«...Diecisiete. Dieciocho.»
El colector tardaba, Alaska contaba baldosas.
«Diecinueve. Veinte. Veintiuno.»
A veces la espera era solo eso. Un número que crecía sin preguntarte si querías seguir sumando.
El colector tardaba, Alaska contaba baldosas.
«Diecinueve. Veinte. Veintiuno.»
A veces la espera era solo eso. Un número que crecía sin preguntarte si querías seguir sumando.
«...Diecisiete. Dieciocho.»
El colector tardaba, Alaska contaba baldosas.
«Diecinueve. Veinte. Veintiuno.»
A veces la espera era solo eso. Un número que crecía sin preguntarte si querías seguir sumando.