La noche en la frontera no olía a invierno, sino a gasolina y carne quemada. El plan de Maral Romanov se ejecutó con la precisión de un bisturí. Los Volki no fueron soldados; fueron fantasmas que sembraron el caos.
En los campamentos de los Zíngaros, el despertar fue un estruendo ensordecedor. No hubo disparos iniciales, solo el rugido de las llamas devorando...