• Giros, existe el cielo y un estado de coma.

    ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante.

    ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso.

    ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada.

    ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli.

    ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
    Giros, existe el cielo y un estado de coma. ​La jornada se había extendido hasta volverse asfixiante; una ironía molesta para el día de su cumpleaños. Sin embargo, la necesidad dictaba sus pasos: sus ahorros se habían desangrado, gota a gota, entre las estériles paredes del hospital. Ahora, se hallaba inmerso en el gélido abrazo del invierno citadino. Resultaba asombroso cómo la nieve persistía en su danza interminable; aunque el calendario sugería que el final de febrero o los albores de marzo marcarían el retiro del frío, el paisaje blanco parecía reclamar un dominio eterno. No es que detestara el invierno, pero anhelaba la caricia reconfortante del verano, ese calor que su cuerpo, delgado y quebradizo por una fragilidad congénita, rara vez lograba retener. Un onsen, pensó con un suspiro, sería el paraíso en ese instante. ​Afortunadamente, su corazón le daba una tregua. Tras un largo periodo sin incidentes, el deseo de celebrar, aunque fuese de forma mínima, comenzaba a germinar en su pecho. Consideró la idea de beber con sus antiguos compañeros de orquesta, una noción que oscilaba entre lo agradable y lo agridulce. Sabía que la velada derivaría en esa insistente e incómoda pregunta: ¿por qué no volvía al violín? No podía culparlos por su curiosidad; después de todo, se había guardado para sí los motivos que lo obligaron a abandonar las cuerdas a mitad de su carrera, protegiendo su secreto con un celo casi religioso. ​Había abandonado su puesto de trabajo al filo de la noche. Tras encadenar sesiones de canto y piano, el agotamiento pesaba en sus hombros; sentía las manos agarrotadas y la garganta como un desierto de ceniza. Definitivamente, necesitaba un trago. Nada pretencioso: un gurin sería el capricho perfecto para sellar la jornada. ​Al cruzar el umbral hacia el exterior, observó cómo la última luz del sol agonizaba en el horizonte. El frío golpeó con saña, tiñendo de carmín sus mejillas y nariz, mientras sus dedos se entumecían pese al resguardo de sus preciados guantes de lana. Sin paraguas, inició una caminata pausada, permitiendo que el dolor sordo de sus articulaciones marcara el ritmo de sus pasos. De pronto, el cielo arreció en su nevada, obligándolo a apresurarse. Su abrigo, aunque generoso, dejaba su rostro a merced de los copos que, como fragmentos de cristal, se enredaban en sus cortas pestañas. Pese a la inclemencia, una chispa de júbilo le iluminó el rostro; caminaba con una sonrisa discreta, casi risueña, abriéndose paso entre la multitud anónima de la metrópoli. ​Alcanzó el bar antes de lo previsto. Nunca había sido un devoto de la ciudad; prefería el susurro del campo o la salitre de la costa, la claridad del aire y el calor húmedo que abraza la piel. No obstante, empezaba a comprender que debía hacer las paces con su entorno. Se acomodó en una mesa retirada, lejos de la corriente de la puerta y del bullicio excesivo. Al despojarse de la chaqueta con un movimiento un tanto brusco, la tela se ciñó revelando la prominencia de su cadera, un vestigio de su delgadez. Finalmente se sentó, entregándose a la espera de ese primer sorbo del sake y ron japonés en el gurin, cuyo aroma azucarado prometía adormecer sus sentidos en una solitaria y necesaria celebración.
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  • —Hola cómo están está tarde les contaré la historia de Cinthia espero y disfruten del relato —

    hace cinco años, cuando tenía 20, vivía con mi madre, mis tías y mi abuela en una antigua casa de campo a las afueras del pueblo. Desde que tengo memoria, ellas se habían dedicado a la brujería, algo que, aunque no compartía, había aceptado como parte de mi vida. No obstante, esa noche en particular fue diferente, pues nunca antes había presenciado uno de sus rituales.

    Era una noche oscura y lúgubre, en la que apenas se distinguía la luz de la luna entre las nubes. Había un aire pesado y denso que me rodeaba, como si presintiera que algo extraño estaba a punto de suceder. Mi familia decidió realizar un ritual para alejar las malas vibras de nuestra casa, y aunque no era mi costumbre, decidí unirme a ellas.

    Nos dirigimos hacia una cueva ubicada cerca de nuestra casa, un lugar que siempre me había parecido tenebroso y del cual había evitado acercarme. Sin embargo, esta vez me encontraba caminando hacia allí, acompañada por el sonido de nuestras pisadas en la hojarasca y el murmullo de las ramas moviéndose por el viento.

    Al llegar a la entrada de la cueva, mis tías encendieron velas, mientras mi abuela sostenía en sus manos unos libros antiguos y polvorientos cuyo contenido desconocía. La luz de las velas proyectaba sombras fantasmagóricas en las paredes de la cueva, lo que acentuaba mi creciente sensación de inquietud.

    Mis tías comenzaron a preparar el ritual, disponiendo todo lo necesario en el suelo. Entre los elementos que utilizarían, había una botella con sangre de cabra y un mechón de cabello del cual no sabía su procedencia. La simple visión de esos objetos aumentaba mi temor, pero decidí mantener la compostura y seguir adelante.

    A medida que el ritual avanzaba, mis tías y mi abuela recitaban palabras en un idioma que no reconocía, y yo me mantenía en silencio, observando cada movimiento con cautela. No podía evitar sentir que algo no estaba bien, que aquel ritual tenía un propósito más oscuro del que me habían contado.

    No obstante, me encontraba allí, en medio de la oscuridad, junto a mi familia, sintiendo cómo una energía inquietante se apoderaba de la cueva. En mi mente, una mezcla de miedo y curiosidad me impulsaba a quedarme y descubrir qué sucedería a continuación, sin saber que aquella noche sería solo el comienzo de una serie de aterradores acontecimientos que cambiarían mi vida para siempre.

    En ese momento, casi al finalizar el ritual, mi abuela mencionó el nombre de mi novio, Jorge. Sentí cómo mi corazón se detenía por un instante y mi sangre se helaba en las venas. A pesar de mi miedo, la ira comenzó a apoderarse de mí. No podía creer que mi familia estuviera haciendo algo en contra de la persona a la que amaba.

    Enfurecida, me abalancé sobre el altar improvisado y arrojé al suelo las velas y la sangre que estaba en un florero. La oscuridad invadió la cueva mientras las llamas se apagaban, y el eco de mis acciones retumbaba en las paredes de piedra.

    Mis tías y mi abuela me miraron sorprendidas, mientras mi madre intentaba justificar sus acciones, diciéndome que Jorge no me convenía, que no tenía trabajo y era poco agraciado, y que yo merecía a alguien mejor. En ese momento, mi enojo alcanzó su punto máximo y, sin poder contenerme, les grité que no se metieran en mi vida.

    La cueva parecía vibrar con la intensidad de mis palabras, como si las propias paredes pudieran sentir mi ira y mi dolor. Mi madre y mis tías bajaron la mirada, mientras mi abuela me observaba con una expresión indescifrable en su rostro arrugado.

    La ira se disipó lentamente, dejando tras de sí un profundo sentimiento de tristeza y traición. Me di cuenta de que, en su afán por protegerme y guiarme, mi familia había cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar del amor que sentía por ellas, sabía que ya no podría confiar en ellas de la misma manera.

    En silencio, recogí las velas apagadas y salí de la cueva, dejando atrás a mi familia y el ritual inconcluso. La noche había recuperado su oscuridad y frío, pero mi corazón ardiendo de furia e indignación me mantenía caliente mientras me alejaba de aquel lugar.

    No sabía qué me depararía el futuro después de esa traición, pero estaba decidida a enfrentar cualquier desafío por mi cuenta, sin dejarme influenciar por las creencias y deseos de mi familia. Lo que no imaginaba era que aquella noche de traición y furia sería solo el inicio de una serie de eventos escalofriantes que pondrían a prueba mi valentía y cambiarían mi vida para siempre.

    Apenas llegué a casa, tomé una maleta y comencé a llenarla con mi ropa y pertenencias más importantes, decidida a irme a casa de Jorge, quien vivía a poca distancia. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar donde mi familia había intentado manipular mi vida sin mí consentimiento.

    Estaba a punto de salir por la puerta cuando las brujas de mi familia aparecieron frente a mí. Una de mis tías me miró con seriedad y me dijo que entendía mi enojo, pero que lo que había hecho estaba muy mal. Me explicó que dejar un ritual inconcluso podría traer graves consecuencias, ya que estaba jugando con fuerzas que no debían ser tomadas a la ligera. Hizo alusión a que el diablo no toleraba ese tipo de juegos.

    A pesar de sus palabras, no podía dejar de sentir coraje hacia ellas. Les respondí con firmeza que no me importaban las consecuencias y que me iba de esa casa para que no me molestaran más. Les pedí que dejaran en paz a Jorge y que no intentaran interferir en nuestra relación de nuevo.

    Mis tías y mi madre parecieron sorprendidas por mi determinación, pero mi abuela me observó con una expresión preocupada en su rostro. A pesar de su reacción, me mantuve firme en mi decisión y salí de la casa, sintiendo un peso en mi pecho que me oprimía.

    Llegué a casa de Jorge y le conté lo sucedido, buscando consuelo y apoyo en él. Él me abrazó con fuerza, prometiéndome que estaríamos juntos y enfrentaríamos cualquier cosa que se nos presentara. Aunque sus palabras me reconfortaron, no pude evitar sentir un temor creciente en mi interior, como si el abismo de lo desconocido se abriera ante mí.

    La advertencia de mi tía sobre las consecuencias de dejar un ritual inconcluso retumbaba en mi mente, pero me negaba a darle importancia. No quería que el miedo gobernara mi vida y mis decisiones, pero lo que no sabía era que esa noche había desatado fuerzas oscuras que no tardarían en manifestarse.

    Las primeras semanas en casa de Jorge transcurrieron sin incidentes. Nos sentíamos felices y seguros juntos, y yo comenzaba a olvidar los eventos aterradores que habían llevado a mi huida de la casa de mi familia. Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho.

    Una noche, mientras estábamos acostados en la cama, comenzamos a escuchar un extraño sonido, como si algo estuviera arañando las paredes. Nos miramos con inquietud, pero no le dimos mayor importancia, atribuyéndolo a algún animal nocturno o al viento.

    Otra noche, Jorge metió la mano debajo de la cama para buscar algo que había dejado caer y sintió que algo lamió su mano. Retiró la mano rápidamente, describiendo una lengua fría, rasposa y asquerosa. Ambos nos quedamos estupefactos y asustados, pero no encontramos ninguna explicación lógica para lo sucedido.

    El miedo comenzó a apoderarse de nosotros cuando, en otra ocasión, mientras dormíamos, fuimos despertados por ruidos en la habitación. Al abrir los ojos, vimos algo que parecía sacado de nuestras peores pesadillas: dos de los peluches de Jorge parecían haber cobrado vida y se burlaban de nosotros, señalándonos y riéndose con malicia.

    El terror nos invadió por completo, y comenzamos a cuestionarnos si lo que estaba sucediendo tenía alguna conexión con el ritual inconcluso que había interrumpido semanas atrás. La advertencia de mi tía resonaba en mi mente, y no pude evitar sentir que, en mi desesperación por proteger a Jorge, había desatado fuerzas oscuras y peligrosas que ahora nos acechaban.

    Sabía que debía enfrentar el problema y buscar una solución antes de que las cosas empeoraran, pero no tenía idea de cómo hacerlo. Había dejado atrás a mi familia y sus conocimientos sobre brujería, y ahora me encontraba atrapada en una situación que amenazaba con destruir la vida que había construido junto a Jorge.

    Con cada nueva manifestación de esas fuerzas oscuras, la tensión y el miedo se apoderaban cada vez más de nuestras vidas. La incertidumbre y la angustia nos atormentaban día y noche, y sabíamos que debíamos encontrar una manera de detener ese tormento antes de que fuera demasiado tarde.

    La situación empeoró considerablemente. Un día, mientras Jorge se bañaba, escuché un grito desgarrador que provenía del baño. Corrí hacia allí y lo encontré temblando de miedo. Me contó que el agua de la ducha había salido hirviendo de repente, la luz del baño se había apagado y, además, había escuchado a alguien pronunciar su nombre en repetidas ocasiones.

    Al escuchar su relato, mi corazón latía a mil por hora y el miedo recorrió todo mi ser. Lo abracé con fuerza y le dije que todo estaría bien, pero en mi interior sabía que estaba equivocada. Aquella misma noche, uno de los peores presagios se manifestó: una de las cruces que Jorge tenía en su cuarto, ya que era católico, se cayó y se partió en pedazos sin razón aparente.

    Para colmo, Jorge comenzó a sentirse muy mal. Le dio fiebre, tos y su piel se tornó pálida. Su estado empeoró rápidamente e incluso empezó a vomitar cabellos, algo que me dejó horrorizada y sin saber qué hacer. No podía negar más la realidad: las fuerzas oscuras desatadas por el ritual inconcluso estaban afectando a Jorge, y era mi culpa.

    Desesperada y sintiendo que no tenía otra opción, decidí enfrentar mi miedo y regresar a la casa de mi familia para pedirles ayuda. A pesar de todo lo que había ocurrido, sabía que ellas eran las únicas que podrían enfrentar y detener las fuerzas que ahora amenazaban nuestras vidas.

    Con el corazón en un puño y la determinación de proteger a Jorge, me dispuse a enfrentar a mi familia y a las sombras del pasado que ahora se cernían sobre nosotros. No tenía idea de lo que encontraría al regresar a aquella casa ni de si podríamos detener el mal que nos acechaba, pero estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para salvar a Jorge y recuperar nuestras vidas.

    Regresé a la casa de mi familia con el corazón lleno de temor y resentimiento. A pesar de que no quería estar allí, sabía que era la única opción que tenía para proteger a Jorge y poner fin a la pesadilla que estábamos viviendo.

    Mis tías, mi madre y mi abuela estaban felices de verme de vuelta, pero yo no podía olvidar lo que habían intentado hacerle a Jorge. Aun así, les conté todo lo que nos había sucedido en los últimos días, esperando que pudieran ayudarnos a detener las fuerzas oscuras que nos atormentaban.

    Para mi sorpresa, no parecieron sorprendidas por lo que les conté. Con seriedad, prometieron ayudarnos y aseguraron que todo mejoraría. Incluso afirmaron que dejarían de interferir en mi relación con Jorge, reconociendo que habían cruzado un límite que no debieron traspasar.

    A pesar de sus palabras, no podía evitar sentir cierta desconfianza. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción que confiar en ellas y en su conocimiento sobre brujería para enfrentar las fuerzas malignas que habíamos desatado.

    Mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a preparar un ritual de purificación y protección, con el objetivo de limpiar nuestra energía y alejar las entidades oscuras que nos acechaban. Me pidieron que participara en el ritual y les confiara mis miedos y preocupaciones, algo que hice con cierta reticencia, pero también con la esperanza de que podría salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos envolvía.

    Con temor y resignación, volví a la cueva en la que había interrumpido el ritual anterior. Mi madre me explicó que, para solucionar el problema que yo misma había creado, tendría que realizar un sacrificio de sangre. Me entregaron una gallina, que debía sacrificar para obtener un poco de su sangre y así completar el ritual.

    A pesar de sentirme horrorizada ante la idea, sabía que no tenía otra opción si quería salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos acechaba. Con manos temblorosas, sacrifiqué a la gallina y recogí su sangre en un recipiente.

    Luego, mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a recitar palabras en un idioma que no entendía. Me pidieron que las repitiera, aunque no sabía qué significaban. Mientras lo hacía, mi abuela me limpiaba con hierbas y mis tías me escupían alcohol para purificar mi cuerpo y mi espíritu.

    El ritual se volvió cada vez más intenso, y las energías en la cueva parecían vibrar a nuestro alrededor. Podía sentir que algo estaba cambiando, aunque no sabía si era para bien o para mal. En mi corazón, solo deseaba que todo terminara y que Jorge y yo pudiéramos recuperar nuestras vidas.

    Cuando finalmente el ritual llegó a su fin, mis tías, mi madre y mi abuela parecían satisfechas y aliviadas. Me aseguraron que las fuerzas oscuras que habíamos desatado estarían ahora bajo control y que no tendríamos que preocuparnos más por ellas.

    Aunque quería creer en sus palabras, una parte de mí seguía temiendo que el mal que habíamos desencadenado fuera demasiado poderoso como para ser contenido. Sin embargo, por el bien de Jorge y el mío, decidí confiar en mi familia y esperar que, de alguna manera, las cosas volvieran a la normalidad.

    Al regresar a casa, comencé a sentir una paz que no había experimentado desde que iniciaron los horribles sucesos. Decidí perdonar a mi familia, quienes se mostraron muy felices y aseguraron que solo querían lo mejor para mí. Sin embargo, había un terrible secreto que ocultaban y que no descubriría hasta más tarde.

    Mi confianza en ellas comenzó a crecer, ya que los eventos sobrenaturales habían cesado y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Cuando le pregunté a Jorge cómo se sentía, me dijo que se encontraba mucho mejor y que no había experimentado nada extraño en los últimos días. Ambos nos sentíamos aliviados y agradecidos por la aparente calma.

    Aproveché la oportunidad para disculparme con Jorge por todos los aterradores acontecimientos que había vivido a causa de mi culpa y la de mi familia. Para mi alivio, él lo entendió y me perdonó, demostrando una vez más el amor profundo que sentía por mí.

    Por un tiempo, parecía que todo iba bien y que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Pero en el fondo, no podía quitarme la sensación de que algo no estaba del todo bien y que el mal que habíamos desencadenado seguía al acecho, esperando el momento adecuado para volver a manifestarse. A pesar de mi inquietud, traté de ignorar esos pensamientos y disfrutar de la paz y la tranquilidad que había en nuestra vida. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que el terrible secreto de mi familia saliera a la luz y cambiara todo para siempre.

    Mi temor y desesperación crecieron a medida que la normalidad aparente comenzó a desmoronarse. Una madrugada, mientras dormía, escuché un golpe en mi ventana. Al principio, creí que se trataba de algo sobrenatural, pero luego escuché la voz de Jorge llamándome. Abrí la ventana y lo vi empapado en sudor, con el rostro pálido y llorando desconsoladamente. Lo hice entrar a escondidas en mi casa para que me explicara qué había sucedido.

    Una vez dentro, Jorge me contó que su abuelo había fallecido hacía apenas una hora. Habían escuchado un grito de terror, y cuando corrieron a verlo, ya no respondía. Sus palabras hicieron que mi corazón se llenara de angustia, no solo por el miedo a lo desconocido, sino también por la tristeza de perder a alguien que había sido muy amable conmigo durante el tiempo de mi relación con Jorge. Su abuelo siempre había mostrado afecto y comprensión hacia mí, y no pude evitar sentir un profundo pesar por su pérdida.

    Lo que dijo a continuación fue aún más aterrador. Al salir a pedir ayuda, había visto a una de mis tías espiándolo en plena oscuridad, vestida de negro.

    El pánico se apoderó de mí al comprender que, de alguna manera, mi familia todavía estaba involucrada en todo esto. A pesar de sus promesas de ayudarnos y de no interferir en nuestra relación, habían seguido manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento.

    No sabía qué hacer ni en quién confiar. Mi mundo se había vuelto oscuro y aterrador, y sentía que estaba siendo arrastrada hacia un abismo del que no había escapatoria. Decidí que no podía seguir permitiendo que mi familia destruyera nuestras vidas y que debía enfrentarme a ellas y descubrir la verdad detrás de sus acciones y el oscuro secreto que ocultaban.

    En lugar de enfrentar a toda mi familia de una vez, decidí comenzar por hablar con mi tía en privado. Desperté a mi tía con cuidado para no hacer mucho ruido y le pedí que fuera a mi habitación para que me diera una explicación.

    Una vez en mi habitación, mi tía me reveló que el último ritual que habían realizado en realidad no había sido para protegerme a mí y a Jorge, sino para asegurarse de que yo estuviera bien, pero a costa del sufrimiento de mi novio. Ellas no querían que estuviéramos juntos y habían tomado medidas extremas para separarnos.

    Mi tía me confesó que entendía cómo me sentía, pero que no podía hacer nada al respecto. Me contó que, hace muchos años, mi abuela tampoco había permitido que ella estuviera con el amor de su vida. Mi tía se vio obligada a abandonar a su novio para evitar que mi abuela enterrara un muñeco vudú en el panteón, lo que habría resultado en la muerte de su amado. Prefería sacrificar su relación antes que poner en peligro la vida del hombre que amaba.

    La revelación de mi tía me dejó conmocionada y angustiada. No solo había descubierto que mi familia había estado manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento a Jorge, sino que también aprendí que este tipo de intervenciones y sacrificios se habían repetido en el pasado. Me pregunté cuántas veces habían hecho esto antes y cuántas vidas habían sido afectadas por sus acciones.


    ||—En comentarios está la continuación disculpen las molestias —
    —Hola cómo están está tarde les contaré la historia de Cinthia espero y disfruten del relato — hace cinco años, cuando tenía 20, vivía con mi madre, mis tías y mi abuela en una antigua casa de campo a las afueras del pueblo. Desde que tengo memoria, ellas se habían dedicado a la brujería, algo que, aunque no compartía, había aceptado como parte de mi vida. No obstante, esa noche en particular fue diferente, pues nunca antes había presenciado uno de sus rituales. Era una noche oscura y lúgubre, en la que apenas se distinguía la luz de la luna entre las nubes. Había un aire pesado y denso que me rodeaba, como si presintiera que algo extraño estaba a punto de suceder. Mi familia decidió realizar un ritual para alejar las malas vibras de nuestra casa, y aunque no era mi costumbre, decidí unirme a ellas. Nos dirigimos hacia una cueva ubicada cerca de nuestra casa, un lugar que siempre me había parecido tenebroso y del cual había evitado acercarme. Sin embargo, esta vez me encontraba caminando hacia allí, acompañada por el sonido de nuestras pisadas en la hojarasca y el murmullo de las ramas moviéndose por el viento. Al llegar a la entrada de la cueva, mis tías encendieron velas, mientras mi abuela sostenía en sus manos unos libros antiguos y polvorientos cuyo contenido desconocía. La luz de las velas proyectaba sombras fantasmagóricas en las paredes de la cueva, lo que acentuaba mi creciente sensación de inquietud. Mis tías comenzaron a preparar el ritual, disponiendo todo lo necesario en el suelo. Entre los elementos que utilizarían, había una botella con sangre de cabra y un mechón de cabello del cual no sabía su procedencia. La simple visión de esos objetos aumentaba mi temor, pero decidí mantener la compostura y seguir adelante. A medida que el ritual avanzaba, mis tías y mi abuela recitaban palabras en un idioma que no reconocía, y yo me mantenía en silencio, observando cada movimiento con cautela. No podía evitar sentir que algo no estaba bien, que aquel ritual tenía un propósito más oscuro del que me habían contado. No obstante, me encontraba allí, en medio de la oscuridad, junto a mi familia, sintiendo cómo una energía inquietante se apoderaba de la cueva. En mi mente, una mezcla de miedo y curiosidad me impulsaba a quedarme y descubrir qué sucedería a continuación, sin saber que aquella noche sería solo el comienzo de una serie de aterradores acontecimientos que cambiarían mi vida para siempre. En ese momento, casi al finalizar el ritual, mi abuela mencionó el nombre de mi novio, Jorge. Sentí cómo mi corazón se detenía por un instante y mi sangre se helaba en las venas. A pesar de mi miedo, la ira comenzó a apoderarse de mí. No podía creer que mi familia estuviera haciendo algo en contra de la persona a la que amaba. Enfurecida, me abalancé sobre el altar improvisado y arrojé al suelo las velas y la sangre que estaba en un florero. La oscuridad invadió la cueva mientras las llamas se apagaban, y el eco de mis acciones retumbaba en las paredes de piedra. Mis tías y mi abuela me miraron sorprendidas, mientras mi madre intentaba justificar sus acciones, diciéndome que Jorge no me convenía, que no tenía trabajo y era poco agraciado, y que yo merecía a alguien mejor. En ese momento, mi enojo alcanzó su punto máximo y, sin poder contenerme, les grité que no se metieran en mi vida. La cueva parecía vibrar con la intensidad de mis palabras, como si las propias paredes pudieran sentir mi ira y mi dolor. Mi madre y mis tías bajaron la mirada, mientras mi abuela me observaba con una expresión indescifrable en su rostro arrugado. La ira se disipó lentamente, dejando tras de sí un profundo sentimiento de tristeza y traición. Me di cuenta de que, en su afán por protegerme y guiarme, mi familia había cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar del amor que sentía por ellas, sabía que ya no podría confiar en ellas de la misma manera. En silencio, recogí las velas apagadas y salí de la cueva, dejando atrás a mi familia y el ritual inconcluso. La noche había recuperado su oscuridad y frío, pero mi corazón ardiendo de furia e indignación me mantenía caliente mientras me alejaba de aquel lugar. No sabía qué me depararía el futuro después de esa traición, pero estaba decidida a enfrentar cualquier desafío por mi cuenta, sin dejarme influenciar por las creencias y deseos de mi familia. Lo que no imaginaba era que aquella noche de traición y furia sería solo el inicio de una serie de eventos escalofriantes que pondrían a prueba mi valentía y cambiarían mi vida para siempre. Apenas llegué a casa, tomé una maleta y comencé a llenarla con mi ropa y pertenencias más importantes, decidida a irme a casa de Jorge, quien vivía a poca distancia. No quería pasar ni un segundo más en ese lugar donde mi familia había intentado manipular mi vida sin mí consentimiento. Estaba a punto de salir por la puerta cuando las brujas de mi familia aparecieron frente a mí. Una de mis tías me miró con seriedad y me dijo que entendía mi enojo, pero que lo que había hecho estaba muy mal. Me explicó que dejar un ritual inconcluso podría traer graves consecuencias, ya que estaba jugando con fuerzas que no debían ser tomadas a la ligera. Hizo alusión a que el diablo no toleraba ese tipo de juegos. A pesar de sus palabras, no podía dejar de sentir coraje hacia ellas. Les respondí con firmeza que no me importaban las consecuencias y que me iba de esa casa para que no me molestaran más. Les pedí que dejaran en paz a Jorge y que no intentaran interferir en nuestra relación de nuevo. Mis tías y mi madre parecieron sorprendidas por mi determinación, pero mi abuela me observó con una expresión preocupada en su rostro. A pesar de su reacción, me mantuve firme en mi decisión y salí de la casa, sintiendo un peso en mi pecho que me oprimía. Llegué a casa de Jorge y le conté lo sucedido, buscando consuelo y apoyo en él. Él me abrazó con fuerza, prometiéndome que estaríamos juntos y enfrentaríamos cualquier cosa que se nos presentara. Aunque sus palabras me reconfortaron, no pude evitar sentir un temor creciente en mi interior, como si el abismo de lo desconocido se abriera ante mí. La advertencia de mi tía sobre las consecuencias de dejar un ritual inconcluso retumbaba en mi mente, pero me negaba a darle importancia. No quería que el miedo gobernara mi vida y mis decisiones, pero lo que no sabía era que esa noche había desatado fuerzas oscuras que no tardarían en manifestarse. Las primeras semanas en casa de Jorge transcurrieron sin incidentes. Nos sentíamos felices y seguros juntos, y yo comenzaba a olvidar los eventos aterradores que habían llevado a mi huida de la casa de mi familia. Sin embargo, esa tranquilidad no duró mucho. Una noche, mientras estábamos acostados en la cama, comenzamos a escuchar un extraño sonido, como si algo estuviera arañando las paredes. Nos miramos con inquietud, pero no le dimos mayor importancia, atribuyéndolo a algún animal nocturno o al viento. Otra noche, Jorge metió la mano debajo de la cama para buscar algo que había dejado caer y sintió que algo lamió su mano. Retiró la mano rápidamente, describiendo una lengua fría, rasposa y asquerosa. Ambos nos quedamos estupefactos y asustados, pero no encontramos ninguna explicación lógica para lo sucedido. El miedo comenzó a apoderarse de nosotros cuando, en otra ocasión, mientras dormíamos, fuimos despertados por ruidos en la habitación. Al abrir los ojos, vimos algo que parecía sacado de nuestras peores pesadillas: dos de los peluches de Jorge parecían haber cobrado vida y se burlaban de nosotros, señalándonos y riéndose con malicia. El terror nos invadió por completo, y comenzamos a cuestionarnos si lo que estaba sucediendo tenía alguna conexión con el ritual inconcluso que había interrumpido semanas atrás. La advertencia de mi tía resonaba en mi mente, y no pude evitar sentir que, en mi desesperación por proteger a Jorge, había desatado fuerzas oscuras y peligrosas que ahora nos acechaban. Sabía que debía enfrentar el problema y buscar una solución antes de que las cosas empeoraran, pero no tenía idea de cómo hacerlo. Había dejado atrás a mi familia y sus conocimientos sobre brujería, y ahora me encontraba atrapada en una situación que amenazaba con destruir la vida que había construido junto a Jorge. Con cada nueva manifestación de esas fuerzas oscuras, la tensión y el miedo se apoderaban cada vez más de nuestras vidas. La incertidumbre y la angustia nos atormentaban día y noche, y sabíamos que debíamos encontrar una manera de detener ese tormento antes de que fuera demasiado tarde. La situación empeoró considerablemente. Un día, mientras Jorge se bañaba, escuché un grito desgarrador que provenía del baño. Corrí hacia allí y lo encontré temblando de miedo. Me contó que el agua de la ducha había salido hirviendo de repente, la luz del baño se había apagado y, además, había escuchado a alguien pronunciar su nombre en repetidas ocasiones. Al escuchar su relato, mi corazón latía a mil por hora y el miedo recorrió todo mi ser. Lo abracé con fuerza y le dije que todo estaría bien, pero en mi interior sabía que estaba equivocada. Aquella misma noche, uno de los peores presagios se manifestó: una de las cruces que Jorge tenía en su cuarto, ya que era católico, se cayó y se partió en pedazos sin razón aparente. Para colmo, Jorge comenzó a sentirse muy mal. Le dio fiebre, tos y su piel se tornó pálida. Su estado empeoró rápidamente e incluso empezó a vomitar cabellos, algo que me dejó horrorizada y sin saber qué hacer. No podía negar más la realidad: las fuerzas oscuras desatadas por el ritual inconcluso estaban afectando a Jorge, y era mi culpa. Desesperada y sintiendo que no tenía otra opción, decidí enfrentar mi miedo y regresar a la casa de mi familia para pedirles ayuda. A pesar de todo lo que había ocurrido, sabía que ellas eran las únicas que podrían enfrentar y detener las fuerzas que ahora amenazaban nuestras vidas. Con el corazón en un puño y la determinación de proteger a Jorge, me dispuse a enfrentar a mi familia y a las sombras del pasado que ahora se cernían sobre nosotros. No tenía idea de lo que encontraría al regresar a aquella casa ni de si podríamos detener el mal que nos acechaba, pero estaba dispuesta a hacer todo lo necesario para salvar a Jorge y recuperar nuestras vidas. Regresé a la casa de mi familia con el corazón lleno de temor y resentimiento. A pesar de que no quería estar allí, sabía que era la única opción que tenía para proteger a Jorge y poner fin a la pesadilla que estábamos viviendo. Mis tías, mi madre y mi abuela estaban felices de verme de vuelta, pero yo no podía olvidar lo que habían intentado hacerle a Jorge. Aun así, les conté todo lo que nos había sucedido en los últimos días, esperando que pudieran ayudarnos a detener las fuerzas oscuras que nos atormentaban. Para mi sorpresa, no parecieron sorprendidas por lo que les conté. Con seriedad, prometieron ayudarnos y aseguraron que todo mejoraría. Incluso afirmaron que dejarían de interferir en mi relación con Jorge, reconociendo que habían cruzado un límite que no debieron traspasar. A pesar de sus palabras, no podía evitar sentir cierta desconfianza. Sin embargo, sabía que no tenía otra opción que confiar en ellas y en su conocimiento sobre brujería para enfrentar las fuerzas malignas que habíamos desatado. Mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a preparar un ritual de purificación y protección, con el objetivo de limpiar nuestra energía y alejar las entidades oscuras que nos acechaban. Me pidieron que participara en el ritual y les confiara mis miedos y preocupaciones, algo que hice con cierta reticencia, pero también con la esperanza de que podría salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos envolvía. Con temor y resignación, volví a la cueva en la que había interrumpido el ritual anterior. Mi madre me explicó que, para solucionar el problema que yo misma había creado, tendría que realizar un sacrificio de sangre. Me entregaron una gallina, que debía sacrificar para obtener un poco de su sangre y así completar el ritual. A pesar de sentirme horrorizada ante la idea, sabía que no tenía otra opción si quería salvar a Jorge y a mí de la oscuridad que nos acechaba. Con manos temblorosas, sacrifiqué a la gallina y recogí su sangre en un recipiente. Luego, mis tías, mi madre y mi abuela comenzaron a recitar palabras en un idioma que no entendía. Me pidieron que las repitiera, aunque no sabía qué significaban. Mientras lo hacía, mi abuela me limpiaba con hierbas y mis tías me escupían alcohol para purificar mi cuerpo y mi espíritu. El ritual se volvió cada vez más intenso, y las energías en la cueva parecían vibrar a nuestro alrededor. Podía sentir que algo estaba cambiando, aunque no sabía si era para bien o para mal. En mi corazón, solo deseaba que todo terminara y que Jorge y yo pudiéramos recuperar nuestras vidas. Cuando finalmente el ritual llegó a su fin, mis tías, mi madre y mi abuela parecían satisfechas y aliviadas. Me aseguraron que las fuerzas oscuras que habíamos desatado estarían ahora bajo control y que no tendríamos que preocuparnos más por ellas. Aunque quería creer en sus palabras, una parte de mí seguía temiendo que el mal que habíamos desencadenado fuera demasiado poderoso como para ser contenido. Sin embargo, por el bien de Jorge y el mío, decidí confiar en mi familia y esperar que, de alguna manera, las cosas volvieran a la normalidad. Al regresar a casa, comencé a sentir una paz que no había experimentado desde que iniciaron los horribles sucesos. Decidí perdonar a mi familia, quienes se mostraron muy felices y aseguraron que solo querían lo mejor para mí. Sin embargo, había un terrible secreto que ocultaban y que no descubriría hasta más tarde. Mi confianza en ellas comenzó a crecer, ya que los eventos sobrenaturales habían cesado y todo parecía haber vuelto a la normalidad. Cuando le pregunté a Jorge cómo se sentía, me dijo que se encontraba mucho mejor y que no había experimentado nada extraño en los últimos días. Ambos nos sentíamos aliviados y agradecidos por la aparente calma. Aproveché la oportunidad para disculparme con Jorge por todos los aterradores acontecimientos que había vivido a causa de mi culpa y la de mi familia. Para mi alivio, él lo entendió y me perdonó, demostrando una vez más el amor profundo que sentía por mí. Por un tiempo, parecía que todo iba bien y que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Pero en el fondo, no podía quitarme la sensación de que algo no estaba del todo bien y que el mal que habíamos desencadenado seguía al acecho, esperando el momento adecuado para volver a manifestarse. A pesar de mi inquietud, traté de ignorar esos pensamientos y disfrutar de la paz y la tranquilidad que había en nuestra vida. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo antes de que el terrible secreto de mi familia saliera a la luz y cambiara todo para siempre. Mi temor y desesperación crecieron a medida que la normalidad aparente comenzó a desmoronarse. Una madrugada, mientras dormía, escuché un golpe en mi ventana. Al principio, creí que se trataba de algo sobrenatural, pero luego escuché la voz de Jorge llamándome. Abrí la ventana y lo vi empapado en sudor, con el rostro pálido y llorando desconsoladamente. Lo hice entrar a escondidas en mi casa para que me explicara qué había sucedido. Una vez dentro, Jorge me contó que su abuelo había fallecido hacía apenas una hora. Habían escuchado un grito de terror, y cuando corrieron a verlo, ya no respondía. Sus palabras hicieron que mi corazón se llenara de angustia, no solo por el miedo a lo desconocido, sino también por la tristeza de perder a alguien que había sido muy amable conmigo durante el tiempo de mi relación con Jorge. Su abuelo siempre había mostrado afecto y comprensión hacia mí, y no pude evitar sentir un profundo pesar por su pérdida. Lo que dijo a continuación fue aún más aterrador. Al salir a pedir ayuda, había visto a una de mis tías espiándolo en plena oscuridad, vestida de negro. El pánico se apoderó de mí al comprender que, de alguna manera, mi familia todavía estaba involucrada en todo esto. A pesar de sus promesas de ayudarnos y de no interferir en nuestra relación, habían seguido manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento. No sabía qué hacer ni en quién confiar. Mi mundo se había vuelto oscuro y aterrador, y sentía que estaba siendo arrastrada hacia un abismo del que no había escapatoria. Decidí que no podía seguir permitiendo que mi familia destruyera nuestras vidas y que debía enfrentarme a ellas y descubrir la verdad detrás de sus acciones y el oscuro secreto que ocultaban. En lugar de enfrentar a toda mi familia de una vez, decidí comenzar por hablar con mi tía en privado. Desperté a mi tía con cuidado para no hacer mucho ruido y le pedí que fuera a mi habitación para que me diera una explicación. Una vez en mi habitación, mi tía me reveló que el último ritual que habían realizado en realidad no había sido para protegerme a mí y a Jorge, sino para asegurarse de que yo estuviera bien, pero a costa del sufrimiento de mi novio. Ellas no querían que estuviéramos juntos y habían tomado medidas extremas para separarnos. Mi tía me confesó que entendía cómo me sentía, pero que no podía hacer nada al respecto. Me contó que, hace muchos años, mi abuela tampoco había permitido que ella estuviera con el amor de su vida. Mi tía se vio obligada a abandonar a su novio para evitar que mi abuela enterrara un muñeco vudú en el panteón, lo que habría resultado en la muerte de su amado. Prefería sacrificar su relación antes que poner en peligro la vida del hombre que amaba. La revelación de mi tía me dejó conmocionada y angustiada. No solo había descubierto que mi familia había estado manipulando nuestras vidas y causando sufrimiento a Jorge, sino que también aprendí que este tipo de intervenciones y sacrificios se habían repetido en el pasado. Me pregunté cuántas veces habían hecho esto antes y cuántas vidas habían sido afectadas por sus acciones. ||—En comentarios está la continuación disculpen las molestias —
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  • La ciudad siempre guarda cicatrices, algunas visibles y otras enterradas. Aquella en particular (tres manzanas enteras reducidas a ruinas ennegrecidas) era demasiado difícil de ignorar. Calles partidas, edificios desdentados, restos de autos calcinados y un silencio que parecía ajeno al bullicio que reinaba apenas unas cuadras más allá.

    Connor había escuchado las versiones: un enfrentamiento, un “choque” entre seres que no deberían existir. Fantasías para la mayoría, pero no para él. Demasiadas voces, demasiados detalles coincidentes como para desecharlo. Así que decidió verlo con sus propios ojos.

    Caminaba entre los escombros con la capucha baja, manos en los bolsillos, el paso medido. No había encargo, ni cliente, ni pago de por medio. Solo curiosidad… y esa incomodidad instintiva que lo empujaba a husmear donde otros evitaban mirar.

    El aire olía a polvo viejo y ceniza húmeda. Bajo esa capa, algo más: un rastro metálico, leve, casi imperceptible, que recordaba a sangre seca. Los muros parecían murmurar todavía el eco del choque que los había quebrado.

    Connor se detuvo en mitad de una calle resquebrajada. Bajó un poco el rostro, dejó que sus sentidos se expandieran. Sabía que no estaba solo. Nunca lo estaba en lugares como ese.

    Alak–il
    La ciudad siempre guarda cicatrices, algunas visibles y otras enterradas. Aquella en particular (tres manzanas enteras reducidas a ruinas ennegrecidas) era demasiado difícil de ignorar. Calles partidas, edificios desdentados, restos de autos calcinados y un silencio que parecía ajeno al bullicio que reinaba apenas unas cuadras más allá. Connor había escuchado las versiones: un enfrentamiento, un “choque” entre seres que no deberían existir. Fantasías para la mayoría, pero no para él. Demasiadas voces, demasiados detalles coincidentes como para desecharlo. Así que decidió verlo con sus propios ojos. Caminaba entre los escombros con la capucha baja, manos en los bolsillos, el paso medido. No había encargo, ni cliente, ni pago de por medio. Solo curiosidad… y esa incomodidad instintiva que lo empujaba a husmear donde otros evitaban mirar. El aire olía a polvo viejo y ceniza húmeda. Bajo esa capa, algo más: un rastro metálico, leve, casi imperceptible, que recordaba a sangre seca. Los muros parecían murmurar todavía el eco del choque que los había quebrado. Connor se detuvo en mitad de una calle resquebrajada. Bajó un poco el rostro, dejó que sus sentidos se expandieran. Sabía que no estaba solo. Nunca lo estaba en lugares como ese. [Absolute_Annihilation]
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  • — SIn incidentes.

    Las navajas con forma de aves planean rápidamente a su diestra y con suavidad terminan sobre la palma de Kasane, posteriormente se retira del lugar.
    — SIn incidentes. Las navajas con forma de aves planean rápidamente a su diestra y con suavidad terminan sobre la palma de Kasane, posteriormente se retira del lugar.
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    Fushiguro siempre había sido tranquilo, meticuloso y distante, pero de alguna manera se encontró constantemente envuelto o siendo arrastrado a situaciones que amenazaban o lograban terminar con la calma. Especialmente después de que Itadori y Nobara se unieron al equipo.

    Un día cualquiera, mientras el grupo se dirigía hacía el lugar en el que debían llevar a cabo una misión, Megumi no pudo evitar reflexionar sobre cómo había cambiado todo desde que esos dos llegaron a su vida. Yuji estaba sentado a su izquierda, desbordando energía como siempre, hablando sin parar de esa extraña película que capturaba toda su atención, al mismo tiempo que insistía en que deberían ir juntos durante su próximo descanso a verla al cine antes de que fuese sacada de la cartelera.
    Mientras tanto, Nobara, que se encontraba sentada a la derecha del usuario de las diez sombras, discutía enérgicamente con Itadori, señalando y afirmando que aquello sería una pérdida de tiempo. Su idea de un día de compras era mucho mejor, de ese modo utilizarían el día libre en algo más productivo y ella tendría a alguien que pudiese ayudarle a cargar sus bolsas.

    No era nada realmente fuera de lo común, ese tipo de peleas surgía incluso cuando se trataba de elegir el lugar en el que comerían o el tipo de comida. Para Fushiguro solo era un desacuerdo bastante trivial sobre cómo maximizar y aprovechar el tiempo libre con el que contaban y claro, como era de esperarse, sus compañeros de equipo expresaban su descontento ante la idea del otro con la misma intensidad con la que discutían sobre cualquier otra cosa.

    Megumi, sin querer o poder evitarlo, estaba atrapado en medio de aquella batalla, observando su celular en completo silencio con una expresión seria, sin tener la más mínima intención de involucrarse, pero uno de los recurrentes comentarios ridículos de Yuji, más el hecho de que literalmente le estaban aplastando, le hizo reaccionar. No iba a dejar pasar la oportunidad para decir un par de cosas.

    —Nunca pensé que mi vida se transformaría de este modo. Antes, las misiones eran simples, la dinámica y el objetivo claros. Yo hacía mi trabajo y todo terminaba rápido y sin incidentes inesperados que reportar o añadir a los informes. — Fushiguro frunció ligeramente el ceño y se recargó contra el respaldo del asiento. — Ahora, todo se ha vuelto un caos. — Hizo una pequeña pausa mientras daba una rápida mirada a sus compañeros antes de continuar.
    —Desde que llegaron, todo se ha convertido en un desfile de desastres y lo peor de todo, es que, aunque lo intento no puedo evitar que ustedes a veces me hagan sonreír con sus estupideces… Desafortunadamente, cada vez que lo hago, siento que pierdo un poco de mi dignidad. — El joven hechicero dejó escapar un suspiro de resignación mientras volvía a centrar su mirada en la pantalla de su dispositivo móvil.

    En ocasiones pensaba que las cosas antes de que Yuji y Nobara llegasen, eran mucho más sencillas.
    Quizás solo le faltaba algo de tiempo para acostumbrarse a este extraño, ruidoso y completamente impredecible equipo. Sin embargo, lo que sí tenía claro, era que, aunque sus días se volvían cada vez más complejos, no podía imaginarse la vida dentro de la escuela de hechicería sin ellos.

    —Supongo que no todo es tan malo. — murmuró para sí mismo sabiendo que no importaba lo que dijese, seguiría atrapado en ese torbellino de caos, incertidumbre y risas ocasionales.





                                                                                                              つづく
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ¿Has tenido problemas de conexión o quieres revisar si FicRol ha presentado inconvenientes? Hemos creado un sistema de monitoreo en tiempo real en cual podrás verificar si nuestra plataforma ha presentado incidentes, de esta forma puedes confirmar si el problema es por nuestra parte o por la vuestra.

    Este enlace funciona independiente de la plataforma.

    https://status.ficrol.com/
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  • —Se encontraba sentado en la terraza de lo alto de la torre de los V's, observando ciudad pentagrama y pensando en los "incidentes" que estaban sucediendo últimamente en el infierno.

    No podía decir que no sabía nada de nada. Si no más bien, que debía de omitir información ya que no estaba seguro de sus sospechas y tampoco era como si pudiera simplemente expresarlo en voz alta. En silencio y tras exhalar el humo de una calada de su cigarro, tomó un trago de la extraña bebida morada y espesa que contenía una pequeña botella a su lado. Por ahora, sería mejor guardar silencio a cerca del tema. —




    #HazbinHotel
    —Se encontraba sentado en la terraza de lo alto de la torre de los V's, observando ciudad pentagrama y pensando en los "incidentes" que estaban sucediendo últimamente en el infierno. No podía decir que no sabía nada de nada. Si no más bien, que debía de omitir información ya que no estaba seguro de sus sospechas y tampoco era como si pudiera simplemente expresarlo en voz alta. En silencio y tras exhalar el humo de una calada de su cigarro, tomó un trago de la extraña bebida morada y espesa que contenía una pequeña botella a su lado. Por ahora, sería mejor guardar silencio a cerca del tema. — #HazbinHotel
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  • — Ahora me parece absurdo creer que la vida fluye de acuerdo a los planes que hacemos. En la realidad, los proyectos fluyen según los incidentes y accidentes que la vida tenga reservados para nosotros.

    Hace años, mi padre aseguraba que sería el siguiente alcalde de Sapporo y que a mí me aguardaría un lucrativo futuro como idol.

    Pero la muerte le dio una bofetada de realidad. Y de humildad. —
    — Ahora me parece absurdo creer que la vida fluye de acuerdo a los planes que hacemos. En la realidad, los proyectos fluyen según los incidentes y accidentes que la vida tenga reservados para nosotros. Hace años, mi padre aseguraba que sería el siguiente alcalde de Sapporo y que a mí me aguardaría un lucrativo futuro como idol. Pero la muerte le dio una bofetada de realidad. Y de humildad. —
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  • —¡Hola, hola, mis valientes lectores! Primero que nada, quiero felicitar a aquellos que reconocieron la referencia en mi anterior revelación.—

    Álex hace una pausa, con una sonrisa ligeramente burlona.

    —Pero dejando de lado los elogios, vayamos al grano. Permítanme deleitarlos con una explicación sobre SCP-035, esa intrigante máscara que tiene un pequeño detalle... interesante—

    Álex continúa con su explicación, añadiendo pinceladas sarcásticas en su tono de voz.

    —SCP-035, esa máscara de comedia trágica, tiene una peculiaridad que la hace destacar entre los demás. Resulta que cuando alguien tiene la "suerte" de ponerse la máscara, SCP-035 toma control total de su cuerpo y mente. ¡Vaya, qué emocionante!—

    Álex deja escapar una risa sarcástica antes de proseguir.

    —Por supuesto, después de que SCP-035 toma el control, no solo manipula el cuerpo huésped, sino que también emite una sustancia viscosa y corrosiva que deteriora el entorno y al propio huésped. No importa cuánto se intente contenerla, SCP-035 siempre encuentra la manera de causar estragos y desorden.—

    Álex se acomoda en su asiento, disfrutando de su propio sarcasmo.

    —La Fundación SCP, con toda su sabiduría y recursos, ha realizado numerosos intentos para contener a SCP-035 y comprender su verdadero propósito. Colocaron la máscara en una vitrina de cristal reforzada y, aún así, SCP-035 siempre logra influir a aquellos que se acercan demasiado. ¡Imagina eso! Una máscara tan desesperada por sembrar caos que ni siquiera el confinamiento más estricto puede detenerla—

    Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo compasión.

    —Y, por supuesto, SCP-035 no solo controla y corrompe, sino que también se comunica con una elocuencia inquietante. Utiliza sus habilidades persuasivas para manipular a los investigadores, prometiendo poder y conocimiento a cambio de su libertad. Pero siempre hay un precio que pagar, y ese precio es la destrucción y el caos.—

    Álex se ríe entre dientes, disfrutando de la ironía de la situación.

    —En fin, aunque la Fundación SCP se enfrenta a desafíos inesperados, siempre hay lecciones que aprender. Y en este caso, han aprendido a no subestimar la astucia y el peligro de SCP-035. De hecho, les contaré un dato curioso. ¿Sabían que SCP-035 solía estar en una colección privada antes de ser descubierta por la Fundación?—

    dijo riendo.

    —Resulta que SCP-035 fue encontrada en una antigua mansión, rodeada de otros artefactos anómalos. El coleccionista pensó que era una simple máscara de teatro, pero pronto descubrió su verdadero poder de control mental y destrucción. Cuando la Fundación SCP finalmente intervino, se dieron cuenta de que habían encontrado una de las anomalías más peligrosas y manipuladoras hasta la fecha.—

    Álex hace una pausa dramática, enfatizando el impacto del descubrimiento.

    —El coleccionista, al darse cuenta del peligro que representaba la máscara, intentó deshacerse de ella, pero fue demasiado tarde. SCP-035 había influenciado a varios de sus empleados y causado una serie de incidentes trágicos. Fue entonces cuando la Fundación SCP intervino y logró contener la máscara en sus instalaciones.—

    Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo asombro.

    —Ante este desafortunado suceso, los investigadores de la Fundación SCP se dieron cuenta del inmenso peligro que SCP-035 suponía para la humanidad. Si la máscara lograra salir a la luz pública y comenzar a influir en la sociedad, el caos sería inimaginable.—

    dijo y se acordó.

    —¡Cierto! No saben qué son los consejeros O5. Bueno, en otro artículo explicaré mejor, pero una explicación corta es que son los líderes máximos de la Fundación SCP. Son un grupo selecto de individuos que toman decisiones clave y establecen las políticas de la organización—

    dijo y sonrió levemente.

    —En resumen, SCP-035 es una entidad fascinante y aterradora, con la capacidad de controlar y destruir a través de su influencia maligna. Su habilidad para manipular y corromper ha llevado a la Fundación SCP a tomar medidas extremas para contenerla. Aunque SCP-035 presenta desafíos y situaciones inesperadas, la Fundación SCP continúa trabajando arduamente para comprender y controlar a esta máscara anómala. Cada historia y encuentro con SCP-035 nos muestra su impredecible comportamiento y nos recuerda que en el mundo de lo anómalo, siempre hay sorpresas y peligros acechando en las sombras. Espero que esta explicación les haya resultado interesante y les haya brindado una visión más completa de SCP-035 y su impacto en la Fundación SCP. Si tienen más preguntas o desean explorar otros temas, estaré encantado de ayudar en lo que pueda. ¡Hasta la próxima aventura en el mundo de lo anómalo! —

    sonrie y dice

    — que tal eh ?Bloom Night ? te dije que quizas te intersaria —

    dijo riendo

    — porcierto, la proxima revelacion,habla sobre una persona blanca , de pelo negro con una gran sonrisa y que esta aqui...—




    —¡Hola, hola, mis valientes lectores! Primero que nada, quiero felicitar a aquellos que reconocieron la referencia en mi anterior revelación.— Álex hace una pausa, con una sonrisa ligeramente burlona. —Pero dejando de lado los elogios, vayamos al grano. Permítanme deleitarlos con una explicación sobre SCP-035, esa intrigante máscara que tiene un pequeño detalle... interesante— Álex continúa con su explicación, añadiendo pinceladas sarcásticas en su tono de voz. —SCP-035, esa máscara de comedia trágica, tiene una peculiaridad que la hace destacar entre los demás. Resulta que cuando alguien tiene la "suerte" de ponerse la máscara, SCP-035 toma control total de su cuerpo y mente. ¡Vaya, qué emocionante!— Álex deja escapar una risa sarcástica antes de proseguir. —Por supuesto, después de que SCP-035 toma el control, no solo manipula el cuerpo huésped, sino que también emite una sustancia viscosa y corrosiva que deteriora el entorno y al propio huésped. No importa cuánto se intente contenerla, SCP-035 siempre encuentra la manera de causar estragos y desorden.— Álex se acomoda en su asiento, disfrutando de su propio sarcasmo. —La Fundación SCP, con toda su sabiduría y recursos, ha realizado numerosos intentos para contener a SCP-035 y comprender su verdadero propósito. Colocaron la máscara en una vitrina de cristal reforzada y, aún así, SCP-035 siempre logra influir a aquellos que se acercan demasiado. ¡Imagina eso! Una máscara tan desesperada por sembrar caos que ni siquiera el confinamiento más estricto puede detenerla— Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo compasión. —Y, por supuesto, SCP-035 no solo controla y corrompe, sino que también se comunica con una elocuencia inquietante. Utiliza sus habilidades persuasivas para manipular a los investigadores, prometiendo poder y conocimiento a cambio de su libertad. Pero siempre hay un precio que pagar, y ese precio es la destrucción y el caos.— Álex se ríe entre dientes, disfrutando de la ironía de la situación. —En fin, aunque la Fundación SCP se enfrenta a desafíos inesperados, siempre hay lecciones que aprender. Y en este caso, han aprendido a no subestimar la astucia y el peligro de SCP-035. De hecho, les contaré un dato curioso. ¿Sabían que SCP-035 solía estar en una colección privada antes de ser descubierta por la Fundación?— dijo riendo. —Resulta que SCP-035 fue encontrada en una antigua mansión, rodeada de otros artefactos anómalos. El coleccionista pensó que era una simple máscara de teatro, pero pronto descubrió su verdadero poder de control mental y destrucción. Cuando la Fundación SCP finalmente intervino, se dieron cuenta de que habían encontrado una de las anomalías más peligrosas y manipuladoras hasta la fecha.— Álex hace una pausa dramática, enfatizando el impacto del descubrimiento. —El coleccionista, al darse cuenta del peligro que representaba la máscara, intentó deshacerse de ella, pero fue demasiado tarde. SCP-035 había influenciado a varios de sus empleados y causado una serie de incidentes trágicos. Fue entonces cuando la Fundación SCP intervino y logró contener la máscara en sus instalaciones.— Álex se lleva una mano al pecho, fingiendo asombro. —Ante este desafortunado suceso, los investigadores de la Fundación SCP se dieron cuenta del inmenso peligro que SCP-035 suponía para la humanidad. Si la máscara lograra salir a la luz pública y comenzar a influir en la sociedad, el caos sería inimaginable.— dijo y se acordó. —¡Cierto! No saben qué son los consejeros O5. Bueno, en otro artículo explicaré mejor, pero una explicación corta es que son los líderes máximos de la Fundación SCP. Son un grupo selecto de individuos que toman decisiones clave y establecen las políticas de la organización— dijo y sonrió levemente. —En resumen, SCP-035 es una entidad fascinante y aterradora, con la capacidad de controlar y destruir a través de su influencia maligna. Su habilidad para manipular y corromper ha llevado a la Fundación SCP a tomar medidas extremas para contenerla. Aunque SCP-035 presenta desafíos y situaciones inesperadas, la Fundación SCP continúa trabajando arduamente para comprender y controlar a esta máscara anómala. Cada historia y encuentro con SCP-035 nos muestra su impredecible comportamiento y nos recuerda que en el mundo de lo anómalo, siempre hay sorpresas y peligros acechando en las sombras. Espero que esta explicación les haya resultado interesante y les haya brindado una visión más completa de SCP-035 y su impacto en la Fundación SCP. Si tienen más preguntas o desean explorar otros temas, estaré encantado de ayudar en lo que pueda. ¡Hasta la próxima aventura en el mundo de lo anómalo! — sonrie y dice — que tal eh ?[Bloom_Night] ? te dije que quizas te intersaria — dijo riendo — porcierto, la proxima revelacion,habla sobre una persona blanca , de pelo negro con una gran sonrisa y que esta aqui...—
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  • —Desde qué se tragó por accidente la poción de Velvette que, no fue al trabajo. Y es qué, le pidió a su ayudante qué informase a todos y pasase todos sus compromisos a otro día a causa de estar “indispuesto”. A fin de cuentas, debían reflejar la perfección y en esa definición no entraba el ser víctima de una broma pesada de su novia. Por qué no, no sé creía qué sabiendo qué estaba de los nervios, hubiera dejado la poción tan a la vista por accidente. Pero ese era un tema aparte.

    A fin de cuentas, en un principio, pensó qué sería cosa de un par de días y una de dos; o Velvette crearía una poción para regresarlo a la normalidad o bien, los efectos de la misma remitirían por sí solos. Sin embargo, eso último no sucedió ni se esperaba qué sucediera a estas alturas. En cuanto a la poción qué contrarrestase aquel desastre… pues no pudo ser, ya qué la propia Vel acabó siendo víctima de una de las meteduras de pata de sus asistentas.

    Suspiró, y se vistió, al no irle ninguno de sus trajes, pues estos le apretaban el pecho pero luego del resto del cuerpo le iban muy, pero qué muy anchos, decidió ponerse un vestido, elegante pero aún así el aspecto no la convencía como para trabajar. Sin embargo, era eso o ir con pinta de presidiaria recién liberada con toda la ropa ancha. Antes de irse le dejó el desayuno hecho a Velvette y le envío un mensaje de buenos días a Valentino, quien no se encontraba en la torre. Para ponerlo un poco al día de como se encontraba Velvette, omitiendo sin querer y como de costumbre su propio estado al encontrarlo irrelevante al lado de Vel, además de desearle suerte en lo qué fuera qué estaba llevando a cabo. Pues era evidente qué algo estaba tramando cuando a penas se pasaba por la torre y más con Velvette en aquellas condiciones.

    Suspiró con resignación. Conociendo a las almas con las qué iba a reunirse hoy, su aspecto femenino, sería un problema. Siendo la única explicación a esto qué simplemente eran idiotas, ya qué si bueno era una mujer ¿Y qué? Tampoco era tan diferente. Una vez lista, se marchó a las oficinas y como era de esperar enseguida atrajo miradas extrañadas incluso de reojo, vio como alguien escupia el cafe sobre otro alguien de la impresión. Obvio algunas miradas eran descaradas pero no iba a darles importancia. Entró primero en su oficina, donde comenzó a poner en orden una montaña de documentos qué luego su ayudante debería entregar al departamento correspondiente a toda prisa, delegó algunos contratos son verdaderas importancia y se puso a negociar los términos de otros, era sorprendente como ya no debía buscar almas descarriadas, si no qué desde qué era overlord, estás los buscaban a ella y sus parejas ¡Qué cómodo era no tener qué esforzarse más en ese aspecto!

    A media mañana, le pidió un café a Erik, su ayudante, de quien no se le pasó por alto qué cada vez qué ahora le dirigía la palabra este temblaba pero ya no de miedo, o al menos no solo de eso, si no qué incluso se ponía rojo como un tomate. Chasqueó la lengua, era sumamente molesto. Si hasta el muy miserable acompañó su café con un lamentable ramo de margaritas. Vox no comentó nada al respecto, simplemente se tomó el café, y siguió revisando estadísticas, además de dar visto bueno o malo a los guiones de las siguientes obras qué se presentarían en voxflix. Canceló un par de series qué ya no rentaban, revisó los guiones y reportajes de las noticias de aquel día y en resumen, toda la burocracia ya qué a la tarde, después de comer comenzaba con las reuniones, la auténtica pesadilla.

    Para colmo, cuando salió a tomar el aire, una de las personas con las qué debía de reunirse, tras mirarlo descaradamente de arriba a abajo y esbozar una boba sonrisa, le hizo un gesto para qué se acercase. Así lo hizo.

    —¿Si?—preguntó con fastidio. Y el hombre respondió:

    —Eh, guapa. Traemos un café a mí y a mi colega, pero con leche de soja, descafeinado y terrones de azúcar. Nada de sobres. —ordenó, de nuevo mirándolo de aquel modo tan irritante.

    —No. —respondió Vox rotundamente, casi echando chispas. Los dos hombres intercambiaron miradas de extrañeza y volvieron a posar sus ojos de besugo en ella.

    —¿Como qué no?—preguntó uno contrariado. Ella se cruzó de brazos, abultando los labios en una mueca de desagrado—. ¿Es que no sabes quién soy?¡Vengo a reunirme con el puto jefe de este sitio!—y cometió el garrafal error de tomarla por la cintura, cosa qué aumento su exacerbación—.Asi qué si no quieres quedarte sin curro, pequeña secretaria, será mejor que muevas ese bonito culo ahora mismo. —exigió, acercando su feo rostro a ella, qué tan solo parpadeó con aburrimiento, mientras el compañero de aquel tipo, le reía la gracia como si fuera un babuino en celo.

    —Se muy bien quien eres. Y no soy una secretaria. De hecho, tenemos una reunión en una hora como bien hasta dicho. —respondió rodando los ojos con un tono de evidente hastío. Y al hombre prácticamente se le detuvo el corazón al escucharla, en su cara pudo ver cómo le dieron al menos diez mini infartos.

    —V…vo…v…¿¡Vox?!—exclamó. La mencionada enarcó una ceja imperterrite.

    —L..la..la…la misma—le hizo burla, luego lo observó con desdén haciendo una pequeña pausa y habló de nuevo—. Y de ahora en adelante, te agradecería qué no vuelvas a tocarme. Lo odio y no te conviene hacer nada qué pueda llegar a enfadarme.—gruñó con engañosa calma. Y por supuesto el hombre la soltó completamente abochornado y comenzaron ambos a disculparse torpemente, mientras qué la demonio televisiva, se alisaba las arrugas de su vestido con las manos, ignorando por completo, no solo las palabras si no la presencia de aquellos hombres.

    —Suficiente. —los interrumpió aburrida—. Te aconsejo qué guardes esa charlatanería para la reunión. Te va a ser difícil borrar esta primera impresión.—dejó en claro, afilando la mirada como si estuviera observando una presa. Los hombres tragaron saliva. Y el qué se mantuvo más callado trató de hablar.

    —Qui…quizá con una bonita cena…—insinuó, y Vox afiló aún más la mirada

    —Siéntete afortunado, porque pienso fingir qué no he escuchado eso. —advirtió y las luces del pasillo comenzaron a parpadear, claro signo de qué a la CEO de la empresa se le estaba agotando la paciencia. Dicho esto se marchó, aunque no sin remarcar les qué si se les ocurría llegar medio minuto tarde, disolvería cualquier acuerdo previo y posterior con su empresa y los afiliados a la misma, cosa qué dejaría a aquella empresa sin apoyo ninguno y caería en bancarrota, por que era obvio a qué empresa se unirían los afiliados a la hora de escoger.

    Finalmente, llegó la hora de la reunión, y al parecer sus amenazas fueron efectivas, pues aquellos miserables llegaron media hora antes. Al menos, algo bueno qué pudo sacar de tan desagradable primer encuentro.

    La reunión dio comienzo, y los participantes expusieron uno a uno sus ofertas para con la empresa Voxtek, además de sus presupuestos para sus futuros planes. Todo esto entre preguntas y escuchas y debates se alargó varias horas antes de qué a la propia Vox le tocase hablar. Cuando esto, ocurrió se puso en pie y camino hacia la pantalla donde se había proyectado y seguían proyectados los diferentes asuntos a tratar con sus posibles resoluciones. Ella comenzó a exponer todo lo qué había tenido tiempo a reflexionar con la nueva información cuando una mano se alzó de la nada.

    —¿Si?—preguntó, pensando qué se trataría de alguna incógnita qué le quedaría a alguien qué en un momento dado se habría despistado. Pero ¿Cual fue su sorpresa al escuchar la pregunta?

    —¿Usted no era un hombre?— ella pestañeó un par de veces, estupefacta.

    —Si. Pero, me temo qué he sido víctima de una pequeña broma por parte de uno de mis compañeros. —resumió, dándose la vuelta para seguir hablando

    —Entonces… ¿Sigue en condiciones de hacerse cargo de la empresa?— insistió el mismo, ella quien estaba de espaldas apretó la mandíbula con tanta fuerza qué se le desprendieron algunos de sus pequeños pero afilados dientes. Lentamente se dio la vuelta

    —¿Insinúa qué no estoy en pleno uso de mis facultades únicamente por un pequeño e irrisorio cambio en mi apariencia?—siseó como advertencia.

    —No, no… es solo qué si sea lo qué sea ha podido hacer semejante…—hizo una pausa, pensando bien en lo qué decia—.Transformación… quizá a alterado otras cosas. —

    —Pues no lo ha hecho. —contestó, obligándose a sonreír, pese a qué como volvía a ir y venir la corriente eléctrica, delataba qué no estaba tan tranquila como podía aparentar—.Gracias por su preocupación ¿A alguien más le apetece cuestionar mis capacidades en base a un simple cambio físico? ¿O podemos centrarnos ya en lo importante?—preguntó de forma retorica, juntando sus manos y de nuevo forzando una sonrisa, pero en esta ocasión dejaba clara su molestia, pues incluso unas pequeñas chispas correteaban por su cuerpo. En vista del sepulcral silencio qué se formó en la sala, pues al parecer todo el mundo acababa de comprender qué, efectivamente nada más que su aspecto físico había cambiado en ella y qué, por lo tanto era mejor no enfurecerla, Vox se dio la vuelta y siguió hablando, centrándose en los negocios. Ingenua ella qué creyó qué todas las incómodas preguntas terminaron, y qué ya podía seguir tranquila con su trabajo, se detuvo una vez más al escuchar unas pequeñas risas de otro tipo. Sus pupilas se afiliaron, y poco a poco se volteó, haciendo un gesto elegante con su mano mientras decía:

    —Por favor, señor Nirn…Cuente el chiste a la sala para qué todos podamos reírnos. —invitó en una clara amenaza. Aunque por algún motivo, aquello hizo qué él mencionado, quien posiblemente era el asistente mas estúpido de la sala, riera con más fuerza.

    —No es ningún chiste—comentó entre risas —Es qué… es qué no puedo…—continuó carcajeándose, mientras Vox, quien ya se olía por donde iban las cosas, tan solo pestañeó lentamente, abultando los labios en expresión indolente—.¡No puedo tomarte en serio!—confesó sin dejar de reír.

    —¿Ah, no?— cuestionó en un frío siseo, empezando a caminar despacio hacia el desgraciado

    —¡No!¡Es qué ahora eres tan delgadita!—ella sonrió al oirle—. ¡Tus dientes son tan chiquititos!¡Y esas garritas tan finas!¡Seguro qué no podrías arañar ni un trocito de papel con ellas!—

    —Si. Es para descojonarse…—asintió ella, ya peligrosamente cerca del tipo

    —¡Es qué ni si quiera das miedo!—

    —No, no lo doy. —le dio la razón una vez más, incluso riendo falsamente junto a él, aunque el resto de los presentes quienes sí eran más listos, habían alejado cuanto pudieron sus sillas de él y estaban prácticamente pegados a las paredes, pues ya mascaban la tragedia. Y así fue, pues mientras ambos reían como lunáticos, sin avisar Vox clavó sus garras por debajo de la mandíbula inferior a aquel alma tan corta de entendederas, haciendo qué estás se alargasen hasta atravesarlo por completo y tirando con fuerza le arrancó la mandíbula inferior dejándolo en una mueca perpetuamente boquiabierta y con la lengua colgando

    —¿¡AHORA YA TE DOY MIEDO?!¡¿O QUIERES QUÉ TAMBIEN TE SAQUE LOS PUTOS INTESTINOS Y ME HAGA UN JODIDO CINTURÓN CON ELLOS?!—rugió, lanzando aquel hueso sangrante sobre la mesa, mientras Nirn gritaba y trataba de sujetarse la lengua con las manos, tiñendo la mesa, parte del suelo y a si mismo de carmín. Entretanto Vox, para evitar más incidentes, tomó un pañuelo perfumado y se lo llevó allá donde supuestamente debía de haber una nariz, engañando así a su olfato para anular el hedor de la sangre—. Lo suponía. —volvió a darse la vuelta—.Y date prisa a regeberarte, estás dejando toda la sala hecha una auténtica mierda. —las luces y la corriente eléctrica seguirían yendo y viniendo unas largas horas, ya qué Vox tardaría en calmarse, aún así pudo seguir la reunión con normalidad. Y desde luego, nadie más se atrevió a hacer comentario alguno, risa, susurro ni mirada qué pudiera malinterpretarse.

    Las reuniones se alargaron toda la tarde hasta bien entrada la noche y aún así, tubo qué llevarse trabajo a casa. Sin dudas, fue un día horrible. Por lo qué fue directa a su habitación donde se desvistió y agotada se dejó caer de morros contra la cama. Cerró los ojos varios minutos para calmarse y cuando los abrió suspiró tomando el móvil y mirando la pantalla para ver dónde estaba Vel. Como no, fuera de la torre, se había escapado. Dejó el teléfono a un lado, se sentó al borde de la cama y se quedó mirando a la nada en silencio, mientras varios rayos recorriendo su cuerpo y la tensión eléctrica subía hasta qué las luces fallaban de nuevo. Sin decir nada respiró hondo, tomó un cojín, se lo puso en la cara y comenzó a gritar con todas sus fuerzas y a patalear de la ira, mientras los cables eléctricos se quemaban dejando el camino marcado en las paredes como las venas en un cuerpo humano.

    Cuando se quedó sin aire de tanto gritar en el almohadón, se dejó caer de espaldas, apartando dicho objeto qué voló por los aires y mirando el techo suspiró:

    —La mato. —con resignación, y es qué no había sido lo bastante cansado y espantoso el día qué, ahora debía de volverse a vestir, en lugar de ponerse su pijama de tiburón, para irla a buscar—


    —Desde qué se tragó por accidente la poción de Velvette que, no fue al trabajo. Y es qué, le pidió a su ayudante qué informase a todos y pasase todos sus compromisos a otro día a causa de estar “indispuesto”. A fin de cuentas, debían reflejar la perfección y en esa definición no entraba el ser víctima de una broma pesada de su novia. Por qué no, no sé creía qué sabiendo qué estaba de los nervios, hubiera dejado la poción tan a la vista por accidente. Pero ese era un tema aparte. A fin de cuentas, en un principio, pensó qué sería cosa de un par de días y una de dos; o Velvette crearía una poción para regresarlo a la normalidad o bien, los efectos de la misma remitirían por sí solos. Sin embargo, eso último no sucedió ni se esperaba qué sucediera a estas alturas. En cuanto a la poción qué contrarrestase aquel desastre… pues no pudo ser, ya qué la propia Vel acabó siendo víctima de una de las meteduras de pata de sus asistentas. Suspiró, y se vistió, al no irle ninguno de sus trajes, pues estos le apretaban el pecho pero luego del resto del cuerpo le iban muy, pero qué muy anchos, decidió ponerse un vestido, elegante pero aún así el aspecto no la convencía como para trabajar. Sin embargo, era eso o ir con pinta de presidiaria recién liberada con toda la ropa ancha. Antes de irse le dejó el desayuno hecho a Velvette y le envío un mensaje de buenos días a Valentino, quien no se encontraba en la torre. Para ponerlo un poco al día de como se encontraba Velvette, omitiendo sin querer y como de costumbre su propio estado al encontrarlo irrelevante al lado de Vel, además de desearle suerte en lo qué fuera qué estaba llevando a cabo. Pues era evidente qué algo estaba tramando cuando a penas se pasaba por la torre y más con Velvette en aquellas condiciones. Suspiró con resignación. Conociendo a las almas con las qué iba a reunirse hoy, su aspecto femenino, sería un problema. Siendo la única explicación a esto qué simplemente eran idiotas, ya qué si bueno era una mujer ¿Y qué? Tampoco era tan diferente. Una vez lista, se marchó a las oficinas y como era de esperar enseguida atrajo miradas extrañadas incluso de reojo, vio como alguien escupia el cafe sobre otro alguien de la impresión. Obvio algunas miradas eran descaradas pero no iba a darles importancia. Entró primero en su oficina, donde comenzó a poner en orden una montaña de documentos qué luego su ayudante debería entregar al departamento correspondiente a toda prisa, delegó algunos contratos son verdaderas importancia y se puso a negociar los términos de otros, era sorprendente como ya no debía buscar almas descarriadas, si no qué desde qué era overlord, estás los buscaban a ella y sus parejas ¡Qué cómodo era no tener qué esforzarse más en ese aspecto! A media mañana, le pidió un café a Erik, su ayudante, de quien no se le pasó por alto qué cada vez qué ahora le dirigía la palabra este temblaba pero ya no de miedo, o al menos no solo de eso, si no qué incluso se ponía rojo como un tomate. Chasqueó la lengua, era sumamente molesto. Si hasta el muy miserable acompañó su café con un lamentable ramo de margaritas. Vox no comentó nada al respecto, simplemente se tomó el café, y siguió revisando estadísticas, además de dar visto bueno o malo a los guiones de las siguientes obras qué se presentarían en voxflix. Canceló un par de series qué ya no rentaban, revisó los guiones y reportajes de las noticias de aquel día y en resumen, toda la burocracia ya qué a la tarde, después de comer comenzaba con las reuniones, la auténtica pesadilla. Para colmo, cuando salió a tomar el aire, una de las personas con las qué debía de reunirse, tras mirarlo descaradamente de arriba a abajo y esbozar una boba sonrisa, le hizo un gesto para qué se acercase. Así lo hizo. —¿Si?—preguntó con fastidio. Y el hombre respondió: —Eh, guapa. Traemos un café a mí y a mi colega, pero con leche de soja, descafeinado y terrones de azúcar. Nada de sobres. —ordenó, de nuevo mirándolo de aquel modo tan irritante. —No. —respondió Vox rotundamente, casi echando chispas. Los dos hombres intercambiaron miradas de extrañeza y volvieron a posar sus ojos de besugo en ella. —¿Como qué no?—preguntó uno contrariado. Ella se cruzó de brazos, abultando los labios en una mueca de desagrado—. ¿Es que no sabes quién soy?¡Vengo a reunirme con el puto jefe de este sitio!—y cometió el garrafal error de tomarla por la cintura, cosa qué aumento su exacerbación—.Asi qué si no quieres quedarte sin curro, pequeña secretaria, será mejor que muevas ese bonito culo ahora mismo. —exigió, acercando su feo rostro a ella, qué tan solo parpadeó con aburrimiento, mientras el compañero de aquel tipo, le reía la gracia como si fuera un babuino en celo. —Se muy bien quien eres. Y no soy una secretaria. De hecho, tenemos una reunión en una hora como bien hasta dicho. —respondió rodando los ojos con un tono de evidente hastío. Y al hombre prácticamente se le detuvo el corazón al escucharla, en su cara pudo ver cómo le dieron al menos diez mini infartos. —V…vo…v…¿¡Vox?!—exclamó. La mencionada enarcó una ceja imperterrite. —L..la..la…la misma—le hizo burla, luego lo observó con desdén haciendo una pequeña pausa y habló de nuevo—. Y de ahora en adelante, te agradecería qué no vuelvas a tocarme. Lo odio y no te conviene hacer nada qué pueda llegar a enfadarme.—gruñó con engañosa calma. Y por supuesto el hombre la soltó completamente abochornado y comenzaron ambos a disculparse torpemente, mientras qué la demonio televisiva, se alisaba las arrugas de su vestido con las manos, ignorando por completo, no solo las palabras si no la presencia de aquellos hombres. —Suficiente. —los interrumpió aburrida—. Te aconsejo qué guardes esa charlatanería para la reunión. Te va a ser difícil borrar esta primera impresión.—dejó en claro, afilando la mirada como si estuviera observando una presa. Los hombres tragaron saliva. Y el qué se mantuvo más callado trató de hablar. —Qui…quizá con una bonita cena…—insinuó, y Vox afiló aún más la mirada —Siéntete afortunado, porque pienso fingir qué no he escuchado eso. —advirtió y las luces del pasillo comenzaron a parpadear, claro signo de qué a la CEO de la empresa se le estaba agotando la paciencia. Dicho esto se marchó, aunque no sin remarcar les qué si se les ocurría llegar medio minuto tarde, disolvería cualquier acuerdo previo y posterior con su empresa y los afiliados a la misma, cosa qué dejaría a aquella empresa sin apoyo ninguno y caería en bancarrota, por que era obvio a qué empresa se unirían los afiliados a la hora de escoger. Finalmente, llegó la hora de la reunión, y al parecer sus amenazas fueron efectivas, pues aquellos miserables llegaron media hora antes. Al menos, algo bueno qué pudo sacar de tan desagradable primer encuentro. La reunión dio comienzo, y los participantes expusieron uno a uno sus ofertas para con la empresa Voxtek, además de sus presupuestos para sus futuros planes. Todo esto entre preguntas y escuchas y debates se alargó varias horas antes de qué a la propia Vox le tocase hablar. Cuando esto, ocurrió se puso en pie y camino hacia la pantalla donde se había proyectado y seguían proyectados los diferentes asuntos a tratar con sus posibles resoluciones. Ella comenzó a exponer todo lo qué había tenido tiempo a reflexionar con la nueva información cuando una mano se alzó de la nada. —¿Si?—preguntó, pensando qué se trataría de alguna incógnita qué le quedaría a alguien qué en un momento dado se habría despistado. Pero ¿Cual fue su sorpresa al escuchar la pregunta? —¿Usted no era un hombre?— ella pestañeó un par de veces, estupefacta. —Si. Pero, me temo qué he sido víctima de una pequeña broma por parte de uno de mis compañeros. —resumió, dándose la vuelta para seguir hablando —Entonces… ¿Sigue en condiciones de hacerse cargo de la empresa?— insistió el mismo, ella quien estaba de espaldas apretó la mandíbula con tanta fuerza qué se le desprendieron algunos de sus pequeños pero afilados dientes. Lentamente se dio la vuelta —¿Insinúa qué no estoy en pleno uso de mis facultades únicamente por un pequeño e irrisorio cambio en mi apariencia?—siseó como advertencia. —No, no… es solo qué si sea lo qué sea ha podido hacer semejante…—hizo una pausa, pensando bien en lo qué decia—.Transformación… quizá a alterado otras cosas. — —Pues no lo ha hecho. —contestó, obligándose a sonreír, pese a qué como volvía a ir y venir la corriente eléctrica, delataba qué no estaba tan tranquila como podía aparentar—.Gracias por su preocupación ¿A alguien más le apetece cuestionar mis capacidades en base a un simple cambio físico? ¿O podemos centrarnos ya en lo importante?—preguntó de forma retorica, juntando sus manos y de nuevo forzando una sonrisa, pero en esta ocasión dejaba clara su molestia, pues incluso unas pequeñas chispas correteaban por su cuerpo. En vista del sepulcral silencio qué se formó en la sala, pues al parecer todo el mundo acababa de comprender qué, efectivamente nada más que su aspecto físico había cambiado en ella y qué, por lo tanto era mejor no enfurecerla, Vox se dio la vuelta y siguió hablando, centrándose en los negocios. Ingenua ella qué creyó qué todas las incómodas preguntas terminaron, y qué ya podía seguir tranquila con su trabajo, se detuvo una vez más al escuchar unas pequeñas risas de otro tipo. Sus pupilas se afiliaron, y poco a poco se volteó, haciendo un gesto elegante con su mano mientras decía: —Por favor, señor Nirn…Cuente el chiste a la sala para qué todos podamos reírnos. —invitó en una clara amenaza. Aunque por algún motivo, aquello hizo qué él mencionado, quien posiblemente era el asistente mas estúpido de la sala, riera con más fuerza. —No es ningún chiste—comentó entre risas —Es qué… es qué no puedo…—continuó carcajeándose, mientras Vox, quien ya se olía por donde iban las cosas, tan solo pestañeó lentamente, abultando los labios en expresión indolente—.¡No puedo tomarte en serio!—confesó sin dejar de reír. —¿Ah, no?— cuestionó en un frío siseo, empezando a caminar despacio hacia el desgraciado —¡No!¡Es qué ahora eres tan delgadita!—ella sonrió al oirle—. ¡Tus dientes son tan chiquititos!¡Y esas garritas tan finas!¡Seguro qué no podrías arañar ni un trocito de papel con ellas!— —Si. Es para descojonarse…—asintió ella, ya peligrosamente cerca del tipo —¡Es qué ni si quiera das miedo!— —No, no lo doy. —le dio la razón una vez más, incluso riendo falsamente junto a él, aunque el resto de los presentes quienes sí eran más listos, habían alejado cuanto pudieron sus sillas de él y estaban prácticamente pegados a las paredes, pues ya mascaban la tragedia. Y así fue, pues mientras ambos reían como lunáticos, sin avisar Vox clavó sus garras por debajo de la mandíbula inferior a aquel alma tan corta de entendederas, haciendo qué estás se alargasen hasta atravesarlo por completo y tirando con fuerza le arrancó la mandíbula inferior dejándolo en una mueca perpetuamente boquiabierta y con la lengua colgando —¿¡AHORA YA TE DOY MIEDO?!¡¿O QUIERES QUÉ TAMBIEN TE SAQUE LOS PUTOS INTESTINOS Y ME HAGA UN JODIDO CINTURÓN CON ELLOS?!—rugió, lanzando aquel hueso sangrante sobre la mesa, mientras Nirn gritaba y trataba de sujetarse la lengua con las manos, tiñendo la mesa, parte del suelo y a si mismo de carmín. Entretanto Vox, para evitar más incidentes, tomó un pañuelo perfumado y se lo llevó allá donde supuestamente debía de haber una nariz, engañando así a su olfato para anular el hedor de la sangre—. Lo suponía. —volvió a darse la vuelta—.Y date prisa a regeberarte, estás dejando toda la sala hecha una auténtica mierda. —las luces y la corriente eléctrica seguirían yendo y viniendo unas largas horas, ya qué Vox tardaría en calmarse, aún así pudo seguir la reunión con normalidad. Y desde luego, nadie más se atrevió a hacer comentario alguno, risa, susurro ni mirada qué pudiera malinterpretarse. Las reuniones se alargaron toda la tarde hasta bien entrada la noche y aún así, tubo qué llevarse trabajo a casa. Sin dudas, fue un día horrible. Por lo qué fue directa a su habitación donde se desvistió y agotada se dejó caer de morros contra la cama. Cerró los ojos varios minutos para calmarse y cuando los abrió suspiró tomando el móvil y mirando la pantalla para ver dónde estaba Vel. Como no, fuera de la torre, se había escapado. Dejó el teléfono a un lado, se sentó al borde de la cama y se quedó mirando a la nada en silencio, mientras varios rayos recorriendo su cuerpo y la tensión eléctrica subía hasta qué las luces fallaban de nuevo. Sin decir nada respiró hondo, tomó un cojín, se lo puso en la cara y comenzó a gritar con todas sus fuerzas y a patalear de la ira, mientras los cables eléctricos se quemaban dejando el camino marcado en las paredes como las venas en un cuerpo humano. Cuando se quedó sin aire de tanto gritar en el almohadón, se dejó caer de espaldas, apartando dicho objeto qué voló por los aires y mirando el techo suspiró: —La mato. —con resignación, y es qué no había sido lo bastante cansado y espantoso el día qué, ahora debía de volverse a vestir, en lugar de ponerse su pijama de tiburón, para irla a buscar—
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