• Donde el hambre y la sed se encuentran.
    Fandom OC
    Categoría Suspenso
    Rol con: [legend_onyx_bull_636]

    El interior de la casa tenía una fragancia floral, la madera crujía ligeramente al caminar.
    La entrada era un pasillo de paredes amarillas adornadas con lineas verticales de color negro. Un pequeño mueble de madera oscura con detalles en dorado tenía un par de cosas encima, entre ellas un libro de portada gastada, una foto de un hombre rubio y una pequeña rosa de papel.
    En las paredes habían cuadros varios, uno de una chica de cabello rojo y ojos esmeralda, otro de una chica rubia de ojos carmesí que parecía llevar un vestido algo anticuado y un cuadro simple del cielo estrellado.
    El pasillo era extenso, pero Elías dirigió a la chica hacia la sala a la izquierda, sala que la chica había visto anteriormente a través de la ventana.
    Una chimenea de mármol encendida con un broche en la parte superior, estanterías llenas de libros, algunos con portadas cuidadas y otros desgastados por el tiempo.
    Un sillón individual, el asiento habitual de Elías y un sofá donde normalmente se sentaban las visitas.
    En el centro de la sala, cerca de los asientos, una pequeña mesa de madera clara, un par de ligeras manchas por los años de uso, pero en perfecto estado, sobre la misma, un pequeño jarrón con dos rosas rojas espinadas.
    La luz del techo alumbraba casi toda la sala, a excepción de las esquinas donde se acumulaba levemente la oscuridad.
    No había más sonido que el de las brasas de la chimenea, hasta que Elías señaló el sofá.
    Su voz resonó baja, cálida, sin curiosidad ni prisa — Siéntate. Te prepararé algo caliente. — Pensó que era lo mejor, después de todo, fuera hacia frío.

    El vapor del té comenzó a llenar la estancia, disolviendo poco a poco el frío del exterior.

    Elías colocó un juego de té en la mesa y rellenó ambas tazas antes de tomar asiento. Su mirada se posó sobre la chica, apoyó la cabeza en su mano y con voz calmada respondió a la pregunta que le habían hecho. — Si, vivo solo. — Aunque no fue siempre el caso, no valía la pena contar sobre los anteriores acompañantes del demonio.

    Era misterioso, un demonio con craneo de lobo, cuernos de cabra y proporciones exageradas, cualquiera hubiera salido corriendo. La ropa de Elías, una túnica negra con detalles grises que cubría completamente su forma, de mangas grandes y caídas, un chaleco de cuero en el hueco visible de la túnica, un jean totalmente negro y zapatos de vestir, guantes cubrían sus manos pero lo más curioso era la tela roja que unía sus cuernos por la parte trasera de su cráneo , la cual dejaba caer unos hilos dorados por su cuello, siendo este la única parte donde su piel era visible, de un color morado, casi enfermizo de cierta forma.
    Rol con: [legend_onyx_bull_636] El interior de la casa tenía una fragancia floral, la madera crujía ligeramente al caminar. La entrada era un pasillo de paredes amarillas adornadas con lineas verticales de color negro. Un pequeño mueble de madera oscura con detalles en dorado tenía un par de cosas encima, entre ellas un libro de portada gastada, una foto de un hombre rubio y una pequeña rosa de papel. En las paredes habían cuadros varios, uno de una chica de cabello rojo y ojos esmeralda, otro de una chica rubia de ojos carmesí que parecía llevar un vestido algo anticuado y un cuadro simple del cielo estrellado. El pasillo era extenso, pero Elías dirigió a la chica hacia la sala a la izquierda, sala que la chica había visto anteriormente a través de la ventana. Una chimenea de mármol encendida con un broche en la parte superior, estanterías llenas de libros, algunos con portadas cuidadas y otros desgastados por el tiempo. Un sillón individual, el asiento habitual de Elías y un sofá donde normalmente se sentaban las visitas. En el centro de la sala, cerca de los asientos, una pequeña mesa de madera clara, un par de ligeras manchas por los años de uso, pero en perfecto estado, sobre la misma, un pequeño jarrón con dos rosas rojas espinadas. La luz del techo alumbraba casi toda la sala, a excepción de las esquinas donde se acumulaba levemente la oscuridad. No había más sonido que el de las brasas de la chimenea, hasta que Elías señaló el sofá. Su voz resonó baja, cálida, sin curiosidad ni prisa — Siéntate. Te prepararé algo caliente. — Pensó que era lo mejor, después de todo, fuera hacia frío. El vapor del té comenzó a llenar la estancia, disolviendo poco a poco el frío del exterior. Elías colocó un juego de té en la mesa y rellenó ambas tazas antes de tomar asiento. Su mirada se posó sobre la chica, apoyó la cabeza en su mano y con voz calmada respondió a la pregunta que le habían hecho. — Si, vivo solo. — Aunque no fue siempre el caso, no valía la pena contar sobre los anteriores acompañantes del demonio. Era misterioso, un demonio con craneo de lobo, cuernos de cabra y proporciones exageradas, cualquiera hubiera salido corriendo. La ropa de Elías, una túnica negra con detalles grises que cubría completamente su forma, de mangas grandes y caídas, un chaleco de cuero en el hueco visible de la túnica, un jean totalmente negro y zapatos de vestir, guantes cubrían sus manos pero lo más curioso era la tela roja que unía sus cuernos por la parte trasera de su cráneo , la cual dejaba caer unos hilos dorados por su cuello, siendo este la única parte donde su piel era visible, de un color morado, casi enfermizo de cierta forma.
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  • Me elevó... Sentí todo mi cuerpo flotando y permanecí ahí, como si no conociera la gravedad.

    Llegué tan alto que estuve a punto de tocar las nubes, de aquel azul claro y amplio del cielo.

    Estaba a punto de ver las puertas del templo de los angeles.

    Pero algo me detuvo.

    Y es cuando empecé a caer.
    Mi cuerpo se sentía tan ligero, como a un muñeco de trapo.

    Movía mis piernas pedaleando un poco y mis brazos como si quisiera sostenerme del aire.
    Incluso creo que tome el ala de un ave Pero era demaciado mi peso para él, asi que lo solté.

    Hasta dejarme hundir por la gravedad.

    Existía una presión que oprimía mis pulmones, así que tuve que respirar muy lentamente para tomar aire.

    Y cuando llegué al suelo, atravese la tierra.

    Confundida volví a mover mis brazos y piernas, desesperada por intentar sostenerme con lo primero que tocará, Pero no sentía nada.
    Solo la gravedad arrastrandome hasta el centro de la tierra.

    Y cuando llegue al centro...

    Me elevó... Sentí todo mi cuerpo flotando y permanecí ahí, como si no conociera la gravedad. Llegué tan alto que estuve a punto de tocar las nubes, de aquel azul claro y amplio del cielo. Estaba a punto de ver las puertas del templo de los angeles. Pero algo me detuvo. Y es cuando empecé a caer. Mi cuerpo se sentía tan ligero, como a un muñeco de trapo. Movía mis piernas pedaleando un poco y mis brazos como si quisiera sostenerme del aire. Incluso creo que tome el ala de un ave Pero era demaciado mi peso para él, asi que lo solté. Hasta dejarme hundir por la gravedad. Existía una presión que oprimía mis pulmones, así que tuve que respirar muy lentamente para tomar aire. Y cuando llegué al suelo, atravese la tierra. Confundida volví a mover mis brazos y piernas, desesperada por intentar sostenerme con lo primero que tocará, Pero no sentía nada. Solo la gravedad arrastrandome hasta el centro de la tierra. Y cuando llegue al centro...
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  • — Me ha costado conseguirla... Pero ya tengo a brilli brilli para tu Bom Bom.

    Jamás imaginó que diría algo así, parecía una paradoja pero era real, buscó una tigresa para su tigre, se sentía solo y darküs como animal que era entendía de esas cosas y sintió empatía por el tigre, necesitaba una compañera y él se la ofreció. Aparte que servía para indirectamente visitar más a... Aurora Cupper
    — Me ha costado conseguirla... Pero ya tengo a brilli brilli para tu Bom Bom. Jamás imaginó que diría algo así, parecía una paradoja pero era real, buscó una tigresa para su tigre, se sentía solo y darküs como animal que era entendía de esas cosas y sintió empatía por el tigre, necesitaba una compañera y él se la ofreció. Aparte que servía para indirectamente visitar más a... [glow_beryl_hippo_480]
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  • :ₓ˚. ୭ ˚○◦˚.˚◦○˚ ୧ .˚ₓ:ₓ˚. ୭ ˚○◦˚.˚◦○˚ ୧ .˚ₓ⋆

    ִֶָ ࣪ . ִֶָ ˑ ִ ֗ ۫ ִֶָˑ ִ ۫ ִֶָ⋆ 𝆺𝅥 ˑ ִ ۫ ּ ִ 𝆺𝅥 ⋆ ִֶָ ࣪ . ִֶָ ˑ ִ ֗ ۫ ִֶָˑ ִ ۫ ִֶָ⋆
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    𖤐⭒๋ Lᴀ ᴊᴏᴠᴇɴ ᴇsᴛᴀʀɪ́ᴀ ʀᴇᴄᴏsᴛᴀᴅᴀ sᴏʙʀᴇ sᴜ ᴄᴀᴍᴀ ᴘᴏsᴀɴᴅᴏ ʟᴇᴠᴇᴍᴇɴᴛᴇ ᴄᴏᴍᴏ sɪ ᴇsᴛᴀ́ ᴅᴇ ᴇsᴛᴜᴠɪᴇʀᴀ ᴇsᴛɪʀᴀɴᴅᴏ ᴀᴘᴇɴᴀs ʟᴇᴠᴀɴᴛᴀᴅᴀ

    Mɪʀᴀʙᴀ ғɪᴊᴀᴍᴇɴᴛᴇ ᴀʟ ᴇsᴘᴇᴄᴛᴀᴅᴏʀ ᴇɴ ᴜɴᴀ ғᴏʀᴍᴀ ᴛʀᴀɴϙᴜɪʟᴀ ʏ ᴘᴇʀᴅɪᴅᴀ ɴᴏ sᴇ ᴘᴏᴅɪ́ᴀ ɪᴅᴇɴᴛɪғɪᴄᴀʀ ϙᴜᴇ ᴇᴍᴏᴄɪᴏ́ɴ ᴇʀᴀ ᴄᴏɴ ϙᴜᴇ ʟᴀ ᴍɪʀᴀʙᴀ ᴘᴇʀᴏ ᴇʀᴀ ʙᴀsᴛᴀɴᴛᴇ ʜɪᴘɴᴏᴛɪᴢᴀɴᴛᴇ ᴇʟʟᴀ ʏ sᴜ ғᴏʀᴍᴀ ᴅᴇ ᴍɪʀᴀʀ

    Tᴇɴɪᴀ ᴇʟ ᴄᴀʙᴇʟʟᴏ ʟᴇᴠᴇᴍᴇɴᴛᴇ ʟᴀʀɢᴏ ᴄᴏɴ sᴜs ᴏᴊᴏs ᴠᴇʀᴅᴇs ᴇsᴍᴇʀᴀʟᴅᴀ ʙʀɪʟʟᴀɴᴅᴏ ᴄᴏɴ ғᴜᴇʀᴢᴀ ᴍɪᴇɴᴛʀᴀs ϙᴜᴇ sᴇ ᴘᴏᴅɪ́ᴀ ᴠᴇʀ sᴜ ᴇsʙᴇʟᴛᴀ ғɪɢᴜʀᴀ, ᴘᴀʀᴇᴄɪ́ᴀ ᴜɴ ᴀ́ɴɢᴇʟ ᴄᴀɪ́ᴅᴏ ᴅᴇʟ ᴄɪᴇʟᴏ, ᴜɴᴀ ᴍᴏᴅᴇʟᴏ, ᴜɴᴀ ᴊᴏᴠᴇɴ ɪɴᴀʟᴄᴀɴᴢᴀʙʟᴇ ʏ ɪɴᴛʀɪɢᴀɴᴛᴇ....

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  • El regreso.
    Fandom OC
    Categoría Drama
    Hace cinco meses desde que se fue, tenía unos asuntos pendientes que no podía decir y unas responsabilidades que cumplir.

    Cada día fue más tedioso, estar separado de aquella joven le trastocaba, era la ex de su amigo, necesitó y le vino bien esa distancia. Pero esa fortaleza en ella, esa energia, esa resiliencia la hizo admirarla. Para ser tan joven la rubia era una chica bastante fuerte.

    Y casi todo le recordaba a ella. No sé la podía quitar de la cabeza aunque haya puesto distancia por medio. Al llegar a su cabaña le llegó su aroma inconfundible, era bien avanzada la noche, parece que se quedaba a dormir.

    En su cama se la encontró dormida y su lobo gruñó, la observó con su mirada plateada, parecía tener frío y saltó a la cama ágilmente sin hacer ruido y se tumbó a su lado, estaba helada, su lobo era cálido.

    Sonrió al imaginarse la cara que pondría cuando descubra que ya estaba allí. Pero la echaba de menos e hizo las paces consigo mismo para poder estar ahí con ella.
    Hace cinco meses desde que se fue, tenía unos asuntos pendientes que no podía decir y unas responsabilidades que cumplir. Cada día fue más tedioso, estar separado de aquella joven le trastocaba, era la ex de su amigo, necesitó y le vino bien esa distancia. Pero esa fortaleza en ella, esa energia, esa resiliencia la hizo admirarla. Para ser tan joven la rubia era una chica bastante fuerte. Y casi todo le recordaba a ella. No sé la podía quitar de la cabeza aunque haya puesto distancia por medio. Al llegar a su cabaña le llegó su aroma inconfundible, era bien avanzada la noche, parece que se quedaba a dormir. En su cama se la encontró dormida y su lobo gruñó, la observó con su mirada plateada, parecía tener frío y saltó a la cama ágilmente sin hacer ruido y se tumbó a su lado, estaba helada, su lobo era cálido. Sonrió al imaginarse la cara que pondría cuando descubra que ya estaba allí. Pero la echaba de menos e hizo las paces consigo mismo para poder estar ahí con ella.
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  • Un amigo me tomó esta foto, que opinan? Me veo bien?
    Un amigo me tomó esta foto, que opinan? Me veo bien? :STK-34:
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  • Aytsh! Sh! Sh!.. ¿Pero qué..? ... Oh, eres tú.
    Discúlpame, con tanto papeleo no me fijé por dónde caminaba...
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  • https://twittrol.com/thread/1153
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    Kurogane Elios Dunsworth en Twittrol
    !Ya está aquí el Halloween 🎃🧡🥰!
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  • — Hace dos semanas me pediste que te contara alguna historia sobre Roma verídica, he tenido que pensar y mi disco duro es de medio giga. — Sonrió por su broma y prosiguió contando la historia de Roma que vivió hace ya cientos de años.

    –A finales del siglo I d.C., Roma estaba bajo el mandato del emperador Domiciano (81–96 d.C.). Era un hombre obsesionado con el control, la pompa… y los espectáculos sangrientos. Bajo su reinado, los juegos alcanzaron un esplendor y una crueldad pocas veces vistas.

    Un día, Domiciano decidió romper las reglas: organizó un combate nocturno, iluminado por antorchas, donde no lucharían hombres, sino mujeres.
    Los cronistas Suetonio y Juvenal lo mencionan con asombro y algo de escándalo.

    Entre aquellas mujeres estaban Amazona y Aquilia, dos gladiatrices cuyos nombres se han conservado en una inscripción hallada en Halicarnaso (actual Turquía).

    “Amazona y Aquilia lucharon valerosamente y fueron despedidas con honor.”

    El texto es breve, pero dice mucho. En el lenguaje de los juegos, “despedidas con honor” (missae honeste) significa que el público o el árbitro pidió perdonar sus vidas: habían luchado con tal habilidad y valor que merecieron vivir.

    —Imagina la escena tío
    La arena iluminada por cientos de antorchas.
    El brillo de los cascos de bronce sobre rostros sudorosos.
    El público rugiendo al ver a dos mujeres —algo impensable para los romanos más conservadores— blandir espadas y escudos como verdaderas guerreras.

    No eran esclavas comunes: muchas gladiatrices provenían de familias libres o incluso nobles que buscaban fama, fortuna o desafío.
    Combatían con los mismos riesgos que los hombres, bajo las mismas reglas y con la misma brutalidad.

    Tras aquella noche, Amazona y Aquilia se convirtieron en leyenda.
    Domiciano, satisfecho, presumió de haber mostrado “el espectáculo más insólito de Roma”.
    Poco después, el Senado prohibió oficialmente que las mujeres participaran en los combates, considerándolo un “exceso indigno de Roma”.

    Pero durante un breve instante, bajo la luz de las antorchas, dos mujeres desafiaron al Imperio entero.

    Narró a su amigo la historia olvidada de las gladiadoras.

    — Hace dos semanas me pediste que te contara alguna historia sobre Roma verídica, he tenido que pensar y mi disco duro es de medio giga. — Sonrió por su broma y prosiguió contando la historia de Roma que vivió hace ya cientos de años. –A finales del siglo I d.C., Roma estaba bajo el mandato del emperador Domiciano (81–96 d.C.). Era un hombre obsesionado con el control, la pompa… y los espectáculos sangrientos. Bajo su reinado, los juegos alcanzaron un esplendor y una crueldad pocas veces vistas. Un día, Domiciano decidió romper las reglas: organizó un combate nocturno, iluminado por antorchas, donde no lucharían hombres, sino mujeres. Los cronistas Suetonio y Juvenal lo mencionan con asombro y algo de escándalo. Entre aquellas mujeres estaban Amazona y Aquilia, dos gladiatrices cuyos nombres se han conservado en una inscripción hallada en Halicarnaso (actual Turquía). “Amazona y Aquilia lucharon valerosamente y fueron despedidas con honor.” El texto es breve, pero dice mucho. En el lenguaje de los juegos, “despedidas con honor” (missae honeste) significa que el público o el árbitro pidió perdonar sus vidas: habían luchado con tal habilidad y valor que merecieron vivir. —Imagina la escena tío La arena iluminada por cientos de antorchas. El brillo de los cascos de bronce sobre rostros sudorosos. El público rugiendo al ver a dos mujeres —algo impensable para los romanos más conservadores— blandir espadas y escudos como verdaderas guerreras. No eran esclavas comunes: muchas gladiatrices provenían de familias libres o incluso nobles que buscaban fama, fortuna o desafío. Combatían con los mismos riesgos que los hombres, bajo las mismas reglas y con la misma brutalidad. Tras aquella noche, Amazona y Aquilia se convirtieron en leyenda. Domiciano, satisfecho, presumió de haber mostrado “el espectáculo más insólito de Roma”. Poco después, el Senado prohibió oficialmente que las mujeres participaran en los combates, considerándolo un “exceso indigno de Roma”. Pero durante un breve instante, bajo la luz de las antorchas, dos mujeres desafiaron al Imperio entero. Narró a su amigo la historia olvidada de las gladiadoras.
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  • (⁠☉⁠。⁠☉⁠)⁠!
    El tiempo pasa, y las cosas cambian... Pero eso no es malo. Un cambio siempre es necesario...
    (⁠☉⁠。⁠☉⁠)⁠! El tiempo pasa, y las cosas cambian... Pero eso no es malo. Un cambio siempre es necesario...
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