo tenía veintiún años cuando por fin encontró una forma de decir su nombre sin que sonara a una disculpa. Había pasado mucho tiempo desde el diagnóstico, desde aquella palabra clínica y absurda que los médicos usaron para nombrar su condición, "una alteración rarísima del metabolismo que lo hacía depender de la sangre humana para sobrevivir". No era una metáfora ni una invención suya, era una realidad y una necesidad física. Al principio nada parecía fuera de lo común, fué un niño "normal", uno que se desmayaba con facilidad, que enfermaba seguido, hasta que a los trece años su cuerpo empezó a fallar de maneras que nadie entendía. La sangre en pequeñas cantidades y controladas lo mantenía con vida. Sin ella, su corazón se volvía lento, su vista se nublaba y el mundo parecía alejarse como si estuviera hundiéndose en agua oscura. El problema no fue la condición, fueron las personas. A los dieciséis años, Leo todavía creía que podía ocultarlo. Que si caminaba con la cabeza baja y si fingía normalidad, el mundo le permitiría existir en silencio, pero se equivocó. Aquella tarde, hace cinco años, el cielo estaba gris y el patio trasero de la escuela olía a tierra mojada, es un recuerdo vívido. Leo salía por la reja lateral cuando escuchó pasos apresurados detrás de él. Ahí va el vampiro - Dijo una voz burlona - - Se detuvo. No por valentía, sino porque sabía que correr solo empeoraría las cosas - Déjenme en paz - Leo murmuró sin girarse y aquellas risas lo rodearon - ¿Escucharon eso? - Dijo otro chico - El monstruo sabe hablar - Uno de ellos lo empujó contra la pared. Leo sintió el golpe seco en la espalda y el aire salirle del pecho - ¿Es cierto que bebes sangre? - Preguntó uno, acercándose demasiado - ¿O solo eres un enfermo asqueroso? No es así… - Leo intentó decir con la voz temblándole - Yo no elegí esto... Claro que no - Respondió otro, dándole un golpe en el estómago - Nadie elige ser una cosa tan desagradable - Cayó al suelo y las rodillas le ardieron al chocar con el cemento. Aquellos golpes no eran constantes, sino caóticos, como si cada uno quisiera dejar su marca. Patadas, empujones, risas - ¿Y si nos muerde? - Dijo uno fingiendo miedo - Capaz y nos contagia Míralo - Aañadió otro - Da asco, deberían encerrarte - Leo se cubrió la cabeza con los brazos. No lloró. Aprendió muy pronto que llorar no detenía nada. Lo que dolía no eran los golpes, sino la certeza de que, para ellos, ya no era humano - ¡Fué suficiente! - Uno de ellos gritó al final - Lárgate, monstruo, no te acerques a nadie normal otra vez Cuando se fueron, el silencio fue peor, Leo se quedó ahí unos segundos, temblando, sintiendo cómo su cuerpo pedía aquello que tanto odiaba necesitar... sangre. Actualmente, Leo todavía recuerda esa escena con una claridad, la vida para él no siempre fué de color rosa pero aún así hay cosas que nunca se olvidan, nunca dejó de pensar en que tal vez todas las hadas tienen el cabello de dicho color.
    Me entristece
    3
    0 turnos 0 maullidos
  • 𝐌𝐈𝐑𝐑𝐎𝐑 𝐄𝐒𝐎𝐓𝐄𝐑𝐈𝐂𝐀

    Arte, historia y misterio en un solo reflejo.

    Fundada en 1998 en los callejones de Insadong, Seúl, Mirror Esotérica nació como una pequeña tienda de antigüedades creada por Mi-yeon Seong, restauradora e historiadora ritual.

    Tras su desaparición, el proyecto fue transformado y expandido por su hijo, Jaejun Sanren Seong, hasta convertirse en el espacio cultural que es hoy.

    Mirror Esotérica no es un museo tradicional:
    es una experiencia donde conviven antigüedades, manuscritos, arte simbólico y piezas únicas de distintas culturas.

    La entrada es gratuita.
    No se exige creer en nada. Solo mirar con atención.

    Con sedes en Seúl, Milán, Londres, Tokio, Hong Kong y Dubái.
    𝐌𝐈𝐑𝐑𝐎𝐑 𝐄𝐒𝐎𝐓𝐄𝐑𝐈𝐂𝐀 Arte, historia y misterio en un solo reflejo. Fundada en 1998 en los callejones de Insadong, Seúl, Mirror Esotérica nació como una pequeña tienda de antigüedades creada por Mi-yeon Seong, restauradora e historiadora ritual. Tras su desaparición, el proyecto fue transformado y expandido por su hijo, Jaejun Sanren Seong, hasta convertirse en el espacio cultural que es hoy. Mirror Esotérica no es un museo tradicional: es una experiencia donde conviven antigüedades, manuscritos, arte simbólico y piezas únicas de distintas culturas. La entrada es gratuita. No se exige creer en nada. Solo mirar con atención. Con sedes en Seúl, Milán, Londres, Tokio, Hong Kong y Dubái.
    Me shockea
    1
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    ||• Creeeeu que voy a dejar el modo stalker , porque me agobio y me da la bajona jajajajaja #HELPINEDSOMEBODYHELP (?)
    ||• Creeeeu que voy a dejar el modo stalker , porque me agobio y me da la bajona jajajajaja #HELPINEDSOMEBODYHELP (?)
    Me shockea
    2
    4 comentarios 0 compartidos
Ver más resultados
Patrocinados