Orihime observaba la lluvia deslizarse por la ventana de su habitación. Afuera, las luces de la ciudad titilaban como estrellas caídas, pero su mente estaba lejos, perdida en recuerdos de batallas y risas compartidas.
Tomó su broche de seis pétalos y lo sostuvo entre sus manos. "Santen Kesshun", susurró con voz baja, viendo cómo un leve resplandor anaranjado se formaba en su palma antes de disiparse. Había aprendido a aceptar su poder, aunque a veces se preguntaba si realmente era suficiente. Siempre había deseado proteger a quienes amaba, pero en más de una ocasión, solo había sido testigo impotente del sufrimiento ajeno.
—Eres fuerte, Orihime —una voz cálida susurró en su memoria.
El recuerdo de su hermano mayor, Sora, la envolvió como un abrazo. De niña, siempre había corrido tras él, buscando su aprobación, su seguridad. Incluso después de perderlo, su amor seguía guiándola.
Cerró los ojos y dejó escapar una risa suave. "Voy a seguir adelante", pensó, dejando el broche sobre su mesita de noche. Porque la batalla más importante no siempre se libraba con espadas o poderes espirituales, sino con la firme decisión de levantarse cada día y seguir protegiendo a quienes importaban, tal como su hermano había querido.
Tomó su broche de seis pétalos y lo sostuvo entre sus manos. "Santen Kesshun", susurró con voz baja, viendo cómo un leve resplandor anaranjado se formaba en su palma antes de disiparse. Había aprendido a aceptar su poder, aunque a veces se preguntaba si realmente era suficiente. Siempre había deseado proteger a quienes amaba, pero en más de una ocasión, solo había sido testigo impotente del sufrimiento ajeno.
—Eres fuerte, Orihime —una voz cálida susurró en su memoria.
El recuerdo de su hermano mayor, Sora, la envolvió como un abrazo. De niña, siempre había corrido tras él, buscando su aprobación, su seguridad. Incluso después de perderlo, su amor seguía guiándola.
Cerró los ojos y dejó escapar una risa suave. "Voy a seguir adelante", pensó, dejando el broche sobre su mesita de noche. Porque la batalla más importante no siempre se libraba con espadas o poderes espirituales, sino con la firme decisión de levantarse cada día y seguir protegiendo a quienes importaban, tal como su hermano había querido.
Orihime observaba la lluvia deslizarse por la ventana de su habitación. Afuera, las luces de la ciudad titilaban como estrellas caídas, pero su mente estaba lejos, perdida en recuerdos de batallas y risas compartidas.
Tomó su broche de seis pétalos y lo sostuvo entre sus manos. "Santen Kesshun", susurró con voz baja, viendo cómo un leve resplandor anaranjado se formaba en su palma antes de disiparse. Había aprendido a aceptar su poder, aunque a veces se preguntaba si realmente era suficiente. Siempre había deseado proteger a quienes amaba, pero en más de una ocasión, solo había sido testigo impotente del sufrimiento ajeno.
—Eres fuerte, Orihime —una voz cálida susurró en su memoria.
El recuerdo de su hermano mayor, Sora, la envolvió como un abrazo. De niña, siempre había corrido tras él, buscando su aprobación, su seguridad. Incluso después de perderlo, su amor seguía guiándola.
Cerró los ojos y dejó escapar una risa suave. "Voy a seguir adelante", pensó, dejando el broche sobre su mesita de noche. Porque la batalla más importante no siempre se libraba con espadas o poderes espirituales, sino con la firme decisión de levantarse cada día y seguir protegiendo a quienes importaban, tal como su hermano había querido.


