Se había levantado y de muy mal humor aquel día. ¿Y cómo no hacerlo? Nadie en el cielo parecía reparar en la muerte de Adán... ¿Es que siquiera a alguien le importaba? No se trataba de alguien cualquiera... ¡Y su muerte no era un detalle menor!
Su cabello despeinado, incluso parecía haber un rastro de lágrimas ya secas en sus ojos mientras caminaba casi en pisotones por las calles de la ciudad celestial, sin importarle cuando chocó a un ángel. Por supuesto, ni siquiera se disculpó.
Su mano se apretó con más fuerza alrededor del mango de una espada que parecía no querer soltar últimamente. Su mirada cada vez más oscura... Bajaría. Bajaría al infierno y le haría ver a cada pecador pero, sobretodo a esa princesita, lo que ocurría cuando se metían con el cielo. Y ningún redimido iba a cambiar eso.
A sus oídos de repente llegó una voz, conocida, dolorosa para su pecho pero que la hizo detener su andar en seco.
— ¿Adán?... —
Debía estar alucinando, debía estar imaginandoselo de nuevo. Sacudiendo su cabeza pero por inercia comenzando a caminar con paso apresurado, casi corriendo cuando creyó volver a oír su voz. Empujó a algunos ángeles en su apuro y no le importó, no cuando la visión le llegó.
Deteniendo su andar de repente, el estridente sonido metálico de su espada resonó cuando se soltó de su mano abruptamente. Sus ojos abiertos de par en par con expresión perpleja cuando se encontró con Adán allí parado; vivo.
Su labio inferior tembló un momento y su mirada se volvió acuosa.
— ¡¡Adán!! —
Gritó antes de salir corriendo donde él, abrazándolo con fuerza sin dudar un momento
Su cabello despeinado, incluso parecía haber un rastro de lágrimas ya secas en sus ojos mientras caminaba casi en pisotones por las calles de la ciudad celestial, sin importarle cuando chocó a un ángel. Por supuesto, ni siquiera se disculpó.
Su mano se apretó con más fuerza alrededor del mango de una espada que parecía no querer soltar últimamente. Su mirada cada vez más oscura... Bajaría. Bajaría al infierno y le haría ver a cada pecador pero, sobretodo a esa princesita, lo que ocurría cuando se metían con el cielo. Y ningún redimido iba a cambiar eso.
A sus oídos de repente llegó una voz, conocida, dolorosa para su pecho pero que la hizo detener su andar en seco.
— ¿Adán?... —
Debía estar alucinando, debía estar imaginandoselo de nuevo. Sacudiendo su cabeza pero por inercia comenzando a caminar con paso apresurado, casi corriendo cuando creyó volver a oír su voz. Empujó a algunos ángeles en su apuro y no le importó, no cuando la visión le llegó.
Deteniendo su andar de repente, el estridente sonido metálico de su espada resonó cuando se soltó de su mano abruptamente. Sus ojos abiertos de par en par con expresión perpleja cuando se encontró con Adán allí parado; vivo.
Su labio inferior tembló un momento y su mirada se volvió acuosa.
— ¡¡Adán!! —
Gritó antes de salir corriendo donde él, abrazándolo con fuerza sin dudar un momento
Se había levantado y de muy mal humor aquel día. ¿Y cómo no hacerlo? Nadie en el cielo parecía reparar en la muerte de Adán... ¿Es que siquiera a alguien le importaba? No se trataba de alguien cualquiera... ¡Y su muerte no era un detalle menor!
Su cabello despeinado, incluso parecía haber un rastro de lágrimas ya secas en sus ojos mientras caminaba casi en pisotones por las calles de la ciudad celestial, sin importarle cuando chocó a un ángel. Por supuesto, ni siquiera se disculpó.
Su mano se apretó con más fuerza alrededor del mango de una espada que parecía no querer soltar últimamente. Su mirada cada vez más oscura... Bajaría. Bajaría al infierno y le haría ver a cada pecador pero, sobretodo a esa princesita, lo que ocurría cuando se metían con el cielo. Y ningún redimido iba a cambiar eso.
A sus oídos de repente llegó una voz, conocida, dolorosa para su pecho pero que la hizo detener su andar en seco.
— ¿Adán?... —
Debía estar alucinando, debía estar imaginandoselo de nuevo. Sacudiendo su cabeza pero por inercia comenzando a caminar con paso apresurado, casi corriendo cuando creyó volver a oír su voz. Empujó a algunos ángeles en su apuro y no le importó, no cuando la visión le llegó.
Deteniendo su andar de repente, el estridente sonido metálico de su espada resonó cuando se soltó de su mano abruptamente. Sus ojos abiertos de par en par con expresión perpleja cuando se encontró con [D1ckM4ster] allí parado; vivo.
Su labio inferior tembló un momento y su mirada se volvió acuosa.
— ¡¡Adán!! —
Gritó antes de salir corriendo donde él, abrazándolo con fuerza sin dudar un momento