• 𝐋𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚 𝐚 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐫
    Fandom Resident Evil
    Categoría Videojuegos

    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados.

    Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí.

    —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador.

    La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose.

    O eso se creyó al principio.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    No sirvió.

    La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo.

    El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca.

    Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada.


    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏

    El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando.

    La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal.

    No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión.

    ¿Qué es lo que ocurrió?

    Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes?

    Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor.

    De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda.

    —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar.

    Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo

    Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra.

    —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando.

    Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento.

    El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza.

    —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí.

    No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro.

    ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔

    𝐀𝐃𝐀 𝐖𝐎𝐍𝐆
    LEON S KENNEDY
    𝓡𝓮𝓫𝓮𝓬𝓬𝓪 𝓒𝓱𝓪𝓶𝓫𝓮𝓻𝓼

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    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟎 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 Con lo último que le quedaba de aliento, Ethan empujó a Chris en aquel paso, antes que las vid de la megamiceta cubrieran todo y obstaculizara el paso, dejando a ambos separados. Con su mano izquierda, la que tan solo quedó con tres dedos, sostuvo el detonador de la bomba con fuerza mientras observó por última vez a la bebé en los brazos ajenos. El ardor en sus ojos fue intenso, la culpa por no haber podido hacer más lo carcomía. Debió hacer mucho más. Pero eso era lo que quedaba y lo mínimo que pudo hacer para darles tiempo al escuadrón y su esposa e hija en irse de allí. —Adiós, Rosemary. —su voz tembló antes de retroceder con dificultad, tanto por toda la carga física, el estar deteriorándose y el dolor de tener que abandonar a su pequeña. Todo por ella. Por eso volvió al corazón de la megamiceta, la cual se irguió con impotencia. Pocos segundos después, apretó el detonador. La explosión cubrió toda la aldea. Un destello enorme de luz que deshizo todo a su paso sin importar el tipo de tejido o estructura, hundiendo el terreno en un gran pozo. Finalmente había terminado, Miranda no volvería, la megamiceta fue destruída. Ethan hizo todo lo que estuvo en su poder para cumplir con su promesa de que los monstruos no alcanzarían a Rose. O eso se creyó al principio. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟓 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 No sirvió. La megamiceta no cedió; en cambio, pareció enfurecerse por el intento en vano de ser eliminada. Como mutomiceta comenzó a expandirse por todos lados, abarcando diferentes territorios, diferentes pueblos. No fue una rapidez abrumadora, pero sí la suficiente para alertar. Las esporas que dejaba a su paso infectaban, mutaban a todo organismo que las inhalara por apenas un mínimo de segundo. El hongo se expandió en puntos estratégicos, unas especies de colmenas, donde se concentraba más el poder para evitar ser destruído con facilidad, fueron distribuídas en diferentes puntos. Se aferraba con total fervor a lo que tuviera cerca. Las personas que fueron desafortunadas viviendo en los pueblos más cercanos ni siquiera tuvieron el tiempo suficiente de entender lo que ocurría. Enfermaron de forma abrupta para luego despertar como mutaciones. Sin embargo, los pocos que lograron sobrevivir en lugares un poco más alejados pudieron dar el aviso. Pero no solo se trataba de personas o animales actuando raro y con malformaciones que podrían aterrar hasta el adulto más valiente, sino que hubo avistamientos de otro tipo de gente… algunos ni siquiera estaban seguros de que lo fueran. Se veían demasiado altos y con un porte intimidante, caminando de forma firme alrededor y deshaciéndose de los humanos infectados o lo que fuera que tuvieran en frente como si se trataran de simples gusanos. Nadie se quedaba lo suficiente para verlos mejor o siquiera intentar preguntar nada. ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝟏𝟔 𝒅𝒆 𝒇𝒆𝒃𝒓𝒆𝒓𝒐, 𝟐𝟎𝟐𝟏 El aire quemó, pero era imposible no querer inhalar más y más para llenar sus pulmones. Tosió, se ahogó con su propia desesperación por respirar mientras que el movimiento por los espasmos apenas lo dejaba entender qué estaba pasando. La mente de Ethan era un caos de confusión, con una abrumadora sensación de dolor y de que algo estaba terriblemente mal. No podía ver demasiado, apenas unos pocos rayos de luz colándose entre los escombros. Sentía un peso encima suyo, una presión directa en su pecho que por unos segundos no supo si era real o solamente una ilusión. ¿Qué es lo que ocurrió? Apenas tenía fragmentos de los eventos anteriores que no le daban ninguna tranquilidad y solo traían más preguntas. También parecía sentir como si hubiera otra voz en su mente intentando colarse.. no, no era una sola voz. Eran muchas, superpuestas e imposibles de entender, ¿qué era? ¿quiénes? Movió apenas sus brazos, los únicos que parecían tener la libertad suficiente para hacerlo, y trató de aferrarse a lo que sea. Dolió al principio, pero pudo empezar a arrastrarse al ir elevando de a poco su cuerpo. Se sentía sospechosamente liviano a pesar de las circunstancias. No lo pensó mucho, su cabeza explotaba del dolor. De a poco la luz se hizo más intensa hasta que, al final, el aire frío chocó contra su rostro. Miró hacia todos lados, hacia la destrucción, y algunas cosas llegaron a su mente. Estaba buscando… ¿y había personas? Algo como hombres lobo. Y esos extraños sujetos… Dimitrescu, Beneviento, Moreau, Heisenberg… Sí, los recordó. Y a Miranda. —Rose… —apenas salió aire de entre sus labios antes de continuar arrastrándose, solo entonces mirando hacia abajo, a sus piernas… o donde se suponía que debían estar. Gritó, más por la sorpresa que por alguna clase de dolor. La parte inferior de su cuerpo no estaba, pero ni siquiera había sangre u órganos esparcidos, sino un líquido negro. De hecho, gran parte de lo que quedaba de su cuerpo estaba cubierto de ello. El hongo se movía de forma lenta, pero persistente, como si algo estuviera recordando cómo debía ser y tratando de reconstruirlo Al estar boca abajo se volteó, tocando con manos temblorosas su cintura, el extremo donde ya luego no había nada excepto esa masa negra. —¿Q-Qué carajos…? —su mano izquierda estaba bien, tenía sus dos dedos faltantes. Y habría sido perfecto que sus piernas también aparecieran. Pero era extraño, ¿cómo es que estaba vivo? No se suponía que lo estuviera. Se había estado deteriorando, secando. Casi como si fuera orden, el hongo continuó moviéndose, poco a poco aumentando la masa desde la cintura de Ethan, dando espacio a moldearse y tomar el aspecto de sus piernas de nuevo, incluyendo su ropa. Era extraño, como una extensión ajena a él conjunto con entumecimiento. El estar estupefacto duró poco, o más bien, no lo suficiente. Una vez sus piernas estuvieron completas se puso de pie. Tambaleó bastante hasta que logró quedar estable, una vez más viendo todo lo que lo rodeaba. Las vid de la mutomiceta se extendían, no tan gruesas como lo fueron antes, pero seguían vivas, moviéndose con sutileza. —¿Por qué nada se queda muerto a la primera? —vociferó con frustración, pero también era algo conveniente. Eso se aplicaba a él, y todavía estaba ahí. No era momento de preguntas, tenía que buscar la forma de salir de ahí. Si la bomba no funcionó entonces solo significaba una cosa: su trabajo no terminó. Daba igual su estado, primero era asegurarse que la megamiceta sea eliminada de una vez. Solo así estaría tranquilo de que su hija no correría peligro. ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔ [glimmer_salmon_owl_865] [Leon_Kennedy] [mirage_brass_snake_762] ▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔
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    Grupal
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    Cualquier línea
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    Disponible
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  • ─────  STARTER CALL .ᐟ
    ᅠᅠ                    ♡ Elijah Vítkov

    El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar.
    Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua.

    ❛...❜

    Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar.
    Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió.
    Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir.

    Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle.
    ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada.
    La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números.

    Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos.
    ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜.

    Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota.
    El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜.

    Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo.

    El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria.
    ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜

    Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜

    La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜.

    Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
    ─────  STARTER CALL .ᐟ ᅠᅠ                    ♡ [fusion_bronze_monkey_923] El vuelo privado despegó del aeropuerto de Haneda con un rugido sordo que hizo vibrar cada centímetro de la estructura, una sacudida que hizo que Mine frunciera el ceño. Se encontraba cómodamente instalado en su asiento de cuero beige, rodeado por la quietud absoluta de la cabina principal. Había dispuesto que el viaje fuera así, en total soledad, pues para un hombre como él, compartir un espacio tan reducido durante doce horas con otras personas representaba una forma de tortura que no estaba dispuesto a tolerar. Con un movimiento pausado, se ajustó el cinturón de seguridad sobre la cadera, y se permitió suspirar. Bajo la aeronave, Tokio comenzó a encogerse rápidamente hasta convertirse en un pequeño tablero de luces de neón en la penumbra de la madrugada. Mine observó por la ventanilla cómo la ciudad que lo había visto crecer se transformaba en un punto brillante antes de ser devorada por la nada. Pronto, el Mar de Japón se extendió ante él como una inmensa mancha negra que reflejaba la luna como si fuera un espejo sobre el agua. ❛...❜ Mine guardó silencio, dejando que el peso de la situación se asentara, no había vuelta atrás. Cerró los ojos durante unos segundos, no con la intención de entregarse al sueño, sino para permitir que su mente recorriera una vez más el laberinto de planes que ya había memorizado. Las cifras, los nombres, los movimientos que debía ejecutar y aquellos que era imperativo evitar. Una vez que el avión se estabilizó en su altitud de crucero tras un suave cabeceo, Mine se desabrochó el cinturón y se puso en pie. En ese espacio suspendido, lo único que sabía hacer bien era procesar información. Caminó hacia la pequeña mesa que hacía las veces de escritorio en la parte trasera de la cabina. Sobre ella, una carpeta de cuero negro aguardaba, Mine la abrió. Los números se desplegaron ante sus ojos en columnas perfectas, allí estaban las transferencias a las cuentas en Luxemburgo, las participaciones en fondos de riesgo y las patentes farmacéuticas que se subastarían en Viena. Todo parecía estar en orden, pero Mine, impulsado por la paranoia, revisó cada línea una, dos y tres veces. Entendía mejor que nadie que la perfección no existía realmente; solo existía la ilusión de la misma, construida a base de repetición y de horas de trabajo que nadie más en su mundo estaba dispuesto a invertir. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la llegada de la asistente de vuelo, una mujer joven y de uniforme impecable que se acercó con una bandeja. Le ofreció un té verde, específicamente Gyokuro. Mine no había tenido que pedirlo; sus subordinados conocían sus preferencias hasta el más mínimo detalle. ❛ Gracias ❜, dijo él, sin siquiera dirigirle la mirada. La mujer inclinó la cabeza y se retiró en un silencio sepulcral. Mine tomó la taza de porcelana, sintiendo el calor reconfortante en sus manos, y bebió un sorbo. El sabor herbáceo le llenó la boca y, por un brevísimo instante, se permitió sentirse en casa. Sin embargo, la realidad era complicada: estaba a treinta mil pies de altura, volando hacia una ciudad desconocida para enfrentar un negocio que podía salir terriblemente mal. Dejó la taza a un lado y volvió a sumergirse en los números. Pasaron las horas y el sol se levantó sobre algún punto de Siberia, pintando las nubes con matices rosa y naranja, pero Mine ni siquiera levantó la vista de la pantalla de su portátil. Había recibido una actualización crucial: el consorcio monegasco ya estaba en Viena, alojado en el Hotel Sacher. Mine, por su parte, había optado por el Palais Coburg por estrictas razones de seguridad. Analizó a los nueve miembros del grupo: tres empresarios legítimos, cuatro intermediarios expertos y dos figuras misteriosas que habían llegado en un vuelo privado bajo nombres falsos. ❛ Gente que sabe cómo pasar desapercibida ❜, murmuró Mine para sí mismo, frunciendo el ceño, ❛ eso no me gusta ❜. Cerró el portátil y regresó a la carpeta de cuero negro. Extrajo los documentos de la subasta, protegidos en bolsas selladas, y los extendió sobre la mesa como si fueran piezas de un artefacto explosivo que pudiera estallar al menor descuido. Novecientos millones de euros estaban en juego por un monopolio sobre tratamientos oncológicos. Si ganaba, el Clan Tojo tendría estabilidad por una década; si perdía, las consecuencias serían impensables. Pero Mine no se permitía pensar en la derrota. El avión cruzó la línea internacional de cambio de fecha y la luz exterior cambió, volviéndose de un azul pálido e infinito. Abajo, Europa comenzó a revelarse: los picos grises de los Urales, las luces parpadeantes de Moscú y las siluetas de Varsovia y Cracovia. ❛ Faltan tres horas ❜, anunció la voz metálica del piloto a través del altavoz, ❛ aterrizaremos en Viena a las 14:30 hora local ❜. Mine asintió para sus adentros. Tres horas eran suficientes para repasar los perfiles de seguridad una vez más. Abrió el compartimento trasero de su carpeta y sacó los expedientes del equipo de protección de Aegis Solutions. Nombres, fotografías y especialidades. Se preguntó brevemente qué clase de vida llevarían fuera de ese entorno, pero decidió que era mejor no saberlo. El aterrizaje en Viena-Schwechat fue tan suave que Mine solo supo que habían llegado por el leve chirrido de los neumáticos y el rugido de los motores invirtiendo su empuje. Por la ventanilla, Viena se mostraba bajo un cielo soleado, una ciudad de palacios preciosos y techos rojizos. Mine se ajustó la corbata y respiró hondo, sintiendo la vibración de su teléfono en el bolsillo. Era un mensaje de su secretaria. ❛ Patriarca. Bienvenido a Viena. Los documentos con los perfiles completos del equipo de seguridad han sido reenviados a su correo cifrado. Los seleccionados por Aegis Solutions le estarán esperando así podrán discutir los últimos detalles antes del traslado al hotel. ¿Necesita algo más? ❜ Mine escribió la respuesta con sus propios dedos, pues jamás delegaba algo tan personal como sus palabras. ❛ Gracias. Los leeré en el coche. ¿El equipo sabe cómo identificarme? ❜ La respuesta fue inmediata: ❛ Llevarán una señal acordada. No se preocupe, patriarca. Todo está bajo control ❜. Se levantó, ajustó los puños de su camisa, tomó su maletín y la carpeta de cuero negro. Caminó hacia la puerta de la aeronave, donde el sol de Viena acarició su piel bronceada. Viena es... preciosa, una joya del barrocco, una ciudad donde la historia se podía apreciar a simple vista, donde los jardines del Belvedere parecen sacados de un sueño y el aroma del café recién hecho invita a la contemplación. Es una verdadera lástima que para Mine toda esa belleza fuera una secundaria en este viaje.
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  • Creo que tanto trabajo esta haciendo cambios en mí... Por eso llego el momento de relajarse!

    Pueden unirse bajo su propio riesgo!
    Creo que tanto trabajo esta haciendo cambios en mí... Por eso llego el momento de relajarse! Pueden unirse bajo su propio riesgo! :STK-85:
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  • Nuevos amigos. Viejas alianzas
    Fandom The Walking Dead
    Categoría Drama
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    ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝗟𝗲𝗼𝗻 𝗠𝗮𝗱𝗱𝗼𝘅




    Muchas cosas habían cambiado desde la muerte de Rick. Pareció que con su sacrificio, el líder de Alexandria se llevó tambien aquello que habia unificado a las comunidades. Como si fuera el corazón del grupo, al explotar el puente Rick habia iniciado la escisión de la familia que él mismo habia unido.

    Tras lo sucedido con Jocelyn y los niños, Michonne habia decidido cerrar las puertas de Alexandria a todo el mundo, a todo aquel que no fuera de la comunidad. Habia cerrado las puertas a la familia que tanto trabajo le habia costado a Rick y a la hermandad entre los pueblos. Las pocas noticias que llegaban de Hilltop eran de extraperlo pues Aaron aún seguía reuniéndose con Jesús de tanto en tanto.

    Y la vida en Alexandria continuó, con sus vaivenes y qué haceres cotidianos. Como tambien la vida de Rosita Espinosa quien, tras la guerra con los Salvadores tenía muchas heridas propias que sanar. Habia comenzado una relacion con Siddiq, el medico por el que Carl dio su vida, aunque en realidad Rosita sabía que no duraría. Ninguna de sus relaciones duraba demasiado. Parecía condenada a la soledad. No llegaba a encontrar nunca aquello que queria realmente, a alguien que la hiciera sentir fuerte, que estaba en casa, que tenía un hogar. Puede que esas fueran las razones que, recientemente la habían separado de Siddiq y le habían hecho refugiarse en brazos de Gabriel, quien estaba empecinado en encontrar nuevas personas en el exterior. A pesar de las reticencias y las normas de Michonne.

    Y pareció que el rescate de un grupo por parte de la pequeña Judith reavivo esas esperanzas del buen pastor, quien volvio a desempolvar el equipo de radio que Eugene habia encontrado. Hablando de aquel equipo de radio, Eugene le habia trasladado a Gabriel su idea de colocar un amplificador para llegar más lejos con la señal de radio.

    Y puede que aquella excursión de Eugene y Rosita fuera un nuevo comienzo. Trajo consigo demasiados cambios y dio la vuelta a todo lo que los supervivientes creían conocer. Como el hecho de que cuando estaban intentando colocar aquel amplificador, Rosita y Eugene se vieran rodeados por una horda de caminantes que, en teoría deberían de haber continuado su rumbo y terminaron regresando al lugar donde ellos se encontraban y, no solo eso… Parecieron iniciar una cacería contra ambos. Y, puede que producto del cansancio o la deshidratación, pero… Rosita juraría haberlos escuchado hablar entre sí.

    No estaría segura de aquello, pero tenía una cosa muy clara. Poner a salvo a Eugene y buscar ayuda era lo primordial. Y eso sería todo lo que ocuparía su mente antes de perder el sentido. Y ese pensamiento la acompañó hasta que despertó, de pronto, en la enfermería de Hilltop. Tras contarle la noticia a Michonne y Siddiq (quienes habían llegado a Hilltop trasladando al grupo que Judith habia rescatado) y recibir la prohibición por parte del propio Siddiq de moverse de la cama. Aunque Rosita no era de las que se quedaban sentadas… Y, aunque no pudiera hacer demasiado por Eugene y por el grupo de búsqueda que habia ido tras él, Rosita necesitaba hacer algo. Lo que fuera… A pesar de las recomendaciones de Siddiq, Rosita salió al exterior, a pesar de sentirse algo mareada. Intentando ignorar su presentimiento, ese con el que habia lidiado las últimas semanas, salió de Barrington House y rápidamente fue recibida con la cálida sonrisa de Carol y su maternal abrazo.

    -Hola… ¿Cómo estás? Me he enterado de lo de Eugene… Daryl ha ido a buscarlo con Aaron y Jesús. Tranquila, lo encontrarán -le dijo Carol.

    Rosita negó con la cabeza.

    -No… Están en peligro… He visto… No sé, creo que fuera cosa del cansancio pero te prometo que los escuchamos hablar…- ante la mirada de incomprensión de Carol, Rosita se explicó mejor- A los caminantes… Hablaban entre sí. Nos estaban buscando…

    Carol frunció los labios, preocupada.

    -No te preocupes… Darán con Eugene. Daryl es el mejor rastreador del país… -apretó suavemente su brazo- Deberías descansar…

    Rosita negó con la cabeza y cambio el peso de su cuerpo de un pie a otro.

    -No puedo… Estoy nerviosa y preocupada… -se mordió el labio inferior- ¿Por qué has venido? ¿Estás sola?

    Carol sonrió.

    -He venido a traer a Henry. Quiere aprender a ser herrero para ayudar al Reino… Es un buen chico. Además nos ha acompañado Leon. Es… nuevo… Ezekiel lo encontró hace cuatro años… Lo ha convertido en uno de sus guardias de confianza. No queria dejarnos solos..

    -Ezekiel es genial…- sonrió Rosita mientras Carol hacia una seña a Leon con una mano para que se acercara hasta ellas.
    ㅤㅤㅤㅤ ㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤㅤ𝚂𝚃𝙰𝚁𝚃𝙴𝚁 𝚙𝚊𝚛𝚊 [Z0MBIEKILLER] ㅤ ㅤ ㅤ Muchas cosas habían cambiado desde la muerte de Rick. Pareció que con su sacrificio, el líder de Alexandria se llevó tambien aquello que habia unificado a las comunidades. Como si fuera el corazón del grupo, al explotar el puente Rick habia iniciado la escisión de la familia que él mismo habia unido. Tras lo sucedido con Jocelyn y los niños, Michonne habia decidido cerrar las puertas de Alexandria a todo el mundo, a todo aquel que no fuera de la comunidad. Habia cerrado las puertas a la familia que tanto trabajo le habia costado a Rick y a la hermandad entre los pueblos. Las pocas noticias que llegaban de Hilltop eran de extraperlo pues Aaron aún seguía reuniéndose con Jesús de tanto en tanto. Y la vida en Alexandria continuó, con sus vaivenes y qué haceres cotidianos. Como tambien la vida de Rosita Espinosa quien, tras la guerra con los Salvadores tenía muchas heridas propias que sanar. Habia comenzado una relacion con Siddiq, el medico por el que Carl dio su vida, aunque en realidad Rosita sabía que no duraría. Ninguna de sus relaciones duraba demasiado. Parecía condenada a la soledad. No llegaba a encontrar nunca aquello que queria realmente, a alguien que la hiciera sentir fuerte, que estaba en casa, que tenía un hogar. Puede que esas fueran las razones que, recientemente la habían separado de Siddiq y le habían hecho refugiarse en brazos de Gabriel, quien estaba empecinado en encontrar nuevas personas en el exterior. A pesar de las reticencias y las normas de Michonne. Y pareció que el rescate de un grupo por parte de la pequeña Judith reavivo esas esperanzas del buen pastor, quien volvio a desempolvar el equipo de radio que Eugene habia encontrado. Hablando de aquel equipo de radio, Eugene le habia trasladado a Gabriel su idea de colocar un amplificador para llegar más lejos con la señal de radio. Y puede que aquella excursión de Eugene y Rosita fuera un nuevo comienzo. Trajo consigo demasiados cambios y dio la vuelta a todo lo que los supervivientes creían conocer. Como el hecho de que cuando estaban intentando colocar aquel amplificador, Rosita y Eugene se vieran rodeados por una horda de caminantes que, en teoría deberían de haber continuado su rumbo y terminaron regresando al lugar donde ellos se encontraban y, no solo eso… Parecieron iniciar una cacería contra ambos. Y, puede que producto del cansancio o la deshidratación, pero… Rosita juraría haberlos escuchado hablar entre sí. No estaría segura de aquello, pero tenía una cosa muy clara. Poner a salvo a Eugene y buscar ayuda era lo primordial. Y eso sería todo lo que ocuparía su mente antes de perder el sentido. Y ese pensamiento la acompañó hasta que despertó, de pronto, en la enfermería de Hilltop. Tras contarle la noticia a Michonne y Siddiq (quienes habían llegado a Hilltop trasladando al grupo que Judith habia rescatado) y recibir la prohibición por parte del propio Siddiq de moverse de la cama. Aunque Rosita no era de las que se quedaban sentadas… Y, aunque no pudiera hacer demasiado por Eugene y por el grupo de búsqueda que habia ido tras él, Rosita necesitaba hacer algo. Lo que fuera… A pesar de las recomendaciones de Siddiq, Rosita salió al exterior, a pesar de sentirse algo mareada. Intentando ignorar su presentimiento, ese con el que habia lidiado las últimas semanas, salió de Barrington House y rápidamente fue recibida con la cálida sonrisa de Carol y su maternal abrazo. -Hola… ¿Cómo estás? Me he enterado de lo de Eugene… Daryl ha ido a buscarlo con Aaron y Jesús. Tranquila, lo encontrarán -le dijo Carol. Rosita negó con la cabeza. -No… Están en peligro… He visto… No sé, creo que fuera cosa del cansancio pero te prometo que los escuchamos hablar…- ante la mirada de incomprensión de Carol, Rosita se explicó mejor- A los caminantes… Hablaban entre sí. Nos estaban buscando… Carol frunció los labios, preocupada. -No te preocupes… Darán con Eugene. Daryl es el mejor rastreador del país… -apretó suavemente su brazo- Deberías descansar… Rosita negó con la cabeza y cambio el peso de su cuerpo de un pie a otro. -No puedo… Estoy nerviosa y preocupada… -se mordió el labio inferior- ¿Por qué has venido? ¿Estás sola? Carol sonrió. -He venido a traer a Henry. Quiere aprender a ser herrero para ayudar al Reino… Es un buen chico. Además nos ha acompañado Leon. Es… nuevo… Ezekiel lo encontró hace cuatro años… Lo ha convertido en uno de sus guardias de confianza. No queria dejarnos solos.. -Ezekiel es genial…- sonrió Rosita mientras Carol hacia una seña a Leon con una mano para que se acercara hasta ellas.
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  • Sombras sobre Ciudad Pentagrama
    Fandom Hazbin y DMC
    Categoría Suspenso
    Conejo Blanco Demon

    ⟩ En las entrañas de la Ciudad Pentagrama, específicamente dentro de los límites del Anillo del Orgullo, la información es la moneda de cambio más valiosa, aunque también la más traicionera. Navegar por sus calles en busca de secretos es como caminar por un campo minado; los rumores florecen en cada esquina, pero la veracidad es un lujo que pocos pueden confirmar.
    Era un secreto a voces que, si alguien deseaba desentrañar la verdad absoluta sobre cualquier habitante o suceso del inframundo, debía acudir al Demonio de la Radio. Sin embargo, Alastor no es un ente que se deje encontrar por casualidad, y aquellos que se cruzaban en su camino rara vez vivían para relatar la experiencia, a menos que estuvieran dispuestos a hipotecar su existencia mediante un contrato. No obstante, una anomalía se percibía en el ambiente; una perturbación sutil que incluso el poderoso Overlord podía sentir. El aire mismo parecía cargado con un presagio desconocido, una señal de que algo estaba por cambiar, dejando incluso al astuto Alastor en la incertidumbre sobre el origen de tal fenómeno.⟨
    [echo_red_magpie_559] ⟩ En las entrañas de la Ciudad Pentagrama, específicamente dentro de los límites del Anillo del Orgullo, la información es la moneda de cambio más valiosa, aunque también la más traicionera. Navegar por sus calles en busca de secretos es como caminar por un campo minado; los rumores florecen en cada esquina, pero la veracidad es un lujo que pocos pueden confirmar. Era un secreto a voces que, si alguien deseaba desentrañar la verdad absoluta sobre cualquier habitante o suceso del inframundo, debía acudir al Demonio de la Radio. Sin embargo, Alastor no es un ente que se deje encontrar por casualidad, y aquellos que se cruzaban en su camino rara vez vivían para relatar la experiencia, a menos que estuvieran dispuestos a hipotecar su existencia mediante un contrato. No obstante, una anomalía se percibía en el ambiente; una perturbación sutil que incluso el poderoso Overlord podía sentir. El aire mismo parecía cargado con un presagio desconocido, una señal de que algo estaba por cambiar, dejando incluso al astuto Alastor en la incertidumbre sobre el origen de tal fenómeno.⟨
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  • ReGloss World Tour
    Fandom Hololive / OC
    Categoría Contemporáneo
    ¡Heeeey! ¡Aquí estoy!

    -En otro de sus imprevisibles cambios (??), Ririka había decidido que era buen momento para un viaje a distintas partes del mundo, aunque el motivo inicial habían sido negocios y la oportunidad de abrir una galería de vinos y otros licores, claramente el paseo y la experiencia estaba tomando más y más importancia. Al grado que ya se le estaba olvidando por qué quiso viajar en primer lugar(?)-

    ¿Están listos? ¿Traen todo lo necesario? Si no, no importa. Díganme que falta y ordeno que se compre.

    -Infló el pecho con orgullo por su enorme dadivosidad (?) cuando vio llegar a su amiga Raden y a su novio Nova, a quienes habia invitado para la aventura alcohólica más grande de la historia (??)-

    Una limosina de Ichijou Corp. debería estar aquí pronto. Iremos a mi hangar y de ahí un avión privado nos llevará al primer destino, pensaba que podíamos ir primero a Europa y luego a Japón, porque tengo ganas de sushi y el que venden aquí no me gusta, ¿les gusta el itinerario?

    -Cuidar las emisiones de co2 de sus aviones no era su prioridad, claramente- (??)
    ¡Heeeey! ¡Aquí estoy! -En otro de sus imprevisibles cambios (??), Ririka había decidido que era buen momento para un viaje a distintas partes del mundo, aunque el motivo inicial habían sido negocios y la oportunidad de abrir una galería de vinos y otros licores, claramente el paseo y la experiencia estaba tomando más y más importancia. Al grado que ya se le estaba olvidando por qué quiso viajar en primer lugar(?)- ¿Están listos? ¿Traen todo lo necesario? Si no, no importa. Díganme que falta y ordeno que se compre. -Infló el pecho con orgullo por su enorme dadivosidad (?) cuando vio llegar a su amiga Raden y a su novio Nova, a quienes habia invitado para la aventura alcohólica más grande de la historia (??)- Una limosina de Ichijou Corp. debería estar aquí pronto. Iremos a mi hangar y de ahí un avión privado nos llevará al primer destino, pensaba que podíamos ir primero a Europa y luego a Japón, porque tengo ganas de sushi y el que venden aquí no me gusta, ¿les gusta el itinerario? -Cuidar las emisiones de co2 de sus aviones no era su prioridad, claramente- (??)
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  • Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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    ***Edad del Caos***
    - Los Guerreros del Caos.

    La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia.

    Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás.

    Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió.

    Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado.

    Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses.

    Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba.

    Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña.

    No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó.

    Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa.

    El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también.

    El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido.

    Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra.

    Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija.

    Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido.

    Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida.

    Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor.

    Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba.

    Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir.

    Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él.

    Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron.

    Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado.

    El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella.

    Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar.

    Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes.

    Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más.

    Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis.

    Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.

    ***Edad del Caos*** - Los Guerreros del Caos. La aldea nómada había conocido años de una calma frágil, una paz sostenida por costumbre más que por seguridad. Bajo ese cielo abierto, Yen creció sin ser rechazada, sin ser señalada, aprendiendo a vivir como una más entre los suyos. Cazaba junto a Onix, reía, y por momentos parecía que el mundo había olvidado su existencia. Cada mes, sin excepción, una criatura aparecía en los límites de la aldea. Un cuervo, un lobo, alguna bestia común. Nadie le daba importancia salvo Yen. Ella sabía que no era un animal. Era su padre un fragmento de su poder, un vigilante silencioso que observaba, protegía y, si era necesario, la sacaría de allí sin mirar atrás. Porque para Oz, todo podía perderse menos ella pero ese mes, sin embargo, el vigilante nunca llegó y el mundo respondió. Los Elunai descendieron sobre la aldea sin aviso. No buscaban a Yen, no sabían que estaba ahí. Solo venían por más sujetos, más cuerpos, más niños que convertir en herramientas. Su ataque fue frío, calculado y despiadado. Los nómadas resistieron como siempre lo habían hecho, con fuerza y con rabia pero también con un miedo arraigado durante generaciones. Los Elunai eran, para muchos, los elegidos de los dioses. Yen no compartía ese miedo, cuando el caos estalló, ella luchó. Recibió heridas, muchas y profundas pero su cuerpo no obedecía las reglas de los demás. La sangre apenas tocaba el suelo antes de que la piel volviera a cerrarse. El dolor no desaparecía, pero su cuerpo lo ignoraba. Entonces todo cambió, Onix estuvo a punto de morir. Un soldado Elunai la superó, la acorraló, y en ese instante Yen dejó de ser una niña. No hubo duda ni pensamientos, solo una reacción absoluta. Yen apareció entre ambos y acabó con el soldado sin titubear. La violencia fue directa, brutal, definitiva y con ello, su poder despertó. Su cuerpo cambió en cuestión de instantes. Su figura creció, sus rasgos se definieron, su presencia se volvió más pesada, más imponente. Donde antes había una niña ahora había una joven poderosa, hermosa. El campo de batalla se detuvo por un instante y luego, los nómadas entendieron. Si ella podía enfrentarlos ellos también. El miedo se rompió y lo que siguió fue una respuesta feroz. Los Elunai cayeron uno tras otro. La aldea sangró, perdió a muchos de los suyos pero no se doblegó. Cuando el silencio regresó, no era paz, era el eco de lo que habían sobrevivido. Otra vez, Oz llegó tarde, había enviado a su vigilante cuando ya era demasiado tarde. Cuando apareció, no lo hizo solo. Un ejército marchaba con él, criaturas de distintas razas que lo seguían en su guerra. Pero nada de eso importó al ver la aldea, la destrucción, la sangre y entre todo ello… su hija. Yen lo vio, por un segundo, el mundo desapareció, no importó su nueva forma, no importó lo que había hecho ni lo que se había convertido. Corrió hacia él y al alcanzarlo, se quebró y lloró, no como una guerrera, no como alguien que había sobrevivido a una masacre sino como lo que realmente era, una niña que había pasado más de un mes sin saber si su padre seguía con vida. Se aferró a él con todas sus fuerzas, como si al soltarlo fuera a desaparecer. Su cuerpo había cambiado, su presencia era distinta pero su llanto revelaba la verdad que nada podía ocultar. Oz la abrazó con fuerza perocon cuidado, con algo que había estado enterrado bajo capas de ira: Amor. Pero dentro de él ardía algo más, rabia contra los Elunai, contra los dioses pero sobre todo... Contra sí mismo porque había fallado, habían estado a punto de arrebatárle lo único que le quedaba. Onix observó la escena en silencio, reconoció a Oz de inmediato, incluso con su nueva forma. Para ella, no era un monstruo. Era el Nómada que se había alzado contra los dioses. El que no se había arrodillado, el que había demostrado que podían resistir. Cuando Oz se separó de Yen y habló a los supervivientes, su voz no fue una orden sino una advertencia. Aceptaría a los nómadas en sus filas pero solo bajo una condición, debían aceptar su poder y ese poder los cambiaría como lo había cambiado a él. Hubo silencio, un instante de duda y entonces, Onix dio un paso al frente sin titubear, sin miedo. Se inclinó ante Oz, ese gesto rompió la incertidumbre, los demás la siguieron. Oz la observó por un momento y en lugar de otorgarle un poder salvaje e inestable, eligió algo distinto, algo más contenido, más refinado. El cambio en Onix fue inmediato, su cuerpo creció, maduró, su presencia se volvió más fuerte pero no perdió su forma. Se transformó en una ogra joven, poderosa, con una belleza imponente que contrastaba con la brutalidad del poder que ahora habitaba en ella. Era fuerza pero también control, Oz se acercó a ella y, con una voz más baja, le encomendó algo que no era una orden militar, era una petición, que permaneciera al lado de Yen, que la protegiera, Onix aceptó sin dudar. Yen, al verla sonrió porque su mejor amiga seguía ahí y ahora, eran más fuertes. Así, en medio de la destrucción, nació algo nuevo, los Nómadas dejaron de ser solo sobrevivientes, se convirtieron en algo más. Con el tiempo, el mundo les daría nombres; Orcs, Ogros y aquellos que siguieran creciendo: Onis. Pero en ese momento no eran monstruos, eran los que habían decidido no volver a arrodillarse y en el centro de todo una niña que ya no podía volver a serlo y un padre que había decidido que el mundo entero ardería antes de volver a perderla.
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  • POV de 17 años desconocida

    Ha pasado ya la hora oscura... Son las 3 de la madrugada solo siento frustración por el destino que esa mujer me impone, no tengo a nadie con quien hablar con esto... La única en calmar mi ansiedad y dolor es mi moto, ella solo puede callar los pensamientos y a Artemisia... Pero a cambio debo aceptar de que quizás algún día no vuelva a casa
    POV de 17 años 📍 desconocida Ha pasado ya la hora oscura... Son las 3 de la madrugada solo siento frustración por el destino que esa mujer me impone, no tengo a nadie con quien hablar con esto... La única en calmar mi ansiedad y dolor es mi moto, ella solo puede callar los pensamientos y a Artemisia... Pero a cambio debo aceptar de que quizás algún día no vuelva a casa
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  • 𝐏𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐲 𝐏𝐫𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐢𝐨 — 𝐂𝐚𝐥𝐦𝐚 𝐲 𝐑𝐞𝐬𝐢𝐥𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚
    Fandom OC
    Categoría Original
    Carol Walters

    ¿𝔸 𝕕𝕠́𝕟𝕕𝕖 𝕟𝕠𝕤 𝕝𝕝𝕖𝕧𝕒𝕣𝕒́ 𝕖𝕝 𝕧𝕚𝕖𝕟𝕥𝕠 𝕖𝕤𝕥𝕒 𝕧𝕖𝕫?

    Otro de los continuos viajes de Nagi, esta vez con destino a Gran Bretaña... ¿Por qué? En otro de sus intentos de conseguir información por medio de personas influyentes.

    La empresa Voss Luxe Fabrics, una empresa de téxtiles súmamente galardonada, de las más poderosas de Europa ¿Qué tipo de personas serían la familia tras esta empresa? Aún no lo sabía, pero de una forma u otra necesitaba acercarse y tras sus ignorados intentos de comunicarse con una de las personas a cargo, supuso que era momento de actuar por su cuenta.

    Nagi, una persona estancada en las costumbres arcaicas de su pueblo, que acostumbraba a comunicarse por cartas, tendría que hacer acto de presencia, todo por supuesto tras una rigurosa investigación.

    Supo que Alexander Voss, a pesar de ser una figura inalcanzable para alguien como era Nagi, estuvo casado con una mujer llamada Verónica Walters y en el transcurso de su relación tuvo una hija. Por mucho que tratase de indagar, pocas eran las maneras de lograr inmiscuirse en los asuntos de una familia tan prestigiosa sin levantar sospechas.

    Sin importar cuánto lo intentase, era incapaz de conseguir comunicarse con la tal Verónica Walters y era de esperar pero entre tantas cosas descubrió que la hija de la familia había estado involucrada en un asunto relativamente turbio, motivo por el cual había tenido que recurrir a los traslados. Viendo que se le acababan las oportunidades, pensó que no perdería nada por tratar de comunicarse con la hija y, quizás, establecer algún tipo de trueque o contrato a cambio de responder unas cuantas preguntas...

    Tras lo que para Nagi pareció una eternidad, logró averiguar el lugar en el que Carol Walters estudiaba; era la única oportunidad que tendría pero ¿Estaría protegida? Siendo de tal familia sería lo normal... Pero se agotaban las opciones.

    Empezó el horario de clases, momento en el que Nagi se colocaría en un lugar relativamente cercano a la entrada, no le importaba pasarse horas esperando si así debía hacerlo, y si hoy no lograba verla, lo intentaría el día siguiente y el siguiente...

    Por mucho que quisiera anticiparse e interceptarla a la entrada, entendía que los estudios eran parte de la responsabilidad de una chica como Carol, y es que el respeto era algo inculcado en su ser, por eso mismo, esperaría a la salida, mientras mantenía su vigilia sobre la puerta.
    [ember_olive_bat_439] ¿𝔸 𝕕𝕠́𝕟𝕕𝕖 𝕟𝕠𝕤 𝕝𝕝𝕖𝕧𝕒𝕣𝕒́ 𝕖𝕝 𝕧𝕚𝕖𝕟𝕥𝕠 𝕖𝕤𝕥𝕒 𝕧𝕖𝕫? Otro de los continuos viajes de Nagi, esta vez con destino a Gran Bretaña... ¿Por qué? En otro de sus intentos de conseguir información por medio de personas influyentes. La empresa Voss Luxe Fabrics, una empresa de téxtiles súmamente galardonada, de las más poderosas de Europa ¿Qué tipo de personas serían la familia tras esta empresa? Aún no lo sabía, pero de una forma u otra necesitaba acercarse y tras sus ignorados intentos de comunicarse con una de las personas a cargo, supuso que era momento de actuar por su cuenta. Nagi, una persona estancada en las costumbres arcaicas de su pueblo, que acostumbraba a comunicarse por cartas, tendría que hacer acto de presencia, todo por supuesto tras una rigurosa investigación. Supo que Alexander Voss, a pesar de ser una figura inalcanzable para alguien como era Nagi, estuvo casado con una mujer llamada Verónica Walters y en el transcurso de su relación tuvo una hija. Por mucho que tratase de indagar, pocas eran las maneras de lograr inmiscuirse en los asuntos de una familia tan prestigiosa sin levantar sospechas. Sin importar cuánto lo intentase, era incapaz de conseguir comunicarse con la tal Verónica Walters y era de esperar pero entre tantas cosas descubrió que la hija de la familia había estado involucrada en un asunto relativamente turbio, motivo por el cual había tenido que recurrir a los traslados. Viendo que se le acababan las oportunidades, pensó que no perdería nada por tratar de comunicarse con la hija y, quizás, establecer algún tipo de trueque o contrato a cambio de responder unas cuantas preguntas... Tras lo que para Nagi pareció una eternidad, logró averiguar el lugar en el que Carol Walters estudiaba; era la única oportunidad que tendría pero ¿Estaría protegida? Siendo de tal familia sería lo normal... Pero se agotaban las opciones. Empezó el horario de clases, momento en el que Nagi se colocaría en un lugar relativamente cercano a la entrada, no le importaba pasarse horas esperando si así debía hacerlo, y si hoy no lograba verla, lo intentaría el día siguiente y el siguiente... Por mucho que quisiera anticiparse e interceptarla a la entrada, entendía que los estudios eran parte de la responsabilidad de una chica como Carol, y es que el respeto era algo inculcado en su ser, por eso mismo, esperaría a la salida, mientras mantenía su vigilia sobre la puerta.
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  • ────── Mira me voy a casar pronto y no podemos seguir viéndonos así, vamos a llegar a un acuerdo para que mi esposa no se entristezca.

    Solo él se pelea con un gato blanco por el derecho de ser el "alfa" y es que no lo soporta con esos lentes y cara de bobo.¿?

    ────── Te dejaré abrazarla y dormir en su regazo, pero tu tienes que quitarte de encima cuando queremos estar solos tu sabes... So-los -hace énfasis con un gesto- tu entiendes a que me refiero, a cambio, te dejaré ...

    Le susurra quien sabe que cosa.¿?
    ────── Mira me voy a casar pronto y no podemos seguir viéndonos así, vamos a llegar a un acuerdo para que mi esposa no se entristezca. Solo él se pelea con un gato blanco por el derecho de ser el "alfa" y es que no lo soporta con esos lentes y cara de bobo.¿? ────── Te dejaré abrazarla y dormir en su regazo, pero tu tienes que quitarte de encima cuando queremos estar solos tu sabes... So-los -hace énfasis con un gesto- tu entiendes a que me refiero, a cambio, te dejaré ... Le susurra quien sabe que cosa.¿?
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