«Odio el té de durazno.» Lo odiaba con intensidad. Había pedido frutos rojos, estaba segura que lo había hecho. Incluso practicó la frase mentalmente siete veces antes de llegar a la caja.

«Debí decirle a la mesera cuando la ví llegar con el color equivocado», pero en su lugar solo había sonreído con un gesto automático. «...estoy pagando por esto, debería decírselo» claro, pero atravesar ese mar de personas para admitir su error parecía misión suicida.

«Ah, ya pasaron siete minutos», ¿por qué no lo dijo al momento? La mesera pensaría que era de esas clientes insoportables que esperan que la bebida se caliente para quejarse. O peor. Pensaría que era tonta. «Maldita sea. Soy una estúpida.»
«Odio el té de durazno.» Lo odiaba con intensidad. Había pedido frutos rojos, estaba segura que lo había hecho. Incluso practicó la frase mentalmente siete veces antes de llegar a la caja. «Debí decirle a la mesera cuando la ví llegar con el color equivocado», pero en su lugar solo había sonreído con un gesto automático. «...estoy pagando por esto, debería decírselo» claro, pero atravesar ese mar de personas para admitir su error parecía misión suicida. «Ah, ya pasaron siete minutos», ¿por qué no lo dijo al momento? La mesera pensaría que era de esas clientes insoportables que esperan que la bebida se caliente para quejarse. O peor. Pensaría que era tonta. «Maldita sea. Soy una estúpida.»
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