Sentádo en el suelo, llevó la mano a su frente, luego a su nariz, retirándola; sus dedos estaban manchados de rojo. La sangre, aún tibia, era real, imposible de negar. No era un sueño mal construido ni pesadilla: era dolor auténtico, humano.

—Creí que ser humano era sentir poco y olvidar rápido —reflexionó. 

Llevaba tanto tiempo en el reino de la vigilia que comenzaba a hacer estragos en él. Lo estaba volviendo humano y vulnerable. Era su primer asalto. Y aunque no poseía nada, lo habían golpeado por creerse invencible. 
Sentádo en el suelo, llevó la mano a su frente, luego a su nariz, retirándola; sus dedos estaban manchados de rojo. La sangre, aún tibia, era real, imposible de negar. No era un sueño mal construido ni pesadilla: era dolor auténtico, humano. —Creí que ser humano era sentir poco y olvidar rápido —reflexionó.  Llevaba tanto tiempo en el reino de la vigilia que comenzaba a hacer estragos en él. Lo estaba volviendo humano y vulnerable. Era su primer asalto. Y aunque no poseía nada, lo habían golpeado por creerse invencible. 
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