Carmina apagó las luces de la tienda de conveniencia con un suspiro, sintiendo el cansancio en cada músculo. El tintineo de las llaves en su mano resonaba en el silencio mientras cerraba la puerta. Había sido un día largo, lleno de clientes y estanterías que organizar. Miró hacia el segundo piso, donde la luz cálida de la cocina se filtraba por las cortinas. Su abuela, seguramente, ya estaba preparando la cena. Con paso lento, subió las escaleras, ansiosa por la comida casera y el consuelo de la conversación familiar que la esperaba tras la agotadora jornada.
Carmina apagó las luces de la tienda de conveniencia con un suspiro, sintiendo el cansancio en cada músculo. El tintineo de las llaves en su mano resonaba en el silencio mientras cerraba la puerta. Había sido un día largo, lleno de clientes y estanterías que organizar. Miró hacia el segundo piso, donde la luz cálida de la cocina se filtraba por las cortinas. Su abuela, seguramente, ya estaba preparando la cena. Con paso lento, subió las escaleras, ansiosa por la comida casera y el consuelo de la conversación familiar que la esperaba tras la agotadora jornada.
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