Genuinamente había querido hablar con ella. Lo había intentado. A pesar de la tormenta carmesí que latía con fuerza dentro de su pecho, amenazando con salir y arrasar con absolutamente todo a su paso; a pesar de la punzante molestia que le carcomía el orgullo, a pesar de que cada acción de la castaña parecía hecha justo y únicamente con la intención de sacarla de quicio. Pero Veyra Leˑron parecía estar absoluta y peligrosamente fuera de sí. ¿Quizás no lo había intentado lo suficiente? Si, tal vez. Tal vez no las suficientes veces antes de que el descarado discurso de la castaña terminara por colmarle la poquita paciencia que tenía. No las suficientes veces antes de que el cielo de aquel bizarro plano, al que ella misma las había arrastrado para hablar a solas, comenzara a poblarse con asfixiantes y desquiciantes portales dorados que exhibían futuros y realidades alternas.
Mantuvo el semblante serio, la mirada fija hacia un costado, ligeramente hacia abajo, mientras escuchaba la voz de la otra arrastrarse mimosamente justo detrás de su nuca.
—...Ah, así que eso fue lo que descubriste, ¿no? —un murmullo extrañamente bajo. Giró sobre sus talones después, para encararla de frente, señalando el cielo con el dedo índice— ... vaya, me gustaría saber qué se siente...
Alzó la mirada finalmente, observando con sus ojos carmesí todas esas visiones que la perturbaban más de lo que jamás admitiría, encendiendo sus impulsos delictivos con la misma intensidad que esa vocecita chillona e insoportable. (?) Pero no lo demostro. En su lugar, sonrió lento y dejo escapar una risa baja y contenida.
—Dimelo, Veyra... ¿Qué se siente descubrir que existen cientos de líneas temporales diferentes donde eres feliz junto a él... —se le acercó, acortando la distancia— ...y que te haya tocado existir JUSTAMENTE EN LA UNICA LINEA DE TODO EL JODIDO UNIVERSO en la que él no te elige, HM?!?!
Su sonrisa se extendio y sus ojos brillaron en un carmesí casi incandescente. Ella lo había intentado, ¿no? Había intentado ser la maldita adulta madura en la habitación, Kieran había sido testigo de que lo había intentado, incluso sus portalitos dorados habían sido trstigos. (?) Así que nadie podría culparla... antes de que la castaña pudiera balbucear una sola palabra, rompió a reír. Veyra la había sacado de quicio; no sabía si ese era el retorcido objetivo de su llanto de oro, pero lo había logrado con creces. (??)
—¡HAHAAHAH! ¿Agradecerte?!? —exclamó, mostrando los dientes en una mueca algo desquiciada— ¡Ah, de verdad muchas gracias, Vey! Gracias por existir en la única línea espacio-temporal donde el hombre por el que lloras lágrimas doradas te prefiere como un segundo lugar. De verdad, no sé qué habría hecho si no fuera así... Tsk.
Giró sobre sus talones abruptamente, dándole la espalda con desdén. Comenzó a caminar en sentido contrario, y a cada paso que sus pies daban contra el suelo de aquel plano, la tierra a ambos costados se iba agrietando, abriendo fisuras que brillaban con un tono carmesí. Los árboles alrededor comenzaron a agitarse de forma errática, azotados por un viento súbito.
—¿Que si de verdad te lo propusieras podrías llevártelo lejos y ocultarlo de mí...? ¡Hahaha! . . . Bien, bien. Estaré encantada de verte intentarlo...
El aire en el cielo comenzó a ondularse y a distorsionarse de manera violenta. Los portales dorados de Veyra empezaron a retorcerse, sus imágenes fracturándose a medida que otros portales inestables y mucho más caóticos brotaban a diestra y siniestra con la única intención de hacer desaparecer a los primeros. El cielo de aquel lugar se transformó instantáneamente en una batalla donde el carmesí y el dorado de Veyra luchaban por cubrir más extensión como si fueran plagas brillantes. (?)
Mantuvo el semblante serio, la mirada fija hacia un costado, ligeramente hacia abajo, mientras escuchaba la voz de la otra arrastrarse mimosamente justo detrás de su nuca.
—...Ah, así que eso fue lo que descubriste, ¿no? —un murmullo extrañamente bajo. Giró sobre sus talones después, para encararla de frente, señalando el cielo con el dedo índice— ... vaya, me gustaría saber qué se siente...
Alzó la mirada finalmente, observando con sus ojos carmesí todas esas visiones que la perturbaban más de lo que jamás admitiría, encendiendo sus impulsos delictivos con la misma intensidad que esa vocecita chillona e insoportable. (?) Pero no lo demostro. En su lugar, sonrió lento y dejo escapar una risa baja y contenida.
—Dimelo, Veyra... ¿Qué se siente descubrir que existen cientos de líneas temporales diferentes donde eres feliz junto a él... —se le acercó, acortando la distancia— ...y que te haya tocado existir JUSTAMENTE EN LA UNICA LINEA DE TODO EL JODIDO UNIVERSO en la que él no te elige, HM?!?!
Su sonrisa se extendio y sus ojos brillaron en un carmesí casi incandescente. Ella lo había intentado, ¿no? Había intentado ser la maldita adulta madura en la habitación, Kieran había sido testigo de que lo había intentado, incluso sus portalitos dorados habían sido trstigos. (?) Así que nadie podría culparla... antes de que la castaña pudiera balbucear una sola palabra, rompió a reír. Veyra la había sacado de quicio; no sabía si ese era el retorcido objetivo de su llanto de oro, pero lo había logrado con creces. (??)
—¡HAHAAHAH! ¿Agradecerte?!? —exclamó, mostrando los dientes en una mueca algo desquiciada— ¡Ah, de verdad muchas gracias, Vey! Gracias por existir en la única línea espacio-temporal donde el hombre por el que lloras lágrimas doradas te prefiere como un segundo lugar. De verdad, no sé qué habría hecho si no fuera así... Tsk.
Giró sobre sus talones abruptamente, dándole la espalda con desdén. Comenzó a caminar en sentido contrario, y a cada paso que sus pies daban contra el suelo de aquel plano, la tierra a ambos costados se iba agrietando, abriendo fisuras que brillaban con un tono carmesí. Los árboles alrededor comenzaron a agitarse de forma errática, azotados por un viento súbito.
—¿Que si de verdad te lo propusieras podrías llevártelo lejos y ocultarlo de mí...? ¡Hahaha! . . . Bien, bien. Estaré encantada de verte intentarlo...
El aire en el cielo comenzó a ondularse y a distorsionarse de manera violenta. Los portales dorados de Veyra empezaron a retorcerse, sus imágenes fracturándose a medida que otros portales inestables y mucho más caóticos brotaban a diestra y siniestra con la única intención de hacer desaparecer a los primeros. El cielo de aquel lugar se transformó instantáneamente en una batalla donde el carmesí y el dorado de Veyra luchaban por cubrir más extensión como si fueran plagas brillantes. (?)
Genuinamente había querido hablar con ella. Lo había intentado. A pesar de la tormenta carmesí que latía con fuerza dentro de su pecho, amenazando con salir y arrasar con absolutamente todo a su paso; a pesar de la punzante molestia que le carcomía el orgullo, a pesar de que cada acción de la castaña parecía hecha justo y únicamente con la intención de sacarla de quicio. Pero [vey.ra] parecía estar absoluta y peligrosamente fuera de sí. ¿Quizás no lo había intentado lo suficiente? Si, tal vez. Tal vez no las suficientes veces antes de que el descarado discurso de la castaña terminara por colmarle la poquita paciencia que tenía. No las suficientes veces antes de que el cielo de aquel bizarro plano, al que ella misma las había arrastrado para hablar a solas, comenzara a poblarse con asfixiantes y desquiciantes portales dorados que exhibían futuros y realidades alternas.
Mantuvo el semblante serio, la mirada fija hacia un costado, ligeramente hacia abajo, mientras escuchaba la voz de la otra arrastrarse mimosamente justo detrás de su nuca.
—...Ah, así que eso fue lo que descubriste, ¿no? —un murmullo extrañamente bajo. Giró sobre sus talones después, para encararla de frente, señalando el cielo con el dedo índice— ... vaya, me gustaría saber qué se siente...
Alzó la mirada finalmente, observando con sus ojos carmesí todas esas visiones que la perturbaban más de lo que jamás admitiría, encendiendo sus impulsos delictivos con la misma intensidad que esa vocecita chillona e insoportable. (?) Pero no lo demostro. En su lugar, sonrió lento y dejo escapar una risa baja y contenida.
—Dimelo, Veyra... ¿Qué se siente descubrir que existen cientos de líneas temporales diferentes donde eres feliz junto a él... —se le acercó, acortando la distancia— ...y que te haya tocado existir JUSTAMENTE EN LA UNICA LINEA DE TODO EL JODIDO UNIVERSO en la que él no te elige, HM?!?!
Su sonrisa se extendio y sus ojos brillaron en un carmesí casi incandescente. Ella lo había intentado, ¿no? Había intentado ser la maldita adulta madura en la habitación, Kieran había sido testigo de que lo había intentado, incluso sus portalitos dorados habían sido trstigos. (?) Así que nadie podría culparla... antes de que la castaña pudiera balbucear una sola palabra, rompió a reír. Veyra la había sacado de quicio; no sabía si ese era el retorcido objetivo de su llanto de oro, pero lo había logrado con creces. (??)
—¡HAHAAHAH! ¿Agradecerte?!? —exclamó, mostrando los dientes en una mueca algo desquiciada— ¡Ah, de verdad muchas gracias, Vey! Gracias por existir en la única línea espacio-temporal donde el hombre por el que lloras lágrimas doradas te prefiere como un segundo lugar. De verdad, no sé qué habría hecho si no fuera así... Tsk.
Giró sobre sus talones abruptamente, dándole la espalda con desdén. Comenzó a caminar en sentido contrario, y a cada paso que sus pies daban contra el suelo de aquel plano, la tierra a ambos costados se iba agrietando, abriendo fisuras que brillaban con un tono carmesí. Los árboles alrededor comenzaron a agitarse de forma errática, azotados por un viento súbito.
—¿Que si de verdad te lo propusieras podrías llevártelo lejos y ocultarlo de mí...? ¡Hahaha! . . . Bien, bien. Estaré encantada de verte intentarlo...
El aire en el cielo comenzó a ondularse y a distorsionarse de manera violenta. Los portales dorados de Veyra empezaron a retorcerse, sus imágenes fracturándose a medida que otros portales inestables y mucho más caóticos brotaban a diestra y siniestra con la única intención de hacer desaparecer a los primeros. El cielo de aquel lugar se transformó instantáneamente en una batalla donde el carmesí y el dorado de Veyra luchaban por cubrir más extensión como si fueran plagas brillantes. (?)