Todo es nuestro. La frase se repetía una y otra vez en los altavoces de las avenidas, en el comedor, en las formaciones de las mañanas. Y aún así, las naves cargadas con los cadáveres de los infectados seguían llegando, una tras otra. ¿Hasta que punto podría entonces confiar en ese mantra? La duda seguía ahí, taladrando mi...