Carmina estaba tras el mostrador de la tienda de conveniencia de su abuela, con la cabeza apoyada en su mano y los ojos pesados. La noche anterior había devorado páginas de su último libro hasta el amanecer, prometiéndose que “solo sería un capítulo más.”

El suave ronroneo de la nevera y el sonido del reloj en la pared eran casi hipnóticos. Poco a poco, su cabeza fue cayendo hasta quedar recostada en el mostrador.

Un cliente entró, y al verla dormida, carraspeó. Carmina despertó de golpe, tartamudeando una disculpa mientras su abuela reía desde el fondo de la tienda.
Carmina estaba tras el mostrador de la tienda de conveniencia de su abuela, con la cabeza apoyada en su mano y los ojos pesados. La noche anterior había devorado páginas de su último libro hasta el amanecer, prometiéndose que “solo sería un capítulo más.” El suave ronroneo de la nevera y el sonido del reloj en la pared eran casi hipnóticos. Poco a poco, su cabeza fue cayendo hasta quedar recostada en el mostrador. Un cliente entró, y al verla dormida, carraspeó. Carmina despertó de golpe, tartamudeando una disculpa mientras su abuela reía desde el fondo de la tienda.
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