La noche en la frontera no olía a invierno, sino a gasolina y carne quemada. El plan de Maral Romanov se ejecutó con la precisión de un bisturí. Los Volki no fueron soldados; fueron fantasmas que sembraron el caos.
En los campamentos de los Zíngaros, el despertar fue un estruendo ensordecedor. No hubo disparos iniciales, solo el rugido de las llamas devorando los camiones de contrabando y los almacenes de suministros. La desesperación se apoderó del clan; hombres y mujeres corrían entre la nieve, tratando de salvar fardos de mercancía que se convertían en ceniza ante sus ojos. El "Cuervo" gritaba órdenes que nadie escuchaba, viendo cómo su imperio nómada, construido sobre la traición, se desvanecía en una columna de humo negro que manchaba el cielo ruso. El mensaje de Maral era claro: sin recursos, no hay aliados.
La Asamblea de las Sombras
Días después, el silencio regresó a la oficina de Maral en Moscú. La luz de la luna, ahora más fría, iluminaba la mesa de roble donde reposaba una daga de acero damasquino. Gregor entró sin llamar, su rostro tenso.
— Knyazhna —anunció en voz baja—. Han llegado. Treinta de los líderes de La Pirámide están en el gran salón.
Maral no se inmutó. Sus dedos recorrieron el filo de la daga.
— Treinta —repitió ella con un tono gélido—. La Pirámide tiene cuarenta y dos pilares, Gregor. Si la Bratva es el corazón y hay treinta aquí, los otros diez ya han cavado su propia tumba.
— Asumen que esos diez son los arquitectos de la traición —asintió Gregor—. Vienen a jurar lealtad... o a salvar el cuello.
— Déjalos pasar —ordenó Maral, poniéndose de pie. Su cabello negro, corto hasta los hombros, enmarcaba una mirada que no ofrecía perdón—. Quiero ver cuánto pesa su palabra.
El Pacto de los Treinta
La puerta se abrió y la habitación se llenó con el peso de los hombres más peligrosos del planeta. La jerarquía de la mafia mundial estaba representada en esa sala: el don de la Mafia Italiana, el Dragón de las Triadas, los Yakuzas, los Búlgaros y los Polacos. Desde los Alfas Nigerianos hasta los Pillos Españoles; desde los Yeosu Coreanos, los Seixal Portugueses y los Coronos Filipinos hasta los Taibao Taiwaneses y los Galway Irlandeses.
Líderes de la India (Agra), Turquía, Noruega (Los Moss), Siria y Palestina (Los Sir) formaban un semicírculo de poder. Incluso las facciones más distantes estaban presentes: los 444 Costarricenses, el grupo Calgary de Canadá, los Henrre alemanes, los Checos, los Bale de Bangladesh, los Somali, los Tragi croatas, los Rumanos, los Balcanes, los Nazarenos y los audaces Gangsters Estadounidenses.
El líder de Le Bourgogne, representando a la facción francesa, dio un paso adelante.
— Maral Romanov —dijo con un respeto que bordeaba el temor—. El equilibrio de La Pirámide ha sido profanado. La muerte de Vladimir no fue un negocio, fue un error suicida de unos pocos.
Maral cruzó los brazos, su figura destacando contra el ventanal blindado.
— Faltan Diez sillas en esta mesa, sin olvidar que los Zíngaros ya no son un problema —sentenció ella—. Hablen.
El representante de los Turcos desplegó un mapa electrónico sobre la mesa.
— Venimos a entregar a los traidores. Los Zíngaros fueron solo el peón. Quienes realmente buscan derribar a la Bratva y tomar el control total son los Krah Hekuri albaneses, Los Caballeros ingleses y los Karachi pakistaníes.
— Junto a ellos —añadió el líder de los Gangsters Mexicanos—, se han unido los serbios de TXE, los Padrinos de la Noche griegos, los marroquíes de YME y los jamaiquinos de El Morant Bay. También contamos a los tailandeses de Sam Cud, los eslovenos de PSP y los tonganos conocidos como Moros. Diez facciones que creen que el mundo es suyo.
Maral observó los nombres de los traidores. Una lista de naciones y clanes que habían decidido que los Romanov eran vulnerables.
— Ofrecemos nuestras redes, nuestras armas y nuestra inteligencia —dijo el jefe de los Seixal—. No solo por la memoria de tu hermano, sino porque si ellos ganan, la estructura que nos mantiene a todos desaparece.
Maral se acercó a los líderes, su presencia llenando el espacio. La "Leona" había despertado por completo.
— Acepto su información —dijo ella, y por primera vez, una sonrisa de satisfacción depredadora apareció en su rostro—. Pero no quiero solo su ayuda. Quiero que vean cómo se hace. Los traidores creían que el gobierno ruso y los uniformes los protegerían. Ahora sabrán que no hay muro, ni ley, ni frontera que pueda detener a la Bratva cuando los treinta pilares de La Pirámide cierran el puño.
El Despertar del Caos
Gregor dio un paso al frente mientras los líderes de las treinta naciones aguardaban la señal. Maral extendió su mano sobre el mapa digital, señalando los puntos estratégicos de los Krah Hekuri y Los Caballeros. "La lealtad no se pide, se cobra en sangre", susurró, mientras las pantallas comenzaban a parpadear con el estado de alerta roja en los puertos de Europa y Asia. La maquinaria de guerra de los treinta aliados, desde los sicarios mexicanos hasta los especialistas electrónicos taiwaneses, se sincronizó en un solo latido bajo el mando de la Bratva.
— Que el mundo entienda que atacar a la Bratva es atacar el orden que nos permite existir —concluyó Maral con voz de acero—. Mañana, los albaneses se despertarán en un mundo donde su moneda no vale nada, sus contactos están muertos y sus rutas pertenecen a la Pirámide. Gregor, inicia la fase de asedio. No quiero prisioneros entre los once traidores; quiero que sus nombres sean una advertencia grabada en las ruinas de su ambición. La cacería no terminará hasta que la última de esas diez sillas sea incinerada.