• [-Luego de una dura batalla contra Shockwave, prime se vio obligado a acabarlo por sus acciones contra los Autobots que había tomado como experimentos, una difícil, pero necesaria opción-]
    [-Luego de una dura batalla contra Shockwave, prime se vio obligado a acabarlo por sus acciones contra los Autobots que había tomado como experimentos, una difícil, pero necesaria opción-]
    Me gusta
    Me encocora
    5
    0 turnos 0 maullidos
  • 『Instagram Post』
    ≋ @very_very_veyra: ≋

    【 Tu amiga desempleada un lunes por la tarde: Vamos a ver cuánto tarda el ascensor para ir del primero al último piso. Me compro un montón de cosas y después repito el experimento para ver si el peso de las bolsas lo hacer ir más lento. ¡Es por la ciencia! (?) 】
    『Instagram Post』 ≋ @very_very_veyra: ≋ 【 Tu amiga desempleada un lunes por la tarde: Vamos a ver cuánto tarda el ascensor para ir del primero al último piso. Me compro un montón de cosas y después repito el experimento para ver si el peso de las bolsas lo hacer ir más lento. ¡Es por la ciencia! (?) 】
    Me enjaja
    3
    4 turnos 0 maullidos
  • — Luana

    Cuatro años.
    Cuatro ciclos completos desde la noche en que dejé de ser algo a medio hacer y me convertí en lo que soy ahora. Cuatro años desde que mi sangre terminó de sellarse con la suya, desde que mi cuerpo aceptó la transformación total… y desde que me fui.
    El vínculo nunca se rompió.
    Eso lo supe desde el primer día.

    No importa cuánta distancia puse entre nosotros, cuántos territorios crucé, cuántas lunas ignoré su llamado. El lazo seguía ahí, silencioso, constante, como un latido ajeno escondido bajo el mío. No me ordenaba. No me arrastraba. Solo existía. Y quizá por eso me molestaba tanto.
    Porque yo no quería deberle nada a nadie.

    Estoy de pie junto a la ventana, la luz del atardecer cortando mi piel en franjas irregulares. Sombra y claridad. Siempre lo mismo. Paso los dedos por mi brazo, sintiendo la fuerza contenida bajo la superficie, el control que me costó años ganar. Ya no tiemblo cuando la bestia se mueve dentro de mí. Ya no le temo. La conozco.

    Es mía
    Durante mucho tiempo creí que el vínculo era una cadena.
    Una forma más de control.
    Una voz esperando el momento para reclamarme.
    Me equivoqué… o quizá nunca quise entenderlo.

    No obedecí. Nunca lo hice del todo. Y aun así, el lazo no se volvió castigo ni amenaza. Simplemente permaneció. Como si la creación no exigiera sumisión, solo reconocimiento. Y eso era lo que yo me negaba a dar.

    Porque quería ser libre.
    Porque estaba cansada de existir bajo expectativas ajenas.
    Porque no me transformé para convertirme en la sombra de otro.

    Cierro los ojos y respiro hondo. Mi mente ya no se fragmenta como antes. La loba no empuja, no araña. Observa conmigo. Hemos aprendido a caminar juntas, no una sobre la otra. Esa fue mi verdadera victoria. No huir No romper Integrar
    Si el vínculo sigue ahí, no es porque me controle.

    Es porque me recuerda lo que soy… y lo que sobreviví.

    No le debo lealtad ciega a nadie.
    No nací para obedecer órdenes disfrazadas de destino.
    Soy Luana
    No la creación.
    No la herencia
    No el error ni el experimento.
    Solo yo.

    Y por primera vez desde aquella noche, esa certeza pesa menos que la libertad que siento al pronunciarla en silencio.
    — Luana Cuatro años. Cuatro ciclos completos desde la noche en que dejé de ser algo a medio hacer y me convertí en lo que soy ahora. Cuatro años desde que mi sangre terminó de sellarse con la suya, desde que mi cuerpo aceptó la transformación total… y desde que me fui. El vínculo nunca se rompió. Eso lo supe desde el primer día. No importa cuánta distancia puse entre nosotros, cuántos territorios crucé, cuántas lunas ignoré su llamado. El lazo seguía ahí, silencioso, constante, como un latido ajeno escondido bajo el mío. No me ordenaba. No me arrastraba. Solo existía. Y quizá por eso me molestaba tanto. Porque yo no quería deberle nada a nadie. Estoy de pie junto a la ventana, la luz del atardecer cortando mi piel en franjas irregulares. Sombra y claridad. Siempre lo mismo. Paso los dedos por mi brazo, sintiendo la fuerza contenida bajo la superficie, el control que me costó años ganar. Ya no tiemblo cuando la bestia se mueve dentro de mí. Ya no le temo. La conozco. Es mía Durante mucho tiempo creí que el vínculo era una cadena. Una forma más de control. Una voz esperando el momento para reclamarme. Me equivoqué… o quizá nunca quise entenderlo. No obedecí. Nunca lo hice del todo. Y aun así, el lazo no se volvió castigo ni amenaza. Simplemente permaneció. Como si la creación no exigiera sumisión, solo reconocimiento. Y eso era lo que yo me negaba a dar. Porque quería ser libre. Porque estaba cansada de existir bajo expectativas ajenas. Porque no me transformé para convertirme en la sombra de otro. Cierro los ojos y respiro hondo. Mi mente ya no se fragmenta como antes. La loba no empuja, no araña. Observa conmigo. Hemos aprendido a caminar juntas, no una sobre la otra. Esa fue mi verdadera victoria. No huir No romper Integrar Si el vínculo sigue ahí, no es porque me controle. Es porque me recuerda lo que soy… y lo que sobreviví. No le debo lealtad ciega a nadie. No nací para obedecer órdenes disfrazadas de destino. Soy Luana No la creación. No la herencia No el error ni el experimento. Solo yo. Y por primera vez desde aquella noche, esa certeza pesa menos que la libertad que siento al pronunciarla en silencio.
    Me encocora
    Me endiabla
    2
    0 turnos 0 maullidos
  • No soy la copia que tiembla ante la duda ni la sombra que busca aprobación.
    Soy Albedo: la chispa que observa el mundo como un experimento vivo, donde cada emoción es una reacción y cada decisión, una fórmula irreversible. En mis manos, la creación no es perfección, es intención; y en mi silencio habita la verdad de quien entiende que existir no es obedecer un diseño, sino cuestionarlo. Aquí, entre estrellas y polvo, sigo escribiendo mi propia ecuación.
    No soy la copia que tiembla ante la duda ni la sombra que busca aprobación. Soy Albedo: la chispa que observa el mundo como un experimento vivo, donde cada emoción es una reacción y cada decisión, una fórmula irreversible. En mis manos, la creación no es perfección, es intención; y en mi silencio habita la verdad de quien entiende que existir no es obedecer un diseño, sino cuestionarlo. Aquí, entre estrellas y polvo, sigo escribiendo mi propia ecuación.
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    10
    0 turnos 0 maullidos
  • LA TRANSFORMACIÓN DE EKATERINA.

    La tierra tiembla mientras que la piel de Ekaterina cambia a un tono rojizo, como la sangre, sus ojos se vuelven amarillentos y luminosos, sus tentáculos aumentan de tamaño, y pueden estirarse hasta más de 6 metros. Además de engendrar el poder del fuego casi volcánico, y su inmunidad a las llamas. Su sangre mejorada, no sólo le ha otorgado mucha más habilidades, sino que además, se puede enfrentar incluso a Dioses. Lo que era un simple experimento incompleto, ahora se convirtió en un ser protector más con poderes increíbles.
    LA TRANSFORMACIÓN DE EKATERINA. La tierra tiembla mientras que la piel de Ekaterina cambia a un tono rojizo, como la sangre, sus ojos se vuelven amarillentos y luminosos, sus tentáculos aumentan de tamaño, y pueden estirarse hasta más de 6 metros. Además de engendrar el poder del fuego casi volcánico, y su inmunidad a las llamas. Su sangre mejorada, no sólo le ha otorgado mucha más habilidades, sino que además, se puede enfrentar incluso a Dioses. Lo que era un simple experimento incompleto, ahora se convirtió en un ser protector más con poderes increíbles. 🔥
    Me encocora
    Me shockea
    Me gusta
    9
    11 turnos 0 maullidos
  • Dottore

    *tratar con la princesa del abismo es... interesante, a demás de que suele relajarse cuando ella entra al laboratorio... cosa que permite incluso dándole la llave de este, solo ponía las etiquetas correspondientes en sustancias peligrosas.

    Habiendo creado un piso subterráneo para sus experimentos mas peligrosos, junto a las criaturas que formaba, con tal de protegerla indirectamente, poniendo atención a las ideas de Lumine, claro las llevaba a cabo para verla sonreir*

    Incluso tengo algo para Lumi hoy...
    🩺 Dottore 🧪 *tratar con la princesa del abismo es... interesante, a demás de que suele relajarse cuando ella entra al laboratorio... cosa que permite incluso dándole la llave de este, solo ponía las etiquetas correspondientes en sustancias peligrosas. Habiendo creado un piso subterráneo para sus experimentos mas peligrosos, junto a las criaturas que formaba, con tal de protegerla indirectamente, poniendo atención a las ideas de Lumine, claro las llevaba a cabo para verla sonreir* Incluso tengo algo para Lumi hoy...
    Me encocora
    1
    15 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    He creado un chat sobre el laboratorio por si les interesa rolear ahi tambien.
    Ya que he visto mucho que ese apartado esta abandonado asi que queria hacer un experimento con ese apartado.

    Mi personaje estará ahi casi todo el tiempo asi que espero que se pueda dar un seguimiento sano.

    Si el experimento resulta, podremos saber que es factible usarlos.

    De no ser asi, ya se sabrá que es mejor hacer post para hacer roles.

    Cuento con un buen desempeño de esta plataforma.
    He creado un chat sobre el laboratorio por si les interesa rolear ahi tambien. Ya que he visto mucho que ese apartado esta abandonado asi que queria hacer un experimento con ese apartado. Mi personaje estará ahi casi todo el tiempo asi que espero que se pueda dar un seguimiento sano. Si el experimento resulta, podremos saber que es factible usarlos. De no ser asi, ya se sabrá que es mejor hacer post para hacer roles. Cuento con un buen desempeño de esta plataforma. :STK-68:
    Me encocora
    Me shockea
    4
    5 comentarios 0 compartidos
  • La muerte es tan enigmatica...a faust le encantaría controlarla. La inmortalidad es algo inmoral...y es algo que a faust le obsesiona...¿hasta cuantos experimentos lo logrará averiguar?...
    La muerte es tan enigmatica...a faust le encantaría controlarla. La inmortalidad es algo inmoral...y es algo que a faust le obsesiona...¿hasta cuantos experimentos lo logrará averiguar?...
    Me gusta
    Me encocora
    Me shockea
    8
    9 turnos 0 maullidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El impacto no debería haber dolido.
    No a mí.
    No a lo que soy.

    Pero el dolor llegó igual: un latigazo cálido, humano, visceral.

    Y sonreí.

    Me incorporé despacio, dejando que el polvo se deslizara por mi piel nueva. Era extraña… demasiado blanda. Viva. Vulnerable. Inestable. Pero mía. Un experimento aún sin pulir.

    El sol me rozó y un temblor recorrió mi espalda.
    Calor…
    Una sensación que solo había observado desde dentro de Lili, nunca desde mis propios nervios.

    El viento me levantó el cabello.
    El olor húmedo de la tierra me invadió.
    Los colores estaban demasiado vivos… demasiado sinceros.

    Perfecto.

    Mi memoria era una maraña: ecos de Lili, ecos del Caos, ecos de mí misma. Pero al girar la cabeza y verlas ahí —como si hubieran estado esperándome desde antes del tiempo— una claridad incómoda me atravesó.

    Tsukumo Sana, con su sonrisa que nunca dice todo.
    Aikaterine, con esa serenidad que huele a destino.

    Ambas me observan sin sorpresa.
    Eso es lo peor de todo.

    Di un paso al frente, estirando el cuerpo como una serpiente que prueba un suelo nuevo, y pregunté:

    Veythra:
    —¿Cuánto tiempo tengo?

    Aikaterine solo entornó los ojos, como si midiera líneas temporales que yo aún no podía ver.
    —Será mejor que te pongas en marcha. No te conviene quedarte quieta… en este estado.

    Tsukumo Sana ladeó la cabeza con dulzura traviesa.
    —¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer, Veythra? Lo de… hmm… no romper otra vez el espacio-tiempo. Y lo de mantener tu cuerpecito, claro.

    Mi cuerpo palpitó un segundo, como si fuera a desmoronarse. Lo sostuve con voluntad pura.

    No necesitaba más explicaciones.
    No necesitaba más advertencias.

    En mi mente, solo un nombre ardía con fuerza: Ishtar.

    Ese apellido…
    esa línea de sangre…
    la llave a mi estabilidad.

    Veythra:
    —Sí.

    No esperé aprobación.
    No pedí permiso.

    Me puse a andar, cada paso afirmando mi derecho a existir, aunque el mundo temblara por ello.

    Detrás de mí, escuché a Sana reír muy bajito.
    Aikaterine suspiró como quien acepta un desastre inevitable.

    Y la aventura de Veythra, separada al fin de Lili, había comenzado.
    El impacto no debería haber dolido. No a mí. No a lo que soy. Pero el dolor llegó igual: un latigazo cálido, humano, visceral. Y sonreí. Me incorporé despacio, dejando que el polvo se deslizara por mi piel nueva. Era extraña… demasiado blanda. Viva. Vulnerable. Inestable. Pero mía. Un experimento aún sin pulir. El sol me rozó y un temblor recorrió mi espalda. Calor… Una sensación que solo había observado desde dentro de Lili, nunca desde mis propios nervios. El viento me levantó el cabello. El olor húmedo de la tierra me invadió. Los colores estaban demasiado vivos… demasiado sinceros. Perfecto. Mi memoria era una maraña: ecos de Lili, ecos del Caos, ecos de mí misma. Pero al girar la cabeza y verlas ahí —como si hubieran estado esperándome desde antes del tiempo— una claridad incómoda me atravesó. Tsukumo Sana, con su sonrisa que nunca dice todo. Aikaterine, con esa serenidad que huele a destino. Ambas me observan sin sorpresa. Eso es lo peor de todo. Di un paso al frente, estirando el cuerpo como una serpiente que prueba un suelo nuevo, y pregunté: Veythra: —¿Cuánto tiempo tengo? Aikaterine solo entornó los ojos, como si midiera líneas temporales que yo aún no podía ver. —Será mejor que te pongas en marcha. No te conviene quedarte quieta… en este estado. Tsukumo Sana ladeó la cabeza con dulzura traviesa. —¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer, Veythra? Lo de… hmm… no romper otra vez el espacio-tiempo. Y lo de mantener tu cuerpecito, claro. Mi cuerpo palpitó un segundo, como si fuera a desmoronarse. Lo sostuve con voluntad pura. No necesitaba más explicaciones. No necesitaba más advertencias. En mi mente, solo un nombre ardía con fuerza: Ishtar. Ese apellido… esa línea de sangre… la llave a mi estabilidad. Veythra: —Sí. No esperé aprobación. No pedí permiso. Me puse a andar, cada paso afirmando mi derecho a existir, aunque el mundo temblara por ello. Detrás de mí, escuché a Sana reír muy bajito. Aikaterine suspiró como quien acepta un desastre inevitable. Y la aventura de Veythra, separada al fin de Lili, había comenzado.
    El impacto no debería haber dolido.
    No a mí.
    No a lo que soy.

    Pero el dolor llegó igual: un latigazo cálido, humano, visceral.

    Y sonreí.

    Me incorporé despacio, dejando que el polvo se deslizara por mi piel nueva. Era extraña… demasiado blanda. Viva. Vulnerable. Inestable. Pero mía. Un experimento aún sin pulir.

    El sol me rozó y un temblor recorrió mi espalda.
    Calor…
    Una sensación que solo había observado desde dentro de Lili, nunca desde mis propios nervios.

    El viento me levantó el cabello.
    El olor húmedo de la tierra me invadió.
    Los colores estaban demasiado vivos… demasiado sinceros.

    Perfecto.

    Mi memoria era una maraña: ecos de Lili, ecos del Caos, ecos de mí misma. Pero al girar la cabeza y verlas ahí —como si hubieran estado esperándome desde antes del tiempo— una claridad incómoda me atravesó.

    Tsukumo Sana, con su sonrisa que nunca dice todo.
    Aikaterine, con esa serenidad que huele a destino.

    Ambas me observan sin sorpresa.
    Eso es lo peor de todo.

    Di un paso al frente, estirando el cuerpo como una serpiente que prueba un suelo nuevo, y pregunté:

    Veythra:
    —¿Cuánto tiempo tengo?

    Aikaterine solo entornó los ojos, como si midiera líneas temporales que yo aún no podía ver.
    —Será mejor que te pongas en marcha. No te conviene quedarte quieta… en este estado.

    Tsukumo Sana ladeó la cabeza con dulzura traviesa.
    —¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer, Veythra? Lo de… hmm… no romper otra vez el espacio-tiempo. Y lo de mantener tu cuerpecito, claro.

    Mi cuerpo palpitó un segundo, como si fuera a desmoronarse. Lo sostuve con voluntad pura.

    No necesitaba más explicaciones.
    No necesitaba más advertencias.

    En mi mente, solo un nombre ardía con fuerza: Ishtar.

    Ese apellido…
    esa línea de sangre…
    la llave a mi estabilidad.

    Veythra:
    —Sí.

    No esperé aprobación.
    No pedí permiso.

    Me puse a andar, cada paso afirmando mi derecho a existir, aunque el mundo temblara por ello.

    Detrás de mí, escuché a Sana reír muy bajito.
    Aikaterine suspiró como quien acepta un desastre inevitable.

    Y la aventura de Veythra, separada al fin de Lili, había comenzado.
    Me gusta
    Me encocora
    2
    0 comentarios 0 compartidos
  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
    Esto se ha publicado como Out Of Character.
    Tenlo en cuenta al responder.
    El impacto no debería haber dolido.
    No a mí.
    No a lo que soy.

    Pero el dolor llegó igual: un latigazo cálido, humano, visceral.

    Y sonreí.

    Me incorporé despacio, dejando que el polvo se deslizara por mi piel nueva. Era extraña… demasiado blanda. Viva. Vulnerable. Inestable. Pero mía. Un experimento aún sin pulir.

    El sol me rozó y un temblor recorrió mi espalda.
    Calor…
    Una sensación que solo había observado desde dentro de Lili, nunca desde mis propios nervios.

    El viento me levantó el cabello.
    El olor húmedo de la tierra me invadió.
    Los colores estaban demasiado vivos… demasiado sinceros.

    Perfecto.

    Mi memoria era una maraña: ecos de Lili, ecos del Caos, ecos de mí misma. Pero al girar la cabeza y verlas ahí —como si hubieran estado esperándome desde antes del tiempo— una claridad incómoda me atravesó.

    Tsukumo Sana, con su sonrisa que nunca dice todo.
    Aikaterine, con esa serenidad que huele a destino.

    Ambas me observan sin sorpresa.
    Eso es lo peor de todo.

    Di un paso al frente, estirando el cuerpo como una serpiente que prueba un suelo nuevo, y pregunté:

    Veythra:
    —¿Cuánto tiempo tengo?

    Aikaterine solo entornó los ojos, como si midiera líneas temporales que yo aún no podía ver.
    —Será mejor que te pongas en marcha. No te conviene quedarte quieta… en este estado.

    Tsukumo Sana ladeó la cabeza con dulzura traviesa.
    —¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer, Veythra? Lo de… hmm… no romper otra vez el espacio-tiempo. Y lo de mantener tu cuerpecito, claro.

    Mi cuerpo palpitó un segundo, como si fuera a desmoronarse. Lo sostuve con voluntad pura.

    No necesitaba más explicaciones.
    No necesitaba más advertencias.

    En mi mente, solo un nombre ardía con fuerza: Ishtar.

    Ese apellido…
    esa línea de sangre…
    la llave a mi estabilidad.

    Veythra:
    —Sí.

    No esperé aprobación.
    No pedí permiso.

    Me puse a andar, cada paso afirmando mi derecho a existir, aunque el mundo temblara por ello.

    Detrás de mí, escuché a Sana reír muy bajito.
    Aikaterine suspiró como quien acepta un desastre inevitable.

    Y la aventura de Veythra, separada al fin de Lili, había comenzado.
    El impacto no debería haber dolido. No a mí. No a lo que soy. Pero el dolor llegó igual: un latigazo cálido, humano, visceral. Y sonreí. Me incorporé despacio, dejando que el polvo se deslizara por mi piel nueva. Era extraña… demasiado blanda. Viva. Vulnerable. Inestable. Pero mía. Un experimento aún sin pulir. El sol me rozó y un temblor recorrió mi espalda. Calor… Una sensación que solo había observado desde dentro de Lili, nunca desde mis propios nervios. El viento me levantó el cabello. El olor húmedo de la tierra me invadió. Los colores estaban demasiado vivos… demasiado sinceros. Perfecto. Mi memoria era una maraña: ecos de Lili, ecos del Caos, ecos de mí misma. Pero al girar la cabeza y verlas ahí —como si hubieran estado esperándome desde antes del tiempo— una claridad incómoda me atravesó. Tsukumo Sana, con su sonrisa que nunca dice todo. Aikaterine, con esa serenidad que huele a destino. Ambas me observan sin sorpresa. Eso es lo peor de todo. Di un paso al frente, estirando el cuerpo como una serpiente que prueba un suelo nuevo, y pregunté: Veythra: —¿Cuánto tiempo tengo? Aikaterine solo entornó los ojos, como si midiera líneas temporales que yo aún no podía ver. —Será mejor que te pongas en marcha. No te conviene quedarte quieta… en este estado. Tsukumo Sana ladeó la cabeza con dulzura traviesa. —¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer, Veythra? Lo de… hmm… no romper otra vez el espacio-tiempo. Y lo de mantener tu cuerpecito, claro. Mi cuerpo palpitó un segundo, como si fuera a desmoronarse. Lo sostuve con voluntad pura. No necesitaba más explicaciones. No necesitaba más advertencias. En mi mente, solo un nombre ardía con fuerza: Ishtar. Ese apellido… esa línea de sangre… la llave a mi estabilidad. Veythra: —Sí. No esperé aprobación. No pedí permiso. Me puse a andar, cada paso afirmando mi derecho a existir, aunque el mundo temblara por ello. Detrás de mí, escuché a Sana reír muy bajito. Aikaterine suspiró como quien acepta un desastre inevitable. Y la aventura de Veythra, separada al fin de Lili, había comenzado.
    Me encocora
    1
    1 comentario 1 compartido
Ver más resultados
Patrocinados