La puerta de la habitación de Veyra cedió un par de centimetros, lo necesario para que una franja de su rostro se asomara en la penumbra.
—Pssssst, ¿estás despierta? —murmuró bajito, como si el volumen fuera la única consideración necesaria para no molestar (?).
La respuesta, como ya era costumbre, fue irrelevante. Entró, cerró la puerta rápidamente -pero silenciosamente- y avanzó hasta la cama con la seguridad de quien conoce cada tablón que cruje, y sin más, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, pegada al colchón.
—Oye —dio varios golpecitos urgentes contra el borde del colchón— ¿Quieres ir a Nwitta? Ahora. Conmigo. Tengo un plan —mentira, no tenía ningún plan, más bien era puro impulso— Necesitamos ir a... tomar prestado algo de la oficina de tu queridísimo papá. Algo que, estoy segurísima, no debería tener guardado en un cajón con llave como un avaro (?)
—Pssssst, ¿estás despierta? —murmuró bajito, como si el volumen fuera la única consideración necesaria para no molestar (?).
La respuesta, como ya era costumbre, fue irrelevante. Entró, cerró la puerta rápidamente -pero silenciosamente- y avanzó hasta la cama con la seguridad de quien conoce cada tablón que cruje, y sin más, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, pegada al colchón.
—Oye —dio varios golpecitos urgentes contra el borde del colchón— ¿Quieres ir a Nwitta? Ahora. Conmigo. Tengo un plan —mentira, no tenía ningún plan, más bien era puro impulso— Necesitamos ir a... tomar prestado algo de la oficina de tu queridísimo papá. Algo que, estoy segurísima, no debería tener guardado en un cajón con llave como un avaro (?)
La puerta de la habitación de Veyra cedió un par de centimetros, lo necesario para que una franja de su rostro se asomara en la penumbra.
—Pssssst, ¿estás despierta? —murmuró bajito, como si el volumen fuera la única consideración necesaria para no molestar (?).
La respuesta, como ya era costumbre, fue irrelevante. Entró, cerró la puerta rápidamente -pero silenciosamente- y avanzó hasta la cama con la seguridad de quien conoce cada tablón que cruje, y sin más, se sentó en el suelo con las piernas cruzadas, pegada al colchón.
—Oye —dio varios golpecitos urgentes contra el borde del colchón— ¿Quieres ir a Nwitta? Ahora. Conmigo. Tengo un plan —mentira, no tenía ningún plan, más bien era puro impulso— Necesitamos ir a... tomar prestado algo de la oficina de tu queridísimo papá. Algo que, estoy segurísima, no debería tener guardado en un cajón con llave como un avaro (?)