Existen dos tipos de personas en el mundo: los que caminan como si el suelo les perteneciera por derecho de nacimiento, cuyas risas llenan los espacios vacíos y las palabras les brotan sin esfuerzo. Y luego están los otros. Los que parecen tener un mundo interior demasiado vasto pero bajo llaves. Los raros. Los que sienten que el guión de la vida les fue entregado en un idioma que no terminan de descifrar.
Alaska es, irremediablemente, el segundo tipo.
El café quema en sus manos, pero es mejor que tener las manos vacías. Es que, ¿qué hacer con las malditas manos? Dios. El eterno dilema. Las metió en los bolsillos del delantal que usaba para trabajar. Una tienda de libros usados. Era sábado, y la librería tenía exactamente tres clientes. Número perfecto. Cero es mejor. Pero tres es aceptable. Cuatro ya es multitud.
Pero alguien entró. Mierda. Cuatro.
Alaska es, irremediablemente, el segundo tipo.
El café quema en sus manos, pero es mejor que tener las manos vacías. Es que, ¿qué hacer con las malditas manos? Dios. El eterno dilema. Las metió en los bolsillos del delantal que usaba para trabajar. Una tienda de libros usados. Era sábado, y la librería tenía exactamente tres clientes. Número perfecto. Cero es mejor. Pero tres es aceptable. Cuatro ya es multitud.
Pero alguien entró. Mierda. Cuatro.
Existen dos tipos de personas en el mundo: los que caminan como si el suelo les perteneciera por derecho de nacimiento, cuyas risas llenan los espacios vacíos y las palabras les brotan sin esfuerzo. Y luego están los otros. Los que parecen tener un mundo interior demasiado vasto pero bajo llaves. Los raros. Los que sienten que el guión de la vida les fue entregado en un idioma que no terminan de descifrar.
Alaska es, irremediablemente, el segundo tipo.
El café quema en sus manos, pero es mejor que tener las manos vacías. Es que, ¿qué hacer con las malditas manos? Dios. El eterno dilema. Las metió en los bolsillos del delantal que usaba para trabajar. Una tienda de libros usados. Era sábado, y la librería tenía exactamente tres clientes. Número perfecto. Cero es mejor. Pero tres es aceptable. Cuatro ya es multitud.
Pero alguien entró. Mierda. Cuatro.