En el campo cubierto de flores silvestres, el viento danzaba entre los tallos altos, moviendo los pétalos con una suavidad que parecía casi un susurro. Lyra avanzaba despacio, dejando que el aire tibio y el aroma dulce la envolvieran como un abrazo pasajero. Se detuvo de pronto, no por algo que viera, sino por lo que sintió recorrerle la espalda. Una presencia fría, precisa, tan familiar como un corte limpio. Sabía de quién se trataba, en los pocos encuentros que tuvieron eran más que suficiente para ella, que incluso podía distinguirlo entre la multitud sin girarse hacía él. Una sonrisa ladeada se formó en sus labios mientras seguía de espaldas al albino.

♧ ¿Sabes? -murmuró con un tono juguetón que parecía contradecir la tranquilidad del ambiente -Podía imaginarte en cualquier tipo de lugar… pero menos en uno como este. No va con tu aura -Con eso dicho, se giró por fin hacia él. Lo encontró a una distancia prudente, tan quieto que casi parecía parte del paisaje. Alak’il era el tipo de sujeto que imponía sin hacer nada, no sabía si era por la esencia que desprendía o por la forma en la que se veía. La luz del campo se reflejaba en su cabello blanco como nieve fresca, y en aquellos ojos celestes que siempre observaban el mundo con cierto ¿Fastidio?. Lyra soltó una risa suave, ahora que sus miradas se habían encontrado.

♧ ¿Acaso vienes a pagarme la ropa que me destrozaste la otra vez en la pelea? -La sonrisa se ensanchó mientras las palabras flotaban entre ambos. Sus ojos se tiñeron por un instante de un rojo profundo, un destello fugaz que transmitía más que cualquier provocación explícita, un desafío silencioso, un recordatorio de lo que habían sido… y de lo que quizá aún eran. El campo continuó meciéndose alrededor de ellos, como si la naturaleza misma se inclinara para escuchar. En aquel reencuentro inesperado, suspendido entre lo salvaje y lo sereno, algo que había quedado en pausa comenzaba, inevitablemente, a despertar de nuevo.
En el campo cubierto de flores silvestres, el viento danzaba entre los tallos altos, moviendo los pétalos con una suavidad que parecía casi un susurro. Lyra avanzaba despacio, dejando que el aire tibio y el aroma dulce la envolvieran como un abrazo pasajero. Se detuvo de pronto, no por algo que viera, sino por lo que sintió recorrerle la espalda. Una presencia fría, precisa, tan familiar como un corte limpio. Sabía de quién se trataba, en los pocos encuentros que tuvieron eran más que suficiente para ella, que incluso podía distinguirlo entre la multitud sin girarse hacía él. Una sonrisa ladeada se formó en sus labios mientras seguía de espaldas al albino. ♧ ¿Sabes? -murmuró con un tono juguetón que parecía contradecir la tranquilidad del ambiente -Podía imaginarte en cualquier tipo de lugar… pero menos en uno como este. No va con tu aura -Con eso dicho, se giró por fin hacia él. Lo encontró a una distancia prudente, tan quieto que casi parecía parte del paisaje. Alak’il era el tipo de sujeto que imponía sin hacer nada, no sabía si era por la esencia que desprendía o por la forma en la que se veía. La luz del campo se reflejaba en su cabello blanco como nieve fresca, y en aquellos ojos celestes que siempre observaban el mundo con cierto ¿Fastidio?. Lyra soltó una risa suave, ahora que sus miradas se habían encontrado. ♧ ¿Acaso vienes a pagarme la ropa que me destrozaste la otra vez en la pelea? -La sonrisa se ensanchó mientras las palabras flotaban entre ambos. Sus ojos se tiñeron por un instante de un rojo profundo, un destello fugaz que transmitía más que cualquier provocación explícita, un desafío silencioso, un recordatorio de lo que habían sido… y de lo que quizá aún eran. El campo continuó meciéndose alrededor de ellos, como si la naturaleza misma se inclinara para escuchar. En aquel reencuentro inesperado, suspendido entre lo salvaje y lo sereno, algo que había quedado en pausa comenzaba, inevitablemente, a despertar de nuevo.
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