Pocas eran las cosas que conseguían ponerla inquieta. Sin embargo, en los últimos días esa inquietud se había manifestado de diferentes formas, sutiles, pero persistentes; no dejaba de merodear de un lado al otro, supervisando salones, ajustado detalles. Dentro de pocos días se celebraría la apertura de una de sus obras más ambiciosas, así que debía asegurarse de que todo sería perfecto y armonioso dentro ese edificio de mármol.
Fue en uno de esos días, mientras recorría los jardines que llegó una noticia que la descolocó; su hermana Laia estaba allí, había venido a hacerle una visita.
De todas sus hermanas, a quién menos esperaba era a ella. En su mente solía decir que eran como el agua y el aceite, sus ideales eran simplemente... opuestos. Aún así no la hizo esperar, Cersei salió a su encuentro para recibirla.
────Laia, es toda una sopresa verte por aquí.
Incluso allí entre esas paredes de mármol y flores, seguramente parecerían el reflejo opuesto una de la otra. Cersei iba vestida en finas telas, sin su armadura púrpura puesta encima. Con su elegante figura y esa apariencia delicada, parecía una joven dama noble, nada que ver con los propósitos para los que había sido forjada; una guerrera que conquistaría mundos y estrellas en nombre de su padre.
────Adelante ¿Porqué no me acompañas adentro? –dijo con una sonrisa en el rostro–. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Seguramente tenemos mucho de que hablar.
Fue en uno de esos días, mientras recorría los jardines que llegó una noticia que la descolocó; su hermana Laia estaba allí, había venido a hacerle una visita.
De todas sus hermanas, a quién menos esperaba era a ella. En su mente solía decir que eran como el agua y el aceite, sus ideales eran simplemente... opuestos. Aún así no la hizo esperar, Cersei salió a su encuentro para recibirla.
────Laia, es toda una sopresa verte por aquí.
Incluso allí entre esas paredes de mármol y flores, seguramente parecerían el reflejo opuesto una de la otra. Cersei iba vestida en finas telas, sin su armadura púrpura puesta encima. Con su elegante figura y esa apariencia delicada, parecía una joven dama noble, nada que ver con los propósitos para los que había sido forjada; una guerrera que conquistaría mundos y estrellas en nombre de su padre.
────Adelante ¿Porqué no me acompañas adentro? –dijo con una sonrisa en el rostro–. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Seguramente tenemos mucho de que hablar.
Pocas eran las cosas que conseguían ponerla inquieta. Sin embargo, en los últimos días esa inquietud se había manifestado de diferentes formas, sutiles, pero persistentes; no dejaba de merodear de un lado al otro, supervisando salones, ajustado detalles. Dentro de pocos días se celebraría la apertura de una de sus obras más ambiciosas, así que debía asegurarse de que todo sería perfecto y armonioso dentro ese edificio de mármol.
Fue en uno de esos días, mientras recorría los jardines que llegó una noticia que la descolocó; su hermana Laia estaba allí, había venido a hacerle una visita.
De todas sus hermanas, a quién menos esperaba era a ella. En su mente solía decir que eran como el agua y el aceite, sus ideales eran simplemente... opuestos. Aún así no la hizo esperar, Cersei salió a su encuentro para recibirla.
────Laia, es toda una sopresa verte por aquí.
Incluso allí entre esas paredes de mármol y flores, seguramente parecerían el reflejo opuesto una de la otra. Cersei iba vestida en finas telas, sin su armadura púrpura puesta encima. Con su elegante figura y esa apariencia delicada, parecía una joven dama noble, nada que ver con los propósitos para los que había sido forjada; una guerrera que conquistaría mundos y estrellas en nombre de su padre.
────Adelante ¿Porqué no me acompañas adentro? –dijo con una sonrisa en el rostro–. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. Seguramente tenemos mucho de que hablar.