• Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    Tenlo en cuenta al responder.
    //ATENCIÓN POR FAVOR, CAMBIO DE NORMATIVAS

    Debido a que resetee TODA la historia de la familia Wimbleton en mi perfil principal, la historia de este perfil no se tomará como Canon, en su lugar, le dedicaré a este perfil a unas variantes del Hank James Wimbleton original (para nada tomando como inspiración de cierta serie de un cierto héroe que se tuvo que enfrentar a variantes de si mismo en su tercera temporada lanzada el 2025), estás variantes NO serán canónicas, por lo que todo lo que hagan, digan y/o sufran, no afectara a la historia original ni a otras variantes
    //ATENCIÓN POR FAVOR, CAMBIO DE NORMATIVAS Debido a que resetee TODA la historia de la familia Wimbleton en mi perfil principal, la historia de este perfil no se tomará como Canon, en su lugar, le dedicaré a este perfil a unas variantes del Hank James Wimbleton original (para nada tomando como inspiración de cierta serie de un cierto héroe que se tuvo que enfrentar a variantes de si mismo en su tercera temporada lanzada el 2025), estás variantes NO serán canónicas, por lo que todo lo que hagan, digan y/o sufran, no afectara a la historia original ni a otras variantes
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  • Alguien voló sobre el nido del cuco
    Fandom Clan Ishtar
    Categoría Original
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113

    Aeropuerto Internacional de San Francisco.
    Noche. No importa la hora.
    Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino.
    Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo.

    Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente.
    Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes.
    Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida.
    Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar.

    Al inicio me encontraba reticente.
    Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía.
    Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando.
    Y pedir ayuda no era una opción.
    No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando.
    Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse.

    Sin embargo, no tardé tanto en decidir.

    No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo.

    Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto.

    Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo.

    Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos.
    Extendí la mano.
    Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos.
    Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano.

    Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar.

    Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no?
    Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano.
    Me sometía ante el.
    Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme.

    En este momento, lo estaba haciendo con determinación.
    Conciencia.
    Sabía de sobra lo que había.
    La presencia seguía siendo igual de abrumadora.
    Pero yo había cambiado.
    Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber.

    ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar.

    Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver.
    Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso.
    Nadie podía atacar su propia mente.
    Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir.
    Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad.
    Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna.

    ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba.

    ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ──

    Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”.
    Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia.
    Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte.
    La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo.
    Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle.

    ── ¿Será? ──

    El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir.

    ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona

    Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría.

    Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte.

    Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías.

    Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ──

    Mis palabras son interrumpidas por su risa.
    Grave.
    Absoluta.

    ── Una respuesta muy humana. ──

    Se queda callado.
    Me quedo quieto.
    Mi mirada sigue sin cambiar.
    ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto?
    El solo planteamiento suena como una mala broma.

    ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ──

    El silencio sigue un momento más.

    ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ──

    Y entonces, me doy cuenta.
    Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”.
    Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio.

    ── Veo que lo entiendes. ──

    Vuelvo a abrir los ojos.
    A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea.
    Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo.

    No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra.

    No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes.
    Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno.

    Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido.
    Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo.
    Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado.
    Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba.
    Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco.
    Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio.
    Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco.
    El amor de un padre, dirían algunos.
    La continuación de un legado, podría decir yo.

    Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora.
    Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes.
    Pero por dentro, hervía de ganas.

    Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    https://www.youtube.com/watch?v=_1_IXFQY5Wk&list=LL&index=113 Aeropuerto Internacional de San Francisco. Noche. No importa la hora. Multitud. Cada uno de ellos, cual animal de pastoreo se dirige a su destino. Sin mirar a los lados. Con sus ojos sobre sus pertenencias, móvil o pendientes de alguna tontería del estilo. Hacía unas semanas, las dudas habían asaltado mi mente. Mi familia había comenzado a preocuparse. Los cambios en mi actitud eran evidentes. Pero no había forma de que les dijese que mi propia personalidad estaba indefinida. Que, como dice el dicho, la cabra tira al monte. Y lo que siempre había sido, estaba volviendo para reclamar su lugar. Al inicio me encontraba reticente. Era consciente de la oscuridad que albergaba. Del peligro que podía suponer. De que, entregarle el mando a alguien más podría suponer el fin de lo que conocía. Por otra parte, era cuestión de tiempo que acabase pasando. Y pedir ayuda no era una opción. No cuando hay una parte de mi que comienza a aceptar lo que está pasando. Y tras aquel día donde por primera vez tras mucho tiempo, mi cabello platinado comenzaba a ennegrecerse en sus raíces mientras me había manchado de sangre de la misma forma que podría haber estado lloviendo sobre mi, cada vez una dualidad que no tenía lugar estaba comenzando a manifestarse. Sin embargo, no tardé tanto en decidir. No pasó nada. Simplemente, quise hacerlo. Me levanté. Me vi al espejo. Me di cuenta de lo muerta que se había vuelto mi mirada. De que mi impecablemente peinado cabello hacía días que comenzaba a estar revuelto. Y, como quien se encuentra tras tanto tiempo con un viejo amigo, abracé la oscuridad por completo. Sin miedo, de manera inesperada y por primera vez, cerré los ojos. Extendí la mano. Concentré todo el poder del contrato en las puntas de mis dedos. Y haciendo el gesto de haber girado una llave, entré a su plano. Cuando abrí los ojos, me encontraba en ese lugar. Veinte años atrás, estaba totalmente aterrorizado. Yo mismo y sin poderes, no entendía nada. ¿Era un lugar? ¿Una presencia? ¿Por qué mi cabeza me decía que estas escaleras de Escher eran correctas e incorrectas al mismo tiempo? ¿Que lo estaba entendiendo y a la vez no? Sentía un miedo que me rebajaba a lo humano. Me sometía ante el. Y ante todo, me recordaba que había siempre algo por encima de mi a lo que me convenía someterme. En este momento, lo estaba haciendo con determinación. Conciencia. Sabía de sobra lo que había. La presencia seguía siendo igual de abrumadora. Pero yo había cambiado. Entiendo que no entiendo. Sé que puedo lo que no puedo. Donde todo comienza y termina, sé y a la vez no sé lo que hay y deja de haber. ── Debes estar confuso. ── dije. Mi antigua personalidad había resquebrajado un sello que parecía imposible. Y de igual manera, la conjunción y armonía de ambas personalidades, pasada y presente, habían encontrado un hilo del que tirar. Una voz parece oírse. Desde todas partes, desde dentro de mi, en mi propia mente. Esta presencia omnipotente, omnisciente…era su manera de hacerse ver. Él sabía mejor que nadie que haber decidido trascender y existir como algo mucho más allá de algo físico era la manera de ser el más poderoso. Nadie podía atacar su propia mente. Nadie podía acorralar algo que no pudiese definir. Se había refugiado en cada presencia, cada mente, cada individuo capaz de interpretar la realidad. Él existía a través de ello. Y mientras la realidad siguiese en el mismo plano, su existencia sería eterna. ── Mi Apóstol. Algo te inquieta. ──. Sus palabras son medidas. Nunca se ha expresado más de lo necesario. No lo consideraba. ── No. Simplemente he venido a tomar lo que considero mío. ── Son palabras mayores frente a la mismísima identidad que rige lo que cada individuo hasta la fecha ha considerado como “alma”. Nadie tenía la respuesta acerca de su propia conciencia. Montones de religiones habían surgido, creado a sus dioses, sus demonios, conceptualizado lo que había tras la muerte. La misma ciencia era incapaz de explicar del todo la realidad que rodea a cada individuo. Y no dejaba de ser tremendamente presuntuoso que un único individuo con su poder prestado pareciese desafiarle. ── ¿Será? ── El susurro, proveniente de cada centímetro y de cada espacio visible o imperceptible se deja sentir. ── Eres un ciclo. Yo también lo soy. Cuando me muera, dejarás de tener poder sobre mi. Esa es la primera ley: tu poder no es omnipotente. Tu alcance está limitado, y juegas con ello. Sabes que la existencia se repite. Cambia su forma. Muta su esencia. Evoluciona e involuciona Manejas lo que hace que la existencia tenga parte de su sentido. Si no hay nada o nadie capaz de ver, ser parte y perpetuar el ciclo, simplemente tu poder se apagaría. Navaja de Ockam. El alma…son impulsos. Eléctricos, a nuestro parecer y definición. Hacen que a través de ello y gracias a ello, puedas canalizarte. Sin nada de ello, sólo tú sabes lo que serías. Pero que incluso algo omnisciente sepa que debe… ── Mis palabras son interrumpidas por su risa. Grave. Absoluta. ── Una respuesta muy humana. ── Se queda callado. Me quedo quieto. Mi mirada sigue sin cambiar. ¿Siquiera pienso que he acertado en algo? ¿Que he podido ganarle a una entidad de la que depende directamente que cada ser actuante, más divino, más inmortal o más todopoderoso que exista pueda hacer hasta el más mínimo acto? El solo planteamiento suena como una mala broma. ── Sabía que te llegarías a dar cuenta. Negar una parte de ti. Tratar de aceptar sólo lo que quieres. Has entendido que es ilógico. ── El silencio sigue un momento más. ── Sin embargo, hay algo que no has entendido hasta ahora. No eres mi siervo. Eres mi Apóstol. Siempre has sido capaz de usar mi poder a tu libertad. Jamás te impuse límite alguno. Recuerda. ── Y entonces, me doy cuenta. Los términos del contrato nunca especificaban castigo alguno si lo “rompía”. Ni siquiera tenía prohibido hablar del demonio. ── Veo que lo entiendes. ── Vuelvo a abrir los ojos. A ver el ordinario y tan normal mundo que me rodea. Y ahora, mi alma resuena plenamente. He comprendido todo. No es que tuviese prohibido hablar del demonio de la cognición. Es que yo mismo no iba a permitir que semejante poder pudiese siquiera conocerlo alguien más. Hacerlo hubiese supuesto un punto débil. Desventajoso, tremendamente, en mi contra. No es que yo me estuviese defendiendo. Es que, aquella noche esperé a que se confiasen cada uno de los doce asaltantes. Pude haberlos inhabilitado. Y los maté a sangre fría. Todos y cada uno. Ante todo, el motivo real de que esta mi personalidad hubiese quebrantado un sello que parecía tan prohibido. Piedad. Amor. Egoísmo. Desconozco como definirlo. Pero cuando Fenrir nació, algo dentro de mi me dijo que su bondad, su inocencia, su integridad en un mundo tan corrupto, sería a cambio de volver a lo que había olvidado. Usar la cognición rompía el sello que me permitía ser un demonio más. Pertenecer a la nobleza Jaegerjaquez e Ishtar de pleno derecho. Apartar un lado humano que no necesitaba. Irónicamente, un lado demoníaco con un corazón más humano era el que estaba negando a un humano con el corazón más demoníaco. Un poco de luz en la sombra y un poco de sombra en la luz. Todo se encontraba en equilibrio. Pero en este momento, soy un demonio puro con un corazón demoníaco. El amor de un padre, dirían algunos. La continuación de un legado, podría decir yo. Y sobre todo, no es que estuviese dándome cuenta de todo esto ahora. Por pura comodidad, no he querido asumirlo antes. Pero por dentro, hervía de ganas. Como demonio que soy, si ni siquiera mis propios congéneres me maldicen, mal honor habré hecho a mi especie.
    Tipo
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  • las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible.

    En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia.

    Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo.

    https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
    las peores invaciones con las que se podian lidiar en los territorios de las brujas era la miasma, a diferencia de otras criaturas esta solo se mostraba como un humo negro que consumia todo a su paso a cambio de dar entrada a las demas bestias "FUEGO!" el sonido de cañones resono por toda la ciudad, Yuhi habia preparado sus calderos los cuales habian empezado a disparar a aquella nube oscura alejandola lo mas posible. En el suelo Nova usaba su espejo lanzando hechizos una tras de otro dejando cuerpos de criaturas de pesadilla tras de el -ZONA NORTE ESTA ENTRANDO!- Uno de los ccomandantes de defensa anuncio por los altavoces de la ciudad, Nova se apresuro a llegar dejando salir las manos de su espejo, manos que atarian a las criatura sy las llevarian al interior del reflejo, el sonido de los calderos explotando y de las armas de fuego inundaban las calles, los ciudadanos que aprendieron de las brujas empezaron a usar la Cloroquinesis para tratar de crear defensas en los hogares y calles principales sin embargo la miasma no retrocedia. Ante el estres el espejo de nova se empezo a agrietar "Que hago! que hago! que hago!" el chico no podia pensar bien dejando que el panico lo consumiera hasta que su espejo exploto, su cuerpo como vidrio se resquebrajo dejando salir algo distinto, los cristales se reconstruyeron en una criatura sin forma definida las cual unicamente imitaba a las bestias rompiendose en añicos para liberar replicas hechas de vidrio tan resistente que nisiquiera golpes directos podian romperlas, con aquello parecieron haber alejado a las criaturas y a miasma una vez mas sin embargo Nova tardo un tiempo en recuperar su forma original pues se habia roto en multiples piezas gracias al estres -eso.... no estuvo bien- fue lo unico que pudo decir mientras obserbava el cristal unirse para fromar nuevamente su cuerpo. https://youtu.be/sjRdTyWh7To?si=JSDEGCR9nmD76jYl
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  • ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa:

    «Úsanos. Úsanos».

    Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza.

    Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer.

    A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo.

    Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar.

    En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo.

    Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo?

    Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes.

    Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio.

    Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo:

    «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa».

    Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
    ────Me quedaré un rato más aquí. No será por mucho tiempo, volveré pronto a descansar, lo prometo. Es solo que... bueno, he vuelto a tener ese mismo sueño... a volver a ese instante. Cuando el filo de esa lanza apuntó hacia mí y no pude hacer nada para detenerla. Mi vida y mi magia se escapaban de mis manos, mientras yo luchaba, arrastrándome entre los escombros, intentando evitar la pesadilla que hasta el día de hoy sigue atormentándome –comenzó a decir con la voz pastosa. Apoyó las rodillas contra ella y las abrazó. El viento era frío, a pesar del clima caluroso de aquellos días. Había sido otra de esas noches de insomnio en las que Afro había vuelto a tener el mismo sueño en donde recordaba lo que ocurrió hace tanto tiempo en una ciudad de la que solo quedaba su recuerdo en las leyendas–. Aquellas dos fuerzas sombrías que se habían vuelto parte de mis seres queridos se agitaban desde un lugar lejano. La conexión con ese mundo comenzaba a cerrararse, y mientras ellos rasgaban el velo entre la esfera psíquica y la material, no dejaban de repetirme la misma cosa: «Úsanos. Úsanos». Ellos sabían lo que estaba ocurriendo. En cuanto yo dejara de moverme, no podrían hacer nada para ayudarme. Yo sabía que habrían consecuencias si mezclaba el poder que en ese instante latía débilmente por mis venas con el suyo. El riesgo de que yo no fuera capaz de soportarlo en el estado en que me encontraba era demasiado alto. No me importó lo que le pasaría a mi carne ni a mis huesos. Los canalicé. Usé su fuerza. Pero cuando lo hice, ya era demasiado tarde. El horror se desplegó ante mí. Grité. Caí de rodillas sin poder contener mi magia. Explotó en ráfagas rojas y oscuras que arrasaron con todo a su paso –apretó brevemente los párpados, la imagen revivió nítida en la penumbra. Las ráfagas de energía parecían fuego líquido que devoró ruinas, casas, hicieron temblar los muros altos que rodeaban la ciudad y consumieron al dueño de la lanza. Los cielos tronaron. La tormenta había llegado –. Fue mi dolor el que abrió una grieta en todas las esferas de la realidad y permitió lo imposible: llamé a alguien a quién nunca debí conocer. A veces me pregunto, ¿qué habría ocurrido si yo hubiera hecho las cosas de otra forma? ¿Dónde estaría exactamente ahora? «Él» me dijo que tuve las oportunidades de apartarme de este camino. Me ofreció muchas salidas en el momento exacto, pero con cada elección que hice no hacía más que acercarme más a él. Abrazarlo. Le supliqué que me devolviera a la persona que perdí. Pero me dijo que no podía hacerlo. Entonces levanté la mirada y le pedí exactamente lo que mi corazón quería: venganza. Había perdido mi hogar, a mi gente. Me iba a vengar. En el sueño, «Él» me observa con la misma curiosidad que aquella vez y me pregunta como planeo conseguirlo. Mi respuesta salió clara a pesar de las lágrimas. A «Él» las aflicciones por las que pasamos la mayoría de los seres sintientes le es indiferente. La moral, lo que es justo o lo que no, nada de eso le interesa. Simplemente «Él» existe, es esencia pura y cruda. Él me tuvo en la mira desde mucho antes. Todo ese tiempo estuvo esperando a que yo le abriera la puerta. Lo había llamado, me ayudaría y, a cambio, yo tenía que darle algo. Pero ¿Qué podía ofrecerle a un ser infinitamente más poderoso que yo? Pensé en los de mi especie, en las cosas que los complacían y en todas sus ofrendas quemadas sobre los altares de piedra. En los héroes y sus hazañas. Busqué en las conversaciones de los banquetes donde nunca faltaba quién presumiera de los castigos que había impuesto para hacer una muestra de su poder. En su momento, aquellas historias me habrían parecido auténticas maravillas que me sentía incapaz de replicar. Pero en ese instante me parecieron tan triviales e insignificantes. No encontré nada verdaderamente valioso, hasta que la respuesta más sencilla, pero que involucraba una entrega real por mi parte llegó a mi mente. Había algo que a ningún dios se le había dado antes. Me convertiría en su artífice. En la que traería sus regalos a este mundo. De la misma forma en que un devoto entrega objetos preciosos traidos de las olas para las deidades del mar como representación de su dominio en las ofrendas que quema, yo haría lo mismo para él. Ya lo he dicho, «Él» es quién es. Su existencia es esencia pura y cruda, no podía evitar el anhelo de lo que pertenece a su existencia, así que yo se lo daría. Vida. Cambio. Eso lo complació y me hizo una advertencia. Le respondí que estaba dispuesta a pagar el precio. Entonces me dijo: «Nuestra voluntad es la misma. Mis tormentas te pertenecen. Levántate como mi musa». Y... aquí estoy. Me gustaría dejar de tener ese sueño. Últimamente ocurre con menos frecuencia que antes. A veces sueño con cosas más agradables y regreso a los días en lo que era feliz junto a mi hijo y Anquises. Eulalia, Kyros y Temiste también aparecen. Incluso Ofelia. Me gusta imaginar que ella era la tía lejana que siempre llegaba con ese pescado garum que le quedaba tan bien.
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  • ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗.

    La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro.

    El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato.
    —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes.
    El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar.
    Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión.

    Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso.
    Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo.
    —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia.
    El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco.

    —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos.
    —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso.
    Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie.
    Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso.

    Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar.
    Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar.

    Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo.
    Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido.

    Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
    ༒ 𝕬𝖌𝖔𝖓𝖞 𝖎𝖓 𝕽𝖊𝖉 𝕸𝖎𝖓𝖔𝖗. La noche había vaciado las callejuelas de toda alma. Solo permanecía encendida la luz vieja y mortecina que colgaba frente a la taberna, balanceándose apenas con el viento y sobre el empedrado húmedo avanzó una figura cubierta de negro. El rechinar de la puerta y el lamento de la madera hicieron volver varios rostros hacia la entrada. Algunos la reconocieron de inmediato. —La Santa de los Venenos... — murmuró alguien entre dientes. El apodo cayó sobre Odette como saliva escupida al rostro. No es quien era ella. No era una santa y no era alguien que disfrutaba de envenenar. Odette Hemlock no era más que una herborista errante que conocía el lenguaje de las raíces, el aroma de las flores nocturnas y la frágil misericordia de la muerte. Había calmado agonías, sostenido cuerpos consumidos por la fiebre y ofrecido paz allí donde la medicina ya no alcanzaba. Que redujeran todo aquello a un vulgar sobrenombre le producía una silenciosa repulsión. Sin responder a las miradas, caminó entre las mesas, las conversaciones murieron a su paso. Al llegar a la barra dejó un par de monedas de cobre sobre la madera desgastada. El tabernero la observó con el ceño endurecido, sosteniendo una expresión demasiado firme para no delatar nerviosismo. —Solo necesito un poco de vino, caballero.— La voz de Odette descendió suave, somnolienta, como el perfume de las belladonas abiertas bajo la lluvia. El hombre apartó la mirada apenas un instante, como si despertara de un pensamiento extraño, y tomó uno de los tarros. Sirvió el vino desde un barril cercano y dejó el recipiente frente a ella con un golpe seco. —Aquí tiene, señora.— Odette no se inmutó ante el estruendo. Sentada sobre uno de los bancos, sostuvo el tarro entre sus dedos delgados, manchados por savia y pétalos. —Gracias.— Bebió despacio mientras sentía el peso de las miradas clavadas sobre su espalda. En algún rincón, un borracho murmuró una plegaria. Otro evitó siquiera levantar los ojos del vaso. Cuando terminó el último trago, acomodó nuevamente el bolso de cuero y se puso de pie. Cruzó la taberna envuelta en silencio y desapareció tras la puerta igual que había llegado: Sin ruido, sin despedidas. Parecía un ánima de paso. Durante unos breves segundos nadie habló. Luego las risas ebrias regresaron, ásperas y escandalosas, llenando otra vez el lugar. Odette abandonó la ciudad antes del amanecer y siguió el camino que sus pies quisieron tomar. Después de unos días, nadie volvió a verla. Ni siquiera la familia más pobre del pueblo. Aquellos cuyos hijos gemelos habían sido aquejados por la fiebre escarlata. Los mismos a quienes Odette ayudó a cambio de apenas dos monedas de cobre y un pedazo de pan endurecido. Y así, nadie la vio marcharse de la ciudad; simplemente dejó de estar allí...
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    ;; AYYY antes de los cambios de FC. MIRA Cameron Lee Keane
    ;; AYYY antes de los cambios de FC. MIRA [xLKeane] ♥
    '𝑪𝒂𝒖𝒔𝒆 𝒘𝒆 𝒘𝒆𝒓𝒆 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒌𝒊𝒅𝒔 𝒘𝒉𝒆𝒏 𝒘𝒆 𝒇𝒆𝒍𝒍 𝒊𝒏 𝒍𝒐𝒗𝒆
    𝑵𝒐𝒕 𝒌𝒏𝒐𝒘𝒊𝒏𝒈 𝒘𝒉𝒂𝒕 𝒊𝒕 𝒘𝒂𝒔
    𝑰 𝒘𝒊𝒍𝒍 𝒏𝒐𝒕 𝒈𝒊𝒗𝒆 𝒚𝒐𝒖 𝒖𝒑 𝒕𝒉𝒊𝒔 𝒕𝒊𝒎𝒆
    𝑩𝒖𝒕 𝒅𝒂𝒓𝒍𝒊𝒏𝒈, 𝒋𝒖𝒔𝒕 𝒌𝒊𝒔𝒔 𝒎𝒆 𝒔𝒍𝒐𝒘
    𝒀𝒐𝒖𝒓 𝒉𝒆𝒂𝒓𝒕 𝒊𝒔 𝒂𝒍𝒍 𝑰 𝒐𝒘𝒏
    𝑨𝒏𝒅 𝒊𝒏 𝒚𝒐𝒖𝒓 𝒆𝒚𝒆𝒔, 𝒚𝒐𝒖'𝒓𝒆 𝒉𝒐𝒍𝒅𝒊𝒏𝒈 𝒎𝒊𝒏𝒆

    Cameron Lee Keane
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  • ---

    En este crepúsculo sin sombra,
    en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación,
    reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados,
    Virgen entre suspiros conocida.

    Un néctar fino emerge de tus labios.
    El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa,
    que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí,
    y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo,
    sobre la geografía de mi cuerpo.

    Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos,
    Que son castillos en el cielo.
    Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines.
    Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo.

    Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas.
    ¿Puedes escucharme?
    ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis?
    Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas,
    Serás la portadora de mis ayeres y mis días.
    Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada,
    en el que también eres la fiereza del corazón del mar.
    Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto.

    Saberte real o una ilusión no me importa,
    siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar,
    Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve.
    En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable.
    Y me pregunto por qué;
    Si esto es real o fantasía.
    Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía.

    Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos.

    Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad,
    entre imperios y atardeceres de mañanas.
    Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños.
    Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia.
    No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú.
    Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos,
    Siento que no hay vuelta atrás.
    Oh, amanecer de tardes de un no retorno,
    Nos mezclamos como cazadores el uno del otro.

    Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros,
    Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo,
    Amparo mi despertar en el trono de la entrega,
    Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias.

    Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo.
    Así reviviré de nuevo,
    Así viviré con una corona depuesta por ti,
    en este tiempo detenido.
    En el que podré ser tuyo,
    En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros,
    Y así finalmente,
    recrearme en el encuentro con tu propia euforia.

    --- En este crepúsculo sin sombra, en los que arden los deseos de un apremio que llega sin anunciación, reverencio a tu corazón entre enjambres sagrados, Virgen entre suspiros conocida. Un néctar fino emerge de tus labios. El carmín de tus maneras, como ondulas con el violáceo matiz de tu sonrisa, que es un embriagador licor de naranjas, ese como el que viertes sobre mí, y en los que apuras el borde de continentes de una locura sin tiempo, sobre la geografía de mi cuerpo. Si este hechizo tiene nombre, quisiera perderme en tus recuerdos, Que son castillos en el cielo. Oh, Eva extraviada entre tu Jardín que es el Edén de mis principios y mis fines. Si mis labios pudieran nombrarte, me desvanecería y nacería de nuevo. Mujer extraña, nocturna Dama, tú, que renuevas la sociedad de mis estrellas. ¿Puedes escucharme? ¿Me anhelas tanto como yo a tus tormentas de Coriolis? Aunque vistas el éxtasis del cielo con tus promesas conocidas, Serás la portadora de mis ayeres y mis días. Y yo en cambio te soñaría como la portadora de un manto, sagrada, en el que también eres la fiereza del corazón del mar. Que no perdona a quién ama con los colores de un mundo que no se ha visto. Saberte real o una ilusión no me importa, siempre que no apagues las lámparas que alumbran nuestras ingenuidades al soñar, Como una sagaz trilogía de cascadas y de nieve. En el invierno que derrite los cuerpos que se persiguen en un vals interminable. Y me pregunto por qué; Si esto es real o fantasía. Si vemos el mundo con lo que se toca, en un libro doloroso de amor y de incendios al imaginarte siendo mía. Como sólo las doncellas son rescatadas de las bocas de los lobos. Y yo soy más ilícito de todos los que han logrado dar con tu realidad, entre imperios y atardeceres de mañanas. Oh, tierra de gracias, dueña de mi vida, espejo de mis sueños. Sagrada niña mujer, mujer niña, tú con tu vestido de orquídeas ante perfiles de mi propia codicia. No hay retorno para mí, y, vuelo, en el paraíso encarnado que sólo eres tú, y tan sólo tú. Y me pierdo entre el lecho de tus abrazos, Siento que no hay vuelta atrás. Oh, amanecer de tardes de un no retorno, Nos mezclamos como cazadores el uno del otro. Y al correr detrás de las luces de los campos de todos tus conjuros, Oh, hechicera de la noche, nos hacemos uno, y entre entregas de sentires en los que me transformo en tu siervo, Amparo mi despertar en el trono de la entrega, Que se piensa, y es la más sagrada de todas las historias. Oh, ven a mí, dama de hipnosis en los labios, reparte tus marcas en mi cuerpo. Así reviviré de nuevo, Así viviré con una corona depuesta por ti, en este tiempo detenido. En el que podré ser tuyo, En tus paraísos que se mecen ya entre nosotros, Y así finalmente, recrearme en el encuentro con tu propia euforia.
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  • — Hija de Cronos, la Sailor del tiempo, del cambio, si, esa soy yo.
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  • Asi se suicidan las mariposas
    Categoría Romance
    La ciudad de Morvain respiraba lento, como si el aire le doliera.
    La niebla se aferraba a las calles y la lluvia caía con una insistencia casi rabiosa, golpeando el pavimento como si quisiera despertar a quienes aún caminaban dormidos.

    Para los de afuera, era un sueño entre montañas.
    Para los de adentro… una jaula.

    Esa noche, dos caminos comenzaron a acercarse sin saberlo.

    Jhosh caminaba con la cabeza baja, cargando un peso que todavía no sabía nombrar, avanzando sin prisa… como si llegar a casa fuera la peor de sus opciones.

    Khrist, en cambio, reía. Rodeado de voces, de luz, de aparente ligereza… aunque su mirada, por momentos, también parecía perderse.

    Y entonces pasó.

    Un cruce.
    Una mirada.

    Por un instante, sus ojos se encontraron.
    No hubo palabras. No hubo gesto.
    Solo esa sensación extraña de reconocer algo… sin entender qué.

    En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse.

    Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real.

    Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña.
    La ciudad de Morvain respiraba lento, como si el aire le doliera. La niebla se aferraba a las calles y la lluvia caía con una insistencia casi rabiosa, golpeando el pavimento como si quisiera despertar a quienes aún caminaban dormidos. Para los de afuera, era un sueño entre montañas. Para los de adentro… una jaula. Esa noche, dos caminos comenzaron a acercarse sin saberlo. Jhosh caminaba con la cabeza baja, cargando un peso que todavía no sabía nombrar, avanzando sin prisa… como si llegar a casa fuera la peor de sus opciones. Khrist, en cambio, reía. Rodeado de voces, de luz, de aparente ligereza… aunque su mirada, por momentos, también parecía perderse. Y entonces pasó. Un cruce. Una mirada. Por un instante, sus ojos se encontraron. No hubo palabras. No hubo gesto. Solo esa sensación extraña de reconocer algo… sin entender qué. En esta ciudad nacieron ellos, en ese lugar se cruzaron. Y aunque ninguno lo sabía, esa noche marcó el inicio de algo más grande. Porque así empieza esta historia, con una mirada bajo la lluvia, con una duda en el pecho, con dos almas que se rozaron sin tocarse. Yo estaba ahí. Yo los vi. Y aunque en ese momento no entendí el peso de lo que presenciaba, ahora lo sé: fue el comienzo de todo. De una historia que no fue perfecta, pero que merecía ser contada. Una historia que no fue feliz… pero fue real. Porque a veces, en las ciudades que parecen dormidas, también nacen revoluciones invisibles. A veces, en las jaulas, también se sueña. 🦋💖
    Tipo
    Individual
    Líneas
    5
    Estado
    Disponible
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  • *pasos nada más*

    no te aferres a la dia de tu libertad,amos sabemos que no eres libre ni fuera de aquí,

    fuera no hay nada para ti, solo te estoy pidiendo algo de obediencia a cambio de haberte sacado de ese agujero tal vez te secuestre pero te va a costar nadar contra corriente,por que no solo te dejas llevar y podrás estar en paz todo el tiempo que quieras

    solo confia en mi

    *pasos nada más* no te aferres a la dia de tu libertad,amos sabemos que no eres libre ni fuera de aquí, fuera no hay nada para ti, solo te estoy pidiendo algo de obediencia a cambio de haberte sacado de ese agujero tal vez te secuestre pero te va a costar nadar contra corriente,por que no solo te dejas llevar y podrás estar en paz todo el tiempo que quieras solo confia en mi
    Me shockea
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