La mañana siguiente en la residencia Romanov transcurrió bajo una luz pálida y fría que se filtraba por los ventanales del comedor. El aroma a café fuerte y pan tostado llenaba el aire, pero la atmósfera seguía cargada con los restos de la tempestad de la noche anterior.
Sasha y Mikhail ya estaban sentados a la mesa. Él leía los...