• • Hace acto de su gloriosa y brillante presencia a altas horas de la noche. •
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  • A veces me paresco tanto a mi padre que me da miedo ser como el en un futuro...
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  • Vaquita, perrita, gatita o tigresa ¿Cual se ve mejor?
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  • 𝖀𝖓𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖊𝖓𝖙𝖊𝖗𝖆 𝖆 𝖙𝖚 𝖑𝖆𝖉𝖔 𝖊𝖘 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔.
    𝖀𝖓𝖆 𝖛𝖎𝖉𝖆 𝖊𝖓𝖙𝖊𝖗𝖆 𝖆 𝖙𝖚 𝖑𝖆𝖉𝖔 𝖊𝖘 𝖙𝖔𝖉𝖔 𝖑𝖔 𝖖𝖚𝖊 𝖉𝖊𝖘𝖊𝖔.
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  • Era una tarde tranquila en la tienda de conveniencia donde trabajaba Carmina. Los pasillos estaban ordenados, los refrigeradores emitían un zumbido constante y, salvo por algún cliente ocasional que entraba a comprar un refresco o una bolsa de papas, el lugar estaba casi desierto. Aprovechando la calma, Carmina se deslizó detrás del mostrador y tomó una revista de moda de la pequeña sección de revistas y periódicos.

    Se acomodó en el taburete y comenzó a hojearla, deteniéndose en las imágenes de mujeres perfectamente maquilladas y vestidas con trajes que parecían sacados de otro mundo. Las modelos lucían impecables: pieles radiantes, cuerpos esbeltos, poses seguras y sonrisas llenas de una confianza que parecía inalcanzable. Carmina inclinó la cabeza, observando con detenimiento una fotografía en particular, donde una modelo con cabello perfectamente alisado llevaba un vestido largo que fluía como el agua.

    — ¿Quién se ve así en la vida real? — murmuró, dejando escapar un suspiro. Bajó la vista hacia su uniforme: una camiseta simple con el logo de la tienda y jeans que ya estaban un poco gastados. Su cabello, recogido en una coleta rápida, había comenzado a desordenarse tras varias horas de trabajo. De manera casi inconsciente, se estiró para alisar un mechón rebelde detrás de su oreja.

    Con la revista abierta en su regazo, su mente comenzó a divagar. ¿Cómo sería ser alguien como ellas? Pensó en su rutina diaria: despertarse temprano, lidiar con clientes apresurados, reponer productos en los estantes. Nada en su vida se sentía glamoroso ni digno de una portada.

    Sin embargo, al pasar la página, encontró una entrevista con una de esas modelos. Hablaba de lo agotador que era mantener una imagen perfecta, de las largas horas en sesiones de fotos y de las inseguridades que aún la perseguían pese a toda su fama. Carmina frunció el ceño, releyendo un párrafo. Entonces, incluso ellas tienen sus momentos de duda...

    Miró su reflejo en la pequeña pantalla apagada de la caja registradora. "Supongo que nadie es perfecto, ni siquiera ellas," murmuró con una media sonrisa. Cerró la revista y la dejó en su lugar, sacudiéndose las comparaciones como si fueran polvo.

    Un cliente entró en ese momento, rompiendo el silencio. "¿Podrías ayudarme a encontrar algo?" preguntó.

    Carmina se levantó, dejando atrás las imágenes de la revista. "Claro, ¿qué necesitas?" respondió con una sonrisa sincera, sintiéndose, por primera vez en mucho tiempo, lo suficientemente bien en su propia piel.
    Era una tarde tranquila en la tienda de conveniencia donde trabajaba Carmina. Los pasillos estaban ordenados, los refrigeradores emitían un zumbido constante y, salvo por algún cliente ocasional que entraba a comprar un refresco o una bolsa de papas, el lugar estaba casi desierto. Aprovechando la calma, Carmina se deslizó detrás del mostrador y tomó una revista de moda de la pequeña sección de revistas y periódicos. Se acomodó en el taburete y comenzó a hojearla, deteniéndose en las imágenes de mujeres perfectamente maquilladas y vestidas con trajes que parecían sacados de otro mundo. Las modelos lucían impecables: pieles radiantes, cuerpos esbeltos, poses seguras y sonrisas llenas de una confianza que parecía inalcanzable. Carmina inclinó la cabeza, observando con detenimiento una fotografía en particular, donde una modelo con cabello perfectamente alisado llevaba un vestido largo que fluía como el agua. — ¿Quién se ve así en la vida real? — murmuró, dejando escapar un suspiro. Bajó la vista hacia su uniforme: una camiseta simple con el logo de la tienda y jeans que ya estaban un poco gastados. Su cabello, recogido en una coleta rápida, había comenzado a desordenarse tras varias horas de trabajo. De manera casi inconsciente, se estiró para alisar un mechón rebelde detrás de su oreja. Con la revista abierta en su regazo, su mente comenzó a divagar. ¿Cómo sería ser alguien como ellas? Pensó en su rutina diaria: despertarse temprano, lidiar con clientes apresurados, reponer productos en los estantes. Nada en su vida se sentía glamoroso ni digno de una portada. Sin embargo, al pasar la página, encontró una entrevista con una de esas modelos. Hablaba de lo agotador que era mantener una imagen perfecta, de las largas horas en sesiones de fotos y de las inseguridades que aún la perseguían pese a toda su fama. Carmina frunció el ceño, releyendo un párrafo. Entonces, incluso ellas tienen sus momentos de duda... Miró su reflejo en la pequeña pantalla apagada de la caja registradora. "Supongo que nadie es perfecto, ni siquiera ellas," murmuró con una media sonrisa. Cerró la revista y la dejó en su lugar, sacudiéndose las comparaciones como si fueran polvo. Un cliente entró en ese momento, rompiendo el silencio. "¿Podrías ayudarme a encontrar algo?" preguntó. Carmina se levantó, dejando atrás las imágenes de la revista. "Claro, ¿qué necesitas?" respondió con una sonrisa sincera, sintiéndose, por primera vez en mucho tiempo, lo suficientemente bien en su propia piel.
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  • 𝕮𝖔𝖓 𝖌𝖚𝖘𝖙𝖔 𝖆𝖈𝖊𝖕𝖙𝖔 𝖘𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖒𝖔𝖓𝖘𝖙𝖗𝖚𝖔 𝖊𝖓 𝖙𝖚 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆, 𝖕𝖊𝖗𝖔, 𝖕𝖔𝖗 𝖋𝖆𝖛𝖔𝖗, 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖑𝖆 𝖈𝖚𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘, 𝖓𝖔 𝖔𝖒𝖎𝖙𝖆𝖘 𝖊𝖑 𝖒𝖔𝖒𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖊𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖒𝖊 𝖈𝖗𝖊𝖆𝖘𝖙𝖊.
    𝕮𝖔𝖓 𝖌𝖚𝖘𝖙𝖔 𝖆𝖈𝖊𝖕𝖙𝖔 𝖘𝖊𝖗 𝖊𝖑 𝖒𝖔𝖓𝖘𝖙𝖗𝖚𝖔 𝖊𝖓 𝖙𝖚 𝖍𝖎𝖘𝖙𝖔𝖗𝖎𝖆, 𝖕𝖊𝖗𝖔, 𝖕𝖔𝖗 𝖋𝖆𝖛𝖔𝖗, 𝖈𝖚𝖆𝖓𝖉𝖔 𝖑𝖆 𝖈𝖚𝖊𝖓𝖙𝖊𝖘, 𝖓𝖔 𝖔𝖒𝖎𝖙𝖆𝖘 𝖊𝖑 𝖒𝖔𝖒𝖊𝖓𝖙𝖔 𝖊𝖓 𝖖𝖚𝖊 𝖒𝖊 𝖈𝖗𝖊𝖆𝖘𝖙𝖊.
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  • Ya no tengo más motivos... Aquello de ti hacia mi a muerto... u.u
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  • Lan wangji su altura es de
    1.88 centímetros

    Yo: 1.80...

    Sigo siendo chiquito
    Lan wangji su altura es de 1.88 centímetros Yo: 1.80... Sigo siendo chiquito
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  • Robin se dejó caer en el pequeño sofá de su estudio, rodeada de partituras y papeles desordenados. Las luces tenues del lugar apenas iluminaban las lágrimas que empezaban a rodar por sus mejillas. Frente a ella, el cuaderno de composiciones estaba abierto en una página recién escrita, con las palabras aún frescas en tinta negra. Era una canción de amor, una de las más sinceras que había escrito en toda su vida.

    Había volcado en esas líneas todo lo que sentía, un torrente de emociones que llevaba tiempo reprimiendo. Cada estrofa era un reflejo de su alma expuesta, de los momentos que atesoraba y de los silencios que dolían. Sin darse cuenta, había escrito sobre ellos: los recuerdos compartidos, las miradas furtivas, las palabras que nunca se atrevió a decir.

    Robin se llevó las manos al rostro, tratando inútilmente de contener el llanto. Era extraño cómo algo tan hermoso podía doler tanto. Las palabras que había escrito parecían gritarle la verdad que había intentado ignorar por tanto tiempo.

    —¿Por qué duele así? —susurró con la voz rota.

    Sabía que esa canción nunca llegaría a los oídos de nadie más. Era demasiado personal, demasiado honesta. Y, sin embargo, en medio del dolor, encontró un leve alivio. Había transformado sus emociones en algo tangible, algo que podía enfrentar, aunque fuera en soledad.

    Las lágrimas seguían cayendo, pero Robin no trató de detenerlas. En ese momento, se permitió ser vulnerable, lejos de las expectativas, las luces y las cámaras. Allí, en la quietud de su estudio, su música se convirtió en un espejo y un refugio, un lugar donde podía ser completamente ella misma.
    Robin se dejó caer en el pequeño sofá de su estudio, rodeada de partituras y papeles desordenados. Las luces tenues del lugar apenas iluminaban las lágrimas que empezaban a rodar por sus mejillas. Frente a ella, el cuaderno de composiciones estaba abierto en una página recién escrita, con las palabras aún frescas en tinta negra. Era una canción de amor, una de las más sinceras que había escrito en toda su vida. Había volcado en esas líneas todo lo que sentía, un torrente de emociones que llevaba tiempo reprimiendo. Cada estrofa era un reflejo de su alma expuesta, de los momentos que atesoraba y de los silencios que dolían. Sin darse cuenta, había escrito sobre ellos: los recuerdos compartidos, las miradas furtivas, las palabras que nunca se atrevió a decir. Robin se llevó las manos al rostro, tratando inútilmente de contener el llanto. Era extraño cómo algo tan hermoso podía doler tanto. Las palabras que había escrito parecían gritarle la verdad que había intentado ignorar por tanto tiempo. —¿Por qué duele así? —susurró con la voz rota. Sabía que esa canción nunca llegaría a los oídos de nadie más. Era demasiado personal, demasiado honesta. Y, sin embargo, en medio del dolor, encontró un leve alivio. Había transformado sus emociones en algo tangible, algo que podía enfrentar, aunque fuera en soledad. Las lágrimas seguían cayendo, pero Robin no trató de detenerlas. En ese momento, se permitió ser vulnerable, lejos de las expectativas, las luces y las cámaras. Allí, en la quietud de su estudio, su música se convirtió en un espejo y un refugio, un lugar donde podía ser completamente ella misma.
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  • ¡Ando en búsqueda de una hija que desee formar parte de mi familia!
    ¡Ando en búsqueda de una hija que desee formar parte de mi familia!
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