Esto se ha publicado como Out Of Character. Tenlo en cuenta al responder.
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El regreso
Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.
Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.
Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:
Sombra:
“Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
mas no quiso volver.
No hasta hoy.”
Y desaparece.
Mi sangre se congela al instante.
No pienso, solo corro.
Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.
---
El reencuentro
Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.
Allí está.
Sentada junto a Jennifer.
Akane.
Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.
Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.
Nos besamos.
Nos abrazamos.
Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.
Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.
Akane:
“Perdóname.
No volví porque… estaba enfadada.
La desaparición de Jennifer…
No supe manejarlo.
Y lo pagué con ustedes.
Contigo.
Pero volví… por ti.”
Ese “por ti” desarma todas mis defensas.
No supe castigarla.
No supe exigirle nada.
No supe pedir explicaciones.
Había vuelto.
Y nada más importaba.
NADA MÁS.
El regreso
Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.
Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.
Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:
Sombra:
“Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
mas no quiso volver.
No hasta hoy.”
Y desaparece.
Mi sangre se congela al instante.
No pienso, solo corro.
Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.
---
El reencuentro
Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.
Allí está.
Sentada junto a Jennifer.
Akane.
Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.
Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.
Nos besamos.
Nos abrazamos.
Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.
Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.
Akane:
“Perdóname.
No volví porque… estaba enfadada.
La desaparición de Jennifer…
No supe manejarlo.
Y lo pagué con ustedes.
Contigo.
Pero volví… por ti.”
Ese “por ti” desarma todas mis defensas.
No supe castigarla.
No supe exigirle nada.
No supe pedir explicaciones.
Había vuelto.
Y nada más importaba.
NADA MÁS.
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El regreso
Regreso a casa con una ilusión que me calienta el pecho.
Voy pensando en Ryu, en su sonrisa torcida, en su manera torpe de querer, en el café compartido… en esa paz que hacía tanto no sentía.
Pero al doblar una esquina, el aire se vuelve frío.
Una de las sombras del Jardín emerge de la pared como arrancada del propio asfalto. Sus ojos vacíos se fijan en mí, y entonces habla, en la lengua que solo lo oculto recuerda:
Sombra:
“Tus súplicas fueron escuchadas por la chica…
mas no quiso volver.
No hasta hoy.”
Y desaparece.
Mi sangre se congela al instante.
No pienso, solo corro.
Corro como si mis pulmones ardieran y mis latidos fueran látigos golpeándome por dentro.
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El reencuentro
Entro al castillo Queen casi rompiendo las puertas.
Allí está.
Sentada junto a Jennifer.
Akane.
Jennifer se levanta apenas me ve. No dice nada. No hace falta.
Se va en silencio, como quien sabe que ese momento no le pertenece.
Yo me abalanzo sobre Akane antes de que mi mente pueda interponerse.
Ella me recibe con una sonrisa calmada, elegante, perfecta… como si nunca se hubiera ido. Como si nunca me hubiera dejado con las manos vacías, pidiendo respuestas al viento.
Nos besamos.
Nos abrazamos.
Nos volvemos a mirar, solas… juntas…
Fue como si el mundo se detuviera para dejarnos respirar la misma nostalgia.
Akane baja la mirada, suspira, y su voz acaricia y hiere a la vez.
Akane:
“Perdóname.
No volví porque… estaba enfadada.
La desaparición de Jennifer…
No supe manejarlo.
Y lo pagué con ustedes.
Contigo.
Pero volví… por ti.”
Ese “por ti” desarma todas mis defensas.
No supe castigarla.
No supe exigirle nada.
No supe pedir explicaciones.
Había vuelto.
Y nada más importaba.
NADA MÁS.