La habitación estaba en penumbra, pero el verdadero abismo no estaba en la oscuridad del lugar, sino en los ojos de él.
Seguía sentado, rígido, como si aún llevara el uniforme invisible de la guerra. Sus manos temblaban apoyadas sobre las rodillas, y su respiración era irregular, entrecortada por recuerdos que no pedían permiso para volver. No...